Migran­tes. Sene­ga­le­ses en Argen­ti­na: La tie­rra que­ma aden­tro (Souf­si daf­fa tann­gueu si biir)

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 23 junio 2020

A fines del 2019, a par­tir de las denun­cias públi­cas que
par­te de la comu­ni­dad sene­ga­le­sa hizo con­tra la per­se­cu­ción sistemática
de la poli­cía y Con­trol Urbano, nos pusi­mos en con­tac­to para
soli­da­ri­zar­nos con ella. Así es como cono­ci­mos a Cheikh, Mike, Mboup,
entre tan­tos otros y otras. Con el tiem­po la inme­dia­tez se fue
trans­for­man­do en nece­si­dad de cono­cer­nos un poco más, y com­pren­der por
qué tan­tos y tan­tas eli­gen Argen­ti­na y La Pla­ta como lugar donde
tra­ba­jar y vivir, tan lejos de su gen­te, de su tie­rra. Cheikh Gue­ye, por
su expe­rien­cia como migran­te – lle­va más de 14 años fue­ra de su país -,
por su faci­li­dad para com­pren­der y comu­ni­car­se en espa­ñol, y por el
víncu­lo estre­cho esta­ble­ci­do con el colec­ti­vo La Cie­ga, se vol­vió un
refe­ren­te en nues­tra ciu­dad. Nues­tro víncu­lo se fue estre­chan­do, varias
veces nos jun­ta­mos a cenar metien­do los dedos en la fuen­te, participamos
de sus acti­vi­da­des colec­ti­vas, fui­mos espec­ta­do­res y espec­ta­do­ras de un
tor­neo de fút­bol orga­ni­za­do por la comu­ni­dad de todo el conur­bano, y
has­ta un día arma­mos un par­ti­do mix­to don­de juga­mos. Estas imá­ge­nes son
par­te de un tra­ba­jo en pro­ce­so, son el pun­ta­pié de un camino de
acom­pa­ñar, com­par­tir y cono­cer más len­to, pero de cre­ci­mien­to mutuo. Por SADO Colec­ti­vo Fotográfico.


“Aho­ra, duran­te la pan­de­mia, no usa­mos bar­bi­jo, nada. Noso­tros somos
negros, somos fuer­tes y pode­mos resis­tir a lo que sea ‑Cheikh se ríe-.
Men­ti­ra, estoy jodien­do. En ver­dad, nos cui­da­mos, usa­mos bar­bi­jos y
toma­mos las medi­das como todo el mun­do para cuidarnos”.

Cheikh Gue­ye es un mucha­cho de ori­gen sene­ga­lés, tie­ne 40 años y hace
6 que resi­de en la ciu­dad de La Pla­ta. Como a muchí­si­mas per­so­nas cuyo
tra­ba­jo se ve inte­rrum­pi­do por la cua­ren­te­na, con­se­guir el dine­ro se le
hace difí­cil, suma­do a que su tra­ba­jo es la ven­ta ambu­lan­te sobre calle
12, una acti­vi­dad que depen­de de la posi­bi­li­dad de con­su­mo de la gen­te y
que, ade­más, es con­si­de­ra­da ile­gal. Des­de que el Gobierno de Alberto
Fer­nán­dez tomó las medi­das de ais­la­mien­to social, pre­ven­ti­vo y
obli­ga­to­rio, los sene­ga­le­ses han vis­to su acti­vi­dad para­da por completo.
Algu­nas per­so­nas y orga­ni­za­cio­nes socia­les como La Cie­ga ‑colec­ti­vo de
abo­gadxs populares‑, el FOL ‑Fren­te de Orga­ni­za­cio­nes en Lucha- y la
Coor­di­na­do­ra Migran­te han com­par­ti­do una ayu­da soli­da­ria de ali­men­tos y
dine­ro. Con eso, Cheikh y sus com­pa­ñe­ros com­pran lo nece­sa­rio y lo
reparten.

“Cada uno deci­de a nivel per­so­nal si sale o no sale a tra­ba­jar. Yo
soy el pri­me­ro que salió y, como soy por­ta­voz de la comu­ni­dad, alguien
podía ver­me y pen­sar que eso era legal. Para no con­fun­dir, el pri­mer día
que salí, hablé con el abo­ga­do, Damián, y, lue­go, escri­bí al gru­po de
la comu­ni­dad para que supie­ran las con­di­cio­nes, por­que cada uno debía
asu­mir los ries­gos por lo que deci­da. Aquel que tie­ne el coraje
de salir y correr el ries­go, sale. Y el que tie­ne mie­do pue­de quedarse
en su casa has­ta que todo pase. Tres cuar­tos de los chi­cos no están
salien­do, tie­nen temor. Es cier­to que algu­nos se que­da­ron sin plata,
pero, en una casa, hay cua­tro o cin­co chi­cos que tie­nen aho­rros y
com­par­ten. Así nos ayu­da­mos entre nosotros”.

