Inter­na­cio­nal. Dia­rio del Jui­cio a Julian Assange

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 22 de sep­tiem­bre 2020.

La jus­ti­cia de Ingla­te­rra debe­rá deci­dir si otor­ga su extra­di­ción a Esta­dos Unidos

7 de sep­tiem­bre – Día 1

En la segun­da fase del jui­cio de extra­di­ción con­tra el crea­dor de Wiki­leaks Julian Assan­ge, don­de la jus­ti­cia bri­tá­ni­ca debe­rá decir si con­ce­de o no su extra­di­ción a Esta­dos Uni­dos. El pro­ce­so había empe­za­do en febre­ro pero fue pos­pues­to por la pan­de­mia de coro­na­vi­rus. Sema­nas antes del reini­cio la Jus­ti­cia de Esta­dos Uni­dos pre­sen­tó nue­vas denun­cias con­tra el perio­dis­ta aus­tra­liano. Estos car­gos se extien­den más allá de la figu­ra mis­ma de Assan­ge. Dos de sus socios en Wiki­Leaks y un emplea­do de la orga­ni­za­ción son acu­sa­dos de ser sus cóm­pli­ces al cons­pi­rar con­tra la segu­ri­dad esta­dou­ni­den­se. La nue­va acu­sa­ción ade­más seña­la que el perio­dis­ta aus­tra­liano no sólo reci­bió infor­ma­ción de la exsol­da­do esta­dou­ni­den­se Chel­sea Man­ning sino de otros hac­kers.

En total son la Jus­ti­cia nor­te­ame­ri­ca­na pre­sen­tó 18 car­gos con­tra el perio­dis­ta. Entre ellos lo acu­sa de espio­na­je, escu­dán­do­se en la Ley de Espio­na­je de 1917, y pira­te­ría infor­má­ti­ca. A su vez, la fis­ca­lía que repre­sen­ta al gobierno esta­dou­ni­den­se sos­tie­ne que las publi­ca­cio­nes rea­li­za­das por Wiki­leaks pusie­ron en ries­go la vida de algu­nos de sus infor­man­tes en el extranjero. 

Assan­ge publi­có en 2010 más de 700 mil docu­men­tos cla­si­fi­ca­dos. En algu­nos de ellos que­da­ron docu­men­ta­dos los crí­me­nes del ejér­ci­to nor­te­ame­ri­cano duran­te las gue­rras de Irak y Afga­nis­tán. Tam­bién publi­có miles de cables diplo­má­ti­cos del Depar­ta­men­to de Esta­do en comu­ni­ca­ción con dece­nas de emba­ja­das esta­dou­ni­den­ses en todo el mun­do. De ava­lar­se su extra­di­ción, Assan­ge podría ser con­de­na­do a 175 años de cár­cel. Des­de abril de 2019 el perio­dis­ta se encuen­tra dete­ni­do en una cár­cel de máxi­ma segu­ri­dad de Ingla­te­rra. Antes había esta­do sie­te años ence­rra­do en la emba­ja­da de Ecua­dor en Londres.

Al comen­zar la pri­me­ra jor­na­da del jui­cio Assan­ge vol­vió a recha­zar su extra­di­ción a Esta­dos Uni­dos, tal como lo había hecho en febre­ro. A su vez, la defen­sa del perio­dis­ta infor­mó que no tuvo acce­so a las nue­vas denun­cias con la ante­la­ción sufi­cien­te como para poder eva­luar­las. Por ese moti­vo el abo­ga­do, Mark Sum­mers, pidió a la jue­za Vanes­sa Baraitser que las exclu­ya del caso. La magis­tra­da recha­zó el pedi­do. Lue­go Sum­mers soli­ci­tó apla­zar el jui­cio para poder estu­diar el nue­vo mate­rial pro­ba­to­rio. La jue­za tam­po­co hizo lugar a ese pedi­do. Tam­bién fijó un lími­te máxi­mo de diez perio­dis­tas pre­sen­cian­do las sesiones.

Lue­go pres­tó decla­ra­ción el pri­mer tes­ti­go de la defen­sa: el pro­fe­sor de perio­dis­mo de la Uni­ver­si­dad de Mary­land, Mark Felds­tein. El docen­te fun­da­men­tó la tesis de la defen­sa de que las acu­sa­cio­nes con­tra el perio­dis­ta tie­nen moti­va­cio­nes polí­ti­cas. Con­si­de­ró ade­más que su extra­di­ción cons­ti­tui­ría un abu­so de pro­ce­so. Felds­tein ase­gu­ró que en Esta­dos Uni­dos no exis­tían pre­ce­den­tes de que un perio­dis­ta o edi­tor hubie­se sido juz­ga­do por publi­car infor­ma­ción cla­si­fi­ca­da. Des­ta­có que la Pri­me­ra Enmien­da de la Cons­ti­tu­ción esta­dou­ni­den­se pro­te­ge ese tipo de publi­ca­cio­nes, y que en su país el tra­ba­jo de los perio­dis­tas espe­cia­li­za­dos en temas de segu­ri­dad nacio­nal depen­de de las fil­tra­cio­nes del gobierno. Felds­tein dijo que aun­que sea poco orto­do­xo el aus­tra­liano es un edi­tor pro­te­gi­do por la Cons­ti­tu­ción. «Assan­ge ha publi­ca­do infor­ma­ción veraz e impor­tan­te que ha expues­to actos ile­ga­les y no éti­cos del gobierno esta­dou­ni­den­se«, agre­gó el docen­te uni­ver­si­ta­rio. https://iframely.pagina12.com.ar/api/iframe?url=https%3A%2F%2Ftwitter.com%2FnoamchomskyT%2Fstatus%2F1303815581238468608&v=1&app=1&key=68ad19d170f26a7756ad0a90caf18fc1&playerjs=1

8 de sep­tiem­bre – Día 2

El pro­fe­sor Mark Felds­tein subió al estra­do para ampliar su tes­ti­mo­nio. Felds­tein reto­mó su repa­so por la lis­ta de perio­dis­tas que a lo lar­go de la his­to­ria uti­li­za­ron infor­ma­ción cla­si­fi­ca­da en sus notas. Tam­bién remar­có que res­guar­dar la iden­ti­dad de las fuen­tes for­ma par­te de la ruti­na perio­dís­ti­ca. «Inten­tar pro­te­ger las fuen­tes es una obli­ga­ción perio­dís­ti­ca», dijo el docente.

La fis­ca­lía inten­tó esta­ble­cer dife­ren­cias entre el tra­ba­jo del New York Times y Wiki­Leaks, sugi­rien­do que los perio­dis­tas no roban ni obtie­nen infor­ma­ción ile­gal­men­te. El aca­dé­mi­co estu­vo de acuer­do en que los perio­dis­tas no están por enci­ma de la ley. Sin embar­go dijo que ese razo­na­mien­to supo­nía poner­se sobre una «pen­dien­te res­ba­la­di­za» el deter­mi­nar qué cons­ti­tu­ye «soli­ci­tar» infor­ma­ción. «Los perio­dis­tas no somos taquí­gra­fos pasi­vos (…) Está mal suge­rir que la úni­ca mane­ra de reci­bir infor­ma­ción de for­ma anó­ni­ma es por correo», sos­tu­vo el docen­te. Sobre la acu­sa­ción de que publi­car nom­bres nece­sa­ria­men­te pro­vo­ca­ría daño, Felds­tein dijo que es fácil para el gobierno ale­gar eso ya que es algo impo­si­ble de probar.

