Eco­lo­gía Social. Un empren­di­mien­to en Jamai­ca con­vier­te el sar­ga­zo en alimentos

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 26 de junio de 2020.

Los sar­ga­zos copan las pla­yas de Jamai­ca y otras cos­tas del Cari­be, ahu­yen­tan­do a los turis­tas y obs­ta­cu­li­zan­do las fae­nas de pes­ca. Pero es posi­ble su recon­ver­sión en pro­duc­tos que ani­men la eco­no­mía a la vez que ayu­dan a pro­te­ger los eco­sis­te­mas. Foto: BID

KINGSTON, 17 jun 2020 (IPS) – Una joven empre­sa de Jamai­ca comen­zó a con­ver­tir el sar­ga­zo, las gran­des algas que obs­tru­yen pes­ca, turis­mo y arre­ci­fes en las cos­tas del Cari­be, en ali­men­tos con­cen­tra­dos para ani­ma­les y en com­bus­ti­ble para cocinar.

Daveian Morri­son, crea­dor de la fir­ma Awga­nic Inputs, sos­tie­ne que “nos esta­mos posi­cio­nan­do como reci­cla­dor de dese­chos orgá­ni­cos a la vez que solu­cio­na­mos el desa­fío del sar­ga­zo, tan moles­to para nues­tras cos­tas cari­be­ñas, eli­mi­nán­do­lo a tra­vés de la ali­men­ta­ción animal”.

Inge­nie­ro eléc­tri­co for­ma­do en Cana­dá, Morri­son encon­tró que esa inde­sea­da alga marrón es rica en nutrien­tes como car­bohi­dra­tos y pro­teí­nas, según con­tó a res­pon­sa­bles del Ban­co Inter­ame­ri­cano de Desa­rro­llo (BID) intere­sa­dos en su proyecto.

Se pro­pu­so enton­ces pro­du­cir ali­men­tos con­cen­tra­dos para ani­ma­les, con la cría de gana­do caprino como mer­ca­do obje­ti­vo. La cabra es una de las prin­ci­pa­les car­nes con­su­mi­das en este país de tres millo­nes de habi­tan­tes y la impor­ta­ción de ali­men­tos para su cría repre­sen­ta una fac­tu­ra de más de 15 millo­nes de dóla­res anuales.

Morri­son esti­ma que el pre­cio más bajo del forra­je que pro­du­ce para las cabras “es un paso para la auto­su­fi­cien­cia” en Jamai­ca y pue­de con­tri­buir a que se cua­dru­pli­que la caba­ña de gana­do caprino en la isla, actual­men­te unas 700 000 cabe­zas con un pro­me­dio de 30 por granja.

“La pri­me­ra vez que le di el ali­men­to a las cabras se lo comie­ron todo. Les encan­tó, es muy orgá­ni­co y no obs­tru­ye su sis­te­ma diges­ti­vo”, pres­tó su tes­ti­mo­nio Omar Prin­ce, un cria­dor de cabras en la zona de Cla­ren­don, al sur de la isla.

Morri­son ganó en 2019 un con­cur­so de ideas de nego­cios eco­ló­gi­cos del Cen­tro de Inno­va­ción Cli­má­ti­ca del Cari­be, basa­do en Kings­ton, y apun­ta a pro­du­cir ali­men­tos para la cría de peces y cone­jos, y “car­bón eco­ló­gi­co” con los sar­ga­zos podridos.

Sos­tie­ne que el car­bón de sar­ga­zo “sal­va muchos árbo­les tala­dos en la pro­duc­ción de car­bón, es más lim­pio, no emi­te mucho pol­vo ni humo, se que­ma por más tiem­po y es per­fec­to para coci­nar, espe­cial­men­te el jerk”, la comi­da jamai­qui­na de car­nes mari­na­das con abun­dan­tes espe­cias y lue­go asadas.

Awga­nic Inputs fue reco­no­ci­da por el labo­ra­to­rio de inno­va­ción del BID como “mues­tra de ideas en mode­los comer­cia­les lis­tos para el mer­ca­do y enfo­ca­dos en resol­ver desa­fíos socia­les y ambien­ta­les”, según su res­pon­sa­ble Terry-Ann Segree.

Los sar­ga­zos (Sar­gas­sum) son un géne­ro de macro­al­gas de la cla­se Phaeophy­ceae, par­das o ver­de-negruz­cas, que pue­den medir varios metros y algu­nas tie­nen vesí­cu­las lle­nas de gas para man­te­ner­se a flote.

El Mar de los Sar­ga­zos, uno de los des­cu­bri­mien­tos de Cris­tó­bal Colón en su pri­mer via­je hacia Amé­ri­ca, en 1492, es un área de varios millo­nes de kiló­me­tros cua­dra­dos en el Atlán­ti­co don­de flo­tan gran­des for­ma­cio­nes de esa alga.

Des­de 2011, los sar­ga­zos avan­za­ron sobre las aguas del Cari­be, y en sus cos­tas impac­ta­ron sobre los arre­ci­fes, la acti­vi­dad pes­que­ra y el turis­mo, por su moles­to roce con los bañis­tas y por­que al des­com­po­ner­se libe­ra sul­fu­ro de hidró­geno, un gas de olor desagradable.

Inves­ti­ga­cio­nes sos­tie­nen que el auge de los sar­ga­zos se debe al cam­bio cli­má­ti­co y la con­ta­mi­na­ción de los océa­nos, que al absor­ber las emi­sio­nes de gases de efec­to inver­na­de­ro gene­ra el calor que ayu­da a la flo­ra­ción de las algas.

Otro cul­pa­ble sería la con­ta­mi­na­ción por nitró­geno en los mares, cau­sa­da por acti­vi­da­des huma­nas como el uso de fer­ti­li­zan­tes y el des­bor­da­mien­to de los sis­te­mas de alcantarillado.

Según estu­dios de la esta­dou­ni­den­se Uni­ver­si­dad del Sur de Flo­ri­da, en el mar flo­tan entre ocho y nue­ve millo­nes de tone­la­das de sargazos.

En el Cari­be mexi­cano se reco­gie­ron en 2018 y 2019 entre 500 000 y un millón de tone­la­das y auto­ri­da­des del suro­rien­tal esta­do Quin­ta­na Roo y ope­ra­do­res turís­ti­cos cali­fi­can como “desas­tre ambien­tal y eco­nó­mi­co” la pre­sen­cia del alga en sus playas.

El cos­to de las reco­lec­cio­nes empren­di­das en el Cari­be fue cifra­do por el BID en 120 millo­nes de dóla­res anuales.

A‑E/​HM

Fuen­tes: http://​www​.ips​no​ti​cias​.net/​2​0​2​0​/​0​6​/​e​m​p​r​e​n​d​i​m​i​e​n​t​o​-​j​a​m​a​i​c​a​-​c​o​n​v​i​e​r​t​e​-​s​a​r​g​a​z​o​-​a​l​i​m​e​n​t​os/, Rebe­lión.

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