Chi­le. El lega­do patrió­ti­co de Sal­va­dor Allende

Por Hugo Alca­ya­ga Bris­so. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 10 de sep­tiem­bre de 2020. 

Reto­mar los sue­ños de las mayo­rías que que­da­ron incon­clu­sos por el derro­ca­mien­to y muer­te del pre­si­den­te Sal­va­dor Allen­de, el 11 de sep­tiem­bre de 1973, es hoy la gran tarea nacio­nal: son anhe­los por una demo­cra­cia real, igual­dad, jus­ti­cia social y dere­chos ciu­da­da­nos que no pue­den ser con­te­ni­dos inde­fi­ni­da­men­te por los due­ños del dine­ro que apro­ve­chan­do los pri­vi­le­gios que les dejó la dic­ta­du­ra man­tie­nen en pie un mode­lo neo­li­be­ral que explo­ta a millo­nes de hom­bres y muje­res vulnerables.

Cuan­do el pre­si­den­te cons­ti­tu­cio­nal cayó aba­ti­do en La Mone­da por la con­ju­ra mili­tar-empre­sa­rial sos­te­ni­da por el impe­rio yan­qui, hace 45 años, se detu­vo un iné­di­to pro­ce­so his­tó­ri­co que con­ta­ba con la entu­sias­ta adhe­sión masi­va del pue­blo y era obser­va­do con admi­ra­ción en el mun­do ente­ro. En su lugar se ins­ta­ló una cruen­ta dic­ta­du­ra que secues­tró, tor­tu­ró y ase­si­nó a miles de com­pa­trio­tas jun­to con demo­ler un sis­te­ma repu­bli­cano que has­ta aho­ra no ha sido restituido.

Allen­de siem­pre dijo que el obje­ti­vo de su gobierno era un socia­lis­mo ade­cua­do a las carac­te­rís­ti­cas socio­eco­nó­mi­cas, polí­ti­cas y cul­tu­ra­les del país. Por eso impul­só un pro­gra­ma de cam­bios revo­lu­cio­na­rios des­ti­na­do al desa­rro­llo y dig­ni­dad de todos, en un inten­to de hacer de Chi­le la pri­me­ra nación lla­ma­da a for­jar una tran­si­ción a una socie­dad socia­lis­ta cons­trui­da de acuer­do a un pro­yec­to demo­crá­ti­co plu­ra­lis­ta y libertario.

Ese pro­gra­ma empe­zó a des­ple­gar­se en medio de la hos­ti­li­dad del gran empre­sa­ria­do toca­do en sus intere­ses y la dere­cha polí­ti­ca des­pla­za­da por la ciu­da­da­nía. El ambien­te enra­re­ci­do se con­vir­tió pron­to en una feroz cons­pi­ra­ción – des­abas­te­ci­mien­to, mer­ca­do negro, aten­ta­dos, sabo­ta­jes – tras la cual esta­ban los gol­pis­tas arma­dos y civi­les sola­pa­dos depen­dien­tes de la Casa Blan­ca que veía cómo un peque­ño país sud­ame­ri­cano esca­pa­ba de sus dominios.

La nacio­na­li­za­ción del cobre fue el prin­ci­pal logro alcan­za­do por el pue­blo (11 de julio de 1971, Día de la Dig­ni­dad Nacio­nal). Era un paso gigan­tes­co para la inde­pen­den­cia eco­nó­mi­ca de Chi­le y sig­ni­fi­ca­ba una poten­te señal de sobe­ra­nía fren­te a las gran­des com­pa­ñías nor­te­ame­ri­ca­nas que se habían apo­de­ra­do del metal rojo. Con ello, se obte­nían los recur­sos nece­sa­rios para los indis­pen­sa­bles avan­ces socia­les que cons­ti­tuían la prio­ri­dad del gobierno popular.