***

En la mayo­ría de los gru­pos de migran­tes, las diná­mi­cas para
agru­par­se sue­len ser dos: la pri­me­ra se da por una comu­ni­dad identitaria
por lazos de paren­tes­co, región de ori­gen, reli­gión, etnia; la segunda
tie­ne algu­na for­ma pro­ve­nien­te de la socie­dad que los recibe,
depen­dien­do así de una estruc­tu­ra algo más pre­es­ta­ble­ci­da para
orga­ni­zar­se. Ambas for­mas de agru­pa­ción casi siem­pre se dan de forma
arti­cu­la­da. En Argen­ti­na, la pobla­ción sene­ga­le­sa cuen­ta con las
dahi­ras, las ton­ti­nas y las aso­cia­cio­nes civi­les orga­ni­za­das por
cri­te­rio de nacionalidad.

“Para noso­tros, la comu­ni­dad no es como una aso­cia­ción que tie­ne sus
reglas. A la comu­ni­dad la defi­ni­mos como un gru­po de sene­ga­le­ses que
esta­mos acá, nos cono­ce­mos y esta­mos en con­tac­to, pero cada uno bus­ca su
mane­ra de sobre­vi­vir. Somos algo más de 220 per­so­nas en La Pla­ta. No sé
qué decir, por­que no com­par­ti­mos muchas cosas. Lo que más compartimos
es la reli­gión. Los domin­gos, nos reuni­mos para prac­ti­car­la. Y también,
mien­tras que esta­mos acá, com­par­ti­mos la soli­da­ri­dad. Pero no
com­par­ti­mos el tra­ba­jo, cada uno bus­ca su mane­ra de ganar­se la vida”.

Todxs lxs sene­ga­lesxs son musul­ma­nes, la mayo­ría con per­te­nen­cia a la
cofra­día islá­mi­ca mou­ri­de. Para quie­nes son musul­ma­nes, el Rama­dán ‑en
el noveno día del calen­da­rio lunar ára­be- es la cele­bra­ción del
acon­te­ci­mien­to más espe­cial. Se fes­te­ja el des­cen­so del cie­lo a la
tie­rra de la pala­bra de Dios: el Corán. Para reci­bir las ben­di­cio­nes del
Rama­dán, las muje­res y los hom­bres que estén en buen esta­do físico
deben ayu­nar a lo lar­go del mes. Como lo pres­cri­be el Corán, el ayuno
dia­rio empie­za antes del ama­ne­cer y ter­mi­na con la pues­ta del sol. Para
Cheikh, este ayuno es más que abs­te­ner­se de comer o tomar algo durante
el día. Es un momen­to de con­tem­pla­ción y devoción.

“Pre­fie­ro dor­mir de noche y rezar de día, pedir­le per­dón a Dios,
medi­tar. Hace unos días, empe­cé a salir de nue­vo. Hoy, salí y vol­ví hace
un rato por­que, a las seis, toca rezo de Rama­dán, aho­ra estamos
hacien­do ayuno. La mayo­ría de los chi­cos sí se que­dan jugan­do de noche y
duer­men de día. Cuan­do sal­go, voy a calle 12 a ven­der. Ya no es
como antes, lle­vo poca mer­ca­de­ría, unas cajas de medias nada más.
Por­que si vie­ne Con­trol Urbano y me saca, no pier­do tan­to.
Es un ries­go, por­que, si te aga­rran, te ponen una con­tra­ven­ción por ven­der en la calle y por vio­lar la cuarentena.
Otros com­pa­ñe­ros aho­ra están salien­do. Algu­nos que están en calle 7 y
calle 8 dije­ron que ayer fue Con­trol Urbano y les dijo que pue­den estar,
man­te­nien­do la dis­tan­cia y sin jun­tar­se a char­lar. La poli­cía no está
moles­tan­do por ahora”.

“Yo pien­so que, a veces, pasa eso de que la gen­te te ve negro y
pien­sa que te estás murien­do de ham­bre, pasa en todo el mun­do y, por
eso, te tie­nen lás­ti­ma y te dejan. Hay mucha gen­te que cree eso”.

