Argen­ti­na. En esta nue­va «hora de los hor­nos» se nos fue ese gran­de del cine de libe­ra­ción: Pino Solanas

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano 7 de noviem­bre de 2020

Des­de Resu­men Lati­no­ame­ri­cano des­pe­di­mos al com­pa­ñe­ro Pino Sola­nas, al hace­dor de ese clá­si­co del «Cine Libe­ra­ción que es «La hora de los hor­nos», que tan­to tra­ji­na­mos en cien­tos de barrios alla por los años 70, en que no exis­tían ni los VHS ni los CD ni las compu­tado­ras, y que lle­vá­ba­mos en latas y con un pro­yec­tor pres­ta­do. Y que 

El emba­ja­dor argen­tino ante la Unes­co, Fer­nan­do «Pino» Sola­nas, falle­ció esta madru­ga­da en París, Fran­cia, don­de reci­bía un tra­ta­mien­to por coro­na­vi­rus, infor­mó esta madru­ga­da la Cancillería.

«Enor­me dolor por Pino Sola­nas. Murió en cum­pli­mien­to de sus fun­cio­nes como emba­ja­dor de Argen­ti­na ante la Unes­co», indi­có el Pala­cio San Mar­tín en su cuen­ta ofi­cial de Twitter.

«Será recor­da­do por su arte, por su com­pro­mi­so polí­ti­co y por su éti­ca pues­ta siem­pre al ser­vi­cio de un país mejor. Un abra­zo a su fami­lia y sus ami­gos», agre­ga la publicación.

A media­dos de octu­bre, el exse­na­dor nacio­nal infor­mó ‑a tra­vés de su cuen­ta de Twit­ter- que había dado posi­ti­vo en coro­na­vi­rus y que esta­ba inter­na­do en un hos­pi­tal de París, don­de está ubi­ca­da la sede de este orga­nis­mo de la ONU para la edu­ca­ción, la cien­cia y la cultura.

El exle­gis­la­dor posteó jun­to con ese últi­mo men­sa­je una foto en la que se mos­tra­ba en repo­so en una cama de tera­pia inten­si­va, mien­tras per­ma­ne­cía ais­la­do y reci­bía tratamiento.

Cineas­ta, ex dipu­tado nacio­nal, ex sena­dor y prin­ci­pal refe­ren­te de la agru­pa­ción Pro­yec­to Sur que inte­gra el Fren­te de Todos, Sola­nas tenía 84 años y se encuen­tra en el gru­po de ries­go eta­rio más expues­to ante el coronavirus.

Una vida de mili­tan­cia a tra­vés de su acción polí­ti­ca y su obra artís­ti­ca
Fer­nan­do «Pino» Sola­nas deja un lega­do carac­te­ri­za­do por su vida de mili­tan­cia, que se des­ple­gó a tra­vés de su apa­sio­na­da acción polí­ti­ca y su obra artís­ti­ca con con­te­ni­do social.

Naci­do el 16 de febre­ro de 1936 en Bue­nos Aires, sus ideas polí­ti­cas mar­ca­ron su actua­ción públi­ca, tan­to como cineas­ta, don­de des­ta­có con una dece­na de exi­to­sas pelí­cu­las con fuer­te con­te­ni­do social, has­ta su par­ti­ci­pa­ción en política.

“Pino” fue un actor cla­ve en la crea­ción de varios espa­cios de cen­tro-izquier­da que lo lle­va­ron a ocu­par varios car­gos, como dipu­tado, sena­dor nacio­nal o emba­ja­dor ante la Unes­co, su últi­mo rol como ser­vi­dor público.

For­ma­do inte­lec­tual y polí­ti­ca­men­te bajo el influ­jo de nom­bres como Raúl Sca­la­bri­ni Ortiz, Artu­ro Jau­ret­che y Juan José Her­nán­dez Arre­gui, Sola­nas comen­zó a plas­mar sus ideas polí­ti­cas a tra­vés de su obra cine­ma­to­grá­fi­ca a comien­zos de la déca­da del 60´.

Así sur­ge en 1962 su pri­mer cor­to­me­tra­je de fic­ción, Seguir Andan­do. En 1968 lle­ga­ría el pri­mer lar­go­me­tra­je, La Hora de los Hor­nos, una tri­lo­gía don­de abor­da algu­nos de los temas que lo apa­sio­na­ron a lo lar­go de su carre­ra: el neo­co­lo­nia­lis­mo y la vio­len­cia en el país y en Amé­ri­ca Latina.

Un año des­pués, en 1969, fun­da el gru­po Cine Libe­ra­ción, una corrien­te de rea­li­za­do­res que sir­ve como base de resis­ten­cia a la dic­ta­du­ra, pro­mo­vien­do un cir­cui­to alter­na­ti­vo de difu­sión de sus producciones.

