Argen­ti­na. Los apropiadores

Por Gui­ller­mo Cie­za, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 18 de sep­tiem­bre de 2020.

En las últi­mas sema­nas un vie­jo fan­tas­ma reco­rre la Argen­ti­na: los ocu­pan­tes ile­ga­les de tie­rras, los apro­pia­do­res.
La par­te de nues­tra socie­dad que cons­tru­ye su per­cep­ción de lo que ocu­rre en el país, a par­tir de lo que le infor­man los gran­des medios de pren­sa, ha lle­ga­do a con­ven­cer­se de que el mayor ries­go para sus vidas no es la epi­de­mia que pone en ries­go su salud, la fra­gi­li­dad de sus eco­no­mías fami­lia­res, o la posi­bi­li­dad cier­ta de per­der sus empleos o empeo­rar sus con­di­cio­nes labo­ra­les, sino de que en el patio de su casa se ins­ta­le una fami­lia de indi­gen­tes o ladro­nes. Los prin­ci­pa­les cana­les de tele­vi­sión satu­ran con ima­ge­nes que docu­men­tan estos supues­tos robos de tie­rras y se lamen­tan por la suer­te de los propietarios.

El gobierno nacio­nal se ha pues­to a tono con la supues­ta ame­na­za y ha con­de­na­do las ocu­pa­cio­nes de tie­rras para vivien­da carac­te­ri­zán­do­las como ile­ga­les, y ame­na­zan­do a los ocu­pan­tes en dis­tin­tos tonos, que van del dis­cur­so y acción poli­cial pato­te­ril, enca­be­za­do por el Minis­tro de Segu­ri­dad Bonae­ren­se Ser­gio Ber­ni, a la más repo­sa­da adver­ten­cia pro­nun­cia­da por la Minis­tra de Jus­ti­cia Sabi­na Frediric.

En un momen­to polí­ti­co pro­pi­cio para dis­cu­tir los resul­ta­dos de las polí­ti­cas neo­li­be­ra­les sobre el sis­te­ma sani­ta­rio, o la refir­ma­ción del carac­ter esen­cial de los tra­ba­ja­do­res que garan­ti­zan la con­ti­nui­dad de la repro­duc­ción de la vida duran­te la pan­de­mia, la dere­cha impo­ne su agen­da y avan­za en la bata­lla ideo­ló­gi­ca. Han con­ven­ci­do a muchos de que el bien más pre­cia­do es la pro­pie­dad pri­va­da y la mayor ame­na­za es la inseguridad.

La cues­tión de la apro­pia­cion de tie­rras por par­te de par­ti­cu­la­res, sin embar­go, es un tema que mere­ce aten­ción. Podría arries­gar­se inclu­so que la apro­pia­ción de tie­rras es un ras­go dis­tin­ti­vo de la his­to­ria de este país y aún antes que se cons­ti­tu­ye­ra como Nación Argentina.

Cuan­do lle­gó la inva­sión espa­ño­la a estos terri­to­rios, se encon­tra­ron con un lugar sin oro, ni pla­ta, ni per­las, y cuyos úni­cos atrac­ti­vos para su ava­ri­cia saquea­do­ra eran los cue­ros de ani­ma­les, algu­nas pro­duc­cio­nes vege­ta­les y la posi­bi­li­dad de dis­po­ner de un buen puer­to de ultra­mar, que jus­ti­fi­có la edi­fi­ca­ción de Bue­nos Aires. Con rique­zas tan aco­ta­das, fue evi­den­te que, des­de un prin­ci­pio, quien qui­sie­ra ganan­cias más alla de las que pro­por­cio­na­ba el puer­to, la úni­ca posi­bi­li­dad era dispu­tar­le tie­rras a los ori­gi­na­rios. Al prin­ci­pio como cotos de caza, des­pués como luga­res de repro­duc­ción del ganado.

