La vio­len­cia machis­ta tie­ne una matriz polí­ti­ca, cul­tu­ral y económica

Por Dana Goin, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 15 de junio de 2020.

Entre­vis­ta con Mar­ta Dillon, inte­gran­te del Colec­ti­vo Ni Una Menos y perio­dis­ta de Pági­na 12. Reco­rre­mos los inten­sos últi­mos cin­co años del movi­mien­to feminista

¿Qué cam­bió hacia aden­tro y qué se trans­for­mó en la socie­dad? La vio­len­cia machis­ta en la pan­de­mia, lo que hizo el Esta­do y lo que debe­ría hacer.

El 3 de junio de 2015, cien­tos de miles de mani­fes­tan­tes se encon­tra­ron en las pla­zas de todo el país para exi­gir un freno a la vio­len­cia machis­ta. Sin saber­lo, esta­ban vivien­do un momen­to bisa­gra en la Argen­ti­na. Ese día fue his­tó­ri­co y mar­có un antes y un des­pués para la socie­dad, pro­pul­san­do una revuel­ta femi­nis­ta de orga­ni­za­ción y toma de con­cien­cia. Aquel pri­mer Ni Una Menos cris­ta­li­zó en las calles un gri­to que se venía ges­tan­do len­ta­men­te y pro­vo­có un esta­lli­do social que ace­le­ró un cam­bio nece­sa­rio. La marea femi­nis­ta fue cre­cien­do de mane­ra expo­nen­cial, hacién­do­se sen­tir en cada espa­cio y pro­po­nien­do una trans­for­ma­ción de la reali­dad entera.

Este año, debi­do a la pan­de­mia del COVID-19, no se podrá salir a las calles. Aún así, más de 60 orga­ni­za­cio­nes femi­nis­tas se reu­nie­ron en asam­bleas vir­tua­les y arma­ron una serie accio­nes para que el recla­mo no pase des­aper­ci­bi­do. “Nos sos­tie­nen las redes femi­nis­tas. Vivas, libres y des­en­deu­da­das nos que­re­mos” es la con­sig­na para este año.

Mar­ta Dillon, inte­gran­te del Colec­ti­vo Ni Una Menos y edi­to­ra del suple­men­to “Las 12” del dia­rio Pági­na 12, hace un reco­rri­do por lo alcan­za­do en estos últi­mos años y para pen­sar acer­ca de la movi­li­za­ción virtual.

—Tras cin­co edi­cio­nes con­se­cu­ti­vas de mar­chas mul­ti­tu­di­na­rias y pla­zas reple­tas de per­so­nas, este año, el recla­mo colec­ti­vo Ni Una Menos no copa­rá las calles. ¿Cómo va a ser la mani­fes­ta­ción este año?

Vamos a hacer un vivo en las redes tra­tan­do de abar­car todos los hechos que han suce­di­do des­de el 3 de junio de 2015: des­de los paros femi­nis­tas, las huel­gas inter­na­cio­na­les femi­nis­tas, el arma­do de la inter­sin­di­cal, la emer­gen­cia de acti­vis­mos como el de la diver­si­dad cor­po­ral, la colum­na anti­rra­cis­ta y otros. Tene­mos ano­ta­das más de 48 per­so­nas para este vivo que va a durar más o menos cua­tro horas. En el medio habrá un rui­da­zo y la lec­tu­ra en vivo del docu­men­to que se lee­rá des­de dis­tin­tas orga­ni­za­cio­nes. Tam­bién invi­ta­mos a col­gar ban­de­ras y pañue­los de las puer­tas, de las ven­ta­nas, cuan­do sal­ga­mos a la calle para hacer visi­ble que segui­mos orga­ni­za­das y que cuan­do deci­mos Ni Una Menos esta­mos denun­cian­do la vio­len­cia machis­ta pero tam­bién reco­no­cién­do­nos entre noso­tras y entre noso­tres como alia­des para seguir en la lucha.

—¿Qué par­ti­cu­la­ri­da­des tie­ne el recla­mo este año?

