Vene­zue­la. ¡Ay zas, yo no soy pobre! (Opi­nión)

Por El Caya­po. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 6 de julio del 2020.

Aquí usa­re­mos el tér­mino impe­ria­lis­mo, tal y como lo pre­ci­só Lenin, como la evo­lu­ción del sis­te­ma capi­ta­lis­ta, como su eta­pa supe­rior, es decir una cul­tu­ra que se impu­so e impe­ra en todo el pla­ne­ta, sin impor­tar país o patria.

El des­ga­rre, des­de sus cimien­tes, está suce­dien­do. El capi­ta­lis­mo en su fase supe­rior, el impe­ria­lis­mo, defi­ni­ti­va­men­te está inten­tan­do des­ha­cer­se de una de sus crea­cio­nes más caras: el esta­do-nación. De acuer­do con su pro­ce­so, el esta­do-nación se ha con­ver­ti­do en una tra­ba para la con­ti­nui­dad del imperialismo.

Es cla­ro que ya no hay terri­to­rios para fun­dar e impo­ner­le la cul­tu­ra huma­nis­ta, ya no hay mer­ca­dos que con­quis­tar ni expri­mir, todo está den­tro de casa, las fron­te­ras han sido reba­sa­das; si algu­na patria se le pue­de asig­nar al impe­ria­lis­mo, ten­dría por nom­bre Tierra.

Todo el pla­ne­ta está copa­do por la maqui­na­ria capi­ta­lis­ta, las vie­jas orga­ni­za­cio­nes e ins­ti­tu­cio­nes, crea­das en el mar­co del desa­rro­llo de esta cul­tu­ra, son obje­ti­vo de des­truc­ción, háble­se de ONU o paí­ses, y todo lo que crea­mos inamovibles.

Pero no solo eso: tam­bién son obje­ti­vo de des­truc­ción las vie­jas for­mas de hacer polí­ti­ca, arte, ofi­cio, inclu­so la inge­nie­ría de la obso­les­cen­cia pro­gra­ma­da es una ente­le­quia, que tam­bién pasa­rá al tras­to de la basu­ra capi­ta­lis­ta, como suce­de­rá con los acuer­dos de Bret­ton Woods y todo lo que has­ta este momen­to ha crea­do para su bene­fi­cio la cul­tu­ra humanista.

Hoy el capi­ta­lis­mo nece­si­ta des­truir mer­can­cías, medios de pro­duc­ción y, por enci­ma de todas las cosas, nece­si­ta eli­mi­nar gen­te, mucha gente.

El capi­ta­lis­mo sur­gió como cul­tu­ra sin patria. Para esta cul­tu­ra, la patria es una ente­le­quia que debe ser eli­mi­na­da por­que ya cum­plió su come­ti­do, aun­que en nom­bre de la madre patria fue­ron inva­di­dos y saquea­dos con­ti­nen­tes ente­ros, pero eso ya no hace falta.

Es dema­sia­do evi­den­te: para el impe­ria­lis­mo es una nece­si­dad tra­gar­se a Euro­pa, a Esta­dos Uni­dos y a las gran­des ciu­da­des que con­cen­tran gran­des pobla­cio­nes en todo el pla­ne­ta, y no le impor­ta si se con­vier­ten en bodrios, en tan­to ellos pue­dan con­tro­lar el caos. El plan está en mar­cha. No impor­ta cuál fuer­za gane la bata­lla, noso­tros siem­pre perderemos.

Esta­mos hablan­do de que esta mecha se pren­dió y la mis­ma hará volar por los aires todo el anda­mia­je de la cul­tu­ra capi­ta­lis­ta, jun­to con todas las ideo­lo­gías que, como pegos­tes, se nos agre­ga­ron al cere­bro, sean estas de izquier­da, de dere­cha, de los lados, de arri­ba o de abajo.

Este des­ba­ra­jus­te se ha de tra­gar todas las aca­de­mias, igle­sias e ins­ti­tu­cio­nes que has­ta el momen­to han exis­ti­do, todas serán some­ti­das a la nue­va rein­ge­nie­ría del capi­tal. Las que sobre­vi­van lo harán a su ser­vi­cio, sin tapu­jos, sin dis­fra­ces, sin más­ca­ras, dios será un buró­cra­ta más de la gran fábri­ca y los ofre­ce­do­res de qui­me­ras, uto­pías o espe­ran­zas que­da­rán para mos­trar­los como bur­la, en las mar­que­si­nas de la cine­ma­to­gra­fía de mun­dos distópicos.

