Argen­ti­na. Las pro­ta­go­nis­tas de la pri­me­ra asam­blea de muje­res en el Puen­te Puey­rre­dón

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 30 de junio de 2020

El 26 de Junio de 2002 la poli­cía bonae­ren­se fusi­ló a Darío San­ti­llan y Maxi­mi­liano Kos­te­ki en un cli­ma de cri­sis social polí­ti­ca y eco­nó­mi­ca. La bús­que­da de ver­dad, memo­ria y jus­ti­cia por Darío y Maxi con­fi­gu­ró en el Puen­te Puey­rre­dón un esce­na­rio de lucha que sig­ni­fi­có un quie­bre en el cam­po popu­lar. Allí, arri­ba del puen­te, en el 2003, nace la pri­me­ra Asam­blea de Muje­res, que fue el pun­ta­pié para la con­for­ma­ción del femi­nis­mo popu­lar que apor­tó un hito his­tó­ri­co en el movi­mien­to femi­nis­ta argen­tino. Com­par­ti­mos los tes­ti­mo­nios de Celi­na Rodrí­guez Moli­na, Flo­ren­cia Ves­pig­na­ni, Zule­ma Agui­rre, Adria­na “La Tana” Pas­cie­lli, y Maria­na “La Negra” Gerar­di Davi­co, sobre aquel momen­to his­tó­ri­co. 

Celi­na Rodrí­guez Moli­na: “arri­ba del puen­te se creo una peque­ña comu­ni­dad”

“Mi nom­bre es Moli­na Rodrí­guez Celi­na, soy del Fren­te Popu­lar Darío San­ti­llán (FPDS) Corrien­te Plu­ri­na­cio­nal en el Movi­mien­to de los Pue­blos y de la Cáte­dra Libre Vir­gi­nia Bol­ten de la Uni­ver­si­dad Nacio­nal de La Pla­ta (UNLP).

Estu­ve en los ini­cios de las pri­me­ras asam­bleas femi­nis­tas que se hicie­ron arri­ba del puen­te, por­que en ese momen­to había ocu­rri­do un hecho his­tó­ri­co y terri­ble de repre­sión poli­cial y polí­ti­ca con­tra Darío San­ti­llán y Maxi­mi­liano Kos­te­ki. La “Masa­cre de Ave­lla­ne­da”. Ellos fue­ron las víc­ti­mas fata­les pero tam­bién hubo muchas per­so­nas heri­das. En junio del 2002 matan a los com­pa­ñe­ros y a par­tir de ahí se da una vorá­gi­ne de luchas.

Des­de ese momen­to, comen­za­mos a subir al puen­te y no baja­mos por mucho tiem­po. Estu­vi­mos todos los 26. Al prin­ci­pio eran todos lo meses, lue­go del jui­cio todos los 26 de Junio de cada año. Ahí arri­ba se pro­du­jo como una peque­ña comu­ni­dad. Eran peque­ños luga­res libe­ra­dos, don­de está­ba­mos noso­tros y noso­tras y se pro­du­cían hechosEs decir, toda la par­te orga­ni­za­ti­va. Cómo íba­mos a seguir luchan­do, las estra­te­gias que nos dába­mos, las dife­ren­tes acti­vi­da­des comen­za­ron a ser arri­ba del puen­te. Pasá­ba­mos lar­gas horas des­de la maña­na has­ta la tar­de. En este momen­to his­tó­ri­co, las redes eran muy ele­men­ta­les, muy pre­ca­rias, telé­fo­nos celu­la­res no tenía casi nadie. Enton­ces, comu­ni­car­se con las com­pa­ñe­ras de Este­ban Eche­ve­rría o con las de Beris­so o La Pla­ta se ponía engo­rro­so ya que no era tan fácil como aho­ra. En el puen­te esta­ba la posi­bi­li­dad de comu­ni­car­nos. Enton­ces, se fue arman­do una espe­cie de lugar de con­fian­za, un lugar de encuen­tro y cono­ci­mien­to.