Ade­más seña­ló que habi­tual­men­te se ape­la a la segu­ri­dad nacio­nal como escu­do para escon­der accio­nes ver­gon­zo­sas o malas del gobierno. Para ejem­pli­fi­car este aspec­to puso el caso de los «Pape­les del Pen­tá­gono», una fil­tra­ción de 1971 que reve­ló los crí­me­nes de gue­rra del ejér­ci­to esta­dou­ni­den­se en Viet­nam. Los fis­ca­les del gobierno en ese momen­to acu­die­ron a los tri­bu­na­les ale­gan­do que esos docu­men­tos expo­nían pla­nes de gue­rra, iden­ti­fi­ca­ban a fun­cio­na­rios de la CIA e inclu­so podían pro­lon­gar la gue­rra. Años des­pués uno de esos fis­ca­les admi­tió que no vio nin­gún daño en las publi­ca­cio­nes, sos­tu­vo Feldstein. 

A su vez, el aca­dé­mi­co dio ejem­plos de por qué creía que el jui­cio a Assan­ge esta­ba polí­ti­ca­men­te moti­va­do por la admi­nis­tra­ción Trump. Seña­ló el hecho de que el gobierno de Oba­ma había recha­za­do ini­ciar un jui­cio con­tra el perio­dis­ta, que los car­gos pre­sen­ta­dos no tenían pre­ce­den­tes en la his­to­ria del país, y men­cio­nó la «cono­ci­da viru­len­cia» de Trump hacia la pren­sa. La fis­ca­lía sugi­rió que Felds­tein esta­ba espe­cu­lan­do y vol­vió a la idea de que los nom­bres men­cio­na­dos en las publi­ca­cio­nes cau­sa­rían daño. Felds­tein res­pon­dió que si esa era la preo­cu­pa­ción real del gobierno podrían haber acu­sa­do a Assan­ge bajo la Ley de Pro­tec­ción de Iden­ti­da­des de Inte­li­gen­cia de 1982, mucho más estric­ta. Esa nor­ma­ti­va cri­mi­na­li­za la expo­si­ción de quie­nes rea­li­zan tareas de inteligencia. 

Felds­tein cri­ti­có la ampli­tud de los car­gos pre­sen­ta­dos en la acu­sa­ción como por ejem­plo los de «reclu­ta­mien­to» y «cons­pi­ra­ción». «Son tér­mi­nos ate­rra­do­res, usa­dos​para terro­ris­tas», sos­tu­vo el pro­fe­sor. Por el con­tra­rio, indi­có que los perio­dis­tas con­tro­lan a las fuen­tes, les dicen lo que nece­si­tan y les piden más infor­ma­ción. «Si eso se cri­mi­na­li­za, si se con­vier­te en cons­pi­ra­ción, enton­ces la mayor par­te de lo que hacen los perio­dis­tas de inves­ti­ga­ción sería cri­mi­nal«, sos­tu­vo Feldstein.

Lue­go se pre­sen­tó el tes­ti­mo­nio de Cli­ve Staf­ford Smith, abo­ga­do bri­tá­ni­co, fun­da­dor de la ONG Reprie­ve, que defien­de entre otros a pri­sio­ne­ros del gobierno esta­dou­ni­den­se en la cár­cel de Guan­tá­na­mo. El abo­ga­do seña­ló la impor­tan­cia para su tra­ba­jo del mate­rial apor­ta­do por Wiki­leaks, ya que algu­nas de las reve­la­cio­nes hechas por el sitio docu­men­ta­ron abu­sos y tor­tu­ras rea­li­za­das por el gobierno en Guan­tá­na­mo. Con res­pec­to a estos casos Staf­ford Smith dijo: «Hablan­do como ciu­da­dano esta­dou­ni­den­se, es increí­ble­men­te impor­tan­te que eso se detu­vie­ra… Sien­to que la repu­tación de mi país se vio soca­va­da y que se esta­ban come­tien­do deli­tos pena­les». Ade­más remar­có la impor­tan­cia de las fil­tra­cio­nes ya que per­mi­tie­ron mos­trar al mun­do los pro­ce­sos ile­ga­les que el gobierno nor­te­ame­ri­cano esta­ba lle­van­do con­tra los pre­sos de Guan­tá­na­mo.

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9 de sep­tiem­bre – Día 3

En el ter­cer día de audien­cias la defen­sa de Assan­ge pre­sen­tó a dos nue­vos aca­dé­mi­cos para tes­ti­fi­car. Ambos inten­ta­ron expli­car los mati­ces polí­ti­cos de la acu­sa­ción con­tra el perio­dis­ta y cómo ésta podría afec­tar la liber­tad de pren­sa en Esta­dos Uni­dos.

El pri­mer tes­ti­go en decla­rar fue Paul Rogers, exper­to en segu­ri­dad inter­na­cio­nal y pro­fe­sor emé­ri­to de la uni­ver­si­dad bri­tá­ni­ca de Brad­ford. El tes­ti­mo­nio de Rogers se basó en el pun­to de que la acu­sa­ción y el enjui­cia­mien­to a Assan­ge en Esta­dos Uni­dos se basan en moti­va­cio­nes polí­ti­cas de la admi­nis­tra­ción Trump. Rogers seña­ló que los regis­tros de la gue­rra afga­na y la gue­rra de Irak publi­ca­dos por Wiki­Leaks, así como las pro­pias opi­nio­nes polí­ti­cas de Assan­ge, cho­ca­ron con los suce­si­vos gobier­nos de Esta­dos Unidos. 

Para el aca­dé­mi­co los pun­tos de vis­ta de Assan­ge no caen en los sis­te­mas de creen­cias tra­di­cio­na­les libe­ra­les o con­ser­va­do­res, sino que son más bien liber­ta­rios, con­tra la gue­rra y basa­dos​en valo­res de trans­pa­ren­cia y res­pon­sa­bi­li­dad. En el estra­do, Rogers habló sobre cómo Wiki­Leaks puso en prác­ti­ca estos valo­res con las publi­ca­cio­nes de regis­tros de gue­rra. «Posi­ble­men­te la par­te más impor­tan­te de todo el asun­to fue­ron las publi­ca­cio­nes que mos­tra­ron 15 mil víc­ti­mas civi­les pre­via­men­te no con­ta­das, tra­yen­do al públi­co esta­dou­ni­den­se un aspec­to muy per­tur­ba­dor de toda la gue­rra», sos­tu­vo el académico. 

Rogers remar­có que Barack Oba­ma había deci­do no per­se­guir a Assan­ge y que de hecho el expre­si­den­te demó­cra­ta había indul­ta­do a Chel­sea Man­ning. Para el docen­te la admi­nis­tra­ción Trump no había que­da­do con­ten­to con eso, sin embar­go los gobier­nos no tie­nen el poder de rever­tir un indul­to. Por ese moti­vo la avan­za­da sobre Assan­ge podría ser la for­ma en que el actual pre­si­den­te esta­dou­ni­den­se res­pon­de a eso, sos­tu­vo el académico.

Lue­go, el fis­cal Lewis sugi­rió que la admi­nis­tra­ción Oba­ma pudo no haber pro­ce­sa­do a Assan­ge por­que esta­ba en la Emba­ja­da de Ecua­dor en ese momento.

-Lewis: ¿Era posi­ble arres­tar a Assan­ge en 2013?

-Rogers: ¿Es nece­sa­rio poder arres­tar a alguien para ini­ciar una acusación?

-Lewis: ¿Cuál sería el sen­ti­do si él se escon­día en la embajada?

Rogers: Bueno, para pre­sio­nar­lo. Hubie­ra teni­do mucho sen­ti­do pre­sen­tar la acu­sa­ción en ese momen­to para mos­trar el inten­to per­ma­nen­te de lle­var a Assan­ge ante la justicia.

