Lati­noa­mé­ri­ca. Tiem­pos extra­or­di­na­rios, tiem­pos extraños.

Por Voces en lucha. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 12 de junio de 2020 

Vivi­mos tiem­pos tan extra­or­di­na­rios como extra­ños. La cri­sis sani­ta­ria pro­vo­ca­da por el virus SARS-CoV‑2, que cau­sa la enfer­me­dad del Covid-19, ha logra­do algo nun­ca vis­to. El capi­ta­lis­mo es exper­to en impo­ner hábi­tos de vida y repro­du­cir per­ver­sas for­mas cul­tu­ra­les. Sin embar­go, el SARS ha trans­for­ma­do los hábi­tos de la mayo­ría de la pobla­ción mun­dial a una velo­ci­dad insólita. 

Podría­mos pen­sar que es atre­vi­do vin­cu­lar esta pan­de­mia con otro tipo de epi­de­mia lla­ma­da capi­ta­lis­mo. Más allá de teo­rías cons­pi­ra­ti­vas que sitúan el ori­gen del virus en labo­ra­to­rios esta­dou­ni­den­ses o chi­nos según la posi­ción ideo­ló­gi­ca, cada vez son más las evi­den­cias cien­tí­fi­cas que lo rela­cio­nan con un ori­gen ani­mal. En tal caso, el actual modo de pro­duc­ción agro­pe­cua­rio (agro­tó­xi­cos y cría inten­si­va de ani­ma­les), es un fac­tor muy pro­ba­ble de trans­mi­sión de esta y otras enfer­me­da­des de ani­ma­les a humanos.

Si algo está evi­den­cian­do este virus, es la dife­ren­te reac­ción de los paí­ses ante la ame­na­za. El ais­la­mien­to tem­prano prio­ri­zan­do la vida a la eco­no­mía, demues­tra efi­ca­cia como medi­da de con­ten­ción. Uni­do a esto, la for­ta­le­za, debi­li­dad o ausen­cia en las dife­ren­tes reali­da­des nacio­na­les de eso que pode­mos lla­mar la arqui­tec­tu­ra del cui­da­do colec­ti­vo. Es decir, los ser­vi­cios públicos. 

El Esta­do de Bien­es­tar euro­peo arras­tra hace déca­das un pro­ce­so de des­com­po­si­ción. Espa­ña es un buen ejem­plo. La cre­cien­te pri­va­ti­za­ción de la salud y el for­ta­le­ci­mien­to de sis­te­mas pri­va­dos es pro­por­cio­nal a la pre­ca­ri­za­ción del sis­te­ma públi­co, pene­tra­do por las empre­sas median­te el meca­nis­mo de la sub­con­tra­ta­ción en la ges­tión de ser­vi­cios. Las lis­tas de espe­ra aumen­tan y hay que prio­ri­zar casos, desahu­cian­do vidas. 

En esa situa­ción lle­ga el Coro­na­vi­rus a Espa­ña. Tras una len­ta reac­ción, la infec­ción se dis­pa­ra. Los cen­tros de salud se des­bor­dan. Los segu­ros pri­va­dos se lavan las manos. No aten­de­rán la enfer­me­dad. El desas­tre sani­ta­rio inun­da las pan­ta­llas del mun­do. Los médi­cos deben ele­gir a quién sal­var. Espa­ña se con­vier­te en el segun­do país del mun­do en núme­ro de con­ta­gios con­fir­ma­dos. Hoy se acer­ca a los 290.000 casos y los 27.000 fallecidos.

En otras lati­tu­des del pla­ne­ta, el virus tam­bién ha lle­ga­do, aun­que más tar­de y en con­di­cio­nes dife­ren­tes. Bár­ba­ra Batis­ta es pro­fe­so­ra de un Círcu­lo Infan­til en Nue­vo Veda­do y vive en un barrio popu­lar de Maria­nao, muni­ci­pio de La Haba­na. En Cuba se valo­ra enor­me­men­te la expe­rien­cia, por eso los mayo­res de 65 años pue­den seguir tra­ba­jan­do y apor­tan­do a la comunidad. 

Cuan­do se des­cu­brió el pri­mer caso de Covid en Cuba, en 3 turis­tas ita­lia­nos el pasa­do 10 de mar­zo, se envió a todos los mayo­res de 65 años a sus casas para garan­ti­zar su segu­ri­dad. “Solo los mili­ta­res y altos car­gos del gobierno con pues­tos de gran res­pon­sa­bi­li­dad, siguie­ron tra­ba­jan­do”, nos cuen­ta Bár­ba­ra, quien está en ese pri­mer gru­po que tuvo que guar­dar cuarentena.