En ese mar­co, hacía un mon­tón de años, pen­sá que des­de el 86′ y yo te estoy hablan­do del 2002/​2003, hacía unos cuan­tos añi­tos que se había pro­du­ci­do el Encuen­tro Nacio­nal de Muje­resy empe­za­ba a haber orga­ni­za­cio­nes de muje­res que fun­da­men­tal­men­te se empe­za­ban a pro­ble­ma­ti­zar cosas, como el amor román­ti­co, los man­da­tos socia­les, los roles, diver­sas situa­cio­nes que exis­tían pero esta­ba tapa­das duran­te la dic­ta­du­ra mili­tar y a par­tir del 86′ había empe­za­do a ampliar­se las pri­me­ras redes de encuen­tros. En el año 2003 hace­mos el Encuen­tro de Rosa­rio, que fue un encuen­tro de muchos cam­bios. En ese encuen­tro se comen­za­ron a hablar de dife­ren­tes temas, como la visi­bi­li­za­ción lés­bi­ca, la visi­bi­li­za­ción tra­ves­ti, la posi­bi­li­dad de hablar del abor­to: no si esta­mos de acuer­do o no, sino des­de el pun­to de vis­ta de las estra­te­gias. Fue un encuen­tro muy movi­li­za­dor. Muchas de noso­tras venía­mos par­ti­ci­pan­do de los Encuen­tros des­de sus comien­zos.

Lo del 2003 fue sig­ni­fi­ca­ti­vo. A par­tir de ahí empe­za­mos a pen­sar la posi­bi­li­dad de hacer una asam­blea. Las mis­mas a las que está­ba­mos acos­tum­bra­das, pero arri­ba del puen­te. Para eso hici­mos unos encuen­tros ante­rio­res, en cier­tos luga­res, con las com­pa­ñe­ras de Glew, en Roca­ne­gra. Pen­sa­mos que ese sería el lugar de encuen­tro para empe­zar a char­lar estas cosas que venía­mos venir en la lucha femi­nis­ta de ese momen­to. Ahí comen­za­mos y ya no hubo retorno. Nos empe­za­mos a dar cuen­ta lo que pro­du­cía­mos arri­ba del puen­te. Por un lado, mucha empa­tía y curio­si­dad de muchas com­pa­ñe­ras que no enten­dían lo que pasa­ba pero sen­tían que muchas de las cosas que se habla­ban en esas asam­bleas tenían que ver con su vida coti­dia­na. Eso fue lo pri­me­ro que hici­mos. Difí­cil pen­sar que podés hacer catár­sis, con­tar tus cosas con tan­ta gen­te arri­ba de un puen­te. Lle­ga­mos a ser entre 80 y 100 com­pa­ñe­ras. Esta­ba el gru­po de las mas acti­vas, que se sen­ta­ban en el piso y tenían más la pala­bra, y las otras, que rodea­ban la asam­blea y escu­cha­ban. Ahí pasa­ban cosas mara­vi­llo­sas. Nos sen­tá­ba­mos en la cabe­ce­ra don­de esta­ba la segu­ri­dad, por­que nos pare­cía que era el lugar don­de mas se podía visi­bi­li­zar. Yo recuer­do con mucha cla­ri­dad, que lle­gá­ba­mos a la maña­na y empe­zá­ba­mos a hacer este tra­ba­jo. Todas reco­rría­mos los peque­ños sub­gru­pos que se arman de toma­da de mate, de char­las, reu­nión de pren­sa, comu­ni­ca­ción y pasá­ba­mos hacien­do la invi­ta­ción. Como un tra­ba­ji­to de hor­mi­ga pre­vio. No tenía­mos megá­fono, al prin­ci­pio gri­tá­ba­mos. A veces plan­teá­ba­mos ‘¡que se callen los bom­bos!’. Noso­tras nos la re ban­cá­ba­mos.

Una de las cosas que se nos ocu­rrió fue hacer un volan­te con­tan­do lo que noso­tras sabía­mos en for­ma de encues­ta. Pre­gun­tán­do­nos cosas, don­de se mez­cla­ra lo públi­co y lo pri­va­do. Tenía que ver con la par­ti­ci­pa­ción y cómo te sen­tías. Lo pen­sa­mos, no fue que salió natur­le­men­te. Des­pués, en gene­ral, las encuen­tras arri­ba del puen­te no se lle­na­ban, pero me acuer­do que se leían. Hici­mos muchí­si­ma can­ti­dad, se las lle­va­ban a la casa por­que esta­ban boni­tas, eran chi­qui­tas y cor­ti­tas. Así se fue­ron acer­can­do com­pa­ñe­ras, sobre todo artis­tas que se fue­ron que­dan­do en el movi­mien­to. Logra­mos esa inte­gra­ción: puen­te, asam­blea, sec­to­res terri­to­ria­les, com­pa­ñe­ras estu­dian­tes, com­pa­ñe­ras que esta­ban ter­mi­nan­do tesis, y aca­dé­mi­cas.

