Eco­lo­gía Social. La ener­gía solar com­pen­sa fal­ta de ser­vi­cios en el cam­po argentino

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 13 de junio de 2020

Teddy Cote­lla delan­te de los pane­les sola­res que ins­ta­ló en 2018 en su fin­ca en la pro­vin­cia argen­ti­na de San­tia­go del Este­ro. Se tra­ta de una zona con esca­sa infra­es­truc­tu­ra, a la que no lle­ga el ser­vi­cio eléc­tri­co de la red. Antes pro­du­cía elec­tri­ci­dad con gene­ra­do­res que con­su­mían unos 20 000 litros de com­bus­ti­ble die­sel anual­men­te. Foto: Cor­te­sía de Teddy Cotella

BUENOS AIRES, 8 jun 2020 (IPS) – Quie­nes cul­ti­van arroz en la pro­vin­cia argen­ti­na de Entre Ríos pare­cen mecá­ni­cos. “Andan siem­pre engra­sa­dos, por­que trans­por­tan todo el tiem­po com­bus­ti­ble die­sel, para sus bom­bas de agua”, dice el pro­duc­tor Artu­ro Dey­mon­naz. Él, sin embar­go, no tie­ne ese pro­ble­ma, por­que cul­ti­va el cereal con ener­gía solar.

La fin­ca de Dey­mon­naz está en la loca­li­dad de Villa Eli­sa, en el cen­tro-orien­tal de Argen­ti­na, cer­ca de uno de los puen­tes por los que se cru­za a Uru­guay. El es pro­duc­tor gana­de­ro de toda la vida –igual que su padre y su abuelo‑, pero en 2018 incur­sio­nó en el arroz, ten­ta­do por un inge­nie­ro agró­no­mo que le ase­gu­ró que pue­de cul­ti­var­se con ener­gía limpia.

“Esta zona es tra­di­cio­nal­men­te arro­ce­ra, pero muchos han deja­do de cul­ti­var­lo por­que se gas­ta tan­to dine­ro en com­bus­ti­ble que ya no es ren­ta­ble. Aquí el arroz se siem­bra en noviem­bre y se cose­cha en abril. Son 100 días con las bom­bas fun­cio­nan­do duran­te las 24 horas para sacar agua de los pozos para el arroz”, cuen­ta a IPS.

Dey­mon­naz sos­tie­ne que a él sí le es ren­ta­ble el cul­ti­vo de arroz, gra­cias a que saca agua de un pozo de 48 metros de pro­fun­di­dad, con dos bom­bas ali­men­ta­das por 36 pane­les sola­res foto­vol­tai­cos, en su fin­ca de 300 hec­tá­reas, de las que 10 dedi­ca aho­ra a la siem­bra del cereal.

“Yo le digo mi arro­ce­ra solar. No gas­to en com­bus­ti­ble y no ten­go que sopor­tar el rui­do ni el cho­rro de humor que lan­za el motor”, cuen­ta el pro­duc­tor, quien ade­más ins­ta­ló un sis­te­ma de man­gas plás­ti­cas con com­puer­tas para limi­tar el altí­si­mo con­su­mo de agua del arroz. Esti­ma que así ha logra­do un aho­rro hídri­co de al menos 30 por ciento.

El caso de Dey­mon­naz es repre­sen­ta­ti­vo de un fenó­meno que cre­ce en este país del Cono Sur ame­ri­cano, con 44 millo­nes de habi­tan­tes, que es la ter­ce­ra eco­no­mía lati­no­ame­ri­ca­na y en la que la acti­vi­dad agro­pe­cua­ria apor­ta cer­ca de 13 por cien­to del pro­duc­to interno bru­to (PIB).

De acuer­do al últi­mo Cen­so Nacio­nal agro­pe­cua­rio rea­li­za­do en ese país sud­ame­ri­cano, en 2018, de los 162 650 esta­ble­ci­mien­tos rura­les que uti­li­zan algún tipo de ener­gía, 25 850 tie­nen pane­les solares.

