Bra­sil. Una muer­te cada cua­tro días: el pue­blo ori­gi­na­rio Xikrin es uno de los más afec­ta­dos por Covid-19

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 21 de junio de 2020. 

Des­de el 22 de mayo pasa­do, han muer­to sie­te per­so­nas en la Tie­rra Indí­ge­na Xikrin do Cate­té, don­de hay 270 casos posi­ti­vos en una pobla­ción de menos de 2 mil per­so­nas, una mor­ta­li­dad 40 veces mayor que la de Brasil.

«En los pue­blos las fami­lias llo­ran día y noche y la gen­te está deses­pe­ra­da». Así es como el joven Yan Xikrin (24 años), hijo de uno de los jefes de la Tie­rra Indí­ge­na (TI) Xikrin do Cate­té, des­cri­be la situa­ción de su pue­blo des­pués de que la pan­de­mia de Covid-19 deja­ra sie­te muer­tes en las últi­mas tres semanas. 

El 22 de mayo, cuan­do el gue­rre­ro Bemok Xikrin (72 años) murió sin aire en una cama de hos­pi­tal en Mara­bá, los Xikrin no han pasa­do más de sie­te días sin arre­pen­tir­se de la pér­di­da de un parien­te. La muer­te más recien­te ocu­rrió en la maña­na del 10 de junio, cuan­do el vie­jo Topan Xikrin ingre­só a las estadísticas.

“Esta­mos muy asus­ta­dos. En mi fami­lia, sie­te per­so­nas ya han falle­ci­do por esta enfer­me­dad ”, expli­ca Bekro­ti Xikrin, pre­si­den­te del ins­ti­tu­to que repre­sen­ta a las cin­co aldeas étni­cas, que ocu­pa un área de 439 mil hec­tá­reas en el sur­oes­te de Pará, a más de 400 kiló­me­tros de Marabá.

Ade­más de Bemok, murie­ron otros tres gue­rre­ros mayo­res: Tep­tap, Ikro­re y Anoy­re. Eran figu­ras impor­tan­tes para el gru­po étni­co, como mues­tra su títu­lo. Los gue­rre­ros son los que enfren­tan resis­ten­cia y demues­tran cono­ci­mien­to de sus tra­di­cio­nes cul­tu­ra­les. Se habla muy poco por­tu­gués en las aldeas y se toma en serio el res­pe­to a los ancia­nos: son los guar­dia­nes de la memo­ria indígena.

Por estas razo­nes, la muer­te más sen­ti­da has­ta el momen­to fue la de Bep Karo­ti (63 años), jefe de la aldea Pokro y una refe­ren­cia para toda la pobla­ción de la tie­rra indí­ge­na. “Fue un lide­raz­go muy fuer­te físi­ca y espi­ri­tual­men­te. Él ya reinó cuan­do otros jefes de hoy eran niños ”, des­cri­be Patrí­cia Alves Perei­ra, una no indí­ge­na que ase­so­ra al instituto.

La sép­ti­ma muer­te fue Irenho­ti, una mujer de 21 años de la que se sabe poco.
Botxiê Xikrin, el anciano cen­te­na­rio y la máxi­ma auto­ri­dad del gru­po étni­co, tam­bién se infec­tó y fue hos­pi­ta­li­za­do. Según Yan Xikrin, al menos 270 per­so­nas indí­ge­nas die­ron posi­ti­vo por Covid-19.

Los Xikrin no es el úni­co pue­blo ori­gi­na­rio que sufre la pan­de­mia. Los datos de Fio­cruz mues­tran que la pobla­ción indí­ge­na es la que más mue­re entre los pacien­tes que bus­can hos­pi­ta­les: 48% con­tra 28% de blan­cos, 36% de negros y 40% de mes­ti­zos. La cien­cia ya sabe que la vul­ne­ra­bi­li­dad de los pue­blos nati­vos al virus es alta debi­do al con­tac­to más recien­te. A esto se agre­ga la dis­tan­cia que nece­si­tan via­jar para encon­trar aten­ción médi­ca de com­ple­ji­dad media y alta y las difi­cul­ta­des para esta­ble­cer un sis­te­ma de ais­la­mien­to en cul­tu­ras don­de el espa­cio com­par­ti­do es la regla. Para el 14 de junio, 249 per­so­nas indí­ge­nas habían muer­to por el nue­vo coro­na­vi­rus en Bra­sil, según la Coor­di­na­ción de Orga­ni­za­cio­nes Indí­ge­nas en la Ama­zo­nía bra­si­le­ña (Coiab). Ofi­cial­men­te, Sesai, vin­cu­la­do al Minis­te­rio de Salud, regis­tra un núme­ro mucho menor de muer­tes: 103.

