Chi­na. El Par­ti­do Comu­nis­ta está gene­ran­do nue­vos cen­tros loca­les de acogida

El dis­tri­to tec­no­ló­gi­co de Shenzhen, fren­te a la sede de Ten­cent, un con­glo­me­ra­do digi­tal gigan­te, el Par­ti­do Comu­nis­ta com­pi­te por la aten­ción. «Siga la fies­ta, comien­ce su nego­cio» está gra­ba­do en un cubo de aspec­to futu­ris­ta en la entra­da de un edi­fi­cio de dos pisos, sus pare­des rocia­das con pin­tu­ras de robots gigan­tes. En el ves­tí­bu­lo hay una esta­tua de tama­ño natu­ral de Mao Zedong, flan­quea­da por otros líde­res comu­nis­tas. Pero la mayo­ría de los visi­tan­tes pasan por alto la expo­si­ción sobre la his­to­ria de la fies­ta y se diri­gen direc­ta­men­te al piso de arriba.

El pen­sa­mien­to de Xi Jin­ping no es tan atrac­ti­vo como las cla­ses gra­tui­tas que se ofre­cen: cali­gra­fía, kick-boxing, pila­tes y zum­ba. Hay con­fe­ren­cias sobre desa­rro­llo pro­fe­sio­nal y com­pra de pro­pie­da­des en Shenzhen, una ciu­dad que limi­ta con Hong Kong y que es uno de los mer­ca­dos inmo­bi­lia­rios más caros del mun­do. A la hora del almuer­zo, los tra­ba­ja­do­res pue­den dis­fru­tar de masa­jes gra­tui­tos. “La mayo­ría de la gen­te encuen­tra que las sesio­nes de estu­dio sobre la his­to­ria del Par­ti­do Comu­nis­ta son dema­sia­do ári­das”, dice uno de los miem­bros del per­so­nal del cen­tro. “Pre­fie­ren asis­tir a cla­ses de yoga o con­fe­ren­cias sobre block­chain. Inclu­so cele­bra­mos un even­to de citas rápi­das recien­te­men­te en el que empa­re­ja­mos a 15 parejas «.

El edi­fi­cio es cono­ci­do como un «cen­tro de ser­vi­cios para las masas del par­ti­do». En los últi­mos años han pro­li­fe­ra­do en ciu­da­des, pue­blos y aldeas de todo el país. Ha sido el mayor esfuer­zo del par­ti­do para desa­rro­llar su infra­es­truc­tu­ra físi­ca en las bases en déca­das. En par­te, se pre­ten­de que sean «ven­ta­ni­llas úni­cas» en las que los luga­re­ños pue­dan acce­der a una amplia varie­dad de ser­vi­cios buro­crá­ti­cos que has­ta aho­ra pue­den haber reque­ri­do visi­tas a ofi­ci­nas guber­na­men­ta­les dis­tan­tes. En Shenzhen, don­de se les lla­ma “cen­tros de ser­vi­cio comu­ni­ta­rio” en inglés (qui­zás para ocul­tar sus víncu­los comu­nis­tas con extran­je­ros polí­ti­ca­men­te sen­si­bles), hay más de 1.000 de ellos. Uno está en el aero­puer­to de la ciu­dad. Ofre­ce karao­ke, un simu­la­dor de vue­lo y una biblio­te­ca de más de 3500 libros.

Sin embar­go, brin­dar entre­te­ni­mien­to y ayu­dar con el pape­leo del gobierno son fun­cio­nes secun­da­rias de estos cen­tros. Su obje­ti­vo prin­ci­pal es dar a los miem­bros ordi­na­rios del par­ti­do espa­cio para reu­nir­se y dis­cu­tir asun­tos como el pen­sa­mien­to de Xi Jin­ping y las últi­mas direc­ti­vas del par­ti­do. El des­man­te­la­mien­to de muchas empre­sas esta­ta­les en las déca­das de 1980 y 1990 des­po­jó al par­ti­do de gran par­te de su pre­sen­cia popu­lar. En los últi­mos años, ha esta­do luchan­do por recons­truir esto median­te la crea­ción de orga­ni­za­cio­nes par­ti­da­rias den­tro de empre­sas pri­va­das y ong.s. Pero estos sue­len estar for­ma­dos por unas pocas per­so­nas que care­cen de un con­tac­to regu­lar con los comi­tés del par­ti­do de alto nivel. Los cen­tros de ser­vi­cio ayu­dan a reu­nir los cuer­pos de los par­ti­dos dis­pa­res bajo un mis­mo techo y faci­li­tan su movi­li­za­ción cuan­do es nece­sa­rio, como para ayu­dar al públi­co duran­te los cie­rres rela­cio­na­dos con el covid. El del aero­puer­to se des­cri­be a sí mis­mo como un «hogar rojo» para casi 10,000 miem­bros del par­ti­do que tra­ba­jan en más de 30 nego­cios rela­cio­na­dos con el aero­puer­to. Tie­ne un salón de bai­le que tam­bién fun­cio­na como sala de reuniones.