El segun­do tes­ti­go del día fue Tre­vor Timm, perio­dis­ta y cofun­da­dor de Free­dom of the Press Foun­da­tion, quien tes­ti­fi­có sobre cómo el inten­to de extra­di­ción y el enjui­cia­mien­to de Assan­ge afec­ta­rán direc­ta­men­te la liber­tad de pren­sa. Timm se opu­so a la acu­sa­ción con el argu­men­to de que ame­na­za con cri­mi­na­li­zar la pro­tec­ción de las fuen­tes y la recep­ción pasi­va de docu­men­tos guber­na­men­ta­les, así como su publicación.

Ade­más el perio­dis­ta se mos­tró pro­fun­da­men­te preo­cu­pa­do por los car­gos con­tra Assan­ge que caen bajo la Ley de Espio­na­je de 1917. Algu­nos pena­li­zan la publi­ca­ción y la soli­ci­tud de infor­ma­ción, y otros son aún más amplios. «El gobierno de los Esta­dos Uni­dos dice que la mera idea de obte­ner estos docu­men­tos es poten­cial­men­te cri­mi­nal«, enfa­ti­zó el acti­vis­ta. Ade­más hizo refe­ren­cia a inten­tos pre­vios de per­se­guir perio­dis­tas bajo dicha nor­ma­ti­va. El perio­dis­ta resal­tó que en todos y cada uno de los casos el gobierno con­clu­yó o se vio obli­ga­do a con­cluir que un enjui­cia­mien­to al ampa­ro de esta ley vio­la­ría las pro­tec­ción que brin­da la Pri­me­ra Enmienda.

Por su par­te el fis­cal Lewis remar­có que Timm en su decla­ra­ción por escri­to había sos­te­ni­do que Trump esta­ba libran­do una «gue­rra con­tra el perio­dis­mo». El fis­cal tra­tó de soca­var esa afir­ma­ción seña­lan­do que el Depar­ta­men­to de Jus­ti­cia esta­ble­ció explí­ci­ta­men­te que no con­si­de­ran a Assan­ge un perio­dis­ta y que no per­si­guen a tra­ba­ja­do­res de pren­sa. Timm res­pon­dió: «En Esta­dos Uni­dos, la Pri­me­ra Enmien­da pro­te­ge a todos. No impor­ta si con­si­de­ran a Assan­ge un perio­dis­ta, él esta­ba par­ti­ci­pan­do en una acti­vi­dad perio­dís­ti­ca». «Para mí es muy reve­la­dor que Trump sea el pri­me­ro en tra­tar de pre­sen­tar un caso como este des­de la admi­nis­tra­ción Nixon», sos­tu­vo el periodista.

10 de sep­tiem­bre – Día 4

El jui­cio de extra­di­ción de Julian Assan­ge fue apla­za­do has­ta el lunes 14 de sep­tiem­bre. La sus­pen­sión se debió a sos­pe­chas de que pudo haber algún con­ta­gio de coro­na­vi­rus en la sala del tri­bu­nal. La jue­za Vanes­sa Baraitser deci­dió pos­po­ner el pro­ce­so por pedi­do de la acu­sa­ción y la defen­sa, des­pués de que uno de los fis­ca­les en repre­sen­ta­ción de la Jus­ti­cia esta­dou­ni­den­se reve­la­ra que pudo estar expues­to al virus y que debía some­ter­se a un análisis.

Por su par­te Assan­ge, a dife­ren­cia de los días ante­rio­res, no acu­dió per­so­nal­men­te al juz­ga­do. El perio­dis­ta expre­só repe­ti­da­men­te en los últi­mos meses su temor de con­traer covid-19 en la pri­sión de alta segu­ri­dad de Bel­marsh, cer­ca de Lon­dres, don­de per­ma­ne­ce dete­ni­do. https://iframely.pagina12.com.ar/api/iframe?url=https%3A%2F%2Fwww.dailymotion.com%2Fvideo%2Fx7w4u81&v=1&app=1&key=68ad19d170f26a7756ad0a90caf18fc1&playerjs=1

14 de sep­tiem­bre – Día 5

Pres­tó decla­ra­ción Eric Lewis, abo­ga­do y miem­bro de la ONG Reprie­ve. Lewis repre­sen­ta a per­so­nas dete­ni­das en Guan­tá­na­mo y ciu­da­da­nos afga­nos en liti­gios con­tra el gobierno de Esta­dos Uni­dos. Res­pec­to a los 18 car­gos que pre­sen­tó la Jus­ti­cia esta­dou­ni­den­se con­tra el perio­dis­ta, el abo­ga­do dijo que estan­do todos bajo la Ley de Espio­na­je fácil­men­te podrían haber­se reu­ni­do en una úni­ca acu­sa­ción. Sin embar­go para Lewis la fis­ca­lía los pre­sen­tó por sepa­ra­do para maxi­mi­zar el tiem­po de con­de­na que podría caber­le al aus­tra­liano. Cada car­go con­lle­va has­ta 10 años de prisión. 

Lewis lue­go habló sobre las con­di­cio­nes que pro­ba­ble­men­te sufri­ría Assan­ge de ser extra­di­ta­do a Esta­dos Uni­dos, inclui­das las deno­mi­na­das Medi­das Admi­nis­tra­ti­vas Espe­cia­les (SAM en inglés) y el encar­ce­la­mien­to soli­ta­rio. «Los SAM son el rin­cón más oscu­ro del sis­te­ma peni­ten­cia­rio fede­ral de Esta­dos Uni­dos. Com­bi­nan la bru­ta­li­dad y el ais­la­mien­to de las uni­da­des de máxi­ma segu­ri­dad con res­tric­cio­nes adi­cio­na­les en las que se nie­gan a las per­so­nas casi cual­quier tipo de cone­xión con otros huma­nos». sos­tu­vo el abogado. 

Lewis con­si­de­ró que es muy pro­ba­ble que ese tipo de medi­das se apli­quen al caso Assan­ge ya que es fac­ti­ble que la Jus­ti­cia esta­dou­ni­den­se invo­que «intere­ses de segu­ri­dad nacio­nal». Ade­más seña­ló que cual­quier per­so­na dete­ni­da bajo estas con­di­cio­nes tie­ne enor­mes difi­cul­ta­des para esta­ble­cer con­tac­to con sus abo­ga­dos y pre­pa­rar debi­da­men­te su defen­sa. Debi­do a pro­ble­mas téc­ni­cos con la video­lla­ma­da a tra­vés de la cual Lewis esta­ba tes­ti­fi­can­do, la sesión se dio por ter­mi­na­da, para con­ti­nuar al día siguiente.

15 de sep­tiem­bre – Día 6

Con­ti­nuan­do con el tes­ti­mo­nio del día ante­rior, el abo­ga­do esta­dou­ni­den­se Eric Lewis expli­có que bajo la pre­si­den­cia de Trump, el Depar­ta­men­to de Jus­ti­cia había per­di­do su inde­pen­den­cia. Para Lewis los fis­ca­les del nivel más bajo siguen las ins­truc­cio­nes del fis­cal gene­ral, William Barr. El abo­ga­do citó comen­ta­rios de Jeff Ses­sions, quien ocu­pa­ba ese car­go cuan­do se había pre­sen­ta­do la acu­sa­ción con­tra Assan­ge, en los que cali­fi­có su arres­to como una «prio­ri­dad». 

