Pen­sa­mien­to Crí­ti­co. Esa irre­sis­ti­ble com­pul­sión por mentir.

Por Ati­lio Borón, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 13 de junio de 2020

Ya nos pare­cía extra­ño que Mario Var­gas Llo­sa per­ma­ne­cie­ra en silen­cio ante las cala­mi­da­des de la pan­de­mia. Sobre todo las sufri­das en sus dos paí­ses, el de ori­gen, Perú, y el de su adop­ción, Espa­ña. Allí se refu­gió des­pués de haber sido repu­dia­do por sus com­pa­trio­tas hace hoy exac­ta­men­te trein­ta años –un 10 de Junio de 1990- tras su humi­llan­te derro­ta a manos de Alber­to Fuji­mo­ri en la elec­ción pre­si­den­cial de ese año. Como era pre­vi­si­ble apro­ve­chó la oca­sión de esta pla­ga para dar a cono­cer otra de sus tan­tas men­ti­ras que pare­cen ver­da­des ‑arte maligno del cual es un refi­na­dí­si­mo cul­tor- para ala­bar al gobierno de su ami­go Luis Laca­lle Pou que, según el escri­tor, deci­dió com­ba­tir al Covid-19 ape­lan­do a “la res­pon­sa­bi­li­dad de los ciu­da­da­nos” y decla­ran­do “que nadie que qui­sie­ra salir a la calle o seguir tra­ba­jan­do sería impe­di­do de hacer­lo, mul­ta­do o dete­ni­do, y que no habría subi­da de impues­tos, por­que la empre­sa pri­va­da juga­ría un papel cen­tral en la recu­pe­ra­ción eco­nó­mi­ca del país lue­go de la catástrofe.”

Quien lea estas líneas com­pro­ba­rá que su indu­da­ble talen­to como escri­tor es tan gran­de como su igno­ran­cia en mate­ria de eco­no­mía y esta­dís­ti­ca. Tam­bién que su resen­ti­mien­to con­tra la izquier­da exa­cer­ba este defec­to y lo indu­ce a extraer con­clu­sio­nes que se des­mo­ro­nan como un cas­ti­llo de nai­pes ante la más sua­ve bri­sa. Aplau­de el hecho de que en Uru­guay sólo se regis­tren 23 muer­tos a cau­sa del coro­na­vi­rus, pero insó­li­ta­men­te le atri­bu­ye ese méri­to a un pre­si­den­te que asu­mió pocos días antes del esta­lli­do de la pan­de­mia. Su obce­ca­ción lo mue­ve a des­co­no­cer que antes de la pre­si­den­cia de su ami­go Laca­lle Pou hubo quin­ce años de gobierno del Fren­te Amplio (al que des­ca­li­fi­ca por sus “equi­vo­ca­cio­nes nota­bles en polí­ti­ca eco­nó­mi­ca” aun­que reco­no­ce que se res­pe­tó “la liber­tad de expre­sión y las elec­cio­nes libres”) duran­te los cua­les la salud públi­ca fue una de las prio­ri­da­des de la ges­tión del médi­co Taba­ré Váz­quez, duran­te diez años, así como duran­te el inte­rregno de José “Pepe” Muji­ca. Fue esto: la fuer­te pre­sen­cia del esta­do en el terreno de la sani­dad y no las pala­bras hue­cas e insul­sas de Laca­lle Pou lo que pro­te­gió al pue­blo uru­gua­yo de la pandemia.

A con­tra­pe­lo de las polí­ti­cas de la izquier­da en Uru­guay, en sus patrias de naci­mien­to y adop­ción el desas­tre pro­du­ci­do por las ideas que Var­gas Llo­sa publi­ci­ta con tan­to fer­vor es estre­me­ce­dor. Con 5.738 muer­tos el Perú figu­ra en el 21º lugar en la lis­ta de 215 esta­dos y terri­to­rios com­pi­la­dos por la Orga­ni­za­ción Mun­dial de la Salud. Espa­ña ocu­pa el 6º lugar en el ran­king gra­cias a las 27.136 víc­ti­mas del Covid-19 con­de­na­das por las “polí­ti­cas de aus­te­ri­dad” de los suce­si­vos gobier­nos neo­li­be­ra­les que aso­la­ron a ese país. Otros gobier­nos admi­ra­dos por el escri­tor: el de Ecua­dor con sus 3.690 muer­tos se colo­ca en el pues­to núme­ro 17 mien­tras que el 19º está reser­va­do para el Bra­sil de Jair Bol­so­na­ro con un sal­do luc­tuo­so de 38.701 muertos.

