Perú. ¿Quién es más popu­lis­ta: el MEF o el congreso?

Jor­ge Chá­vez Álva­rez*/​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 22 de sep­tiem­bre de 2020

La minis­tra de eco­no­mía y finan­zas, María Anto­nie­ta Alva, ha dicho que la cri­sis eco­nó­mi­ca que vive el Perú es cul­pa de la pan­de­mia y no de un mal mane­jo de la polí­ti­ca eco­nó­mi­ca y sani­ta­ria del gobierno. Si fue­ra así, ¿por qué Perú está a la cabe­za de todos los paí­ses del mun­do en rece­sión, caí­da del empleo y cie­rre de empresas?

Lamen­ta ella que la pan­de­mia haya pro­fun­di­za­do las dife­ren­cias socia­les exis­ten­tes en el país. Pero quie­nes más lo lamen­tan son la gran mayo­ría de perua­nos que han vis­to cómo la ayu­da eco­nó­mi­ca guber­na­men­tal ha agu­di­za­do esas dife­ren­cias, en lugar de acor­tar­las, al dejar a su suer­te a las empre­sas del sec­tor infor­mal y a la mayo­ría de las Mypes formales.

Si bien reco­no­ció que ha “come­ti­do erro­res” en su ges­tión, no pon­de­ró la gra­ve­dad de esos erro­res y su seve­ro impac­to estruc­tu­ral en el empleo, los ingre­sos y el con­su­mo de la pobla­ción. Dijo que ha enmen­da­do esos erro­res y que está con­ven­ci­da de que el plan eco­nó­mi­co que ha pre­pa­ra­do su sec­tor “será el pri­mer impul­so para rever­tir el daño cau­sa­do por el Covid-19”.

Lo cier­to es que has­ta aho­ra no hay un ver­da­de­ro plan de recu­pe­ra­ción eco­nó­mi­ca. Tan es así que Viz­ca­rra ha teni­do que con­vo­car a las fuer­zas polí­ti­cas y orga­ni­za­cio­nes de la socie­dad civil para fir­mar un pac­to, para recién gene­rar un con­sen­so que per­mi­ta por fin vis­lum­brar un plan u Hoja de Ruta.

Lo que ha habi­do has­ta aho­ra son medi­das reac­ti­vas eje­cu­ta­das con retar­do y sin una foca­li­za­ción ade­cua­da, por lo que no han favo­re­ci­do a la mayo­ría de las fami­lias y empre­sas más vul­ne­ra­bles. Cier­ta­men­te, al ini­cio del súbi­to con­fi­na­mien­to abso­lu­to y el cie­rre de ope­ra­cio­nes de las empre­sas, era inevi­ta­ble tener que adop­tar este tipo de medi­das reac­ti­vas, como la entre­ga de bonos en dine­ro, ali­men­tos y prés­ta­mos de dis­po­ni­bi­li­dad inme­dia­ta para evi­tar el des­em­pleo y que se rom­pa la cade­na de pagos.

Sin embar­go, no pue­de ser que des­pués de casi 6 meses de ini­cia­da la pan­de­mia y, ya sin con­fi­na­mien­to abso­lu­to, se per­sis­ta en ese tipo de medi­das sin mayor impac­to en la recu­pe­ra­ción sos­te­ni­ble de la deman­da, el empleo y los ingresos.

El úni­co ins­tru­men­to del gobierno que apun­ta a reac­ti­var la eco­no­mía es el deno­mi­na­do “Plan Arran­ca Perú”, que pre­ten­de gene­rar más de 1 millón de empleos tran­si­to­rios en el segun­do semes­tre, amplian­do el pre­su­pues­to para el man­te­ni­mien­to de cami­nos veci­na­les (S/​4,000 millo­nes), cons­truir 20 mil vivien­das más sobre las 60 mil ya pre­vis­tas (S/​535 millo­nes), cons­truir cana­les y rea­li­zar el man­te­ni­mien­to de dre­nes (S/​373 millo­nes), y ampliar el pro­gra­ma “Tra­ba­ja Perú” dedi­ca­do a gene­rar empleo tem­po­ral invir­tien­do en peque­ños pro­yec­tos (S/​700 millo­nes). Se pre­vé seguir gas­tan­do S/​3,268 millo­nes en este plan en 2021.

Una pri­me­ra limi­tan­te de este plan es el carác­ter tem­po­ral de los empleos que gene­ra­ría, lo que no con­tri­bu­ye a la sos­te­ni­bi­li­dad de la recu­pe­ra­ción eco­nó­mi­ca. Reac­ti­var es fácil si hay pla­ta y se gas­ta como sea; el tema está en cómo hacer para que ese gas­to aumen­te la pro­duc­ti­vi­dad y reduz­ca la vul­ne­ra­bi­li­dad de las fami­lias y las Mypes; cómo hacer para que res­ti­tu­ya el stock de capi­tal que han per­di­do y para que recu­pe­ren los pues­tos de tra­ba­jo per­ma­nen­tes que perdieron.