Según Lewis la pre­sión con­ti­nuó cuan­do Barr pasó a ocu­par el car­go de fis­cal gene­ral. Ade­más citó una decla­ra­ción en la que más de mil exfis­ca­les fede­ra­les habían con­de­na­do la «obs­truc­ción a la Jus­ti­cia» duran­te la pre­si­den­cia del mag­na­te repu­bli­cano. «Jeff Ses­sions pre­sio­nó al Dis­tri­to Este de Vir­gi­nia para que pre­sen­ta­ra el caso. No estoy dicien­do que los fis­ca­les indi­vi­dua­les estén actuan­do de mala fe, estoy dicien­do que el depar­ta­men­to está muy poli­ti­za­do y muchos esta­dou­ni­den­ses esta­rían de acuer­do con esa opi­nión«, enfa­ti­zó Lewis.

Lewis comen­tó que los hechos por los cua­les se pre­sen­tó el caso son de 2010 y 2011, pero que Esta­dos Uni­dos avan­zó en la Jus­ti­cia sino recién en 2018. Para el abo­ga­do la úni­ca dife­ren­cia entre ese momen­to y el pre­sen­te es quién está en la Casa Blan­ca. «Este caso esta­ba inac­ti­vo cuan­do comen­zó la admi­nis­tra­ción Trump«, dijo Lewis. “La evi­den­cia no cam­bió. Los tes­ti­gos no cam­bia­ron. La Pri­me­ra Enmien­da no cam­bió«.

Por su par­te, la fis­ca­lía inten­tó poner en duda la afir­ma­ción de que Assan­ge enfren­ta­ría has­ta 175 años de pri­sión si es extra­di­ta­do. Lewis expli­có que el perio­dis­ta sería juz­ga­do en el Dis­tri­to Este de Vir­gi­nia a car­go del juez Clau­de M. Hil­ton, cono­ci­do por sus «duras sen­ten­cias». Hil­ton envió a Chel­sea Man­ning a pri­sión por des­aca­to cuan­do se negó a tes­ti­fi­car ante el Gran Jura­do crea­do para la cau­sa Wiki­Leaks. En la sen­ten­cia que final­men­te encon­tró cul­pa­ble a Man­ning de 10 car­gos bajo la Ley de Espio­na­je (Assan­ge enfren­ta 17), el gobierno había pedi­do una sen­ten­cia de 60 años, expli­có el abo­ga­do. Final­men­te la exsol­da­do fue con­de­na­da a 35.

Lewis seña­ló que el Depar­ta­men­to de Jus­ti­cia había rea­li­za­do varios ajus­tes en la segun­da acu­sa­ción sus­ti­tu­ti­va que pre­sen­tó con­tra Assan­ge en junio de 2020. A pesar de no agre­gar car­gos, el abo­ga­do mar­có que la acu­sa­ción incor­po­ró nue­vo len­gua­je y nue­vos «co-cons­pi­ra­do­res» que supues­ta­men­te esta­ban bajo la direc­ción de Assan­ge. Lewis seña­ló el caso de alguien deno­mi­na­do «ado­les­cen­te» (en refe­ren­cia a Sig­gi Thor­dar­son, un infor­man­te islan­dés), y a «habi­li­da­des espe­cia­les» (que podrían hacer men­ción a las supues­tas capa­ci­da­des infor­má­ti­cas de Assan­ge), y el hecho de que los cables del Depar­ta­men­to de Esta­do publi­ca­dos por Wiki­Leaks supues­ta­men­te incluían nom­bres de emplea­dos del gobierno en emba­ja­das de todo el mun­do. Todos estos ele­men­tos aumen­tan la pro­ba­bi­li­dad de lle­gar a una sen­ten­cia mucho más alta, según Lewis.

El siguien­te tes­ti­go con­vo­ca­do por la defen­sa fue Tho­mas Dur­kin, un abo­ga­do penal de la ciu­dad de Chica­go. Dur­kin se refi­rió a cómo sería el jui­cio en Esta­dos Uni­dos con­tra Assan­ge si fue­ra extra­di­ta­do. «No creo que pue­da obte­ner lo que yo con­si­de­ra­ría un jui­cio jus­to«, dijo Dur­kin. Entre otros ele­men­tos el abo­ga­do seña­ló que el caso esta­ba alta­men­te poli­ti­za­do y que ade­más habría una enor­me pre­sión para acep­tar un acuer­do de cul­pa­bi­li­dad sim­ple­men­te para evi­tar una sen­ten­cia des­pro­por­cio­na­da.

16 de sep­tiem­bre – Día 7

El nue­vo tes­ti­go de la defen­sa fue el perio­dis­ta de inves­ti­ga­ción esta­dou­ni­den­se John Goetz que tra­ba­jó en Ale­ma­nia los últi­mos 30 años. Cola­bo­ran­do para el dia­rio ale­mán Der Spie­gel había infor­ma­do sobre las gue­rras de Irak y Afga­nis­tán. En 2010 se unió al con­sor­cio crea­do por este dia­rio jun­to a Wiki­Leaks para publi­car los dia­rios de la gue­rra afga­na, los regis­tros de la gue­rra de Irak y los cables del Depar­ta­men­to de Esta­do. Goetz par­ti­ci­pó en las pri­me­ras dis­cu­sio­nes y tes­ti­fi­có que Wiki­leaks lle­vó ade­lan­te un «pro­ce­so de redac­ción muy rigu­ro­so», empe­zan­do por los archi­vos de Afga­nis­tán. Dijo que el pro­pio Assan­ge esta­ba «muy preo­cu­pa­do por el aspec­to téc­ni­co de encon­trar los nom­bres den­tro de la enor­me can­ti­dad de docu­men­tos» para que «pudié­ra­mos redac­tar­los, para que no se publi­ca­ran, para que no se daña­ran». El perio­dis­ta con­tó que Assan­ge les recor­da­ba con­ti­nua­men­te a los medios con los que tra­ba­ja­ba que usa­ran comu­ni­ca­cio­nes segu­ras, telé­fo­nos y apli­ca­cio­nes encrip­ta­dos, y aun­que pare­cía para­noi­co en ese momen­to, aho­ra son las prác­ti­cas perio­dís­ti­cas más comunes. 

Goetz tam­bién tes­ti­fi­có sobre las con­ver­sa­cio­nes que los medios socios de Wiki­leaks tuvie­ron con el gobierno de Esta­dos Uni­dos antes de las publi­ca­cio­nes. En un momen­to, fun­cio­na­rios del Depar­ta­men­to de Esta­do habían dicho que mar­ca­rían algu­nos docu­men­tos que no que­rían que se publi­quen. No espe­ci­fi­ca­ron nin­gún nom­bre para que sea reto­ca­do, sino que indi­ca­ron áreas polí­ti­ca­men­te sen­si­bles. Cuan­do se die­ron cuen­ta de que solo esta­ban ponien­do el ojo sobre his­to­rias que podrían lla­mar la aten­ción de los perio­dis­tas, deja­ron de colaborar.

El gru­po de medios aso­cia­dos tam­bién había envia­do una dele­ga­ción de perio­dis­tas del New York Times a la Casa Blan­ca para dis­cu­tir las publi­ca­cio­nes antes de su lan­za­mien­to. El perio­dis­ta Eric Sch­mitt le envió un correo elec­tró­ni­co a Goetz inme­dia­ta­men­te des­pués de la reu­nión en la que le comen­tó que los medios agru­pa­dos le habían infor­ma­do al gobierno esta­dou­ni­den­se que Wiki­Leaks no publi­ca­ría unos 15 mil docu­men­tos den­tro de los dia­rios de gue­rra de Afga­nis­tán. Lue­go le habían pedi­do a la Casa Blan­ca asis­ten­cia téc­ni­ca para ayu­dar con las redac­cio­nes. Esa soli­ci­tud, dijo Goetz, fue reci­bi­da con «bur­la» por el gobierno norteamericano.