Es este mis­mo gru­po de Cine Libe­ra­ción el que es con­vo­ca­do por Juan Domin­go Perón, en el exi­lio en Madrid, para rea­li­zar sus dos tes­ti­mo­nios fíl­mi­cos: La Revo­lu­ción Jus­ti­cia­lis­ta y Actua­li­za­ción Doc­tri­na­ria para la toma del poder.

En 1975 pre­sen­ta Los Hijos de Fie­rro, y ante las ame­na­zas de muer­te y un inten­to de secues­tro par­te al exi­lio, radi­cán­do­se en Fran­cia, don­de rea­li­za en 1980 el docu­men­tal La Mira­da de los Otros.

Des­de el exte­rior, estu­vo acti­va­men­te invo­lu­cra­do en la defen­sa de los dere­chos huma­nos y denun­ció a la dic­ta­du­ra mili­tar a nivel inter­na­cio­nal. Con el triun­fo de Raúl Alfon­sín en 1983 regre­sa al país y fil­ma Tan­go, El exi­lio de Gar­del, y lue­go en 1988 Sur, ambas pre­mia­das en los fes­ti­va­les de cine más pres­ti­gio­sos del mundo.

Pino apo­yó el pro­yec­to de Chá­vez y su revolución

Los comien­zos de los 90´ mar­can su irrup­ción de lleno en el mun­do de la polí­ti­ca, y su voz se alza para cri­ti­car al gobierno de Car­los Saúl Menem (1989−1999).

Enton­ces, pro­mo­vió la modi­fi­ca­ción de la ley de Radio­di­fu­sión que regía duran­te la dic­ta­du­ra mili­tar y se mos­tra­ba par­ti­cu­lar­men­te crí­ti­co con las pri­va­ti­za­cio­nes y la ley de refor­ma del Esta­do pro­mo­vi­das por la admi­nis­tra­ción menemista.

En 1992, de la mano del diri­gen­te Luis Bru­na­ti ges­tan el Fren­te del Sur, pre­sen­tán­do­se ese mis­mo año como can­di­da­to a sena­dor nacio­nal por la Ciu­dad de Bue­nos Aires.

Lue­go, en 1993, se fun­da el Fren­te Gran­de, con la inclu­sión del sec­tor que lide­ra­ba Car­los “Cha­cho” Alva­rez, y “Pino” Sola­nas es elec­to dipu­tado nacio­nal por la pro­vin­cia de Bue­nos Aires.

Sola­nas jue­ga un rol impor­tan­te en la elec­ción a con­ven­cio­na­les cons­ti­tu­yen­tes para la refor­ma cons­ti­tu­cio­nal de 1994, obte­nien­do casi 18% de los votos en la pro­vin­cia de Bue­nos Aires.

Su actua­ción polí­ti­ca estu­vo domi­na­da por algu­nos temas que lo obse­sio­na­ban, como la defen­sa del medio ambien­te y la deu­da exter­na argentina

Des­en­can­ta­do con lo que con­si­de­ra­ba un giro “a la dere­cha” del Fren­te Gran­de, a par­tir del “Pac­to del Molino” entre “Cha­cho” Álva­rez, Gra­cie­la Fer­nán­dez Mei­ji­de, y José “Pilo” Bor­dón, Sola­nas ter­mi­na su man­da­to en 1997 y deci­de reple­gar­se en su rol como cineasta.

Su actua­ción polí­ti­ca estu­vo domi­na­da por algu­nos temas que lo obse­sio­na­ban, como la defen­sa del medio ambien­te y la deu­da exter­na argen­ti­na, cuyo ori­gen cues­tio­na­ba en duros términos.

En 1998 ter­mi­na su pelí­cu­la La Nube, y es pre­mia­do en los fes­ti­va­les de Vene­cia y La Haba­na, en este últi­mo caso por su trayectoria.

Lue­go ven­drán sus pelí­cu­las Memo­ria del Saqueo y La Dig­ni­dad de los Nadies, mien­tras en 2007 estre­na Argen­ti­na Laten­te, su docu­men­tal sobre el poten­cial cien­tí­fi­co de Argentina.

Su carre­ra polí­ti­ca se reto­ma des­de enton­ces con un gran rit­mo. En 2007 enca­ra la can­di­da­tu­ra a Pre­si­den­te de la Nación por Pro­yec­to Sur, pro­po­nien­do la nacio­na­li­za­ción de los recur­sos estratégicos.

Es elec­to dipu­tado nacio­nal por el perío­do 2009 – 2013 y sena­dor nacio­nal entre 2013 y 2019.