***

La migra­ción sene­ga­le­sa en Argen­ti­na res­pec­to de otras migra­cio­nes es
hiper­vi­si­bi­li­za­da: ser negrxs en un país que, a tra­vés de sus
ins­ti­tu­cio­nes, su his­to­ria y su idio­sin­cra­sia, se pien­sa blan­co, otor­ga a
la negri­tud la con­di­ción posi­ble, a raíz de años de invisibilización,
de ser sobre­di­men­sio­na­da y resul­tar extra­ña y exó­ti­ca. La condición
per­fec­ta para esto es la situa­ción labo­ral en la vía públi­ca y su
expo­si­ción per­ma­nen­te: el 96% de lxs sene­ga­lesxs tra­ba­jó o tra­ba­ja en la
ven­ta ambu­lan­te. El 4% res­tan­te pudo tra­ba­jar en la cons­truc­ción de
obras a tra­vés de un víncu­lo con la UOCRA filial-La Pla­ta. El sindicato
empleó tan­to a sene­ga­le­ses con resi­den­cia per­ma­nen­te como con residencia
pre­ca­ria, tal como la ley nº 25.871 de migra­cio­nes per­mi­te. En la calle
o en las ferias, con pues­tos o ambu­lan­do, los sene­ga­le­ses ven­den a sol y
som­bra bijoute­rie, relo­jes, bille­te­ras y artícu­los para celulares.
Otros ven­den car­te­ras, medias y san­da­lias. Tam­bién gorras y ante­ojos de
sol en verano, o guan­tes y bufan­das en invierno.

“Y eso es un pro­ble­ma, por­que tam­bién hay mucha gen­te que pien­sa que
hay una per­so­na que está por detrás, que nos paga y nos man­da a
tra­ba­jar. Y eso no es así. Yo, cuan­do lle­gué a Argen­ti­na, me encontré
con mi tío y él, para ayu­dar­me a tra­ba­jar, me entre­gó lo que hacía, me
com­pró car­te­ras y todo lo que esta­ba ven­dien­do, y me dijo: “Esto es lo
que esta­mos hacien­do, vos fija­te, si te gus­ta, seguí. Si no te gusta,
cam­bia­lo”. Y yo tam­bién, cuan­do lle­gó mi her­mano, hice lo mis­mo… No es
obli­ga­to­rio ven­der sí o sí lo que ven­den todos, pero es lo que tene­mos a
mano.

A media­dos del 2018, los ope­ra­ti­vos de Con­trol Urbano y de la policía
se incre­men­ta­ron y se vol­vie­ron más sis­te­má­ti­cos. A más de la mitad de
los sene­ga­le­ses les retu­vie­ron y les roba­ron la mer­ca­de­ría a la ven­ta, y
ya nun­ca pudie­ron recu­pe­rar­la. Sólo a unos pocos les entre­ga­ron un acta
con­tra­ven­cio­nal. Como res­pues­ta a la vio­len­cia poli­cial e
ins­ti­tu­cio­nal, la Coor­di­na­do­ra Migran­te, la Con­se­je­ría para Migrantes
(un espa­cio de tra­ba­jo con migran­tes en la Facul­tad de Tra­ba­jo Social de
la Uni­ver­si­dad Nacio­nal de La Pla­ta), orga­ni­za­cio­nes de DD.HH. y
vecinxs, se orga­ni­za­ron para esta­ble­cer medi­das colec­ti­vas para frenar
un poco la vio­len­cia desplegada.

***

Casi la mitad de los sene­ga­le­ses que resi­den en la ciu­dad de La Plata
entra­ron al país a tra­vés de Ecua­dor, por­que, has­ta el año 2015, la
visa no era soli­ci­ta­da en aquel país. El res­to ingre­só por Bra­sil a
tra­vés de una visa obte­ni­da en la emba­ja­da bra­si­le­ña en Dakar; o por
pasos fron­te­ri­zos cer­ca­nos a tra­vés de Chi­le o Boli­via. En cual­quie­ra de
los casos, el ingre­so a Argen­ti­na fue de mane­ra irre­gu­lar, ya que es
con­di­ción de ingre­so poseer el visa­do para todxs lxs ciudadanxs
sene­ga­le­ses. Cheikh lle­gó a La Pla­ta en junio de 2014, des­pués de un
lar­go peri­plo de 6 años entre Espa­ña e Ita­lia, que cul­mi­nó con su
depor­ta­ción a Sene­gal. La pri­me­ra vez que dejó su casa fue en 2006, el
des­tino: la ciu­dad de Bar­ce­lo­na. El Esta­do espa­ñol, al expul­sar­lo, le
impi­dió vol­ver a pisar ese país por el tér­mino de 5 años. Así fue como,
estan­do un año en Sene­gal con su fami­lia y sin tra­ba­jo, le sur­gió la
posi­bi­li­dad de venir a Argen­ti­na e inten­tar mejor suerte.

