Vene­zue­la. Gaso­li­na! (Opi­nión)

Por Luis Brit­to. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 12 de junio de 2020 

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Duran­te casi un siglo, fue Vene­zue­la el país con la gaso­li­na más bara­ta del mun­do. Para uncir­nos a su con­su­mo Alber­to Adria­ni lan­zó a prin­ci­pios de los años cua­ren­ta la polí­ti­ca de des­man­te­lar ferro­ca­rri­les y sus­ti­tuir­los por carre­te­ras de asfal­to y trans­por­te auto­mo­triz indi­vi­dual. Por impo­si­ción de las gran­des ensam­bla­do­ras nor­te­ñas de vehícu­los, ter­mi­na­mos bajo la tira­nía de lo que Aqui­les Nazoa lla­mó Su Majes­tad el Auto­mó­vil. A pesar de que duran­te bue­na par­te del siglo no tuvi­mos refi­ne­rías, el pre­cio de la gaso­li­na fue siem­pre com­pa­ra­ti­va­men­te bajo. Su abrup­ta ele­va­ción en 1989 por órde­nes del Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal ali­men­tó el incen­dio de la rebe­lión popu­lar del 27 de febre­ro, más que por el cos­to del com­bus­ti­ble en sí, por los aumen­tos espe­cu­la­ti­vos del pasa­je que los trans­por­tis­tas apli­ca­ron sin que nin­gu­na ini­cia­ti­va del poder los corri­gie­ra. La gaso­li­na que­ma gobiernos.

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Des­de enton­ces subie­ron con desen­freno todos los pre­cios, sal­vo el del com­bus­ti­ble. Por su carác­ter infla­ma­ble y depen­dien­te del Esta­do, la naf­ta pare­cía invul­ne­ra­ble a la infla­ción, aun­que trans­por­tis­tas y camio­ne­ros sí ele­va­ban con alto octa­na­je fle­tes y pasa­jes. Final­men­te, la hiper­in­fla­ción con­vir­tió el pre­cio sub­si­dia­do de la esen­cia en prác­ti­ca­men­te nulo, por más que los encar­ga­dos de las bom­bas cobra­ran sus­tan­cio­sas pro­pi­nas que se embol­si­lla­ban. Para el Esta­do hubie­ra sali­do más eco­nó­mi­co des­pe­dir­los y dejar que los usua­rios se sir­vie­ran a gus­to en los sur­ti­do­res. La gaso­li­na arrui­na tesoros.

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El par­que auto­mo­tor en Vene­zue­la, hacia 2018, cons­ta­ba de 4.100.000
vehícu­los: 76 % par­ti­cu­la­res (3.100.000 uni­da­des), 16 % trans­por­te de
car­ga (660.000), 4.8 % moto­ci­cle­tas (200.000), 2 % trans­por­te público
(80.000) y 1.2 % taxis (60.000). Cer­ca del 57% de esos vehícu­los, unos
233.000, están ope­ra­ti­vos, aun­que muchos acu­san seña­les de des­gas­te por
tiem­po de uso. Lla­ma la aten­ción la pre­sen­cia de casi un vehícu­lo por
cada seis habi­tan­tes y el pre­do­mi­nio abso­lu­to de uni­da­des de uso
per­so­nal sobre las de trans­por­te públi­co o de car­ga. Mas del 92% del
total se mue­ve con gaso­li­na, para lo cual se requie­ren unos 90.000
barri­les dia­rios. El mayor con­su­mo del vital com­bus­ti­ble corres­pon­de a
los vehícu­los que trans­por­tan menor can­ti­dad de per­so­nas o bie­nes. La
gaso­li­na mue­ve el país.

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Se podrá acce­der a la gaso­li­na de acuer­do con el últi­mo núme­ro de la pla­ca y el día de la sema­na, rela­ción que cam­bia enig­má­ti­ca­men­te cada sie­te días. Tam­bién, se repon­drá com­bus­ti­ble en 1.368 gaso­li­ne­ras de ser­vi­cio públi­co y 200 pri­va­das, en las pri­me­ras a 5.000 bolí­va­res el litro y en las segun­das a 0,50 dóla­res: unos 200.000 bolí­va­res al cam­bio actual. Lle­nar un tan­que de 60 litros de ben­ci­na sub­si­dia­da con­su­mi­rá 300.000 bolí­va­res, las tres cuar­tas par­tes del sala­rio míni­mo de 400.000. Col­mar­lo con la «pri­va­ti­za­da» de 0,50 dóla­res reque­ri­rá 30 dóla­res; lo que al cam­bio actual de casi 200.000 exi­gi­rá 6.000.000 de bolí­va­res: quin­ce sala­rios míni­mos; año y tres meses de tra­ba­jo. No lo con­sig­na­mos como pro­tes­ta con­tra el pre­cio de la gaso­li­na, que es impor­ta­da, sino con­tra el mon­to insig­ni­fi­can­te de los suel­dos, que pagan el tra­ba­jo nacio­nal. En Vene­zue­la se dola­ri­za todo, menos los salarios.

