El Sal­va­dor. 40 años del FMLN: un suje­to colec­ti­vo en la his­to­ria del país

Por Fábio Tomaz. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 10 octu­bre 2020.

Un estu­dio intro­duc­to­rio sobre la his­to­ria del Fren­te Fara­bun­do Mar­tí de Libe­ra­ción Nacio­nal (FMLN), en El Sal­va­dor, que cele­bra su 40 ani­ver­sa­rio en 2020.

El 10 de octu­bre de 1980, en el país cen­tro­ame­ri­cano de El Sal­va­dor, ama­ne­cie­ron ciu­da­des lle­nas de pan­fle­tos. Una par­te de la pobla­ción se sor­pren­dió, otra par­te no tan­to. Par­te esta­ba lle­na de espe­ran­za, par­te de dudas. Sin embar­go, los más sor­pren­di­dos fue­ron los miem­bros del gobierno en ese momen­to. Los pan­fle­tos hicie­ron públi­ca la crea­ción del Fren­te Fara­bun­do Mar­tí de Libe­ra­ción Nacio­nal. Fru­to de un lar­go pro­ce­so de orga­ni­za­ción popu­lar y un esfuer­zo colec­ti­vo de uni­dad polí­ti­ca, el FMLN se con­vir­tió en la prin­ci­pal expre­sión polí­ti­ca de la lucha con­tra la pobre­za, la des­igual­dad, el auto­ri­ta­ris­mo y la vio­len­cia que mar­có el com­por­ta­mien­to de las cla­ses domi­nan­tes en la socie­dad salvadoreña.

Por cir­cuns­tan­cias his­tó­ri­cas, esta expre­sión polí­ti­ca fue, al mis­mo tiem­po, tam­bién una expre­sión de carác­ter mili­tar. Com­pren­der estas cir­cuns­tan­cias es fun­da­men­tal e impli­ca com­pren­der la pro­pia tra­yec­to­ria de este país en sus luchas por la liber­tad, la demo­cra­cia y la eman­ci­pa­ción.
Cen­troa­mé­ri­ca: inde­pen­den­cia y papel de las élites

Duran­te todo el perío­do colo­nial, lue­go de la masa­cre y sub­yu­ga­ción de los pue­blos mayas y pipi­les por par­te del impe­rio espa­ñol, la eco­no­mía de El Sal­va­dor se cen­tró en la pro­duc­ción y expor­ta­ción de índi­go (tam­bién cono­ci­do como ïndi­go), un tin­te de tin­te azul, deri­va­do prin­ci­pal­men­te de plan­tas tro­pi­ca­les. La pro­vin­cia de El Sal­va­dor for­ma­ba par­te de la Capi­ta­nía Gene­ral de Gua­te­ma­la, enton­ces cen­tro de con­trol de los domi­nios espa­ño­les en Cen­troa­mé­ri­ca. A lo lar­go de los años, las éli­tes loca­les (lla­ma­das crio­llas), han entra­do en cre­cien­tes con­flic­tos con los intere­ses de España.

Tres fac­to­res prin­ci­pa­les afec­ta­ron la lucha de estas éli­tes crio­llas por la inde­pen­den­cia en la región: el recha­zo a los cons­tan­tes aumen­tos de impues­tos que estas éli­tes deben pagar a la metró­po­li; el debi­li­ta­mien­to del con­trol espa­ñol de sus terri­to­rios en las Amé­ri­cas des­pués de la inva­sión de Espa­ña por Napo­león en 1808; y la bús­que­da de estas éli­tes loca­les de otros mer­ca­dos de pro­duc­ción que lue­go con­tro­la­ban. Des­pués de muchos con­flic­tos entre crio­llos más radi­ca­les y más con­ser­va­do­res, repre­sen­tan­tes de las pro­vin­cias cen­tro­ame­ri­ca­nas se reu­nie­ron en Gua­te­ma­la y decla­ra­ron su inde­pen­den­cia de Espa­ña en 1821.

El con­cep­to de «repú­bli­ca» de las élites

Des­pués de dos años, se creó la Fede­ra­ción de Pro­vin­cias Uni­das de Cen­troa­mé­ri­ca, que incluía a Gua­te­ma­la, El Sal­va­dor, Hon­du­ras, Nica­ra­gua y Cos­ta Rica. Este nue­vo país, muy ins­pi­ra­do por el sis­te­ma fede­ral de los Esta­dos Uni­dos, fue inca­paz de supe­rar las ten­sio­nes y los intere­ses en con­flic­to de las éli­tes loca­les. Inclu­so bajo el lla­ma­do a la uni­dad de per­so­na­jes his­tó­ri­cos como Fran­cis­co Mora­zán, las pro­vin­cias comen­za­ron a aban­do­nar la Fede­ra­ción y esta­lló una gue­rra civil. El sue­ño de la uni­dad de los pue­blos cen­tro­ame­ri­ca­nos fue des­tro­za­do por los intere­ses de las éli­tes loca­les y la Fede­ra­ción fue com­ple­ta­men­te des­trui­da en 1840.

