Argen­ti­na. La des­apa­ri­ción for­za­da de Facun­do Cas­tro y el «gati­llo fácil» inter­pe­lan al Estado

Por Car­los Azná­rez*, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 13 julio 2020

Ya van más de dos meses que un joven argen­tino de 22 años, Facun­do Astu­di­llo Cas­tro, se ha con­ver­ti­do en una nue­va víc­ti­ma de des­apa­ri­ción for­za­da. Todo indi­ca­ría que detrás de este hecho, otra vez esta­rían efec­ti­vos de las fuer­zas poli­cia­les de la pro­vin­cia de Bue­nos Aires.
Des­de ese 30 de abril en que Facun­do via­ja­ba des­de la loca­li­dad de Pedro Luro has­ta Bahía Blan­ca, y en que tes­ti­gos seña­lan que fue obli­ga­do a subir en un patru­lle­ro de la poli­cía bonae­ren­se, nada más se supo de él. O a lo mejor sí, algún dato com­pro­me­te­dor para los secues­tra­do­res debía tener el pro­pio jefe de Segu­ri­dad de la pro­vin­cia, Ser­gio Ber­ni, cuan­do le dijo a la des­con­so­la­da madre del des­apa­re­ci­do: «Su hijo está vivo y lo vamos a encon­trar”. Sue­na por lo menos raro que des­de que Ber­ni pro­nun­cia­ra esa sen­ten­cia, el pasa­do 7 de julio, nun­ca más insis­tió en la mis­ma. La pre­gun­ta que cabe enton­ces, es: qué sabía Ber­ni del tema como para tan teme­ra­ria­men­te dar una infor­ma­ción de ese cali­bre y a las pocas horas vol­ver a decla­rar que no hay indi­cios cier­tos para acu­sar a los efec­ti­vos poli­cia­les que teó­ri­ca­men­te habrían inter­ve­ni­do en el secues­tro y des­apa­ri­ción de Facun­do. O todo se tra­tó de uno de sus típi­cos alar­des ego­cén­tri­cos bus­can­do lograr un per­fil elec­to­ral a futu­ro, lo que sería peor toda­vía tra­tán­do­se de un tema tan dolo­ro­so para una socie­dad que car­ga la pesa­da mochi­la de 30 mil des­apa­re­ci­dos y des­apa­re­ci­das en dic­ta­du­ra, más los que se suma­ron en “demo­cra­cia”, como Julio López o el caso emble­má­ti­co de San­tia­go Mal­do­na­do.
Tie­ne toda la razón la madre de Facun­do cuan­do seña­la que no quie­re a la Bonae­ren­se en la inves­ti­ga­ción del caso por­que es como meter al zorro en el galli­ne­ro, pero su exi­gen­cia, a la que se sumó la Sub­se­cre­ta­ría de Dere­chos Huma­nos de la pro­vin­cia, es cons­tan­te­men­te bur­la­da por los efec­ti­vos poli­cia­les, que no solo tra­tan de seguir obs­ta­cu­li­zan­do la bús­que­da sino que se dan el lujo de ame­na­zar de muer­te al abo­ga­do de la fami­lia Astu­di­llo Cas­tro.
Lo cier­to es que por más que se inten­te disi­mu­lar o enre­dar una defi­ni­ción sobre lo que está ocu­rrien­do con el caso de Facun­do, si todos los cami­nos con­du­cen a que hubo una inter­ven­ción poli­cial en el secues­tro, es indis­cu­ti­ble que exis­te una cla­ra res­pon­sa­bi­li­dad del Esta­do. De la mis­ma mane­ra que ocu­rrie­ra con San­tia­go Mal­do­na­do y Rafael Nahuel, sen­dos actos cri­mi­na­les del gobierno de Mau­ri­cio Macri y Patri­cia Bull­rich. De allí, la gra­ve­dad de que trans­cu­rran los días y Facun­do siga sin apa­re­cer, mien­tras que un gobierno al que millo­nes de argen­ti­nos y argen­ti­nas vota­ron para tra­tar de borrar la bar­ba­rie en todos los órde­nes pro­du­ci­da por el macris­mo, no tome el caso con la serie­dad que mere­ce y remue­va cie­lo y tie­rra para encon­trar vivo al joven secues­tra­do y enviar a la cár­cel de por vida a los cul­pa­bles. No se pue­de seguir con­sa­gran­do la impu­ni­dad como nor­ma, apro­ve­chán­do­se en esta ins­tan­cia de que miles de per­so­nas que segu­ra­men­te se movi­li­za­rían en las calles recla­man­do “apa­ri­ción con vida de Facun­do”, hoy se ven obli­ga­das a estar con­fi­na­das por la pan­de­mia.
Más gra­ve aún cuan­do el gati­llo fácil (o la pena de muer­te ins­ti­tu­cio­na­li­za­da) dan cuen­ta de cifras de terror: un ase­si­na­to a manos de la poli­cía y Gen­dar­me­ría cada 40 horas solo en el mes de junio. Esto tota­li­za 18 jóve­nes muer­tos, por­que la mayo­ría de los eje­cu­ta­dos tie­nen eda­des que osci­lan entre los 18 y los 30 años. Si a ello le suma­mos 82 femi­ci­dios en 117 días de con­fi­na­mien­to obli­ga­to­rio, más otros innu­me­ra­bles abu­sos repre­si­vos en todo el país, la resul­tan­te es que esta­mos en pre­sen­cia de un esta­do de excep­ción a nivel de las fuer­zas de Segu­ri­dad que teó­ri­ca­men­te iban a salir a las calles para “cui­dar” a la pobla­ción. Pero lo más sig­ni­fi­ca­ti­vo es que esto ocu­rre como un hecho “nor­mal”, mini­mi­za­do por la pren­sa hege­mó­ni­ca y aplau­di­do por los sec­to­res más recal­ci­tran­tes de la derecha.