Dos meses y medio des­pués, con más de 2.000 casos con­fir­ma­dos y 83 falle­ci­dos, toda la pobla­ción, sal­vo tra­ba­jos esen­cia­les de cui­da­do, está en sus casas. Bár­ba­ra sigue desa­rro­llan­do su labor docen­te con tra­ba­jo vir­tual, envian­do acti­vi­da­des por telé­fono a sus niños en coor­di­na­ción con los padres. 

¿Cómo vive un país blo­quea­do esta crisis? 

“Hay mucha uni­dad entre la gen­te”, cuen­ta Bár­ba­ra. “Yo hago fri­jo­les, me fal­ta hari­na, le pido a María, la veci­na, y ella dice: “maña­na yo cocino los fri­jo­les´”. La soli­da­ri­dad en los barrios de Cuba no solo se expre­sa en ese teji­do infor­mal. Las orga­ni­za­cio­nes comu­ni­ta­rias barria­les, como los CDR, asu­men el cui­da­do lle­van­do insu­mos y ali­men­tos a las casas de la pobla­ción más vul­ne­ra­ble como per­so­nas mayo­res o emba­ra­za­das. “Se están toman­do muchas medi­das para pre­ve­nir. Los muer­tos has­ta aho­ra son per­so­nas con ante­ce­den­tes muy graves”. 

Se han habi­li­ta­do las uni­ver­si­da­des para casos que deben guar­dar ais­la­mien­to. Allí, son cui­da­dos y aten­di­dos médi­ca­men­te por per­so­nal de salud que tra­ba­ja 14 días y se aís­la otros 14 para evi­tar exten­der la enfer­me­dad. Los uni­ver­si­ta­rios apo­yan, volun­ta­ria­men­te, con la coci­na y la limpieza. 

Todas
las noches, a las 9:00, Bár­ba­ra, como casi toda Cuba, sale al portal
a aplau­dir al per­so­nal médi­co. Con el fon­do musi­cal del televisor
can­tan­do ver­sos como esos de Bue­na Fe que dicen “Qué estoy
hacien­do aquí /​Amando a este país como a mí mis­mo /​No, qué va /
no hay heroísmo/​Vine a dar­le un beso al mun­do y nada más”, el
pue­blo emo­cio­na­do aplau­de a sus “anti­hé­roes´.

Uno de esos “anti­hé­roes´ es el Doc­tor Oscar Villa, espe­cia­lis­ta en Gas­tro­en­te­ro­lo­gía y Res­pon­sa­ble de la con­sul­ta de Intes­tino Del­ga­do y Enfer­me­da­des Malab­sor­ti­vas en el Ins­ti­tu­to de Gas­tro­en­te­ro­lo­gía de La Haba­na. Has­ta allí se des­pla­za en vehícu­los habi­li­ta­dos para tra­ba­ja­do­res des­de el muni­ci­pio 10 de octu­bre, don­de vive. “En mi casa solo sal­go yo, des­can­so solo 4 horas al día. Me levan­to a tra­ba­jar, regre­so a bus­car los ali­men­tos de mi casa en un pun­to espe­cí­fi­co, sal­go a ver los pacien­tes mayo­res que lo nece­si­tan y regre­so a tra­ba­jar en la casa en las inves­ti­ga­cio­nes y docencia”.

La
pre­ven­ción es la base de la medi­ci­na cuba­na. Estu­dian­tes de medicina
se des­pla­zan a los barrios, infor­man y con­sul­tan casa por casa por la
salud. De detec­tar­se casos con sín­to­mas, un médi­co visi­ta el lugar.
“Cuan­do hay un posi­ti­vo, se le rea­li­za el test a todos los
con­tac­tos. Si hay un área com­pro­me­ti­da, se hace a la pobla­ción del
área. Cuan­do una cua­dra, man­za­na, barrio o inclu­so muni­ci­pio entero
entra en cua­ren­te­na, se les garan­ti­za la ali­men­ta­ción para que no
ten­gan que salir a nada. Se suma a las bri­ga­das de aten­ción todo el
pue­blo que pue­da, jóve­nes prin­ci­pal­men­te, ya sean estu­dian­tes o
tra­ba­ja­do­res. Se les ha garan­ti­za­do los medios de pro­tec­ción, pero a
su vez, el mis­mo pue­blo ha empe­za­do a coser naso­bu­cos, crear caretas
pro­tec­to­ras y lo rega­lan, en espe­cial al sec­tor de la salud”,
rela­ta el doc­tor. La tele­vi­sión en Cuba siem­pre ha juga­do un rol
como herra­mien­ta de edu­ca­ción popu­lar. Hoy, “está constantemente
dan­do orien­ta­cio­nes del cui­da­do, pro­fi­la­xis y cómo supe­rar los
posi­bles tras­tor­nos psi­co­ló­gi­cos que pro­vo­can las cua­ren­te­nas”. De
la mis­ma for­ma, “se están dan­do cla­ses de todas las asignaturas
por años de esco­la­ri­dad, des­de pri­ma­ria has­ta pre universitario”.