Esta­mos atra­ve­san­do una cri­sis de cui­da­dos. Sabe­mos que son prin­ci­pal­men­te las iden­ti­da­des feme­ni­nas las que esta­mos lle­van­do la mayor car­ga de las tareas de cui­da­do, tan­to en el sis­te­ma de salud como den­tro de nues­tras casas o en las orga­ni­za­cio­nes terri­to­ria­les. Hay una enor­me car­ga de tra­ba­jo sobre las espal­das de las com­pa­ñe­ras y eso nece­si­ta visi­bi­li­za­ción. Tam­bién segui­mos deman­dan­do un sala­rio de cui­da­do y la posi­bi­li­dad de que se mejo­re el sis­te­ma de aten­ción para las vio­len­cias machis­tas, que está total­men­te colap­sa­do. Otro pun­to impor­tan­te es el tema de la deu­da que es algo que veni­mos denun­cia­do des­de los femi­nis­mos por­que es un sis­te­ma de obe­dien­cia. Muchas no pue­den salir de los círcu­los de vio­len­cia jus­ta­men­te por­que tie­nen la vida expro­pia­da en fun­ción de tener que sos­te­ner la vida coti­dia­na a tra­vés del endeudamiento.

—La con­sig­na para este año tie­ne mucho que ver con lo que esta­bas dicien­do de que nos cui­da­mos entre nosotras.

Así es. Sabe­mos que muchas de las com­pa­ñe­ras que sobre­vi­ven coti­dia­na­men­te a la vio­len­cia machis­ta es por­que tie­nen otra com­pa­ñe­ra que está cer­ca, que las alien­ta a denun­ciar, que las ampa­ra en su pro­pia casa o que con­si­gue gene­rar las redes para poder decir­le bas­ta a la vio­len­cia machis­ta aun en este con­tex­to tan cerra­do que esta­mos atra­ve­san­do. Nos cui­da­mos entre noso­tras y entre noso­tres. Y deman­da­mos al Esta­do, por supues­to, pero sabe­mos que depen­de­mos y que con­fia­mos y que nos sos­te­ne­mos coti­dia­na­men­te por nues­tras redes.

—¿Qué cam­bios obser­vás des­de ese pri­mer Ni Una Menos?

Me pare­ce que hubo un cam­bio en la escu­cha y cam­bió la tole­ran­cia a la vio­len­cia machis­ta. Hubo un esta­lli­do y des­pués hubo un pro­ce­so de cre­ci­mien­to, un pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio en muchos sen­ti­dos. Se fue enten­dien­do que la vio­len­cia machis­ta y los femi­ci­dios no son hechos que tie­nen que ver con rela­cio­nes inter­per­so­na­les sino con una matriz polí­ti­ca, cul­tu­ral, eco­nó­mi­ca. Se empe­za­ron a poli­ti­zar espa­cios que no esta­ban liga­dos al femi­nis­mo o don­de el femi­nis­mo tenía muchos pro­ble­mas para hacer­se oír, como los sin­di­ca­tos, las escue­las secun­da­rias, en los con­te­ni­dos culturales.

—¿Y qué cam­bios notás den­tro del movi­mien­to feminista?

Lo que ha suce­di­do en los últi­mos cin­co años es enor­me. Esta­mos dis­cu­tien­do des­de cómo nos ena­mo­ra­mos has­ta cómo se com­po­ne nues­tro suel­do. Las redes femi­nis­tas se han for­ta­le­ci­do y mul­ti­pli­ca­do. Empe­za­ron a sur­gir otros acti­vis­mos que ya venían dán­do­se pero que, den­tro de esa marea femi­nis­ta que tie­ne esa capa­ci­dad de trans­for­mar­se y de abar­car y de inte­grar­se con otras narra­cio­nes, tuvie­ron otra visi­bi­li­dad, otros diá­lo­gos y otra poten­cia. El paro nos per­mi­tió pen­sar­nos ya no sola­men­te des­de el lugar de víc­ti­mas de vio­len­cia o de suje­tas de asis­ten­cia social, sino como pro­duc­to­ras de valor y con capa­ci­dad de cam­biar­lo todo y de dete­ner el mun­do. Las tareas de cui­da­do, la divi­sión sexual de tra­ba­jo, no son con­cep­tos nue­vos pero que se pusie­ron en acto de otra mane­ra en la calle. Y eso des­pués vol­vió a las casas, a los barrios, a las pla­zas, a los luga­res de tra­ba­jo en for­ma de dis­cu­sión, de poli­ti­za­ción, de enten­der los pro­pios vínculos.