Noso­tras no está­ba­mos solas en ese momen­to. Sino pare­ce una cosa omni­po­ten­te la Asam­blea de Muje­res arri­ba del Puen­te. Había un movi­mien­to de muje­res, un movi­mien­to femi­nis­ta. No solo nacio­nal, sino que tenía una lar­ga his­to­ria inter­na­cio­nal. Sen­tía­mos que tenía­mos mucho sopor­te. Y des­de ahí, no para­mos.

Yo res­ca­to este femi­nis­mo cons­trui­do calle­je­ro que ha mar­ca­do la his­to­ria de nues­tro femi­nis­mo. Hay un femi­nis­mo aca­dé­mi­co, hay un femi­nis­mo del lobby, hay un femi­nis­mo que pue­de lle­gar a ser ins­ti­tu­cio­nal. Pero tam­bién hay un femi­nis­mo popu­lar y calle­je­ro, hete­ro­gé­neo, que en esa hori­zon­ta­li­dad ha sabi­do hacer redes, ha sabi­do trans­for­mar cam­pa­ñas.

Creo que lo calle­je­ro es lo que nos ha sal­va­do. Por­que lo que se cons­tru­ye des­de arri­ba para aba­jo es muy limi­ta­do, poco crea­ti­vo, más de lo mis­mo. Nun­ca rom­pen la fron­te­ra de lo ins­ti­tu­cio­nal, aun­que a veces pue­da ser­vir. Pero cuan­do esa fron­te­ra es tan alta, des­de el muro ins­ti­tu­cio­nal evi­den­te­men­te se ve el mun­do des­de arri­ba. No como los femi­nis­mos calle­je­ros, que se ve des­de la hori­zon­ta­li­dad”.

Flo­ren­cia Ves­pig­na­ni: “la impron­ta de los movi­mien­tos socia­les que se suma­ron al femi­nis­mo le dio un carác­ter popu­lar muy valio­so”

“La pri­me­ra asam­blea fue en el 2003 y fue el ini­cio de nues­tro espa­cio de muje­res de lo que era en ese momen­to el Fren­te Darío San­ti­llán. Pri­me­ro empe­za­mos como MTD Aní­bal Verón y des­pués como Fren­te. Ahí ya tenía­mos nues­tro espa­cio más con­so­li­da­do. Las asam­bleas empe­za­ron por la nece­si­dad de algu­nas com­pa­ñe­ras de empe­zar a pro­ble­ma­ti­zar­nos como muje­res por los roles que tenía­mos. Nos empe­za­mos a pre­gun­tar quie­nes habla­ban en las asam­bleas, quie­nes sos­te­nía­mos el movi­mien­to, que en su mayo­ría éra­mos muje­res y a la vez notá­ba­mos que nos cos­ta­ba hablar en las asam­bleas. Había difi­cul­ta­des para salir de las casas. Era difí­cil salir del hogar por el cui­da­do de los chi­cos. Siem­pre está­ba­mos todas con los hijes a cues­ta. Esta­ban muy este­reo­ti­pa­dos los roles: segu­ri­dad hacían los varo­nes, noso­tras al come­dor.

Una de las pri­me­ras reunio­nes hici­mos un volan­te que repar­ti­mos a todas las com­pa­ñe­ras que pre­gun­ta­ba: ‘¿hablás en las asam­bleas?’, ‘¿deci­dis­te tu mater­ni­dad?’. Nos hacía­mos ese tipo de pre­gun­tas. Así sur­gió la Asam­blea Pique­te­ra y la orga­ni­za­ción de muje­res den­tro del movi­mien­to.

Este fue el dis­pa­ra­dor, y ya des­de el 2004 algu­nas com­pa­ñe­ras empe­za­ron a hablar del Encuen­tro de Muje­res en ese momen­to. En el 2005 que fue en Mar del Pla­ta. Fui­mos masi­va­men­te, via­ja­mos en tren. Recuer­do que para algu­nas com­pa­ñe­ras era la pri­me­ra vez que veían el mar. Para otras dejar la casa tres días era algo muy fuer­te. Era todo un revue­lo en la estruc­tu­ra de la fami­lia, y esto en los pri­me­ros encuen­tros gene­ra­ba un mon­tón de deba­tes. A noso­tras como orga­ni­za­ción social pique­te­ra los Encuen­tros nos mar­ca­ron mucho, por­que nos encon­trá­ba­mos con com­pa­ñe­ras mucho más avan­za­das en su femi­nis­mo enton­ces era todo fue­go, cues­tio­na­mien­to, los talle­res, la mar­cha, la visi­bi­li­za­ción, los escra­ches a la cate­dral.