El Sal­va­dor enfren­tó una cri­sis eco­nó­mi­ca sin pre­ce­den­tes. La crea­ción del índi­go sin­té­ti­co en Euro­pa prác­ti­ca­men­te ha eli­mi­na­do su prin­ci­pal fuen­te de ingre­sos. Las éli­tes loca­les opta­ron por el mono­cul­ti­vo de café como solu­ción. Se lle­va­ron a cabo una serie de refor­mas. Se extin­guie­ron las tie­rras de las comu­ni­da­des indí­ge­nas (eji­dos) y se ase­gu­ró la pro­pie­dad pri­va­da como úni­ca for­ma de tenen­cia de la tie­rra. Las oli­gar­quías con­si­de­ra­ban a los eji­dos un impe­di­men­to para el cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co y la pro­pia Ley de Tie­rras afir­ma­ba en su pró­lo­go que “la exis­ten­cia [de tie­rras comu­ni­ta­rias] es con­tra­ria a los prin­ci­pios socia­les y eco­nó­mi­cos adop­ta­dos por la repú­bli­ca”. Todo el finan­cia­mien­to esta­tal se diri­gió a la oli­gar­quía cafe­te­ra, que a fines del siglo XIX ya repre­sen­ta el 90% de los miem­bros del Legislativo.

La lucha de cla­ses se impone

El resul­ta­do evi­den­te de la “polí­ti­ca cafe­ta­le­ra” fue la expan­sión masi­va de los gru­pos sin tie­rra, com­pues­tos por cam­pe­si­nos e indí­ge­nas, ade­más de la expan­sión simul­tá­nea de los gra­dos de explo­ta­ción de esta mano de obra por par­te de la oli­gar­quía. Ante el cre­cien­te des­con­ten­to de estos sec­to­res de la cla­se obre­ra, en 1912 sur­gió la Guar­dia Nacio­nal, cuyo sala­rio era paga­do por la pro­pia éli­te cafe­te­ra, con el fin de man­te­ner el «orden interno y la segu­ri­dad», ade­más de mapear acti­vi­da­des «sos­pe­cho­sas», ya que las leyes prohi­bían la orga­ni­za­ción de tra­ba­ja­do­res en enti­da­des representativas.

Al mis­mo tiem­po, los sec­to­res urba­nos y medios de la socie­dad sal­va­do­re­ña habían redu­ci­do y res­trin­gi­do cada vez más la repre­sen­ta­ción polí­ti­ca en com­pa­ra­ción con las oli­gar­quías cafe­te­ras. Con la cri­sis eco­nó­mi­ca inter­na­cio­nal de 1929, y con­se­cuen­te­men­te con el colap­so de las expor­ta­cio­nes de café, se ins­tau­ró una nue­va cri­sis eco­nó­mi­ca, social y polí­ti­ca en El Salvador.

En 1930, Miguel Már­mol, un zapa­te­ro pobre, par­ti­ci­pa en la fun­da­ción del Par­ti­do Comu­nis­ta Sal­va­do­re­ño (PCS). Jun­to a él Fara­bun­do Mar­tí. De ori­gen rural, El Negro (como se le cono­cía), tenía una his­to­ria de acti­vi­da­des radi­ca­les y una lar­ga labor de orga­ni­za­ción polí­ti­ca, con cár­ce­les, exi­lio, retorno clan­des­tino, nue­vas per­se­cu­cio­nes y hui­da a otros paí­ses de la región. Es en Nica­ra­gua don­de Fara­bun­do se une a Augus­to César San­dino, quien esta­ba com­ba­tien­do a los mari­nes esta­dou­ni­den­ses que ocu­pa­ron ese país a pedi­do de la dic­ta­du­ra local. Es en el regre­so de la pelea en Nica­ra­gua que Fara­bun­do cuan­do se une a Miguel Már­mol en 1930.

Fara­bun­do Martí

A fines del mis­mo año, las éli­tes loca­les orga­ni­za­ron un gol­pe y esta­ble­cie­ron una dic­ta­du­ra vio­len­ta. Se sus­pen­die­ron todas las vota­cio­nes don­de se sos­pe­cha­ba la pre­sen­cia del PCS. Bajo la eva­lua­ción de que las posi­bi­li­da­des demo­crá­ti­cas esta­ban cerra­das, el PCS comen­zó a pla­ni­fi­car una serie de encues­tas simul­tá­neas en todo el país. Lue­go de dos años de exten­so tra­ba­jo de base con amplio apo­yo de cam­pe­si­nos e indí­ge­nas, así como de estu­dian­tes y docen­tes, en un ejer­ci­cio de uni­dad sin pre­ce­den­tes, todo esta­ba lis­to y pro­gra­ma­do para el 22 de enero de 1932. Sin embar­go, las auto­ri­da­des obtu­vie­ron infor­ma­ción de la plan y 4 días antes de las encues­tas, Fara­bun­do Mar­tí fue cap­tu­ra­do jun­to a los alum­nos Mario Zapa­ta y Alfon­so Luna.