Al pro­du­cir­se la revo­lu­ción inde­pen­den­tis­ta, mien­tras nues­tro pue­blo se juga­ba en ges­tas libe­ra­do­ras y que lle­va­ron a la inde­pen­den­cia a otras nacio­nes, Riva­da­via y los usu­re­ros por­te­ños con­traían el prés­ta­mo de Baring Brothers con la garan­tía de tie­rras aje­nas, que des­pués repar­ti­rian con la lla­ma­da Ley de Enfi­teu­sis, para cimen­tar el naci­mien­to de la oli­gar­quía agro­pe­cua­ria. Pasa­do los tiem­pos de las luchas inde­pen­den­tis­tas, cuan­do los pue­blos ori­gi­na­rios fue­ron par­te de esas luchas o valo­ra­dos como alia­dos, y ya cons­ti­tuí­do el Esta­do oli­gár­qui­co vol­vie­ron los des­po­jos de tierras.

La his­to­ria del desa­rro­llo del capi­ta­lis­mo en este país, tuvo enton­ces, des­de épo­cas colo­nia­les el eje ver­te­bra­dor de la acu­mu­la­ción por des­po­se­sión de tie­rras. Esa acu­mu­la­ción tuvo carac­te­ris­ti­cas par­ti­cu­la­res, por­que cuan­do se repar­tió la tie­rra roba­da a los ori­gi­na­rios siem­pre que­dó en pocas manos. No hubo Leyes de Indias como las que pro­mo­vian el desa­rro­llo de la media­na y peque­ña pro­pie­dad en luga­res de fron­te­ra como ocu­rrio en la Ban­da Orien­tal y Para­guay, ni pre­mios a los colo­nos con peque­ñas exten­sio­nes de tie­rras como ocu­rrió en el Oes­te de Esta­dos Uni­dos. La tie­rra que­dó en manos de los gene­ra­les, los poli­ti­cos y los finan­cis­tas de la invasión.

En la Argen­ti­na no exis­tie­ron leyes de Refor­ma Agra­ria como si exis­tie­ron en Mexi­co, Bra­sil, Chi­le, Perú, etc. Lo más avan­za­do fue un pro­yec­to pre­sen­ta­do por el el dipu­tado radi­cal intran­si­gen­te Luis Mac Kay para refor­mar la diná­mi­ca del Con­se­jo Agra­rio Nacio­nal duran­te el pri­mer gobierno pero­nis­ta que, acom­pa­ña­do por el ofi­cia­lis­mo, con­si­guió media san­ción en Dipu­tados pero que no se tra­tó en Sena­do­res. Este pro­yec­to pro­po­nía «esta­ble­cer como úni­ca base de expro­pia­ción la valua­ción fis­cal de los mis­mos» para supri­mir «los fac­to­res de espe­cu­la­ción para la adqui­si­ción de los gran­des fun­dos» y faci­li­tar «a los agri­cul­to­res la com­pra de los lotes sin más exi­gen­cia eco­nó­mi­ca que su acti­tud pro­duc­ti­va». La pro­me­sa elec­to­ral de dar la tie­rra a quien la tra­ba­ja, que­dó redu­ci­da a unas pocas expro­pia­cio­nes, y quien efec­ti­va­men­te apor­tó a la modi­fi­ca­ción de la tenen­cia de la tie­rra, fue la La Ley de arren­da­mien­tos 13.246, san­cio­na­da en 1948, ya que por sus efec­tos de pro­lon­gar y con­ge­lar los alqui­le­res, faci­li­tó que muchos arren­da­ta­rios pudie­ran adqui­rir sus tie­rras en los años sub­si­guien­tes. La ley fue dero­ga­da en 1966, por un decre­to de la dic­ta­du­ra de Onganía.

A fina­les de la dic­ta­du­ra mili­tar ini­cia­da en 1976, se desa­rro­lla­ron tomas de tie­rras para vivien­das efec­tua­das por fami­lias sin techo, muchas de las cua­les eran dam­ni­fi­ca­das por la cons­truc­ción de las gran­des auto­pis­tas en Capi­tal Fede­ral. La pri­me­ra de estas tomas la enca­be­zó el cura Raul Berar­do en 1982, en el Par­ti­do de Quil­mes, crean­do el asen­ta­mien­to El Tala. El nom­bre de «asen­ta­mien­to» tie­ne ori­gen bíbli­co y hace a refe­ren­cia a los luga­res don­de se asen­tó el pue­blo judío des­pues de su hui­da de Egip­to. En los asen­ta­mien­tos de la zona Sur del conur­bano tuvo mucha inci­den­cia un gru­po de sacer­do­tes que per­te­ne­cían al obis­pa­do de Jor­ge Novack y que adhe­rían a la teo­lo­gía de la libe­ra­ción o a posi­cio­nes pro­gre­sis­tas en la igle­sia. Tam­bién en la zona oes­te del conur­bano se desa­rro­lla­ron asen­ta­mien­tos con influen­cias de reli­gio­sos. En uno de ellos «El Tam­bo», sur­ge el diri­gen­te social Luis D´ Elia.

