Perú. Tor­tu­ras en Espi­nar: la tar­de más vio­len­ta del conflicto

Por Álva­ro Mene­ses/​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 9 de agos­to de 2020

Esta cró­ni­ca recons­tru­ye, con los tes­ti­mo­nios de tes­ti­gos que pre­fi­rie­ron man­te­ner sus nom­bres en reser­va, la tar­de del pasa­do 22 de julio en las afue­ras de la ciu­dad de Espi­nar (Cus­co), las horas más vio­len­tas de la repre­sión poli­cial con­tra la huel­ga inde­fi­ni­da que exi­ge a la mine­ra Glen­co­re-Anta­pac­cay un bono soli­da­rio para sobre­lle­var la cri­sis eco­nó­mi­ca que gene­ró la pan­de­mia del COVID – 19. 

El humo se veía des­de la Pla­za de Armas de Espi­nar (Cus­co) la tar­de del pasa­do miér­co­les 22 de julio, casi a las 04:00.p.m. A una hora de dis­tan­cia, según las refe­ren­cias de los tes­ti­gos, en los cerros cer­ca­nos al cono­ci­do pan­teón del pue­blo de Tin­ta­ya Mar­qui­ri, se había des­ata­do otro enfren­ta­mien­to entre poli­cías y mili­ta­res con­tra comu­ne­ros que se man­te­nían en huel­ga inde­fi­ni­da has­ta que la mine­ra Glen­co­re-Anta­pac­cay acep­te otor­gar un bono soli­da­rio de mil soles a las fami­lias de la pro­vin­cia de Espinar.

En esa zona, don­de se encon­tra­ban reu­ni­das un gru­po de madres a car­go de la ali­men­ta­ción de los mani­fes­tan­tes, habían lle­ga­do las fuer­zas del orden al rit­mo de una embos­ca­da. Al ver que robus­tos mili­ta­res for­ce­jea­ban y empu­ja­ban a muje­res que ‑por sus edad y peso- ape­nas podían tro­tar, un gru­po de mani­fes­tan­tes jóve­nes salie­ron en defen­sa de ellas y fue­ron reci­bi­dos con balas de armas de fue­go, per­di­go­nes y gases lacrimógenos.

Pese a las muni­cio­nes y arma­men­tos que per­mi­tie­ron a los mili­ta­res ganar terreno y dis­per­sar a los comu­ne­ros, fue­ron sus mis­mos recur­sos los que ter­mi­na­ron por hacer­los retro­ce­der. El gas lacri­mó­geno y los per­di­go­nes que salían hir­vien­do al dis­pa­rar­se, encen­die­ron los pas­tos de los cerros y des­ata­ron una olea­da de humo que por la direc­ción del vien­to ter­mi­nó cegan­do y aho­gan­do a los mis­mos sol­da­dos y policías.

Foto: Miguel Gutiérrez.

Los comu­ne­ros que estu­vie­ron en ese enfren­ta­mien­to recuer­dan: “los vien­tos esta­ban a nues­tro favor”. Ese era el humo que se veía des­de la Pla­za de Armas de Espinar.

El infil­tra­do

Lue­go de correr varios minu­tos has­ta per­der de vis­ta a las fuer­zas del orden, los comu­ne­ros se reple­ga­ron nue­va­men­te y empe­za­ron a con­tar­se. ¿Fal­ta­ba alguien? ¿Había heri­dos? Sí, los había: un adul­to y dos meno­res de edad lle­ga­ron ese día al Hos­pi­tal de Espi­nar con impac­tos de bala en la pier­na y el bra­zo, con ori­fi­cios de entra­da y sali­da, según con­fir­mó la mis­ma ciru­ja­na del lugar, Glo­ria Cár­de­nas Alarcón.

Con el temor y la des­con­fian­za laten­te, los mani­fes­tan­tes iden­ti­fi­ca­ron a un ofi­cial de la PNP infil­tra­do entre ellos, quien tras ser inter­pe­la­do, dijo que venía del pue­blo de Copo­ra­que, pero que resul­tó pro­ve­nien­te de Lima, según com­pro­ba­ron los comu­ne­ros en su DNI. “Por su con­tex­tu­ra y la for­ma de ser no era de nues­tros pai­sa­nos, era un señor alto, aga­rra­do y blan­cón”, recuer­da un tes­ti­go. “Y deci­di­mos lle­var­lo a Espi­nar (ciu­dad) a entre­gar­lo a las auto­ri­da­des”, agregó.

Poli­cía infil­tra­do entre los mani­fes­tan­tes de Espinar.

El mis­mo coman­dan­te gene­ral de la PNP, Héc­tor Loay­za Arrie­ta, con­fir­mó el pasa­do domin­go 26 de julio al pro­gra­ma Cuar­to Poder que se tra­ta­ba de un “soció­lo­go (…) ofi­cial asi­mi­la­do a la poli­cía”, dedi­ca­do al tra­ba­jo de inteligencia.

Embos­ca­da y tortura

Jun­to al poli­cía infil­tra­do, dece­nas de comu­ne­ros se subie­ron en dos camio­nes de car­ga con des­tino a la ciu­dad de Espi­nar, don­de lo entre­ga­rían a las auto­ri­da­des. Fal­tan­do pocos minu­tos para las seis de la tar­de, con el sol en des­cen­so, des­de algún lado de la carre­te­ra de la loca­li­dad de Cruz­cun­ca, a un kiló­me­tro del cono­ci­do Puen­te San Mar­tín, sur­gie­ron dis­pa­ros con­tra las llan­tas de un solo camión: don­de iba el ofi­cial detenido.

