Colom­bia. De la min­ga a los votos de los pue­blos latinoamericanos

Por Luis Alfon­so Mena S. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 6 de noviem­bre de 2020.

Los acon­te­ci­mien­tos que sacu­den las tie­rras de Nues­tra Amé­ri­ca por estos días pare­ce que estu­vie­ran trans­cu­rrien­do de sos­la­yo para las éli­tes que tie­nen hoy en el gobierno de Colom­bia a un régi­men neo­li­be­ral fan­to­che y des­pó­ti­co, repre­sen­ta­ti­vo del blo­que más ran­cio de la oli­gar­quía bicé­fa­la que com­po­ne el sis­te­ma de bur­gue­ses y terra­te­nien­tes due­ños del poder, enemi­gos de las resis­ten­cias populares.

Ideal para las éli­tes y su régi­men que esos acon­te­ci­mien­tos sean mira­dos de reo­jo por la mayo­ría, sin detec­tar su enor­me sig­ni­fi­ca­do para los pue­blos y, par­ti­cu­lar­men­te, sin eva­luar el men­tís que para las polí­ti­cas estra­té­gi­cas de las cla­ses diri­gen­tes del con­ti­nen­te significan.

Por lo menos cin­co acon­te­ci­mien­tos recien­tes ponen en evi­den­cia los ante­rio­res enun­cia­dos: la mul­ti­tu­di­na­ria pro­tes­ta ciu­da­da­na del 9 y el 10 de sep­tiem­bre en Bogo­tá y otras ciu­da­des del país; la con­tun­den­te min­ga de las comu­ni­da­des indí­ge­nas entre el 14 y el 21 de octu­bre, en con­jun­to con la jor­na­da nacio­nal sin­di­cal y popu­lar de este día en Colom­bia; el arro­lla­dor triun­fo del Movi­mien­to al Socia­lis­mo, MAS, en la elec­ción pre­si­den­cial cum­pli­da en Boli­via el 18 de octu­bre; la apa­bu­llan­te vota­ción por una nue­va Cons­ti­tu­ción en Chi­le el 25 del mis­mo mes, y la con­so­li­da­ción del pro­ce­so comi­cial para la reno­va­ción de la Asam­blea Nacio­nal en Vene­zue­la, que se cum­pli­rá el 6 de diciem­bre de este 2020.

Aun­que las mira­das impe­ran­tes en Colom­bia los mues­tran como hechos com­ple­ta­men­te ais­la­dos, unos de acá y otros de allá, lo per­ti­nen­te es ver­los en sus con­ca­te­na­cio­nes para la socie­dad y los pode­res en Colom­bia y en América.

El régi­men uri­bis­ta de Iván Duque se carac­te­ri­za, entre otras posi­cio­nes, por su des­em­bo­za­do odio hacia los pro­ce­sos polí­ti­cos inde­pen­dien­tes, como los de Cuba, Vene­zue­la y Nica­ra­gua, y hacia las resis­ten­cias anti­oli­gár­qui­cas don­de se den, empe­zan­do por las que están en mar­cha en Colom­bia des­de el por­ten­to­so Paro Nacio­nal del 21 de noviem­bre de 2019, y con­ti­nuan­do con las de Chi­le y Bolivia.

En corres­pon­den­cia con lo ante­rior, el régi­men de Duque eje­cu­ta una polí­ti­ca exte­rior de abso­lu­ta sumi­sión a los intere­ses de la Casa Blan­ca y, de mane­ra espe­cial, a los de su regen­te actual, el igno­ran­te y ultra­go­do Donald Trump.

Polí­ti­ca al ser­vi­cio del imperio

Esa línea ha con­du­ci­do a que la polí­ti­ca exte­rior del Esta­do colom­biano sea total­men­te depen­dien­te de la del impe­rio esta­dou­ni­den­se y a par­ti­ci­par de mane­ra direc­ta en la cons­pi­ra­ción y la agre­sión con­tra la Repú­bli­ca Boli­va­ria­na de Venezuela.