Pero la comu­ni­dad de Xikrin do Cate­té tie­ne una con­di­ción aún más preo­cu­pan­te: allí, el segun­do mayor núme­ro de muer­tes se regis­tró entre las 65 áreas indí­ge­nas iden­ti­fi­ca­das por Funai en Pará, aun­que la pobla­ción total del área demar­ca­da no lle­ga a 2 mil per­so­nas. En Bra­sil, solo cua­tro de los 78 gru­pos étni­cos regis­tra­ron más muer­tes por Covid-19 que por el Xikrin, según los datos más recien­tes de Coiab.

La inci­den­cia de la enfer­me­dad entre los Xikrin es mucho mayor que en los muni­ci­pios alre­de­dor de las tie­rras indí­ge­nas y más de 40 veces mayor que en Bra­sil, tenien­do en cuen­ta los datos de pobla­ción para 2010, la últi­ma infor­ma­ción dis­po­ni­ble y la infor­ma­ción sobre con­ta­mi­nan­tes en el sitio web. Bra​sil​.io el 10 de junio. Tam­bién hay una gran dife­ren­cia en la leta­li­dad entre los que con­traen la enfer­me­dad den­tro y los que se ven afec­ta­dos fue­ra del área demarcada.

La mine­ría es un fac­tor de vulnerabilidad.

Gran par­te de la pobla­ción de Xikrin tie­ne fac­to­res de ries­go para Covid-19, afec­ta­dos por dia­be­tes, pre­sión arte­rial alta y enfer­me­da­des car­día­cas, un fenó­meno que no ocu­rre con otras per­so­nas indí­ge­nas en la región. «Los téc­ni­cos de enfer­me­ría de Sesai me pre­gun­tan por qué los Xikrin de la Tie­rra Indí­ge­na Cate­té tie­nen tan­tas enfer­me­da­des, a dife­ren­cia de Suruí y Para­ka­nã», escri­bió el endo­cri­nó­lo­go João Pau­lo Botelho Viei­ra Filho en un infor­me de mar­zo de 2020. Pro­fe­sor de Medi­ci­na en la Uni­ver­si­dad Fede­ral de São Pau­lo (Uni­fesp), ha ser­vi­do a la salud de la comu­ni­dad Xikrin duran­te déca­das, des­de que apli­có las pri­me­ras vacu­nas a esta gen­te, casi ani­qui­la­da, entre 1950 y 1970, por las enfer­me­da­des con­traí­das en con­tac­to con blan­cos. En el peor momen­to, la pobla­ción total era exac­ta­men­te de 92 individuos.

El pro­ble­ma, advier­te el médi­co, es la con­ta­mi­na­ción de las aguas del río Cate­té. «Actual­men­te, supon­go que la cau­sa de las enfer­me­da­des Xikrin pue­de ser por meta­les pesa­dos», agre­ga Viei­ra Filho. La hipó­te­sis fue con­fir­ma­da en mar­zo de este año por un infor­me de la Uni­ver­si­dad Fede­ral de Pará y entre­ga­da al Minis­te­rio Públi­co Fede­ral. «Ya no hay nin­gu­na duda sobre la res­pon­sa­bi­li­dad de la empre­sa Onça Puma de con­tri­buir a la con­ta­mi­na­ción del río Cate­té», escri­bió el inge­nie­ro Regi­nal­do Saboia de Pai­va, des­pués de una expe­di­ción a TI para reco­lec­tar mues­tras de agua. Sus aná­li­sis habían demos­tra­do pre­via­men­te la pre­sen­cia de plo­mo, hie­rro, cobre, níquel y cro­mo en nive­les supe­rio­res a las can­ti­da­des per­mi­ti­das en el río Cate­té, uti­li­za­das por los indí­ge­nas para bañar­se, coci­nar y pes­car, como infor­mó Agen­cia Públi­ca en 2017.

