Pen­sa­mien­to crí­ti­co. Auto­de­ter­mi­na­ción de los pue­blos indí­ge­nas y Esta­do nación

Por Itzam­ná Ollan­tay. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 10 de octu­bre de 2020.

En con­so­nan­cia con las exi­gen­cias de eman­ci­pa­ción de los pue­blos del Áfri­ca y Asia, en 1960, la Orga­ni­za­ción de las Nacio­nes Uni­das, en su Reso­lu­ción núme­ro 1514, esta­ble­ció la auto­de­ter­mi­na­ción como un dere­cho que asis­te a todos los pue­blos para empren­der su destino.

Casi tres déca­das des­pués, en 1989, la Orga­ni­za­ción Inter­na­cio­nal del Tra­ba­jo (OIT), en el Con­ve­nio Inter­na­cio­nal núme­ro 169 sobre Pue­blos Indí­ge­nas y Tri­ba­les, reco­no­ció a los gru­pos indí­ge­nas como pue­blos. Has­ta enton­ces, la cate­go­ría de pue­blo era atri­bui­do úni­ca­men­te para los paí­ses o nacio­nes. Y, en el mis­mo Con­ve­nio esta­ble­ció el dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción como dere­cho colec­ti­vo de los pue­blos indí­ge­nas que los Esta­dos fir­man­tes deben garan­ti­zar su ejercicio.

En la déca­da de los 90 del pasa­do siglo, paí­ses como Méxi­co, Gua­te­ma­la, Ecua­dor, Colom­bia, Perú, Boli­via, Chi­le, entre otros, rati­fi­ca­ron dicho Con­ve­nio y se obli­ga­ron a imple­men­tar los dere­chos con­sig­na­dos en él.

¿En qué con­sis­te la auto­de­ter­mi­na­ción indígena?

Según el dere­cho inter­na­cio­nal y el dere­cho com­pa­ra­do sobre pue­blos indí­ge­nas, la auto­de­ter­mi­na­ción es la facul­tad jurí­di­ca que asis­te a los pue­blos indí­ge­nas para defi­nir y deci­dir su pro­pio des­tino en lo eco­nó­mi­co, polí­ti­co, social, cul­tu­ral, admi­nis­tra­ti­vo. (Artícu­lo 7º del Con­ve­nio 169 de la OIT)

Es decir, auto­de­ter­mi­na­ción es la potes­tad que los pue­blos indí­ge­nas tie­nen para defi­nir y deci­dir su pro­pio gobierno, su pro­pia legis­la­ción, apli­car su pro­pia jus­ti­cia, y admi­nis­trar sus bie­nes y medios de vida.

Para ejer­cer la auto­de­ter­mi­na­ción inelu­di­ble­men­te se requie­re con­tar con un terri­to­rio, con una pobla­ción, con un Gobierno pro­pio, y una iden­ti­dad cul­tu­ral. No pue­de exis­tir auto­de­ter­mi­na­ción sin estos elementos.

¿Qué esta­dos de Abya Yala reco­no­cen la auto­de­ter­mi­na­ción indígena?

El úni­co país que reco­no­ce la auto­de­ter­mi­na­ción de los pue­blos indí­ge­nas en su Cons­ti­tu­ción Polí­ti­ca es Boli­via, y dis­po­ne como ele­men­tos cons­ti­tu­ti­vos de este dere­cho la facul­tad de tener gobierno, legis­la­ción, jus­ti­cia y admi­nis­tra­ción pro­pia. Aun­que en aquel país, con 36 pue­blos reco­no­ci­dos, recién 3 pue­blos se recons­ti­tu­ye­ron como pue­blos indí­ge­nas autó­no­mos. Varios pro­ce­sos auto­nó­mi­cos van en pro­ce­so len­to, demo­ra­dos por la buro­cra­cia estatal.

Es impor­tan­te indi­car que la auto­de­ter­mi­na­ción de los pue­blos indí­ge­nas en Boli­via es con­sus­tan­cial a la crea­ción del Esta­do Plu­ri­na­cio­nal. Son los pue­blos y nacio­nes diver­sos en un terri­to­rio com­par­ti­do quie­nes cons­tru­yen el Esta­do Plu­ri­na­cio­nal que expre­sa la volun­tad y aspi­ra­ción de los dife­ren­tes pue­blos. Las bicen­te­na­rias repú­bli­cas de Aba­ya Yala nos mues­tran que jurí­di­ca y polí­ti­ca­men­te no es posi­ble cons­truir auto­no­mías indí­ge­nas en Esta­dos naciones.

