Doce apun­tes sobre mar­xis­mo (XII de XII)

De las subcrisis al Covid-19: 1987, 1991, 1994, 1996, 2001, 2007… (2-2)

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Hemos lle­ga­do al final de la serie de doce apun­tes rea­li­za­da para el colec­ti­vo inter­na­cio­na­lis­ta Paki­to Arria­ran. Pode­mos sin­te­ti­zar esta últi­ma entre­ga así: la vera­ci­dad his­tó­ri­ca del mar­xis­mo se con­fir­ma en el agra­va­mien­to suce­si­vo de las cri­sis que refuer­zan el avan­ce al comu­nis­mo o por el con­tra­rio, lo detie­nen, lo hacen retro­ce­der, refor­zan­do así la vuel­ta a la bar­ba­rie, al caos. Para enten­der en su pleno alcan­ce esta sín­te­sis es con­ve­nien­te releer la ante­rior y penúl­ti­ma entre­ga –De las sub­cri­sis al Covid-19: 1987, 1991, 1994, 1996, 2001, 2007 (1−2)– en la que inten­ta­mos expli­car el des­en­vol­vi­mien­to de la dia­léc­ti­ca his­tó­ri­ca recien­te, des­de la déca­da de los años oche­ta, has­ta esta­llar en una cri­sis nun­ca cono­ci­da has­ta aho­ra. La nove­dad radi­ca en que es la pri­me­ra vez en la que la bur­gue­sía mun­dial para­li­za en gran medi­da su eco­no­mía, asu­mien­do no sin pro­fun­das dis­cre­pan­cias inter­nas, una drás­ti­ca caí­da de la tasa de ganan­cia mien­tras mul­ti­pli­ca sus fuer­zas repre­si­vas para aplas­tar las pre­vi­si­bles resis­ten­cias obre­ras y popu­la­res que ya venían cre­cien­do antes del Covid-19.

Para enten­der esta nove­dad y sus impli­ca­cio­nes debe­mos cono­cer antes lo esen­cial de la teo­ría mar­xis­ta de las cri­sis como nece­sa­rias dis­rrup­cio­nes des­truc­ti­vas en una «épo­ca de revo­lu­ción social», no como ano­ma­lías o dis­fun­cio­nes casua­les, aza­ro­sas, que per­tur­ban acci­den­tal­men­te el equi­li­brio capi­ta­lis­ta que siem­pre ter­mi­na recom­po­nién­do­se. Las cri­sis son los cru­ji­dos de la lucha de con­tra­rios en la civi­li­za­ción del capi­tal, cata­clis­mos tec­tó­ni­cos que lla­man la aten­ción del mar­xis­mo des­de sus ini­cios. Una refe­ren­cia bási­ca apa­re­ce en estas pala­bras de Marx de 1859:

En un esta­dio deter­mi­na­do de su desa­rro­llo, las fuer­zas pro­duc­ti­vas mate­ria­les de la socie­dad entran en con­tra­dic­ción con las rela­cio­nes de pro­duc­ción exis­ten­tes o –lo cual sólo cons­ti­tu­ye una expre­sión jurí­di­ca de lo mis­mo– con las rela­cio­nes de pro­duc­ción den­tro de las cua­les se habían esta­do movien­do has­ta ese momen­to. Esas rela­cio­nes se trans­for­man de for­mas de desa­rro­llo de las fuer­zas pro­duc­ti­vas en ata­du­ras de las mis­mas. Se ini­cia enton­ces una épo­ca de revo­lu­ción social. (Con­tri­bu­ción a la crí­ti­ca de la eco­no­mía polí­ti­ca, Siglo XXI, Madrid 2008, p. 5.)

