Boli­via. Más allá de la elec­ción, de nación clan­des­ti­na a nación insur­gen­te

Por Veró­ni­ca Zapa­ta, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 30 de agos­to de 2020.

La rebe­lión de los blo­queos en Boli­via dejó mucha tela para cor­tar más allá de las pró­xi­mas elec­cio­nes. Pri­me­ro, por el momen­to his­tó­ri­co dimen­sio­na­do en la masi­vi­dad de los blo­queos, 150 blo­queos en 12 días, algo iné­di­to en los últi­mos 35 años des­de la imple­men­ta­ción del neo­li­be­ra­lis­mo en el país. Superan­do a las insu­rrec­cio­nes del 2000 (gue­rra del agua) y del 2003 (gue­rra del gas) que pro­vo­có la renun­cia del ex pre­si­den­te Sán­chez de Loza­da y pre­ce­dió la lle­ga­da de Evo Mora­les. No pue­de adju­di­car­se esta lucha al M.A.S. por su ori­gen auto con­vo­can­te des­de las bases, la C.O.B., el pac­to de uni­dad y El Mall­ku, ade­más, por la deman­da de renun­cia de Áñez, que lo reba­só. Segun­do, el des­en­cuen­tro entre las orga­ni­za­cio­nes socia­les y la cla­se polí­ti­ca, es una dispu­ta que mar­ca un pun­to de infle­xión en la his­to­ria de la orga­ni­za­ción polí­ti­ca del país y reflo­ta una deman­da his­tó­ri­ca, la des­co­lo­ni­za­ción de la polí­ti­ca.

Hoy Boli­via, es un labo­ra­to­rio de exter­mino con un gol­pe de esta­do vio­len­to, la pan­de­mia ins­tru­men­ta­li­za­da por el esta­do para eli­mi­nar al “enemi­go interno” pro­vo­can­do un geno­ci­dio indí­ge­na, legi­ti­ma­do en un dis­cur­so racis­ta con el fin de ins­tau­rar un apartheid indí­ge­na como en la épo­ca de la repú­bli­ca colo­nial. Un dato cla­ve es la lle­ga­da, por pri­me­ra vez en 194 años de crea­ción de Boli­via como esta­do-nación, de sepa­ra­tis­tas al gobierno con el croa­ta Bran­co Marin­co­vich. Su pro­yec­to polí­ti­co exce­de el de un par­ti­do neo­li­be­ral y tie­ne en el hori­zon­te la divi­sión del Esta­do, la bal­ca­ni­za­ción del país.

A nivel regio­nal, se sien­ta las bases de un mode­lo apli­ca­ble en otros paí­ses, que se ini­ció y empe­zó a mol­dear con el gol­pe “blan­do” en Hon­du­ras (2009) y que con un gol­pe vio­len­to en Boli­via (2019), adquie­re las carac­te­rís­ti­cas más radi­ca­les y fas­cis­tas. EEUU con el fin de recu­pe­rar su hege­mo­nía inten­ta recu­pe­rar su “patio tra­se­ro” (Doc­tri­na Mon­roe, 1823), reco­lo­ni­zar la región y con­tro­lar el 60% del litio del mun­do que con­tie­ne el país. Por lo que per­pe­tra un gol­pe en el cora­zón de Amé­ri­ca Lati­na con­tra su reser­vo­rio moral y revo­lu­cio­na­rio, los pue­blos ori­gi­na­rios. En el mar­co de un plan de una inva­sión yan­kee a Vene­zue­la, denun­cia­do el 19 de agos­to por el emba­ja­dor de Vene­zue­la ante la ONU, que anti­ci­pa ese hori­zon­te para Boli­via, sobre todo lue­go de medir fuer­zas pos blo­queos.

528 años de resis­ten­cia indí­ge­na: reser­va moral y revo­lu­cio­na­ria del mun­do.