A media­dos del año pasa­do, resuel­ve res­pal­dar la fór­mu­la pre­si­den­cial Alber­to Fer­nán­dez-Cris­ti­na Fer­nán­dez de Kirch­ner y es elec­to dipu­tado nacio­nal por la Ciu­dad de Bue­nos Aires para el perío­do 2019 – 2023.

El pre­si­den­te Alber­to Fer­nán­dez le soli­ci­ta que renun­cie a su ban­ca para desem­pe­ñar­se como emba­ja­dor argen­tino ante la Unes­co, la ofi­ci­na de Nacio­nes Uni­das para la Edu­ca­ción, la Cien­cia y la Cul­tu­ra, car­go que desem­pe­ñó en París has­ta su fallecimiento.

Al resu­mir sus ideas polí­ti­cas, Sola­nas expli­ca­ba que fun­dó Pro­yec­to Sur para “pro­fun­di­zar una pro­pues­ta polí­ti­ca, eco­nó­mi­ca, social y cul­tu­ral para el país. Ubi­ca­mos el res­pe­to a la con­di­ción huma­na sobre cual­quier otra con­si­de­ra­ción, pro­cla­man­do como prin­ci­pios bási­cos la defen­sa del ambien­te y la pro­pie­dad públi­ca de nues­tros recur­sos natu­ra­les, como con­di­ción para alcan­zar una autén­ti­ca jus­ti­cia social y garan­ti­zar la sobe­ra­nía nacional”.

“Se tra­ta de cam­biar esta Argen­ti­na saquea­da y esta pseu­do-demo­cra­cia para reem­pla­zar­la por una Argen­ti­na jus­ta y lati­no­ame­ri­ca­nis­ta con pleno pro­ta­go­nis­mo popu­lar”, afir­ma­ba “Pino” por ese entonces.

A prin­ci­pios de octu­bre visi­tó al Papa Fran­cis­co en el Vati­cano, y días des­pués, el 21, comu­ni­ca­ba por redes socia­les que esta­ba inter­na­do por coro­na­vi­rus en tera­pia inten­si­va y que seguía “resis­tien­do”.

Fuen­te : Telam

El mejor repor­ta­je a Fer­nan­do Pino Solanas

Por Juan Igna­cio Boido

Fernando Pino Solanas.

Fer­nan­do Pino Solanas. 

Hay dos cosas que Pino Sola­nas no aguan­ta. La pri­me­ra: estar dota­do de una inca­pa­ci­dad casi gené­ti­ca para apren­der inglés. Algo que él lla­ma “la tara”. Dice que la fami­lia de su madre lo con­vier­te en des­cen­dien­te direc­to de Manuel Bel­granoJuan José Cas­te­lli, pero lo del inglés encuen­tra una expli­ca­ción no del todo des­ca­be­lla­da en otro parien­te menos ilus­tre: un tal capi­tán Sal­da­rria­ga que for­mó par­te de la resis­ten­cia argen­ti­na duran­te las pri­me­ras Inva­sio­nes Ingle­sas. Des­de que se ente­ró de eso ‑y se ente­ró de muy chico‑, Sola­nas se resis­tió a hablar en inglés.

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Antes de seguir, una con­si­de­ra­ción: Sola­nas quie­re hablar todo el tiem­po de cine. Deta­lles téc­ni­cos, apre­cia­cio­nes varias a pro­pó­si­to de luces, tomas, cáma­ras, músi­ca, etcé­te­ra, etcé­te­ra. Sola­nas habla como si qui­sie­ra reco­rrer, con cada uno que lo escu­cha, la dis­tan­cia que hay entre lo que tuvo en la cabe­za y lo que se ve en la pan­ta­lla. Qui­zá por eso ‑la nece­si­dad trans­for­mán­do­se en acto refle­jo tra­du­ci­do al cas­te­llano neutro‑, des­pués de enhe­brar tres, o dos, o a veces una sola fra­se, Sola­nas repi­te: “¿Me entien­des?” Y, si se le pre­gun­ta qué es lo que hay que enten­der, contesta:

“Siem­pre me pre­gun­to lo mis­mo: ¿qué ten­go que decir para que la gen­te ven­ga y no crea que todo esto que estoy dicien­do es un pan­fle­to? Me pare­ce que están las pelí­cu­las que no son más que la con­ti­nua­ción de lo que suce­de en la tele­vi­sión, inclu­so con peor cali­dad; y des­pués está el cine en serio, que es el que inten­to. Pero si Arma­ged­don recau­da 180 mil espec­ta­do­res en un fin de sema­na, qué podés decir”.

