Bra­sil. Bol­so­na­ro sin Trump

Por Emir Sader. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 8 de noviem­bre de 2020.

Bol­so­na­ro fue ele­gi­do, de for­ma frau­du­len­ta, por las impe­rio­sas nece­si­da­des de la dere­cha bra­si­le­ña de evi­tar que el Par­ti­do de los Tra­ba­ja­do­res (PT) regre­se al gobierno bra­si­le­ño. Simi­lar a la nece­si­dad de la dere­cha esta­dou­ni­den­se de derro­tar a los demó­cra­tas en 2016, dos años antes de la elec­ción de Bol­so­na­ro en Brasil.

Pero Bol­so­na­ro se adhi­rió al el esti­lo y la actua­ción de Trump para cons­truir su dis­cur­so y pro­yec­tar su ima­gen como nue­vo líder de la extre­ma dere­cha en Bra­sil. Su gobierno y su dis­cur­so toma­ron el tono de los ata­ques a los medios de comu­ni­ca­ción – con­si­de­ra­dos sus enemi­gos, – así como al Con­gre­so y al Poder Judi­cial. Nega­cio­nis­ta de la cien­cia, movi­mien­tos socia­les, demo­cra­cia y dere­chos huma­nos, con un len­gua­je agresivo,

Bol­so­na­ro tuvo un momen­to de cri­sis en su segun­do año de gobierno, , inclu­so antes de la derro­ta de Trump. Pero aho­ra, sin su gran líder e ins­pi­ra­dor, ade­más de su refe­ren­te de polí­ti­ca inter­na­cio­nal, ¿qué será de Bol­so­na­ro sin Trump?

Para Bol­so­na­ro es un gol­pe muy duro la derro­ta del esti­lo de gobierno de Trump, uno de los pocos pre­si­den­tes nor­te­ame­ri­ca­nos que no ha sido reele­gi­do. Su pri­me­ra reac­ción pue­de ser la con­so­li­da­ción del prag­ma­tis­mo que ha comen­za­do a seguir, reba­jan­do el tono ideo­ló­gi­co y fun­da­men­ta­lis­ta de su dis­cur­so, hacien­do alian­zas con el Con­gre­so y el Poder Judicial.

Pero ello no bas­ta, por­que con el nue­vo gobierno en Washing­ton, habrá temas sobre los que el gobierno bra­si­le­ño sufri­rá una fuer­te pre­sión, espe­cial­men­te en rela­cio­nes exte­rio­res, medio ambien­te y dere­chos huma­nos. En el tema de la Ama­zo­nía, ya es posi­ble ver el rema­ni­do argu­men­to de la defen­sa de la sobe­ra­nía nacio­nal, denun­cian­do ambi­cion nor­te­ame­ri­ca­na sobre la Amazonía.

Pero eso no ten­drá mayor efec­to. Ya se con­tem­pla el tras­la­do del minis­tro de Medio Ambien­te, Ricar­do Salles, a otro sec­tor del gobierno. Tam­bién es poco pro­ba­ble que el can­ci­ller, Ernes­to Arau­jo, per­ma­nez­ca en el car­go, ade­más de los cam­bios en el minis­te­rio de Ciu­da­da­nía, a car­go de los temas de dere­chos humanos.

El can­ci­ller había asu­mi­do, antes de las elec­cio­nes esta­dou­ni­den­ses, que Bra­sil pre­ten­día ser un “paria”. Pero una cosa es ser paria tenien­do como socio a Esta­dos Uni­dos y otra ser paria con gobier­nos ais­la­dos y sin nin­gún pres­ti­gio inter­na­cio­nal. Es pro­ba­ble que el gobierno bra­si­le­ño cam­bie su pos­tu­ra exter­na, inclu­so en las orga­ni­za­cio­nes inter­na­cio­na­les y en las rela­cio­nes con los paí­ses vecinos.

Bol­so­na­ro ya dijo en uno de sus tuits de estos días que hay una ten­den­cia de for­ta­le­ci­mien­to de la izquier­da en Amé­ri­ca Lati­na, advir­tien­do que el fenó­meno pue­de lle­gar a Bra­sil. El gobierno bra­si­le­ño tar­dó mucho, pero salu­dó al nue­vo pre­si­den­te de Boli­via. Debe bajar el tono en rela­ción con Argen­ti­na, no nece­sa­ria­men­te en rela­ción con Cuba y Venezuela.

El vice­pre­si­den­te bra­si­le­ño, Hamil­ton Mou­rão, tra­tó de paliar los efec­tos del pre­vi­si­ble dete­rio­ro de las rela­cio­nes con Esta­dos Uni­dos, ale­gan­do que las rela­cio­nes de Bol­so­na­ro y sus hijos con Trump serían rela­cio­nes per­so­na­les, pero que espe­ra que la rela­ción de Esta­do a Esta­do se man­ten­ga, pre­ser­ván­do­se los intere­ses fun­da­men­ta­les de ambas par­tes. Los acuer­dos eco­nó­mi­cos fir­ma­dos recien­te­men­te entre los gobier­nos de Esta­dos Uni­dos y Bra­sil pue­den ser revi­sa­dos, así como otros acuer­dos, depen­dien­do de la acti­tud que el gobierno de Biden ten­drá hacia Bra­sil. Por de pron­to el regre­so de Esta­dos Uni­dos a los orga­nis­mos mul­ti­la­te­ra­les tam­bién con­di­cio­na­rá el ais­la­cio­nis­mo del gobierno brasileño.

Sin embar­go, el mayor gol­pe para Bol­so­na­ro es dar­se cuen­ta de que el trum­pis­mo fra­ca­só como for­ma de gobierno. No con­si­guió la reelec­ción – un obje­ti­vo fun­da­men­tal del pre­si­den­te bra­si­le­ño. Es difí­cil saber cómo asi­mi­la­rá Bol­so­na­ro estos efec­tos. Si va a bus­car algu­na expli­ca­ción al azar, toma­da del pro­pio dis­cur­so de Trump – como que hubo frau­de en su derro­ta -, como ya apa­re­ce en uno de los tuits del pre­si­den­te bra­si­le­ño, o si va a hacer como si no hubie­ra pasa­do nada.

De todos modos, como el trum­pis­mo mues­tra sus límites.La derro­ta de Trump es gra­ví­si­ma para el pre­si­den­te bra­si­le­ño. La trans­for­ma­ción de las elec­cio­nes en un refe­rén­dum sobre Trump fun­cio­nó y mar­ca el camino que debe­ría seguir la opo­si­ción bra­si­le­ña para derro­tar tam­bién aquí al trum­pis­mo de Bolsonaro.

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