Aquí está el fun­da­men­to últi­mo de las cri­sis sis­té­mi­cas: momen­tos en los que esta­lla la con­tra­dic­ción incon­ci­lia­ble entre el desa­rro­llo de las fuer­zas pro­duc­ti­vas mate­ria­les y las rela­cio­nes socia­les de pro­duc­ción exis­ten­tes. Pode­mos deba­tir si la épo­ca de revo­lu­ción social se ini­ció embrio­na­ria­men­te con los ludi­tas en la segun­da déca­da del siglo XIX y con la crea­ción del pri­mer par­ti­do obre­ro revo­lu­cio­na­rio en esa épo­ca o con la revo­lu­ción de 1848 y la suble­va­ción india de 1857; sobre si avan­zó con la Comu­na de París de 1871 y las rebe­lio­nes anti­co­lo­nia­lis­tas de fina­les del siglo XIX, etc. Para Marx y Engels, un momen­to cla­ve en este deba­te fue la derro­ta de 1848. Según lo expli­có Engels en 1888:

En polí­ti­ca no exis­ten más que dos fuer­zas deci­si­vas: la fuer­za orga­ni­za­da del Esta­do, el ejér­ci­to, y la fuer­za no orga­ni­za­da, la fuer­za ele­men­tal de las masas popu­la­res. En 1848, la bur­gue­sía había des­apren­di­do de ape­lar a las masas; les tenía más mie­do que al abso­lu­tis­mo […] era una revo­lu­ción com­ple­ta lle­va­da a cabo por medios revo­lu­cio­na­rios. Por supues­to, esta­mos lejos de repro­char­lo. Al con­tra­rio, le repro­cha­mos el no haber sido sufi­cien­te­men­te revo­lu­cio­na­rio, el haber sido nada más que un revo­lu­cio­na­rio pru­siano, el haber ini­cia­do toda una revo­lu­ción des­de unas posi­cio­nes des­de las que sólo se pue­de rea­li­zar­la a medias… (El papel de la vio­len­cia en la his­to­ria, Pro­gre­so, Mos­cú 1976, t. 3, pp. 418 y 420.)

Des­pués lle­ga­ría la revo­lu­ción de 1905, la meji­ca­na de 1910, la olea­da ini­cia­da con la bol­che­vi­que de 1917, refor­za­da con la revo­lu­ción chi­na de 1949… inter­ca­lan­do siem­pre en este deve­nir los impac­tos de las suce­si­vas cri­sis socio­eco­nó­mi­cas, sobre todo las gran­des depre­sio­nes de 1873 y 1929, o las bru­ta­les gue­rras regio­na­les y mun­dia­les. Al mar­gen de estas pre­ci­sio­nes, sí es cier­to que el anta­go­nis­mo entre el desa­rro­llo de las fuer­zas pro­duc­ti­vas y las rela­cio­nes socia­les de pro­duc­ción lle­ga a ser obje­ti­vo, ate­rra­dor e inocul­ta­ble des­de el perío­do que va de 1914 a 1945, momen­to en el que la «épo­ca de revo­lu­ción social» es ya una nece­si­dad de supervivencia.

Pero se equi­vo­can quie­nes creen que toda esta expe­rien­cia cul­mi­nó en una espe­cie de «teo­ría com­ple­ta», «aca­ba­da», «defi­ni­ti­va» de las cri­sis. La dia­léc­ti­ca de la his­to­ria hace que esto sea impo­si­ble. Nadie mejor que Marx para expre­sar­lo así en una car­ta a Lasa­lle sobre la len­ti­tud en su redac­ción de la Con­tri­bu­ción a la crí­ti­ca de la eco­no­mía polí­ti­ca: «Pero avan­za muy len­ta­men­te, por­que los temas de los que des­de hace muchos años se ha hecho el cen­tro de los estu­dios de uno, cuan­do se quie­re ter­mi­nar con ellos siem­pre ofre­cen nue­vos aspec­tos y exi­gen nue­vas refle­xio­nes» (idem, p. 316). Por esto Marx, ocho años des­pués de la Con­tri­bu­ción a la crí­ti­ca de la eco­no­mía polí­ti­ca, plas­mó en El Capi­tal el cho­que entre las fuer­zas pro­duc­ti­vas y las rela­cio­nes socia­les, desa­rro­llan­do la ley gene­ral de la acu­mu­la­ción de capi­tal, y en la ley de la caí­da ten­den­cial de la tasa media de ganan­cia, como las bases fun­da­men­ta­les, esen­cia­les, de la teo­ría de la cri­sis en cuan­to teo­ría abier­ta, en enri­que­ci­mien­to inacabable.

