Argentina.Desmemoria y realidad

Por Mar­ce­lo Val­ko*, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 8 de noviem­bre de 2020.

I Argen­ti­na inten­tó enmas­ca­rar su per­te­ne­cía sud­ame­ri­ca­na con una más­ca­ra de blan­quea­mien­to ase­gu­ran­do a pro­pios y extra­ños que todos los habi­tan­tes des­cen­de­mos de los bar­cos, es decir, todos pro­ve­ni­mos de los inmi­gran­tes euro­peos por con­si­guien­te somos blan­cos… El his­to­ria­dor Hal­pe­rín Donghi iro­ni­za sobre esa “excep­cio­na­li­dad argen­ti­na” don­de las eli­tes y sus escri­bas a suel­do hicie­ron lo impo­si­ble por escin­dir al país “racial y cul­tu­ral­men­te” del res­to del con­ti­nen­te. Los indios fue­ron invi­si­bi­li­za­dos y los negros des­apa­re­ci­dos de la his­to­rio­gra­fía. Sin embar­go la reali­dad es otra, bas­ta con ir a la esta­ción de tren de Cons­ti­tu­ción o de Reti­ro y adver­ti­re­mos que no somos un apén­di­ce per­di­do de Sui­za. En la actua­li­dad de acuer­do a datos cen­sa­les Argen­ti­na tie­ne tres veces más indí­ge­nas que Bra­sil y a comien­zos del siglo XIX en Bue­nos Aires una de cada cua­tro per­so­nas era negro y en la pro­vin­cia de San­tia­go del Este­ro la pro­por­ción lle­ga­ba al 64% mien­tras que en de Tucu­mán la mitad de los indi­vi­duos tenían ese ori­gen africano.

II Pre­ci­sa­men­te en San­tia­go del Este­ro exis­te un peque­ño case­río lla­ma­do San Andrés ubi­ca­do a unos 130 kiló­me­tros al nor­te de la capi­tal pro­vin­cial. Para lle­gar has­ta allí el últi­mo tra­mo del camino se tran­si­ta sobre una capa de limo arci­llo­so una suer­te de fina cor­ti­na impal­pa­ble que se levan­ta en una increí­ble pol­va­re­da y que se cono­ce como boba­dal (un impal­pa­ble col­chón de pol­vi­llo suel­to) y si bien debi­do al cam­bio cli­má­ti­co sue­le llo­ver más que antes, la seque­dad sigue due­ña del terri­to­rio. Este case­río tie­ne la par­ti­cu­la­ri­dad que la mayo­ría de sus veci­nos pro­vie­nen de ori­gen afro asen­ta­dos des­de la épo­ca colo­nial. Obvia­men­te la deri­va gené­ti­ca ejer­ci­da a lo lar­go de gene­ra­cio­nes des­di­bu­jo algu­nas fac­cio­nes pero de todas mane­ras per­ma­ne­cen inal­te­ra­bles cier­tos ras­gos y fiso­no­mías que la vein­te­na de fami­lias que habi­tan las inme­dia­cio­nes mues­tran con orgu­llo su ape­go a la tie­rra más allá de lo difí­cil que resul­ta para los jóve­nes encon­trar en la zona un tra­ba­jo por lo cual muchos deben emi­grar con sus raí­ces a cuestas.