Una y otra vez, la fis­ca­lía aler­tó a los tes­ti­gos que Assan­ge sólo esta­ba sien­do acu­sa­do por haber publi­ca­do en Inter­net cables sin redac­tar que pusie­ron en peli­gro la vida de infor­man­tes del gobierno. Sin embar­go Goetz remar­có que antes de Wiki­leaks otros sitios habían dado esa infor­ma­ción. Según con­tó, en febre­ro de 2011 dos perio­dis­tas del dia­rio inglés The Guar­dian, David Leigh y Luke Har­ding, habían publi­ca­do un libro en el que colo­ca­ron como títu­lo de un capí­tu­lo la con­tra­se­ña para los archi­vos no encrip­ta­dos. El dia­rio ale­mán Die Frei­tag publi­có esa infor­ma­ción que per­mi­tió des­blo­quear los archi­vos. Tam­bién des­ta­có que fue­ron pues­tos onli­ne por Cry­pto­me, un «sitio de fil­tra­ción rival» de Wiki­leaks, tal como lo des­cri­be el gobierno, pero tam­bién apa­re­cie­ron en muchos otros sitios, por lo que no pudie­ron ser eli­mi­na­dos y esta­ban fue­ra del alcan­ce de WikiLeaks.

En res­pues­ta, la fis­ca­lía pre­sen­tó un artícu­lo de The Guar­dian fecha­do en sep­tiem­bre de 2011 en el que los medios aso­cia­dos a Wiki­leaks habían con­de­na­do que el sitio haya publi­ca­do cables sin borrar nom­bres (aun­que reco­no­cían que el mate­rial había sido publi­ca­do por pri­me­ra vez por Cry­pto­me). Goetz res­pon­dió que al momen­to de esa nota los medios no cono­cían la ver­da­de­ra cade­na de hechos. Sólo más tar­de se pudo cono­cer que la con­tra­se­ña en el libro de Leigh y Har­ding había sido la que habi­li­tó el acce­so al mate­rial clasificado.

Duran­te la jor­na­da tam­bién tes­ti­fi­có Daniel Ells­berg, exana­lis­ta de infor­ma­ción del ejér­ci­to de Esta­dos Uni­dos que en 1971 fil­tró los Pape­les del Pen­tá­gono. Duran­te la pre­si­den­cia de Richard Nixon, Ells­berg envió 7 mil pági­nas de docu­men­tos cla­si­fi­ca­dos sobre la gue­rra de Viet­nam al New York Times y lue­go al Washing­ton Post. El ana­lis­ta de inte­li­gen­cia de 89 años reco­no­ció la impor­tan­cia de las reve­la­cio­nes hechas por Wiki­Leaks. «A lo lar­go del tiem­po reco­no­cie­ron que mis accio­nes en rela­ción con los Pape­les del Pen­tá­gono y las con­se­cuen­cias de su publi­ca­ción gene­ra­ron un cam­bio de inter­pre­ta­ción radi­cal. Con­si­de­ro que las publi­ca­cio­nes de Wiki­Leaks de 2010 y 2011 tie­nen una impor­tan­cia com­pa­ra­ble», sos­tu­vo el exmilitar.

A la hora de inter­pe­lar a Ells­berg, el fis­cal Lewis inten­tó esta­ble­cer una com­pa­ra­ción entre su caso y el de Assan­ge. Según el fis­cal, en 1971 el exmi­li­tar había teni­do el cui­da­do de no publi­car cua­tro volú­me­nes de docu­men­tos para res­guar­dar al gobierno nor­te­ame­ri­cano. Pero sí había entre­ga­do todos los archi­vos al Sena­do. Sin embar­go, el ana­lis­ta acla­ró que al momen­to de dar con los docu­men­tos secre­to, Esta­dos Uni­dos y Viet­nam ya esta­ban en nego­cia­cio­nes de paz. Ells­berg no que­ría que la publi­ca­ción de los mis­mos se usa­ra como pre­tex­to para rom­per el diá­lo­go, por lo que demo­ró su entre­ga a los medios.

Res­pec­to al argu­men­to del fis­cal de que Assan­ge puso en ries­go la vida de infor­man­tes, el exmi­li­tar dijo que él tam­bién había dado infor­ma­ción sobre un agen­te clan­des­tino de la CIA. Jus­ti­fi­có esa deci­sión argu­men­tan­do que no que­ría que el públi­co pen­sa­ra que los archi­vos habían sido edi­ta­dos o inter­fe­ri­dos. Para demos­trar que el gobierno esta­ba come­tien­do atro­ci­da­des en Viet­nam, Ells­berg nece­si­tó que esos docu­men­tos se man­tu­vie­ran impo­lu­tos y que nadie pudie­ra decir que con su inter­ven­ción esta­ba encu­brien­do algo.

Lewis tam­bién inten­tó que Ells­berg admi­tie­ra que los archi­vos de Wiki­Leaks eran más dañi­nos que los Pape­les del Pen­tá­gono. Sin embar­go, el ana­lis­ta dijo que ya duran­te el jui­cio a Chel­sea Man­ning el Depar­ta­men­to de Defen­sa no había podi­do mos­trar una sola muer­te como resul­ta­do de esas fil­tra­cio­nes. El fis­cal men­cio­nó que algu­nos infor­man­tes habían teni­do que huir de sus paí­ses. Ells­berg pidió poner en dimen­sión lo que había hecho el perio­dis­ta aus­tra­liano. «Las per­so­nas que tie­nen que aban­do­nar el país deben ubi­car­se en el con­tex­to de Assan­ge tra­tan­do de poner fin a una gue­rra que cau­só 37 millo­nes de refu­gia­dos y más de un millón de muer­tes», sos­tu­vo el exmi­li­tar estadounidense.

17 de sep­tiem­bre – Día 8

John Slo­bo­da, cofun­da­dor de Iraq Body Count, una ONG inde­pen­dien­te dedi­ca­da a con­tar los ase­si­na­tos de civi­les en Irak, tes­ti­fi­có sobre su tra­ba­jo con Julian Assan­ge y Wiki­Leaks en los regis­tros de la gue­rra de Irak, publi­ca­dos en octu­bre de 2010. Slo­bo­da creó la ONG para dar­le «dig­ni­dad a la memo­ria de los ase­si­na­dos» por­que, según dijo, saber cómo mue­ren los seres que­ri­dos es una «nece­si­dad huma­na fun­da­men­tal». Tam­bién dijo que bus­ca­ba cola­bo­rar en «pro­ce­sos de ver­dad, jus­ti­cia y recon­ci­lia­ción». Los regis­tros de la gue­rra de Irak, un com­pen­dio de 400 mil infor­mes del ejér­ci­to de los Esta­dos Uni­dos, cons­ti­tu­ye­ron «la mayor con­tri­bu­ción al cono­ci­mien­to públi­co sobre las víc­ti­mas civi­les en Irak», ase­gu­ró Slo­bo­da. Los regis­tros per­mi­tie­ron lle­gar a una esti­ma­ción de 15 mil muer­tes que has­ta ese momen­to eran des­co­no­ci­das.