Enci­ma de todo, del anun­cio al hecho tam­bién hay un tre­cho, pues la evi­den­cia indi­ca que el Esta­do ha per­di­do osten­si­ble­men­te capa­ci­dad de gas­to duran­te el actual gobierno, tan­to los sec­to­res como los gobier­nos regio­na­les y loca­les. Ade­más, está a la vis­ta la len­ti­tud que vie­ne mos­tran­do el MEF en girar los recur­sos opor­tu­na­men­te. Así, entre enero y agos­to la inver­sión públi­ca ha caí­do más de 38%, invir­tién­do­se ape­nas S/10.169 millo­nes fren­te a los S/16.459 millo­nes inver­ti­dos en el mis­mo lap­so de 2019. Inclu­so los mega pro­yec­tos de inver­sión públi­ca siguen paralizados.

El gobierno es víc­ti­ma de su pro­pia tram­pa, como lo deno­ta la siguien­te fra­se del pre­mier Wal­ter Mar­tos: “El sec­tor pri­va­do va a gas­tar menos. Enton­ces, a quien le toca gas­tar más es al sec­tor públi­co, es la úni­ca for­ma de reac­ti­var rápi­da­men­te la eco­no­mía nacio­nal.” Y gas­tar más sig­ni­fi­ca ausen­cia de aus­te­ri­dad y ausen­cia de enfo­que inte­gral sostenible.

Por ejem­plo, a la agri­cul­tu­ra fami­liar, más que inver­sión en cana­les y dre­nes, le urge una trans­fe­ren­cia de capa­ci­da­des (asis­ten­cia téc­ni­ca, semi­llas, pla­ni­fi­ca­ción de cul­ti­vos, capa­ci­dad de aco­pio, sis­te­ma de dis­tri­bu­ción, etc.) e infor­ma­ción opor­tu­na para poder sem­brar y cose­char sin per­der pla­ta. Lo que le vie­ne suce­dien­do con los pape­ros es sin­to­má­ti­co; se están empo­bre­cien­do ante pre­cios irri­so­rios deri­va­dos de una sobre pro­duc­ción no detec­ta­da a tiem­po por el gobierno.

El sec­tor pri­va­do va a gas­tar menos por­que no ve rum­bo cla­ro. Pri­me­ro, por­que el Esta­do, en lugar de des­man­te­lar las tra­bas buro­crá­ti­cas duran­te el pro­ce­so de reanu­da­ción de ope­ra­cio­nes de las empre­sas, vie­ne endu­re­cién­do­las y mul­ti­pli­cán­do­las. Orga­nis­mos como Suna­fil, Sena­sa, Dige­mit jun­to a las muni­ci­pa­li­da­des se han con­ver­ti­do en el Covid más ame­na­zan­te para las empre­sas. Inclu­so la Comi­sión de Eli­mi­na­ción de Barre­ras Buro­crá­ti­cas del Inde­co­pi, es aho­ra una rémo­ra para remo­ver barre­ras buro­crá­ti­cas. ¡Como el can­gre­jo nomás andamos!

Segun­do, por­que el pro­yec­to de “Pre­su­pues­to Públi­co 2021” y el “Mar­co Eco­nó­mi­co Mul­ti­anual 2021−2024” (MMM) recien­te­men­te eva­cua­dos por el MEF lan­zan a la estra­tós­fe­ra el gas­to pla­nea­do para 2021 y los años siguien­tes, con un défi­cit fis­cal de 10.7% del PBI al cie­rre de 2020, el cual pro­yec­ta­do opti­mis­ta­men­te vol­ve­ría a nive­les de défi­cits infe­rio­res al 1% del PBI recién en 2026, bajo el supues­to heroi­co de que la eco­no­mía crez­ca a un rit­mo anual de 4.7% anual, como si vivié­ra­mos con Ali­cia en el País de las Maravillas.

Si no se pone coto a este pre­su­pues­to infla­do, las con­se­cuen­cias a mediano pla­zo serán nefas­tas. Des­de ya se pue­de avi­zo­rar una expan­sión en ascen­sor de la deu­da públi­ca res­pec­to al PBI, que des­de el 26,8% del PBI en 2019 subiría opti­mis­ta­men­te a 35.4% en 2020 y 39.1% en 2023, según el MMM, lo que impli­ca­ría que recién en 15 años Perú podría reto­mar nive­les de deu­da públi­ca por deba­jo del 30% del PBI; pará­me­tro muy crí­ti­co para no per­der el gra­do de inver­sión que has­ta aquí le había per­mi­ti­do al teso­ro públi­co endeu­dar­se a tasas rela­ti­va­men­te bajas.

