Perú. Demo­cra­ti­ce­mos el trabajo

Por Mabel Zama­lloa, Resu­men Latinoamericano,11 sep­tiem­bre 2020.

El tra­ba­jo en el Esta­do peruano es ¿un dere­cho uni­ver­sal o se halla subor­di­na­do al libre jue­go de la ofer­ta y deman­da? El timón de la vida en socie­dad no es la bio­lo­gía, la razón, adap­ta­ción, el alma, es el tra­ba­jo, “Es base del bien­es­tar social y un medio de rea­li­za­ción de la persona”[1] huma­na, y es el Esta­do que debe garan­ti­zar su orga­ni­za­ción, orde­na­ción jurí­di­ca y polí­ti­ca, pre­ser­van­do la segu­ri­dad, salud y bien­es­tar del tra­ba­ja­dor, por­que “El tra­ba­jo, en sus diver­sas moda­li­da­des, es obje­to de aten­ción prio­ri­ta­ria del Estado…”[2], de lo con­tra­rio ¿cómo el hom­bre vive?, ¿cómo logra satis­fa­cer sus nece­si­da­des pri­ma­rias (ali­men­ta­ción, salud, vivien­da, ves­ti­do, o secundarias(recreación)?, ¿cómo crea cul­tu­ra?, ¿cómo pro­gre­sa la socie­dad?, es con el trabajo.

Sin embar­go, el tra­ba­jo se efec­túa en fun­ción al régi­men de la eco­no­mía polí­ti­ca que el Esta­do está imple­men­tan­do, en el caso peruano es el sis­te­ma capi­ta­lis­ta, reco­no­ci­da legal­men­te con la deno­mi­na­ción de “eco­no­mía social de mercado”[3], tam­bién cono­ci­do con el eufe­mis­mo de “capi­ta­lis­mo social”, se tra­ta del capi­ta­lis­mo más sal­va­je que puso en vigen­cia la pri­ma­cía de la “ini­cia­ti­va privada”[4] o las polí­ti­cas de pri­va­ti­za­ción, con un amplio pre­do­mi­nio de la empre­sa pri­va­da, liber­tad eco­nó­mi­ca o libre com­pe­ten­cia, el Art. 58 de la Cons­ti­tu­ción Polí­ti­ca del Perú de 1993, esta­ble­ce: “Bajo este régi­men, el Esta­do orien­ta el desa­rro­llo del país, y actúa prin­ci­pal­men­te en las áreas de pro­mo­ción de empleo, salud, edu­ca­ción, segu­ri­dad, ser­vi­cios públi­cos e infra­es­truc­tu­ra”. De esta mane­ra se abren las puer­tas a la ofer­ta y deman­da en el área labo­ral, es decir, a la com­pra-ven­ta del tra­ba­jo, ¿qué ven­de el tra­ba­ja­dor?, su capa­ci­dad, su fuer­za de tra­ba­jo, se for­ma­li­za a tra­vés de un con­tra­to labo­ral, u otra moda­li­dad entre empre­sa­rio capi­ta­lis­ta y trabajador.

En esta lógi­ca, el tra­ba­ja­dor tie­ne el atri­bu­to social de la “liber­tad de trabajo”[5] de deci­dir si quie­re tra­ba­jar subor­di­na­do o no, de ser con­tra­ta­do, y dar el cese labo­ral si quie­re; pero el sig­ni­fi­ca­do explí­ci­to es que el empre­sa­rio capi­ta­lis­ta nece­si­ta de la capa­ci­dad, fuer­za de tra­ba­jo del tra­ba­ja­dor para obte­ner mayor ganan­cia, al ser con­tra­ta­do por el sala­rio míni­mo de 930 soles (US$275) al mes (tiem­po de su jor­na­da labo­ral), se halla en pose­sión del empre­sa­rio capi­ta­lis­ta y se con­vier­te en una pie­za más en el pro­ce­so de pro­duc­ción de bie­nes o ser­vi­cios, por ello es deno­mi­na­do de “fac­tor de pro­duc­ción”, o “capi­tal humano”, total­men­te des­po­ja­do de los dere­chos socia­les, como CTS(pensión por jubi­la­ción o cese), vaca­cio­nes, esta­bi­li­dad labo­ral, una remu­ne­ra­ción dig­na, sin­di­ca­li­zar­se, etc., se refle­ja en el D.Leg. 728, regu­la el régi­men de la acti­vi­dad pri­va­da, pro­mul­ga­do el 8 de noviem­bre de 1991, se reco­no­ce que, se “rela­ti­vi­zó la esta­bi­li­dad labo­ral abso­lu­ta, se otor­gó la posi­bi­li­dad de cele­brar con­tra­tos de tra­ba­jo de natu­ra­le­za tem­po­ral, acci­den­tal y con­tra­tos para obra o ser­vi­cios y se amplió las cau­sa­les obje­ti­vas para la extin­ción del con­tra­to de tra­ba­jo, inclu­yen­do la posi­bi­li­dad de ceses colec­ti­vos” [6].