El acti­vis­ta cues­tio­nó la acu­sa­ción del gobierno de Esta­dos Uni­dos res­pec­to a que la divul­ga­ción de infor­ma­ción cla­si­fi­ca­da podría haber pues­to en peli­gro vidas ira­quíes o esta­dou­ni­den­ses. «Nun­ca pudie­ron demos­trar que una sola per­so­na se haya vis­to per­ju­di­ca­da sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te por la divul­ga­ción de estos datos», dijo Slo­bo­da. A su vez, ase­gu­ró que al hacer públi­ca esa infor­ma­ción, Man­ning y Assan­ge habían «cum­pli­do con un deber en nom­bre de las víc­ti­mas y del públi­co en gene­ral que el gobierno de Esta­dos Uni­dos no esta­ba contemplando».

Pos­te­rior­men­te la defen­sa lla­mó a Carey Shenk­man, abo­ga­do esta­dou­ni­den­se espe­cia­li­za­do en dere­chos huma­nos e his­to­ria­dor cons­ti­tu­cio­nal que tes­ti­fi­có por video­con­fe­ren­cia. Shenk­man tra­ba­jó para el falle­ci­do Michael Rat­ner, pre­si­den­te emé­ri­to del Cen­tro de Dere­chos Cons­ti­tu­cio­na­les que ase­so­ró a Wiki­Leaks. Shenk­man dio una cla­se de his­to­ria sobre el uso de la Ley de Espio­na­je. Expli­có que la mis­ma había sido crea­da en 1917 bajo la pre­si­den­cia de Woo­drow Wil­son, perío­do que defi­nió como uno de los más repre­si­vos en la his­to­ria del país. El abo­ga­do bus­có demos­trar en su ale­ga­to que la ley es «extra­or­di­na­ria­men­te amplia» y una de las más divi­si­vas de Esta­dos Uni­dos.

Según Shenk­man, los denun­cian­tes tie­nen el dere­cho humano a una defen­sa del inte­rés públi­co, y los hack­ti­vis­tas tam­bién. «El efec­to final de enjui­ciar y cen­su­rar a los edi­to­res es un daño inacep­ta­ble al libre flu­jo de infor­ma­ción, los dere­chos de acce­so a la infor­ma­ción y la liber­tad de expre­sión», agre­gó el abo­ga­do. Ade­más dijo al tri­bu­nal de Old Bai­ley que los perio­dis­tas en gene­ral se sen­tían cómo­dos para tra­ba­jar por­que su acti­vi­dad esta­ba pro­te­gi­da. Esto cam­bió bre­ve­men­te en 2010, cuan­do el gobierno de Oba­ma comen­zó a usar la Ley de Espio­na­je con­tra las fuen­tes y nom­bró al perio­dis­ta James Rosen como co-cons­pi­ra­dor en un caso de la Ley de Espio­na­je. Pero la avan­za­da de la admi­nis­tra­ción Trump mar­có un cam­bio impor­tan­te: «Lo que aho­ra con­clu­yen los perio­dis­tas y los edi­to­res en gene­ral es que cual­quier perio­dis­ta de cual­quier país del mun­do que trans­mi­ta secre­tos que no se ajus­ten a las posi­cio­nes polí­ti­cas de la admi­nis­tra­ción esta­dou­ni­den­se, pue­de ser acu­sa­do bajo la Ley de Espio­na­je de 1917″.

En el con­tra­in­te­rro­ga­to­rio, el fis­cal Clair Dob­bin, que repre­sen­ta a la Jus­ti­cia esta­dou­ni­den­se, le pre­gun­tó a Shenk­man: «¿Está de acuer­do con que un emplea­do del gobierno que roba infor­ma­ción sobre segu­ri­dad o defen­sa nacio­nal no ten­ga dere­cho a usar la Pri­me­ra Enmien­da como res­guar­do?». El abo­ga­do res­pon­dió que debía defi­nir­se a qué lla­ma­ba «robar». Y citó el recien­te fallo de la Cor­te de Ape­la­cio­nes del Noveno Cir­cui­to sobre las fil­tra­cio­nes de Edward Snow­den. «Le die­ron cré­di­to al Sr. Snow­den por esas divul­ga­cio­nes a pesar de que era un emplea­do del gobierno acu­sa­do de robar estas cosas», sos­tu­vo el activista.

Shenk­man y la fis­ca­lía tuvie­ron un des­acuer­do simi­lar sobre el uso del tér­mino «pira­te­ría». El fis­cal le pre­gun­tó: «¿Está dicien­do que la pira­te­ría de bases de datos del gobierno está pro­te­gi­da por la Pri­me­ra Enmien­da?». Shenk­man dijo que ten­dría que pre­gun­tar qué quie­re decir con «pira­te­ría», por­que la Ley de Abu­so y Frau­de Infor­má­ti­co en reali­dad no usa ese tér­mino, sino que se refie­re a «exce­sos en el acce­so no auto­ri­za­do». Fra­ses como «des­ci­frar una con­tra­se­ña» y «pira­tear una compu­tado­ra» sue­nan «ate­rra­do­ras», dijo Shenk­man, y sos­tu­vo que hay muchos mati­ces e inter­pre­ta­cio­nes que deben ser consideradas.

18 de sep­tiem­bre – Día 9

La jor­na­da comen­zó con el tes­ti­mo­nio del perio­dis­ta de inves­ti­ga­ción neo­ze­lan­dés Nicho­las Hager, autor de «Otras gue­rras popu­la­res: Nue­va Zelan­da en Afga­nis­tán, Irak y la gue­rra con­tra el terro­ris­mo». Hager dijo que los archi­vos mili­ta­res y diplo­má­ti­cos publi­ca­dos por Wiki­Leaks «aumen­ta­ron enor­me­men­te mi com­pren­sión de la con­duc­ción de la gue­rra. Hubie­ra sido impo­si­ble escri­bir el libro sin esas fuen­tes con­fi­den­cia­les y filtradas».

En su tes­ti­mo­nio escri­to, Hager sos­tu­vo: «En gene­ral, es impo­si­ble inves­ti­gar y escri­bir sobre la gue­rra sin acce­so a fuen­tes que las auto­ri­da­des intere­sa­das con­si­de­ran sen­si­bles, y más aún en el tema de los crí­me­nes de gue­rra«. El perio­dis­ta dijo en su defen­sa de Assan­ge que la infor­ma­ción cla­si­fi­ca­da era esen­cial para que el perio­dis­mo pue­da desem­pe­ñar su fun­ción de infor­mar al públi­co, posi­bi­li­tar la toma de deci­sio­nes demo­crá­ti­cas y disua­dir irre­gu­la­ri­da­des. Sobre Assan­ge espe­cí­fi­ca­men­te, el inves­ti­ga­dor dijo que com­par­tió mucho tiem­po con él, y que la per­so­na que cono­ció era muy dife­ren­te a la ima­gen mos­tra­da por los medios estadounidenses. 

Lue­go, la defen­sa leyó una decla­ra­ción de Jen­ni­fer Robin­son, abo­ga­da aus­tra­lia­na que ase­so­ra a Assan­ge des­de 2010. Robin­son rela­tó una reu­nión que obser­vó entre el excon­gre­sis­ta repu­bli­cano Dana Roh­ra­ba­cher y el ase­sor de Donald Trump, Char­les John­son, en la Emba­ja­da de Ecua­dor. Roh­ra­ba­cher había deja­do en cla­ro que fue a la emba­ja­da en nom­bre del pre­si­den­te Trump y que «ten­drían una audien­cia» con Trump a su regre­so a Washing­ton. El con­gre­sis­ta expli­có que que­ría resol­ver las denun­cias sobre la par­ti­ci­pa­ción rusa en la publi­ca­ción de Wiki­Leaks de las fil­tra­cio­nes del Comi­té Nacio­nal Demó­cra­ta de 2016. Dijo que esa infor­ma­ción era per­ju­di­cial para las rela­cio­nes entre ambos paí­ses por­que esta­ban revi­vien­do la Gue­rra Fría. 