AGUANTAR LA LECHE Sola­nas dice: “Yo aguan­té, y no sólo con mis pelí­cu­las”. La pri­me­ra pelí­cu­la de Sola­nas, La hora de los hor­nos, se estre­nó en 1968, pero cin­co años antes de su ópe­ra pri­ma ya había teni­do cien­tos de miles de espec­ta­do­res ‑más que Arma­ged­don– gra­cias a los suges­ti­vos encan­tos de la publi­ci­dad. Una bre­ve expli­ca­ción Sola­nas del affai­re: “Empe­cé escri­bien­do his­to­rie­tas con mi her­mano, que había inven­ta­do al Cabo Savino, por ejem­plo, y que era un muy buen publi­cis­ta. Ade­más, tenía fami­lia­res publi­cis­tas, mi cuña­do Hugo Casa­res entre ellos. Como sabían que yo hacía músi­ca, me empe­za­ron a encar­gar algu­nos jin­gles. Mi pri­mer arre­gla­dor fue Hora­cio Mal­vi­cino: uno de los tipos con más talen­to que cono­cí en mi vida, pero lle­ga­ba al estu­dio y uno se daba cuen­ta de que se había olvi­da­do la gui­ta­rra. Des­pués apa­re­ció el Baby López Furst. Al prin­ci­pio yo com­po­nía sola­men­te, pero me di cuen­ta de que los tipos que me encar­ga­ban el jin­gle no tenían toda­vía el comer­cial para acom­pa­ñar­lo: ahí se me ocu­rrió ven­der­les el paque­te ente­ro, así empe­cé a fil­mar. Para todas las mar­cas de aquel enton­ces, como La Mar­to­na, Armour, Swift. Y para todas las agen­cias de Bue­nos Aires, todas. Me metí de lleno en el mun­do de la publi­ci­dad. Pero era tan inge­nuo que, cuan­do fil­mé mi pri­mer comer­cial, para Leche Pri­ma, me casé con la modelo”.

Al de Leche Pri­ma le siguió uno de bron­cea­dor Sui­sán. A la sema­na, Sola­nas ya tenía cator­ce publi­ci­da­des en mar­cha, y ocho meses des­pués “ya era el núme­ro uno”: acu­mu­la­ba can­ti­da­des increí­bles de dine­ro y apren­día cine fil­man­do, con todo pago a car­go de las empre­sas para las que tra­ba­ja­ba. “Pero estu­ve meses sin escri­bir una línea. Ya no aguan­ta­ba. Y al final tenía pavor de ter­mi­nar arri­ba de un Pors­che. Así que lla­mé a mis clien­tes, les expli­qué esto y me fui por unos meses de via­je. Nun­ca más me llamaron”.

PARA QUE LA GENTE AGUANTE Ape­nas vol­vió, en 1965, empe­zó a dosi­fi­car sus incur­sio­nes en la publi­ci­dad y a sin­cro­ni­zar relo­jes con Octa­vio Getino para lar­gar con la fil­ma­ción de La hora de los hor­nos. Des­de 1963 se habían dedi­ca­do a reco­pi­lar noti­cie­ros y docu­men­ta­les sobre la Argen­ti­na, y aho­ra iban a fil­mar esce­nas pro­pias a lo lar­go y ancho del país (de mane­ra clan­des­ti­na, des­pués del gol­pe de Onga­nía en el ‘66) con la pre­ca­rie­dad de una cáma­ra de 16 milí­me­tros. La idea era ensam­blar todo eso, con un ímpe­tu exa­cer­ba­do de pro­du­cir una alter­na­ti­va a los docu­men­ta­les tra­di­cio­na­les: uno que, en la línea del agit-prop sovié­ti­co, pusie­ra imá­ge­nes al país, expli­ca­ra su pasa­do y mol­dea­ra su futu­ro. “Con La hora de los hor­nos salí a bus­car la ver­dad de un país. Eso fue el momen­to más épi­co del pro­yec­to. La dis­cu­sión de enton­ces era la del hue­vo y la galli­na: ¿qué venía pri­me­ro, la revo­lu­ción o el cine revo­lu­cio­na­rio? La hora… abrió la ter­ce­ra vía. Y hoy es muy difí­cil trans­mi­tir el fer­vor con el que por aquel enton­ces íba­mos a pro­yec­tar la pelí­cu­la de mane­ra clan­des­ti­na. Cir­cu­la­ban más de sesen­ta copias para pasar a escon­di­das, en todas par­tes, des­de uni­da­des bási­cas a fábri­cas, pasan­do por igle­sias incluso”.