Duran­te el gol­pe del 2019 se obser­vó una des­or­ga­ni­za­ción e inde­fen­sión de las orga­ni­za­cio­nes socia­les que per­die­ron la calle ante la vio­len­cia de las FF.AA., la poli­cía y los gru­pos para­mi­li­ta­res. En nue­ve meses, esa corre­la­ción de fuer­zas cam­bió, los movi­mien­tos socia­les demos­tra­ron su sabi­du­ría y su capa­ci­dad de reor­ga­ni­za­ción, aco­rra­lan­do a los gol­pis­tas. Se for­ma­ron miles de moto­que­ros indí­ge­nas con sus Whi­pa­las, en con­tra­po­si­ción a los para­mi­li­ta­res moto­ri­za­dos, que infe­rio­res en can­ti­dad suma­ron poli­cías a sus filas. La “Juven­tud Wari” otro ejem­plo, inte­gra­do por jóve­nes indí­ge­nas de Wari­za­ta, en honor a la pri­mer escue­la ayllu indí­ge­na de Boli­via. En este pro­ce­so la recu­pe­ra­ción de la memo­ria his­tó­ri­ca de lucha ances­tral de Tupak Kata­ri, Bar­to­li­na Sisa, etc., fue deter­mi­nan­te.

Reco­bra valor el dis­cur­so india­nis­ta, anti­co­lo­nial y anti­rra­cis­ta, cuyo pen­sa­mien­to ideo­ló­gi­co debe res­ca­tar el pue­blo boli­viano en con­tra­po­si­ción al resur­gi­mien­to del dis­cur­so racis­ta de supre­ma­cía blan­ca. Este pun­to es cla­ve para for­ta­le­cer la iden­ti­dad, visua­li­zar el camino y el obje­to en dispu­ta, el Esta­do Plu­ri­na­cio­nal, vol­ver a la repú­bli­ca por su ori­gen colo­nial, impli­ca que las y los indí­ge­nas vuel­van a la situa­ción de cua­si escla­vi­tud ante­rior al 2005 y que las y los boli­via­nos sea­mos extran­je­ros en nues­tra pro­pia tie­rra. Un dis­cur­so neta­men­te elec­to­ra­li­ta del M.A.S. en afán de con­vo­car el voto de la cla­se media que se iden­ti­fi­ca con la oli­gar­quía, no poten­cia al prin­ci­pal suje­to polí­ti­co de los cam­bios socia­les: los indí­ge­nas. El ries­go es des­cui­dar a su base fun­da­cio­nal que resis­te el gol­pe des­de el terri­to­rio, pro­te­gió con diez mil hom­bres el avión en el que par­tió Mora­les y quie­nes recu­pe­ra­rán la demo­cra­cia lle­ga­do el momen­to.

Las FF.AA. y la poli­cía en pro­gre­si­va frac­tu­ra al inte­rior, ya no son incon­di­cio­na­les a Áñez, aun­que sus cúpu­las sí, a cam­bio de sobor­nos y ascen­sos. No repri­mió en 12 días, pese a las ame­na­zas. Es impre­de­ci­ble saber qué hubie­ra pasa­do si no se levan­ta­ban los blo­queos, pero lo con­cre­to es que Áñez esta­ba pla­ni­fi­can­do su hui­da a Colom­bia, don­de resi­de su pare­ja, y la con­vo­ca­to­ria de Fer­nan­do Cama­cho y demás, para des­blo­quear fue un fra­ca­so.

Las nego­cia­cio­nes entre el Tri­bu­nal Supre­mo Elec­to­ral (TSE), Áñez y las orga­ni­za­cio­nes socia­les fue­ron otro fra­ca­so. Nadie asis­tió a reu­nión con Áñez, pues en simul­tá­neo repri­mían en Samai­pa­ta. Mari­cruz Bayá de A.D.N. asis­tió y le pidió la renun­cia por TV evi­den­cian­do un vacío de poder, un Esta­do sin gobierno.

El 10 de agos­to, Mora­les con­vo­có a una con­ci­lia­ción con la ONU y la igle­sia con el obje­ti­vo de defi­nir la fecha elec­to­ral para el 18 de Octu­bre, pero las orga­ni­za­cio­nes socia­les exi­gían otra fecha con­sen­sua­da. El 12 de agos­to, se deter­mi­na rodear la casa de gobierno has­ta la renun­cia de Áñez. Al día siguien­te, la asam­blea legis­la­ti­va aprue­ba una ley de “elec­cio­nes defi­ni­ti­vas, impos­ter­ga­ble e ina­mo­vi­ble” para el 18 de Octu­bre. Áñez se adju­di­ca la “paci­fi­ca­ción del país”. La C.O.B. y el Pac­to de Uni­dad acu­san de “trai­ción” a la asam­blea legis­la­ti­va y des­co­no­cen dicha ley por “deli­be­rar a espal­das del pue­blo”. A los dos días, se decla­ra cuar­to inter­me­dio y levan­tan los blo­queos, pro­vo­can­do males­tar y pug­nas.

