Cuba. La gue­rra de Esta­dos Uni­dos con­tra la pobla­ción civil de la isla

Por René Váz­quez Díaz, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 07 de sep­tiem­bre de 2020.

La ley Inter­na­cio­nal esti­pu­la que la pobla­ción civil ha de pro­te­ger­se de los peo­res efec­tos de los con­flic­tos entre las nacio­nes. Si un país agre­de a otro, las leyes de la civi­li­za­ción y la jus­ti­cia con­sa­gra­das por la ONU des­pués de las masa­cres de la II Gue­rra Mun­dial, “obli­gan” al agre­sor a excluir del sufri­mien­to a la pobla­ción civil den­tro del país agre­di­do. Pero obli­gan al agre­sor según el res­pe­to a la comu­ni­dad inter­na­cio­nal, a las leyes de la decen­cia y al deber huma­ni­ta­rio. Cuan­do todo eso fal­ta, se crean las con­di­cio­nes para que la gue­rra eco­nó­mi­ca, diplo­má­ti­ca y comer­cial con­tra la pobla­ción civil cuba­na haya sido posi­ble des­de hace más de medio siglo. Arre­ciar esa agre­sión en tiem­pos de pan­de­mia mues­tra un des­pre­cio inau­di­to a la vida de los cuba­nos de todas las eda­des, y una bur­la del Dere­cho Inter­na­cio­nal.

El Con­ve­nio de Gine­bra rela­ti­vo a la pro­tec­ción de civi­les en tiem­po de gue­rra esta­ble­ce que la par­te agre­so­ra “auto­ri­za­rá el libre paso de todo envío de medi­ca­men­tos y de mate­rial sani­ta­rio” y que “permi­ti­rá, asi­mis­mo, el libre paso de todo envío de víve­res indis­pen­sa­bles”. El blo­queo de Esta­dos Uni­dos inter­cep­ta, impo­si­bi­li­ta, san­cio­na, pena­li­za y para­li­za prác­ti­ca­men­te todas las tran­sac­cio­nes de Cuba en el extran­je­ro. Es una acti­vi­dad curio­sa­men­te acu­cio­sa, encar­ni­za­da y ven­ga­ti­va con­tra un peque­ño país.

El apo­yo de una par­te de los cuba­nos del exte­rior a esta polí­ti­ca de exter­mi­nio cons­ti­tu­ye una for­ma espe­cial­men­te cobar­de de fra­tri­ci­dio, pues se pro­du­ce cómo­da­men­te y a dis­tan­cia, expo­nien­do a los ele­men­tos más vul­ne­ra­bles de una pobla­ción ino­cen­te por obra y gra­cia de una poten­cia extran­je­ra.

Cada vez que un pro­ble­ma polí­ti­co se logra ver como un pro­ble­ma humano, escri­bió Albert Camus, se ha dado un paso ade­lan­te. Está por ver cómo reac­cio­na­rá la Unión Euro­pea con­tra esta gue­rra opro­bio­sa con­tra una pobla­ción civil, en esta épo­ca de enfer­me­dad y de muer­te. Los cuba­nos que en EEUU son inca­pa­ces de dar ese paso del que habla Camus, son cóm­pli­ces de un deli­to con­tra sus com­pa­trio­tas ino­cen­tes.

El dic­ta­dor Ful­gen­cio Batis­ta, pre­fe­ri­do, lau­rea­do y pro­te­gi­do has­ta el final por Esta­dos Uni­dos, era pro­pie­ta­rio de tres cen­tra­les azu­ca­re­ros, un ban­co, mote­les, perió­di­cos, revis­tas, radio­emi­so­ras, un cen­tro turís­ti­co en Vara­de­ro así como varias com­pa­ñías de trans­por­te. Era usu­fruc­tua­rio, jun­to a la mafia de Meyer Lansky, del nego­cio de los casi­nos de jue­go en los hote­les y caba­rés de La Haba­na. Nada de esto bene­fi­ció jamás a los niños cuba­nos sin escue­las ni a los gua­ji­ros sin hos­pi­ta­les, ni sal­vó de la tor­tu­ra y la muer­te a los revo­lu­cio­na­rios que no pudie­ron ver el 1 de enero de 1959.

La Ley Helms Bur­ton, un engen­dro jurí­di­co pro­mul­ga­do en un país, EEUU, pero con vigen­cia en Cuba y con ame­na­zas extra­te­rri­to­ria­les úni­cas en el mun­do moderno, no será dero­ga­da ni siquie­ra cuan­do ocu­rra un hipo­té­ti­co cam­bio de régi­men en Cuba. Lo será cuan­do lo esti­pu­le un man­da­más envia­do y desig­na­do por, y a las órde­nes de, EEUU. La subor­di­na­ción y la escla­vi­tud del pue­blo cubano, año­ra­das por EEUU y sus secua­ces, será mucho más rapaz que la del régi­men de Batis­ta.

Ni siquie­ra un hom­bre como el mon­se­ñor Brian O. Walsh, que en su momen­to ayu­dó a la CIA en la imple­men­ta­ción de la ver­gon­zo­sa Ope­ra­ción Peter Pan, estu­vo de acuer­do con la polí­ti­ca de blo­queo. “La Ley Helms Bur­ton –escri­bió– me pare­ce naci­da de la frus­tra­ción y has­ta de un deseo de ven­gan­za”. Y el sacer­do­te con­clu­ye: “La impre­sión que se tie­ne es que, apre­tan­do las tuer­cas con­tra la pobla­ción cuba­na se logra­rá, en un ambien­te de olla de pre­sión, una reac­ción de explo­sión con­tra el régi­men de Cas­tro. Si ésta ha sido o sigue sien­do la inten­ción de EEUU, es cla­ra­men­te inmo­ral des­de cual­quier nivel de decen­cia huma­na que se le juz­gue”.

Fuen­te: Cuba en Resu­men

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