A escon­di­das o a ple­na luz del día, según la asin­co­pa­da inter­mi­ten­cia con que se tur­na­ban las elec­cio­nes y los gol­pes de Esta­do, La hora de los hor­nos podía durar has­ta doce horas, suman­do pro­yec­ción y los más enar­de­ci­dos deba­tes, aren­ga­dos deli­be­ra­da­men­te des­de la pan­ta­lla. La expli­ca­ción Sola­nas: “Como había que cam­biar los rollos y no que­ría­mos que la gen­te se abu­rrie­ra duran­te la espe­ra, y que aguan­ta­ra has­ta el final, se nos ocu­rrió meter unos car­te­li­tos que decían Espa­cio abier­to para el deba­te, y ver qué pasa­ba. Al final, no sólo la gen­te ter­mi­nó deba­tien­do, sino que había algu­nos que entra­ban a dis­cu­tir sólo cuan­do se ter­mi­na­ba un rollo”.

AGUANTAR AL PERONISTA “¿Cómo me lle­va­ba con mi fami­lia? Mal, por supues­to. Mi padre era un médi­co cató­li­co y apo­lí­ti­co, lo que es decir con­ser­va­dor y anti­pe­ro­nis­ta. Por eso no hay un día en el que me hice pero­nis­ta. En mi casa, mis padres siem­pre habla­ron pes­tes de Evi­ta. De joven empe­cé a leer a gen­te como Sca­la­bri­ni Ortiz y Jau­ret­che, y des­cu­brí el lado ocul­to de Billi­ken. Aho­ra apa­re­ce has­ta en la tele­vi­sión. Pero era algo ente­rar­se por aquel enton­ces de que des­de Bue­nos Aires se opo­nían a la cam­pa­ña de los Andes, que Riva­da­via espia­ba a San Mar­tín, y que el mis­mo año en que se gana­ba en Aya­cu­cho la últi­ma bata­lla con­tra los espa­ño­les, Riva­da­via fir­ma­ba la esta­fa de la Baring Brothers. Ade­más, duran­te mi juven­tud yo vi el bom­bar­deo a la Pla­za de Mayo, la repre­sión des­pués del gol­pe del ‘55, los fusi­la­mien­tos, los alla­na­mien­tos, las movi­li­za­cio­nes con camio­nes mili­ta­res en los que car­ga­ban a cual­quie­ra que hicie­ra huel­ga, los cor­tes de pelo y el todo prohi­bi­do. Que todo eso se die­ra con­tra la cla­se obre­ra que resis­tía a la dic­ta­du­ra, suma­do a cier­tas sim­pa­tías que no se pue­den expli­car, me hizo peronista”.

AGUANTAR A LOPEZ REGA Un día Perón vio La hora de los hor­nos, y deci­dió des­de Puer­ta de Hie­rro que había lle­ga­do la hora de hacer una pelí­cu­la, o en reali­dad dos: La actua­li­za­ción polí­ti­ca y doc­tri­na­ria para la toma del poderPerón, la revo­lu­ción jus­ti­cia­lis­ta. Des­pués del “Lla­men a ese mucha­cho”, Sola­nas se tras­la­dó duran­te un par de sema­nas a Espa­ña con cáma­ra y equi­pos: “Todo el país des­fi­la­ba por Puer­ta de Hie­rro, y nun­ca sabía­mos cuán­do íba­mos a fil­mar, por­que Perón se la pasa­ba reci­bien­do gen­te. Pero con López Rega era la gue­rra per­ma­nen­te: el tipo nos que­ría hacer la vida impo­si­ble. Has­ta que una vez Perón tuvo que poner­lo en vere­da: noso­tros ‑los mucha­chos, como decía- podía­mos entrar cuan­do qui­sié­ra­mos, como si fue­ra nues­tra casa. Y López Rega, a guar­dar. ¿Me entiendes?”

AGUANTAR A LA BEMBERG En 1972 fil­mó Los hijos de Fie­rro, basa­da libre­men­te en el Mar­tín Fie­rro de José Her­nán­dez. El enfo­que ele­gi­do fun­cio­na­ba como excu­sa y ale­go­ría per­fec­tas “para narrar la his­to­ria con­tem­po­rá­nea”: los hijos del gau­cho sepa­rán­do­se cada uno hacia un pun­to car­di­nal como metá­fo­ra de fin de fies­ta y del comien­zo de la dic­ta­du­ra. Cuan­do Perón vol­vió en el ‘73, fir­mó la repa­tria­ción de las copias ori­gi­na­les de La hora de los hor­nos. Pero en 1974 ya habían mata­do a Julio Trox­ler, el pro­ta­go­nis­ta de Los hijos de Fie­rro, y a los pocos meses Sola­nas tuvo que irse a París, exiliado.