“Los Xikrin se están ali­men­tan­do con yuca, man­dio­ca, bata­tas, en el pro­ce­so de sua­vi­zar estas raí­ces en los ríos Cate­té e Ita­caiú­nas, con altos nive­les de plo­mo y cad­mio. Meta­les terri­bles por las con­se­cuen­cias en el cere­bro, los riño­nes, los hue­sos y otros órga­nos vita­les ”, advier­te el médi­co en su recien­te texto.

José Cíce­ro da Silva/​Agência Pública

Ubi­ra­ja­ra Som­pré, un nati­vo de la gen­te de Gavião que tra­ba­ja como par­ti­da­rio téc­ni­co de Sesai, lla­ma la aten­ción sobre los ries­gos psi­co­ló­gi­cos que con­lle­va la ame­na­za. “Ya exis­te mucha pre­sión por la con­ta­mi­na­ción del mine­ral, por la defo­res­ta­ción. Aho­ra, jun­ta esta situa­ción de pan­de­mia, se vuel­ve muy com­pli­ca­da. Si tie­nes un coro­na­vi­rus como este, con agua con­ta­mi­na­da, la inmu­ni­dad es muy baja ”, explica.

La preo­cu­pa­ción por la rela­ción entre la acti­vi­dad mine­ra y la vul­ne­ra­bi­li­dad de los pue­blos indí­ge­nas a Covid-19 llevó a la Aso­cia­ción Bra­si­le­ña de Antro­po­lo­gía a emi­tir una nota, el 11 de mayo, con­de­nan­do la con­ta­mi­na­ción de los ríos, «una situa­ción que requie­re medi­das urgen­tes, en Minis­te­rios de Salud (MS), Medio Ambien­te (MMA) y Jus­ti­cia y Segu­ri­dad Públi­ca (MJSP) «. “En un con­tex­to epi­dé­mi­co en Covid-19, estos pro­ble­mas aumen­tan los ries­gos de esta pobla­ción indí­ge­na. Es aún más pro­pen­so a desa­rro­llar casos de com­pli­ca­cio­nes que pue­den con­du­cir a la muer­te ”, dicen los antropólogos.

Vale nie­ga que sea la fuen­te de la con­ta­mi­na­ción, pero el caso aún se está dis­cu­tien­do en el Tri­bu­nal Fede­ral. «Vale refuer­za que sie­te infor­mes pre­pa­ra­dos por exper­tos judi­cia­les (inge­nie­ría meta­lúr­gi­ca, bió­lo­go /​ictio­fau­na, socio­ló­gi­ca, agro­nó­mi­ca, inge­nie­ría fores­tal, inge­nie­ría civil y geo­lo­gía) nom­bra­dos por el juez fede­ral de Rede­nção, con­clu­ye­ron que la ope­ra­ción del pro­yec­to Onça Puma no es fuen­te de con­ta­mi­na­ción del río Cate­té, y su regu­la­ri­dad ope­ra­ti­va «. Sin embar­go, en su for­mu­la­rio de refe­ren­cia más recien­te, entre­ga­do a la Comi­sión de Bol­sa y Valo­res de Bra­sil (CVM) el 29 de mayo, la com­pa­ñía cla­si­fi­ca el pro­ce­so como una «posi­ble pér­di­da, ya que toda­vía está bajo inves­ti­ga­ción, y la expe­rien­cia téc­ni­ca reque­ri­da por las par­tes aún no se ha concluido «.

Des­de 2015, la Jus­ti­cia ha deter­mi­na­do en tres oca­sio­nes sus­pen­der las acti­vi­da­des de Onça Puma, la últi­ma ocu­rrió en febre­ro del año pasa­do y no fue res­pe­ta­da por Vale, que solo cum­plió con la deter­mi­na­ción has­ta junio. Tres meses des­pués, el pre­si­den­te de la Cor­te Supre­ma Fede­ral (STF), Dias Tof­fo­li, auto­ri­zó la reanu­da­ción de las ope­ra­cio­nes en la plan­ta de níquel.

