Méxi­co. Mag­da­le­na, tie­rra de des­pla­za­das

Luis Enri­que Aguilar/​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 25 de agos­to de 2020

Casas aban­do­na­das y otras semi­ha­bi­ta­das, unas más ves­ti­das como trin­che­ras, por­que las balas con armas de alto cali­bre lle­gan no sólo a los patios sino tam­bién a las pare­des e inclu­so han cru­za­do el umbral de las puer­tas. Ahí que­da­ron ya casi sin pare­des ni techo algu­nas y en la sole­dad sus ense­res, en medio de las mon­ta­ñas de Los Altos de Chia­pas que guar­dan la tran­qui­li­dad para otras épo­cas.

Este es el pai­sa­je que se deve­la en Xux­chen y Koko’, dos de las 13 comu­ni­da­des del Pue­blo Maya Tsotsil de Alda­ma bajo ase­dio por gru­pos civi­les arma­dos de cor­te para­mi­li­tar pro­ce­den­tes de Che­nalhó. Deso­la­ción en tie­rras de des­pla­za­das.

Una de las pro­ble­má­ti­cas prin­ci­pa­les es que el des­pla­za­mien­to for­za­do que enfren­tan las fami­lias tsotsi­les de Alda­ma es con­ti­nuo, difí­cil de cuan­ti­fi­car, esto impli­ca que depen­dien­do de la fre­cuen­cia e inten­si­dad de los ata­ques con arma de fue­go, la pobla­ción aban­do­na sus casas y des­pués cuan­do baja el ries­go o aumen­ta el ham­bre, regre­san a sus hoga­res. Tam­bién hay quie­nes lle­van cua­tro y dos años sin regre­sar.

Algu­nas muje­res de Mag­da­le­na, como ances­tral­men­te se lla­ma este terri­to­rio- han des­arrai­ga­do su fogón de la coci­na fami­liar para hacer las tor­ti­llas de mane­ra colec­ti­va en los espa­cios del des­pla­za­mien­to for­za­do, para dar lo míni­mo de comi­da a sus fami­lias. En las can­chas de bas­quet­bol y volei­bol encuen­tran su refu­gio comu­ni­ta­rio, en menor ries­go por­que están ale­ja­das de los des­cam­pa­dos.

Otras muje­res care­cen de lo míni­mo, en su refu­gio meti­das en el mon­te, para res­guar­dar­se de los dis­pa­ros con armas de alto cali­bre que cru­zan des­de San­ta Martha, Che­nalhó. Estas últi­mas no han podi­do esca­par del horror, del ham­bre, la enfer­me­dad y el frio.

La mayo­ría son muje­res, con la mira­da per­di­da al hori­zon­te, con ros­tros de tris­te­za, can­san­cio, dolor y rabia, pero tam­bién hay hom­bres quie­nes abra­zan con el cuer­po de sus hijas e hijos el mie­do.

Hay fami­lias que lle­van más de una sema­na escon­dién­do­se del horror entre la llu­via y las balas que han baja­do pero no han cesa­do. Así des­de hace más de dos años, de mane­ra cícli­ca.

Huyen para sal­var su vida. Sue­len pasar horas y días, pero tam­bién hay fami­lias que des­de mar­zo de 2018 no regre­san, las más cer­ca­nas al río que las divi­de de sus agre­so­res. Este lími­te natu­ral tam­po­co es garan­tía de sal­va­guar­da. Han incur­sio­na­do cada vez más cer­ca sem­bran­do el terror, como en Yetón el pasa­do 15 de agos­to.

El pere­gri­nar ini­cia en la pro­pia casa, han adap­ta­do espa­cios para pro­te­ger­se de los ata­ques arma­dos a veces en un cuar­to o en la coci­na, se crean trin­che­ras en los patios para pos­po­ner la hui­da. Otras más se mue­ven a otra comu­ni­dad pero en nin­gu­na de las veci­nas hay paz, se des­pla­zan a veces simul­tá­nea­men­te, a veces alter­nan­do el mie­do. Esta adver­si­dad impac­ta de mane­ra estruc­tu­ral su vida y cul­tu­ra como Pue­blos Ori­gi­na­rios.

El sába­do 22 de agos­to aún seguían escon­di­das en refu­gios impro­vi­sa­dos muje­res con sus hijas e hijos. A más de una sema­na no tie­nen segu­ri­dad por­que a pesar de la pre­sen­cia de la Guar­dia Nacio­nal, la Poli­cía Fede­ral Pre­ven­ti­va y el Ejér­ci­to mexi­cano, per­sis­ten los dis­pa­ros que son el pan de cada día en en la región.

