Lla­ma­mien­to a las Fuer­zas Arma­das y al Pue­blo colombiano

Ser inte­gran­te de la Fuer­za Públi­ca no otor­ga licen­cia para que mana­das de sol­da­dos vio­len a niñas indí­ge­nas, como aca­ba de ocu­rrir con una niña Embe­rá Cha­mí, en Risa­ral­da. Una ins­ti­tu­ción que actúe de esa mane­ra, nun­ca alcan­za­rá las «ben­di­cio­nes de los pue­blos», como lo soña­ra el Liber­ta­dor. Fue tan estre­me­ce­dor lo ocu­rri­do, que en las mis­mas filas del ejér­ci­to se sien­te el sor­do fra­gor del repu­dio. ¿Por qué? Por­que en el ejér­ci­to tam­bién hay miles de Ánge­les Zúñi­ga, aquel patru­lle­ro de la poli­cía que, deján­do­se lle­var por su cora­zón, prefi­rió incum­plir una orden injus­ta de des­alo­jo de cam­pe­si­nos pobres en las gote­ras de Cali.

Sí; ese es el nue­vo sen­ti­mien­to de huma­ni­dad que hoy reco­rre los cuar­te­les y las esta­cio­nes de poli­cía en esta épo­ca de pan­de­mia que ha des­per­ta­do la soli­da­ri­dad y la con­cien­cia del pue­blo uni­for­ma­do. Y no solo ocu­rre aquí, sino en los Esta­dos Uni­dos, don­de el ejér­ci­to se insu­bor­di­nó y no qui­so cum­plir la orden vio­len­ta de Trump de repri­mir a su pro­pio pue­blo que pro­tes­ta­ba con­tra el racis­mo. Oja­lá nun­ca, nun­ca más des­apa­rez­ca esta per­cep­ción en los cuer­pos de tropa.

Lo decía el his­to­ria­dor de La Estre­lla de Mede­llín, Juve­nal Herre­ra Torres, que «el fun­da­men­to prin­ci­pal del Ejér­ci­to, como lo con­ci­bió el Liber­ta­dor, es su pro­fun­da iden­ti­dad con el pue­blo. De él nace y a él se debe. Esta es su legi­ti­mi­dad, su natu­ra­le­za y su lega­li­dad. El Pue­blo y el Ejér­ci­to son los pila­res de la cons­truc­ción repu­bli­ca­na demo­crá­ti­ca. El Ejér­ci­to es el Pue­blo en Armas luchan­do por la Patria. Pre­ci­sa­men­te por­que el Ejér­ci­to ha naci­do del Pue­blo y a él debe su exis­ten­cia y su razón de ser, es por lo que se le con­si­de­ra como la fuer­za públi­ca: no per­te­ne­ce a nin­gu­na cla­se social en par­ti­cu­lar, sino al con­jun­to de toda la nación. Es por lo mis­mo que Pue­blo y Ejér­ci­to están lla­ma­dos a com­par­tir igual­men­te sus esfuer­zos y anhe­los en la cons­truc­ción de la Patria de todos».

En sín­te­sis, el ejér­ci­to es «¡el pue­blo que pue­de! Y ¡el pue­blo que com­ba­te, al fin triun­fa!” La Fuer­za Públi­ca es el pue­blo que pue­de, y «pue­de» por­que las armas están en sus manos. Los sol­da­dos y los poli­cías, los sub oficia­les, muchos oficia­les y algu­nos altos man­dos, son pue­blo uni­for­ma­do, y ya están can­sa­dos de que los sigan uti­li­zan­do, sin refle­xión, para aho­gar en san­gre a los humil­des, solo para pro­te­ger los intere­ses eco­nó­mi­cos de una éli­te social egoís­ta y sin alma, que se cree la due­ña exclu­si­va del poder y que orde­na chu­za­das y perfi­la­me­nien­tos de ciu­da­da­nos que con­si­de­ran enemi­gos internos.

La Fuer­za públi­ca no pue­de ser uti­li­za­da por el señor Álva­ro Uri­be Vélez y el sub­pre­si­den­te Duque, o por el todo­po­de­ro­so Sar­mien­to Angu­lo, como un ejér­ci­to pri­va­do, no. El ejér­ci­to y la poli­cía no han sido ins­ti­tui­dos para pro­te­ger a los peces gor­dos de la corrup­ción, ni a los des­po­ja­do­res de tie­rras, ni a las mul­ti­na­cio­na­les que saquean nues­tras rique­zas. Ellos fue­ron mol­dea­dos por el padre Liber­ta­dor para pro­te­ger con sus armas las garan­tías socia­les, los dere­chos del pueblo.

Esos que tra­tan a la Fuer­za Públi­ca como su ejér­ci­to pri­va­do empro­ble­ma­ron al ejér­ci­to y a la poli­cía con los fal­sos posi­ti­vos, que son crí­me­nes de lesa huma­ni­dad, y que aho­ra, asus­ta­dos ante la ver­dad, toda­vía aspi­rar a vivir eter­na­men­te en el rega­zo de la impu­ni­dad. Bobos fue­ron todos aque­llos gene­ra­les y man­dos medios que aca­ta­ron la horro­ro­sa Direc­ti­va 029 del minis­tro de defen­sa, Cami­lo Ospi­na, duran­te el man­da­to san­grien­to del expre­si­den­te Uri­be. Nin­gún ges­to de agra­de­ci­mien­to por haber sido nom­bra­dos en esos altos car­gos jus­tifi­ca­ba matar tan vil­men­te, como lo hicie­ron, a miles de jóve­nes inocentes.

La fuer­za arma­da de la nación, que es el «pue­blo que pue­de», no quie­re más en la ins­ti­tu­ción a esos altos man­dos delin­cuen­tes y corrup­tos que hoci­quean como hie­nas ham­brien­tas los con­tra­tos para enri­que­cer­se. Están ahí por­que los nom­bró Uri­be, y por eso tiem­blan ante su nom­bre. Son unos cobardes.

Recor­da­mos para todos, esta aren­ga car­ga­da de razón del Liber­ta­dor Simón Bolí­var del 16 de noviem­bre de 1823: «¡Sol­da­dos colom­bia­nos!… Todos los ejér­ci­tos del mun­do se han arma­do por los reyes, por los hom­bres pode­ro­sos: armaos voso­tros, los pri­me­ros, por las leyes, por los prin­ci­pios, por los débi­les, por los jus­tos… «¡Sol­da­dos! Armad siem­pre en vues­tros fusi­les al lado de las bayo­ne­tas, las leyes de la liber­tad, y seréis invencibles».

Las FARC-EP, Segun­da Mar­que­ta­lia, sí creen, que en la uni­dad y coor­di­na­ción, del movi­mien­to social y polí­ti­co, inclui­da la fuer­za públi­ca, está la fuer­za del cam­bio, la poten­cia trans­for­ma­do­ra que habrá de con­du­cir­nos hacia la patria del futu­ro, con paz, con demo­cra­cia y vida dig­na para todos.

FARC-EP

Segun­da Mar­que­ta­liaJunio 27 de 2020

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