III Pocos tie­nen pre­sen­te que entre los 44 tri­pu­lan­tes del sub­ma­rino ARA San Juan que implo­sio­nó el 15 de noviem­bre de 2017 a la altu­ra del gol­fo San Jor­ge cuan­do nave­ga­ba des­de Ushuaia a Mar del Pla­ta, uno de ellos David Melián era un afro­des­cen­dien­te naci­do en San Andrés don­de aún habi­ta su fami­lia. Cier­tos deta­lles de su vida mere­cen cono­cer­se. Allí exis­te una peque­ña lagu­ni­ta don­de los ani­ma­les de los luga­re­ños acu­den a beber. En su niñez David soña­ba con nave­gar en el mar y de hecho con gran inven­ti­va se puso a reco­lec­tar bote­llas de gaseo­sas que ensam­bló de algu­na mane­ra para fabri­car una bal­sa con la que inten­tó sur­car la lagu­ni­ta ima­gi­nan­do la inmen­si­dad del océano. En esa agua­da barro­sa apren­dió a nadar pen­san­do en la her­mo­su­ra del mar “gigan­te, abier­to, azul, demo­crá­ti­co” y eso que nun­ca leyó el poe­ma Ten­go de Gui­llén. Para alguien pro­ve­nien­te de un ori­gen muy humil­de en un para­je pol­vo­rien­to, no era sen­ci­llo cum­plir seme­jan­te pro­pó­si­to más aun habien­do naci­do en el inte­rior de una pro­vin­cia peri­fé­ri­ca y por col­mo medi­te­rrá­nea. Sin embar­go este peque­ño David enfren­tó al terri­ble Goliat de la adver­si­dad del des­tino. Sin nin­gu­na opción de tra­ba­jo, la mari­na fue su sali­da labo­ral pero tam­bién la posi­bi­li­dad de nave­gar y cono­cer otros hori­zon­tes. El fatí­di­co día en que se per­dió el ARA San Juan David Melián era el encar­ga­do del sonar del submarino.

IV Como fue noto­rio tras la pér­di­da de la nave lo úni­co que se le ocu­rrió hacer al gobierno de Macri fue patear el tema para ade­lan­te pero era impo­si­ble escon­der la des­apa­ri­ción de la nave y de toda su tri­pu­la­ción. En una anto­lo­gía del mama­rra­cho tuvo lugar toda cla­se de idas y vuel­tas, par­tes fal­sos, la ver­dad dis­fra­za­da y men­ti­ras fla­gran­tes anun­cia­das en la pren­sa con cara de con­go­ja o de espe­ran­zas impo­si­bles según el caso que lle­vó aún más dolor al dolor de las fami­lias de los mari­nos. Demo­ra­ron la bús­que­da des­orien­tan­do con fake news y ver­sio­nes dis­pa­ra­ta­das des­de que nave­ga­ba a la deri­va en super­fi­cie a que habían sido res­ca­ta­dos por un peque­ro asiá­ti­co al que no le fun­cio­na­ba la radio y tan­tas otras que los man­dos fil­tra­ban a la pren­sa ami­ga hacien­do gala de la clá­si­ca fic­cio­na­li­dad nacio­nal. El gobierno macris­ta bus­ca­ba des­me­mo­ria median­te que la socie­dad hun­die­ra en el olvi­do al sub­ma­rino. Entre tan­to los fami­lia­res gol­pea­ron puer­tas, reco­rrie­ron infi­ni­dad de medios perio­dís­ti­cos, se enca­de­na­ron en Pla­za de Mayo, otros hacían una vigi­lia en el apos­ta­de­ro naval de Mar del Pla­ta mien­tras una comi­ti­va acu­dió al Con­gre­so soli­ci­tan­do ayu­da obli­gan­do a las auto­ri­da­des a reac­cio­nar en tan­to eran espia­dos por los apa­ra­tos del Esta­do. Final­men­te ubi­ca­ron los res­tos del sub­ma­rino como por arte de magia en el lugar don­de debía estar de acuer­do a su últi­ma ubi­ca­ción jus­to el últi­mo día cuan­do fina­li­za­ba el ras­tri­lla­je del buque ocea­no­grá­fi­co Sea­be­ded Cons­truc­tor con­tra­ta­do al efec­to des­per­tan­do todo tipo de sos­pe­chas sobre la posi­bi­li­dad de un lucra­ti­vo nego­cio económico…

V En mayo de 2018 el Cen­tro de Estu­dios Grams­ci de San­tia­go del Este­ro con la cola­bo­ra­ción de las auto­ri­da­des pro­vin­cia­les, tan­to de la gober­na­ción como del Minis­te­rio de Jus­ti­cia orga­ni­za­ron un home­na­je a la memo­ria de David y del res­to de los sub­ma­ri­nis­tas. El lugar indi­ca­do fue San Andrés su lugar de naci­mien­to al que se diri­gió una exten­sa cara­va­na de buses que tras­la­dó cien­tos de estu­dian­tes del pro­fe­so­ra­do y sus docen­tes para rea­li­zar un encuen­tro de dos días sobre “Polí­ti­ca, Edu­ca­ción e His­to­ri­ci­dad” al que fui invi­ta­do para dic­tar un semi­na­rio. La idea de la con­vo­ca­to­ria en lo pro­fun­do del mon­te san­tia­gue­ño ade­más de recor­dar al sub­ma­ri­nis­ta era visi­bi­li­zar la reali­dad de la pre­sen­cia de los afro­des­cen­dien­tes en nues­tro país.

