Perú. Ambu­lan­tes, las voces de la calle que enfren­tan el ham­bre y la violencia

Por Juan Zapa­ta /​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 18 de junio de 2020

Cada peruano, cada perua­na es una his­to­ria de super­vi­ven­cia en medio de la pan­de­mia por el coro­na­vi­rus. Cada voz se ha vuel­to impres­cin­di­ble e inevi­ta­ble fren­te al des­con­cier­to y la indi­fe­ren­cia de las auto­ri­da­des preo­cu­pa­das en las gran­des empre­sas, en la reac­ti­va­ción eco­nó­mi­ca del que más tie­ne; mien­tras la gen­te debe preo­cu­par­se por su eco­no­mía del día a día para vivir. En las calles, la vida no es fácil. La vida es un mie­do cons­tan­te. El ham­bre, el sín­to­ma de cada día.

‘R’ vive en el dis­tri­to de San­ta Ani­ta, antes de la pan­de­mia del coro­na­vi­rus tenía un res­tau­ran­te y una bar­be­ría. Con el esta­do de emer­gen­cia, como muchos otros due­ños de los loca­les se vio obli­ga­do a cerrar, sin saber cuán­do retor­na­ría la posi­bi­li­dad de reabrir su negocio.

Duran­te un mes vio cómo sus aho­rros se comen­za­ron a redu­cir para cui­dar de él y su fami­lia. Un mes fue sufi­cien­te para R. El ham­bre y la nece­si­dad lo obli­ga­ron a salir a la calle y bus­car una for­ma de gene­rar ingre­sos. Con sus cono­ci­mien­tos de expor­ta­ción e impor­ta­ción y un peque­ño aho­rro que sepa­ró para emer­gen­cias, logró com­prar un lote de mas­ca­ri­llas. Hace un poco más de un mes que las ven­de en la ave­ni­da Grau. Lle­ga a las 9 de la maña­na y cami­na a lo lar­go de la ave­ni­da, una y otra vez, has­ta las 3 de la tar­de, en que debe vol­ver a casa.

R se acos­tum­bró rápi­do a la ven­ta ambu­la­to­ria, no sien­te ver­güen­za y sabe que es hon­ra­do. Pero los cam­bios son inevi­ta­bles. Ha deja­do de comer a sus horas y aho­ra tie­ne que estar aler­ta para evi­tar que los fis­ca­li­za­do­res muni­ci­pa­les le qui­ten sus cosas. Trae con­si­go la mer­ca­de­ría razo­na­ble para salir corrien­do en caso la situa­ción lo obli­gue a hacer­lo. No se pue­de arries­gar a per­der una sola mas­ca­ri­lla, cada cén­ti­mo aho­rra­do es la opor­tu­ni­dad de sobrevivir.

A dife­ren­cia de R, una ciu­da­da­na a la que lla­ma­re­mos ‘L’ por moti­vos de segu­ri­dad, nos cuen­ta que no tenía aho­rros. ¿Cómo que­dar­se en casa y pasar ham­bre, frío, espe­ran­do aca­so la muer­te? Ella ha sido ambu­lan­te toda su vida y vive el día a día. L apren­dió a ven­der de todo según la épo­ca del año: hoy su ven­ta está rela­cio­na­da al Día del Padre.

Entre el sus­to de la pan­de­mia y el mie­do cons­tan­te por la lle­ga­da sor­pre­si­va de los fis­ca­li­za­do­res, L ni siquie­ra almuer­za. Pre­fie­re tener sus sen­ti­dos aten­tos para no per­der su mer­ca­de­ría. El ham­bre ten­drá que espe­rar, mien­tras debe hacer mala­ba­res para ven­der o recu­pe­rar unos soles. Sin pla­ta no se come. Si pier­de ella, tam­bién pier­den sus hijos. A ambos lados de la ave­ni­da Man­co Cápac, en La Vic­to­ria, cien­tos de comer­cian­tes ambu­lan­tes cuen­tan la mis­ma historia. 