El movi­mien­to social pique­te­ro que ese momen­to esta­ba en auge en el 2001, 2003, Le apor­ta­ron mucho al femi­nis­mo en Argen­ti­na. Por­que se fue­ron con­for­man­do femi­nis­mos popu­la­res, que en otros paí­ses qui­zás hay femi­nis­mos más aca­dé­mi­cos, de cla­se media. Pero la impron­ta de los movi­mien­tos socia­les que pudi­mos sumar­nos al femi­nis­mo, le dio un carác­ter popu­lar que es muy valio­so. Al masi­fi­car­se le dio más plu­ra­li­dad y, por supues­to, más ten­sio­nes, pero con la nece­si­dad de ver que el femi­nis­mo sea masi­vo. Lo veo como algo posi­ti­vo que le da rique­za. Por eso adhie­ro al femi­nis­mo popu­lar, que sur­gió arti­cu­la­do y coor­di­na­do con otros gru­pos de femi­nis­tas que venían de otras expe­rien­cias y pers­pec­ti­vas, pero con el mis­mo obje­ti­vo”.

Zule­ma Agui­rre: “el movi­mien­to de muje­res den­tro de la orga­ni­za­ción vino a dar ese sal­to don­de las com­pa­ñe­ras empe­za­mos a exi­gir el lugar que nos corres­pon­de”

“Mi pri­mer expe­rien­cia orga­ni­za­da la hice en Almi­ran­te Brown, en la loca­li­dad de Glew. De ahí nos fui­mos cono­cien­do con el res­to de las com­pa­ñe­ras del Gran Bue­nos Aires y La Pla­ta en los 26 de Junio, cuan­do salía­mos a pedir jus­ti­cia por Darío y Maxi, todos los meses. En ese pri­mer encuen­tro suce­dió que nos encon­trá­mos todas las muje­res del conur­bano y nos reco­no­ci­mos como suje­tas polí­ti­cas, y que tenía­mos que vol­ver a nues­tras bases y hacer un cam­bio. Por ahí no lo tenía­mos tan defi­ni­do de esa for­ma, pero el espí­ri­tu fue ese. Vol­ve­mos, nos orga­ni­za­mos, con­vo­ca­mos y empe­za­mos a tener el espa­cio de muje­res. La estra­te­gia que uti­li­za­mos fue el volan­teo en el pro­pio pique­te. Creo que lo hici­mos uno o dos meses. La pri­me­ra Asam­blea fue en octu­bre y en noviem­bre ya está­ba­mos tenien­do nues­tro pri­mer ple­na­rio.

Fue muy intere­san­te ver­nos a las com­pa­ñe­ras como fui­mos toman­do tareas que antes pare­cían nega­das. Tareas polí­ti­cas den­tro de la orga­ni­za­ción. Por­que uno de los cues­tio­na­mien­tos que hacía­mos era este: sali­mos de nues­tras casas, pero den­tro el movi­mien­to repro­du­cía­mos exac­ta­men­te lo que se hacía den­tro de nues­tro hoga­res. Nues­tro rol seguía sien­do domés­ti­co den­tro de la orga­ni­za­ción. El movi­mien­to de muje­res den­tro de la orga­ni­za­ción vino a dar ese sal­to don­de las com­pa­ñe­ras empe­za­mos a exi­gir el lugar que nos corres­pon­de.

El movi­mien­to de muje­res vino a dar el deba­te, fal­ta­ban nues­tras voces, nues­tra pre­sen­cia, nues­tra figu­ra e ima­gen. Sobre todo la ima­gen, esto de las muje­res pique­te­ras. Que al prin­ci­pio era ese suje­to social tan pon­de­ra­do, por­que éra­mos las que sos­te­nía­mos las ollas, las que sal­vá­ba­mos, las cui­da­ba­mos la vida. Pero des­pues se empe­zó a des­va­lo­ri­zar la figu­ra de las pique­te­ras y creo que noso­tras lo comen­za­mos resig­ni­fi­car. Tenien­do el rol pro­ta­gó­ni­co den­tro de nues­tras orga­ni­za­cio­nes, deba­tien­do polí­ti­ca con nues­tros pro­pios com­pa­ñe­ros. Y en ese deba­te se empie­zan a pro­fun­di­zar las dis­cu­sio­nes. Por­que el cam­bio social que levan­tá­ba­mos en nues­tras ban­de­ras, ¿qué sig­ni­fi­ca­ba? ¿Era solo un con­sig­na en una ban­de­ra? O había que seguir des­me­nu­zan­do qué sig­ni­fi­ca­ba eso. Para noso­tras el cam­bio social tie­ne que poner en prác­ti­ca lo que que­re­mos cam­biar: ¿que­re­mos cam­biar las des­igual­da­des? Bueno, cam­bié­mos­la den­tro de nues­tra orga­ni­za­ción.