Aquí la Con­fe­ren­cia de Pren­sa del 13 de agos­to que ofre­cie­ra la COB, el Pac­to de Uni­das y las Bar­to­li­na Sisa: 

Recha­zo al acuer­do y ley nego­cia­do a espal­das del pue­blo­La COB y el Pac­to de Uni­dad somos lea­les al pue­blo, quie­nes trai­cio­na­ron al pue­blo son los que nego­cia­ron a espal­das de los tra­ba­ja­do­res sin tomar en cuen­ta el cabil­do y los pedi­dos de las bases, fue­ron el Órgano Eje­cu­ti­vo, el Órgano Elec­to­ral y él Órgano Legis­la­ti­vo los que die­ron la espal­da al pue­blo boliviano.Bajaremos a las bases y será el pue­blo que deci­da qué accio­nes lle­var ade­lan­te.

Gepos­tet von Cen­tral Obre­ra Boli­via­na am Don­ners­tag, 13. August 2020

Inme­dia­ta­men­te, se des­atan ame­na­zas de apren­sión a los diri­gen­tes y el de Inter­cul­tu­ra­les es dete­ni­do, se crea un cli­ma de “frau­de” idén­ti­co al del 2019 de que si gana elec­cio­nes el M.A.S. sería por frau­de. La igle­sia pide evi­tar elec­cio­nes por pan­de­mia, lo mis­mo los líde­res cívi­cos en reu­nión con el TSE, diplo­má­ti­co gol­pis­ta en Bra­sil pone en duda el voto migran­te por pan­de­mia (podría exten­der­se a otros paí­ses), un “cabil­do cívi­co vir­tual” deman­da fis­ca­li­zar las elec­cio­nes y ame­na­zan con des­co­no­cer a los voca­les del TSE, mien­tras cir­cu­la que podrían renun­ciar masi­va­men­te.

Según CELAG, el can­di­da­to Luis Arce con 42% supera lo exi­gi­do por la ley para ganar en pri­me­ra vuel­ta: el 40% de los votos y los 10 pun­tos de dife­ren­cia con el segun­do con­trin­can­te, Car­los Mesa que tie­ne 27%. El par­ti­do elec­to­ral se jue­ga en una can­cha emba­rra­da (golpismo/​medios/​aparato estatal/​etc.) y con un árbi­tro del gol­pis­mo (TSE). Si Áñez u otro se baja, las dis­tan­cias se acor­tan, se iría a segun­da vuel­ta, don­de el voto anti M.A.S. podría ser fatal.

Más allá de la rea­li­za­ción y/​o resul­ta­dos de la elec­ción, el M.A.S. se debe pro­fun­da auto­crí­ti­ca por los erro­res pre­vios al gol­pe y pos gol­pe. Se pre­ci­sa la reno­va­ción de buró­cra­tas de cla­se media por cua­dros polí­ti­cos con pro­ta­go­nis­mo indí­ge­na (mayo­ría en el país) y con legi­ti­mi­dad de las bases, con­di­cio­nes vita­les para anti­ci­par y des­ar­ti­cu­lar cual­quier ofen­si­va impe­rial. Si el M.A.S. vira al cen­tro y pasa­ra a ser un par­ti­do tra­di­cio­nal, dejan­do de lado los prin­ci­pios ideo­ló­gi­cos ori­gi­na­rios, el cos­to polí­ti­co será alto, el que pagó el MNR par­ti­do boli­viano cono­ci­do por dic­tar las leyes de refor­ma agra­ria y de voto uni­ver­sal en 1952.

Pun­tos cen­tra­les de refle­xión pos blo­queos:

1‑Sociedad civil Vs socie­dad polí­ti­ca: La lucha del pue­blo por la recu­pe­ra­ción de la demo­cra­cia, reba­só al M.A.S. en deman­das y en núme­ro, armán­do­se un blo­que popu­lar diver­so en la que este es solo una frac­ción.