Sin embar­go, esa tre­pa­da podría ser mucho más empi­na­da si la eco­no­mía cre­cie­ra a un rit­mo menor al 4,7% por año pro­yec­ta­do por el MMM y si, ade­más, se con­cre­ta­ran con­tin­gen­cias nega­ti­vas alta­men­te pro­ba­bles: como el no pago par­cial de los prés­ta­mos Reac­ti­va 1 y 2, la pro­ba­ble devo­lu­ción de los apor­tes de los pen­sio­nis­tas a la ONP y la pro­ba­ble depre­cia­ción del sol fren­te al dólar. Incor­po­ran­do estas con­tin­gen­cias, el ratio de deu­da públi­ca sobre el PBI podría dar un sal­to sobre el 50% del PBI en 2024, lo que gene­ra­ría pre­sio­nes rece­si­vas incontenibles.[1]

Y para col­mo de mara­vi­llas, en 2021 los ingre­sos tri­bu­ta­rios vol­ve­rían a su nivel pre­vio a la pan­de­mia, por arte de magia y una “mayor fis­ca­li­za­ción”; ingre­sos fan­ta­sio­sos que no se con­di­cen con las pers­pec­ti­vas nega­ti­vas del entorno mun­dial y el entram­pa­mien­to eco­nó­mi­co al que nos hemos meti­do duran­te la pan­de­mia. Esti­mo que al cie­rre de 2020 los ingre­sos tri­bu­ta­rios cae­rán por lo menos en S/​20 mil millo­nes; alre­de­dor de 20% por deba­jo del nivel pre pandemia.

Lamen­ta­ble­men­te ya no se sabe quién se lle­va las pal­mas en cuan­to a popu­lis­mo: ¿El MEF o el Con­gre­so? Ambos vie­nen actuan­do de espal­das a una res­pon­sa­bi­li­dad fis­cal. Creen que el teso­ro públi­co es un barril sin fon­do, que pue­de repar­tir pla­ta a dies­tra y sinies­tra, sin impor­tar su impac­to a mediano pla­zo para los perua­nos en su con­jun­to. Es una pelea entre gitanos.

El pre­su­pues­to para 2021 supera los S/​183,000 millo­nes, de los cua­les S/​48,000 millo­nes pre­ten­de finan­ciar­los con endeu­da­mien­to; casi el doble que el nivel (S/​21,239 millo­nes) con­tem­pla­do en el pre­su­pues­to ins­ti­tu­cio­nal de aper­tu­ra (PIA) de 2020. Esto sig­ni­fi­ca un aumen­to de la deu­da públi­ca res­pec­to al PBI en más de 11 pun­tos por­cen­tua­les entre 2019 y 2021, lo que pone al país en una situa­ción de vul­ne­ra­bi­li­dad económica.

El argu­men­to de la minis­tra para incu­rrir en tre­men­do shock de endeu­da­mien­to es que habrá meno­res ingre­sos debi­do a la cri­sis pan­dé­mi­ca (S/​18,000 millo­nes de meno­res ingre­sos por recur­sos ordi­na­rios). Sin embar­go, este argu­men­to, antes bien, debie­ra ser moti­vo para evi­tar ampliar el pre­su­pues­to y no para endeu­dar más al país.

Vivi­mos la peor cri­sis eco­nó­mi­ca de la his­to­ria y no es posi­ble que los 32 millo­nes de perua­nos sigan car­gan­do sobre sus hom­bros el cos­to de una buro­cra­cia fron­do­sa e inefi­cien­te. Es tiem­po de fusio­nar orga­nis­mos públi­cos, redu­cir el núme­ro de emba­ja­das e ins­ti­tuir la carre­ra públi­ca obli­ga­to­ria en todo el Esta­do. En para­le­lo, hay que redu­cir drás­ti­ca­men­te las exo­ne­ra­cio­nes tributarias.

Ya es tiem­po de que el Esta­do se ajus­te el cin­tu­rón y reduz­ca drás­ti­ca­men­te la corrup­ción. En las últi­mas dos déca­das la buro­cra­cia esta­tal ha cre­ci­do el doble que la recau­da­ción tri­bu­ta­ria. El Eje­cu­ti­vo y el Con­gre­so debe­rían dar el ejem­plo baján­do­se las remu­ne­ra­cio­nes y redu­cien­do el núme­ro de ase­so­res y envian­do a sus casas al per­so­nal exce­den­te, ganan­do el 60% de su remu­ne­ra­ción sin tra­ba­jar, duran­te un par de años duran­te los cua­les se les pue­de capa­ci­tar para ingre­sar a la eco­no­mía digi­tal y circular.

No pue­de ser que en esta cri­sis el mayor sacri­fi­cio lo estén hacien­do prin­ci­pal­men­te los más pobres. Inclu­so la mayo­ría de micro y peque­ñas empre­sas que han logra­do sobre­vi­vir, lo vie­nen hacien­do a pun­ta de una aus­te­ri­dad radi­cal, con reduc­cio­nes drás­ti­cas de remu­ne­ra­cio­nes y de hora­rios de tra­ba­jo. ¿Por qué el Esta­do no lo hace? Es él el que debie­ra haber dado el ejem­plo. ¿O aca­so tie­ne corona?

*Pre­si­den­te Eje­cu­ti­vo de MAXIMIXE
[1] Véa­se, Jor­ge Baca Cam­po­dó­ni­co: “Mar­co Macro­eco­nó­mi­co Mul­ti­anual 2021−2024”, Aler­ta Eco­nó­mi­ca, 01/​09/​20.

Publi­ca­do en Aler­ta Económica

FUENTE: Otra Mirada

Itu­rria /​Fuen­te

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