Uno de los esfuer­zos de Engels al final de su vida fue expli­car el avan­ce teó­ri­co como par­te de la acción per­ma­nen­te de las con­tra­dic­cio­nes. Engels decía que: «Tam­bién Marx come­tió erro­res de cálcu­lo y a pesar de ello tie­ne razón en lo fun­da­men­tal» (Pró­lo­go de 1894, El Capi­tal, FCE, Méxi­co 1975, t. 3 p. 22). Cin­co meses antes de su muer­te escri­bió: «Toda la con­cep­ción de Marx no es una doc­tri­na, sino un méto­do. No ofre­ce dog­mas hechos, sino pun­tos de par­ti­da para la ulte­rior inves­ti­ga­ción y el méto­do para dicha inves­ti­ga­ción. Por con­si­guien­te, aquí habrá que rea­li­zar toda­vía cier­to tra­ba­jo que Marx, en su pri­mer esbo­zo, no ha lle­va­do has­ta el fin» (Car­ta a Wer­ner Som­bart, 11 de mar­zo de 1895, Obras esco­gi­das, Pro­gre­so, Mos­cú 1976, t. 3, p. 532). Y en ese mis­mo año actua­li­zó la teo­ría del capi­tal-dine­ro escri­ta por Marx en 1865, trein­ta años antes, afir­man­do que: «Hoy, la cosa ha cam­bia­do». («La Bol­sa», El Capi­tal, FCE, Méxi­co 1975, t. 3, pp. 40 – 42.)

Y en ese mis­mo año, Engels insis­te en que: «Cuan­do se apre­cian suce­sos y series de suce­sos de la his­to­ria dia­ria, jamás pode­mos remon­tar­nos has­ta las últi­mas cau­sas eco­nó­mi­cas. […] has­ta el pun­to de poder, en cual­quier momen­to, hacer el balan­ce gene­ral de estos fac­to­res, múl­ti­ple­men­te com­ple­jos y cons­tan­te­men­te cam­bian­tes; máxi­me cuan­do los más impor­tan­tes de ellos actúan, en la mayo­ría de los casos, escon­di­jos duran­te lar­go tiem­po antes de salir repen­ti­na­men­te y de un modo vio­len­to a la super­fi­cie […] La esta­dís­ti­ca es un medio auxi­liar nece­sa­rio para esto, y la esta­dís­ti­ca va siem­pre a la zaga, ren­quean­do» (Intro­duc­ción de 1895 a La lucha de cla­ses en Fran­cia, Pro­gre­so, Mos­cú 1978, t. 1, pp. 190 – 191). Lue­go vol­ve­re­mos a este tex­to impres­cin­di­ble para enten­der el sig­ni­fi­ca­do de la nove­do­sa cri­sis actual.

Com­pren­de­mos así, por tan­to, la cau­sa fun­da­men­tal de las cri­sis como erup­cio­nes vio­len­tas de la con­tra­dic­ción cre­cien­te entre el desa­rro­llo de las fuer­zas pro­duc­ti­vas y las rela­cio­nes socia­les, mag­ma sub­te­rrá­neo expul­sa­do por la ten­den­cia obje­ti­va a la sobre­pro­duc­ción median­te la sobre­acu­mu­la­ción de capi­ta­les y sobre­pro­duc­ción de mer­can­cías. Este núcleo interno fun­da­men­tal es acti­vo por diver­sas cau­sas: la caí­da de la tasa de ganan­cia, la sobre­pro­duc­ción, el sub­con­su­mo, la des­pro­por­ción entre los bie­nes de pro­duc­ción y los bie­nes de con­su­mo… Lo fun­da­men­tal, y lo con­fir­ma­do siem­pre, es la inevi­ta­bi­li­dad, la ten­den­cia obje­ti­va a la sobre­pro­duc­ción que una y otra vez reapa­re­ce en la his­to­ria capi­ta­lis­ta; las cau­sas con­cre­tas en las que se mues­tra esa ley fun­da­men­tal depen­den de muchos fac­to­res que sólo pue­den des­cu­brir­se en cada situa­ción par­ti­cu­lar. Las cri­sis, sobre todo las sis­té­mi­cas, se carac­te­ri­zan al menos por seis puntos:

Uno, agu­di­zan la lucha de cla­ses en su doble faz, revo­lu­cio­na­ria y reaccionaria.