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Dis­po­ne el artícu­lo 303 de la Cons­ti­tu­ción de la Repú­bli­ca Boli­va­ria­na de Vene­zue­la que «Por razo­nes de sobe­ra­nía eco­nó­mi­ca, polí­ti­ca y de estra­te­gia nacio­nal, el Esta­do con­ser­va­rá la tota­li­dad de las accio­nes de Petró­leos de Vene­zue­la, S.A., o del ente crea­do para el mane­jo de la indus­tria petro­le­ra, excep­tuan­do las de las filia­les, aso­cia­cio­nes estra­té­gi­cas, empre­sas y cual­quier otra que se haya cons­ti­tui­do o se cons­ti­tu­ya como con­se­cuen­cia del desa­rro­llo de nego­cios de Petró­leos de Vene­zue­la, S.A.» El que no exis­ta obli­ga­ción para el Esta­do de con­ser­var todas las accio­nes de empre­sas cons­ti­tui­das «como con­se­cuen­cia del desa­rro­llo de nego­cios de Petró­leos de Vene­zue­la, S.A.», no impli­ca que pue­da dejar en manos pri­va­das par­te tan tras­cen­den­te de sus nego­cios como la dis­tri­bu­ción al públi­co. Por otra par­te ¿Cómo se eli­ge a los 300 par­ti­cu­la­res agra­cia­dos con el pin­gue pri­vi­le­gio de com­prar gaso­li­na del Esta­do a pre­cio sub­si­dia­do y reven­der­la pri­va­da­men­te a «pre­cio inter­na­cio­nal»? ¿Cómo se garan­ti­za­rá que el vital com­bus­ti­ble no fal­te en las esta­cio­nes de pre­cio sub­si­dia­do ni sobre en las de «pre­cio inter­na­cio­nal»? El año pasa­do en la Feria del Libro de Pue­bla con­ver­sé con Ana Lidia Pérez, auto­ra del libro El Car­tel Negro: cómo el cri­men orga­ni­za­do se ha apo­de­ra­do de PEMEX. En él denun­cia que en el país azte­ca fun­cio­nan unas 12.000 esta­cio­nes de ser­vi­cio pri­va­das, esta­ble­ci­das en com­pli­ci­dad con los alcal­des loca­les, que roban la gaso­li­na de PEMEX a tra­vés de la red de com­pli­ci­da­des lla­ma­da «hua­chi­co­leo» y la ven­den como si fue­ra pro­pia al pre­cio que les da la gana ¿Cómo evi­ta­re­mos una jugo­sa red de «hua­chi­co­leo» que dre­ne el com­bus­ti­ble de expen­de­do­res públi­cos sub­si­dia­dos hacia los pri­va­dos dola­ri­za­dos? ¿Cómo se impe­di­rá que el con­tra­ban­do de extrac­ción lo siga pim­pi­nean­do a un país vecino que refi­na con él 950 tone­la­das de cocaí­na por año? ¿Qué garan­ti­za que al tener que pagar por ella los trans­por­tis­tas no se des­qui­ten con los pasa­je­ros impo­nien­do tari­fas impa­ga­bles que des­aten algún con­flic­to social? La gaso­li­na se eva­po­ra del Teso­ro públi­co y se con­den­sa en bol­si­llos privados.