Pero la medi­ción del impac­to de la pan­de­mia y la efi­ca­cia de las polí­ti­cas guber­na­men­ta­les se mues­tran de modo más níti­do si se con­tro­la el núme­ro de muer­tos por millón de habi­tan­tes. Bél­gi­ca, uno de los por­ta­es­tan­dar­tes de la reac­ción neo­li­be­ral, regis­tra 831muertos por millón de habi­tan­tes y el Rei­no Uni­do de su admi­ra­do Boris John­son tie­ne un índi­ce­de 606/​millón y un poco más aba­jo, en el sex­to lugar, encon­tra­mos a Espa­ña, con 580 muer­tos por millón de habi­tan­tes. Ecua­dor con 209, Bra­sil con 182 y Perú con 174 con­ti­núan en el pelo­tón de la van­guar­dia. Como se pue­de apre­ciar, todos paí­ses con gobier­nos fie­les a los cáno­nes del neo­li­be­ra­lis­mo. Mucho más aba­jo en ese ran­king necro­ló­gi­co está el Uru­guay, con 7 muer­tos por millón, una per­for­man­ce nota­ble, sin duda, igual a la que exhi­be Japón. Pero mucho más meri­to­rio es que esa mis­ma cifra sea la que tie­ne Cuba, tan denos­ta­da por el hechi­ce­ro neo­li­be­ral. Igual que Uru­guay y el Japón pero sin que nin­guno de estos dos paí­ses sufra la asfi­xia de un encar­ni­za­do blo­queo que se extien­de a lo lar­go de sesen­ta años, que los malean­tes que gobier­nan Esta­dos Uni­dos sólo ati­na­ron a endu­re­cer­lo aún más en el medio de la pandemia.

Impla­ca­ble crí­ti­co de Alber­to Fer­nán­dez –“lamen­ta­re­mos la derro­ta de Macri”, dijo el escri­tor poco des­pués de la vic­to­ria del can­di­da­to del Fren­te de Todos- y los gobier­nos “popu­lis­tas” de la Argen­ti­na Var­gas Llo­sa debe­ría saber que con sus 717 víc­ti­mas de la pla­ga este país exhi­be una tasa de leta­li­dad de 16 muer­tos por millón de habi­tan­tes, lejos, muy lejos de los valo­res que regis­tran Espa­ña y Perú, inclu­si­ve de Esta­dos Uni­dos con sus 348 por millón. Y que en el país que gobier­na su ami­go Sebas­tián Piñe­ra, este índi­ce es ocho veces mayor que el de la Argen­ti­na. En efec­to, en el más anti­guo expe­ri­men­to neo­li­be­ral de Amé­ri­ca Lati­na y en don­de la pri­va­ti­za­ción de la salud ha sido lle­va­da a sus extre­mos duran­te casi medio siglo el índi­ce lle­ga a 130 por millón.

Con­clu­sión: la pan­de­mia exi­ge para su con­trol una fuer­te pre­sen­cia del esta­do para pro­te­ger a la pobla­ción, cosa que no se logra cuan­do la salud y los medi­ca­men­tos son one­ro­sas mer­can­cías. La expe­rien­cia actual refu­ta los funes­tos deli­rios de los men­to­res inte­lec­tua­les de Var­gas Llo­sa: Pop­per, von Hayek, Ber­lin, Revel y com­pa­ñía, res­pon­sa­bles indi­rec­tos de polí­ti­cas que sólo en los Esta­dos Uni­dos pro­du­je­ron más de 115.000 muer­tos. Afie­bra­dos deli­rios que con­tras­tan con los sobrios núme­ros de Cuba, Uru­guay, Chi­na, Viet­nam y Vene­zue­la. Sí, la blo­quea­da repú­bli­ca boli­va­ria­na que, como el Uru­guay, tam­bién tuvo ape­nas 23 muer­tos por el Covid-19. Sólo que cuan­do se estan­dar­di­za esta medi­da por millón de habi­tan­tes la tasa en ese país no alcan­za siquie­ra al 1 por millón, con­tra el muy plau­si­ble 7 del Uru­guay. Pero todas estas cosas las calla el escri­tor, y no creo que sea por­que des­co­noz­ca algo tan ele­men­tal. Ha dado sobra­das prue­bas de que igno­ra las com­ple­ji­da­des teó­ri­cas de la Eco­no­mía Polí­ti­ca y los fun­da­men­tos mate­má­ti­cos de la Esta­dís­ti­ca. Pero cálcu­los tan sim­ples como los que hemos expues­to más arri­ba están al alcan­ce de cual­quier per­so­na que conoz­ca las cua­tro ope­ra­cio­nes bási­cas de la arit­mé­ti­ca. Me nie­go a admi­tir que Var­gas Llo­sa sea inca­paz de tan ele­men­tal tarea. Pero su fana­tis­mo lo lle­va, una y otra vez, a men­tir para defen­der una cau­sa per­di­da. No pare­ce haber caí­do en cuen­ta de que apar­te de las cuan­tio­sas pér­di­das huma­nas el Covid-19 hizo algo más: des­ce­rra­jar­le el tiro de gra­cia al neo­li­be­ra­lis­mo como fór­mu­la de gober­nan­za. ¡Game over! Y si no me cree que por favor se dedi­que a leer los dia­rios de la mal lla­ma­da “comu­ni­dad finan­cie­ra inter­na­cio­nal” (en reali­dad una tro­pa de truha­nes y ban­di­dos de “cue­llo blan­co”) que allí le expli­ca­rán con pelos y seña­les sus pla­nes para el mun­do que ama­ne­ce­rá cuan­do la pan­de­mia haya sido con­tro­la­da. Y en ese mun­do el neo­li­be­ra­lis­mo se con­vir­tió en una mala pala­bra que, si se la pro­nun­cia, se lo hace en voz baja y miran­do de reo­jo a los costados.

Fuen­te: Redhar­gen­ti­na

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