Colom­bia. La cri­sis social acen­tua­da por la pandemia

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 22 de octu­bre de 2020.

Colom­bia es ofi­cial­men­te el quin­to país del mun­do más afec­ta­do por el COVID-19 con más de 818 mil con­ta­gios y cer­ca de 26.000 muer­tes. Si a esto se suma los pro­nós­ti­cos nega­ti­vos en mate­ria de agu­di­za­ción de la pobre­za y exclu­sión social nos apro­xi­ma­mos a una catás­tro­fe inminente.

Ante esta reali­dad, preo­cu­pa la acti­tud faci­lis­ta del gobierno que cul­pa de todos los males al coro­na­vi­rus. Sin embar­go, la pan­de­mia no ha hecho más que dejar en evi­den­cia la enor­me deu­da del Esta­do en mate­ria de dere­chos polí­ti­cos, socia­les y eco­nó­mi­cos con bue­na par­te de la pobla­ción.
En efec­to, la cri­sis de la salud esta­lló con el coronavirus.

Las EPS, con­ce­bi­das como acto­res cen­tra­les en la aten­ción inte­gral, le han falla­do al país en la detec­ción y tra­ta­mien­to del COVID-19. Los datos de la Pro­cu­ra­du­ría Gene­ral de la Nación indi­can que a media­dos de sep­tiem­bre se con­ta­bi­li­za­ban cer­ca de 62 mil prue­bas repre­sa­das con retra­sos de has­ta 30 días.

Ade­más, los pacien­tes que bus­can aten­ción se enfren­tan al desa­fío de con­se­guir un diag­nós­ti­co y tra­ta­mien­to opor­tuno en medio de un sis­te­ma frag­men­ta­do, dis­per­so e inefi­cien­te. La emer­gen­cia tam­bién puso en evi­den­cia los efec­tos del robo sis­te­má­ti­co de los recur­sos, el des­man­te­la­mien­to de los hos­pi­ta­les públi­cos y el dete­rio­ro de la red de ase­gu­ra­mien­to terri­to­rial.
Esto ha gene­ra­do dos consecuencias:

Por un lado, la Fede­ra­ción Médi­ca Colom­bia­na seña­la que se per­die­ron cer­ca de 8.500 camas en los últi­mos 10 años, cifra que en las con­di­cio­nes actua­les con­tri­bui­ría a dis­mi­nuir la pre­sión de la emergencia.

Por otro, miles de pacien­tes han teni­do que ser tras­la­da­dos a otras ciu­da­des e inclu­so falle­cen ale­ja­dos de sus fami­lia­res, algo total­men­te inacep­ta­ble en un Esta­do Social de Dere­cho. Y tam­po­co se ha cum­pli­do con los sub­si­dios y mejo­ras en la situa­ción labo­ral del per­so­nal de la salud que enfren­ta la pandemia.

A media­dos de sep­tiem­bre se con­ta­bi­li­za­ban 67 tra­ba­ja­do­res del ser­vi­cio sani­ta­rio muer­tos y 7.500 con­ta­gia­dos pres­tan­do el ser­vi­cio de aten­ción a pacien­tes, según cifras del Ins­ti­tu­to Nacio­nal de Salud (INS). Ade­más, la Fede­ra­ción Médi­ca Colom­bia­na seña­la que el 80% de los médi­cos no cuen­tan con afi­lia­ción a ase­gu­ra­do­ras de ries­gos labo­ra­les, el 80% tie­ne difi­cul­ta­des con­trac­tua­les, la caren­cia de insu­mos es evi­den­te, y en no pocos casos enfren­tan ame­na­zas, cons­tre­ñi­mien­tos para ejer­cer su labor y dis­cri­mi­na­ción social. Las imá­ge­nes de tra­pos rojos en las ven­ta­nas de casas y apar­ta­men­tos demues­tran el fra­ca­so de la polí­ti­ca social sus­ten­ta­da en sub­si­dios asistencialistas.

No se gene­ró nin­gún avan­ce en la reduc­ción de la des­igual­dad: uno de cada sie­te hoga­res no tie­ne acce­so a agua pota­ble, ape­nas el 15% de los sec­to­res más vul­ne­ra­bles cuen­ta con inter­net y uno de cada cua­tro niños sufre de des­nu­tri­ción. Los datos tam­bién mues­tran la inequi­dad terri­to­rial entre las capi­ta­les y los muni­ci­pios periféricos.

En estas con­di­cio­nes, era pre­de­ci­ble que en medio de la pan­de­mia se ace­le­ra­ra el aumen­to de la mise­ria del 10% a 14%, y la pobre­za de 29% a 34% entre 2019 y 2020, según cifras de la CEPAL. La mayor afec­ta­ción será la de la cla­se media con una reduc­ción esti­ma­da de 1,8 millo­nes de per­so­nas. Por esta vía se per­de­rá lo gana­do en cober­tu­ra escolar.

Al res­pec­to, la UNESCO cal­cu­la que la deser­ción aumen­ta­rá en 28% para los gra­dos de ense­ñan­za pri­ma­ria, secun­da­ria y media y en 18% en edu­ca­ción pro­fe­sio­nal. Lamen­ta­ble­men­te, la pobre­za gol­pea­rá con mayor rude­za a los muni­ci­pios afec­ta­dos por la exclu­sión, la vio­len­cia y las eco­no­mías ile­ga­les, ale­jan­do sus posi­bi­li­da­des de avan­zar hacia la paz.
La res­pues­ta del gobierno nacio­nal ante la cri­sis ha sido len­ta y sin una hoja de ruta integral.