Roh­ra­ba­cher pro­pu­so que Assan­ge iden­ti­fi­ca­ra la fuen­te de las publi­ca­cio­nes de 2016 «a cam­bio de algu­na for­ma de per­dón, garan­tía o acuer­do que bene­fi­cia­ría polí­ti­ca­men­te al pre­si­den­te Trump y evi­ta­ría la acu­sa­ción y extra­di­ción de Esta­dos Uni­dos». Assan­ge no pro­por­cio­nó nin­gu­na fuen­te de infor­ma­ción a Roh­ra­ba­cher. En cam­bio, el perio­dis­ta autra­liano y Robin­son ins­ta­ron al con­gre­sis­ta a plan­tear las impli­can­cias sobre la Pri­me­ra Enmien­da en cual­quier acu­sa­ción que pudie­ra lle­gar a hacer. La defen­sa reve­ló esta ofer­ta de indul­to para demos­trar la natu­ra­le­za poli­ti­za­da del pro­ce­sa­mien­to a Assan­ge. El hecho de que las denun­cias en su con­tra podían reti­rar­se si Assan­ge pro­por­cio­na­ba infor­ma­ción, y de que final­men­te se pre­sen­ta­ran des­pués de que el perio­dis­ta se nega­ra a hacer­lo, des­mien­te las afir­ma­cio­nes de la admi­nis­tra­ción Trump de que sim­ple­men­te estén tra­tan­do de escla­re­cer un deli­to, sos­tu­vo la defensa. 

Los abo­ga­dos de Assan­ge lue­go resu­mie­ron el tes­ti­mo­nio que Kha­led Al-Mas­ri había pre­sen­ta­do por escri­to a la jue­za. Al-Mas­ri denun­ció que fue secues­tra­do y tor­tu­ra­do por la CIA en 2003. Su decla­ra­ción fue obje­to de con­tro­ver­sia por­que la fis­ca­lía se había opues­to a admi­tir­la como prue­ba. Final­men­te se acor­dó per­mi­tir que se leye­ra un resu­men de la mis­ma siem­pre dejan­do en cla­ro que la fis­ca­lía no reco­no­cía que Al-Mas­ri había sido tor­tu­ra­do por el gobierno estadounidense. 

Al final de la jor­na­da, la defen­sa leyó par­tes de la decla­ra­ción de Dean Yates, quien era el jefe de la ofi­ci­na de la agen­cia Reuters en Bag­dad en el momen­to de los inci­den­tes mos­tra­dos en el video cono­ci­do bajo el nom­bre de Colla­te­ral Mur­der. Esta gra­ba­ción de junio de 2007 es par­te del mate­rial reve­la­do por Wiki­leaks en 2011. En el bru­tal video se pue­de ver cómo dos heli­cóp­te­ros esta­dou­ni­den­ses abren fue­go con­tra un gru­po de ira­quíes, ase­si­nan­do a 12 de ellos, inclui­dos dos cola­bo­ra­do­res de Reuters, Namir Noor-Eldeen y Saeed Chmagh

Yates rela­tó los esfuer­zos que había hecho ese día para ave­ri­guar qué suce­dió y el inten­to del gobierno nor­te­ame­ri­cano de blo­quear infor­ma­ción, inclu­yen­do el recha­zo de una soli­ci­tud de la Ley de Liber­tad de Infor­ma­ción para acce­der a los regis­tros visua­les. «Cuan­do el ejér­ci­to esta­dou­ni­den­se me mos­tró por pri­me­ra vez una par­te del video en 2007, se me había gra­ba­do en la men­te que la razón por la que el heli­cóp­te­ro abrió fue­go fue por­que Namir esta­ba miran­do a la esqui­na. Lle­gué a cul­par a Namir, pen­san­do que el heli­cóp­te­ro dis­pa­ró por­que pare­cía sos­pe­cho­so y sim­ple­men­te borró de mi memo­ria el hecho de que ya se había dado la orden de abrir fue­go. La úni­ca per­so­na que reco­gió esto fue Assan­ge. El día que mos­tró las cin­tas dijo que el heli­cóp­te­ro había abier­to fue­go por­que pidió per­mi­so y se le con­ce­dió. Dijo algo así como: –Si eso se basa en las reglas de com­ba­te, enton­ces las reglas de com­ba­te son inco­rrec­tas«.

Yates dijo que le resul­ta­ba impo­si­ble lidiar con el daño moral de cul­par injus­ta­men­te a Namir. «Sé que Namir y Saeed habrían per­ma­ne­ci­do en el olvi­do como esta­dís­ti­cas en una gue­rra que mató a innu­me­ra­bles seres huma­nos, posi­ble­men­te cien­tos de miles de civi­les. Si no hubie­ra sido por Chel­sea Man­ning y Julian Assan­ge, la ver­dad de lo que les suce­dió a Namir y Saeed, la ver­dad de lo que suce­dió en esa calle de Bag­dad el 12 de julio de 2007, no se habría dado a cono­cer al mun­do. Lo que Assan­ge hizo fue al cien por cien­to con­tar la ver­dad, expo­nien­do al mun­do lo que fue en reali­dad la gue­rra en Irak y cómo se com­por­ta­ron y min­tie­ron los mili­ta­res esta­dou­ni­den­ses. El video fue reco­gi­do por miles de orga­ni­za­cio­nes de noti­cias, lo que pro­vo­có la indig­na­ción y la con­de­na mun­dial de las tác­ti­cas mili­ta­res esta­dou­ni­den­ses en Irak», dijo el periodista. 

21 de sep­tiem­bre – Día 10

El pri­mer tes­ti­go de la ter­ce­ra sema­na del jui­cio de extra­di­ción a Assan­ge fue el pro­fe­sor ale­mán de infor­má­ti­ca Chris­tian Grothoff. Tres de los 18 car­gos con­tra Assan­ge lo acu­san espe­cí­fi­ca­men­te por publi­car cables del Depar­ta­men­to de Esta­do en 2011, pero Grothoff remar­có que otros medios los habían publi­ca­do pri­me­ro y sin embar­go no fue­ron pro­ce­sa­dos​por ello. Ade­más seña­ló que Wiki­Leaks se había toma­do el recau­do de cifrar los archi­vos. https://iframely.pagina12.com.ar/api/iframe?url=https%3A%2F%2Ftwitter.com%2Fcrystalbritches%2Fstatus%2F1308121701356630016&v=1&app=1&key=68ad19d170f26a7756ad0a90caf18fc1&playerjs=1

En el inte­rro­ga­to­rio, la fis­ca­lía inten­tó suge­rir que Wiki­Leaks había com­par­ti­do el archi­vo con los cables a los 50 medios con lo que se aso­ció para dar la infor­ma­ción en 2011. Grothoff dijo que no hay evi­den­cia de eso. Ade­más seña­ló que en el libro escri­to por el perio­dis­ta David Leigh, que par­ti­ci­pó en las publi­ca­cio­nes tra­ba­jan­do para The Guar­dian, mues­tran que Assan­ge era «rea­cio» a entre­gar el archi­vo sin editar.