Dos, exi­gen la inter­ven­ción socio­po­lí­ti­ca y repre­si­va del Esta­do para que la reac­ción aplas­te a la revolución.

Tres, des­tru­yen fuer­zas pro­duc­ti­vas, recur­sos natu­ra­les y dere­chos socia­les, lle­gán­do­se a atro­ces gue­rras, para reini­ciar lue­go otra expan­sión sobre ese desierto.

Cua­tro, se redu­cen los pla­zos tem­po­ra­les entre las cri­sis y se ace­le­ran sus inter­ac­cio­nes hacia su mun­dia­li­za­ción, de modo que esta­llan antes y a esca­la cada vez más amplia, tan­to en la des­truc­ción social como natural.

Cin­co, cada cri­sis aña­de for­mas nue­vas sobre la ante­rior, que refle­jan los cam­bios pro­fun­dos en el sis­te­ma, y en las gran­des cri­sis –1873, 1929, 1968 – 1973, 2007, 2020– apa­re­cen con­tra­dic­cio­nes nue­vas que no anu­lan sino que agra­van las fundamentales.

Y seis, pue­den ace­le­rar el avan­ce al socia­lis­mo y al comu­nis­mo depen­dien­do no solo de la inter­ac­ción de los pun­tos ante­rio­res sino sobre todo de la fuer­za mate­rial­men­te orga­ni­za­da de la con­cien­cia revo­lu­cio­na­ria del pro­le­ta­ria­do, del lla­ma­do «fac­tor sub­je­ti­vo», que derro­ta al Esta­do y a las fuer­zas reaccionarias.

El desa­rro­llo de esta teo­ría ha sido simul­tá­neo a deba­tes que la encua­dra­ban en la mar­cha hacia el irra­cio­na­lis­mo des­con­tro­la­do: en La ideo­lo­gía ale­ma­na de 1845 se teo­ri­za­ba que a par­tir de un deter­mi­na­do momen­to las fuer­zas pro­duc­ti­vas se trans­for­man en fuer­zas des­truc­ti­vas. En el Mani­fies­to comu­nis­ta de 1848 se adver­tía que la lucha de cla­ses podía con­du­cir al exter­mi­nio mutuo de los ban­dos en lucha. En El 18 Bru­ma­rio de 1852 se ana­li­zó el bona­par­tis­mo y ¿al pro­to­fas­cis­mo? Engels «pro­fe­ti­zó» con años de ante­la­ción el esta­lli­do de una espe­luz­nan­te gue­rra mun­dial con millo­nes de muer­tos. A fina­les del siglo XIX Kautsky plan­teó el dile­ma de socia­lis­mo o bar­ba­rie, actua­li­za­do en 1915 por Rosa Luxem­burg. En 1914, Lenin expli­có la esen­cia ani­qui­la­do­ra del impe­ria­lis­mo. En 1918 los bol­che­vi­ques habla­ron de comu­nis­mo o caos. Grams­ci, Trotsky, Ben­ja­min, Dimi­trov y otros ana­li­za­ron el nazi­fas­cis­mo. Lukács en 1952 advir­tió que el nue­vo irra­cio­na­lis­mo yan­qui podía reavi­var en deter­mi­na­das con­di­cio­nes un nue­vo fas­cis­mo. En 1967, H. Lefeb­vre denun­ció el impa­ra­ble poder de la tec­no­cra­cia. En los años ochen­ta Thom­pson y otros deba­tie­ron sobre la lla­ma­da «fase exter­mi­nis­ta» del capitalismo.