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La esta­tal PDVSA, cuya pro­duc­ción para 2014 lle­ga­ba a 3.274.000 barriles
dia­rios, cayó en seis años al extre­mo de no poder sur­tir el consumo
nacio­nal. Como la mayo­ría de los vene­zo­la­nos, igno­ra­mos lo que en
reali­dad suce­dió en la empre­sa de nues­tra pro­pie­dad y de la que
depen­de­mos. Cono­ce­mos que fue dura­men­te gol­pea­da por sabo­ta­jes, por el
blo­queo que impi­de impor­tar maqui­na­rias y com­po­nen­tes quí­mi­cos. No
sabe­mos si infil­tra­dos neo­li­be­ra­les la des­man­te­la­ron por den­tro para
«jus­ti­fi­car» una even­tual pri­va­ti­za­ción. Nos expli­can que la mala
geren­cia de su pre­si­den­te pre­ci­pi­tó la cala­mi­dad. Nos pre­gun­ta­mos cómo
una sola per­so­na pudo hacer tan­to daño duran­te tan­to tiem­po sin que
otras auto­ri­da­des se die­ran cuen­ta y adop­ta­ran los correctivos
indis­pen­sa­bles. La con­clu­sión ata­ñe a la tota­li­dad del sec­tor público
vene­zo­lano: todo esta­rá per­di­do mien­tras no se adop­ten controles
exter­nos pre­vios, con­co­mi­tan­tes y pos­te­rio­res de la ges­tión de la
Admi­nis­tra­ción cen­tral, esta­dal, muni­ci­pal, autó­no­ma, de las
fun­da­cio­nes, comu­nas y empre­sas del Esta­do, a fin de veri­fi­car el
efec­ti­vo cum­pli­mien­to de obje­ti­vos, metas y pro­gra­mas pre­su­pues­ta­dos. En
lugar de san­cio­nar leyes que acuer­dan pri­vi­le­gios inconstitucionales
para empre­sas extran­je­ras y nos some­ten a tri­bu­na­les forá­neos, la
Cons­ti­tu­yen­te debe­ría dedi­car tiem­po com­ple­to a per­fec­cio­nar la
car­pin­te­ría legal de dicho sis­te­ma, per­fec­ta­men­te posi­ble con los
recur­sos infor­má­ti­cos actua­les. Sin ello, todos los fon­dos y activos
des­apa­re­ce­rán y la tota­li­dad de los esfuer­zos se disi­pa­rá sin dejar
ras­tros. Bas­ta de admi­nis­tra­cio­nes sumi­das en el secre­to, sin ningún
tipo de con­trol ni más resul­ta­dos que la catás­tro­fe. La gaso­li­na es
disolvente.

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En sep­tiem­bre de 2006 ini­ció Pdv­sa la reac­ti­va­ción del pro­gra­ma de gas vehi­cu­lar, en vir­tud del cual gran par­te del trans­por­te, sobre todo el de car­ga y de pasa­je­ros, se move­ría con gas, libe­ran­do la pre­cio­sa gaso­li­na para la expor­ta­ción. De haber­se com­ple­ta­do, nues­tro par­que auto­mo­triz se movi­li­za­ría con un com­bus­ti­ble abun­dan­te y bara­to, que actual­men­te se que­ma en la atmós­fe­ra. El pro­yec­to fue inex­pli­ca­ble­men­te des­con­ti­nua­do. Se ins­ta­la­ron muy pocas esta­cio­nes de sur­ti­do de gas o de con­ver­sión de moto­res para su con­su­mo. Urge reac­ti­var esos pro­gra­mas. La inmen­sa mayo­ría de los vehícu­los sigue movién­do­se con gaso­li­na; no lle­gan al diez por cien­to las uni­da­des pro­pul­sa­das por gasoil, tam­bién uti­li­za­do para trac­to­res y uni­da­des ter­mo­eléc­tri­cas. El impac­to del cos­to de la gaso­li­na depen­de del posi­ble sumi­nis­tro de estos com­bus­ti­bles más acce­si­bles y bara­tos: has­ta el pre­sen­te, muy limi­ta­do. La gaso­li­na es sustituible.

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Ter­mi­nan­do de escri­bir este artícu­lo, me infor­man tes­ti­gos pre­sen­cia­les que en bom­bas públi­cas de PDVSA no se con­si­gue gaso­li­na sub­si­dia­da de 5.000 bolí­va­res, sino la de medio dólar por litro, que se cobra en efec­ti­vo en divi­sas, sin reci­bo ni devo­lu­ción del cam­bio que sobre. Son irre­gu­la­ri­da­des que urge corre­gir. En el Zulia ya están quin­ce per­so­nas pre­sas por seme­jan­te deli­to. Espe­ra­mos que cai­gan los incur­sos en él en todo el país. Sería inso­por­ta­ble que el mag­ní­fi­co esfuer­zo con­jun­to de los gobier­nos vene­zo­lano e ira­ní fue­ra a morir como nego­ci­to de unos pocos rufia­nes. Esta­mos ante un blo­queo maligno, duro, inmi­se­ri­cor­de y cri­mi­nal. Por la mis­ma razón debe­mos ser dis­ci­pli­na­dos, jus­tos, efi­ca­ces y honrados.

* Fuen­te: luis​brit​to​gar​cia​.blogs​pot​.com/

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