Lue­go fue el turno de la perio­dis­ta Cas­san­dra Fair­banks, quien invo­lu­cró direc­ta­men­te al pre­si­den­te Donald Trump en la deten­ción de Assan­ge. En su decla­ra­ción, Fair­banks ase­gu­ró que el ase­sor de uno de los hijos de Trump, Arthur Sch­wartz, le con­tó que el enton­ces emba­ja­dor esta­dou­ni­den­se ante Ale­ma­nia y hoy direc­tor nacio­nal de Inte­li­gen­cia, Richard Gre­nell, faci­li­tó la deten­ción de Assan­ge en la emba­ja­da de Ecua­dor en Lon­dres, en abril de 2019. El fis­cal Joel Smith, en repre­sen­ta­ción de la Jus­ti­cia esta­dou­ni­den­se, recha­zó el tes­ti­mo­nio de la perio­dis­ta y seña­ló que no podía saber si lo que Sch­wartz le decía «era la verdad». 

«Sch­wartz me infor­mó que, al coor­di­nar para que saca­ran a Assan­ge de la emba­ja­da, el emba­ja­dor Gre­nell lo hizo bajo direc­tas órde­nes del pre­si­den­te«, sos­tu­vo la perio­dis­ta cono­ci­da por haber apo­ya­do a Trump y cola­bo­rar con sitios de noti­cias de extre­ma dere­cha en Esta­dos Uni­dos. Fair­banks mos­tró como prue­ba de sus dichos una con­ver­sa­ción tele­fó­ni­ca que man­tu­vo con Sch­wartz, a quien defi­nió como «la mano dere­cha» de Donald Trump Jr, el hijo mayor del man­da­ta­rio. «Sabía deta­lles muy espe­cí­fi­cos sobre un futu­ro enjui­cia­mien­to con­tra Assan­ge que lue­go se hicie­ron públi­cos y que solo aque­llos muy cer­ca­nos a la situa­ción habrían esta­do al tan­to», agregó.

Según pre­ci­só Fair­banks en su men­sa­je al tri­bu­nal lon­di­nen­se que juz­ga al perio­dis­ta autra­liano, Sch­wartz le dijo ya en octu­bre de 2018 que el gobierno de Esta­dos Uni­dos «entra­ría en la emba­ja­da ecua­to­ria­na en Lon­dres para dete­ner» a Assan­ge: «Cuan­do le res­pon­dí que entrar a la emba­ja­da de una nación sobe­ra­na para secues­trar a un asi­la­do polí­ti­co equi­val­dría a un acto de gue­rra, él me dijo: – No sí nos dejan entrar»

22 de sep­tiem­bre – Día 11

El doc­tor Michael Kopel­man, pro­fe­sor emé­ri­to de neu­ro­psi­quia­tría en el Ins­ti­tu­to de Psi­quia­tría del King’s Colle­ge de Lon­dres, subió al estra­do para dar tes­ti­mo­nio sobre sus visi­tas a Julian Assan­ge en pri­sión y sus eva­lua­cio­nes médi­cas. Según Kopel­man el perio­dis­ta, que había sido diag­nos­ti­ca­do con depre­sión clí­ni­ca y sín­dro­me de Asper­ger, corre­ría un alto ries­go de sui­ci­dio si fue­ra extra­di­ta­do a EEUU. Con­tó que el pro­pio acti­vis­ta aus­tra­liano, que sufre alu­ci­na­cio­nes, le ase­gu­ró haber escu­cha­do voces en la cár­cel de Bel­marsh que le repe­tían: «Eres pol­vo, estás muer­to, veni­mos a buscarte».

El pres­ti­gio­so médi­co obser­vó en Assan­ge «pér­di­da de sue­ño, pér­di­da de peso, una sen­sa­ción de preo­cu­pa­ción e impo­ten­cia como resul­ta­do de las ame­na­zas a su vida, el ocul­ta­mien­to de una hoja de afei­tar como medio para auto­le­sio­nar­se y cavi­la­cio­nes obse­si­vas sobre dis­tin­tas for­mas de come­ter sui­ci­dio«. En su pre­sen­ta­ción escri­ta ante el tri­bu­nal, Kopel­man afir­mó: «Estoy tan segu­ro como pue­de estar­lo un psi­quia­tra de que, en caso de una extra­di­ción inmi­nen­te, Assan­ge encon­tra­ría la for­ma de sui­ci­dar­se». Kopel­man revi­só los ante­ce­den­tes per­so­na­les, médi­cos y fami­lia­res de Assan­ge como fac­to­res en su deter­mi­na­ción, así como las obser­va­cio­nes que hizo en esas visi­tas. Tam­bién seña­ló que el reco­no­ci­do exper­to en autis­mo, el doc­tor Simon Baron-Cohen, des­cu­brió que el sui­ci­dio es nue­ve veces más pro­ba­ble en pacien­tes con sín­dro­me de Asper­ger.

Kopel­man men­cio­nó el artícu­lo 91 de la Ley de Extra­di­ción de 2003 del Rei­no Uni­do, que prohí­be la extra­di­ción si «la con­di­ción físi­ca o men­tal de la per­so­na es tal que sería injus­to u opre­si­vo extra­di­tar­lo». En tan­to, el artícu­lo 3 del Con­ve­nio Euro­peo de Dere­chos Huma­nos dice que «Nadie será some­ti­do a tor­tu­ras ni a penas o tra­tos inhu­ma­nos o degra­dan­tes». Ambos artícu­los fue­ron cita­dos en el caso de Lau­ri Love. En esa oca­sión, el tri­bu­nal supe­rior falló en con­tra de extra­di­tar a Love, estu­dian­te de cien­cias de la compu­tación del Rei­no Uni­do que tam­bién tie­ne sín­dro­me de Asper­ger, a Esta­dos Uni­dos por pre­sun­tos deli­tos infor­má­ti­cos. El tri­bu­nal falló a favor de Love por dos moti­vos: el foro judi­cial al que se lo bus­ca­ba tras­la­dar (Esta­dos Uni­dos, en lugar de Rei­no Uni­do, era el lugar equi­vo­ca­do para juz­gar­lo) y las con­di­cio­nes que enfren­ta­ría en una cár­cel esta­dou­ni­den­se. «Lle­ga­mos a la con­clu­sión de que la extra­di­ción del señor Love sería opre­si­va debi­do a su con­di­ción físi­ca y men­tal», con­clu­yó el tribunal.

Al inte­rro­gar al médi­co, el fis­cal James Lewis inten­tó minar la expe­rien­cia de Kopel­man en el tema, sugi­rien­do que como neu­ro­psi­quia­tra se ocu­pa de la inter­ac­ción entre la enfer­me­dad cere­bral y la salud men­tal y, por lo tan­to, no está lo sufi­cien­te­men­te cali­fi­ca­do para comen­tar sobre este caso. Kopel­man reci­bió el comen­ta­rio como un insul­to dijo que no «solo» es un neu­ro­psi­quia­tra y, de hecho, el pro­pio Lewis soli­ci­tó sus ser­vi­cios psi­quiá­tri­cos para un caso dife­ren­te, «por lo que es poco razo­na­ble» que aho­ra cues­tio­ne sus cali­fi­ca­cio­nes. Lewis lue­go sugi­rió que Kopel­man es «más un defen­sor que un psi­quia­tra», y tra­tó repe­ti­da­men­te de insi­nuar que Assan­ge está «fin­gien­do» o exa­ge­ran­do sus sín­to­mas para indu­cir un diag­nós­ti­co y evi­tar la extra­di­ción. El doc­tor bri­tá­ni­co dijo que era muy cons­cien­te de esa posi­bi­li­dad y que para ase­gu­rar­lo debe­ría hallar sig­nos de esa con­duc­ta, que nun­ca encon­tró en Assange.

Infor­me: Gui­do Miguel Vas­sa­llo y Juan Manuel Boccacci.



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