Des­de la gue­rra de Corea de 1950 – 1953 Esta­dos Uni­dos y en menor medi­da Israel han esta­do a pun­to de lan­zar bom­bas nuclea­res para aplas­tar las resis­ten­cias de varios pue­blos, sien­do impe­di­dos por la URSS. La inaca­ba­ble teo­ría de la cri­sis se ha ido enri­que­cien­do bajo las estre­me­ce­do­ras lec­cio­nes de estos y otros acon­te­ci­mien­tos, ejem­plos del « alma vir­tuo­sa» de la bur­gue­sía. La incom­pa­ti­bi­li­dad entre el capi­tal y la natu­ra­le­za se ha ido agu­di­zan­do des­de la mitad del siglo XV con el escla­vis­mo bur­gués, se inten­si­fi­có des­de fina­les del siglo XVIII con la revo­lu­ción indus­trial y con la indus­tria de la matan­za huma­na en las gue­rras napo­leó­ni­cas, dio un sal­to con la nuclea­ri­za­ción des­de 1945, con el ago­ta­mien­to de los recur­sos y la cri­sis socio­eco­ló­gi­ca des­de la déca­da de 1960. La defo­res­ta­ción sis­te­má­ti­ca, el calen­ta­mien­to cli­má­ti­co, la agro­in­dus­tria y la far­ma­in­dus­tria, el haci­na­mien­to en conur­ba­cio­nes, la devas­ta­ción social, el empo­bre­ci­mien­to y la sobre­ex­plo­ta­ción, etc., han roto el meta­bo­lis­mo socio­na­tu­ral abrien­do bre­chas por las que se expan­den epi­de­mias y pan­de­mias tal como la cien­cia crí­ti­ca adver­tía cada vez más insis­ten­te­men­te des­de fina­les del siglo XX, con­fir­mán­do­se en 2014 con el ébola.

Para 2017 se cons­ta­ta­ba otro «enfria­mien­to» de la eco­no­mía mun­dial y la ten­den­cia al alza de las resis­ten­cias obre­ras y popu­la­res mul­ti­fa­cé­ti­cas. Las pug­nas por una nue­va hege­mo­nía mun­dial iban en aumen­to pre­sio­na­das cada vez más por el ago­ta­mien­to de los recur­sos, el parón eco­nó­mi­co, la deu­da impa­ra­ble y el males­tar social. A lo lar­go de 2019 empeo­ra­ron todos los índi­ces de gra­ve­dad y las esta­dís­ti­cas fun­da­men­ta­les caían hacia el rojo: según el infor­me de la OCDE de prin­ci­pios de junio, que ana­li­za las 33 gran­des eco­no­mías, a fina­les de 2019 alre­de­dor del 25% de las empre­sas del mun­do care­cían de recur­sos para pagar sus deu­das de 2020. Des­bor­da­da y sobre­co­gi­da por la nue­va y des­co­no­ci­da cri­sis, pre­sio­na­da por las cre­cien­tes pro­tes­tas, revuel­tas e insu­rrec­cio­nes popu­la­res en muchos paí­ses, e intu­yen­do por los inquie­tan­tes infor­mes de Inte­li­gen­cia, el grue­so de la bur­gue­sía mun­dial ha recu­rri­do a una estra­te­gia doble: cerrar gran par­te de la eco­no­mía y apro­ve­char el con­fi­na­mien­to para para­li­zar por mie­do las pre­vi­si­bles luchas posteriores.

La irrup­ción del Covid-19 con­fir­mó la «pro­fe­cía» mar­xis­ta de la inevi­ta­bi­li­dad de la «ven­gan­za de la natu­ra­le­za». La OCDE habla de una recu­pe­ra­ción vaci­lan­te depen­dien­do de si rebro­ta y con qué gra­ve­dad la pan­de­mia, y en todo caso de una pers­pec­ti­va «excep­cio­nal­men­te incier­ta». En esos días, la CBO, ofi­ci­na del Con­gre­so nor­te­ame­ri­cano, des­au­to­ri­za­ba el opti­mis­mo de D. Trump avi­san­do que la recu­pe­ra­ción de Esta­dos Uni­dos será len­ta e incier­ta, pudien­do durar un dece­nio. Otros infor­mes sobre Chi­na e India ponen el acen­to en la espa­da de Damo­cles de los rebro­tes del coro­na­vi­rus, como aho­ra mis­mo suce­de en Pekín, y en la caí­da de la eco­no­mía mun­dial. Una dura Gran Depre­sión regio­nal ha empe­za­do en Nues­tra­mé­ri­ca. La Unión Euro­pea está rota y la fac­ción bur­gue­sa que obe­de­ce a euro­ale­ma­nia babea pen­san­do cómo va a chu­par la san­gre al res­to. M. Roberts ter­mi­na así uno de sus artícu­los: «el retorno a la nor­ma­li­dad se está eva­po­ran­do en el horizonte».

