Vene­zue­la. Desig­na­ción del Con­se­jo Nacio­nal Elec­to­ral pro­vo­ca un terre­mo­to en los par­ti­dos de la opo­si­ción golpista.

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 16 junio de 2020. 

En la últi­ma sema­na han ocu­rri­do acon­te­ci­mien­tos impor­tan­tes en la polí­ti­ca vene­zo­la­na. Tras un acuer­do entre el gobierno vene­zo­lano y los par­ti­dos anti­cha­vis­tas que par­ti­ci­pan en la Mesa de Diá­lo­go Nacio­nal, se soli­ci­tó for­mal­men­te al Tri­bu­nal Supre­mo de Jus­ti­cia (TSJ) la desig­na­ción de un nue­vo Con­se­jo Nacio­nal Elec­to­ral (CNE), dada la omi­sión legis­la­ti­va del Par­la­men­to vene­zo­lano y su des­aten­ción del comi­té de pos­tu­la­cio­nes elec­to­ra­les.

El cuer­po de rec­to­res del ente electoral
fue desig­na­do días des­pués, dan­do un paso fun­da­men­tal para la
cele­bra­ción de elec­cio­nes par­la­men­ta­rias este año a los fines de renovar
la com­po­si­ción del poder legis­la­ti­vo, según obli­ga la Constitución
vene­zo­la­na vigente.

Como
era de espe­rar­se, los par­ti­dos tra­di­cio­na­les del deno­mi­na­do G4
recha­za­ron la desig­na­ción y han indi­ca­do que no par­ti­ci­pa­rán en las
elec­cio­nes venideras.

El
dipu­tado Juan Guai­dó, en un nue­vo gol­pe al orden jurí­di­co del país, ha
afir­ma­do que exten­de­rá la vigen­cia de su fal­sa “pre­si­den­cia interina”,
basa­da en el res­pal­do de Esta­dos Uni­dos y otros paí­ses occi­den­ta­les a su
jefa­tu­ra del Par­la­men­to vene­zo­lano, obvian­do que a prin­ci­pios de este
año el dipu­tado opo­si­tor Luis Parra des­pla­zó a Guai­dó como nuevo
pre­si­den­te del legis­la­ti­vo nacional.

La
con­for­ma­ción del nue­vo ente elec­to­ral ha agu­di­za­do las ten­sio­nes en el
anti­cha­vis­mo, radi­ca­li­zan­do sus dispu­tas inter­nas. Quie­nes for­man parte
de la Mesa de Diá­lo­go Nacio­nal ana­li­zan las par­la­men­ta­rias como una
opor­tu­ni­dad para des­pla­zar a los par­ti­dos tra­di­cio­na­les del tablero
polí­ti­co y elec­to­ral, a lo que el G4 ha res­pon­di­do con un reforzamiento
de su línea abstencionista.

El
chan­ta­je es bidi­rec­cio­nal: mien­tras el G4 acu­sa a los partidos
peri­fé­ri­cos de favo­re­cer la esta­bi­li­dad del “régi­men de Madu­ro”, los
acto­res tra­di­cio­nal­men­te exclui­dos de la con­duc­ción polí­ti­ca del
anti­cha­vis­ta afir­man que la abs­ten­ción no favo­re­ce el cam­bio político.

A medi­da que han veni­do aumen­ta­do las fric­cio­nes, los blo­ques de poder del anti­cha­vis­mo pare­cen frag­men­tar­se toda­vía más: hay figu­ras riva­les de Guai­dó, como María Cori­na Macha­do, que no coin­ci­den con los par­ti­ci­pan­tes de la Mesa de Diá­lo­go Nacio­nal y tam­po­co con el G4, y otros, como Hen­ri­que Capri­les, que apues­tan por las elec­cio­nes par­la­men­ta­rias a con­tra­co­rrien­te de las ten­den­cias domi­nan­tes de su pro­pio par­ti­do, Pri­me­ro Justicia.