En el cul­ti­vo del arroz, las bom­bas de agua son de gran poten­cia, por lo que no pue­den ser abas­te­ci­das a las cone­xio­nes eléc­tri­cas con­ven­cio­na­les. Inclu­so las fin­cas que tie­nen elec­tri­ci­dad sumi­nis­tra­da por la red tie­nen que recu­rrir a gene­ra­do­res que fun­cio­nan con com­bus­ti­ble diesel.

Arturo Deymonnaz es la tercera generación de su familia dedicada a la ganadería. Pero hace dos años incursionó en el cultivo de arroz, que produce únicamente con energía solar, en el norte de Argentina. Los productores arroceros de la zona utilizan bombas de gran potencia para extraer de los pozos la enorme cantidad de agua que requiere el cultivo, y que antes se extraía con un alto consumo de diesel. Foto: Cortesía de Héctor Pirchi

Artu­ro Dey­mon­naz es la ter­ce­ra gene­ra­ción de su fami­lia dedi­ca­da a la gana­de­ría. Pero hace dos años incur­sio­nó en el cul­ti­vo de arroz, que pro­du­ce úni­ca­men­te con ener­gía solar, en el nor­te de Argen­ti­na. Los pro­duc­to­res arro­ce­ros de la zona uti­li­zan bom­bas de gran poten­cia para extraer de los pozos la enor­me can­ti­dad de agua que requie­re el cul­ti­vo, y que antes se extraía con un alto con­su­mo de die­sel. Foto: Cor­te­sía de Héc­tor Pirchi

“En Entre Ríos, el cos­to del com­bus­ti­ble está hacien­do des­apa­re­cer a los peque­ños pro­duc­to­res. Solía­mos tener unas 100 000 hec­tá­reas de arroz, pero el año pasa­do se sem­bra­ron la mitad. Por eso la ener­gía solar es una solu­ción”, expli­ca a IPS Héc­tor Pir­chi, espe­cia­lis­ta en arroz del Ins­ti­tu­to Nacio­nal de Tec­no­lo­gía Agro­pe­cua­ria (INTA).

Pero la ener­gía solar no se limi­ta a Entre Ríos: se está exten­dien­do por los cam­pos, como se lla­man en Argen­ti­na ade­más de las tie­rras rura­les a las explo­ta­cio­nes agro­pe­cua­rias, en todo el país.

Debi­do a la cua­ren­te­na que des­de mar­zo rige en Argen­ti­na por la pan­de­mia de la covid-19, IPS entre­vis­tó por telé­fono des­de Bue­nos Aires a dis­tin­tos pro­duc­to­res agro­pe­cua­rios, empre­sa­rios del rubro ener­gía solar y espe­cia­lis­tas en dife­ren­tes pro­vin­cias del país.

Teddy Cote­lla, quien pro­du­ce soja, maíz, tri­go y gar­ban­zo en el nor­te, está fas­ci­na­do con la ener­gía solar. Su cam­po, de 3000 hec­tá­reas, está en la pro­vin­cia de San­tia­go del Este­ro, a unos 12 kiló­me­tros de la red de trans­mi­sión eléc­tri­ca más cer­ca­na, por lo que duran­te casi 20 años se mane­jó con generadores.

“Con­su­mía unos 20 000 litros de die­sel año solo para gene­ra­ción eléc­tri­ca. A los se que­jan de la cuen­ta de la empre­sa de elec­tri­ci­dad, yo les digo que prue­ben con no tener ser­vi­cio eléc­tri­co”, afirma.

En 2018 Cote­lla colo­có pane­les sola­res jun­to a bate­rías de litio, que alma­ce­nan elec­tri­ci­dad para la noche o los días llu­vio­sos, Con ellos abas­te­ce a las tres casas y todo el con­su­mo que hay en el campo.

“Quie­nes tie­nen la red eléc­tri­ca lejos de sus cam­pos no deben dudar­lo. Yo inclu­so pon­dría pane­les sola­res en una casa en la ciu­dad”, afir­ma Cote­lla, quien ase­gu­ra que en solo tres años se recu­pe­ra la inver­sión que requie­ren los equi­pos solares.

