Femi­nis­mos. Leche de muer­te, leche de vida

Por Fabián Mau­ri­cio Mar­tí­nez G, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 11 sep­tiem­bre de 2020.

En Colom­bia, la pan­de­mia difi­cul­ta la lac­tan­cia mater­na y sepa­ra recién naci­dos de sus mamás. De otro lado, abre camino a estra­te­gias de pro­mo­ción de las fór­mu­las infan­ti­les. Rap­pi y Mead John­son se suman en una ofen­si­va que no sola­men­te vio­la las leyes, como igno­ra reali­da­des loca­les y pone a los bebés en peli­gro.

Un par de días des­pués del naci­mien­to, las prue­bas de COVID-19 resul­ta­ron posi­ti­vas para la madre y el niño. El bebé nació a las 10:27 de la maña­na del 14 de julio de 2020 en el Hos­pi­tal San José del cen­tro de Bogo­tá. Pesó 2,830 gra­mos y midió 50 cen­tí­me­tros. Sus gri­tos, como anun­cián­do­le al pla­ne­ta que recién había lle­ga­do, se oye­ron en la sala de par­tos antes de que le fue­ran medi­das la fre­cuen­cia car­día­ca, la res­pi­ra­ción y los refle­jos. Antes de que le cor­ta­ran el cor­dón umbi­li­cal y sus bra­zos se dobla­ran hacia su pecho. El color de la piel y el tono mus­cu­lar evi­den­cia­ron que el bebé goza­ba de bue­na salud. Sin embar­go, tenía COVID-19.

La mamá del bebé no pre­sen­tó nin­gún sín­to­ma pre­vio (ni fie­bre, ni tos seca, ni can­san­cio, ni dolor de cabe­za), pero por pro­to­co­lo sani­ta­rio de Colom­bia, les prac­ti­ca­ron prue­bas a ella y a su hijo. Posi­ti­vos los dos, a pesar de que la madre — 17 años, del­ga­da, pelo negro — no había sali­do de su casa en los últi­mos meses. La mucha­cha, a la que lla­ma­re­mos Joha­na* , guar­dó una cua­ren­te­na estric­ta, preo­cu­pa­da por su emba­ra­zo. Pero el papá del niño — 19 años, alto, moreno — sí tuvo que salir de casa a reco­rrer los barrios de la ciu­dad para ven­der bol­sas de basu­ra, flo­res, fru­tas o lo que hubie­ra a la mano. La situa­ción de John Freddy* no es úni­ca.

En Colom­bia, a pesar de que se están repor­tan­do dia­ria­men­te cer­ca de 11,000 casos posi­ti­vos de coro­na­vi­rus, para cien­tos de ciu­da­da­nos no es posi­ble que­dar­se en casa. Sus empleos son infor­ma­les y deben rea­li­zar­se en la calle, cami­nan­do la ciu­dad, empu­jan­do carros con agua­ca­tes, man­gos o bana­nos. Deben bus­car sus­ten­to en el rebus­que, salir a ganar­se la vida (o en algu­nos casos a per­der­la). En el país ya han falle­ci­do alre­de­dor de 15,000 per­so­nas por la pan­de­mia. Y sola­men­te en Bogo­tá, los con­ta­gios se apro­xi­man a 160,000. Esta para­do­ja la defi­ne muy bien John Freddy, el padre del bebé: “O nos mata el virus o nos mata el ham­bre, pero no pode­mos que­dar­nos en la casa con los bra­zos cru­za­dos”.

El bebé se encuen­tra en la Uni­dad de Cui­da­dos Inten­si­vos (UCI), ais­la­do de su mamá. Joha­na, asin­to­má­ti­ca, espe­ra en casa. A pesar de que la OMS reco­mien­da que no se sepa­re a la madre y al hijo, así ambos ten­gan Covid-19, este ais­la­mien­to se hace para garan­ti­zar la salud del bebé. Según el neo­na­tó­lo­go, Car­los Alber­to Acos­ta, “al ser menor de 6 meses hay un alto ries­go de dete­rio­ro clí­ni­co, para este caso de orden res­pi­ra­to­rio por COVID, enton­ces no hay otra mane­ra, el niño debe que­dar en obser­va­ción”. Ade­más, hay que sumar­le que el ais­la­mien­to tam­bién se hace con el fin de miti­gar la cade­na de con­ta­gio y ejer­cer un mayor con­trol epi­de­mio­ló­gi­co.