En los últi­mos días una esce­na se repi­te. Miles de comer­cian­tes ambu­lan­tes fue­ron impe­di­dos por la Poli­cía Nacio­nal jun­to con los muni­ci­pios de La Vic­to­ria y Lima de colo­car­se en el puen­tes de la vía expre­sa Grau. El ope­ra­ti­vo pro­vo­có enfren­ta­mien­tos en las subi­das hacia los puen­tes. Poco pudie­ron hacer los efec­ti­vos del orden. Los ven­de­do­res ambu­lan­tes los supe­ra­ban en fuer­za y núme­ro. Las pro­me­sas de reubi­ca­ción tar­dan y no alcan­zan para todos. Tuvie­ron que acor­dar una tregua. 

‘P’ tra­ba­ja­ba como mese­ra en un res­tau­ran­te. El esta­do de emer­gen­cia la obli­gó a que­dar­se en casa con sus hijos sobre­vi­vien­do de sus aho­rros. Pudo cui­dar­se duran­te 70 días has­ta que se que­dó sin dine­ro. Aho­ra ha com­pra­do un lote de pan­ta­lo­nes de buzo para mujer. Todos están orde­na­dos en su mochi­la. Su ver­da­de­ro teso­ro escon­di­do. Se ha pro­pues­to ven­der por lo menos S/​20 dia­rios para poder ali­men­tar a sus hijos. Des­de las 10 de la maña­na has­ta las 5 de la tar­de reco­rre la ave­ni­da Grau bus­can­do alguien intere­sa­do en las pren­das. Ven­der un pan­ta­lón es la dife­ren­cia entre un estó­ma­go vacío y uno que al menos aguan­te el día.

‘O’ ha sido ambu­lan­te y tam­bién ha tra­ba­ja­do un tiem­po en Saga Fala­be­lla. Dice que pre­fie­re ven­der en la calle a sen­tir que se apro­ve­chan de él en una empre­sa tras­na­cio­nal. Aho­ra tie­ne un carri­to de super­mer­ca­do lleno de zapa­ti­llas que ven­de en los exte­rio­res del empo­rio comer­cial Pol­vos Azu­les. Cuen­ta que él ha logra­do esca­par de los fis­ca­li­za­do­res que lle­gan a agre­dir a todos los ambu­lan­tes. Sin embar­go, se preo­cu­pa por las per­so­nas mayo­res que no pue­den correr a tiem­po y sufren la vio­len­cia muni­ci­pal que no dis­cri­mi­na edad.

Tie­ne la espe­ran­za de que algu­na vez los mono­po­lios empre­sa­ria­les dejen de lle­var­se todo el dine­ro y que en el futu­ro las per­so­nas que han pasa­do ham­bre pue­dan ser par­te de una socie­dad más jus­ta en la que no sean per­se­gui­dos por que­rer ganar­se el pan dia­rio con un tra­ba­jo honrado.

El 15 de junio, más de 1 600 comer­cian­tes ambu­lan­tes empa­dro­na­dos fue­ron reubi­ca­dos en el par­que Huay­na Cápac en San Juan de Mira­flo­res. Pre­via­men­te les rea­li­za­ron prue­bas rápi­das en las que die­ron nega­ti­vo a COVID-19.

Otros que no fue­ron empa­dro­na­dos, fue­ron impe­di­dos de ingre­sar a esta zona. Muchos se han que­da­do ven­dien­do aún en los alre­de­do­res de la ave­ni­da Paseo de la Repú­bli­ca y a la vía expre­sa Grau. Otro gru­po se asen­tó en el par­que El Por­ve­nir de La Vic­to­ria. La fuer­za labo­ral va migran­do den­tro de la pro­pia ciu­dad, mien­tras la pan­de­mia los arrin­co­na y la indi­fe­ren­cia de las auto­ri­da­des los pone con­tra la pared enfren­tán­do­los a un desa­fío de supervivencia.

Este vier­nes 19 de junio los comer­cian­tes de la Aso­cia­ción Mega Cor­po­ra­ción Feria Maña­ne­ra del Perú pre­sen­ta­rán una pro­pues­ta que per­mi­ti­rá a 2 mil comer­cian­tes ambu­lan­tes reubi­car­se en un local de 15 mil m2 ubi­ca­do en La Vic­to­ria. De esta mane­ra inten­tan solu­cio­nar las aglo­me­ra­cio­nes en los alre­de­do­res de la ave­ni­da Grau.

FUENTE:; Way​ka​.pe

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