Bra­sil. Cada 15 días mue­re una niña o niño víc­ti­ma del tra­ba­jo infan­til

Por Lu Sudré. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 10 octu­bre 2020.

En los últi­mos 12 años, 279 niños per­die­ron la vida mien­tras tra­ba­ja­ban. Un pro­me­dio de 23,2 muer­tes por año, según datos del Sis­te­ma de Infor­ma­ción de Agra­vios de Noti­fi­ca­ción del Minis­te­rio de Salud (SINAN). 

Para com­ba­tir esa reali­dad, el Minis­te­rio Públi­co del Tra­ba­jo (MPT) lan­zó el mar­tes pasa­do una nue­va cam­pa­ña con­tra el tra­ba­jo infan­til con his­to­rias verí­di­cas de adul­tos que guar­dan gra­ves secue­las físi­cas y psi­co­ló­gi­cas como resul­ta­do de acci­den­tes mien­tras tra­ba­ja­ban en su infan­cia.

El con­te­ni­do divul­ga­do en las redes socia­les y en las radios de todo el país aler­ta sobre las gra­ves con­se­cuen­cias de la prác­ti­ca ile­gal. Ade­más de las víc­ti­mas fata­les, de las 46.507 noti­fi­ca­cio­nes de agra­vios a la salud rela­cio­na­das al tra­ba­jo entre per­so­nas de 5 a 17 años, 27.924 fue­ron acci­den­tes con­si­de­ra­dos gra­ves. Los datos com­pren­den el perío­do de 2007 a 2019.

En entre­vis­ta al pro­gra­ma Bem Viver, de la radio Bra­sil de Fato, la fis­cal Ana Maria Villa Real, coor­di­na­do­ra nacio­nal de Com­ba­te a la Explo­ta­ción del Tra­ba­jo del Niño y del Ado­les­cen­te (Coor­din­fan­cia), del MPT, resal­ta que la pro­tec­ción inte­gral a la infan­cia está fija­da en el artícu­lo 227 de la Cons­ti­tu­ción Fede­ral y en el Esta­tu­to del Niño y del Ado­les­cen­te, y que la prác­ti­ca ile­gal del tra­ba­jo impi­de que los niños ten­gan un desa­rro­llo pleno. 

Los impac­tos en el futu­ro de esos niños, en su mayo­ría en situa­ción de vul­ne­ra­bi­li­dad social, son inmen­sos.

“El ado­les­cen­te que tra­ba­ja va a tener peor ren­di­mien­to esco­lar, va a tener menos opor­tu­ni­da­des de cali­fi­ca­ción, de esco­la­ri­za­ción, y con eso, en el futu­ro, pue­de se con­ver­tir­se en un adul­to con menos cali­fi­ca­ción y suje­to a empleos mal remu­ne­ra­dos. A par­tir de ahí, la his­to­ria se repi­te en el ámbi­to de su fami­lia. É lo que lla­ma­mos de ciclo inter­ge­ne­ra­cio­nal de pobre­za».

De acuer­do con la fis­cal, los efec­tos de la cri­sis socio­eco­nó­mi­ca agra­va­da por la pan­de­mia del nue­vo coro­na­vi­rus, el des­em­pleo, la infor­ma­li­dad, y prin­ci­pal­men­te la posi­bi­li­dad de aumen­to de la eva­sión esco­lar, anun­cian índi­ces aún más gra­ves que los actua­les. 

“Ten­dre­mos una explo­sión del tra­ba­jo infan­til. Para se tener una idea, esta­mos con nive­les de empleo pró­xi­mos a 1992, cuan­do el tra­ba­jo infan­til era altí­si­mo en Bra­sil. Es una aler­ta para la socie­dad, pero sobre todo para el Esta­do, para la adop­ción de polí­ti­cas públi­cas. Esta­mos en un momen­to cru­cial. O toma­mos medi­das aho­ra en el sen­ti­do de fomen­tar la pro­tec­ción social, la pro­mo­ción de dere­chos, o ten­dre­mos un Bra­sil aso­la­do por el tra­ba­jo infan­til”, afir­ma Vila Real.