Duran­te sus diez años euro­peos que­da­ron en el camino una adap­ta­ción de Los pre­mios, la nove­la de Cor­tá­zar, Vien­to del pue­blo ‑una vida de Miguel Her­nán­dez- y Adiós Nonino, con Piaz­zo­lla en uno de los pro­ta­gó­ni­cos. Sola­nas sólo fil­mó en esos años un docu­men­tal sobre dis­ca­pa­ci­ta­dos, por encar­go de la Uni­ver­si­dad de París. Diez años des­pués, ya sin el ímpe­tu his­tó­ri­co y aglu­ti­na­dor, y como con­tra­ca­ra del opti­mis­mo gene­ral del retorno de la demo­cra­cia, deci­dió hacer El exi­lio de Gar­del. Iro­nías argen­ti­nas: Sola­nas, que había fil­ma­do con Perón, vivió su apo­geo duran­te la pri­ma­ve­ra radi­cal. “Ten­dría que haber­la fil­ma­do en el ‘80. Para cuan­do la ter­mi­né, ya había demo­cra­cia, y la pelí­cu­la no tenía el tono melan­có­li­co y depre­si­vo que yo hubie­se que­ri­do, ¿me entien­des? Ade­más, yo no había hecho un cine clan­des­tino por voca­ción de mis­te­rio­so. Es más, no me gus­tan nada las pelí­cu­las sobre exi­lia­dos, como ésas de los repu­bli­ca­nos espa­ño­les, tan solem­nes y heroi­cas. Yo que­ría desa­cra­li­zar eso: hacer el Gran Cine Nacio­nal que com­pi­tie­ra con lo mejor del mun­do. Y ese momen­to fue raro, por­que has­ta enton­ces me habían dado por muer­to cine­ma­to­grá­fi­ca­men­te, no se toma­ban en serio mis pelí­cu­las, los héroes eran gen­te como María Lui­sa Bemberg”.

AGUANTAR DE RODILLAS “De todos los tipos de argu­men­tos que se fil­man, no hay ni uno que se corres­pon­da con lo que está pasan­do: ¿quién fil­ma el Yoma­ga­te, la dro­ga que entra por todos lados, el Yabrán? Muy pocos arries­gan. Y yo, bien o mal, hago cine de ries­go. En El via­je pon­go a Menem y a Bush jugan­do al tenis de rodi­llas. Y a la Argen­ti­na como líder de la OPA (la Orga­ni­za­ción de Paí­ses Arro­di­lla­dos). Hago bajar a Gar­del de un auto en París y can­tar “Anclao en París”, y la gen­te se lo cree sin cagar­se de risa. Des­pués entra San Mar­tín y se arma una matea­da. Ahí hay ries­go. Algu­nas de esas esce­nas fue­ron las más cele­bra­das en paí­ses en que no saben quién mier­da es Menem. Por­que, en defi­ni­ti­va, todo se redu­ce a si la esce­na está logra­da o no. Con bue­nas ideas sola­men­te, mejor nos que­da­mos en casa”.

QUE SE PUEDE HACER SALVO AGUANTAR PELICULAS Sola­nas dice: “Yo no sé por qué la gen­te no quie­re una pro­pues­ta dis­tin­ta”. No se entien­de si habla de Menem o del cine argen­tino. “De los dos”, dice él. Y, en una línea mucho menos näif que el dile­ma huevo/​gallina, Sola­nas des­pa­rra­ma cul­pas en la ecua­ción chancho/​el que le da de comer: “Es raro; si hablás con los direc­to­res, por lo gene­ral son per­so­nas lúci­das. Pero lo que pien­san y lo que dicen no siem­pre se con­di­ce con lo que hacen. No hay ries­go. Por eso res­ca­to pelí­cu­las como Piz­za, barro y faso (sic). Aun­que Pla­za Mayor (sic, por Pla­za de Almas), no me gus­tó; la vi un poco acar­to­na­da. Me pare­ce que hoy en día hay una fuer­te creen­cia en las escue­las de cine de que sin una carí­si­ma tec­no­lo­gía no se pue­den cons­truir imá­ge­nes poten­tes. Pero no todo es dine­ro: por la mis­ma can­ti­dad con que Felli­ni cons­tru­yó Cine­ci­tá y otro arma Dis­ney­lan­dia. ¿Me entien­des?” Al que no entien­de es a Subie­la. Sola­nas lo des­pre­cia pre­ci­sa­men­te por­que Menem le da de comer: “Lo seguí has­ta Hom­bre miran­do al sudes­te. Y me intere­só ésa del cora­zón (El lado oscu­ro del cora­zón). En esas pelí­cu­las hay algo de Sur, ¿no? La mía está pun­tea­da con tan­gos, la de él con bole­ros; la ima­gen de la muer­te que apa­re­ce en la mía des­pués está en la de él; o esas metá­fo­ras visua­les que empe­cé a usar en El exi­lio. Lo que no me cae bien es su via­je a Ani­lla­co: quién le pue­de creer que se hizo mene­mis­ta des­pués de con­se­guir un pre­su­pues­to para fil­mar no sé qué”.