Mien­tras el camión dis­mi­nuía la velo­ci­dad, una vein­te­na de poli­cías toma­ron la carre­te­ra, apun­tan­do al cho­fer con sus armas, dis­pa­ran­do a las otras llan­tas que que­da­ban y gri­tan­do: “¡Bajen, perros de mierda!”.

“Ah, con tu hua­ra­qui­ta de mier­da, vas a morir, perro de mier­da”, gri­ta­ban las fuer­zas del orden a los comu­ne­ros que aún lle­va­ban sus hua­ra­cas en la mano, mien­tras los baja­ban del camión para pos­trar­los boca aba­jo con­tra el asfal­to. Entre los dete­ni­dos esta­ba la seño­ra Gerar­di­na Tun­qui­pa Tai­pe (46), quien le dijo al poli­cía que la jalo­nea­ba que recién la habían ope­ra­do, que ten­ga cui­da­do. “Ah, así ope­ra­da has veni­do a la pro­tes­ta, ¡écha­te, mier­da!”, le res­pon­dió este.

Según los tes­ti­gos del pue­blo de Cruz­cun­ca, uno de los comu­ne­ros pues­tos con­tra el piso fue Juan Car­los Qui­ri­ta Lla­sa, a quien redu­je­ron con balas al aire, puñe­tes, pata­das y vara­zos en la cabe­za has­ta dejar­lo incons­cien­te. “¡Trae gaso­li­na para que­mar a estos perros de mier­da!”, gri­tó el poli­cía que lo suje­ta­ba, antes de que le alcan­cen una bote­lla de plás­ti­co con gasolina.

Foto: Miguel Gutiérrez.

Juan Car­los sin­tió caer la gaso­li­na sobre su cuer­po mien­tras le repe­tían a gri­tos que lo que­ma­rían vivo. La mis­ma sen­sa­ción vivie­ron sus com­pa­ñe­ros, que al igual que él, fue­ron rocia­dos con com­bus­ti­ble cuan­do ya esta­ban redu­ci­dos con las caras pega­das a la pista.

A lo lejos, dece­nas de comu­ne­ros de Cruz­cun­ca corrían hacia la esce­na de los hechos, aler­ta­dos por los gri­tos y los estruen­dos de las balas que reso­na­ban sobre la zona. Estos, sin embar­go, fue­ron repri­mi­dos con dos olea­das de gases lacri­mó­ge­nos. Esa tar­de, según los repor­tes de la Coor­di­na­do­ra Nacio­nal de Dere­chos Huma­nos (CNDDHH) y de la orga­ni­za­ción Dere­chos Huma­nos Sin Fron­te­ras (DHSF), diez per­so­nas resul­ta­ron heri­das por impac­tos de balas de arma de fue­go, per­di­go­nes y gol­pes con obje­tos contundentes.

Los res­pon­sa­bles

Tras con­sul­tar con los tes­ti­gos, Way­ka pudo con­fir­mar que el gru­po de poli­cías que detu­vo y ame­na­zó con com­bus­ti­ble a los comu­ne­ros, estu­vo a car­go del coro­nel Pedro Agus­tín Var­gas Chi­lón, quien repe­tía a gri­tos: “¡Yo soy coman­do!”. Sin embar­go, la Poli­cía Nacio­nal del Perú pre­fie­re man­te­ner­se en silen­cio, pese a que se soli­ci­tó la ver­sión de la institución.

Para el abo­ga­do del Ins­ti­tu­to de Defen­sa Legal, Juan José Quis­pe, el haber­les rocia­do gaso­li­na a los comu­ne­ros no solo sería tor­tu­ra, sino tam­bién un inten­to de homi­ci­dio. «La poli­cía no pue­de ejer­cer tra­tos degra­dan­tes o inhu­ma­nos con­tra la pobla­ción civil duran­te la deten­ción, ni en el tra­yec­to, ni en la comi­sa­ría. Lo dice el códi­go penal, la con­ven­ción con­tra la tor­tu­ra que el Perú ha rati­fi­ca­do», expli­ca Quis­pe a Wayka.

Por su lado, el defen­sor legal de DHSF, Rami­ro Lla­tas, cues­tio­na el papel de la Fis­ca­lía en el con­flic­to de Espi­nar. «El Minis­te­rio Públi­co no ha ini­cia­do nin­gu­na inves­ti­ga­ción sobre estos casos de tor­tu­ra, inclu­so hay tras­cen­di­dos de muje­res víc­ti­mas de toca­mien­tos inde­bi­dos, pero la Fis­ca­lía sí inves­ti­ga a los diri­gen­tes, a la ciru­ja­na del Hos­pi­tal de Espi­nar que con­fir­mó comu­ne­ros heri­dos de bala», cri­ti­có Llatas.

Des­de la Comi­sión de Jus­ti­cia y Dere­chos Huma­nos del Con­gre­so se apro­bó citar al minis­tro del Inte­rior, Jor­ge Mon­to­ya, para que expli­que sobre el uso de armas de fue­go con­tra los mani­fes­tan­tes en Espi­nar. Los casos de tor­tu­ra, en cam­bio, no debe­rían cerrar­se con una mera explicación.

FUENTE: Way​ka​.pe

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