Al no poder comu­ni­car­se con sus líde­res, los levan­ta­mien­tos se desa­rro­lla­ron de mane­ra des­coor­di­na­da y des­or­ga­ni­za­da, enfren­tan­do una bru­tal repre­sión guber­na­men­tal. Cono­ci­do como La Matan­za, el epi­so­dio resul­tó en el ase­si­na­to de apro­xi­ma­da­men­te 30.000 per­so­nas, en su mayo­ría cam­pe­si­nos e indí­ge­nas. Se esti­ma que menos del 10% de los ase­si­na­dos tuvo algu­na par­ti­ci­pa­ción direc­ta en los levan­ta­mien­tos. Unos días des­pués fue­ron eje­cu­ta­dos Fara­bun­do Mar­tí, Mário Zapa­ta, Alfon­so Luna, Feli­ciano Ama (líder indí­ge­na) y “Chi­co” Sán­chez (líder cam­pe­sino). De los prin­ci­pa­les diri­gen­tes, solo sobre­vi­vió Miguel Már­mol. Dis­pa­ra­do, fin­gió estar muer­to entre cadá­ve­res y logró sal­var­se, tenien­do una vida acti­va de orga­ni­za­ción polí­ti­ca clan­des­ti­na. Al final de la matan­za, los mili­ta­res, jun­to con la oli­gar­quía, habían derro­ta­do la uni­dad for­ja­da entre tra­ba­ja­do­res urba­nos, cam­pe­si­nos, indí­ge­nas y estudiantes.

La bre­ve espe­ran­za demo­crá­ti­ca y el papel de la Igle­sia católica

Las siguien­tes déca­das en El Sal­va­dor estu­vie­ron mar­ca­das por suce­si­vos gol­pes mili­ta­res y frau­des elec­to­ra­les. El pro­ce­so polí­ti­co siguió, sin embar­go, con algu­nas cons­tan­tes: por un lado, la exclu­sión polí­ti­ca de las gran­des masas de pobla­ción y de los sec­to­res medios de la socie­dad sal­va­do­re­ña; por otro, los inten­tos de estos mis­mos sec­to­res por crear espa­cios demo­crá­ti­cos míni­mos para enfren­tar el rele­vo de los mili­ta­res y oli­gar­quías que esta­ban, a veces en uni­dad, a veces en con­flic­tos internos.

Es en los años 60 cuan­do las pre­sio­nes popu­la­res y pro­gre­sis­tas empie­zan a ganar fuer­za. El Par­ti­do Demó­cra­ta Cris­tiano (PDC), se con­vier­te en el refe­ren­te públi­co de las múl­ti­ples fuer­zas socia­les que se orga­ni­za­ron en la clan­des­ti­ni­dad, así como del sin­di­ca­to, estu­dian­til y otros sec­to­res orga­ni­za­dos por las lla­ma­das Comu­ni­da­des Cris­tia­nas de Base (CCB), expre­sio­nes de la Teo­lo­gía de la Libe­ra­ción. de la Igle­sia Cató­li­ca en el país.

A este pro­ce­so se suma un fac­tor inter­na­cio­nal impor­tan­te. Lue­go de la Revo­lu­ción Cuba­na de 1959, el gobierno de Esta­dos Uni­dos creó la Alian­za para el Pro­gre­so, un inten­to de favo­re­cer una polí­ti­ca libe­ral mode­ra­da y así evi­tar que las des­igual­da­des en Amé­ri­ca Lati­na des­em­bo­quen en revo­lu­cio­nes socia­lis­tas. Par­te de esa polí­ti­ca incluía con­di­cio­nar los prés­ta­mos esta­dou­ni­den­ses a una míni­ma aper­tu­ra demo­crá­ti­ca en paí­ses que evi­den­te­men­te eran auto­ri­ta­rios (que incluía a El Sal­va­dor). El PDC empe­zó a ganar cada vez más posi­cio­nes en las siguien­tes elec­cio­nes. Para­le­la­men­te, se expan­día la movi­li­za­ción popu­lar. Pasa­ron muchas cosas en la clan­des­ti­ni­dad, y el tra­ba­jo más “visi­ble” fue el de la iglesia.

Mon­se­ñor Oscar Romero

En 1970, el Vati­cano nom­bró a Óscar Arnul­fo Rome­ro como obis­po auxi­liar de San Sal­va­dor (capi­tal del país). Rome­ro, vis­to como un con­ser­va­dor, se man­tu­vo ale­ja­do de la Teo­lo­gía de la Libe­ra­ción has­ta enton­ces, inclu­yen­do algu­nas crí­ti­cas a la lla­ma­da “igle­sia popu­lar”. El Vati­cano y la oli­gar­quía apos­ta­ron a que podría redu­cir la par­ti­ci­pa­ción de la igle­sia en los asun­tos polí­ti­cos. Lue­go de otro gol­pe que no reco­no­ció la vic­to­ria de las fuer­zas opues­tas al régi­men en las elec­cio­nes pre­si­den­cia­les de 1972, el tra­ba­jo de base de la igle­sia se radi­ca­li­zó aún más. En 1977, el Vati­cano nom­bró a Rome­ro arzo­bis­po de San Sal­va­dor, en otro inten­to de com­ba­tir la teo­lo­gía de la libe­ra­ción. No podrían haber come­ti­do un error más grande.

Rome­ro había pre­sen­cia­do las atro­ci­da­des del fas­cis­mo en Ita­lia cuan­do estu­dió teo­lo­gía en Roma a fines de la déca­da de 1930. En el mis­mo año de su nom­bra­mien­to como arzo­bis­po, el régi­men no reco­no­ció la vic­to­ria de la opo­si­ción en las elec­cio­nes pre­si­den­cia­les. La poli­cía abrió fue­go con­tra la pobla­ción que acu­dió a pro­tes­tar para denun­ciar el frau­de y mató a dece­nas. La cre­cien­te repre­sión, corrup­ción y frau­de del régi­men de El Sal­va­dor y los ase­si­na­tos de muchos reli­gio­sos son cada vez más cri­ti­ca­dos públi­ca­men­te por Rome­ro. Se con­vir­tió en una voz con­tun­den­te en opo­si­ción al régimen.