Más toda­vía un caso que estre­me­ció al Perú, fue el incen­dio en la gale­ría comer­cial Nico­li­ni, en el cen­tro de Lima, del año 2017, reve­ló que a la fal­ta de polí­ti­cas de pro­mo­ción de empleo, a la ausen­cia de polí­ti­cas de asis­ten­cia labo­ral en favor del tra­ba­ja­dor por el Esta­do, el des­po­jo de todo dere­cho, el tra­ba­ja­dor es pre­sa fácil de la pre­ca­rie­dad labo­ral, Jor­ge Luis Hua­mán Villa­lo­bos, de 19 años, y Jovi Herre­ra Ala­nia, de 21 años, eran dos de los cua­tro tra­ba­ja­do­res falle­ci­dos, labo­ra­ban ence­rra­dos en un con­te­ne­dor, obte­nían como retri­bu­ción un dólar la hora, en con­di­cio­nes que lle­ga a nive­les de esclavitud:

Se dedi­ca­ban a adul­te­rar eti­que­tas de tubos fluo­res­cen­tes de mala cali­dad, que empa­que­ta­ban en cajas de mar­cas cono­ci­das. Pos­te­rior­men­te, estas fal­si­fi­ca­cio­nes eran ven­di­das en las gale­rías y cen­tros ferre­te­ros de la zona.
Ambos tra­ba­ja­ban des­de la maña­na has­ta la noche, todos los días de la sema­na. Para impe­dir que roba­ran o fue­ran des­cu­bier­tos por los ins­pec­to­res muni­ci­pa­les, per­ma­ne­cían ence­rra­dos con lla­ve duran­te toda la jor­na­da. En los con­te­ne­do­res no había baños y solo tenían una pau­sa de 30 minu­tos a medio­día, para comer. Gana­ban menos de un dólar la hora[7].

La prác­ti­ca polí­ti­ca de la dere­cha perua­na es hipó­cri­ta, mien­tras la espu­ria Cons­ti­tu­ción de 1993 con­so­li­da los dere­chos de los ricos, y a par­tir de ella se pro­mul­gan dere­chos reales, efec­ti­vos a fin de favo­re­cer a los empre­sa­rios capi­ta­lis­tas (o bur­gue­sía), a los ciu­da­da­nos de aba­jo (o tra­ba­ja­do­res) se pro­cla­man dere­chos pura­men­te for­ma­les, “dere­cho al tra­ba­jo”, “dere­cho a la salud”, “remu­ne­ra­ción dig­na”, “dere­cho a la edu­ca­ción”, “dere­cho a las ocho horas de tra­ba­jo”, cuan­do los perua­nos tra­ba­jan más de 40 horas sema­na­les, así lo esta­ble­ce RPP: “Las horas corren y detrás de las lunas de los ban­cos y de las empre­sas en Lima se obser­va al per­so­nal de ofi­ci­na aún tra­ba­jan­do. Las esta­dís­ti­cas mues­tran que el peruano pasa 10 horas en pro­me­dio al día en su cen­tro de tra­ba­jo, lo cual, según los están­da­res inter­na­cio­na­les, sobre­pa­sa el lími­te de tiem­po reco­men­da­do que una per­so­na debe­ría trabajar”[8].

