Vene­zue­la. El ADN de la indus­tria petrolera

Por Betza­beth Alda­na Vivas. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 7 de noviem­bre de 2020.

El ase­dio obse­si­vo de Esta­dos Uni­dos con­tra Vene­zue­la posee una omi­no­sa y lar­ga data. Esta­dos Uni­dos, des­de tiem­pos inme­mo­ria­les, posee estruc­tu­ral­men­te un carác­ter expan­sio­nis­ta, que vie­ne impreg­na­do des­de el Des­tino Mani­fies­to.

Sin embar­go, para el siglo XX, épo­ca de implo­sión capi­ta­lis­ta, el plan con Vene­zue­la no con­sis­tía en lle­var a cabo una apro­pia­ción terri­to­rial pro­pia­men­te dicha, sino de impo­ner su domi­nio bajo otros matices.

A ini­cios de esa era, Vene­zue­la sufre un vira­je vio­len­to, debi­do a que sien­do un país rural y agra­rio pasa a ser un país mine­ro extrac­ti­vis­ta que fun­cio­na para intere­ses extran­je­ros y trans­na­cio­na­les, prin­ci­pal­men­te. Sien­do Juan Vicen­te Gómez el que abre las puer­tas del capi­tal extran­je­ro para armar, lo que ven­dría a ser, la tem­pra­na indus­tria petro­le­ra venezolana.

Con Juan Vicen­te Gómez ini­cia un ciclo de depen­den­cia esta­dou­ni­den­se a tra­vés del petró­leo (Foto: Archivo)

Así, Gómez deci­dió invi­tar ofi­cial­men­te a los inver­sio­nis­tas extran­je­ros a explo­tar los recur­sos, inclu­so fue crea­da una comi­sión de explo­ta­ción com­pues­ta por exper­tos de varios paí­ses euro­peos y de Esta­dos Uni­dos. Para muchos, ese pro­ce­so de indus­tria­li­za­ción era libe­ra­dor, pero para Vene­zue­la no lo fue.

Los mono­po­lios petro­le­ros, lide­ra­dos por la empre­sa esta­dou­ni­den­se Stan­dard Oil de John D. Roc­ke­fe­ller, ya tenían amplios cono­ci­mien­tos sobre las con­di­cio­nes y poten­cia­li­da­des de los hidro­car­bu­ros en Vene­zue­la. De hecho, en 1922 el comi­sio­na­do de comer­cio, Purl Lord Bell, hace un minu­cio­so manual sobre el comer­cio y la indus­tria vene­zo­la­nos para pre­sen­tar­lo en el Depar­ta­men­to de Comer­cio de Esta­dos Uni­dos, ins­tan­cia defen­so­ra de los intere­ses de las empre­sas estadounidenses.

Para ese momen­to, los gran­des mono­po­lios con­ta­ban con la supe­rio­ri­dad eco­nó­mi­ca y tec­no­ló­gi­ca, que ser­vía para for­zar la obten­ción de con­di­cio­nes pri­vi­le­gia­das para ope­rar en el país, y lo logra­ron, en prin­ci­pio, con la moda­li­dad de las concesiones.

Ese meca­nis­mo fue mutan­do al pasar los años pero su esen­cia se man­tu­vo a favor de las trans­na­cio­na­les. Lue­go de la Segun­da Gue­rra Mun­dial, Vene­zue­la fue el prin­ci­pal sur­ti­dor de ganan­cias del car­tel petro­le­ro que inte­gra­ba la Stan­dard Oil y Shell. Ante el auge del petró­leo, las empre­sas con­ce­sio­na­rias cons­tru­ye­ron el par­que indus­trial petro­le­ro en nues­tro país y, en espe­cí­fi­co, cimen­ta­ron las gran­des refi­ne­rías, cuyo ADN es estadounidense.