Cuan­do fue a exi­gir la libe­ra­ción del padre Rafael Baha­ro­na (quien por segun­da vez había sido dete­ni­do y tor­tu­ra­do), Rome­ro escu­chó al enton­ces pre­si­den­te pedir­le que con­tro­la­ra a sus sacer­do­tes, por­que de lo con­tra­rio podría inclu­so hablar con el Vati­cano. Rome­ro res­pon­dió: «Con todo res­pe­to, señor pre­si­den­te, nues­tras órde­nes vie­nen de alguien superior».

El 22 de enero de 1980, 48º ani­ver­sa­rio del levan­ta­mien­to de 1932, más de 200.000 per­so­nas se reúnen en la capi­tal. El régi­men está asus­ta­do por la capa­ci­dad de movi­li­za­ción de las orga­ni­za­cio­nes popu­la­res. El 9 de mar­zo del mis­mo año se encon­tra­ron explo­si­vos en el altar cen­tral don­de Rome­ro iba a pro­nun­ciar una misa en memo­ria del ex secre­ta­rio gene­ral del PDC, quien había sido ase­si­na­do. El gobierno no ha rea­li­za­do una inves­ti­ga­ción for­mal sobre el caso. El 24 del mis­mo mes, Rome­ro fue ase­si­na­do cuan­do esta­ba cele­bran­do una misa. El dis­pa­ro fatal, dis­pa­ra­do por un fran­co­ti­ra­dor, alcan­zó el cora­zón momen­tos antes de la Consagración.

Orga­ni­za­cio­nes político-militares

El ase­si­na­to en la pla­za públi­ca de Rome­ro y la fal­ta de reco­no­ci­mien­to del pro­ce­so elec­to­ral deja­ron cla­ra la situa­ción en El Sal­va­dor: todos los cana­les lega­les y demo­crá­ti­cos habían sido cerra­dos por el régi­men, lo que solo se expre­sa­ba a tra­vés del auto­ri­ta­ris­mo, la vio­len­cia y la repre­sión con­tra cual­quier voz disi­den­te. La “demo­cra­cia” fue una far­sa y una facha­da. El com­po­nen­te mili­tar se con­vir­tió en un fac­tor nece­sa­rio para la resis­ten­cia y la lucha por la ver­da­de­ra demo­cra­cia en el país.

Las Orga­ni­za­cio­nes Polí­ti­co-Mili­ta­res (OPM) ope­ran en El Sal­va­dor des­de antes. Arti­cu­ló todo el tra­ba­jo polí­ti­co de orga­ni­za­ción y movi­li­za­ción popu­lar con estruc­tu­ras de defen­sa arma­da, en gran par­te ante la repre­sión del régi­men. Espe­cial­men­te cuan­do a media­dos de la déca­da de 1970 se for­mó FALANGE (Fuer­zas Arma­das para la Libe­ra­ción Anti­co­mu­nis­ta de las Gue­rras de Eli­mi­na­ción), uno de los muchos escua­dro­nes de la muer­te para­mi­li­ta­res finan­cia­dos por empre­sa­rios y terra­te­nien­tes. Bajo el lema “Sé patrio­ta, mata a un cura”, tam­bién come­tió ase­si­na­tos de cam­pe­si­nos, sin­di­ca­lis­tas, pro­fe­so­res y estu­dian­tes. El direc­tor de Inte­li­gen­cia del régi­men, mayor Rober­to D’Aubuisson, fue el arti­cu­la­dor más nota­ble de estos grupos.

En 1970 se fun­dó el FPL (Fuer­zas Popu­la­res de Libe­ra­ción). Dos años des­pués sur­gió el ERP (Ejér­ci­to Revo­lu­cio­na­rio Popu­lar). Un gru­po con dife­ren­cias en la direc­ción del ERP fun­da RN (Resis­ten­cia Nacio­nal). El his­tó­ri­co Par­ti­do Comu­nis­ta fun­da las FAL (Fuer­zas Arma­das de Libe­ra­ción). Tam­bién sur­ge y se orga­ni­za el PRTC (Par­ti­do Revo­lu­cio­na­rio Obre­ro Cen­tro­ame­ri­cano). Dos ele­men­tos son fun­da­men­ta­les para enten­der estas orga­ni­za­cio­nes político-militares.

Gue­rri­lla FMLN

El pri­me­ro, que tra­ta de su natu­ra­le­za, impli­ca com­pren­der su víncu­lo con las orga­ni­za­cio­nes popu­la­res sal­va­do­re­ñas. Las dis­tin­tas OPM tuvie­ron dife­ren­tes nive­les de inser­ción tan­to en movi­mien­tos popu­la­res orga­ni­za­dos (sin­di­ca­tos, estu­dian­tes, cam­pe­si­nos, muje­res, reli­gio­sos, par­ti­dos, etc.) como en dife­ren­tes nive­les de inser­ción y orga­ni­za­ción en los terri­to­rios urba­nos y rura­les del país. Exis­tie­ron orga­ni­za­cio­nes más amplias que aglu­ti­na­ron todos estos movi­mien­tos y terri­to­rios, como el BPR (Blo­que Popu­lar Revo­lu­cio­na­rio), el FAPU (Fren­te Uni­fi­ca­do de Acción Popu­lar), el LP-28 (Ligas Popu­la­res 28 de febre­ro), la UDN (Unión Nacio­nal Demo­crá­ti­ca) y el MLP (Movi­mien­to de Libe­ra­ción Popular).