Actuan­do con abso­lu­to res­pe­to a una Cons­ti­tu­ción bur­gue­sa, se avan­zó en la esta­ti­za­ción de los ban­cos y en la pro­fun­di­za­ción de la Refor­ma Agra­ria, al tiem­po que se inter­vi­nie­ron diver­sas indus­trias y se creó el área de pro­pie­dad social. Para­le­la­men­te se dio paso a la redis­tri­bu­ción de la ren­ta nacio­nal en bene­fi­cio de la masa tra­ba­ja­do­ra, una de las medi­das que urgían en bus­ca de la equi­dad deman­da­da por décadas.

La cla­se tra­ba­ja­do­ra fue pilar fun­da­men­tal en el gobierno de Allen­de, que en su pri­mer gabi­ne­te minis­te­rial inclu­yó a cua­tro obre­ros. En su inter­ven­ción en la ONU en diciem­bre de 1972 el man­da­ta­rio chi­leno dijo: “El pro­gre­si­vo papel de direc­ción que asu­men los tra­ba­ja­do­res en el cam­bio de la estruc­tu­ra de poder, la recu­pe­ra­ción nacio­nal de las rique­zas bási­cas, la libe­ra­ción de nues­tra patria de la subor­di­na­ción a las poten­cias extran­je­ras, son la cul­mi­na­ción de un lar­go pro­ce­so histórico”.

El paso vio­len­to, a san­gre y fue­go – sin “tran­si­ción” – des­de un régi­men demo­crá­ti­co, jus­to, igua­li­ta­rio y de dere­chos socia­les, hacia otro anta­gó­ni­co, exclu­yen­te, de sello capi­ta­lis­ta, mar­ca­do por la con­cen­tra­ción de la rique­za por unos pocos, la corrup­ción y la impu­ni­dad, ha sido la expe­rien­cia mas trau­má­ti­ca de la socie­dad chi­le­na a lo lar­go de su his­to­ria. Ha pasa­do mucho tiem­po pero hoy siguen fal­tan­do uni­dad y reso­lu­ción para rom­per el cer­co anti­po­pu­lar y abrir espa­cios a un Chi­le dis­tin­to a par­tir de una nue­va Cons­ti­tu­ción ela­bo­ra­da por una Asam­blea Cons­ti­tu­yen­te, lejos de la dic­ta­du­ra mer­can­til que con­tro­la al país y su gen­te empobrecida.

Con el ejem­plo de Allen­de en la memo­ria – su tra­yec­to­ria, su afán incan­sa­ble por las cla­ses pos­ter­ga­das, sus esfuer­zos uni­ta­rios, su cora­je y con­se­cuen­cia – es hora de comen­zar a estruc­tu­rar un sóli­do movi­mien­to alter­na­ti­vo de base popu­lar. Allí se impo­ne la par­ti­ci­pa­ción prio­ri­ta­ria de las orga­ni­za­cio­nes de tra­ba­ja­do­res, fuer­zas socia­les, pobla­do­res, estu­dian­tes, muje­res y la nue­va gene­ra­ción de polí­ti­cos jóve­nes de manos lim­pias que apa­re­cen gene­ran­do expectativas.

El lega­do patrió­ti­co de Allen­de está enrai­za­do pro­fun­da­men­te en quie­nes com­pren­die­ron la mag­ni­tud de su men­sa­je en bene­fi­cio del pue­blo. Su nom­bre se pro­yec­ta has­ta estos días aso­cia­do a los cam­bios radi­ca­les abor­ta­dos por la felo­nía y la trai­ción, y sus con­cep­tos revo­lu­cio­na­rios cons­ti­tu­yen un desa­fío para ini­ciar la recons­truc­ción de una demo­cra­cia ple­na, por cuya defen­sa el pre­si­den­te heroi­co entre­gó su vida.

«11 de sep­tiem­bre de regre­so a las calles» 

Com­par­ti­mos el siguien­te comu­ni­ca­do en con­me­mo­ra­ción acti­va a esta heri­da abier­ta hace 47 años

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