Joha­na, la madre, espe­ra con­fi­na­da por 14 días antes de que le prac­ti­quen una nue­va prue­ba. El gru­po de epi­de­mio­lo­gía la visi­ta para reco­ger la leche — que ella mis­ma se extrae — y lle­var­la a la clí­ni­ca en don­de está el bebé. La alma­ce­nan en el ban­co de leche y cada tres horas sacan un poco para ali­men­tar al hijo.“Yo pen­sé que tenía­mos que com­prar leche de tarro por lo del virus, pero los médi­cos me han insis­ti­do en que le dé leche mater­na”.

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(Ima­gen: Ado­be Stock)

Cubier­to con un tra­je que recuer­da a los astro­nau­tas en misio­nes espa­cia­les, el neo­na­tó­lo­go Acos­ta exa­mi­na al bebé tres veces por día. Lo cui­da en la Fun­da­ción Car­dio­vas­cu­lar de Soa­cha, adon­de fue tras­la­da­do por fal­ta de cupos en la UCI del Hos­pi­tal San José. Se acer­ca al recién naci­do, a tra­vés de la uni­dad de cui­da­dos inten­si­vos que tie­ne 28 camas. Che­quea los sig­nos res­pi­ra­to­rios y car­día­cos; mide la tem­pe­ra­tu­ra y lla­ma por telé­fono a la joven­cí­si­ma mamá para con­tar­le cómo va el com­ba­te que su peque­ño hijo libra con­tra el virus que tie­ne en vilo al mun­do. Has­ta el momen­to, el niño va ganan­do.

“Lo mejor para el bebé es la leche mater­na”, dice Acos­ta, el pedia­tra neo­na­tó­lo­go. “No hay nada mejor para este niño que la leche de su mamá”, con­ti­núa a tra­vés de su esca­fan­dra que recuer­da tam­bién a los tra­jes que usa­ron los bom­be­ros en Cher­nó­bil, des­pués de la explo­sión nuclear en 1986. Según la Encues­ta Nacio­nal de Situa­ción Nutri­cio­nal, ENSIN, en Colom­bia, la lac­tan­cia mater­na exclu­si­va en bebés meno­res de seis meses dis­mi­nu­yó a 36,1% en rela­ción a 2010, cuan­do esta­ba en un 42.8%. Y de acuer­do a la pági­na de Lac­tan­cia mater­na y nutri­ción del Minis­te­rio de Salud, “de cada 100 niños que nacen en Colom­bia, tan solo 56 ini­cian la lac­tan­cia mater­na en la pri­me­ra hora de naci­dos”.

El médi­co me expli­ca que los neo­na­tos tie­nen un sis­te­ma inmu­no­ló­gi­co débil y la mejor sus­tan­cia para ele­var la inmu­ni­dad es la leche mater­na. “¿Pese a que la mamá ten­ga coro­na­vi­rus?”, le pre­gun­to. “No impor­ta —me res­pon­de— “la úni­ca con­tra­in­di­ca­ción para la leche mater­na es el VIH o que la mamá deci­da no ama­man­tar. No hay nada que bene­fi­cie más al bebé que la leche mater­na por­que for­ta­le­ce su sis­te­ma inmu­no­ló­gi­co y eso es pre­ci­sa­men­te lo que nece­si­ta para ganar­le al virus”.

En un infor­me del 27 de mayo de 2020, OMS y UNICEF enfa­ti­zan en que las muje­res deben seguir ama­man­tan­do duran­te la pan­de­mia, aun­que ten­gan la sos­pe­cha o la con­fir­ma­ción de estar infec­ta­das. Los datos actua­les, dice el infor­me, indi­can que es poco pro­ba­ble que la Covid-19 pue­da trans­mi­tir­se a tra­vés del ama­man­ta­mien­to o la leche mater­na extraí­da de una mujer con virus. Los nume­ro­sos bene­fi­cios de la lac­tan­cia supe­ran con cre­ces a los posi­bles ries­gos. Pero esta ver­dad anun­cia­da por los orga­nis­mos inter­na­cio­na­les es desoí­da por empre­sas que se empe­ñan en pro­mo­cio­nar a las leches de fór­mu­la como un ali­men­to ideal para los neo­na­tos.