“No es que lle­gué acá por­que un día me levan­té y dije “me voy a
Argen­ti­na”. Yo vine por­que acá esta­ba mi tío. En ese momen­to, había un
con­ve­nio, si tenías el pasa­por­te de Sene­gal, podías entrar en Ecuador
sin el visa­do y, enton­ces, podías entrar en micro a Argen­ti­na des­de ahí.
Me dije “voy a pro­bar, si me anda bien, me que­do, si no, me vuel­vo a
Sene­gal y voy a ver cómo vol­ver a Espa­ña o Ita­lia”. Y, por suer­te, no me
va mal acá. Estoy hacien­do cosas que allá no podía hacer. Por­que me
estoy hacien­do mi casa, me que­da poco para ter­mi­nar­la y muchas cosas
más… no me pue­do que­jar. Pero sí, ser migran­te, para mí, es un
sacri­fi­cio muy gran­de, es algo muy duro. No cual­quier per­so­na migra, la
gen­te que tie­ne una nece­si­dad que no pue­de satis­fa­cer en su país y tiene
que irse… no es fácil dejar tu fami­lia, estar un tiem­po sin verlos.
Cuan­do me fui de Sene­gal, mi segun­do hijo tenía un año y toda­vía no
sabía cami­nar. Aho­ra, cami­na y ya va al cole­gio. Y yo no puedo
apro­ve­char este perío­do.
Pero bueno, uno se acos­tum­bra… es algo duro”.

***

La cues­tión de la lega­li­dad sue­le hacer las cosas más difí­ci­les. Ser
clan­des­tinx es uno de los estig­mas con el que car­ga la mayo­ría de la
pobla­ción migran­te del pla­ne­ta. Sin embar­go, no en todos los paí­ses es
igual. Argen­ti­na se ha carac­te­ri­za­do his­tó­ri­ca­men­te ‑geno­ci­dio por medio
de los pue­blos ori­gi­na­rios- por poblar y ocu­par el terri­to­rio a través
de gran­des polí­ti­cas de inmi­gra­ción. La mul­ti­cul­tu­ra­li­dad y el
mul­ti­ori­gen son ras­gos de la con­for­ma­ción iden­ti­ta­ria pen­sa­da en la
moder­ni­dad e incrus­ta­da hoy en la maqui­na­ria tota­li­za­do­ra del
capi­ta­lis­mo inter­na­cio­nal. Por eso, la mayo­ría de lxs migran­tes huye:
del ham­bre, de la vio­len­cia polí­ti­ca, de la des­truc­ción total de sus
hoga­res y tie­rras, de la gue­rra, de la fal­ta de tra­ba­jo, de la
humi­lla­ción que les impi­de vivir con algo de dig­ni­dad. La des­igual­dad de lxs migran­tes res­pec­to de la pobla­ción local es de una con­di­ción racis­ta, cla­sis­ta y sexista.

Noso­tros no esta­mos ile­ga­les, el tema es que la acti­vi­dad que hace­mos es irregular.
Acá no es tan gra­ve como en Euro­pa, allá, por no tener docu­men­to, te
pue­den depor­tar a tu país. Esto en Argen­ti­na aún no nos ha pasa­do y no
creo que nos vaya a pasar, por­que el gobierno no va a poder, no tiene
víncu­lo con Sene­gal, no tie­ne emba­ja­da, no tie­ne nin­gu­na institución
para poder tra­mi­tar una depor­ta­ción, no tie­nen con­ve­nio… ni allá en
Sene­gal hay emba­ja­da de Argen­ti­na. La poli­cía igual pue­de estar moles­tan­do todo el tiem­po, pidien­do pape­les, mal­tra­tan­do, revi­san­do la documentación.
Yo tar­dé como 3 años en tener la nacio­na­li­dad, en tener el docu­men­to y
nun­ca me pre­gun­ta­ron en este tiem­po. Una vez que lle­gás y te ente­rás que
no hay con­ve­nio como con el res­to de los paí­ses del Mer­co­sur, aprendés
que tenés que pedir refu­gio. No te lo dan en el momen­to, pero te van a
dar un docu­men­to que te va a durar 3 meses y lo vas a reno­var, has­ta que
se resuel­va tu situa­ción de refu­gio. Por eso, es muy difí­cil ver a un
sene­ga­lés que esté irre­gu­lar, por­que todos tene­mos ese docu­men­to para
estar en el país. Lo que pasa es que, den­tro de esta situa­ción, hay unos
que tie­nen la nacio­na­li­dad, otros que sólo tie­nen el DNI argen­tino y
otros que toda­vía están esperando…”.