Agritur, un establecimiento agropecuario de 9000 hectáreas en la provincia de San Luis, en el centro de Argentina, donde en 2019 se colocaron 1800 paneles solares, con una potencia de 600 kilovatios, que aportan la mitad del consumo eléctrico de la estancia. Sus cultivos son todos mediante sistema de riego, porque en la zona la lluvia solo aporta 500 milímetros anuales. Foto: MWh Solar

Agri­tur, un esta­ble­ci­mien­to agro­pe­cua­rio de 9000 hec­tá­reas en la pro­vin­cia de San Luis, en el cen­tro de Argen­ti­na, don­de en 2019 se colo­ca­ron 1800 pane­les sola­res, con una poten­cia de 600 kilo­va­tios, que apor­tan la mitad del con­su­mo eléc­tri­co de la estan­cia. Sus cul­ti­vos son todos median­te sis­te­ma de rie­go, por­que en la zona la llu­via solo apor­ta 500 milí­me­tros anua­les. Foto: MWh Solar

El nor­te argen­tino per­te­ne­ce en su mayor par­te al eco­sis­te­ma del Cha­co, la gran lla­nu­ra bos­co­sa que se extien­de tam­bién por Boli­via y Para­guay. En esta región están las pro­vin­cias más pobres de Argen­ti­na y la infra­es­truc­tu­ra es esca­sa, por lo que los par­ques sola­res peque­ños cam­bian vidas.

Ariel Ludue­ña es due­ño de Ener One, una com­pa­ñía de ener­gías reno­va­bles que des­de 2017 ya ha colo­ca­do unos 2500 pane­les sola­res en el nor­te argentino.

“Estoy con­ven­ci­do de que la ener­gía solar va a seguir cre­cien­do muy espe­cial­men­te en esa zona, por­que les da inde­pen­den­cia a los pro­duc­to­res agrí­co­las. Hay cam­pos que están a 80 kiló­me­tros de las redes de trans­mi­sión eléc­tri­ca y a los que no es fácil tras­la­dar com­bus­ti­ble, por­que los cami­nos de acce­so no son bue­nos”, dice Ludue­ña des­de la occi­den­tal pro­vin­cia de Córdoba.

Uno de los clien­tes de Ludue­ña es Igna­cio Pisa­ni, un inge­nie­ro en pro­duc­ción agro­pe­cua­ria que hace 30 años se mudó de Bue­nos Aires a la noroc­ci­den­tal pro­vin­cia de Sal­ta, para dedi­car­se al campo.

Pisa­ni tie­ne la línea de trans­mi­sión eléc­tri­ca a 15 kiló­me­tros y, cuan­do soli­ci­tó a las auto­ri­da­des pro­vin­cia­les que la exten­die­ran, le res­pon­die­ron que la obra tenía que pagar­la él y que el cos­to le que­da­ría como un cré­di­to para el con­su­mo de elec­tri­ci­dad. Era, por supues­to, una inver­sión des­pro­por­cio­na­da, para un peque­ño productor.

Así, Pisa­ni se mane­ja­ba con un gene­ra­dor no sola­men­te para dar­le luz a su casa y las de sus tra­ba­ja­do­res, sino tam­bién para bom­bear agua para sus vacas y para el sis­te­ma de rie­go por goteo que usa para cul­ti­var cebo­lla, san­día y alfal­fa, en su terreno de 1500 hec­tá­reas. En esa zona del Cha­co la llu­via es esca­sa y se con­cen­tra en los meses del verano austral.

El pozo de donde se extrae agua para el cultivo de arroz y al fondo los paneles solares que dan energía a la bomba, en la finca Colonia Mabragaña en la provincia argentina de Entre Ríos. El arroz consume enormes cantidades de agua, pero en esta explotación agrícola un sistema de mangas plásticas y compuertas permite reducir en al menos 30 por ciento la huella hídrica del cultivo. Foto: Cortesía de Héctor Pirchi

El pozo de don­de se extrae agua para el cul­ti­vo de arroz y al fon­do los pane­les sola­res que dan ener­gía a la bom­ba, en la fin­ca Colo­nia Mabra­ga­ña en la pro­vin­cia argen­ti­na de Entre Ríos. El arroz con­su­me enor­mes can­ti­da­des de agua, pero en esta explo­ta­ción agrí­co­la un sis­te­ma de man­gas plás­ti­cas y com­puer­tas per­mi­te redu­cir en al menos 30 por cien­to la hue­lla hídri­ca del cul­ti­vo. Foto: Cor­te­sía de Héc­tor Pirchi