Creo que la Asam­blea de Muje­res le dio un apor­te impor­tan­te al movi­mien­to femi­nis­ta, por­que a tra­vés nues­tra tam­bién esta­ba­mos sacan­do a esa mujer cam­pe­si­na, la ville­ra, la indí­ge­na, la des­ocu­pa­da, no sola­men­te la pique­te­ra. Empie­zan a emer­ger otras suje­tas socia­les y polí­ti­cas que esta­ban invi­si­bi­li­za­das. Ir vien­do que en ese con­jun­to de muje­res pos­ter­ga­das había un mon­tón de otras muje­res que tenían su iden­ti­dad”.

Adria­na “La Tana” Pas­cie­lli: “las asam­bleas fue­ron muy impor­tan­tes por­que fue la pri­me­ra vez que los tra­ba­ja­do­res y tra­ba­ja­do­ras cues­tio­na­ban el patriar­ca­do”

Soy La Tana, mili­tan­te del Colec­ti­vo Tata­gua del conur­bano sur. La pri­mer asam­blea en el Puen­te Puey­rre­dón no fue femi­nis­ta y pique­te­ra sino que fue una asam­blea de muje­res pique­te­ras. Eso ya da cuen­ta del con­tex­to dife­ren­te. Fue un encuen­tro cual fogón. En una de las fotos se la ve allí a Zule­ma, for­mán­do­nos, socia­li­zan­do su par­ti­ci­pa­ción, la pri­me­ra vez que fue al Encuen­tro Nacio­nal de Muje­res en Rosa­rio, que ese año se hizo en agos­to del año 2003.

Ese año fue muy par­ti­cu­lar. Hubo dos temas que atra­ve­sa­ron mucho todo el encuen­tro, que fue el dere­cho al abor­to y la cues­tión de las diver­si­da­des, sobre todo por la pre­sen­cia de las com­pa­ñe­ras tra­ves­tis, que eran expul­sa­das sis­te­má­ti­ca­men­te de los talle­res por­que su geni­ta­li­dad no era feme­ni­na. Enton­ces atra­ve­só mucho todo el encuen­tro y des­pués siguió al año siguien­te en Men­do­za, con las les­bia­nas, que tam­bién invi­si­bi­li­za­ron todo ese ocul­ta­mien­to de los cuer­pos.

Vol­vien­do a esa pri­mer asam­blea del año 2003, ese fue un pri­mer encuen­tro don­de nos socia­li­zó, y diji­mos, tene­mos que hacer una asam­blea. Hici­mos varios encuen­tros y final­men­te salió un volan­te. Cuan­do está­ba­mos subien­do al puen­te volan­tea­mos a todas las com­pa­ñe­ras para que par­ti­ci­pen de la asam­blea. Me acuer­do que a “La Negri­ta” es a quien le pedí en ese momen­to el volan­te.

Qui­zás sin dar­nos cuen­ta (o sí), la hici­mos delan­te del pique­te y visi­bi­li­za­mos algo que esta­ba invi­si­bi­li­za­do, a pesar de que los movi­mien­tos de tra­ba­ja­do­ras des­ocu­pa­das eran mayo­ri­ta­ria­men­te com­pues­tos por muje­res. Casi el 70% eran muje­res. Y si a eso suma­mos jóve­nes varo­nes y muje­res, éra­mos un com­po­nen­te muy impor­tan­te. Pero apar­te era fren­te al pique­te por­que las com­pa­ñe­ras inte­gra­ban el cor­dón de segu­ri­dad don­de esta­ba la cana. O sea, tam­bién tenía que ver con eso, con que pudie­ran par­ti­ci­par las com­pa­ñe­ras que esta­ban en segu­ri­dad.