Otra vez, fren­te a tan gra­ve pano­ra­ma, el Esta­do se des­en­tien­de o cuan­do actúa lo hace para pre­miar a tra­vés de su Poder Judi­cial, con liber­ta­des inex­pli­ca­bles a quie­nes come­ten ase­si­na­tos como el de Facun­do Scal­zo, en el Bajo Flo­res, o a quie­nes alla­na­ron vio­len­ta­men­te la vivien­da de los indí­ge­nas Qom en el Cha­co, gol­pean­do e inten­tan­do que­mar a una ado­les­cen­te, o a los ase­si­nos de la auto­ri­dad indí­ge­na Javier Cho­co­bar, en Tucu­mán, por nom­brar solo unos casos.
Es evi­den­te, por más que lo nie­guen los fun­cio­na­rios civi­les del Minis­te­rio de Segu­ri­dad, con Sabi­na Fre­de­ric y Gabriel Fuks a la cabe­za, que hay luz ver­de para que poli­cías y gen­dar­mes actúen con saña mani­fies­ta con­tra el pobre­río de esos barrios y villas don­de el ham­bre y la fal­ta de insu­mos de todo tipo son mone­da corrien­te, y jamás lo hagan con­tra, por ejem­plo, los ultra­de­re­chis­tas que se mani­fes­ta­ron días pasa­dos en el Obe­lis­co, decla­ran­do enemi­gos y gol­pean­do a todo aquel que no pien­sa como ellos.
Así es de bru­tal el “nue­vo orden” que se va con­for­man­do des­de que comen­zó la gue­rra bac­te­rio­ló­gi­ca glo­bal. Nece­si­ta para impo­ner el con­trol social esta­ble­cer un sis­te­ma de mili­ta­ri­za­ción de las socie­da­des y con­sa­grar como “daños cola­te­ra­les” las bajas (crí­me­nes) que deri­ven del mis­mo. Por eso, ha de estar en la resis­ten­cia y la lucha que se pre­sen­te a este tipo de pro­yec­tos de domi­na­ción, la posi­bi­li­dad de que no sigan ocu­rrien­do más casos como el de Facun­do Cas­tro u otros como él cuyo úni­co deli­to es ser jóve­nes y vivir en barrios humil­des. Callar­se, con­sen­tir o mirar a un cos­ta­do, sig­ni­fi­ca­rá com­pli­ci­dad por acción u omisión.

*Inte­gran­te de la OLP-Resis­tir y Luchar

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