Ade­más de Onça Puma, otras dos ope­ra­cio­nes de Vale son moti­vo de preo­cu­pa­ción para Xikrin: han pre­sen­ta­do deman­das con­tra irre­gu­la­ri­da­des en la con­ce­sión de licen­cias de la mina Salo­bo, el pro­yec­to de cobre más gran­de de Vale, y tie­nen pro­ble­mas con el mega­com­ple­jo S11D, la mina de hie­rro más gran­de del mun­do, que explo­ta mine­ral bajo tie­rra en el Bos­que Nacio­nal Cara­jás.
Los muni­ci­pios cer­ca­nos se están derrumbando

La nota de la Aso­cia­ción Bra­si­le­ña de Antro­po­lo­gía lla­ma la aten­ción sobre el hecho de que las aguas de Cate­té ali­men­tan el canal del río Tocan­tins, “uno de los prin­ci­pa­les cur­sos de agua en la Ama­zo­nía orien­tal bra­si­le­ña, y una fuen­te de sumi­nis­tro de agua para la pobla­ción ribe­re­ña de varios cen­tros urba­nos. «. Por esta razón, obser­va, «el daño ambien­tal y a la salud huma­na cubre un terri­to­rio mucho más amplio que el ubi­ca­do en el inte­rior y en los alre­de­do­res inme­dia­tos del espa­cio ocu­pa­do por la acti­vi­dad minera».

De hecho, en la ciu­dad de Para­ua­pe­bas, don­de se encuen­tra par­te del terri­to­rio Xikrin, más de 6,000 per­so­nas die­ron posi­ti­vo para Covid-19, según la Secre­ta­ría de Salud del Esta­do de Pará, y 98 murie­ron (los datos con­so­li­da­dos por Bra​sil​.io y uti­li­za­dos en arri­ba es menos). La ciu­dad, con 200 mil habi­tan­tes, es supe­ra­da solo por la capi­tal, Belém, una situa­ción que preo­cu­pa al alcal­de Dar­ci Ler­men (MDB). Afir­ma que la mayo­ría de los casos regis­tra­dos en la ciu­dad son de tra­ba­ja­do­res de Vale S.A. y dice que le preo­cu­pa la aglo­me­ra­ción cau­sa­da por la actividad.

“El gobierno fede­ral deter­mi­nó que la mine­ría es una acti­vi­dad esen­cial, por lo que no tenía el poder de dete­ner a Salo­bo en el cie­rre. Y la mayo­ría de los casos pro­vie­nen de allí. Los tra­ba­ja­do­res via­jan casi dos horas en auto­bús a la mina, y miles entran y salen todos los días. Es natu­ral que este virus se pro­pa­gue muy fácil­men­te ”, lamenta.

En res­pues­ta, Vale S.A. infor­ma que «está tra­ba­jan­do con un con­tin­gen­te míni­mo de per­so­nas» en sus ope­ra­cio­nes y adop­tó, en la medi­da de lo posi­ble, una «ofi­ci­na en casa» a par­tir del 16 de mar­zo. Se acon­se­ja a los tra­ba­ja­do­res mayo­res de 60 años o con fac­to­res de ries­go que se que­den en casa. En las uni­da­des de la com­pa­ñía, exis­te una desin­fec­ción cons­tan­te y el uso de más­ca­ras es obli­ga­to­rio, entre otras medi­das. Ale­gan­do «res­pe­to por la pri­va­ci­dad de sus emplea­dos», la com­pa­ñía mine­ra no infor­mó el núme­ro de tra­ba­ja­do­res infec­ta­dos en las uni­da­des de la región.

José Cíce­ro da Silva/​Agência Pública

El lunes (15), el Con­se­jo Misio­ne­ro Indio dijo que en mayo hubo una explo­sión de casos de Covid-19 entre los tra­ba­ja­do­res del Com­ple­jo Cara­jás, en Para­ua­pe­bas. Es el muni­ci­pio más cer­cano a la entra­da de TI Xikrin do Cate­té don­de van los indí­ge­nas cuan­do nece­si­tan com­prar o reti­rar la Bol­sa Famí­lia, y aho­ra tam­bién la ayu­da de emer­gen­cia libe­ra­da por el gobierno fede­ral. “Regu­lar­men­te regis­tran la ciu­dad. Este es un pro­ble­ma en este momen­to «, obser­va la fis­cal esta­tal, Crys­ti­na Mori­ka­wa. El tri­bu­nal civil que diri­ge ha esta­do arti­cu­lan­do accio­nes de pre­ven­ción y redu­cien­do el ries­go de con­ta­gio entre los Xikrin con el ayuntamiento.

Aho­ra, la ciu­dad ha entre­ga­do canas­tas de ali­men­tos bási­cos para evi­tar que los indios ten­gan que ir a la ciu­dad a com­prar comes­ti­bles. Vale envió kits con lejía, jabón en barra, jabón y pas­ta de dien­tes al Xikrin, pero la ayu­da lle­gó solo en la pri­me­ra sema­na de junio.