La Repú­bli­ca del Ecua­dor reco­no­ce en su Cons­ti­tu­ción Polí­ti­ca a las nacio­na­li­da­des indí­ge­nas. Pero no es un Esta­do Plu­ri­na­cio­nal. Tam­po­co reco­no­ce la auto­de­ter­mi­na­ción de los pue­blos indígenas.

En el caso de las auto­no­mías indí­ge­nas en el Cari­be nica­ra­güen­se, éstas tie­nen sus raí­ces en la “volun­tad” del Impe­rio inglés, en la segun­da mitad del siglo XIX. Y en el caso de la auto­no­mía de Guna Yala de Pana­má, ésta se ori­gi­na inclu­so antes del naci­mien­to de la Repú­bli­ca de Pana­má (1903), y se mate­ria­li­za con rela­ción a Pana­má pro­duc­to de la Revo­lu­ción Guna (1925). En estos dos casos, las auto­no­mías indí­ge­nas no con­tie­nen todas las facul­ta­des ante­rior­men­te indi­ca­das por­que los esta­dos de Nica­ra­gua y Pana­má son esta­dos nacio­na­les (con una úni­ca nacio­na­li­dad e identidad).

¿Por qué en tres déca­das no se avan­zó en la auto­de­ter­mi­na­ción de los pue­blos indígenas?

El dere­cho colec­ti­vo a la auto­de­ter­mi­na­ción de los pue­blos indí­ge­nas tie­ne más de tres déca­das de exis­ten­cia en el dere­cho inter­na­cio­nal. Y la resis­ten­cia indí­ge­na, más de cin­co siglos. ¿Por qué no hemos avan­za­do lo sufi­cien­te, inclu­so en paí­ses con mayo­ría demo­grá­fi­ca indígena?

Una de las razo­nes de peso fue y es el fac­tor Esta­do nación. No es posi­ble, en los hechos, auto­de­ter­mi­na­ción indí­ge­na den­tro de esta­dos nación. La auto­der­mi­na­ción requie­re una estruc­tu­ra esta­tal horizontal/​comunitaria, con meca­nis­mos de ges­tión del poder com­par­ti­do, con una estruc­tu­ra de orga­ni­za­ción terri­to­rial y admi­nis­tra­ti­va menos ver­ti­cal. Y, esto no per­mi­te el Esta­do nación (por más que se mues­tre mul­ti­cul­tu­ral) por­que su apues­ta es la cons­truc­ción de un poder central/​vertical, con una úni­ca iden­ti­dad polí­ti­ca. Los esta­dos nacio­nes no tie­nen, ni ten­drán la volun­tad de imple­men­tar el dere­cho a la auto­de­ter­mi­na­ción indígena.

Varios esta­dos de Abya Yala rati­fi­ca­ron el Con­ve­nio 169 sin medir las con­se­cuen­cias y alcan­ces de los dere­chos colec­ti­vos polí­ti­cos que con­te­nía dicha nor­ma en bene­fi­cio de los pue­blos. Por ello, aho­ra, se encuen­tran pre­sos de la urgen­cia del extrac­ti­vis­mo en terri­to­rios indí­ge­nas y las luchas indí­ge­nas lega­les y legí­ti­mas en defen­sa de su terri­to­rio y deman­da de autodeterminación.

La otra razón tie­ne que ver con la con­di­ción de colo­nia­li­dad que nos habi­ta a las y los indí­ge­nas. No en pocos casos, somos como las águi­las que nacie­ron y vivie­ron con los pollos. Muy a pesar de ser “águi­las en esen­cia” segui­mos pico­tean­do el sue­lo, bus­can­do gra­nos. Teme­ro­sos de las altu­ras y des­con­fia­dos de nues­tras facul­ta­des de volar.

Inclu­so cuan­do jurí­di­ca y polí­ti­ca­men­te, des­de hace tres déca­das atrás, somos suje­tos de dere­chos socio­po­lí­ti­cos. Pero como sub­sis­ti­mos ya casi por dos siglos bajo los esta­dos y las repu­bli­cas aje­nas, al gra­do de “asumirlos/​defender como si fue­sen nues­tros”, enton­ces esta­mos psi­co­ló­gi­ca, cul­tu­ral, espi­ri­tual, inclu­so cor­po­ral­men­te “con­fi­gu­ra­dos” como boli­via­nos, ecua­to­ria­nos, perua­nos, mexi­ca­nos, gua­te­mal­te­cos… y de eso no salimos.

Podrán todos los Esta­dos de Abya Yala decla­rar­se Esta­dos plu­ri­na­cio­na­les con auto­no­mías indí­ge­nas, pero eso de nada vale si no somos capa­ces de orga­ni­zar­nos como pue­blos y recons­truir nues­tros terri­to­rios, ins­ti­tu­cio­nes y gobier­nos pro­pios. Boli­via es un ejem­plo en esto.