Esta diver­si­dad de orga­ni­za­cio­nes y sus rela­cio­nes con la OPM nos da tan­to una dimen­sión de la ampli­tud de suje­tos en lucha invo­lu­cra­dos como el alcan­ce que estas orga­ni­za­cio­nes, en su con­jun­to, tenían en todo el terri­to­rio salvadoreño.

El segun­do ele­men­to del OPM se ocu­pa de sus dife­ren­tes tác­ti­cas y estra­te­gias. Algu­nos tenían una línea ins­pi­ra­da en la Revo­lu­ción Cuba­na, otros un carác­ter más maoís­ta, otros rela­cio­na­dos con líneas más “clá­si­cas” del comu­nis­mo inter­na­cio­nal. Estas diver­sas carac­te­rís­ti­cas tác­ti­cas y estra­té­gi­cas se refle­jan en el peso y papel de las dimen­sio­nes mili­tar (defen­si­va y ofen­si­va), orga­ni­za­ti­va y política.

Aun­que hubo con­sen­so sobre la nece­si­dad de una uni­dad de todas las MOP bajo el régi­men, los tér­mi­nos de esa uni­dad aún no esta­ban cla­ros. El triun­fo de la Revo­lu­ción San­di­nis­ta en Nica­ra­gua en 1979 y la con­mo­ción nacio­nal con­tra el régi­men que gene­ró el ase­si­na­to de Mon­se­ñor Rome­ro al año siguien­te, suma­dos al cie­rre com­ple­to de los cana­les demo­crá­ti­cos, fue­ron com­po­nen­tes que ace­le­ra­ron el pro­ce­so de nece­sa­ria unidad.

La uni­dad habi­li­tó una huel­ga gene­ral que detu­vo al país por 48 años el 24 y 25 de junio de 1980. Esta uni­dad final­men­te se expre­só en la For­ma­ción del FMLN, que res­ca­tó el nom­bre y la memo­ria del revo­lu­cio­na­rio que tam­bién había apos­ta­do por la uni­dad popu­lar con­tra tota­li­ta­ris­mo déca­das antes. Y el 10 de octu­bre de 1980, el país ama­ne­ce lleno de pan­fle­tos. El silen­cio fue la mar­ca de los pró­xi­mos meses.

La lucha arma­da por la democracia

El 10 de enero de 1981, uni­da­des insur­gen­tes del FMLN ocu­pa­ron las esta­cio­nes de radio de San Sal­va­dor. El comu­ni­ca­do trans­mi­ti­do en todo el terri­to­rio nacio­nal decía:

Ha lle­ga­do el momen­to de que ini­cie­mos las deci­si­vas bata­llas mili­ta­res e insu­rrec­cio­na­les por la toma del poder por el pue­blo y por la cons­ti­tu­ción de un gobierno demo­crá­ti­co revo­lu­cio­na­rio. Hace­mos un lla­ma­do al pue­blo a levan­tar­se como un solo cuer­po, con todos sus medios de com­ba­te, bajo las órde­nes de sus líde­res inme­dia­tos, en todos los fren­tes de bata­lla y en todo el terri­to­rio nacio­nal. El triun­fo defi­ni­ti­vo está en manos del pue­blo heroi­co … ¡Revo­lu­ción o muer­te! ¡Ven­ce­re­mos!

En ciu­da­des de todo el país, la gue­rri­lla y las mili­cias popu­la­res ata­ca­ron posi­cio­nes del ejér­ci­to. Duran­te 48 horas, la ban­de­ra del FMLN ondeó en la capi­tal. Lue­go de días de bata­llas y duros gol­pes al ejér­ci­to (unos 80 sol­da­dos de la Segun­da Bri­ga­da de San­ta Ana incen­dia­ron el cuar­tel y se unie­ron a los insur­gen­tes), se anun­ció el fin de la “pri­me­ra fase de la ofen­si­va general”.

En este perío­do, Esta­dos Uni­dos ya había aban­do­na­do la pro­pues­ta de la Alian­za para el Pro­gre­so y apo­ya­do explí­ci­ta­men­te a dic­ta­du­ras en toda Amé­ri­ca Lati­na, bajo la lla­ma­da Doc­tri­na de Segu­ri­dad Nacio­nal. El pre­si­den­te esta­dou­ni­den­se Jimmy Car­ter envió $ 10 millo­nes y 19 ins­truc­to­res mili­ta­res para apo­yar al régi­men. Meses des­pués, se envia­ron otros 25 millo­nes y 65 exper­tos mili­ta­res. Con el gobierno de Ronald Regan, este apo­yo se expan­de aún más y alcan­za los 196 millo­nes de dóla­res solo en 1984. Para Esta­dos Uni­dos, ade­más de los ata­ques a Cuba, era nece­sa­rio derro­tar a la Revo­lu­ción San­di­nis­ta en Nica­ra­gua y a todos los movi­mien­tos insur­gen­tes en Cen­troa­mé­ri­ca, como el FMLN en El Sal­va­dor, la URNG (Uni­dad Nacio­nal Revo­lu­cio­na­ria Gua­te­mal­te­ca) en Gua­te­ma­la y muchas otras fuer­zas insur­gen­tes que ope­ran en todas las regio­nes de Centroamérica.