Bra­sil de Fato – Cual el obje­ti­vo prin­ci­pal de la cam­pa­ña pró­xi­mo al dia de los niños? 

-Ana Maria Villa Real – El obje­ti­vo de la cam­pa­ña, en la línea de todas las otras, es con­cien­ti­zar la socie­dad de que todos los niños son igua­les. Que todas las infan­cias tie­nen valor. Que todas las infan­cias impo­nen una pro­tec­ción espe­cial, que niños y ado­les­cen­tes son per­so­nas en pecu­liar con­di­ción de desa­rro­llo.

Esta cam­pa­ña del 12 de octu­bre es una con­ti­nui­dad de la cam­pa­ña del 12 de junio, el Día Mun­dial de Com­ba­te al Tra­ba­jo Infan­til, pero da un enfo­que en las con­se­cuen­cias del tra­ba­jo infan­til a par­tir de his­to­rias reales de adul­tos que fue­ron víc­ti­mas del tra­ba­jo infan­til, y que se acci­den­ta­ron o enfer­ma­ron por tra­ba­jo desa­rro­lla­do cuan­do niños y ado­les­cen­tes.

La mayo­ría de los niños y ado­les­cen­tes que están en situa­ción de tra­ba­jo infan­til son afro­des­cen­dien­tes, la mayo­ría de fami­lias de ingre­sos bajos. Bra­sil es un país racis­ta, cla­sis­ta

Vamos a mos­trar a la socie­dad la noci­vi­dad del tra­ba­jo infan­til, la poten­cia­li­dad de gene­rar acci­den­tes gra­ves inclu­si­ve, has­ta fata­les, con secue­las irre­ver­si­bles. Vamos a con­tar la his­to­ria de Cín­tia, que per­dió un bra­zo a los 14 años en un mole­dor. Vamos a con­tar la his­to­ria de Gedeão, que per­dió un ojo a los 10 años y que comen­zó a tra­ba­jar a los 8. Vamos a con­tar la his­to­ria de Ramón que, aun­que comen­zó a tra­ba­jar a los 17 años, que­dó tetra­plé­ji­co debi­do al tra­ba­jo.

Son con­se­cuen­cias que van más allá de la infan­cia roba­da, por­que son tiem­pos que no vuel­ven, traen secue­las irre­ver­si­bles tan­to del pun­to de vis­ta físi­co cuan­to psi­co­ló­gi­co.

¿Cuál es la pers­pec­ti­va de futu­ro para un niño que es víc­ti­ma de esta reali­dad? Mas allá de los acci­den­tes, ¿cuá­les son otros impac­tos?

-Toda niño y ado­les­cen­te que tra­ba­ja sien­te impac­tos. El tra­ba­jo trae per­ju­cio al ren­di­mien­to esco­lar, per­ju­di­ca los momen­tos de ocio, de des­can­so. El tra­ba­jo, por más que sea per­mi­ti­do a par­tir de 16 años, y entre 14 y 16 como apren­diz, impac­ta la vida de aquel ado­les­cen­te.

El ado­les­cen­te que tra­ba­ja va a tener peor ren­di­mien­to esco­lar, va a tener menos opor­tu­ni­da­des de cali­fi­ca­ción, de esco­la­ri­za­ción, y con eso, en el futu­ro, pue­de se con­ver­tir­se en un adul­to con menos cali­fi­ca­ción y suje­to a empleos mal remu­ne­ra­dos. A par­tir de ahí, la his­to­ria se repi­te en el ámbi­to de su fami­lia. É lo que lla­ma­mos de ciclo inter­ge­ne­ra­cio­nal de pobre­za. 