Tal fue el caso de las prin­ci­pa­les refi­ne­rías del país:

  • Car­dón, don­de la Shell anun­cia­ba el ini­cio en 1947 de las ope­ra­cio­nes de su refinería.
  • Amuay, cons­trui­da por la enton­ces Creo­le Petro­leum Cor­po­ra­tion, filial de la Stan­dard Oil New Jer­sey, ini­ció ope­ra­cio­nes en 1950.
  • El Pali­to, cons­trui­da en 1960 por la Mobil Oil Company.
Refi­ne­ría de Amuay, foto de 1950 (Foto: Archivo)

En la actua­li­dad la indus­tria petro­le­ra en Vene­zue­la es pro­pen­sa a sabo­ta­jes o ata­ques para su para­li­za­ción. Las trans­na­cio­na­les poseen aún el mapeo com­ple­to de la indus­tria petro­le­ra que ellas cons­tru­ye­ron en Vene­zue­la, ade­más el infor­me de la CIA publi­ca­do en 1948 titu­la­do «Vul­ne­ra­bi­li­da­des para sabo­tear las ins­ta­la­cio­nes petro­le­ras en Vene­zue­la, Aru­ba y Cura­zao» hace ver hacia dón­de se teje el hilo.

La refi­ne­ría Amuay, una de las más gran­des del mun­do, no es aje­na a estos pla­nes de ata­ques qui­rúr­gi­cos. La cap­tu­ra del espía esta­dou­ni­den­se, Matthew John Heath, y cla­ro está, el pos­te­rior ata­que a la plan­ta 4 de Amuay este 27 de octu­bre, aso­man lo evidente.

Igual­men­te, con­ti­nua­mos escu­dri­ñan­do la raíz de la ges­tión trans­na­cio­nal en la esfe­ra petro­le­ra del país: las concesiones.

El jue­go de las concesiones

La con­ce­sión, de mane­ra gene­ral, es un meca­nis­mo que se otor­ga, tem­po­ral o con­di­cio­nal­men­te, a un par­ti­cu­lar el dere­cho a rea­li­zar una deter­mi­na­da acti­vi­dad. En el caso de las acti­vi­da­des petro­le­ras, se debía rea­li­zar bajo la fis­ca­li­za­ción del Estado.

En la dic­ta­du­ra de Gómez, des­de 1905, las pri­me­ras con­ce­sio­nes se otor­ga­ron a vene­zo­la­nos, y éstos pos­te­rior­men­te tras­pa­sa­ban la con­ce­sión a las empre­sas petro­le­ras forá­neas. A con­ti­nua­ción algu­nos casos particulares:

  • Andrés Vigas: se le otor­gó el dere­cho de explo­tar petró­leo en todo un dis­tri­to del esta­do Zulia. Lue­go trans­fi­rió su con­ce­sión a la filial de Royal Dutch-Shell.
  • Fran­cis­co Jimé­nez Arraíz: obtu­vo la con­ce­sión en dos dis­tri­tos de Fal­cón y uno en Lara. La ven­dió a los ingle­ses de North Vene­zue­la Petro­leum Company.
  • Ber­na­bé Pla­nas: con­si­guió la con­ce­sión para otro dis­tri­to de Fal­cón y la tras­pa­só a la Bri­tish Con­tro­lled Oilfields.
  • Anto­nio Aran­gu­ren: le otor­ga­ron una de las con­ce­sio­nes más lucra­ti­vas: la de explo­tar asfal­to en Zulia. Seis años des­pués la tras­pa­só a una filial de Royal Dutch-Shell.

Los tras­pa­sos de par­ti­cu­la­res vene­zo­la­nos a las com­pa­ñías petro­le­ras se vol­vió ruti­na en las arti­ma­ñas de los abo­ga­dos petro­le­ros y las disi­mu­la­das filia­les fun­gían como célu­las de las gran­des empre­sas para seguir abar­can­do espa­cios para la futu­ra explo­ta­ción. Para 1919, Esta­dos Uni­dos con­ta­ba con 65 con­ce­sio­nes com­pra­das a pres­ta­nom­bres venezolanos.

Las con­ce­sio­nes tenían con­di­cio­nes blan­das sin res­tric­ción, con bajos impues­tos, pró­rro­gas de explo­ta­ción y el dere­cho de expro­pia­ción del terreno nece­sa­rio para sus ins­ta­la­cio­nes, asi­mis­mo, se les exo­ne­ra­ba de los dere­chos de impor­ta­ción sobre la maqui­na­ria y el equi­po nece­sa­rio para tales acti­vi­da­des. Así, bajo estas atrac­ti­vas con­di­cio­nes, los inver­sio­nis­tas extran­je­ros apro­ve­cha­ron el repar­to de los recur­sos en el sub­sue­lo venezolano.