El régi­men de El Sal­va­dor redac­ta una nue­va cons­ti­tu­ción en tiem­pos de gue­rra, y ARENA (Alia­nça Repu­bli­ca­na Nacio­na­lis­ta), fun­da­da por el mis­mo Rober­to D’Aubuisson que orga­ni­zó los escua­dro­nes de la muer­te, emer­ge como repre­sen­tan­te de la dere­cha. Sin embar­go, el apo­yo finan­cie­ro y mili­tar de Esta­dos Uni­dos no es sufi­cien­te para derro­tar al FMLN. Se ha esta­ble­ci­do un estan­ca­mien­to mili­tar a lo lar­go de los años. Los con­sul­to­res esta­dou­ni­den­ses par­ti­ci­pan aho­ra en todos los bata­llo­nes y bri­ga­das del ejér­ci­to del país. Tam­bién hay un inten­to de Refor­ma Agra­ria Con­tra­in­sur­gen­te, que bus­ca­ba reti­rar el apo­yo que el cam­pe­si­na­do le daba a la insur­gen­cia, que evi­den­te­men­te fra­ca­só. Como afir­mó en su momen­to un miem­bro del FMLN:

“¿Quién ali­men­ta a la gue­rri­lla? ¿Quién les advier­te sobre los movi­mien­tos del ejér­ci­to? (…) No son los rusos, los cuba­nos o los nica­ra­güen­ses los que envían miles de tone­la­das de comi­da a miles de gue­rri­lle­ros, tone­la­das de ropa para ves­tir, y una infor­ma­ción tan veraz sobre el movi­mien­to del enemi­go. Es la gen­te que hace todo esto, la gen­te que siem­bra los gra­nos bási­cos, que pre­pa­ra la comi­da y teje la ropa. El Sal­va­dor no tie­ne mon­ta­ñas, pero las mon­ta­ñas para su gue­rri­lla son las personas ”.

Ade­más del aspec­to mili­tar y el tra­ba­jo con la pobla­ción, el FMLN tam­bién orga­ni­zó una estruc­tu­ra de apo­yo inter­na­cio­nal que lo hizo reco­no­ci­do como un gru­po insur­gen­te legí­ti­mo por varios paí­ses, lo que abrió la puer­ta a las nego­cia­cio­nes sobre la demo­cra­cia y el fin de la gue­rra. En la segun­da mitad de la déca­da de 1980 se ini­cia­ron los pri­me­ros diá­lo­gos, con la medi­ción de otros paí­ses, por un acuer­do de paz. La comu­ni­dad inter­na­cio­nal ya no veía el con­flic­to en El Sal­va­dor como una cru­za­da con­tra el comu­nis­mo, sino rela­cio­na­do con pro­ble­mas inter­nos del país.

La posi­ción del FMLN no era solo poner fin a las hos­ti­li­da­des mili­ta­res, sino rees­truc­tu­rar el país y abor­dar las cau­sas pro­fun­das del con­flic­to: des­igual­dad estruc­tu­ral, injus­ti­cia, vio­len­cia y auto­ri­ta­ris­mo. El 76% de los sal­va­do­re­ños, en inves­ti­ga­ción en ese momen­to, apo­yó las nego­cia­cio­nes con el FMLN.

Para poder impo­ner­se en las nego­cia­cio­nes y res­pon­der a los ata­ques que siguie­ron por par­te del ejér­ci­to y los para­mi­li­ta­res (con deto­na­ción de bom­bas en varios sin­di­ca­tos), en noviem­bre de 1989, el FMLN orga­ni­zó una gran ofen­si­va de tres sema­nas en la que par­ti­ci­pa­ron 3.000 com­ba­tien­tes. , lle­gan­do a la capi­tal San Sal­va­dor. Esta ofen­si­va demos­tró que el FMLN no era un gru­po peque­ño, sin apo­yo popu­lar ni capa­ci­dad de coor­di­na­ción como pro­pa­ga­ban el régi­men y Esta­dos Unidos.

Si bien no derro­có al gobierno, esta ofen­si­va tuvo muchos impac­tos sig­ni­fi­ca­ti­vos: mos­tró la capa­ci­dad de movi­li­zar al FMLN, las fallas de la inte­li­gen­cia esta­dou­ni­den­se, la inca­pa­ci­dad y bru­ta­li­dad del ejér­ci­to del régi­men. Los 1.350 millo­nes de dóla­res en gas­to mili­tar direc­to de Esta­dos Uni­dos duran­te una déca­da habían fra­ca­sa­do en su pro­pó­si­to. La pre­sión inter­na­cio­nal, suma­da a las denun­cias de Esta­dos Uni­dos que usa­ban dine­ro del nar­co­trá­fi­co para com­ba­tir la insur­gen­cia en Cen­troa­mé­ri­ca, hizo que Esta­dos Uni­dos sus­pen­die­ra la ayu­da mili­tar direc­ta, lo que hizo invia­ble cual­quier posi­bi­li­dad de vic­to­ria mili­tar de los mili­ta­res sobre el FMLN.