Aque­llas niños o ado­les­cen­tes víc­ti­mas del tra­ba­jo infan­til tie­nen baja esco­la­ri­za­ción o deser­ta­ron de la escue­la muy pron­to, y aca­ban sien­do adul­tos con baja remu­ne­ra­ción y cali­fi­ca­ción pro­fe­sio­nal.

Enton­ces, ade­más de las infan­cias per­di­das, del poten­cial que ocu­rran acci­den­tes de tra­ba­jo, que pue­de dejar secue­las irre­ver­si­bles, está tam­bién la cues­tión de la per­pe­tua­ción del ciclo de la pobre­za. 

¿Cuá­les son fac­to­res estruc­tu­ra­les que con­ti­núan lle­van­do a los niños al mun­do del tra­ba­jo tan pron­to? 

La pobre­za es uno de ellos, pero está vin­cu­la­da a otros fac­to­res como el racis­mo estruc­tu­ral, La mayo­ría de los niños y ado­les­cen­tes que están en situa­ción de tra­ba­jo infan­til son afro­des­cen­dien­tes, la mayo­ría de fami­lias de bajos ingre­sos. Bra­sil es un país racis­ta, cla­sis­ta.

Está la cues­tión de la infor­ma­li­dad tam­bién, que tien­de a ubi­car al niño en el pro­ce­so de tra­ba­jo por ser una mano de obra más bara­ta o has­ta gra­tui­ta, lo que es muy común en algu­nos núcleos fami­lia­res. Eso per­pe­tua tam­bién el ciclo inter­ge­ne­ra­cio­nal de la pobre­za y del tra­ba­jo infan­til.

La nece­si­dad de con­su­mo tam­bién sería uno de los fac­to­res, así como la escue­la. Mucho más que el acce­so, la manu­ten­ción de niños y ado­les­cen­tes en las escue­las, sobre todo de ado­les­cen­tes, ha sido un reto. Fue­ra de la escue­la, bus­can tra­ba­jo.

Son varios fac­to­res con­ju­ga­dos que lle­van al tra­ba­jo infan­til. Cla­ro que pobre­za y la mise­ria social, para mí, son los pre­pon­de­ran­tes.

Y con rela­ción a las moda­li­da­des de tra­ba­jo infan­til, ¿cuá­les son las más comu­nes? Tene­mos mucho la ima­gen del niño en el semá­fo­ro en las ciu­da­des, pero tam­bién hay regis­tros en el cam­po, ¿no es cier­to?

El tra­ba­jo infan­til en las calles es real­men­te lo que tie­ne mayor inci­den­cia, y, por increí­ble que parez­ca, es el más invi­si­bi­li­za­do, a pesar de ser el más visi­ble. Tene­mos el pro­ble­ma del tra­ba­jo infan­til en la agri­cul­tu­ra, que es gra­ví­si­mo, sobre todo por­que la mayo­ría de los niños y ado­les­cen­tes que tra­ba­jan en el cam­po tie­nen eda­des infe­rio­res a 14 años. O sea, están en una fran­ja eta­ria en la que el tra­ba­jo está total­men­te prohi­bi­do.

Y ellos tra­ba­jan con sus­tan­cias como agro­tó­xi­cos, están pró­xi­mos a ani­ma­les vene­no­sos… Los peli­gros en el tra­ba­jo del cam­po tam­bién son inmen­sos, no pode­mos mini­mi­zar.

Otra cues­tión gra­ví­si­ma es el tra­ba­jo infan­til domés­ti­co, que, ade­más de natu­ra­li­za­do, es invi­si­ble, por­que ocu­rre en el ámbi­to fami­liar, sea en el del pro­pio niño o en el hogar de ter­ce­ros. 

Ten­dre­mos un 2021 difi­ci­lí­si­mo del pun­to de vis­ta del tra­ba­jo infan­til. Habrá una explo­sión del tra­ba­jo infan­til

Pero sin duda el tra­ba­jo infan­til en calles, vías públi­cas y ferias libres es la mayor inci­den­cia que tene­mos en Bra­sil, sin des­cui­dar que el tra­ba­jo infan­til en el cam­po es una tra­ge­dia.