Las éli­tes esta­dou­ni­den­ses no nece­si­ta­ron para ese enton­ces indig­nar­se por la dic­ta­du­ra de Gómez; no hubo gol­pes de Esta­do ni ame­na­zas béli­cas hacia Vene­zue­la. Ya el terreno esta­ba lis­to para el peren­ne obje­ti­vo de expansión.

Para 1920, el enton­ces minis­tro de Fomen­to, Gumer­sin­do Torres, ele­vó una Ley de Hidro­car­bu­ros al Con­gre­so que regu­la­ba los bene­fi­cios y las áreas de las con­ce­sio­nes para la explo­ta­ción petro­le­ra. Inme­dia­ta­men­te, los due­ños de las com­pa­ñías petro­le­ras pro­tes­ta­ron a Gómez, y éste des­ti­tu­yó a Torres.

El Dr. Álva­ro Sil­va Cal­de­rón en el libro Rever­sión y Nacio­na­li­za­ción en el sis­te­ma legal de los hidro­car­bu­ros en Vene­zue­la seña­la que Juan Vicen­te Gómez expre­só a su círcu­lo cer­cano que las com­pa­ñías petro­le­ras hicie­ran la ley de hidro­car­bu­ros por­que ellas eran las que «sabían de eso». Ter­gi­ver­san­do las fun­cio­nes reales de una concesión.

Lue­go de la des­ti­tu­ción de Gumer­sin­do, se con­vo­có a los repre­sen­tan­tes de tres empre­sas nor­te­ame­ri­ca­nas para que cola­bo­ra­ran con la ela­bo­ra­ción de la men­cio­na­da ley, la cual fue apro­ba­da en 1922. Esta­ble­cie­ron que las con­ce­sio­nes se exten­die­ran a 40 años. Las expro­pia­cio­nes ya no sólo eran para el terreno adju­di­ca­do, tam­bién abar­ca­ba las vías de comu­ni­ca­ción. Ni hablar de las con­di­cio­nes, o mejor dicho, las exo­ne­ra­cio­nes para los impuestos.

La pre­sen­cia de Esta­dos Uni­dos en Vene­zue­la, en tér­mi­nos petro­le­ros, se notó con las gran­des inver­sio­nes hechas en el terri­to­rio, sus­tan­cial­men­te por la Stan­dard Oil. En 1912 regis­tra­ron inver­sio­nes de 3 millo­nes de dóla­res. Para 1932 die­ron un gran sal­to, regis­tran­do más de 200 millo­nes de dóla­res en inver­sión. Con esto, el mono­po­lio esta­dou­ni­den­se casi eli­mi­nó del mapa a las empre­sas petro­le­ras europeas.

«N’Monster Mono­poly»: cari­ca­tu­ra de 1884 que cri­ti­ca el mono­po­lio de la com­pa­ñía de John D, Roc­ke­fe­ller (Foto: Gran­ger Collection)

Sin obje­ción algu­na, Gómez pos­tu­ló al país como patio, o cam­po petro­le­ro, tra­se­ro de Esta­dos Unidos.

Muta­ción del domi­nio transnacional

Fran­cis­co Mie­res deta­lla el pro­ce­so de nacio­na­li­za­ción en Vene­zue­la, carac­te­ri­za­do por la gene­ro­si­dad del gobierno de turno con las trans­na­cio­na­les. Fue una nacio­na­li­za­ción nego­cia­da, satis­fac­to­ria para los intere­ses estadounidenses.

Las empre­sas admi­tían la entre­ga de sus ins­ta­la­cio­nes a cam­bio de un acuer­do de asis­ten­cia téc­ni­ca y de comer­cia­li­za­ción. Esto tra­ta­ba a fin de cuen­tas de man­te­ner los víncu­los de la ope­ra­do­ra nacio­na­li­za­da con las filia­les, es decir, el per­so­nal eje­cu­ti­vo de la con­ce­sio­na­ria podía per­ma­ne­cer en la empre­sa aho­ra nacio­na­li­za­da. Ese per­so­nal eje­cu­ti­vo, si bien eran vene­zo­la­nos en su mayo­ría, todos esta­ban for­ma­dos bajos los cáno­nes de las trans­na­cio­na­les, le ser­vían a esos intereses.