Fue una asam­blea de muje­res pique­te­ras. No muchas éra­mos femi­nis­tas por enton­ces. Te diría que casi nin­gu­na. Femi­nis­tas nos fui­mos reco­no­cien­do des­puésPero esa asam­bleas fue­ron muy impor­tan­tes por­que fue la pri­me­ra vez que los tra­ba­ja­do­res y tra­ba­ja­do­ras cues­tio­na­ban el patriar­ca­do. Sin poner­le toda­vía ese nom­bre, pero cues­tio­na­ba la doble y tri­ple opre­sión que tenía­mos las muje­res, y toca­ba varios de los ejes fun­da­men­ta­les de los femi­nis­mos: la mater­ni­dad, el dere­cho a ele­gir, el dere­cho a deci­dir, el dere­cho a la par­ti­ci­pa­ción polí­ti­ca. Una opre­sión que tam­bién se repro­du­cía, obvia­men­te, den­tro de los movi­mien­tos de tra­ba­ja­do­res des­ocu­pa­dos. A pesar de tener una cons­ti­tu­ción mayo­ri­ta­ria­men­te de muje­res, los que habla­ban eran siem­pre los varo­nes. Los jeto­nes eran los varo­nes.

Esa asam­blea fue un quie­bre para los movi­mien­tos socia­les, me atre­vo a decir, por­que a par­tir de allí, pau­la­ti­na­men­te, fui­mos hacien­do como una suer­te de peda­go­gía, con una defi­ni­ción de nece­sa­ria­men­te decla­rar­se como anti­pa­triar­ca­les para poder, tam­bién, ser anti­ca­pi­ta­lis­tas y anti­im­pe­ria­lis­tas.

Noso­tras nos dimos toda una estra­te­gia de intro­du­cir la temá­ti­ca den­tro de la orga­ni­za­ción. No fue fácil. Hubo mucha resis­ten­cia y menos­pre­cio en la orga­ni­za­ción a lo que está­ba­mos dicien­do. Y hubo cosas que hoy pare­cen difí­ci­les que suce­dan, pero suce­dían, que era esta cosa de que esto divi­de la lucha de la cla­se. Nos dimos cuen­ta que nos fal­ta­ba for­ma­ción polí­ti­ca a las muje­res. Y par­ti­ci­pa­ron tam­bién de esa asam­blea muje­res les­bia­nas y tra­ves­tis. Pero toda­vía no eran la fuer­za que hoy pue­de lle­gar a tener en los movi­mien­tos.

Fue un quie­bre para los movi­mien­tos de des­ocu­pa­dos y me atre­ve­ría a decir para la cla­se tra­ba­ja­do­ra, por­que se visi­bi­li­zó muy fuer­te­men­te. Y a par­tir de allí comen­zó a ser un terreno más en don­de ganar con­quis­tas. Des­de allí fui­mos pla­ni­fi­can­do dis­tin­tas ins­tan­cias de for­ma­ción. La pri­me­ra se hizo en noviem­bre del año 2003, en Roca Negra, con la resis­ten­cia de muchos varo­nes de muchos movi­mien­tos, por­que jus­to ese mis­mo día se rea­li­za­ba una movi­li­za­ción por ali­men­tos. Sin embar­go, las muje­res nos jun­ta­mos igual e hici­mos ese taller de for­ma­ción.

Y lue­go vino el con­ti­nuar con las asam­bleas todos los 26, y pla­ni­fi­car estas ins­tan­cias de for­ma­ción, que fue­ron desa­rro­llán­do­se a lo lar­go del tiem­po, has­ta lle­gar al año 2007, con toda una estra­te­gia que nos dimos de hacer que ya el FPDS se reco­no­cie­ra como anti­pa­triar­cal.

Son cosas que hoy resul­tan insó­li­tas, pero fue un reco­rri­do muy impor­tan­te para los femi­nis­mos. Sig­ni­fi­ca­ron un quie­bre. Para mi, en lo per­so­nal, fue una trans­for­ma­ción en mi vida. Des­de ese momen­to, nada fue igual, así como los Encuen­tros Nacio­na­les de Muje­res nos cam­bian a cada una de noso­tras, la par­ti­ci­pa­ción y for­ma­ción en el deba­te femi­nis­ta fue todo un pro­ce­so que, si bien per­so­nal­men­te me di, no pue­do con­ce­bir indi­vi­dual­men­te. Fue un pro­ce­so colec­ti­vo, don­de cer­ca de no más de 20 com­pa­ñe­ras nos pro­pu­si­mos esto y avan­za­mos con la nece­si­dad de que esto se expan­die­ra por todo el con­ti­nen­te, por nues­tras orga­ni­za­cio­nes y por tejer redes para que se trans­for­ma­ra defi­ni­ti­va­men­te el cam­po popu­lar y las luchas.

