Puer­to Rico. El voto a veces sir­ve

Por Manuel de J. Gon­zá­lez*, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 16 de sep­tiem­bre de 2020.

Antes de una elec­ción gene­ral siem­pre se desa­rro­llan cam­pa­ñas publi­ci­ta­rias para que la gen­te vaya a votar. Este año aún no se escu­cha la que debie­ra hacer la Comi­sión Esta­tal de Elec­cio­nes (CEE), pero a juz­gar por lo que ve las redes socia­les y en los medios de pren­sa, pue­de que no haga fal­ta. Los lla­ma­dos a ins­cri­bir­se y a salir a votar se escu­chan por doquier de par­te de per­so­nas pri­va­das y figu­ras públi­cas, pre­sen­tan­do el voto como el medio para nues­tra sal­va­ción. Si vota­mos podría­mos aca­bar de una vez con el bipar­ti­dis­mo, la corrup­ción y otro mon­tón de males socia­les. “Hay que sacar­la para poder sacar­los”, se dice, con refe­ren­cia a la tar­je­ta que nos per­mi­ti­ría par­ti­ci­par.

No creo que el voto sir­va para tan­to, sobre todo en el país que nos ha toca­do vivir. Pero no hay duda que en deter­mi­na­das oca­sio­nes pue­de ser impor­tan­te y, repa­san­do lo que últi­ma­men­te hemos sufri­do, pare­ce que esta­mos ante una de esas.

Los puer­to­rri­que­ños lle­va­mos siglos votan­do. Las pri­me­ras vota­cio­nes en el últi­mo siglo del régi­men colo­nial espa­ñol fue­ron espo­rá­di­cas y muy limi­ta­das. Sólo un puña­do par­ti­ci­pa­ba. Tras la ocu­pa­ción esta­dou­ni­den­se de 1898 comen­za­mos a votar con mayor ampli­tud a par­tir de la impo­si­ción del Acta Fora­ker en 1900. Des­de enton­ces nun­ca se ha cesa­do.

En nin­gu­na de esa lar­ga lis­ta de ejer­ci­cios elec­to­ra­les el pue­blo puer­to­rri­que­ño ha vota­do por quie­nes efec­ti­va­men­te nos gobier­nan. Has­ta 1948 las vota­cio­nes sólo ser­vían para selec­cio­nar legis­la­do­res. El gober­na­dor lo nom­bra­ba el pre­si­den­te de Esta­dos Uni­dos y, aun­que con­tá­ba­mos con una legis­la­tu­ra elec­ta por voto popu­lar, el Con­gre­so esta­dou­ni­den­se apro­ba­ba legis­la­ción a su anto­jo. En el año antes men­cio­na­do se auto­ri­zó el votó por el gober­na­dor, pero el poder para legis­lar sin limi­ta­cio­nes siguió estan­do allá. La Cons­ti­tu­ción de 1952 no cam­bió en lo abso­lu­to ese hecho fun­da­men­tal. El gober­na­dor y la legis­la­tu­ra que sal­gan de las elec­cio­nes de 2020 ten­drán que ren­dir­le cuen­tas a la Jun­ta de Con­trol Fis­cal que impu­so el Con­gre­so, y todos segui­re­mos con­di­cio­na­dos por lo que otros deci­dan a miles de millas de dis­tan­cia.