Aho­ra bien, al des­nu­dar­se y que­dar en evi­den­cia las ver­da­de­ras moti­va­cio­nes del impe­ria­lis­mo, en medio de la calle pla­ne­ta­ria, a pobres y a ricos nos igua­la en la orfan­dad de los con­cep­tos, de las ideo­lo­gías. Nin­gu­na teo­ría de las cono­ci­das nos dará res­pues­tas, por­que los códi­gos, las cla­ves, de estos hechos y muchos otros que suce­den y suce­de­rán, están lacra­dos en nues­tras frentes.

Y no nos refe­ri­mos a un gru­po, a un sec­tor, a un gre­mio, a un par­ti­do, a una orga­ni­za­ción; es la con­fron­ta­ción del todo, el emba­te y com­ba­te de las gran­des fuer­zas que se enfren­tan en la reali­dad: las impe­ria­lis­tas, que con su plan bus­can su per­pe­tua­ción; las cobar­des que siem­pre actúan cir­cuns­tan­cial­men­te al lado de quien ten­ga el poder; y las que pudie­ran impul­sar el naci­mien­to de otra cultura.

En esta bata­lla, los capi­ta­lis­tas tie­nen sus pla­nes en el mar­co de su pro­pia con­tra­dic­ción, que se mue­ve entre sos­te­ner el anda­mia­je del esta­do-nación o su abso­lu­ta des­truc­ción; en cual­quie­ra de los casos, los impe­ria­lis­tas tie­nen cla­ri­dad de su hacer, tie­nen su motor pro­pio, un inte­rés que los mue­ve, no darán su bra­zo a tor­cer, no cede­rán un milí­me­tro de terreno.

Cada una de estas fuer­zas con­tra­dic­to­rias se obli­ga a morir en los cam­pos de bata­lla, por­que será de esas tem­pes­ta­des de don­de naz­ca la otra mane­ra de gober­nar en el pla­ne­ta, el impe­ria­lis­mo o su des­truc­ción, por­que los impe­ria­lis­tas saben que de no hacer lo que están hacien­do, su apa­ra­to de pro­duc­ción fene­ce­rá, y con ello su cultura.

Las per­so­nas de una for­ma o de otra se move­rán per­ma­nen­te­men­te en esa diná­mi­ca, bien sea impul­san­do a su fuer­za, apo­yán­do­la o trai­cio­nán­do­la. Has­ta este momen­to esas son las fuer­zas que están moto­ri­zan­do la his­to­ria, es su plan, su con­cep­to, su nece­si­dad, sus deseos o velei­da­des, lo que hoy está estre­me­cien­do a la espe­cie a des­pe­cho de las vie­jas ideo­lo­gías sal­va­do­ras de gente.

Exis­te otra inmen­sa y vigo­ro­sa fuer­za que la con­for­ma­mos los pobres. Esta fuer­za, hoy, es obje­ti­vo de gue­rra como daño direc­to y cola­te­ral. A noso­tros nos están cazan­do de mil for­mas, somos una mer­can­cía sobran­te, y al capi­ta­lis­mo no le tem­bla­rá el pul­so, nos ase­si­na­rá como siem­pre, y para ello usa­rá lo que esté a su alcan­ce, por­que ellos nece­si­tan balan­cear la tasa de ganan­cia excesiva.

Gue­rra avi­sa­da no mata sol­da­do, dicen los vivos; los pobres esta­mos lla­ma­dos a enten­der­nos. Nece­si­ta­mos saber que exis­ti­mos con capa­ci­dad de poder sus­ti­tuir a las vie­jas fuer­zas que hoy se enfren­tan y deci­mos sus­ti­tuir. Al impe­ria­lis­mo nada lo cam­bia, nada lo refor­ma, nada lo des­tru­ye, nadie lo ven­ce, nadie lo derro­ta; aun cuan­do los pue­blos del mun­do han demos­tra­do derro­tar­lo en los cam­pos de bata­lla, no lo han podi­do derro­tar en el cam­po pro­duc­ti­vo, que en defi­ni­ti­va es lo que rege­ne­ra de mane­ra per­ma­nen­te al capi­ta­lis­mo como cultura.

El cha­vis­mo ha sabi­do con­glo­me­rar a las mayo­rías a favor de un pro­yec­to nacio­nal-regio­nal. Foto: Fede­ri­co Parra /​AFP

Los pobres esta­mos obli­ga­dos a pen­sar­nos, a dejar la pen­de­je­ra de que “¡ay zas yo no soy pobre!”. El que se pien­sa se reco­no­ce, en sus mise­rias y habi­li­da­des, y a par­tir de allí deci­de qué y cómo hacer.