Se pasó de un esce­na­rio de cua­ren­te­na a una estra­te­gia de “nue­va nor­ma­li­dad” con la aper­tu­ra de las acti­vi­da­des pro­duc­ti­vas, el dis­cur­so de la corres­pon­sa­bi­li­dad ciu­da­da­na en la reduc­ción de los con­ta­gios y la com­pra de ven­ti­la­do­res para aumen­tar la capa­ci­dad de camas UCI.

Lue­go de demo­ras en las nego­cia­cio­nes y las denun­cias de la fal­ta de cla­ri­dad sobre la estra­te­gia del gobierno para adqui­rir la vacu­na con­tra el COVID-19, el pre­si­den­te deci­dió incluir a Colom­bia en la alian­za inter­na­cio­nal COVAX para adqui­rir por­cen­ta­jes espe­cí­fi­cos de este pro­duc­to y fir­mó acuer­dos con los labo­ra­to­rios Pfi­zer y Astra­Ze­ne­ca. Mien­tras tan­to, se dis­cu­te la estra­te­gia adop­ta­da por Min­sa­lud de dis­mi­nuir el núme­ro de prue­bas para detec­tar el virus: a media­dos de agos­to se apli­ca­ban cer­ca de 35 mil prue­bas y un mes des­pués bajó a algo más de 24 mil, de acuer­do con los repor­tes del INS. Final­men­te, preo­cu­pa el esce­na­rio de rebro­te, tal como ha ocu­rri­do en Europa.

En el cam­po social, se han des­ti­na­do 20 billo­nes de pesos para ayu­das a la pobla­ción pobre, el aumen­to de la capa­ci­dad en el sis­te­ma de salud y el finan­cia­mien­to del sec­tor públi­co. La estra­te­gia estre­lla ha sido el pro­gra­ma de ingre­so soli­da­rio para cer­ca de 3 millo­nes de per­so­nas con dos giros que suma­dos ape­nas lle­gan a la mitad del sala­rio míni­mo, acom­pa­ña­do de sub­si­dios ais­la­dos y mer­ca­dos dis­tri­bui­dos a lo lar­go del país con un sal­do de 110 mil millo­nes de pesos per­di­dos en la tram­pa de la corrupción.

La uni­dad tam­po­co ha sido la regla, pre­do­mi­nan las ten­sio­nes, dispu­tas polí­ti­cas y acu­sa­cio­nes mutuas del gobierno nacio­nal y las enti­da­des terri­to­ria­les por las deci­sio­nes toma­das sin con­tar con los alcal­des y gober­na­do­res, y la decla­ra­to­ria de incons­ti­tu­cio­na­li­dad de varios decre­tos, entre ellos, el ali­vio en el pago de los ser­vi­cios públi­cos por la fal­ta de fir­mas de todos los minis­tros, lo que demues­tra el gra­do de impro­vi­sa­ción que rige en el gobierno. Ante esta reali­dad, Colom­bia enfren­ta el desa­fío de pro­mo­ver alter­na­ti­vas al enfo­que cor­to­pla­cis­ta impe­ran­te. Varios temas apa­re­cen en esta agen­da de cambio.

En pri­mer lugar, el coro­na­vi­rus demos­tró la urgen­cia de cam­biar el sis­te­ma de salud para hacer­lo más equi­ta­ti­vo, trans­pa­ren­te, con mayor énfa­sis en la pre­ven­ción, en cabe­za del Esta­do, con más recur­sos para la inves­ti­ga­ción y con mayor auto­no­mía médica.

En segun­do lugar, el país tie­ne la urgen­cia de reac­ti­var la ofer­ta de tra­ba­jo sin acu­dir a la fór­mu­la sim­plis­ta de recu­dir los dere­chos adqui­ri­dos. Si bien, el gobierno con­for­mó una Misión de Empleo para avan­zar en este pro­pó­si­to, con par­ti­ci­pa­ción del sec­tor pri­va­do, los gre­mios y los tra­ba­ja­do­res, es incier­to su alcan­ce y su capa­ci­dad para pro­mo­ver un pac­to colec­ti­vo sobre asun­tos de impor­tan­cia como la refor­ma labo­ral, el pro­ble­ma des­bor­da­do de la infor­ma­li­dad, la regla­men­ta­ción del tele­tra­ba­jo y los incen­ti­vos y sub­si­dios a la nómina.

Tam­po­co se sabe cuál va a ser su auto­no­mía para plan­tear­le al país una agen­da basa­da en el ingre­so bási­co uni­ver­sal y un nue­vo sis­te­ma de pro­tec­ción que pro­mue­va la pro­mo­ción de opor­tu­ni­da­des diferenciadas.

Por últi­mo, una dis­cu­sión inapla­za­ble es la con­fi­gu­ra­ción de un régi­men tri­bu­ta­rio con tres prin­ci­pios orien­ta­do­res: la equi­dad en la redis­tri­bu­ción de la ren­ta, la inver­sión públi­ca hacia pro­yec­tos de inno­va­ción y de agre­ga­ción de valor pro­duc­ti­vo dife­ren­tes a la mine­ría y los hidro­car­bu­ros, y la inclu­sión de los terri­to­rios que his­tó­ri­ca­men­te han esta­do por fue­ra del desa­rro­llo nacional.

Fuen­te: Con­ta­gio Radio

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