Cons­truir y deco­rar estas ins­ta­la­cio­nes no ha sido bara­to. En los últi­mos dos años, un dis­tri­to de Dong­guan, una ciu­dad cer­ca­na a Shenzhen, ha gas­ta­do más de 190 millo­nes de yua­nes (unos 28 millo­nes de dóla­res) en ellos. Jia­yu­guan, una ciu­dad mucho menos prós­pe­ra a unos 3.000 kiló­me­tros al nores­te en el bor­de del desier­to de Gobi, ha bifur­ca­do una can­ti­dad simi­lar en los últi­mos cin­co años. Tam­po­co ha sido opcio­nal. Los avan­ces logra­dos en su cons­truc­ción se uti­li­zan para eva­luar el desem­pe­ño de los fun­cio­na­rios. Las ciu­da­des han espe­ci­fi­ca­do áreas míni­mas para su espa­cio de piso. En Shenzhen es de 650 metros cua­dra­dos para los veci­nos, o más de la mitad del tama­ño de una pis­ci­na olím­pi­ca. Pero a algu­nos fun­cio­na­rios les gus­ta ir más allá. Shenzhen cuen­ta con el mayor cen­tro de masas de par­ti­dos a nivel de barrio en la pro­vin­cia de Guang­dong, con 8.000 metros cuadrados.

Los fun­cio­na­rios tie­nen bue­nas razo­nes para mos­trar entu­sias­mo. Recons­truir el par­ti­do en las bases ha sido una prio­ri­dad para Xi des­de que asu­mió el car­go de líder de Chi­na en 2012. En via­jes fue­ra de la capi­tal, ha rea­li­za­do varias visi­tas a cen­tros de masas del par­ti­do. Duran­te uno de ellos en julio, en la ciu­dad noro­rien­tal de Chang­chun, para­fra­seó a Mao, dicien­do que el tra­ba­jo efi­caz en las bases era esen­cial para garan­ti­zar que el par­ti­do pue­da «sen­tar­se en la terra­za de pes­ca a pesar del vien­to y las olas cre­cien­tes» —en otras pala­bras, man­ten­ga su con­trol sobre el poder.

En ciu­da­des cos­mo­po­li­tas como Shenzhen, impli­ca ape­lar a una éli­te joven cono­ce­do­ra de la tec­no­lo­gía que tie­ne poco tiem­po para un estu­dio serio de la ideo­lo­gía del par­ti­do. De ahí el esfuer­zo por atraer a las per­so­nas con ser­vi­cios como ase­so­ra­mien­to gra­tui­to sobre la pues­ta en mar­cha de una empre­sa. Ryan Manuel de Offi­cial Chi­na, una fir­ma de inves­ti­ga­ción, com­pa­ra los nue­vos cen­tros con igle­sias en ciu­da­des occi­den­ta­les que brin­dan a los ocu­pa­dos pro­fe­sio­na­les un sen­ti­do de comu­ni­dad al orga­ni­zar acti­vi­da­des depor­ti­vas y cla­ses noc­tur­nas. En ambos casos, el obje­ti­vo prin­ci­pal sigue sien­do ins­pi­rar la fe: en Dios en las igle­sias o en la fies­ta en los centros.

Inclu­so según la admi­sión del par­ti­do, los nue­vos cen­tros, a pesar de ser acla­ma­dos como la “pri­me­ra línea roja”, no siem­pre fun­cio­nan como se espe­ra­ba. Un artícu­lo publi­ca­do en 2018 por el sitio web del People’s Daily , el prin­ci­pal por­ta­voz del par­ti­do, decía que muchos cen­tros eran «cás­ca­ras vacías». En algu­nos luga­res, «el hard­wa­re es ele­gan­te, pero el ser­vi­cio no coin­ci­de y el núme­ro de visi­tan­tes es bajo», lamen­tó un fun­cio­na­rio del con­da­do cer­ca de Kun­ming en otro artícu­lo en línea. En los luga­res don­de los edi­fi­cios esta­ban vacíos, escri­bió, los ciu­da­da­nos tam­bién esta­ban des­pro­vis­tos de «satis­fac­ción y felicidad».

Pero el par­ti­do no tie­ne que preo­cu­par­se por atraer reclu­tas, cuyas cere­mo­nias de jura­men­to a menu­do se lle­van a cabo en los nue­vos cen­tros. En 2018, solo alre­de­dor del 10% de los soli­ci­tan­tes fue­ron acep­ta­dos para unir­se al par­ti­do, que tie­ne más de 90 millo­nes de miem­bros. “A pesar de que el par­ti­do tra­ta de ser más inclu­si­vo y lle­gar a más per­so­nas, el par­ti­do en sí sigue sien­do muy selec­ti­vo en el reclu­ta­mien­to de miem­bros”, dice Feng Chu­cheng de Ple­num, una fir­ma de inves­ti­ga­ción. El par­ti­do quie­re a los bri­llan­tes tra­ba­ja­do­res tec­no­ló­gi­cos de Shenzhen, pero solo a aque­llos que cum­pli­rán con sus órde­nes sin cues­tio­nar. Las habi­li­da­des de karao­ke no con­fie­ren nin­gu­na ventaja.

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