Nin­gún sis­te­ma de poder garan­ti­za la exis­ten­cia de las gran­des mayo­rías a menos que fue­ra hacia una más depau­pe­ra­da, sumi­sa y abso­lu­ta escla­vi­tud, tal y como ya lo están eje­cu­tan­do según sus pla­nes. Esto es apli­ca­ble a paí­ses, con­ti­nen­tes; quie­nes crean que somos sub­de­sa­rro­lla­dos o en vías de desa­rro­llo segui­rán sien­do mina; quie­nes pien­sen en pro­gre­so, civi­li­za­ción, cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co y toda esa sar­ta de estu­pi­de­ces socio­ló­gi­cas y eco­no­mi­cis­tas, ter­mi­na­rán en la rui­na abso­lu­ta, arria­dos por la carre­ta del imperialismo.

A pesar de todo el poder del Impe­rio, en su reaco­mo­do, se abre una gran ren­di­ja que nos pue­de per­mi­tir a los pobres tomar el poder en gran par­te del pla­ne­ta, tal y como suce­dió en la épo­ca de la Unión Sovié­ti­ca, Chi­na, el este euro­peo, Cuba, Viet­nam, Nica­ra­gua, y des­de allí ini­ciar el pro­ce­so crea­ti­vo de la otra cultura.

Para ello, es nece­sa­rio enten­der que el pen­sa­mien­to ela­bo­ra­do des­de el poder, en toda la his­to­ria de la espe­cie, ha sido hecho por aque­llos que entien­den que sus rique­zas solo son posi­bles con nues­tra escla­vi­tud. En todos los sis­te­mas de pro­duc­ción ocu­rri­dos has­ta el momen­to, lo pen­sa­do, con sus excep­cio­nes, ha rema­cha­do nues­tra escla­vi­tud. El pen­sa­mien­to que nos ante­ce­de, pro­du­ce o repro­du­ce, per­ma­nen­te­men­te, está hecho para el ejer­ci­cio del poder en con­tra de noso­tros, nin­guno de esos pen­sa­mien­tos nos ha qui­ta­do o qui­ta­rá el yugo de la explo­ta­ción, por muy pre­ña­do de bue­nas inten­cio­nes que se muestren.

Sólo aquel pen­sa­mien­to que sur­ja expre­sa­men­te del noso­tros nos hará de otra mane­ra, la cul­tu­ra que dise­ñe­mos des­de el conocimiento.

Si segui­mos acep­tan­do que el pen­sa­mien­to huma­nis­ta es el pen­sa­mien­to nece­sa­rio, con su liber­tad, su igual­dad y sus dere­chos fra­ter­na­les del hom­bre-due­ño, la escla­vi­tud será peren­ne. Los pobres debe­mos saber que este pen­sa­mien­to, expre­sa­do en su apa­ra­to de pro­duc­ción, nos repro­du­ce como indi­vi­duos-ego, sepa­ra­dos en infi­ni­tos gre­mios, razas, reli­gio­nes, ideo­lo­gías, dise­ños polí­ti­cos, tan­tos como indi­vi­duos ambi­cio­sos y deseo­sos del poder exis­tan. La mane­ra como pen­sa­mos, vivi­mos y tra­ba­ja­mos es frag­men­ta­ria, nos hace gen­te sola, por­que así fun­cio­na el sistema.

Noso­tros, en el mar­co de este pro­ce­so, no debe­mos acep­tar la idea de que otros nos pien­sen. Debe­mos pen­sar­nos dis­tin­to, debe­mos pen­sar glo­bal­men­te, debe­mos pen­sar para el noso­tros, debe­mos pen­sar la mane­ra de eli­mi­nar el apa­ra­to de pro­duc­ción, no de apro­piár­nos­lo y repar­tír­nos­lo, por­que eso repe­ti­ría el esque­ma y sólo esta­ría­mos sus­ti­tu­yen­do due­ños, por­que en el mar­co del pen­sa­mien­to actual esta­mos for­ma­dos para ser due­ños, aun cuan­do no ten­ga­mos nada.

Es tiem­po de que noso­tros como cla­se gene­re­mos el pen­sa­mien­to que ha de cons­ti­tuir­nos, es el tiem­po de aban­do­nar, de dejar solo al capi­ta­lis­mo, sus códi­gos, su éti­ca del cri­men y el saqueo, su modo de rela­cio­nar­nos, su ima­gi­na­rio, su mane­ra de trans­mi­tir el cono­ci­mien­to, su mane­ra de tra­ba­jar, su cos­tum­bre de des­truir­lo todo.

Los pobres no hemos podi­do has­ta aho­ra gene­rar pen­sa­mien­to. Si logra­mos enten­der que no nece­si­ta­mos depen­der de nin­gún due­ño, que no es natu­ral ser explo­ta­dos y diri­gi­dos por los due­ños de dio­ses e indi­vi­duos, si nos per­ca­ta­mos que tene­mos cere­bros y que estos colec­ti­va­men­te pue­den tra­ba­jar para for­jar­se su pro­pio des­tino, enton­ces pudié­ra­mos estar hablan­do de la posi­bi­li­dad de sus­ti­tuir al capi­ta­lis­mo, por­que este no des­apa­re­ce­rá por­que lo desee­mos, lo ima­gi­ne­mos, lo rece­mos, lo mal­di­ga­mos, lo acu­se­mos, lo con­de­ne­mos, lo some­ta­mos al escar­nio públi­co, y mucho menos por­que desee­mos sus mieles.