María Euge­nia Del­ga­do, nutri­cio­nis­ta, die­tis­ta y con­sul­to­ra inter­na­cio­nal en lac­tan­cia mater­na ha libra­do la lucha en con­tra de las impo­si­cio­nes, a las que muchas veces se ven some­ti­das sus pacien­tes, por la pro­mo­ción publi­ci­ta­ria de las leches de fór­mu­la. “La leche mater­na es un flui­do vivo cuyas célu­las apor­tan los macro­nu­trien­tes nece­sa­rios para el bebé, ade­más le dan la car­ga inmu­no­ló­gi­ca que no tie­nen las leches de tarro”, dice la exper­ta —pelo café y amplia son­ri­sa— y con­ti­núa: “El hecho de que la leche mater­na esté viva sig­ni­fi­ca que tie­ne célu­las diná­mi­cas y cam­bian­tes, es decir, que tie­ne la capa­ci­dad de crear una úni­ca y estre­cha rela­ción con el bebé que está ali­men­tan­do”.

Sin embar­go, la con­sul­to­ra inter­na­cio­nal reco­no­ce que en algu­nos casos la lac­tan­cia mater­na está contraindicada.“En nues­tro país si la mamá es VIH posi­ti­va la EPS (Empre­sa Pro­mo­to­ra de Salud) debe sumi­nis­trar­le la fór­mu­la lác­tea para el bebé. O si la mamá está en pro­ce­so de qui­mio­te­ra­pia no se debe dar leche mater­na.” A su vez, expli­ca que en cier­tos casos médi­cos, atí­pi­cos y de baja pre­va­len­cia en la pobla­ción, el bebé nace con erro­res inna­tos del meta­bo­lis­mo como la galac­to­se­mia y fenil­ce­to­nu­ria. “En el caso de la pri­me­ra ocu­rre que el bebé no tole­ra la galac­to­sa, un mono­sa­cá­ri­do de la leche mater­na, es decir, su orga­nis­mo no tie­ne la enzi­ma para meta­bo­li­zar­la y se empie­za a pro­du­cir una acu­mu­la­ción que pue­de cau­sar falla hepá­ti­ca o alte­ra­cio­nes neu­ro­ló­gi­cas, en estos casos no se pue­de dar leche mater­na.”

Nego­cio dis­fra­za­do

Fede­ri­co Gar­cía Lor­ca escri­bió Yer­ma en 1934, una obra tea­tral de ambien­te rural que expre­sa, en varios de sus diá­lo­gos, la poe­sía de la sabi­du­ría popu­lar. En el Acto III, la pro­ta­go­nis­ta dice lo siguien­te: “Yo ten­go la idea de que las recién pari­das están como ilu­mi­na­das por den­tro y los niños se duer­men horas y horas sobre ellas, oyen­do ese arro­yo de leche tibia que les va lle­nan­do los pechos para que ellos mamen, para que ellos jue­guen has­ta que no quie­ran más”.

Casi cien años des­pués, la esce­na mági­ca de Gar­cía Lor­ca per­vi­ve y la cien­cia suma cer­te­zas.


Tedros Adha­nom, direc­tor de la OMS, ha dicho que: “La lac­tan­cia mater­na ofre­ce a los bebés el mejor comien­zo posi­ble en la vida por­que la leche mater­na actúa como la pri­me­ra vacu­na del bebé, ya que les pro­te­ge con­tra enfer­me­da­des poten­cial­men­te mor­ta­les y les ofre­ce todo el ali­men­to que nece­si­tan para pros­pe­rar”. Y esta poten­te vacu­na natu­ral, este arro­yo de leche tibia es el que man­tie­ne con vida al bebé de Joha­na y John Freddy, mien­tras lucha con­tra el temi­ble coro­na­vi­rus.