Ense­gui­da aso­ma la posi­bi­li­dad de jun­tar pare­jas, armar fór­mu­las. Ejem­plos: Perón-Sola­nas y Menem-Subie­la. “Yo fui a fil­mar al líder polí­ti­co mien­tras esta­ba prohi­bi­do en el país, e hici­mos una pelí­cu­la de resis­ten­cia en la que se abo­ga­ba por un país com­ple­ta­men­te dis­tin­to al que hizo Menem. Aho­ra, si de ese para­le­lo se dedu­ce que Subie­la es el direc­tor de Menem, lo que él tie­ne que asu­mir es todo lo que el pre­si­den­te sig­ni­fi­ca: Menem no es sólo un cré­di­to para fil­mar. No es el caso de Favio, que me pare­ce muy intere­san­te, des­pa­re­jo pero con fuerza”.

AGUANTAR A MENEM “Tie­ne razón Charly Gar­cía cuan­do vati­ci­na que la nada avan­za. Y en este país es una nada muy terri­ble. Una cosa es la inun­da­ción y otra mucho peor es inun­dar­se de mier­da. Exac­ta­men­te eso es lo que suce­día en El via­je. Yo sé que es mi pelí­cu­la más cri­ti­ca­da: ja, la hicie­ron mier­da. Jus­to antes de empe­zar a mon­tar­la, sufrí el aten­ta­do y me que­dé sin ganas de ter­mi­nar­la. Pero fue la úni­ca pelí­cu­la que, en pleno auge de este mode­lo, ata­có al mene­mis­mo. Des­de que asu­mió este pre­si­den­te yo viví todas las maña­nas con unas náu­seas terri­bles. Ahí se me ocu­rrió la idea de un país en el que se tra­ga mier­da todos los días y que, mien­tras se inun­da, cree que es la Vene­cia del sur”.

Entre El via­jeLa nube, Sola­nas se hun­dió en la polí­ti­ca, y casi se aho­ga. Aho­ra memo­ra así esos años: “De la polí­ti­ca me can­sé por­que me tomo las cosas con res­pon­sa­bi­li­dad, y es inso­por­ta­ble escu­char a la opo­si­ción y no saber si está hablan­do el ofi­cia­lis­mo. Y ni hablar de los fun­cio­na­rios de cul­tu­ra, que te hablan siem­pre con ese tono con­fe­sio­nal del tipo Estoy hacien­do lo posi­ble, creé­me. Y des­pués te das cuen­ta de que todos los que lle­gan a ocu­par car­gos en la Secre­ta­ría de Cul­tu­ra son per­so­nas cono­ci­das, pero fun­da­men­tal­men­te es gen­te que ter­mi­na pidién­do­te dis­cul­pas por no poder hacer nada. El balan­ce de ese perío­do sería más o menos así: jun­to con el exi­lio, fue­ron los años duran­te los que más me lle­né de ideas y de temas para mis películas”.