Aun­que no en con­di­cio­nes idea­les, el FMLN había logra­do garan­ti­zar el diá­lo­go por la paz y la reanu­da­ción de la demo­cra­cia en el país, sien­do así la máxi­ma expre­sión de los deseos de la población.

Acuer­dos y pro­me­sa de paz

En 1990, las dos par­tes del con­flic­to se reu­nie­ron en Gine­bra, Sui­za, para avan­zar y for­ma­li­zar las nego­cia­cio­nes. A prin­ci­pios de noviem­bre de 1991, el FMLN anun­ció una tre­gua uni­la­te­ral. Sema­nas des­pués, el gobierno anun­ció el fin de los bom­bar­deos y el uso de arti­lle­ría pesa­da. En enero de 1992 se fir­man los Acuer­dos de Cha­pul­te­pec (nom­bre de una for­ta­le­za en Méxi­co, don­de fue­ron fir­ma­dos), cuya imple­men­ta­ción comien­za el 1 de febre­ro del mis­mo año.

En gene­ral, los Acuer­dos abar­ca­ron amplios temas de la reali­dad del país: el papel de las Fuer­zas Arma­das y su reduc­ción; crea­ción de una poli­cía civil; refor­mas en el sis­te­ma judi­cial; crea­ción de una Ofi­ci­na de Dere­chos Huma­nos; refor­mas del sis­te­ma elec­to­ral; rein­cor­po­ra­ción civil de com­ba­tien­tes insur­gen­tes; y varias refor­mas eco­nó­mi­cas y sociales.

Cele­bra­ción de los Acuer­dos de Paz, 1992.

El FMLN se ins­ti­tu­cio­na­li­zó y se con­vir­tió en un par­ti­do polí­ti­co, con­vir­tién­do­se inme­dia­ta­men­te en la segun­da fuer­za polí­ti­ca más gran­de del país, ganan­do muchos esca­ños en el par­la­men­to, ade­más de alcal­días (ayun­ta­mien­tos) en varios luga­res. La déca­da de los noven­ta fue el perío­do de mayor hege­mo­nía neo­li­be­ral en Amé­ri­ca Lati­na y los gobier­nos de ARENA fue­ron faci­li­tan­do gra­dual­men­te la imple­men­ta­ción de los Acuer­dos de Paz, has­ta que prác­ti­ca­men­te los aban­do­na­ron por com­ple­to. Ade­más, algu­nos des­acuer­dos, dispu­tas inter­nas y rup­tu­ras han debi­li­ta­do par­te de la expe­rien­cia ins­ti­tu­cio­nal del FMLN. Más tar­de se des­cu­brió que muchos de los que se mar­cha­ron habían con­tri­bui­do al régi­men, inclu­so sien­do auto­res inte­lec­tua­les de los ase­si­na­tos de sus pro­pios com­pa­ñe­ros líderes.

En par­ti­cu­lar, se aban­do­na­ron temas socia­les como la Refor­ma Agra­ria y el mode­lo eco­nó­mi­co basa­do en la jus­ti­cia social en favor de polí­ti­cas de pri­va­ti­za­ción y tra­ta­dos de libre comer­cio con Esta­dos Uni­dos. El pun­to más alto de esta pre­sen­ta­ción de los gobier­nos de ARENA a los Esta­dos Uni­dos fue cuan­do, en 2001, El Sal­va­dor renun­ció a su pro­pia mone­da y comen­zó a uti­li­zar el dólar impre­so en los Esta­dos Uni­dos como mone­da local. Evi­den­te­men­te, estas polí­ti­cas han amplia­do las des­igual­da­des polí­ti­cas, eco­nó­mi­cas y sociales.

En el con­tex­to del auge de los “gobier­nos pro­gre­sis­tas” en Amé­ri­ca Lati­na, el FMLN ganó las elec­cio­nes pre­si­den­cia­les de 2009, rom­pien­do 18 años de domi­nio de ARENA des­de los Acuer­dos de Paz. Tam­bién gober­nó al Eje­cu­ti­vo de 2014 a 2019. Sin embar­go, de la mis­ma mane­ra Mien­tras que muchos gobier­nos pro­gre­sis­tas, si bien se han logra­do avan­ces eco­nó­mi­cos y socia­les con­si­de­ra­bles, el FMLN por sí solo no ha logra­do rea­li­zar los cam­bios estruc­tu­ra­les nece­sa­rios para rom­per el domi­nio de las éli­tes loca­les aso­cia­das con el impe­ria­lis­mo. Sufre los mis­mos ata­ques que la ofen­si­va tota­li­ta­ria y con­ser­va­do­ra que vemos hoy en muchos otros países.

El FMLN 40 años después

El FMLN no es un par­ti­do polí­ti­co más en el actual sis­te­ma elec­to­ral de El Sal­va­dor. Es par­te de la his­to­ria de la lucha del pue­blo sal­va­do­re­ño por una socie­dad jus­ta y demo­crá­ti­ca. Una lucha de mucho tiem­po. Des­de Fara­bun­do Mar­tí y muchos otros en los años 30, des­de los movi­mien­tos popu­la­res de los 60 y 70, des­de la insur­gen­cia de los 80, des­de las luchas por la paz y la demo­cra­cia des­de los 90 y des­de las com­ple­ji­da­des de la lucha de cla­ses en el siglo XXI.