La deser­ción esco­lar en medio de la pan­de­mia es una gran preo­cu­pa­ción. En este con­tex­to, ¿el coro­na­vi­rus pue­de agra­var el cua­dro gene­ral del tra­ba­jo infan­til en el país?

-Sin duda. No sólo del pun­to de vis­ta socio­eco­nó­mi­co, del aumen­to de la vul­ne­ra­bi­li­dad, de la pre­ca­rie­dad, sino tam­bién hay varios estu­dios que seña­lan que varios ado­les­cen­tes, sobre todo en la fran­ja eta­ria de 14 a 17 años no vol­ve­rán a la escue­la.

Eso es asus­ta­dor, en ver­dad. Es gra­ví­si­mo. E sólo va a aumen­tar el abis­mo social que tene­mos en Bra­sil. Son dos fac­to­res vin­cu­la­dos en este con­tex­to de mayor vul­ne­ra­bi­li­dad en que están las fami­lias.

Ten­dre­mos un 2021, que por coin­ci­den­cia es el año inter­na­cio­nal para la erra­di­ca­ción del tra­ba­jo infan­til, difi­ci­lí­si­mo del pun­to de vis­ta del tra­ba­jo infan­til. Habrá una explo­sión del tra­ba­jo infan­til.

Para tener una idea, esta­mos con nive­les de empleo pró­xi­mos a 1992, cuan­do el tra­ba­jo infan­til era altí­si­mo en Bra­sil.

Es una aler­ta para socie­dad, pero sobre todo para el Esta­do, para la adop­ción de polí­ti­cas públi­cas. Esta­mos en un momen­to cru­cial. O toma­mos medi­das aho­ra en el sen­ti­do de fomen­tar la pro­tec­ción social, la pro­mo­ción de dere­chos, o ten­dre­mos un Bra­sil aso­la­do por el tra­ba­jo infan­til y muy lejos de la meta de 2025 que es erra­di­car todas las for­mas de tra­ba­jo infan­til.

Enton­ces ¿esa meta inter­na­cio­nal no podrá ser alcan­za­da? ¿Por qué?

-La meta es como si fue­ra un ideal que nos impul­sa. Sin embar­go, el Esta­do bra­si­le­ño está retro­ce­dien­do. No se pue­de hablar de la Agen­da 2030 sin hablar de algu­nos pun­tos, por ejem­plo:

La Agen­da 2030 no fue incor­po­ra­da al plan plu­ri­anual 2020 – 2023. Eso es gra­ví­si­mo. No tene­mos ni pre­su­pues­to y ni polí­ti­ca públi­ca dise­ña­da para con­cre­tar los obje­ti­vos de la Agen­da 2030.

Tene­mos el pro­ble­ma de la asis­ten­cia social. Des­de 2017 la Asis­ten­cia Social vie­ne pasan­do por un pro­ce­so tene­bro­so de des­in­ver­sión. Para tener idea, en 2017 la asis­ten­cia social tuvo un défi­cit de pre­su­pues­to del 21%. En 2018, más del 37%. En 2019, casi 30%. En 2020, más de 35%.

Para 2021, según el Pro­yec­to de Ley Pre­su­pues­ta­ria anual, hay un recor­te de casi 60%. O sea, de los R$ 2.500 millo­nes (US$ 445 millo­nes) sólo fue con­ce­di­do R$ 1.000 millo­nes (US$ 178 millo­nes). Cla­ro que ese esce­na­rio pue­de cam­biar en el Con­gre­so, pero esa fue la pro­pues­ta envia­da al Con­gre­so Nacio­nal.

Eso es gra­ví­si­mo. Un recor­te de 60% que va a tener impac­to ya cal­cu­la­do por el Con­se­jo Nacio­nal de Asis­ten­cia Social, de 60% en la pro­tec­ción social bási­ca y de 60% en la pro­tec­ción social espe­cial. Esta­mos cami­nan­do hacia el abis­mo social. Esta­mos retro­ce­dien­do. No esta­mos con­si­guien­do hacer fren­te a la pan­de­mia.