Esta asam­blea sig­ni­fi­có lo que sig­ni­fi­có por­que éra­mos una colec­ti­va que fir­me­men­te nos había­mos pro­pues­to avan­zar en que las muje­res tuvié­ra­mos la mis­ma repre­sen­ta­ti­vi­dad o más que los varo­nes, por­que había­mos pues­to el cuer­po en la resis­ten­cia al mene­mis­mo pri­me­ro y a De La Rúa des­pués, enton­ces nues­tras voces tenían que tener tan­to o más repre­sen­ta­ti­vi­dad que la de los varo­nes. Muchas cosas esta­mos toda­vía en pro­ce­so de con­se­guir­las, pero ya no es igual nada”.

Maria­na “La Negra” Gerar­di Davi­co: “el femi­nis­mo son unos ante­ojos vio­le­tas que el día que te los ponés, no podés ver la reali­dad des­de el mis­mo lugar”

“Noso­tras en ese momen­to, por el 2003, éra­mos par­te de la Coor­di­na­do­ra de Tra­ba­ja­do­res y Tra­ba­ja­do­ras Des­ocu­pa­des Aní­bal Verón. En el mar­co de uno de esos 26, yo era inte­gran­te del MTD Aní­bal Verón de Flo­ren­cio Vare­la. En ese momen­to era par­te de la direc­ción del MTD y no sabía abso­lu­ta­men­te nada del femi­nis­mo y era algo que sen­tía lejano a mi. En uno de esos cor­tes, las com­pa­ñe­ras que habían orga­ni­za­do la asam­blea, que si mal no recuer­do eran de Brown y Glew, repar­tie­ron unos volan­tes peque­ños en medio de la acti­vi­dad en el puen­te, invi­tán­do­nos a par­ti­ci­par de la asam­blea. Ese volan­te tenía tres pre­gun­tas que foca­li­za­ban en qué luga­res ocu­pá­ba­mos en el movi­mien­to, si había ele­gi­do o no tener hijos, y no recuer­do la ter­ce­ra. Pero sí recuer­do que te lla­ma­ba la aten­ción y te con­vo­ca­ba a que­rer par­ti­ci­par. En ese momen­to esta­ba en pare­ja con quien es el papá de mi hijo, que era diri­gien­te de la Verón de Vare­la y me acuer­do que les hacía tan­to rui­do a los com­pa­ñe­ros varo­nes que fué­se­mos a la asam­blea, y me pre­gun­tó si iba a par­ti­ci­par y yo res­pon­dí que sí.

Podría decir que esa asam­blea fue fun­dan­te, y tenía que ver cómo apor­ta­ban las per­so­nas que no eran de los terri­to­rios don­de vivía­mos y venían a mili­tar a las orga­ni­za­cio­nes. Yo tenía una con­cep­ción bas­tan­te cerra­da en ese sen­ti­do, y para mi las cues­tio­nes que venían liga­das al femi­nis­mo iban de la mano de este aná­li­sis. Enton­ces era bas­tan­te rea­cia. Lo que el femi­nis­mo vino a hacer fue empe­zar a ani­mar­me a pen­sar algu­nas cosas, que has­ta ese momen­to no me las pro­ble­ma­ti­za­ba. Vién­do­lo a la dis­tan­cia, noso­tras cubría­mos muchas tareas orga­ni­za­ti­vas. Ocu­rre tam­bién hoy: las muje­res y las disi­den­cias esta­mos ponién­do­nos al hom­bro las tareas mas gri­ses y que son fun­da­men­ta­les para la estruc­tu­ra orga­ni­za­ti­va de un movi­mien­to de masas.

Esa pri­me­ra asam­blea femi­nis­ta y las siguien­tes, me per­mi­tie­ron empe­zar a pen­sar des­de otro lugar cuá­les eran mis roles y mis tareas. Pero no fue algo lineal y auto­má­ti­co, sino par­te de un pro­ce­so. Des­púes de que me sepa­ré del papá de mi hijo y me fui de la direc­ción del MTD, empe­cé a dis­tin­guir cual era mi lugar, por­que duran­te mucho tiem­po era la mujer de Lucas. Comen­cé a refle­xio­nar sobre mi pro­pia vida y mis prác­ti­cas, de la mano de muchas com­pa­ñe­ras. El femi­nis­mo me sal­vó. Salir de víncu­los no salu­da­bles y pen­sar cuá­les podían seguir sien­do mis prác­ti­cas polí­ti­cas, con res­pon­sa­bi­li­dad y des­de un lugar de más segu­ri­dad. El femi­nis­mo son unos ante­ojos vio­le­tas que el día que te los pones, no podés ver la reali­dad des­de el mis­mo lugarHubo que ganar­se el lugar, salir de lo coti­diano, lo domés­ti­co, para enten­der que ade­más de orga­ni­za­ti­vo, nues­tro rol era polí­ti­co, y que ade­más nues­tra pala­bra tenía un sen­ti­do polí­ti­co.