Por eso, resul­ta difí­cil acep­tar que, en esta épo­ca de pan­de­mia, mar­cas comer­cia­les pro­mue­van dona­cio­nes dis­fra­za­das de filan­tro­pía con el fin de favo­re­cer­se eco­nó­mi­ca­men­te en medio de la emer­gen­cia sani­ta­ria mun­dial. Esta situa­ción fue denun­cia­da por Red PaPaz, una enti­dad sin áni­mo de lucro, con­for­ma­da por padres y madres colom­bia­nas que velan por el bien­es­tar inte­gral de los niños.

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(Ima­gen: Divul­ga­ción)

En una car­ta envia­da al INVIMA (Ins­ti­tu­to Nacio­nal de Vigi­lan­cia de Medi­ca­men­tos y Ali­men­tos de Colom­bia), Red PaPaz denun­ció una pro­mo­ción lan­za­da por Rap­pi Colom­bia, lla­ma­da “Semi­llas de Ape­go” para apo­yar un pro­gra­ma del mis­mo nom­bre de la Fun­da­ción Uni­ted Way. Según la pro­mo­ción, Rap­pi se com­pro­me­tió a donar una lata de Enfa­grow pre­mium de 180g a la Fun­da­ción Uni­ted Way por cada orden fina­li­za­da de los pro­duc­tos Enfa­grow de la empre­sa Mead John­son. Las dona­cio­nes se des­ti­na­ron a la pobla­ción infan­til más vul­ne­ra­ble del muni­ci­pio de Tuma­co, Nari­ño, al sur del país.

Los pro­duc­tos Enfa­grow Pre­mium, expli­ca la car­ta envia­da por Red Papaz al INVIMA, son fór­mu­las lác­teas para niños y niñas meno­res de dos años, hechas a par­tir de leche ente­ra de vaca con adi­ción de nutrien­tes decla­ra­dos en su eti­que­ta nutri­cio­nal. Al ser este un pro­duc­to pro­ce­sa­do de ori­gen ani­mal con adi­ción de nutrien­tes corres­pon­de a la defi­ni­ción de “ali­men­to de fór­mu­la para lac­tan­tes”, en el artícu­lo 2 del Decre­to 1397 de 1992. Un tipo de pro­duc­to para el cual están prohi­bi­das la publi­ci­dad median­te los ofre­ci­mien­tos gra­tui­tos; las acti­vi­da­des de publi­ci­dad y pro­mo­ción a nivel del públi­co gene­ral; y la entre­ga de mues­tras gra­tui­tas a madres (lite­ral c, artícu­los 6 y 11 del mis­mo decre­to).

La prohi­bi­ción en la ley colom­bia­na está muy cla­ra. Y pese a la pre­ci­sión en la denun­cia la res­pues­ta del INVIMA “pare­ce redac­ta­da por Enfra­grow”, dice Caro­li­na Piñe­ros, repre­sen­tan­te legal de Red PaPaz. En la res­pues­ta ofi­cial, fir­ma­da por Car­los Robles Cocu­ya­me, direc­tor de ali­men­tos y bebi­das del INVIMA, se con­clu­ye que: “El pro­duc­to no corres­pon­de a una fór­mu­la infan­til ni un ali­men­to com­ple­men­ta­rio de la lac­tan­cia mater­na” y que “La acti­vi­dad rea­li­za­da en la pla­ta­for­ma no corres­pon­de a una publi­ci­dad, sino a una acti­vi­dad pro­mo­cio­nal”.

Más allá de las for­mas y la dis­cu­sión sobre publi­ci­dad, el caso se agra­va al cono­cer el con­tex­to de la pobla­ción de Tuma­co, a don­de se envía la leche en pol­vo de la pro­mo­ción.