Lle­ga­dos a este pun­to, la nove­dad de la actual cri­sis no anu­la sino actua­li­za la vali­dez de la pre­mo­ni­to­ra Intro­duc­ción de 1895 de Engels arri­ba cita­da, cen­su­ra­da duran­te muchos años por el refor­mis­mo social­de­mó­cra­ta pre­ci­sa­men­te en las cues­tio­nes deci­si­vas enton­ces y aho­ra: ¿siguen sien­do váli­dos los méto­dos insu­rrec­cio­na­les ante­rio­res a la Comu­na de París, por ejem­plo, méto­dos ópti­mos para las calle­jue­las estre­chas, con un urba­nis­mo caó­ti­co en las barria­das popu­la­res, medie­va­les en bue­na medi­da? ¿O han que­da­do defi­ni­ti­va­men­te supe­ra­dos por las inno­va­cio­nes en las estra­te­gias repre­si­vas y mili­ta­res, por el nue­vo urba­nis­mo con calles anchas y lar­gas, con la enor­me sepa­ra­ción entre las zonas resi­den­cia­les y los cen­tros de poder socio­eco­nó­mi­co y polí­ti­co, y las empo­bre­ci­das ciu­da­des-dor­mi­to­rio del pro­le­ta­ria­do y de las decré­pi­tas «cla­ses medias», etc.? ¿Por qué el capi­tal ha crea­do uni­da­des poli­cía­co-mili­ta­res, cuer­pos espe­cia­les de gue­rra urba­na en el cen­tro mis­mo del capi­ta­lis­mo impe­ria­lis­ta e inte­gra en un man­do polí­ti­co-mili­tar la indus­tria repre­si­va «pri­va­da»?

Si estu­dia­mos el heroís­mo de la insu­rrec­ción chi­le­na, o ecua­to­ria­na, o el ascen­so de las luchas en Colom­bia, Bra­sil, Hon­du­ras, Méxi­co… por hablar de Nues­tra­mé­ri­ca; o las movi­li­za­cio­nes del pro­le­ta­ria­do fran­cés y las de otros muchos otros colec­ti­vos que de una u otra for­ma se enfren­tan a la dic­ta­du­ra del capi­tal, todas ellas de fina­les de 2019, vemos siem­pre el mis­mo pro­ble­ma: la inca­pa­ci­dad para reuni­fi­car la teo­ría de la cri­sis con la estra­te­gia revo­lu­cio­na­ria y con la teo­ría de la orga­ni­za­ción, rup­tu­ra impues­ta por el refor­mis­mo, ya en vida de Marx, refor­za­da tras su muer­te con la cen­su­ra a Engels y sos­te­ni­da por todos los refor­mis­mos. Si estu­dia­mos la rebe­lión obre­ra en Esta­dos Uni­dos que ver­te­bra la lucha con­tra el racis­mo, esta­lli­do que venía anun­cia­do por movi­li­za­cio­nes ante­rio­res y por las ten­sio­nes den­tro del par­ti­do demó­cra­ta, des­cu­bri­mos la mis­ma falla inter­na: la inca­pa­ci­dad para enten­der que no hay posi­bi­li­dad de vic­to­ria sin rein­te­grar esas par­tes en una pra­xis cohe­ren­te. Engels sos­te­nía que:

Pri­me­ro, que su tex­to no pre­ten­día pon­ti­fi­car ni impo­ner­se a otras luchas obre­ras en Esta­dos dife­ren­tes al ale­mán del momento.