Para los estu­dian­tes y me inclu­yo resul­tó con­mo­ve­dor cono­cer a la fami­lia Melián, las casas humil­des y dis­per­sas, los cer­cos raquí­ti­cos de los corra­les, la peque­ña escue­li­ta, la emo­ción de los veci­nos ante tal inva­sión de la gen­te de ciu­dad. Duran­te la noche se hizo un fogón a ori­llas de la agua­da barro­sa e ima­gi­ne a aquel chi­co y su bal­sa de bote­llas de plás­ti­co. Los refle­jos de la hogue­ra en la super­fi­cie del agua, la oscu­ri­dad que sabe disi­mu­lar esce­nas y sen­ti­mien­tos y las milla­res de estre­llas que “tiri­ta­ban azu­les a lo lejos” nos situa­ban en otro espa­cio. Pen­sé en Herá­cli­to y el per­ma­nen­te fluir de su río fren­te al quie­tis­mo de la lagu­ni­ta barro­sa, una suer­te de por­tal que da acce­so a esa tem­po­ra­li­dad de las cabras que crían los luga­re­ños orgu­llo­sos de su ascen­den­cia afro. Era inevi­ta­ble refle­xio­nar sobre este país que hace un cul­to de la des­me­mo­ria y exhi­be en triun­fo ante pro­pios y extra­ños la fal­se­dad de la excep­cio­na­li­dad argen­ti­na, auto­in­to­xi­can­do­se, ima­gi­nan­do ser un apén­di­ce per­di­do de Europa.

Al cum­plir­se un nue­vo ani­ver­sa­rio de la pér­di­da del ARA San Juan de la que hay más oscu­ri­da­des que cer­te­zas y sos­pe­chas sobre el nego­cia­do que repre­sen­tó la bús­que­da, sir­ve tam­bién para tener pre­sen­te que Argen­ti­na está en Lati­noa­mé­ri­ca mal que le pese a las eli­tes que miran otro mapa y bus­can his­to­ria ofi­cial median­te que no es más que un elo­cuen­te racis­mo bar­ni­za­do inven­tar un país a espal­das de la Patria Gran­de. Pero la ver­dad aso­ma en cada deta­lle, aso­ma si uno se dis­po­ne a ver lo que mira como el caso del sub­ma­ri­nis­ta de ascen­den­cia afro o admi­tir por ejem­plo que Argen­ti­na tie­ne tres veces más ori­gi­na­rios que Bra­sil de acuer­do a los cen­sos res­pec­ti­vos. La memo­ria exis­te y nave­ga en las pro­fun­di­da­des de la san­gre here­da­da como un pun­to de fuga don­de emer­ge otra reali­dad, la ver­da­de­ra. La his­to­ria ofi­cial repi­te como una leta­nía que todos los argen­ti­nos veni­mos de los bar­cos, en este caso es cier­to, solo que el bar­co que tra­jo a los ances­tros del sub­ma­ri­nis­ta Melián no vino de Euro­pa sino de Áfri­ca y no lle­ga­ron en bus­ca de empleo sino escla­vi­za­dos como com­bus­ti­ble bio­ló­gi­co como suce­dió con millo­nes de per­so­nas en el res­to de los paí­ses de la región. Es hora de acep­tar una reali­dad mul­ti­ét­ni­ca que rela­to median­te fue extir­pa­da de la his­to­ria. Es len­to, pero viene…


[1] Autor de nume­ro­sos tex­tos, psi­có­lo­go, docen­te uni­ver­si­ta­rio, espe­cia­lis­ta en etno­li­te­ra­tu­ra y en inves­ti­gar geno­ci­dio indígena.

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