Reu­nión de la Mesa de Diá­lo­go Nacio­nal, diciem­bre de 2019. Foto: Medios 

La máxi­ma de que “el enemi­go de mi enemi­go es mi ami­go” no se cum­ple cuan­do se habla del antichavismo.

El
G4 se ha inten­ta­do mos­trar como un blo­que sóli­do, uni­ta­rio y con
capa­ci­dad de arras­trar el sen­ti­mien­to mayo­ri­ta­rio de los antichavistas
fren­te a las veni­de­ras elec­cio­nes. Pero las cosas no andan bien en casa.

En lo que va de mes el par­ti­do de Juan Guai­dó, Volun­tad Popu­lar, ha sufri­do tres renun­cias de sus cua­dros diri­gen­tes. Son los casos de Ros­mit Man­ti­lla (dipu­tado), Ana Kari­na Gar­cía (“acti­vis­ta de dere­chos huma­nos”) y Gaby Arellano.

En
los tres casos, los ex diri­gen­tes recla­man que ha habi­do diferencias
polí­ti­cas en torno a los pro­ce­sos de diá­lo­go y pro­ble­mas de organización
y lide­raz­go, refi­rién­do­se entre líneas a la ges­tión de Juan Guai­dó al
fren­te de la orga­ni­za­ción crea­da por Leo­pol­do López.

Estos hechos repre­sen­tan una metá­fo­ra de la situa­ción actual del pre­si­den­te fake
de la Asam­blea Nacio­nal: Guai­dó se inten­ta pro­yec­tar como el líder
indis­cu­ti­ble de Vene­zue­la, pero, en reali­dad, no tie­ne con­trol sobre su
pro­pia orga­ni­za­ción partidista.

En
la for­ma­ción sim­bó­li­ca de la social­de­mo­cra­cia vene­zo­la­na, en el partido
Acción Demo­crá­ti­ca tam­bién ha habi­do una revuel­ta inter­na a cau­sa de la
desig­na­ción del nue­vo CNE.

El secre­ta­rio gene­ral de la orga­ni­za­ción, Ber­na­bé Gutié­rrez, pidió públi­ca­men­te un refe­rén­dum interno para deci­dir si el par­ti­do debía asis­tir o no a las elec­cio­nes par­la­men­ta­rias, en un cla­ro desa­fío al cau­di­llo de la tol­da blan­ca, el dipu­tado Henry Ramos Allup.

Ber­na­bé Gutié­rrez y Henry Ramos Allup. Foto: Archivo 

La rebe­lión ha sido sofo­ca­da par­cial­men­te. Los cua­dros diri­gen­tes del par­ti­do le han brin­da­do su apo­yo a Ramos Allup, quien ha toma­do la deci­sión de no asis­tir al even­to elec­to­ral, pero un gru­po de dipu­tados, gober­na­do­res y alcal­des exi­gen que se abra el deba­te den­tro de la mili­tan­cia para deci­dir el rum­bo del par­ti­do. El caci­quis­mo de Ramos Allup ha sido cuestionado.

El
her­mano de Ber­na­bé Gutié­rrez, José Luis Gutié­rrez, ha sido uno de los
nue­vos rec­to­res desig­na­dos por el TSJ, un hecho que acti­vó la cri­sis en
Acción Demo­crá­ti­ca tras pre­su­mir­se que Ramos Allup lo había pos­tu­la­do a
espal­das del G4. Aun­que ha nega­do su vin­cu­la­ción con el nombramiento,
las dudas no se disi­pan del todo.

La
metás­ta­sis de las orga­ni­za­cio­nes anti­cha­vis­tas alcan­za a Primero
Jus­ti­cia, una for­ma­ción que tie­ne varias ten­den­cias internas
irre­con­ci­lia­bles: la de los dipu­tados Luis Parra y José Bri­to, ambos en
gue­rra con­tra Guai­dó, y la de Julio Bor­ges y Hen­ri­que Capri­les, ahora
enfren­ta­dos por la pos­tu­ra abs­ten­cio­nis­ta de cara a las parlamentarias
por par­te del can­ci­ller fake de Guaidó.