Y como todas las luchas popu­la­res, el FMLN tam­bién sin­te­ti­za muchos avan­ces y muchos lími­tes. Cele­bra­cio­nes nece­sa­rias. Crí­ti­ca hecha y no hecha. Muchas espe­ran­zas y decep­cio­nes. Sue­ños y pesa­di­llas. Más ade­lan­te, hay muchos cami­nos posi­bles. Detrás, hay una tra­yec­to­ria que sim­bo­li­za la espe­ran­za de un pue­blo. Hay momen­tos más favo­ra­bles, otros menos. Cada momen­to tie­ne su exi­gen­cia his­tó­ri­ca y hay que estar a la altu­ra. Pero aun­que los momen­tos son dife­ren­tes, nun­ca hay un momen­to para dejar de luchar.

Para noso­tros mili­tan­tes, cono­cer la his­to­ria del FMLN, El Sal­va­dor y Cen­troa­mé­ri­ca es un ejer­ci­cio de cele­bra­ción de nues­tra iden­ti­dad lati­no­ame­ri­ca­na, su belle­za y sus con­tra­dic­cio­nes. Un ejer­ci­cio para ver cómo lo que nos dis­tin­gue no nece­sa­ria­men­te nos sepa­ra, cuan­do el obje­ti­vo es una lucha por la libe­ra­ción. Al mirar otras expe­rien­cias his­tó­ri­cas, encon­tra­mos muchos pro­ce­sos que tie­nen para­le­lis­mos con nues­tras realidades.

El FMLN, en estos 40 años de his­to­ria, para seguir cum­plien­do su rol en la lucha de cla­ses, depen­de­rá siem­pre de lo que lo ori­gi­nó: un esfuer­zo por cons­truir la uni­dad en la diver­si­dad, un obje­ti­vo cla­ro y un víncu­lo per­ma­nen­te con el pue­blo has­ta las últi­mas con­se­cuen­cias. Estos desa­fíos y com­pro­mi­sos tam­bién los enfren­tan muchas otras orga­ni­za­cio­nes popu­la­res en nues­tra lucha.

Algu­nas suge­ren­cias para quie­nes quie­ran pro­fun­di­zar un poco más:
Docu­men­ta­les

El lugar más peque­ño. Direc­ción: Tatia­na Huezo.

Pue­blo gana­rá. Pro­du­ci­da por el Ins­ti­tu­to Cine­ma­to­grá­fi­co Revo­lu­cio­na­rio de El Salvador:

Libros

Ana María: com­ba­tien­te de la vida. Iosu Pera­les y Cláu­dia San­chez. Ocean Sur, 2012.

La revo­lu­ción sal­va­do­re­ña. Tom­mie Sue-Mont­go­mery y Chris­ti­ne Wade. Edi­to­ra Unesp, 2002.

Coman­dan­te Rami­ro. José Luiz Merino. Ocean Sur, 2010.

El Socia­lis­mo: ¿una alter­na­ti­va para Amé­ri­ca Lati­na ?. Scha­fik Han­dal y Mar­ta Har­nec­ker. Ocean Sur, 2014.

En el silen­cio de la bata­lla. Ber­na Aya­lá. Edi­to­rial Expe­di­ción Ame­ri­ca­na, 2014.

Fara­bun­do Mar­tí: la bio­gra­fía clá­si­ca. Jor­ge Arias Gómez. Oce­na Sur, 2010.

La gue­rra que no que­ría­mos. Sal­va­dor Sán­chez Cerén. Ocean Sur, 2012.

Lega­do de un revo­lu­cio­na­rio (tres volú­me­nes). Scha­fik Han­dal. Ins­ti­tu­to Schaik Han­dal, 2014.
Pelí­cu­las

Rome­ro. Direc­ción: John Duigan.

Sal­va­dor – El mar­ti­rio de un pue­blo. Direc­ción: Oli­ver Stone.

Voces ino­cen­tes. Direc­ción: Luis Man­do­ki.
Lite­ra­tu­ra y poesía

El turno ofen­di­do. Roque Dal­ton. Ocean Sur, 2015.

Entre los escom­bros del ama­ne­cer. Oto­niel Gue­va­ra. Edi­to­rial del gabo, 2015.

Las his­to­rias prohi­bi­das por el pul­gar­ci­to. Roque Dal­ton. Ocean Sur, 2014.

Miguel Már­mol. Roque Dal­ton. Ocean Sur, 2007.

Pobre poe­ta que era yo … Roque Dal­ton. Ocean Sur, 2019.
Libros de historietas

Los dul­ces naci­mien­tos de Miguel Már­mol. Dani Fano. Asti­be­rri Edi­cio­nes, 2018.

(Fábio Tomaz es del sec­tor Polí­ti­co-Peda­gó­gi­co de la Esco­la Nacio­nal Flo­res­tan Fer­nan­des (ENFF) y del Colec­ti­vo de Rela­cio­nes Inter­na­cio­na­les (CRI) del MST. Exmiem­bro de la bri­ga­da inter­na­cio­na­lis­ta del MST en Centroamérica).

Fuen­te: Movi­men­to dos Tra­balha­do­res Rurais Sem Terra

Itu­rria /​Fuen­te

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