En medio de los recor­tes, ¿la fis­ca­li­za­ción del tra­ba­jo infan­til tam­bién fue afec­ta­da?

-Debi­do a las medi­das de dis­tan­cia­mien­to social y por el hecho de de muchos audi­to­res fis­ca­les están en el gru­po de ries­go, las fis­ca­li­za­cio­nes in situ bási­ca­men­te están para­li­za­das y fue­ron diri­gi­das a los ado­les­cen­tes, espe­cial­men­te apren­di­ces, inser­ta­dos en el mer­ca­do de tra­ba­jo.

En un pri­mer momen­to, eso fue orien­ta­do en con­jun­to con el MPT, hubo la sepa­ra­ción de los ado­les­cen­tes de las acti­vi­da­des pre­sen­cia­les debi­do al ries­go de con­ta­mi­na­ción, y la fis­ca­li­za­ción de empre­sas que esta­ban res­cin­dien­do ile­gal­men­te los con­tra­tos.

Tenía­mos 480 mil con­tra­tos de apren­di­za­je en vigor antes de la pan­de­mia. Al ini­cio de la pan­de­mia hubo la res­ci­sión de más de 6 mil con­tra­tos de apren­di­za­je. Muchas empre­sas fue­ron mul­ta­das y tuvie­ron que rein­te­grar a los apren­di­ces.

En Bra­sil, el tra­ba­jo infan­til es real­men­te vis­to como una solu­ción para fami­lias pobres y afro, por­que la cues­tión del racis­mo tam­bién está muy pre­sen­te.

El enfo­que de la fis­ca­li­za­ción labo­ral que­dó más en esa pers­pec­ti­va del apren­di­za­je. Cla­ro que nece­si­ta­mos hacer otro tra­ba­jo, noso­tros del sis­te­ma de garan­tía de dere­chos, que es la bús­que­da acti­va de niños y ado­les­cen­tes en situa­ción de tra­ba­jo infan­til. Ese tra­ba­jo será fun­da­men­tal para poder orien­tar las polí­ti­cas y hacer a los niños vol­ver a las escue­las y suplir las vul­ne­ra­bi­li­da­des socio­eco­nó­mi­cas de varias fami­lias.

Lo que hemos vis­to mucho es una apo­lo­gía al tra­ba­jo infan­til hecha por diver­sas auto­ri­da­des y empre­sa­rios en Bra­sil. Tene­mos varios casos, pero voy a citar uno de Rio Gran­de do Nor­te. Un niño que está sien­do cono­ci­do como joven empren­de­dor y tie­ne 11 años de edad pero en ver­dad es un niño de acuer­do con la legis­la­ción bra­si­le­ña.

Se creó una red de soli­da­ri­dad a su alre­de­dor y se alis­ta­ron has­ta para colo­car una ban­qui­ta en la casa de su madre, para que el no ten­ga que ven­der agua en los semá­fo­ros y en las calles, y poder estar cer­ca de su madre, o sea, para que­dar en una situa­ción de supues­ta pro­tec­ción. Ese niño está hace 4 años fue­ra del cole­gio. Es anal­fa­be­to. ¿Qué está con­me­mo­ran­do la socie­dad? ¿Qué están esti­mu­lan­do los empre­sa­rios? 

Hay mucha incom­pren­sión sobre el tra­ba­jo infan­til. El tra­ba­jo infan­til en Bra­sil es real­men­te vis­to como una solu­ción para fami­lias pobres y afro­des­cen­dien­tes, y afir­mo eso por­que el racis­mo es un fac­tor estruc­tu­ran­te de la fuer­te des­igual­dad social pre­sen­te en nues­tro país.

Fuen­te: Bra­sil de Fato

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