Leche de muer­te, leche de vida

Lore­na Muñoz, nutri­cio­nis­ta, die­tis­ta y miem­bro del Obser­va­to­rio de Sobe­ra­nía y Segu­ri­dad Ali­men­ta­ria y Nutri­cio­nal de la Uni­ver­si­dad Nacio­nal de Colom­bia, cono­ce bien la situa­ción de Tuma­co pues tra­ba­jó allá en 2019 en la recu­pe­ra­ción de la memo­ria ali­men­ta­ria del terri­to­rio. “Lo pri­me­ro que debo seña­lar es que estas leches de fór­mu­la, como las de la pro­mo­ción de Rap­pi Colom­bia y Uni­ted Way, requie­ren de agua pota­ble para su pre­pa­ra­ción, así como para la este­ri­li­za­ción de los bibe­ro­nes en los que se da”, dice Muñoz — pelo negro y ojos cafés —. En Tuma­co, según cifras repor­ta­das por el cen­so del DANE del 2018, la cober­tu­ra del acue­duc­to solo alcan­za al 31.7% de la pobla­ción, y solo el 5.5% de la mis­ma dis­po­ne de sis­te­ma de alcan­ta­ri­lla­do. Esto quie­re decir que, en esa ciu­dad habi­ta­da por cer­ca de 212,000 per­so­nas, solo 11,000 de ellas cuen­tan con ser­vi­cio de reco­gi­da y trans­por­te de aguas resi­dua­les. “Esto hace que la enfer­me­dad dia­rrei­ca agu­da sea altí­si­ma, así como la infec­ción res­pi­ra­to­ria agu­da. Ambas enfer­me­da­des cons­ti­tu­yen las prin­ci­pa­les cau­sas de muer­te en meno­res de 5 años en Tuma­co”.

Si hay gra­ves pro­ble­mas de agua pota­ble, ¿por qué ofre­cer dona­cio­nes de leches de tarro cuan­do ni siquie­ra exis­te la garan­tía del acce­so al agua para pre­pa­rar­las? “Si real­men­te se qui­sie­ra ayu­dar, habría que pro­mo­ver una bue­na ali­men­ta­ción en las mamás”, refle­xio­na Muñoz, quien con­clu­ye: “Lo que real­men­te se está hacien­do a tra­vés de estas dona­cio­nes es ACP (Acción Polí­ti­ca Cor­po­ra­ti­va) con el fin de favo­re­cer intere­ses eco­nó­mi­cos cor­po­ra­ti­vos sobre el dere­cho de los niños a la lac­tan­cia mater­na y a una ade­cua­da ali­men­ta­ción infan­til”.

Jen­ni­fer Pre­cia­do tie­ne 28 años, es líder social y ges­to­ra en segu­ri­dad ali­men­ta­ria y nutri­cio­nal en Tuma­co. Vive en el Barrio Obre­ro, un subur­bio con algu­nas calles de tie­rra y otras ado­qui­na­das, don­de los niños se divier­ten corre­tean­do a perros fla­cos. Jen­ni­fer Pre­cia­do —piel more­na y pelo negro— está emba­ra­za­da por ter­ce­ra vez, una niña que nace­rá en agos­to. Su pri­mer hijo tie­ne once años y, el segun­do, cin­co. “Al pri­me­ro sí le di leche mater­na has­ta los dos años. Al segun­do, por cues­tio­nes de tra­ba­jo, no pude ama­man­tar­lo. A él tuve que dar­le leche de fór­mu­la. Tenía que irme a tra­ba­jar y me ausen­ta­ba varios días de la casa”.

Recos­ta­da en una silla, se espan­ta el calor de las tres de la tar­de con un aba­ni­co que mue­ve con su mano dere­cha; con la otra sos­tie­ne su celu­lar mien­tras con­ver­sa: “Acá no tene­mos agua pota­ble, uno abre la lla­ve y el agua baja tur­bia, a veces con olo­res. Hay que her­vir­la. Con mi segun­do hijo, tuve que hacer eso todo el tiem­po”. Pre­cia­do cuen­ta que su segun­do niño ‑el que tomó fór­mu­la- se estri­ñó, sufrió fie­bres y cóli­cos duran­te los pri­me­ros meses de vida, cosa que no ocu­rrió con su pri­me­ro, al cual sí ama­man­tó. “Mi pri­mo­gé­ni­to tie­ne una gran salud, en cam­bio, mi segun­do hijo se enfer­ma muy segui­do”.