El sis­te­ma capi­ta­lis­ta o régi­men de eco­no­mía social de mer­ca­do pro­mue­ve la más vil explo­ta­ción al tra­ba­ja­dor (emplea­do, pre­ca­rio), debi­do a la limi­ta­ción al acce­so de empleo crea 73,6% de tra­ba­ja­do­res pre­ca­rios, 21% de tra­ba­ja­do­res for­ma­les depen­dien­tes se hallan labo­ran­do en dife­ren­tes regí­me­nes laborales(Administrativa, de acti­vi­dad pri­va­da, Con­tra­ta­ción Admi­nis­tra­ti­va de Sevi­cios – CAS, Pro­fe­so­ra­do y Magis­te­rial, etc.), 7% de tra­ba­ja­do­res for­ma­les inde­pen­dien­te, todos labo­ran­do en con­di­cio­nes inhu­ma­nas, caren­tes de dere­chos, se refle­ja al ofi­cia­li­zar­se la exigua remu­ne­ra­ción míni­ma vital de 930 soles, más aún en el régi­men de tra­ba­ja­do­res con con­tra­tos CAS, en micro­em­pre­sas y tra­ba­ja­do­res del hogar están exclui­dos de la CTS; en su gran mayo­ría los tra­ba­ja­do­res poseen tra­ba­jos even­tua­les, con una remu­ne­ra­ción por deba­jo de 930 soles, sin vaca­cio­nes, CTS, etc., aún cuan­do el cos­to de vida sigue en aumen­to, las remu­ne­ra­cio­nes no cubren el cos­to de la canas­ta bási­ca com­pues­ta por ali­men­tos, bie­nes y ser­vi­cios, el tra­ba­ja­dor tie­ne que inge­niar­se para sobre­vi­vir, tie­ne que pri­var­se de algu­nas nece­si­da­des recrea­ti­vas, o de tener un tele­vi­sor u otro arte­fac­to, para cubrir las nece­si­da­des fun­da­men­ta­les como ali­men­tos, ser­vi­cios bási­cos (agua, luz), ves­ti­do, techo pro­pio, algu­nos ni cubren el cos­to de la canas­ta bási­ca de ali­men­tos, de acuer­do al INEI[9] son el 2,9% que equi­va­le a 942 mil 370 per­so­nas; el 17,3%, que repre­sen­ta a 5 millo­nes 621 mil 723 sólo cubren la canas­ta de ali­men­tos, la suma­to­ria de ambas cifras corres­pon­de a los tra­ba­ja­do­res más pobres del Perú, estas cifras en la coyun­tu­ra de rece­sión eco­nó­mi­ca sigue en aumen­to has­ta un 30%, ¿la per­so­na huma­na tie­ne dere­cho a la vida?, ¿la per­so­na huma­na es el fin supre­mo de la socie­dad y el Esta­do?, ¿es un Esta­do de derecho?

El tra­ba­ja­dor peruano (pre­ca­rio, for­mal depen­dien­te, for­mal inde­pen­dien­te) vive muy esquil­ma­do, en una situa­ción de incer­ti­dum­bre, de acuer­do a las fuen­tes del INEI del 2019, del 21% de tra­ba­ja­do­res for­ma­les depen­dien­tes, sólo 19% de tra­ba­ja­do­res en el Perú se bene­fi­cia de una CTS, el res­to no goza de una CTS (pen­sión por jubi­la­ción o cese), el Esta­do no retri­bu­ye a los tra­ba­ja­do­res por el tra­ba­jo brin­da­do al pro­gre­so de la nación perua­na, por­que no tie­ne la volun­tad polí­ti­ca de for­jar una socie­dad equi­ta­ti­va, su inten­ción es la pre­va­len­cia de la inver­sión pri­va­da, así se crea­ron para el pago de la CTS, la AFP en año 1992, con el DL 25897(el tra­ba­ja­dor se jubi­la con el mon­to de su cuen­ta indi­vi­dual), y la ONP a car­go del Esta­do crea­do por Decre­to Ley 25967 (los tra­ba­ja­do­res deben apor­tar un míni­mo de 20 años). Ambas ins­ti­tu­cio­nes se hallan sumer­gi­das en una pro­fun­da corrup­ción, se nie­gan a retri­buir con una pen­sión dig­na por jubi­la­ción o cesan­tía, es el caso de muchos afi­lia­dos a la ONP reci­ben la exigua pen­sión (CTS) de 3 soles (menos de un dólar), otros 7 soles.

La alter­na­ti­va del tra­ba­ja­dor peruano no sólo es el cam­bio de la Cons­ti­tu­ción, es la trans­for­ma­ción del sis­te­ma capi­ta­lis­ta peruano por una nue­va socie­dad, y es de capi­tal impor­tan­cia vol­ver nues­tros ojos a las ideas y pen­sa­mien­tos de José Car­los Mariá­te­gui, y pro­po­ner una socie­dad socia­lis­ta, la uni­dad sin­di­cal, la uni­dad Lati­noa­mé­ri­ca de los tra­ba­ja­do­res y del mun­do, sin cavia­res y opor­tu­nis­tas, sólo así será posi­ble que se efec­ti­vi­ce el tra­ba­jo como dere­cho universal.

[1] Art. 22 de la Cons­ti­tu­ción polí­ti­ca del Perú de 1993,

[2] Art. 23 de la Cons­ti­tu­ción polí­ti­ca del Perú de 1993

[3] Art. 58 de la Cons­ti­tu­ción polí­ti­ca del Perú de 1993

[4] Art. 58 de la Cons­ti­tu­ción polí­ti­ca del Perú de 1993

[5] Art. 59 de la Cons­ti­tu­ción polí­ti­ca del Perú de 1993

[6] SERVIR, “EL SERVICIO CIVIL PERUANO, ANTECEDENTES, MARCO NORMATIVO ACTUAL Y DESAFÍOS PARA LA REFORMA”, mayo 2012; pag.47; en: www​.ser​vir​.gob​.pe

[7] EL PAIS; Lima 27 junio 2017; https://​elpais​.com/

[8] RADIO PROGRAMAS DEL PERÚ; 02 mayo 2018; En: https://​rpp​.pe/

Itu­rria /​Fuen­te

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