Argen­ti­na. «¿Por qué? ¿Por qué?»

LAS FUERZAS DE SEGURIDAD SON FUERZAS DE EXTERMINIO, DESAPARICIÓN, TORTURA, CONTROL Y DISCIPLINAMIENTO

Por Oscar Cas­tel­no­vo* /​Resu­men Latinoamericano/​3 de Sep­tiem­bre 2020.- «¿Por qué? ¿Por qué?» Me pre­gun­tó ano­che, con voz des­ga­rra­da, Sil­via Rosi­to ‑mamá de Fer­nan­do Lato­rre- des­de Per­ga­mino. Se cum­plían 3 años y medio de la Masa­cre en la comi­sa­ría 1° de esa ciu­dad, don­de mata­ron a su hijo jun­to con otros seis jóve­nes. El mis­mo día una jue­za con­fir­mó lo que todos intuía­mos y el Poder encu­brió has­ta don­de die­ron las cir­cuns­tan­cias: el cuer­po halla­do en Villa­rino Vie­jo era de Facun­do Cas­tro, ase­si­na­do por La Bonae­ren­se. El hon­do inte­rro­gan­te de Sil­via, lo escu­cho des­de hace más de tres déca­das, cuan­do comen­cé a ejer­cer el perio­dis­mo. El geno­ci­dio de los 30 mil había con­clui­do, pero comen­za­ba uno nue­vo hacia los sec­to­res más vul­ne­ra­dos. Aqué­llos millo­nes de seres huma­nos a los que el capi­ta­lis­mo lan­zó al des­am­pa­ro para acre­cen­tar su tasa de ganan­cia.

Una de las pri­me­ras veces que me pre­gun­ta­ron «¿Por qué? ¿Por qué?», fue mayo de 1987 cuan­do sucum­bie­ron bajo las balas bonae­ren­ses, los pibes de la Masa­cre de Bud­ge, Negro, Willy y Oscar. La madre que me inte­rro­gó, esta­ba devas­ta­da y yo no tuve más res­pues­ta que abra­zar­la.

En toda la eta­pa que lla­man «demo­crá­ti­ca», cubrí notas que cla­ma­ron «Jus­ti­cia», «Jus­ti­cia», por las calles de la Argen­ti­na ensan­gren­ta­da. Una y otra vez. Y otra. Y otra. Y otra. Por­que hay que decir­lo, cada Gobierno superó al ante­rior en la matan­za, el con­sen­so y dis­ci­pli­na­mien­to social que lle­ve a acep­tar los nue­vos valo­res, sur­gi­dos de una pro­fun­da derro­ta axio­ló­gi­ca en vas­tos sec­to­res del pue­blo.

Algu­nos de ellos aplau­den cuan­do un pre­so es ase­si­na­do, y escri­ben en las redes «una lacra menos». Otros pre­mian al mata­dor de un pibe pobre, y lo lle­van en las lis­tas elec­to­ra­les. Y otros dirán de la chi­ca que aho­ra está en uno de los 30 mil pros­tí­bu­los esta­ta­les de este país, «ella se lo bus­có». Otros sos­ten­drán que «este indio jodía mucho», cuan­do, por caso, matan a un mapu­che, en una mez­cla de racis­mo e igno­ran­cia. Los indios nacen en la India y no en la Argen­ti­na, que con otro geno­ci­dio pre­ten­dió borrar para siem­pre a los pue­blos ori­gi­na­rios, adue­ñán­do­se de muchas de sus vidas, de casi todas sus tie­rras y tam­bién de su iden­ti­dad.

Los dos con­cep­tos cons­ti­tu­ti­vos de «geno­ci­dio» son la matan­za de per­so­nas, y el dis­ci­pli­na­mien­to de los sobre­vi­vien­tes. Enton­ces, no vivi­mos en demo­cra­cia; se lla­ma «Geno­ci­dio encu­bier­to», bajo un velo elec­to­ra­le­ro. Así, los ase­si­nos gozan de una impu­ni­dad que ‑gene­ral­men­te- ante­ce­de al cri­men, y lue­go, son ascen­di­dos y/​o jubi­la­dos con prós­pe­ra tran­qui­li­dad.

La Bonae­ren­se se des­ta­có sobre sus cama­ra­das de otros dis­tri­tos, por el gra­do de leta­li­dad en la masa­cre duran­te la cua­ren­te­na blin­da­da, sin que ello res­te méri­tos ni empe­ño a las otras fuer­zas pro­vin­cia­les y nacio­na­les. Tam­po­co qui­ta res­pon­sa­bi­li­dad a cada uno de los gobier­nos que las diri­gen. Sean macris­tas, kirch­ne­ris­tas, radi­ca­les o pero­nis­tas a secas. Ellos tie­nen a los mata­do­res bajo su man­do. Ellos deci­den cuán­tos uni­for­ma­dos serán de la par­ti­da, com­pran la armas que empu­ña­rán y resuel­ven con­tra qué sec­to­res van diri­gi­das. En Capi­tal, Sal­ta, Corrien­tes, Chu­but, Pedro Luro o Per­ga­mino. En todo el Esta­do argen­tino y geno­ci­da. Y, se sabe, a los geno­ci­dios se los enfren­ta o se sucum­be. Así de cla­ra es la His­to­ria.

«¿Por qué? ¿Por qué?, pobre Cris­ti­na Cas­tro», me inqui­rió Sil­via Rosi­to, jus­to en la noche en que se con­me­mo­ra­ba el cri­men de los sie­te pibes, y otra mujer con­fir­ma­ba que el cadá­ver halla­do era de quien antes, vivo, abra­za­ba a su madre sin esfuer­zos.

*Fuen­te: Agen­cia Para La Liber­tad-APL-

Itu­rria /​Fuen­te

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