Con­si­de­ro que, simul­tá­neo al esta­ble­ci­mien­to de los dere­chos colec­ti­vos de los pue­blos indí­ge­nas, la coope­ra­ción finan­cie­ra inter­na­cio­nal, suma­da a las defi­ci­ta­rias polí­ti­cas públi­cas esta­ta­les, fago­ci­tó los dere­chos cul­tu­ra­les de los pue­blos indí­ge­nas en detri­men­to de los dere­chos socio­po­lí­ti­cos vigen­tes (bajo el argu­men­to de no inje­ren­cia, como si fue­sen ile­ga­les dichos derechos).

Esa acción de bue­na volun­tad no tar­dó en mutar y asen­tar­se como culturalismo/​folclorismo apo­lí­ti­co, en la con­duc­ta e ima­gi­na­rios de los ope­ra­do­res y ejér­ci­to de líderes/​lideresas indí­ge­nas pro­mo­vi­das por las ONG. ¿Cuán­tos par­ti­dos o ins­tru­men­tos polí­ti­cos indí­ge­nas exis­ten en Abya Yala? ¿Cuán­tos pro­ce­sos de auto­de­ter­mi­na­ción impul­sa­dos o finan­cia­dos por la coope­ra­ción internacional?

La pan­de­mia mos­tró la impor­tan­cia de la auto­de­ter­mi­na­ción indígena

Si bien la pan­de­mia glo­bal del Covid-19 devol­vió el poder (con­trol terri­to­rial) a los Esta­dos nacio­na­les sub­yu­ga­dos a la hege­mo­nía del libre mer­ca­do. Sin embar­go, la gran mayo­ría de estos esta­dos, apar­te de orde­nar manu mili­ta­ri el “ais­la­mien­to social” (qué­da­te en casa), hicie­ron poco o nada por sus habi­tan­tes infec­ta­dos o ame­na­za­dos por el virus.

Las comu­ni­da­des y pue­blos indí­ge­nas, quie­nes casi en su tota­li­dad sub­sis­te sin dere­chos, ni pro­tec­ción esta­tal, sobre­vi­vie­ron y sobre­vi­ven a la pan­de­mia gra­cias a sus tra­di­cio­na­les méto­dos y sis­te­mas de auto­pro­tec­ción comunitarias.

Las estruc­tu­ras orga­ni­za­ti­vas de las comu­ni­da­des y pue­blos indí­ge­nas, no sólo ins­ta­la­ron talan­que­ras o pun­tos de con­trol de movi­li­dad huma­na hacia sus terri­to­rios, sino tam­bién esta­ble­cie­ron pro­to­co­los de inter­cam­bio y de abas­te­ci­mien­to de pro­duc­tos ali­men­ti­cios y de salud preventiva.

En no pocos casos, como nun­ca antes, las comu­ni­da­des y pue­blos indí­ge­nas deba­tie­ron y deci­die­ron sobre la per­ma­nen­cia o expul­sión de tra­ba­ja­do­res o fun­cio­na­rios del Esta­do que esta­ban acos­tum­bra­dos a entrar y salir a dichos terri­to­rios des­de las ciu­da­des prin­ci­pa­les o inter­me­dias. Esto, para evi­tar la migra­ción del virus de la ciu­dad hacia las comu­ni­da­des indígenas.

Los pue­blos indí­ge­nas sobre­vi­vie­ron a la pan­de­mia del Covid-19, no gra­cias a la atención/​presencia esta­tal, sino gra­cias a sus sis­te­mas de seguridad/​autoprotección inter­na, reac­ti­van­do sus sis­te­mas de salud pre­ven­ti­va ances­tral. Sobre estos u otros temas reto­ma­ron sus debates/​consensos asam­blea­rios y colo­ca­ron en acta sus acuer­dos (leyes comunitarias).

La pan­de­mia per­mi­tió a muchas comu­ni­da­des y pue­blos indí­ge­nas a ejer­cer ipso fac­to su auto­de­ter­mi­na­ción limi­ta­da ante la ausen­cia esta­tal apa­bu­lla­da por la pan­de­mia. Aun­que los pro­yec­tos extrac­ti­vos no se detu­vie­ron. Ni los pro­ce­sos de mili­ta­ri­za­ción, como en el caso del terri­to­rio Mapu­che. Pero, que­da cla­ro la pan­de­mia mos­tró des­te­llos de auto­de­ter­mi­na­ción en muchos pue­blos y comu­ni­da­des indígenas.

Fuen­te: Telesur

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