Para ello entre­ga la sobe­ra­nía nacio­nal per­mi­tien­do la pre­sen­cia de tro­pas nor­te­ame­ri­ca­nas en nues­tro terri­to­rio, inclu­so sal­tan­do tram­po­sa­men­te lo orde­na­do por la Cons­ti­tu­ción Polí­ti­ca; arro­pa a cen­te­na­res de mer­ce­na­rios de la extre­ma dere­cha vene­zo­la­na coman­da­dos por con­tra­tis­tas grin­gos; faci­li­ta buro­cra­cia y recur­sos del Esta­do para man­te­ner en el país a los cabe­ci­llas de la cons­pi­ra­ción, y se hace el de la vis­ta gor­da con los terro­ris­tas que incur­sio­na­ron des­de Colom­bia en las cos­tas vene­zo­la­nas de Macu­to y Chuao en la lla­ma­da Ope­ra­ción Gedeón y fue­ron derro­ta­dos por la Fuer­za Arma­da Nacio­nal Boli­va­ria­na, a prin­ci­pios de mayo de 2020.

En esa tarea Duque, el Minis­te­rio de Defen­sa, la Can­ci­lle­ría y el apa­ra­ta­je de Migra­ción Colom­bia han esta­do al ser­vi­cio de lo peor de la extre­ma dere­cha vene­zo­la­na, y han par­ti­ci­pa­do de mane­ra obse­cuen­te en el lla­ma­do Gru­po de Lima, al lado de Sebas­tián Piñe­ra y de otros de su espe­cie. El desas­tro­so anda­mia­je inter­ven­cio­nis­ta mon­ta­do en la fron­te­ra colom­bo-vene­zo­la­na el 22 y 23 de febre­ro de 2019 por el dúo Duque-Piñe­ra así lo demuestra.

Esa her­man­dad cons­pi­ra­do­ra expli­ca el hecho de que el gobierno colom­biano jamás con­de­nó la espan­to­sa vio­la­ción de los dere­chos huma­nos por par­te de Piñe­ra con­tra las dia­rias y mul­ti­tu­di­na­rias mani­fes­ta­cio­nes del pue­blo chi­leno que recla­ma­ba des­de octu­bre de 2019 con­di­cio­nes dig­nas de vida, repre­sión que dejó más de 40 muer­tos, cen­te­na­res de heri­dos y miles de dete­ni­dos por los here­de­ros del dic­ta­dor Augus­to Pinochet.

Y expli­ca tam­bién el por­qué, en cam­bio, Duque fue el pri­me­ro en reco­no­cer la dic­ta­du­ra de Jea­ni­ne Áñez, pues­ta en la Pre­si­den­cia de Boli­via en noviem­bre de 2019, median­te una manio­bra bur­da, por Luis Alma­gro, el tirano de la Orga­ni­za­ción de Esta­dos Ame­ri­ca­nos, OEA, y por los gol­pis­tas inter­nos finan­cia­dos por el gobierno nor­te­ame­ri­cano, en medio de otra repre­sión brutal.

Para­le­la­men­te, a medi­da que avan­za el tiem­po de su oscu­ro man­da­to, Duque cie­rra cada vez con mayor cinis­mo los res­qui­cios de “demo­cra­cia”, des­ver­te­bra la hipo­té­ti­ca “sepa­ra­ción” de pode­res, emu­la con una de las peo­res épo­cas del auto­ri­ta­ris­mo post Fren­te Nacio­nal en Colom­bia, el gobierno de Julio César Tur­bay Aya­la (1978−1982) y su nefas­to Esta­tu­to de Segu­ri­dad, al tiem­po que bus­ca imple­men­tar las polí­ti­cas de su patrón, Álva­ro Uri­be, y su vio­len­ta Segu­ri­dad Demo­crá­ti­ca, eufe­mis­mo con el que se encu­brió lo que real­men­te ocu­rrió en el man­da­to uri­bis­ta (2002−2010): crí­me­nes de Estado.

En desa­rro­llo de esa polí­ti­ca, Duque se negó a aten­der los recla­mos de las movi­li­za­cio­nes socia­les pro­mi­nen­tes de 2019, las enfren­tó con la maqui­na­ria más ave­za­da en la vio­la­ción de los dere­chos huma­nos y ciu­da­da­nos, el Esmad de la Poli­cía, y no dudó, sin nin­gu­na ver­güen­za, en excu­sar las bru­ta­les accio­nes de esa fuer­za en la repre­sión de la indig­na­ción popu­lar del 9 y el 10 de sep­tiem­bre de 2020, des­ata­da lue­go del ase­si­na­to vil a manos de dos agen­tes del régi­men de un inde­fen­so abo­ga­do en Bogo­tá. La masa­cre ofi­cial dejó tre­ce jóve­nes asesinados.