La
subor­di­na­ción polí­ti­ca a las direc­tri­ces de Washing­ton ha sido cla­ve en
el des­man­te­la­mien­to de la coa­li­ción anti­cha­vis­ta. Y el uso de
meca­nis­mos de repre­sión ins­ti­tu­cio­nal (san­cio­nes) con­tra quie­nes se
sal­gan del carril y deci­dan ir a elec­cio­nes, ha gene­ra­do un
com­por­ta­mien­to auto­ri­ta­rio en la éli­te polí­ti­ca del G4, conec­ta­da a los
flu­jos de dine­ro y res­pal­do publi­ci­ta­rio que vie­ne des­de Washington.

En
este sen­ti­do, las divi­sio­nes del anti­cha­vis­mo es una consecuencia
lógi­ca de la cam­pa­ña de “máxi­ma pre­sión” de Esta­dos Uni­dos, orien­ta­da a
des­truir cual­quier ini­cia­ti­va de diá­lo­go polí­ti­co que rela­je el cli­ma de
confrontación.

La
repar­ti­ción de dine­ro y pro­ta­go­nis­mo siem­pre ha sido un fac­tor divisivo
en el anti­cha­vis­mo. Pero no es úni­co ele­men­to que deri­va en las
inten­sas olea­das de gue­rra polí­ti­ca interna.

Exis­te
tam­bién un pro­ble­ma de fon­do y tie­ne que ver con la pro­pia naturaleza
de la coa­li­ción. El pega­men­to que man­tie­ne uni­do al G4 es la confianza
cie­ga en la estra­te­gia esta­dou­ni­den­se para derro­car al cha­vis­mo, lo que a
su modo de ver se tra­du­ci­rá en la toma de posi­cio­nes de gobierno en
reco­no­ci­mien­to a su fidelidad.

Pero
como esto no ha ocu­rri­do, las dife­ren­cias de fon­do suben a flo­te: cada
sec­tor tie­ne una idea dis­tin­ta sobre la ruta para la toma del poder.

Y
en este sen­ti­do las elec­cio­nes par­la­men­ta­rias supo­nen un desa­fío: la
dispu­ta elec­to­ral requie­re de orga­ni­za­cio­nes par­ti­dis­tas bien aceitadas
con pre­sen­cia polí­ti­ca en dece­nas de cir­cuns­crip­cio­nes en todo el
terri­to­rio nacional.

Sin orga­ni­za­ción, refe­ren­tes polí­ti­cos y cua­dros diri­gen­tes con capa­ci­dad de arras­trar votos en la peri­fe­ria del país, la demo­gra­fía elec­to­ral es un fac­tor que jue­ga en con­tra fren­te a for­ma­cio­nes polí­ti­cas, como el PSUV, con un apres­to mucho mejor dise­ña­do y una mili­tan­cia mucho más acti­va y organizada.

Foto: PSUV 

La
des­na­cio­na­li­za­ción de la éli­te de la dere­cha vene­zo­la­na y su propia
anu­la­ción como actor polí­ti­co fren­te a las direc­tri­ces de Washing­ton, ha
con­tri­bui­do al des­man­te­la­mien­to de su capa­ci­dad para dispu­tar la
polí­ti­ca en el terreno legal.

Debi­do a esto han hui­do hacia ade­lan­te: espe­rar un gol­pe de gra­cia que favo­rez­ca su regre­so al poder polí­ti­co por la vía rápi­da del gol­pe, del mag­ni­ci­dio o de la inter­ven­ción mili­tar. Mien­tras tan­to, los par­ti­dos exclui­dos bus­can con­quis­tar el espa­cio vacío que ha gene­ra­do la pará­li­sis del G4.

* Fuen­te: Misión Verdad

Itu­rria /​Fuen­te

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