Cada dere­cho que le exi­gi­mos al capi­ta­lis­mo es un esla­bón más de la cade­na que nos ata, por­que sus pla­nes se cum­plen mien­tras nos man­ten­ga escla­vos. Sin los escla­vos que somos, el capi­ta­lis­mo no es posi­ble; si segui­mos cre­yen­do en la lucha por dere­chos o rei­vin­di­ca­cio­nes, es posi­ble que los due­ños de los gre­mios en don­de mili­ta­mos o nos afi­lia­mos vivan bien de via­je en via­je, de hotel en hotel, de micró­fono en micró­fono, hablan­do de lo mal que noso­tros vivi­mos y de que oja­lá el capi­ta­lis­mo nos rega­la­ra los dere­chos que nos mere­ce­mos y un bla­bla­blá infi­ni­to… pero noso­tros segui­ría­mos con­de­na­dos a la pobreza.

Los pobres debe­mos enten­der que nin­gún gre­mio nos sal­va­rá de la escla­vi­tud, por­que el capi­ta­lis­mo no entre­ga dere­chos a quie­nes nece­si­ta como escla­vos, sean de la piel que sean: eco­lo­gis­tas, mino­ría, tama­ño, color, país, etnia, sexo, cam­pe­sino, mujer, niño, pes­ca­dor, obrero.

Para el capi­ta­lis­mo todos somos escla­vos y como tales nos nece­si­ta, los gre­mios hoy nos divi­den, y no es de extra­ñar que a la mayo­ría de los mis­mos los finan­cia el esta­fa­dor Geor­ge Soros y los mue­ve de acuer­do a las cir­cuns­tan­cias, y cuan­do estos se mue­ven a su anto­jo, siem­pre están sus ONG para el con­trol de daños.

No pode­mos pedir­les a los polí­ti­cos, inte­lec­tua­les, artis­tas, aca­dé­mi­cos, pro­fe­sio­na­les, que pien­sen por noso­tros, por la sim­ple razón de que ellos fue­ron edu­ca­dos para pen­sar como pien­san, es decir no pen­sar en sus­ti­tuir lo exis­ten­te. Las uni­ver­si­da­des les cas­tra­ron el cere­bro y les hicie­ron creer que pen­sar es repe­tir libros, cla­ves y códi­gos ya emi­ti­dos; para ellos el pen­sa­mien­to ya exis­te, sólo hay que refe­rir­lo en pre­sun­tuo­sas y con­fu­sas pala­bras, ellos son sabios en capitalismo.

Pero a noso­tros esa sabi­du­ría no nos sir­ve, por­que no nos dice el qué hacer, sólo nos ofre­ce qui­me­ras, mun­dos impo­si­bles. Esa no es su cul­pa, sólo que es así. No se tra­ta de con­de­nar, se tra­ta de saber a qué ate­ner­nos, a saber que esta­mos solos y que eso no es una tra­ge­dia, sino la gran posi­bi­li­dad de ser otros en lo junto.

Como decía Chá­vez: nece­si­ta­mos es pen­sar, nece­si­ta­mos supri­mir el virus del pen­sa­mien­to huma­nis­ta, que man­tie­ne enfer­mo los cere­bros, y comen­zar a crear la otra posibilidad.

¿Otra cul­tu­ra es posi­ble? Rotun­da­men­te sí, siem­pre y cuan­do se pien­se, se sue­ñe, se expe­ri­men­te, fue­ra de los pará­me­tros de lo exis­ten­te. Esto ya lo sabe­mos, no es tema de los escla­re­ci­dos o inte­lec­tua­les, sino de todo un pue­blo, una especie.

Es el tiem­po en medio de la gran bata­lla y el pata­leo del capi­ta­lis­mo por no des­apa­re­cer cuan­do debe­mos pen­sar un terri­to­rio autén­ti­ca­men­te comu­nal, un terri­to­rio don­de expe­ri­men­te­mos, don­de nos equi­vo­que­mos jun­tos. Don­de poda­mos crear lo no exis­ten­te, don­de viva­mos esa her­mo­sa aven­tu­ra de crear el país-poe­ma, el de la no caren­cia, en don­de defi­ni­ti­va­men­te no exis­ta más el ham­bre, el mie­do y la igno­ran­cia. Pero esta es hari­na de otro tema.

* Fuen­te: Misión Verdad

Itu­rria /​Fuen­te

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