El cre­ci­mien­to de los asen­ta­mien­tos tuvo su apo­geo duran­te los años 84 y 85 en pro­vin­cia de Bue­nos Aires, don­de cre­ció la movi­li­za­ción y el recla­mo por la lega­li­za­cion de las vivien­das. Duran­te la gober­na­ción de Cafie­ro, que incluía un gabi­ne­te pro­gre­sis­ta con Luis Bru­na­ti como Minis­tro de Gobierno y Flo­ren­cio Ferra­ra como Minis­tro de Salud, se apro­ba­ron medi­das de regu­la­ri­za­cion domi­neal que per­mi­tie­ron que más de dos­cien­tas mil fami­lias lega­li­za­ran la pose­sion de sus vivien­das. Esta regu­la­ri­za­ción lle­gó pos­te­rior­men­te al ámbi­to nacio­nal con la Ley 24374 .
Los asen­ta­mien­tos son una expre­sión de la lucha de cla­ses y de la his­to­ria de lucha de nues­tro pue­blo, con sus pro­pios már­ti­res como Agus­tín Rami­rez, ase­si­na­do en en 1988. Duran­te muchos años, al menos las corrien­tes pro­gre­sis­tas del pero­nis­mo rei­vin­di­ca­ban esos hechos.
La dere­cha argen­ti­na, que duran­te la ges­tión Macri, ven­dió terre­nos y pro­pie­da­des a pre­cio vil entre sus ami­gos, es cohe­ren­te con su posi­ción his­tó­ri­ca cuan­do se opo­ne a los asen­ta­mien­tos. Des­de su pers­pec­ti­va, los úni­cos con dere­cho a apro­piar­se de tie­rras son los oligarcas.

En la actua­li­dad el gobierno nacio­nal se deja impo­ner la agen­da de la dere­cha, y tam­bién repli­ca dis­cur­sos de la dere­cha, con la demo­ni­za­ción de las ocu­pa­cio­nes.
Final­men­te, y como corres­pon­de a un mun­do sumer­gi­do en una cri­sis civi­li­za­to­ria, cada medi­da de polí­ti­cas públi­cas debe medir­se por sus con­se­cuen­cias ambien­ta­les y epidemiológicas.

En ple­na epi­de­mia del Covid deben valo­rar­se el impac­to del haci­na­mien­to en las vivien­das. No es el úni­co índi­ce, pero es ilus­tra­ti­vo que en Vene­zue­la un pais con trein­ta millo­nes de habi­tan­tes, don­de se cons­tru­ye­ron dos millo­nes de vivien­das popu­la­res, con cifras de ocu­pa­ción por vivien­da ape­nas supe­rior a 3 per­so­nas, al dia de la fecha, hay sólo 64.284 infec­ta­dos y 520 muer­tos. Y tam­bien es ilus­tra­ti­vo que en su veci­na Colom­bia, don­de el gobierno repri­me asen­ta­mien­tos y no invier­te en vivien­das popu­la­res, con 50 millo­nes de habi­tan­tes hay 743,945 infec­ta­dos y 23665 muer­tos.
Los asen­ta­mien­tos, pro­ta­go­ni­za­dos fun­da­men­tal­men­te por matri­mo­nios jóve­nes que tra­tan de salir de vivien­das que com­par­ten con sus pro­pias fami­lias, son tam­bién una for­ma de esca­par del hacinamiento.

Un gobierno que se decla­ra nacio­nal y popu­lar y que rei­vin­di­ca a Eva Perón, que decía «don­de hay una nece­si­dad hay un dere­cho», debe­ría aver­gon­zar­se de la posi­ción que toma fren­te a los asen­ta­mien­tos. Ade­más, des­de lo epi­de­miolo­gi­co, resul­ta gra­ví­si­mo que la úni­ca res­pues­ta de un gobierno que no eje­cu­ta pla­nes de vivien­das popu­la­res, sea el des­alo­jo forzado.

Itu­rria /​Fuen­te

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