***

En Sene­gal, al momen­to de con­tar esta his­to­ria, hay 5090 personas
con­ta­gia­das de COVID-19, según infor­ma la Orga­ni­za­ción Mun­dial de la
Salud. 2512 pacien­tes recu­pe­radxs y 60 muertxs. Para fre­nar el avan­ce de
la pan­de­mia, el gobierno lide­ra­do por Macky Sall cerró las fronteras,
res­trin­ge via­jes entre ciu­da­des e impo­ne un seve­ro toque de queda
noc­turno des­de las 8 de la noche has­ta las 6 de la maña­na. En Beude
Fora­ge, ciu­dad don­de vive la fami­lia de Cheikh, aún no hay casos
regis­tra­dos, por­que no están en una ciu­dad tan gran­de como Dakar, la
capi­tal. Su fami­lia, como miles de fami­lias alre­de­dor del mundo,
atra­vie­sa este extra­or­di­na­rio momen­to con mie­do y con muchísimas
limi­ta­cio­nes para rea­li­zar las acti­vi­da­des que antes hacían diariamente.
Se sus­pen­die­ron los trans­por­tes públi­cos, para via­jar sólo hay unas
pocas excep­cio­nes, se cerra­ron los mer­ca­dos, las mez­qui­tas y las
igle­sias: los rezos son puer­tas adentro.

“Hos­pi­ta­les públi­cos hay, pero no es un país rico don­de el gobierno
pue­da ayu­dar a la gen­te para que no le fal­te nada. No es que no tienen
agua ni nada, pero siem­pre hay algu­nos luga­res que sufren mucho más que
otros. A mi fami­lia le afec­ta, por­que, mien­tras yo tra­ba­jo y gano plata,
les pue­do man­dar para algo que ellos quie­ren, para sus bol­si­llos. Ahora
que no pue­do tra­ba­jar, lo úni­co que pue­do garan­ti­zar­les es la comida,
para que no se que­den con ham­bre, eso sí que lo voy a con­se­guir. Estoy
inten­tan­do que, todos los meses, les lle­gue la comi­da. Se hace difícil…
Noso­tros, en mi fami­lia, somos cin­co hom­bres que esta­mos fue­ra, acá
estoy con un her­mano y, en Ita­lia, ten­go tres más. Entre todos, juntamos
la pla­ta de la fami­lia y, apar­te, yo le ten­go que enviar dine­ro a mi
madre, mi mujer y mis hijos, para com­prar zapa­ti­llas, ropa, lo que sea”.

El deseo de Cheikh es hacer su casa. Antes de migrar, vivía jun­to a
su espo­sa e hijxs en la casa que le dejó su papá. No tie­nen casa propia:
son 10 per­so­nas vivien­do en el mis­mo espa­cio. En la con­vi­ven­cia, se
suman sus tres her­ma­nas y su mamá. Una vez que ter­mi­ne de construirla,
pien­sa jun­tar dine­ro para poner una pana­de­ría, ofi­cio que aprendió
cuan­do era joven de la mano de otro tío.

“Este es mi deseo. No es para todos igual. Por ejem­plo, hay chicos
que están casa­dos con argen­ti­nas acá. Para mí, se van a que­dar acá toda
su vida. Yo quie­ro que nos vaya bien en este país, que cada uno pueda
cum­plir su sue­ño, que todos pue­dan con­se­guir su docu­men­to para vol­ver a
ver a su fami­lia en Sene­gal y que pue­dan regre­sar, has­ta que lle­gue el
momen­to en que se deci­da no vol­ver más”.

Los datos refe­ri­dos en la nota fue­ron reco­gi­dos del artícu­lo “Agen­cia
y Aso­cia­cio­nis­mo en con­tex­tos de vio­len­cia ins­ti­tu­cio­nal: el accionar
de migran­tes sene­ga­le­ses en la Ciu­dad de La Pla­ta (Argen­ti­na)”, por
Sonia Raquel Vos­co­boi­nik y Ber­nar­da Zubrzyc­ki, en REMHU, Rev.
Inter­dis­cip. Mobil. Hum., Bra­sí­lia, v. 27, n. 56, ago. 2019, p.99 – 115.
DOI:​http://​dx​.doi​.org/​1​0​.​1​5​9​0​/​1​980 – 85852503880005606


Fuen­te: https://​www​.face​book​.com/​S​A​D​O​C​o​l​e​c​t​i​v​o​F​o​t​o​g​r​a​f​i​co/ y Anred

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