Al de cum­plir­se 18 años de aque­lla masa­cre, hoy refle­xiono que ese día fue his­tó­ri­co, por­que hubo un pro­ce­so pre­vio. Ese día fue para mi un momen­to de quie­bre, de pul­sea­da con el gobierno en ese momen­to de Duhal­de y que toda esa juven­tud y noso­tres tenía­mos vein­ti­pi­co de años. Darí tam­bién, Maxi era muy joven­ci­to, toda esa cama­da de com­pa­ñe­ros y com­pa­ñe­ras mili­tan­tes, venía­mos de dife­ren­tes expe­rien­cias. La dispu­ta con el gobierno se jugó en las calles, de una mane­ra como la cono­ce­mos, pero con mucha orga­ni­za­ción pre­via. No lle­ga­mos al puen­te impro­vi­sa­da­men­te. La juven­tud no era la pri­me­ra línea de casua­li­dad. Venía­mos de varios cor­tes de ruta, del ase­si­na­to de Javier Barrio­nue­vo el 5 de febre­ro del 2002. Había­mos esta­do hacien­do cor­tes duran­te diez días. El 26 fue el resul­ta­do de esa acu­mu­la­ción y la juven­tud no fue el pri­mer suje­to orga­ni­za­do. El pri­mer suje­to orga­ni­za­do fue­ron las muje­res y los varo­nes mayo­res, que venían des­ocu­pa­dos des­de el mene­mis­mo.

Las doñas por­que no tenían para comer y cuan­do empe­zó a pen­sar­se cómo man­te­ner la olla, nadie les creía en sus casa que eso era posi­ble. La pasa­ban mal, muchas sufrían vio­len­cia en sus hoga­res y cuan­do empe­za­mos a ganar los pla­nes, que eran sub­si­dios para poder sobre­vi­vir, hubo un cam­bio en las fami­lias, un repen­sar que estar en la ruta luchan­do te per­mi­tía comer en el come­dor, tener un ingre­so de 150 pesos, y todo el pibe­río que esta­ba cagado de ham­bre la vió. Y ahí comen­za­ban a dar­se las dispu­tas ideo­ló­gi­cas en las asam­bleas.

El 26 sabía­mos que iba­mos a una con­fron­ta­ción con el gobierno, nun­ca pen­sa­mos que nos iban a matar. Para mi es impor­tan­te decir­lo, por­que sino se idea­li­za un momen­to que en reali­dad fue muy pen­sa­do, orga­ni­za­do y era par­te de los obje­ti­vos polí­ti­cos: poder resis­tir y el auto­cui­da­do. Había una con­cien­cia colec­ti­va del cui­da­do. Tenía­mos cla­ro que debía­mos reti­rar­nos de una mane­ra orde­na­da, para que lle­gue­mos a la esta­ción Ave­lla­ne­da.

‘Darío, Maxi y los pibes’, la can­ción de Fan­der­mo­le, lo sin­ten­ti­za bien cuan­do dice “que­dan dos en un mon­tón que resis­tían”. Éra­mos un mon­tón que venía­mos de las barria­das mas pobres, y está­ba­mos ahí por­que había una nece­si­dad con­cre­ta, de ham­bre en nues­tros hoga­res y nues­tros barrios. ¡Y la dig­ni­dad! La con­sig­na está tan vigen­te como hoy: la dig­ni­dad, el tra­ba­jo para el cam­bio social como obje­ti­vo polí­ti­co. La huma­ni­dad en la acción que tuvo Darío es gigan­te, pero tam­bién pien­so en todos los que estu­vi­mos ahí jun­tos. Darío y Maxi eran mili­tan­tes que esta­ban deci­di­dos a poner el cuer­po coti­dia­na­men­te en las dife­ren­tes trin­che­ras de lucha que nos da el cam­po popu­lar”.

Fuen­te: Dia­rio Feme­nino

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