Su polí­ti­ca de arro­gan­cia y exclu­sión fren­te a los sec­to­res popu­la­res ha que­da­do en evi­den­cia con la estig­ma­ti­za­ción des­ca­ra­da con­tra la min­ga indí­ge­na, a la que sus fun­cio­na­rios le hicie­ron todo tipo de seña­la­mien­tos, y a la cual, con evi­den­te racis­mo y odio de cla­se, se negó a aten­der no solo en el Cau­ca y Cali, sino en Bogotá.

Las derro­tas de Duque

Pero la demos­tra­ción de orga­ni­za­ción dada por el Con­se­jo Regio­nal Indí­ge­na del Cau­ca, Cric, que diri­gió la min­ga, y la cla­ra con­fron­ta­ción polí­ti­ca que ella sig­ni­fi­có con­tra y fren­te al régi­men cons­ti­tu­yó la pri­me­ra derro­ta para Duque.

El triun­fo de Luis Arce y David Cho­quehuan­ca, can­di­da­tos del MAS, con una vota­ción mayor en las pre­si­den­cia­les de Boli­via de 2020 (54%) en com­pa­ra­ción con la obte­ni­da por Evo Mora­les en 2019, echó por tie­rra la ardid tram­po­sa del cabe­ci­lla de la OEA en el sen­ti­do de que había habi­do frau­de hace un año, y puso sobre la pales­tra la derro­ta de todos los que se sola­za­ron con el gol­pe de Esta­do de extre­ma dere­cha que derro­có a Evo, empe­zan­do por el gobierno de Duque.

Ocho días des­pués vino el demo­le­dor triun­fo del pue­blo chi­leno con­tra el gran alia­do sure­ño de Duque en la cons­pi­ra­ción con­tra Vene­zue­la, Sebas­tián Piñe­ra: una vota­ción de casi el 80% de los par­ti­ci­pan­tes en el ple­bis­ci­to con­tra la pétrea Cons­ti­tu­ción here­da­da de la dic­ta­du­ra de Pino­chet dejó la ter­ce­ra gran derro­ta a la dere­cha con­ti­nen­tal, inclui­dos en ella Duque y su jefe, Donald Trump.

Aho­ra se ave­ci­na la cuar­ta derro­ta para el régi­men uri­bis­ta, la de las elec­cio­nes par­la­men­ta­rias del 6 de diciem­bre en Vene­zue­la, que se cum­pli­rán a pesar del sabo­ta­je, los mon­ta­jes y las manio­bras inje­ren­cis­tas del cer­co orbi­tal impues­to por Esta­dos Uni­dos, con la par­ti­ci­pa­ción en pri­me­ra línea del ser­vil gobierno de Duque. Nin­gu­na de las accio­nes con­tra este ejer­ci­cio demo­crá­ti­co, que deja­rá total­men­te sin piso polí­ti­co al moni­go­te mon­ta­do por Trump (Guai­dó), ha fructificado.

Así, pues, el inje­ren­cis­mo exte­rior del régi­men colom­biano está sufrien­do derro­ta tras derro­ta a manos de los pue­blos lati­no­ame­ri­ca­nos con­tra los cua­les se ha con­fa­bu­la­do con Esta­dos Uni­dos, como fiel man­da­de­ro suyo, más en estos días en los que espe­ra­ba ayu­dar a Trump a per­ma­ne­cer en la Pre­si­den­cia a pesar de su desas­tro­so man­da­to, y todo indi­ca que fra­ca­sa­rá de nuevo.

Y en el plano interno, sub­ra­yo, la min­ga tam­bién derro­tó a Duque retán­do­lo en su pro­pio terreno, así éste haya hui­do a dar una vuel­ta por el male­cón de Quib­dó, en el Cho­có, para elu­dir el eco del recla­mo indí­ge­na, a 50 metros de la Casa de Nari­ño. Un recla­mo que sigue retum­ban­do y se mul­ti­pli­ca­rá este 21 de noviem­bre de 2020.

Fuen­te: PaCoCol

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