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(Ima­gen: Ado­be Stock)

La revis­ta bri­tá­ni­ca The Lan­cet, una de las más pres­ti­gio­sas del mun­do, en su edi­ción de febre­ro de 2016, dedi­ca­da a la lac­tan­cia mater­na, ofre­ce un com­ple­to estu­dio acer­ca de los bene­fi­cios. Dice, entre otras cosas que: “Los niños que son ama­man­ta­dos por perío­dos más lar­gos tie­nen una menor mor­bi­li­dad y mor­ta­li­dad infec­cio­sa (…) y una inte­li­gen­cia más alta que aque­llos que son ama­man­ta­dos por perío­dos más cor­tos o no son ama­man­ta­dos. Esta des­igual­dad per­sis­te a lo lar­go de la vida. Hay indi­cios cre­cien­tes que tam­bién sugie­ren que la lac­tan­cia mater­na podría pro­te­ger en el futu­ro con­tra el sobre­pe­so y la dia­be­tes”. Bene­fi­cios y des­ven­ta­jas que se hacen evi­den­tes en los hijos de Jen­ni­fer Pre­cia­do.

Por eso, ella tie­ne muy cla­ro que a su hija, pró­xi­ma a nacer, la ama­man­ta­rá de mane­ra exclu­si­va por lo menos duran­te seis meses. Es una elec­ción que hace des­de su cono­ci­mien­to como ges­to­ra en segu­ri­dad ali­men­ta­ria y nutri­cio­nal, pero tam­bién recu­rrien­do a los sabe­res ances­tra­les de la zona. “Vea, aquí en Tuma­co, la mejor die­ta que pue­de hacer una mamá para pro­du­cir bue­na leche es tener como base el agua­pa­ne­la. Hay que tomar­la varias veces al día, almor­zar con un buen san­co­cho de galli­na y cenar con pes­ca­do fres­co, ade­más de estar comien­do bue­na fru­ta y ver­du­ra duran­te el día”, dice la mujer de dien­tes blan­cos y ale­gría des­bor­dan­te.


Pero no todas las muje­res tie­nen la mis­ma dis­po­si­ción de Jen­ni­fer. Ade­más de las con­tra­in­di­ca­cio­nes médi­cas des­cri­tas, hay otro fac­tor que inci­de en la lac­tan­cia mater­na. Lore­na Muñoz, la nutri­cio­nis­ta y die­tis­ta, lo expli­ca de esta mane­ra: “El deseo de ama­man­tar es algo que se debe tener en cuen­ta. No todas las muje­res quie­ren hacer­lo y es res­pe­ta­ble. Hay muje­res que sim­ple­men­te no están intere­sa­das en ama­man­tar a sus hijos, en ese caso, hay que encon­trar la leche de fór­mu­la que mejor se ade­cue al bebé y res­pe­tar el desis­ti­mien­to de la madre. Sin embar­go, no es algo muy común, la lac­tan­cia mater­na hoy es una ten­den­cia en la mayo­ría de muje­res”.


Muje­res como Jen­ni­fer Pre­cia­do quien une su voz a las de muchas otras madres, nutri­cio­nis­tas, pedia­tras y fun­cio­na­rios del mun­do ente­ro. Reco­mien­dan la leche mater­na como el mejor ali­men­to para los recién naci­dos y niños meno­res de dos años, más aún en épo­ca de emer­gen­cia sani­ta­ria, cuan­do los bebés nece­si­tan las defen­sas que solo pue­de pro­veer el teji­do vivo de la leche mater­na, ausen­te en las leches de fór­mu­la.

En la Cos­ta Pací­fi­ca colom­bia­na, Jen­ni­fer pla­nea un futu­ro de teta y salud para su hija en camino. En Bogo­tá, el bebé de Joha­na y John Freddy ya ven­ció a la COVID-19 des­pués de 14 días de una odi­sea para garan­ti­zar su lac­tan­cia. El bebé naci­do el 14 de julio se encuen­tra aho­ra con su mamá. Cre­cien­do y pega­do a su pecho.

Fuen­te: La tin­ta Ima­gen de port­da: Ado­be Stock.

Itu­rria /​Fuen­te

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