“El gene­ra­dor me traía muchos pro­ble­mas: un gran con­su­mo de com­bus­ti­ble, rui­do, nece­si­dad de com­prar repues­tos… Y veía que nun­ca iba a lle­gar el ser­vi­cio eléc­tri­co. Por eso me deci­dí en 2018 por la ins­ta­la­ción de un par­que solar con 50 pane­les que cubre todas las nece­si­da­des”, cuen­ta Pisani.

El pro­duc­tor finan­ció la obra con su pro­pio capi­tal, tras com­pro­bar que en Argen­ti­na hay un dis­cur­so favo­ra­ble a la ener­gía reno­va­ble y ape­ga­do a lo polí­ti­ca­men­te correc­to, pero que difí­cil­men­te se tra­du­ce en apo­yo finan­cie­ro concreto.

“Reco­rrí todas las enti­da­des públi­cas y pri­va­das para bus­car apo­yo, pero nadie me ayu­dó”, dice Pisa­ni, quien jun­to con los pane­les tie­ne 16 bate­rías que le per­mi­ten garan­ti­zar­se elec­tri­ci­dad has­ta por tres días en caso de que el tiem­po esté nublado.

En ese sen­ti­do, más incier­to pare­ce el esce­na­rio para los gran­des esta­ble­ci­mien­tos agro­pe­cua­rios, que son acto­res cla­ve del comer­cio exte­rior argen­tino. Los pro­duc­tos agro­in­dus­tria­les repre­sen­ta­ron en 2019 un 42,6 por cien­to de las expor­ta­cio­nes tota­les, de acuer­do a datos oficiales.

“La tec­no­lo­gía solar se encuen­tra en cons­tan­te evo­lu­ción y la reduc­ción de cos­tos la vuel­ve una de las tec­no­lo­gías más com­pe­ti­ti­vas, lim­pias y efi­cien­tes para esta­ble­ci­mien­tos agro­in­dus­tria­les”, dice des­de Bue­nos Aires el eco­no­mis­ta espe­cia­li­za­do en ener­gías reno­va­bles Matías Irigoyen,

“Si bien su imple­men­ta­ción a nivel nacio­nal depen­de­rá de la polí­ti­ca ener­gé­ti­ca que se lle­ve ade­lan­te, en varias pro­vin­cias ya resul­ta la solu­ción más con­ve­nien­te”, agre­ga Iri­go­yen, quien tam­bién es socio de la empre­sa MWh Solar.

En 2019, la com­pa­ñía ins­ta­ló 1800 pane­les en un esta­ble­ci­mien­to agro­pe­cua­rio de 9000 hec­tá­reas de la pro­vin­cia de San Luis, en el cen­tro del país.

Se tra­ta de un gran con­su­mi­dor de elec­tri­ci­dad que com­pra ener­gía direc­ta­men­te en el mer­ca­do mayo­ris­ta y des­de enton­ces cubre la mitad de su deman­da con ener­gía solar.

“Ade­más de que las empre­sas agro­pe­cua­rias pue­den favo­re­cer­se eco­nó­mi­ca­men­te con las ener­gías reno­va­bles, lo intere­san­te es que tam­bién pue­den acce­der a nue­vos mer­ca­dos inter­na­cio­na­les, por la deman­da cre­cien­te de pro­duc­tos con una menor hue­lla de car­bono”, con­clu­ye Irigoyen.

Ed: EG

Fuen­tes: http://​www​.ips​no​ti​cias​.net/​2​0​2​0​/​0​6​/​e​n​e​r​g​i​a​-​s​o​l​a​r​-​c​o​m​p​e​n​s​a​-​f​a​l​t​a​-​s​e​r​v​i​c​i​o​s​-​c​a​m​p​o​-​a​r​g​e​n​t​i​no/

Rebe­lión.

Itu­rria /​Fuen­te

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