—Se esti­ma que el núme­ro de femi­ci­dios ha cre­ci­do en com­pa­ra­ción con años ante­rio­res. ¿Qué pasa con la vio­len­cia machis­ta en la situa­ción que se está vivien­do actualmente?

Sí, los femi­ci­dios y las denun­cias por vio­len­cia aumen­tan, se hace evi­den­te algo que veni­mos denun­cian­do des­de siem­pre: que la fami­lia cerra­da a los pará­me­tros hete­ro­nor­ma­ti­vos es la tie­rra fér­til para las vio­len­cias, don­de la auto­ri­dad de padre no es dis­cu­ti­da, don­de niños y niñas no son suje­tos sino obje­tos y don­de las muje­res tie­nen que sos­te­ner la repro­duc­ción de la vida como si eso fue­ra una dis­po­si­ción natu­ral y no un tra­ba­jo. La casa no es un refu­gio para todo el mun­do. Fue una de las cosas que se rom­pió des­de el pri­mer Ni Una Menos: que no hay un terri­to­rio pri­va­do don­de las cosas se arre­glan den­tro, si no que eso tam­bién es polí­ti­co y sacar la inti­mi­dad del encie­rro de las casas es lo que nos ase­gu­ra poder enfren­tar­nos a la vio­len­cia machis­ta. En este con­tex­to de pan­de­mia, don­de los varo­nes que cons­tru­yen sus mas­cu­li­ni­dad en tér­mi­nos hege­mó­ni­cos no tie­nen el afue­ra para sen­tir­se valo­ra­dos, des­car­gan sus impo­ten­cias den­tro de las casas. Lo que no pue­de ser expre­sa­do en las calles implo­sio­na en los hoga­res y se trans­for­ma en vio­len­cia machista.

—¿Qué rol jue­ga el Esta­do en todo esto?

Todo esto que esta­mos hablan­do reper­cu­te en deman­das con­cre­tas al Esta­do, que es res­pon­sa­ble cada vez que no lle­ga a tiem­po a con­tes­tar­las. Cada femi­ci­dio es una falla del Esta­do en la pro­tec­ción de esas muje­res o tra­ves­tis. Cuan­do habla­mos de pre­ven­ción, pen­sa­mos en la ESI (Edu­ca­ción Sexual Inte­gral); en la nece­si­dad de cam­pa­ñas per­ma­nen­tes sobre la pre­ven­ción de la vio­len­cia machis­ta; habla­mos de la fal­ta de men­sa­jes diri­gi­dos hacia los varo­nes; habla­mos de la fal­ta de una jus­ti­cia con pers­pec­ti­va de géne­ro. El Minis­te­rio (de Muje­res, Géne­ros y Diver­si­dad) es una res­pues­ta ins­ti­tu­cio­nal a una enor­me movi­li­za­ción femi­nis­ta pero no pue­de ser la úni­ca res­pues­ta a nues­tras deman­das, por­que son trans­ver­sa­les. La Ley Micae­la es una herra­mien­ta pero que no pue­de resol­ver­se sola­men­te con una capa­ci­ta­ción de un día, sino que tie­ne que ser un cam­bio de pers­pec­ti­va total­men­te estructural.

—¿Qué te pare­cen las medi­das que se fue­ron toman­do en la cuarentena?

Me pare­ce que todo es insu­fi­cien­te. Vos denun­cias vio­len­cia y te lle­van a un refu­gio y des­pués ¿qué haces? ¿De dón­de vie­nen tus ingre­sos, dón­de vas a vivir, qué pasa si tenés hijes? ¿Qué tipo de red se cons­tru­yó des­de el Esta­do para los hoga­res don­de hay una sola mujer a car­go y hay niños meno­res? Fal­ta un plan inte­gral, que entien­do que se está tra­ba­jan­do y que se va a pre­sen­tar pron­to por par­te del Minis­te­rio con com­pro­mi­so de otros minis­te­rios. Nun­ca en todos estos 70 días que lle­va­mos de cua­ren­te­na se men­cio­nó a la vio­len­cia machis­ta o a la sobre­car­ga en las tareas de cui­da­do de las muje­res en los comi­tés de cri­sis. Así como se reco­no­ce a los médi­cos ten­dría que haber habi­do la mis­ma men­ción de lo que sig­ni­fi­ca tener que estar ence­rra­da todo el día en tu casa con la per­so­na que te agre­de habi­tual­men­te. Tam­po­co hubo men­ción sobre lo que suce­de con los niños y niñas que están en fami­lias don­de hay un abu­sa­dor sexual, o con ado­les­cen­tes y jóve­nes LGBT que están en sus casas y son recha­za­dos por sus fami­lias. El dis­cur­so es pro­duc­tor de des­igual­da­des y de jerar­quías y de fal­ta de enten­der la salud como un entramado.