¿Y si no vota­mos para ele­gir a los que real­men­te man­dan, vale la pena votar? El recuen­to ante­rior nos demues­tra que el valor de nues­tro voto siem­pre será rela­ti­vo y depen­de­rá de las cir­cuns­tan­cias de cada momen­to aumen­tar o redu­cir esa valo­ra­ción. En 1964 el Movi­mien­to Pro Inde­pen­den­cia (MPI) lla­mó a una “huel­ga elec­to­ral”. No fue un sim­ple retrai­mien­to, sino una cam­pa­ña acti­va de recha­zo a las elec­cio­nes de ese año, cuan­do la hege­mo­nía del PPD, eri­gi­do casi en par­ti­do úni­co, con­ver­tía el voto en un ritual inú­til. Se que­ría, ade­más, uti­li­zar el ambien­te elec­to­ral para lan­zar un alda­bo­na­zo de con­cien­cia al inde­pen­den­tis­mo, que en las elec­cio­nes ante­rio­res había caí­do en la mar­gi­na­ción. De aque­lla cam­pa­ña el MPI salió con más fuer­za y más mili­tan­cia. Una déca­da des­pués la mis­ma orga­ni­za­ción que lla­mó al boi­cot, tras­for­ma­da en Par­ti­do Socia­lis­ta Puer­to­rri­que­ño (PSP), se ins­cri­bió como par­ti­do elec­to­ral y par­ti­ci­pó en las elec­cio­nes de 1976 por­que enton­ces enten­dió que esa par­ti­ci­pa­ción bene­fi­cia­ba la lucha que desa­rro­lla­ba.

Ade­más de ver las elec­cio­nes como un esce­na­rio que, depen­dien­do como se par­ti­ci­pa, pue­de ayu­dar a ade­lan­tar obje­ti­vos a más lar­go pla­zo (que en el caso del MPI-PSP era la inde­pen­den­cia de Puer­to Rico) es inne­ga­ble que los fun­cio­na­rios que allí se eli­gen cada cua­tro años afec­tan la vida de todos los puer­to­rri­que­ños. Su poder es limi­ta­do, pero sufi­cien­te para hacer­nos la vida un poco hala­ga­do­ra o más mise­ra­ble.

El cua­trie­nio que está por ter­mi­nar evi­den­cia que las ramas del gobierno puer­to­rri­que­ño, con todo lo que tie­nen de colo­nial, eje­cu­ta fun­cio­nes impor­tan­tes y, por tan­to, nos debe preo­cu­par quié­nes esta­rán al man­do. Lue­go del azo­te del hura­cán María, de los terre­mo­tos que afec­ta­ron el sur­es­te y la pan­de­mia en la que aún esta­mos inmer­sos, la impor­tan­cia de con­tar con fun­cio­na­rios guber­na­men­ta­les hones­tos y media­na­men­te efi­cien­tes está a la vis­ta de todos. La terri­ble penu­ria que todos sufri­mos tras el hura­cán estu­vo ali­men­ta­da por la incom­pe­ten­cia y la corrup­ción públi­ca. Tam­bién de éstas nace la impro­vi­sa­ción fren­te a la pan­de­mia, la limi­ta­da dis­po­ni­bi­li­dad de prue­bas y el tra­ta­mien­to cri­mi­nal a los des­em­plea­dos.

Ade­más del gobierno cen­tral, tam­bién se ha demos­tra­do la impor­tan­cia de con­tar con legis­la­do­res capa­ces y hones­tos. Juan Dal­mau y Denis Már­quez – dos de los mejo­res legis­la­do­res que he vis­to en muchos años – demos­tra­ron en este cua­trie­nio que a veces se pue­de hacer bas­tan­te, aun­que se luche des­de la sole­dad.

En suma, nun­ca se pue­de per­der de vis­ta que el voto que vamos a emi­tir el pró­xi­mo 3 de noviem­bre no nos sir­ve para ele­gir a quie­nes real­men­te nos gobier­nan, pero aún con esa enor­me limi­ta­ción, pode­mos uti­li­zar­lo para inten­tar ali­viar nues­tras penu­rias. En esa elec­ción, ade­más, en otro ejem­plo de abu­so de poder, el PNP nos con­vo­ca a votar Sí o No a la ane­xión. Sabe­mos que es otro ple­bis­ci­to incon­se­cuen­te, impues­to a la trá­ga­la para tra­tar de lle­var sus fie­les a las urnas, pero si de todos modos vamos a ir a una case­ta de vota­ción apro­ve­cha­re­mos para decir que NO.

*Fuen­te: Cla­ri­dad

Itu­rria /​Fuen­te

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