AGUANTAR HASTA QUE PARE Si El via­je fue una pre­mo­ni­ción bas­tan­te evi­den­te de cómo la bar­ba­rie mene­mis­ta logra­ría ganar terreno y la mier­da subir has­ta el nivel del cue­llo, La nube es la con­ti­nua­ción de la bar­ba­rie por otros medios. La nube empie­za don­de ter­mi­na El via­je: pri­me­ro fue la inun­da­ción, y Bue­nos Aires se tapó de mier­da. Des­pués baja­ron las aguas; la mier­da sedi­men­tó has­ta vol­ver­se cos­tum­bre, lle­gó la nube y hace 1700 días que no para de llo­ver. Por la calle, la gen­te y los autos andan lite­ral­men­te mar­cha atrás, en uno de los hallaz­gos nota­bles de la pelí­cu­la. Sola­nas fil­ma Bue­nos Aires como pocos, y con la mis­ma ena­je­na­ción cris­pan­te que Wong Kar-Wai con­si­guió en Happy Together. Con la his­to­ria de un tea­tro cuyo direc­tor se resis­te a que la Muni­ci­pa­li­dad lo demue­la para cons­truir un shop­ping, la pelí­cu­la se ale­ja de la sáti­ra gro­tes­ca de El via­je para vol­ver­se a la vez dia­tri­ba y aren­ga anti­me­ne­mis­ta. Sola­nas dice que podría haber situa­do la his­to­ria de La nube en algún yaci­mien­to, en un pue­blo fan­tas­ma como Sie­rra Gran­de: “Pero la ambien­té en un tea­tro inde­pen­dien­te por­que ahí está lo más puro. Cual­quie­ra que deci­da dedi­car­se al arte pare­ce un loco. Cuan­do a Max, el direc­tor del tea­tro que ame­na­zan con demo­ler para poder cons­truir un shop­ping, le ofre­cen una sala nue­va, mejor equi­pa­da, pero con una pro­gra­ma­ción que garan­ti­ce un míni­mo indis­pen­sa­ble de públi­co, él jura que va a tirar­se de cabe­za por la ven­ta­na: por­que habría resis­ti­do al pedo toda la vida”. Esa es la resis­ten­cia obs­ti­na­da de la que Sola­nas hace un ejer­ci­cio. “En la vida des­cu­brí que había bási­ca­men­te dos asun­tos: tiem­po y dine­ro. Para apren­der todo lo que que­ría, nece­si­ta­ba tiem­po. E, hicie­ra lo que hicie­re, nece­si­ta­ba dine­ro. Pero por lo gene­ral, el dine­ro se opo­ne al apren­di­za­je. Yo no tra­ba­jo por ganas. El 98 por cien­to del tra­ba­jo de una pelí­cu­la me pare­ce repug­nan­te. Pero no hay que dejar­se atro­pe­llar por la apla­na­do­ra del cinis­mo. El cine no es una pues­ta en esce­na, ni la vida. El cine es un rec­tán­gu­lo en el que hay que meter todo. Esa es la ver­dad. Y la ver­dad gene­ral­men­te es lo que se ve detrás de la cáma­ra. Por eso tie­ne que haber ries­go. Andar para atrás, por ejem­plo. El desa­fío es cómo hacer­lo”. Con­clu­sión Sola­nas de todo el asun­to: “Aguan­ten, fal­ta menos”.

AGUANTAR A SOLANAS “Pue­de ser que mis pelí­cu­las no sigan una estruc­tu­ra lineal. Pue­de que sean dema­sia­do cora­les y que pasen dema­sia­das cosas en ellas. Pero así somos: lo que en cual­quier otro país es una dis­gre­sión, un psi­có­lo­go argen­tino lo expli­ca dicien­do que todo lo que uno trae es impor­tan­tí­si­mo”. Impor­tan­tí­si­mo o no, las pelí­cu­las de Sola­nas siem­pre traen tan­gos: “En Los hijos de Fie­rro había can­dom­bes, mur­gas. Des­pués sí, lar­gué con el tan­go, espe­cial­men­te con el que inven­tó Piaz­zo­lla. No es que ten­ga en men­te el tan­go for export, pero tam­po­co vas a ser tan bolu­do de que­rer ven­der­les per­fu­me a los fran­ce­ses y un wes­tern a los yanquis”.

HASTA QUE EL CUERPO AGUANTE “Para la pelí­cu­la pusie­ron pla­ta los fran­ce­ses y los ale­ma­nes, pero acá no intere­só. Es increí­ble que, des­pués de haber meti­do más de un millón de per­so­nas en los cines, si me va mal con esta pelí­cu­la pier­do has­ta la casa. Es siem­pre lo mis­mo, pero cada vez peor. Cuan­do tenía que empe­zar con El exi­lio…, Cha­ro López, que iba a ser la pro­ta­go­nis­ta, avi­só que no lle­ga­ba a tiem­po: pos­ter­ga­mos un mes y eso sig­ni­fi­có la quie­bra de la pro­duc­to­ra. Una sema­na antes de que empe­za­ra el roda­je de Sur tuve un infar­to. Y cuan­do ter­mi­né El via­je sufrí el aten­ta­do en el que me balea­ron. Pero voy a seguir fil­man­do, has­ta que aguante”.

EL AGUANTE La otra cosa que Pino Sola­nas no aguan­ta es no saber exac­ta­men­te por qué le dicen Pino. Hay ver­sio­nes. Que se debe a la ilu­mi­na­ción poco afor­tu­na­da de una tía. Que no fue esa tía sino otra. Que fue en el cole­gio. Que ni su madre se acuer­da. Que algún día de éstos se va a saber. Como la tara que le impi­de apren­der inglés, es uno de esos raros mis­te­rios que nun­ca nadie le expli­có. O, como algu­na vez le expli­có su madre: “Si no te gus­ta, te la aguantás”.

*Esta nota fue publi­ca­da ori­gi­nal­men­te en el suple­men­to Radar de Página/​12 del 23 de agos­to de 1998.

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