Estas con­di­cio­nes les impi­den ejer­cer sus acti­vi­da­des coti­dia­nas. Diver­sos ata­ques se han regis­tra­do duran­te sus labo­res cam­pe­si­nas, no tie­nen acce­so pleno a sus tie­rras de tra­ba­jo ni pue­den dedi­car­se al comer­cio y a nin­gu­na otra acti­vi­dad eco­nó­mi­ca de mane­ra regu­lar y com­ple­ta para obte­ner el ingre­so fami­liar, no pue­den hacer la vida para vivir.

No hay lo sufi­cien­te en sus reser­vas de maíz y los cul­ti­vos de café tam­bién se han per­di­do. Se avi­zo­ra una mayor emer­gen­cia por caren­cia de ali­men­tos uni­da a una cri­sis huma­ni­ta­ria como impac­to del des­pla­za­mien­to cons­tan­te de esta pobla­ción en 13 comu­ni­da­des de Alda­ma-Mag­da­le­na.

Sin embar­go hay dig­ni­dad en la exi­gen­cia al Esta­do mexi­cano indi­fe­ren­te a las con­di­cio­nes del des­pla­za­mien­to for­za­do: Tene­mos dere­cho de vivir en paz, pedi­mos a los tres nive­les de gobierno resuel­van este pro­ble­ma, pedi­mos al gobierno apo­yos de pri­me­ra nece­si­dad: des­pen­sa, zapa­tos, ropas, cobi­jas, deter­gen­tes… pero la ayu­da huma­ni­ta­ria no lle­ga. Impe­ra el racis­mo y la dis­cri­mi­na­ción.

En mayo de 2016 comen­zó el des­pla­za­mien­to for­za­do de pobla­ción de Mag­da­le­na, pro­vo­ca­do por ata­ques de gru­pos civi­les arma­dos de cor­te para­mi­li­tar pro­ce­den­tes de Manuel Utri­lla, San­ta Martha, muni­ci­pio de Che­nalhó. En esa fecha 115 comu­ne­ros fue­ron des­po­ja­dos de sus tie­rras, las 60 hec­tá­reas que devie­nen en un con­flic­to oca­sio­na­do por la Secre­ta­ría de la Refor­ma Agra­ria des­de 1975.

Sie­te fami­lias fue­ron des­pla­za­das por un gru­po arma­do que incur­sio­nó y las ata­có. La agre­sión con­sis­tió ade­más en que­ma de casas, robos y des­truc­ción de cul­ti­vos, entre otro deli­tos que se encuen­tran denun­cia­dos en una car­pe­ta de inves­ti­ga­ción ante la Fis­ca­lía Gene­ral del Esta­do de Chia­pas.

Des­de hace cua­tro años, las auto­ri­da­des del gobierno de Chia­pas no ejer­cie­ron acción penal-desar­me y deten­ción- en con­tra del gru­po inva­sor, dejan­do cre­cer la vio­len­cia en esta región de Los Altos de Chia­pas. A par­tir de esa fecha las deto­na­cio­nes con armas de fue­go des­de el inte­rior de los pre­dios des­po­ja­dos se han incre­men­ta­do has­ta el ata­que recien­te del 1 al 17 de agos­to de 2020.

En febre­ro de 2018 esca­la­ron los hos­ti­ga­mien­tos con el ase­dio a 5 comu­ni­da­des: Tabak, Koko’, Cotsil­nam, Tse­lej­po­tob­tik, Xchuch te’, Puen­te y la cabe­ce­ra muni­ci­pal de Alda­ma. El núme­ro de per­so­nas en des­pla­za­mien­to for­za­do fue aumen­tan­do has­ta lle­gar a la cifra de 2036. Sin embar­go los ata­ques en este mes esca­la­ron, el núme­ro de per­so­nas en des­pla­za­mien­to for­za­do es inde­ter­mi­na­do por las carac­te­rís­ti­cas de estos nue­vos des­pla­za­mien­tos, son un huir con­ti­nuo para sal­var la exis­ten­cia.

Ante la indo­len­cia de los dis­tin­tos nive­les de gobierno en Méxi­co, orga­ni­za­cio­nes de la Socie­dad Civil hacen lla­ma­dos a cons­truir un camino de paz y acom­pa­ñar con ayu­da huma­ni­ta­ria a la pobla­ción en des­pla­za­mien­to for­za­do en los lími­tes de Mag­da­le­na-Che­nalhó, Chia­pas.

Suma tu apo­yo, fir­ma la Acción Avaaz: Que­re­mos a las des­pla­za­das de Alda­ma en sus casas. Ingre­sa a: https://​bit​.ly/​3​a​U​p​sB3

FUEN­te: des­In­for­me­mo­nos

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