Segun­do, defen­día ardien­te­men­te el dere­cho a la revo­lu­ción como dere­cho vital.

Ter­ce­ro, adver­tía que tar­de o tem­prano la bur­gue­sía ale­ma­na inten­ta­ría des­truir con la repre­sión la cre­cien­te fuer­za del pro­le­ta­ria­do y, en otro tex­to de la mis­ma épo­ca, recor­da­ba que Marx recha­za­ba la posi­bi­li­dad de una toma pací­fi­ca del poder por­que la bur­gue­sía orga­ni­za­ría antes una contrarrevolución.

Cuar­to, sos­te­nía que mien­tras lle­ga­ba ese momen­to, en Ale­ma­nia el pro­le­ta­ria­do podía avan­zar median­te la lucha par­la­men­ta­ria pero pre­pa­rán­do­se para ese momento.

Quin­to, que debía estu­diar con deta­lle los cam­bios habi­dos, orga­ni­zar­se y ela­bo­rar una estra­te­gia para inte­grar a la mayor can­ti­dad posi­ble de las masas popu­la­res de cara a otra insu­rrec­ción cuan­do lle­ga­se el momento.

Esta visión adquie­re mayor actua­li­dad con­for­me somos gol­pea­dos por la extre­ma des­truc­ción de fuer­zas pro­duc­ti­vas des­en­ca­de­na­das cons­cien­te­men­te por la bur­gue­sía mun­dial, al mar­gen de sus con­tra­dic­cio­nes inter­nas, y empe­za­mos a sufrir los pri­me­ros zar­pa­zos y den­te­lla­das del enor­me arse­nal repre­si­vo del que se está dotan­do el capi­tal. Otra de las razo­nes por las que el refor­mis­mo cen­su­ró a Engels es por­que, ade­más de lo ante­rior, el pro­le­ta­ria­do, ilu­sio­na­do por su Intro­duc­ción, podría abrir La lucha de cla­ses en Fran­cia de 1848 a 1850, y leer este párra­fo de Marx:

El pro­le­ta­ria­do va agru­pán­do­se más en torno al socia­lis­mo revo­lu­cio­na­rio, en torno al comu­nis­mo, que la mis­ma bur­gue­sía ha bau­ti­za­do con el nom­bre de Blan­qui. Este socia­lis­mo es la decla­ra­ción de la revo­lu­ción per­ma­nen­te, de la dic­ta­du­ra de cla­se del pro­le­ta­ria­do como pun­to nece­sa­rio de tran­si­ción para la supre­sión de las dife­ren­cias de cla­se en gene­ral, para la supre­sión de todas las rela­cio­nes de pro­duc­ción en que estas des­can­san, para la supre­sión de todas las rela­cio­nes socia­les que corres­pon­den a esas rela­cio­nes de pro­duc­ción, para la sub­ver­sión de todas la ideas que bro­tan de estas rela­cio­nes socia­les. (La lucha de cla­ses en Fran­cia de 1848 a 1850, p. 288.)

Marx escri­bió estas pala­bras nue­ve años antes de la Con­tri­bu­ción a la crí­ti­ca de la eco­no­mía polí­ti­ca, en don­de pone la pie­dra angu­lar de la teo­ría de la cri­sis sis­té­mi­ca: la con­tra­dic­ción entre las fuer­zas pro­duc­ti­vas y las rela­cio­nes socia­les. En 1850 la pre­ci­sión con­cep­tual no era tan rigu­ro­sa como en 1859, pero ya apun­ta­ba a lo deci­si­vo: la teo­ría de la cri­sis lle­va en su inte­rior la teo­ría del poder pro­le­ta­rio como úni­ca solu­ción al capi­ta­lis­mo. El Covid-19 ha lle­va­do esa con­tra­dic­ción a su nivel más alto posi­ble aho­ra, vali­dan­do otra vez al mar­xis­mo como la pra­xis que se rea­li­za y se con­fir­ma en el perío­do de revo­lu­ción social que ace­le­ra el avan­ce al comunismo.

Iña­ki Gil de San Vicente

Eus­kal Herria, 17 de junio de 2020

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