2‑Democracia Repre­sen­ta­ti­va Libe­ral Vs Demo­cra­cia Par­ti­ci­pa­ti­va: Tenien­do en cuen­ta los des­en­cuen­tros entre las orga­ni­za­cio­nes socia­les y la cla­se polí­ti­ca, y que “la madu­rez de las orga­ni­za­cio­nes socia­les se demues­tra en la capa­ci­dad y auto­no­mía de sus deci­sio­nes” (C. Kata­ri, 2019): ¿Son las orga­ni­za­cio­nes socia­les (base) las que deli­be­ran y deci­den el plan de lucha y la cla­se polí­ti­ca obe­de­ce según Mora­les “Gober­nar obe­de­cien­do al pue­blo” o estas se toman de for­ma ver­ti­cal, pater­na­lis­ta y uni­la­te­ral?

3‑Colonización de la polí­ti­ca Vs des­co­lo­ni­za­ción de la polí­ti­ca: El 13 de agos­to, Segun­di­na Flo­res máxi­ma diri­gen­te de Bar­to­li­nas Sisa, par­te del pac­to de uni­dad jun­to a la C.O.B. sos­tu­vo: “Sec­to­res inte­lec­tua­les de cla­se media que han con­du­ci­do el pro­ce­so de cam­bio, el M.A.S., siguen con­du­cién­do­lo y noso­tros (los indí­ge­nas) como fun­da­do­res del ins­tru­men­to polí­ti­co (…) no nos han deja­do con­du­cir, siem­pre están hablan­do a nom­bre de noso­tros y de nues­tra lucha”. Es inne­ga­ble que el acce­so de los indí­ge­nas a la polí­ti­ca fue masi­vo duran­te el gobierno de Mora­les, que lide­ró el mejor perio­do de la his­to­ria de Boli­via. Sin embar­go, estas pala­bras obli­gan a la refle­xión de has­ta qué pun­to los indí­ge­nas par­ti­ci­pa­ban de las deci­sio­nes cla­ves del rum­bo del país, sobre todo en el lla­ma­do “gobierno de las orga­ni­za­cio­nes socia­les” y en una socie­dad pig­men­to­crá­ti­ca don­de el “saber y la capa­ci­dad” están pues­tos his­tó­ri­ca­men­te en los lla­ma­dos “per­fi­les pro­fe­sio­na­les”, siem­pre blan­cos. Por otro lado, se inter­pe­la a los “inte­lec­tua­les de cla­se media y de izquier­da, blan­cos” (apli­ca­ble a nivel regio­nal) sin cons­cien­cia de su pro­ce­den­cia de cla­se, for­ma­tea­dos en una visión euro­cén­tri­ca, apli­can con­cep­tos y cate­go­rías occi­den­ta­les de aná­li­sis, que no tie­nen que ver con la reali­dad y el pen­sa­mien­to andino, e insu­fi­cien­tes para expli­car la com­ple­ja reali­dad boli­via­na e indí­ge­na. No advir­tién­do­lo repro­du­cen el sis­te­ma colo­nial y capi­ta­lis­ta que sos­tie­nen cri­ti­car. Equi­va­le a que ana­li­ce­mos las pro­ble­má­ti­cas de géne­ro de las muje­res con pará­me­tros mas­cu­li­nos. El mar­xis­ta A. Grams­ci cri­ti­ca a este tipo de “inte­lec­tual tra­di­cio­nal”, pero los des­ti­na­ta­rios de la líder Bar­to­li­na pare­cen no haber­lo leí­do, igual no alcan­za­ría. Por­que, quien pren­de la luz es el pio­ne­ro pen­sa­mien­to india­nis­ta, pro­po­ne la des­co­lo­ni­za­ción del cono­ci­mien­to y la cien­cia, el pen­sar­se “des­de noso­tros mis­mos”. Solo nues­tros inte­lec­tua­les serán quie­nes podrán plan­tear las pro­ble­má­ti­cas del indí­ge­na y denun­cia que otros se pre­sen­ten como voce­ros de los indí­ge­nas (y de las y los boli­via­nos) usán­do­los como pla­ta­for­ma polí­ti­ca y roban­do su voz para acce­der a car­gos polí­ti­cos y otros bene­fi­cios.

Itu­rria /​Fuen­te

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