—Hace algu­nas sema­nas, hubo una polé­mi­ca por una supues­ta libe­ra­ción de pre­sos. Ni Una Menos se decla­ra anti­pu­ni­ti­vis­ta, ¿qué tie­nen para decir sobre esta situación?

Den­tro de las per­so­nas que cam­bia­ron su régi­men de liber­tad res­trin­gi­da, hubo algu­nas que habían come­ti­do deli­tos de vio­len­cia sexual que fue­ron a pri­sión domi­ci­lia­ria por­que se cuen­ta con la com­pli­ci­dad del sis­te­ma peni­ten­cia­rio. Creen que quie­nes han come­ti­do esos deli­tos no son en reali­dad delin­cuen­tes peli­gro­sos para la socie­dad, sino que han teni­do pro­ble­mas con su mujer, como dijo el gober­na­dor de La Rio­ja (Ricar­do Quin­te­la). Esto habla de cómo toda­vía no se con­si­de­ra a la vio­len­cia machis­ta como un pro­ble­ma polí­ti­co ni estructural.

Aho­ra, que la dere­cha hable de femi­ci­dio sola­men­te para gene­rar páni­co social es algo que no pode­mos acep­tar y de nin­gu­na mane­ra se pue­de decir eso en nues­tro nom­bre. Cree­mos que la cár­cel no pue­de ser que la úni­ca res­pues­ta fren­te a la vio­len­cia machis­ta y fren­te a los horro­res que pro­du­ce el patriar­ca­do. Pero ali­men­tar sis­te­mas de tor­tu­ra no va a pro­te­ger las vidas de las muje­res, les­bia­nas, tra­ves­tis y trans. Habría que revi­sar quié­nes están pre­sos y por qué. Y quié­nes están pre­sas: la mayo­ría de las muje­res y tra­ves­tis están por nar­co­me­nu­deo, o sea por deli­tos rela­cio­na­dos con la pobre­za. Se nece­si­ta ima­gi­na­ción para pen­sar la jus­ti­cia por fue­ra de la cár­cel: una revi­sión social pro­fun­da, pre­ven­ción y un sis­te­ma que pue­da ser repa­ra­dor para las víc­ti­mas y que emi­ta men­sa­jes peda­gó­gi­cos para la socie­dad. Hay cosas que no tie­nen más tolerancia.

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Mar­ta Dillon recuer­da bien el esta­lli­do que sig­ni­fi­có ese pri­mer Ni Una Menos, inclu­so para las que ya esta­ban orga­ni­za­das hace años. El movi­mien­to femi­nis­ta, que ori­gi­na­ria­men­te deba­tió sobre el cuer­po, la salud sexual, la pari­dad y las vio­len­cias aho­ra pro­ble­ma­ti­za y ana­li­za tam­bién el colo­nia­lis­mo, el racis­mo, el equi­li­brio eco­ló­gi­co y los modos de pro­du­cir valor. Es mucho lo con­se­gui­do des­de ese enton­ces: la Ley Micae­la, la Ley Bri­sa, la Ley de Pari­dad, el deba­te por el abor­to legal, segu­ro y gra­tui­to, el Minis­te­rio de las Muje­res, Géne­ros y Diver­si­dad, entre otras. Pero, sobre todo, la con­quis­ta más gran­de es el haber logra­do que esas voces se escu­chen, ten­gan eco y nun­ca más vuel­van al silen­cio. Hijas y nie­tas de las Madres y Abue­las, de los encuen­tros y de la orga­ni­za­ción popu­lar el gri­to en las calles solo pare­ce expan­dir­se y pro­me­te nun­ca aban­do­nar la lucha. Este 3 de junio, será con esta agenda.

ANCCOM

Fuen­te: LaHaine.

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