«Fue solo des­pués de la muer­te del jefe que las auto­ri­da­des comen­za­ron a actuar, y no fue por ini­cia­ti­va de ellos, sino por ini­cia­ti­va de la comu­ni­dad», denun­cia Yan Xikrin, refi­rién­do­se a la muer­te del jefe Bep Karo­ti Xikrin, que ocu­rrió el 30 de mayo.

El Ejér­ci­to tam­bién ingre­só al cam­po y, con Sesai, esta­ble­ció una estruc­tu­ra de ser­vi­cio de emer­gen­cia en una escue­la de la comu­ni­dad. Se ins­ta­ló una hama­ca para ais­lar a las per­so­nas infec­ta­das del res­to de la comu­ni­dad, y se intro­du­je­ron tubos de oxí­geno para los casos más graves.

La fis­cal Crys­ti­na Mori­ka­wa se esfuer­za por per­mi­tir la reaper­tu­ra de otro espa­cio que pue­da ser­vir para ais­lar a los indí­ge­nas some­ti­dos a tra­ta­mien­to: la Casa do Índio, man­te­ni­da por Vale S.A., pero cerra­da por reno­va­cio­nes a fines del año pasa­do y aún sin posi­bi­li­dad de reaper­tu­ra. Es otra dis­cu­sión que ter­mi­nó en la cor­te, por­que, mien­tras los pue­blos indí­ge­nas piden la expan­sión del espa­cio para ser­vir mejor a la pobla­ción, Vale insis­te en sim­ple­men­te res­tau­rar la estruc­tu­ra existente.
El mie­do a morir fue­ra de su tie­rra difi­cul­ta el cuidado

La muer­te de Topan Xikrin el 10 de junio ilus­tra otro pro­ble­ma que enfren­tan los equi­pos de salud para cui­dar a los indí­ge­nas enfer­mos. El anciano tenía muy poca satu­ra­ción de oxí­geno y nece­si­ta­ba ser tra­ta­do en un hos­pi­tal, pero resis­tió has­ta el final el tras­la­do a la ciu­dad. “Está sien­do difí­cil sacar a los ancia­nos de las aldeas. Tie­nen mie­do de no regre­sar, espe­cial­men­te des­pués de que dije­ron que ente­rra­rían a los que murie­ron en la ciu­dad ”, obser­va Ubi­ra­ja­ra Som­pré, de Sesai.

Cuan­do se con­fir­ma­ron las pri­me­ras muer­tes, el 22 y 23 de mayo, de hecho, la pri­me­ra deci­sión del ayun­ta­mien­to y Sesai fue deter­mi­nar que los entie­rros debían tener lugar en la ciu­dad, pero el Minis­te­rio Públi­co Fede­ral inter­vino y ase­gu­ró que se cele­bra­ran los fune­ra­les den­tro del terri­to­rio. pue­blos indí­ge­nas, siguien­do pau­tas de pre­cau­ción para evi­tar el contagio.

Para el Xikrin, la idea de que un parien­te mue­ra solo en una UCI es espan­to­sa. En su cul­tu­ra, cuan­do un ser que­ri­do mue­re, el cuer­po se colo­ca sobre paja de baba­sú. Las muje­res se afei­tan la cabe­za del muer­to y pin­tan su cuer­po. Según Yan Xikrin, des­pués de un día y una noche llo­ran­do en los fune­ra­les, los miem­bros de la fami­lia entie­rran al parien­te y se ale­jan de la aldea para expe­ri­men­tar el due­lo. «Por lo gene­ral, hay entre 20 y 30 miem­bros de la fami­lia que se van al mon­te y per­ma­ne­cen allí duran­te unos dos meses, sin con­tac­to con nadie», dice Yan.

Aho­ra, con la pro­pa­ga­ción de la pan­de­mia, varios otros gru­pos han aban­do­na­do las aldeas hacia el bos­que, en un inten­to por pro­te­ger­se de la enfer­me­dad. Pero en este caso, el movi­mien­to gene­ró preo­cu­pa­ción por los líde­res. «Mi temor es que alguien se enfer­me y ter­mi­ne murien­do allí, sin que nos demos cuen­ta», dice el joven Yan.

* Fuen­te: Agên­cia Públi­ca

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