Ambos acuer­dos esta­ban ancla­dos a la depen­den­cia tec­no­ló­gi­ca, comer­cial y finan­cie­ra. Para Mie­res, esto era tras­cen­den­tal en la his­to­ria de la indus­tria petro­le­ra vene­zo­la­na, inclu­so comen­ta que las empre­sas petro­le­ras que se cons­ti­tu­ye­ron en el país poseían cier­to gra­do de tec­no­lo­gía pro­pia vene­zo­la­na que fue trans­fe­ri­da a filia­les transnacionales.

Sin embar­go, esta posi­ción no la con­tem­pla­ba la Creo­le (Exxon­Mo­bil hoy). En el con­tra­to de asis­ten­cia téc­ni­ca esta­ble­cen que que­da a su dis­cre­ción si deci­de entre­gar o no las mejo­ras o actua­li­za­ción tec­no­ló­gi­cas de la indus­tria, en ese caso, a Lagoven.

Auna­do a esto, se inclu­ye que PDVSA debe­rá recu­rrir a las trans­na­cio­na­les petro­le­ras para que le pres­te ase­so­ría de toda índo­le, que­dan­do así bajo una extre­ma depen­den­cia tec­no­ló­gi­ca, cla­ve para la ope­ra­ti­vi­dad de cual­quier industria.

En 1982, des­pués de la lla­ma­da nacio­na­li­za­ción, en Amuay se lle­vó a cabo la modi­fi­ca­ción de los patro­nes de refi­na­ción, para ello se recu­rrió a fir­mas espe­cia­li­za­das que mos­tra­ban las paten­tes de los pro­ce­sos, por ejem­plo, los pro­ce­sos de «fle­xi­co­king» y de «fle­xi­crac­king» eran paten­ta­dos por la Exxon.

En defi­ni­ti­va, en pala­bras de Mie­res, la depen­den­cia tec­no­ló­gi­ca reem­pla­zó la vie­ja y bur­da fór­mu­la de las concesiones.

La Creo­le domi­na­ba los hilos de la indus­tria petro­le­ra vene­zo­la­na (Foto: Archivo)

Esta­dos Uni­dos, cuya colum­na ver­te­bral está arti­cu­la­da bajo los fun­da­men­tos expan­sio­nis­tas jus­ti­fi­ca­dos en el Des­tino Mani­fies­toy refor­za­do con la Doc­tri­na Mon­roe, con­ti­núa movien­do sus fichas para colap­sar a la indus­tria petro­le­ra en Vene­zue­la. «San­cio­nes», espías, infil­tra­dos, ata­ques selec­ti­vos con dro­nes, son algu­nas de las tác­ti­cas emplea­das den­tro de la vul­ne­ra­bi­li­dad de la indus­trias que ellos bien conocen.

Pero sus alar­mas se encien­den cuan­do los tra­ba­ja­do­res petro­le­ros ban­dean cons­tan­te­men­te un sin­fín de manio­bras para man­te­ner la ope­ra­ti­vi­dad del com­ple­jo refi­na­dor de tec­no­lo­gía forá­nea, modi­fi­can­do, ajus­tan­do y repa­ran­do cada par­te que así lo ame­ri­te, enfren­tan­do las mañas tec­no­ló­gi­cas en las que envol­vie­ron a la industria.

Henry Kis­sin­ger, pro­mo­tor de la fun­da­ción de la Agen­cia Inter­na­cio­nal de Ener­gía (AIE) en res­pues­ta a la crea­ción de la Orga­ni­za­ción de Paí­ses Expor­ta­do­res de Petró­leo (OPEP), expresaba:

«Los paí­ses indus­tria­li­za­dos no podrán vivir como lo han hecho has­ta hoy si no tie­nen a su dis­po­si­ción los recur­sos natu­ra­les no reno­va­bles del pla­ne­ta. Ten­drán que crear un sis­te­ma de pre­sio­nes que garan­ti­cen la con­se­cu­ción de sus propósitos».

Jus­ta­men­te, bajo múl­ti­ples for­mas, Vene­zue­la resis­te y enfren­ta ese sis­te­ma de pre­sio­nes made in USA.

(Foto prin­ci­pal: Ilustración de los cam­pos petro­le­ros de Vene­zue­la de Com­mer­cial and Indus­trial Hand­book del Depar­ta­men­to del Comercio).

Fuen­te: Misión Verdad

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