Uru­guay. Las madres ganan 42 por cien­to menos que las muje­res sin [email protected]

Por Azul Cor­do, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 25 de julio de 2020.

A pesar de los avan­ces de los últi­mos años, las muje­res en Uru­guay siguen per­ci­bien­do ingre­sos labo­ra­les mucho meno­res que los hom­bres: un 19 por cien­to menos, según un infor­me pre­sen­ta­do por la ofi­ci­na de CEPAL en nues­tro país. Esa bre­cha se pro­fun­di­za si las muje­res son madres.

«A igual tarea, igual remu­ne­ra­ción» es una ban­de­ra de lucha vigen­te en el movi­mien­to femi­nis­ta que dia­lo­ga con el sin­di­ca­lis­mo. Cla­ro, esto se com­ple­ji­za cuan­do nos damos con­tra un techo de cris­tal que no nos per­mi­te per­ci­bir el mis­mo sala­rio por­que no lle­ga­mos a ocu­par pues­tos de jerar­quía, o cuan­do el piso pega­jo­so nos man­tie­ne en la base de la pirá­mi­de, en tareas cul­tu­ral­men­te femi­ni­za­das, como los tra­ba­jos domés­ti­cos y de cui­da­dos, que sue­len ser mal pagos.

Y la mam­pos­te­ría se nos vie­ne enci­ma si ade­más nos ente­ra­mos de que, al ser madres, pasa­mos a ganar 19 por cien­to menos en el pri­mer año de mater­ni­dad, y que a diez años del pri­mer hijo nues­tro sala­rio se redu­ce un 42 por cien­to res­pec­to de otras muje­res que no son madres.

La dimen­sión de la «pena­li­za­ción por mater­ni­dad» en Uru­guay es uno de los prin­ci­pa­les hallaz­gos en el infor­me «Bre­chas de géne­ro en los ingre­sos labo­ra­les en Uru­guay», ela­bo­ra­do por la Comi­sión Eco­nó­mi­ca para Amé­ri­ca Lati­na y el Cari­be (CEPAL) y ONU Muje­res, pre­sen­ta­do el vier­nes pasado.

No es una nove­dad que las muje­res ganan menos que los hom­bres aun­que ten­gan las mis­mas ocu­pa­cio­nes y mayor nivel edu­ca­ti­vo, pero es intere­san­te ver cómo la bre­cha per­sis­te aun cuan­do se ha iden­ti­fi­ca­do que las muje­res son más pro­duc­ti­vas que los varo­nes, un ele­men­to que podría pre­sio­nar a redu­cir­la, seña­lan las auto­ras del informe.

Sin embar­go, en Uru­guay se encuen­tra que «la dis­cri­mi­na­ción es el fac­tor más rele­van­te para la expli­ca­ción de la bre­cha», sos­tie­nen en la publi­ca­ción, basán­do­se en un mode­lo que per­mi­te eva­luar el peso de los dis­tin­tos fac­to­res expli­ca­ti­vos. Las auto­ras deter­mi­nan que «si no exis­tie­ra dis­cri­mi­na­ción, la bre­cha entre los asa­la­ria­dos cali­fi­ca­dos (pro­fe­sio­na­les y téc­ni­cos) favo­re­ce­ría a las mujeres».

De menos

El infor­me estu­dia la evo­lu­ción de las bre­chas de géne­ro en los últi­mos 30 años. Esta no ha sido lineal: entre 1990 y 2002 se redu­jo del 37 al 20 por cien­to, de 2002 a 2008 aumen­tó al 30 y en los siguien­tes años vol­vió a redu­cir­se, lle­gan­do a 19 por cien­to en la últi­ma década.

Aun así «son sig­ni­fi­ca­ti­vas», dice Veró­ni­ca Ama­ran­te, coor­di­na­do­ra de CEPAL Uru­guay. Siguien­do el aná­li­sis de la publi­ca­ción, la exper­ta vin­cu­la esos resul­ta­dos espe­cial­men­te al impac­to que repre­sen­ta el naci­mien­to de los hijos, lo que cons­ta­ta la pena­li­za­ción de la mater­ni­dad en nues­tra socie­dad, a pesar de la preo­cu­pa­ción por el bajo cre­ci­mien­to demográfico.

La dis­mi­nu­ción del ingre­so –expli­ca Ama­ran­te– tie­ne que ver con las difi­cul­ta­des para acce­der a un pues­to for­mal, pero fun­da­men­tal­men­te con el hecho de «tener menos horas de empleo que los hom­bres y que otras muje­res que no tie­nen hijos, lo que deri­va en menos ingre­sos duran­te muchos años des­pués de ser madres». «Par­te de esta reduc­ción se debe a que tra­ba­jan un 60 por cien­to menos en horas que las muje­res que no tuvie­ron hijos», seña­la el estudio.

Si bien la dife­ren­cia de remu­ne­ra­ción por hora entre hom­bres y muje­res es del 6 por cien­to, al poder cum­plir ellos jor­na­das más exten­sas obtie­nen ingre­sos men­sua­les aun mayo­res. El 64 por cien­to del tiem­po de las muje­res está des­ti­na­do al tra­ba­jo no remu­ne­ra­do y un ter­cio al remu­ne­ra­do; en los varo­nes se invier­te la ecua­ción. Aquí cabe pre­gun­tar­se si aumen­tar la can­ti­dad de horas de empleo podría redu­cir la bre­cha o si aca­so esa remu­ne­ra­ción mayor que obten­dría la mujer ter­mi­na­ría yen­do a pagar una cui­da­do­ra que la sus­ti­tu­ya, sobre todo con­si­de­ran­do la mala for­tu­na del buque insig­nia fren­team­plis­ta del Sis­te­ma Nacio­nal de Cuidados.

Por otra par­te, las muje­res tie­nen una tasa de ocu­pa­ción menor que los varo­nes. Las que no tie­nen inser­ción labo­ral son, sobre todo, las de menor nivel edu­ca­ti­vo. Mien­tras casi todos los varo­nes que tie­nen entre 25 y 59 años par­ti­ci­pan del mer­ca­do labo­ral (su tasa de acti­vi­dad nun­ca baja de 93 por cien­to), la par­ti­ci­pa­ción de las muje­res alcan­zó el 81 por cien­to en 2018 y en 1990 era de 20 pun­tos menos.

El infor­me tam­bién esta­ble­ce que las bre­chas son mayo­res en tra­ba­ja­do­res infor­ma­les (don­de alcan­zan el 40 por cien­to) que entre los for­ma­les, y entre los pri­va­dos que entre los públicos.

«El estu­dio toma un perío­do lar­go y sería desas­tro­so si no encon­trá­ra­mos que la bre­cha se achi­ca. Uru­guay avan­za en equi­dad sala­rial, pero esto no es sos­te­ni­do en el tiem­po. Esto nos mar­ca la impor­tan­cia de moni­to­rear para que las polí­ti­cas con­tri­bu­yan a que no se deten­ga ese avan­ce», dijo Ama­ran­te a Brecha.

«Es bien cla­ro que los paí­ses que tie­nen nego­cia­ción colec­ti­va tien­den a tener menos des­igual­dad de ingre­sos labo­ra­les, sala­ria­les y des­igual­dad de géne­ro», obser­vó la exper­ta, con­sul­ta­da sobre el peso de este fac­tor, pero «las ins­ti­tu­cio­nes por sí mis­mas no pue­den gene­rar equi­dad», advirtió.

Las exper­tas de CEPAL pro­po­nen que se imple­men­ten meca­nis­mos que trans­pa­ren­ten los sala­rios que se pagan a hom­bres y muje­res. Ama­ran­te acla­ró que esto «se está hacien­do en varios paí­ses y pue­de ayu­dar a moni­to­rear las bre­chas, a ser cons­cien­tes de eso y a tomar las accio­nes nove­do­sas» para erra­di­car esta discriminación.

Dise­ñar nue­vas polí­ti­cas com­pen­sa­to­rias, jun­to al for­ta­le­ci­mien­to de las vigen­tes, como las licen­cias por mater­ni­dad y pater­ni­dad, para que el cos­to aso­cia­do al naci­mien­to de los niños sea más repar­ti­do social­men­te, es otra de sus propuestas.

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