Madrid es la ciu­dad del mun­do con mayor núme­ro de muer­tes por millón de habi­tan­tes. Sin embar­go, el Par­ti­do Popu­lar, que gobier­na Comu­ni­dad y Ayun­ta­mien­to, pre­ten­de entrar en la Fase 1 de la cua­ren­te­na. El minis­te­rio de Sani­dad recha­za seme­jan­te locu­ra. Ante el colap­so sani­ta­rio, Madrid tuvo que habi­li­tar un hos­pi­tal de cam­pa­ña que pare­cía más un cam­pa­men­to mili­tar. El 1 de mayo pasa­do, prohi­bi­das las mani­fes­ta­cio­nes por el día de los tra­ba­ja­do­res, la pre­si­den­ta de la Comu­ni­dad, Isa­bel Díaz Ayu­so, clau­su­ró ese hos­pi­tal impro­vi­sa­do con una espe­cie de fies­ta mul­ti­tu­di­na­ria del abra­zo por el tra­ba­jo rea­li­za­do, invi­si­bi­li­zan­do que la sola exis­ten­cia de ese lugar era la mani­fes­ta­ción de un fra­ca­so. La mis­ma pre­si­den­ta, ante las crí­ti­cas por su deci­sión de repar­tir “comi­da basu­ra´ a los niños más empo­bre­ci­dos, res­pon­dió que “mejor comi­da basu­ra que el menú de Venezuela”.

Al otro lado del char­co, Vene­zue­la vive la cua­ren­te­na con un nue­vo sobre­sal­to, un inten­to de inva­sión ini­cia­do por mer­ce­na­rios entre­na­dos en Colom­bia por una com­pa­ñía de segu­ri­dad pri­va­da radi­ca­da en La Flo­ri­da. Sema­nas atrás, EEUU acu­só a Vene­zue­la de supo­ner un ries­go de con­ta­gio para la Región. Cuan­do se detec­tan los pri­me­ros 5 casos de Covid, sin nin­gún falle­ci­do, Vene­zue­la toma las pri­me­ras medi­das. El 17 de mar­zo se decre­ta la cua­ren­te­na y se prohí­ben los vue­los des­de Euro­pa y Colom­bia, ori­gen de esos pri­me­ros afec­ta­dos. Hoy es uno de los paí­ses de la Región con menos con­ta­gios y muer­tes, con alre­de­dor de 1500 casos con­fir­ma­dos y 14 falle­ci­dos en un país de casi 30 millo­nes de habitantes.

Ángel Gon­zá­lez vive en Bar­qui­si­me­to y tie­ne años de expe­rien­cia y acom­pa­ña­mien­to en el área de la infan­cia. Des­de la Coor­di­na­do­ra Regio­nal de Niños, Niñas y Ado­les­cen­tes Tra­ba­ja­do­res, CORE­NATs, de la que es fun­da­dor, desa­rro­llan tra­ba­jo de for­ma­ción y edu­ca­ción en barrios populares.

Para Ángel, ade­más de la rápi­da res­pues­ta del gobierno, que des­de la lle­ga­da del virus a Amé­ri­ca Lati­na des­ple­gó una gran cam­pa­ña infor­ma­ti­va, es impor­tan­te el rol de la pobla­ción en la con­ten­ción de la enfer­me­dad, tan­to en la acti­tud de res­pe­to a las medi­das decre­ta­das como median­te la exis­ten­cia de orga­ni­za­cio­nes popu­la­res, crea­das “para el desa­rro­llo de polí­ti­cas públi­cas en dife­ren­tes áreas, a nivel edu­ca­ti­vo, comu­ni­ta­rio, salud,…”. Orga­ni­za­cio­nes comu­ni­ta­rias como los Con­se­jos Comu­na­les, UBCH y CLAP, “se han coor­di­na­do con estruc­tu­ras ins­ti­tu­cio­na­les como los CDI y los módu­los de aten­ción médi­ca, el Barrio Adentro… 

Por ejem­plo, los reco­rri­dos casa por casa de los médi­cos comu­ni­ta­rios en com­pa­ñía de estas orga­ni­za­cio­nes que cono­cen la reali­dad han sido cla­ves para la con­ten­ción”. De la mis­ma for­ma, des­ta­ca, este teji­do comu­ni­ta­rio ha per­mi­ti­do el sumi­nis­tro tan­to de ali­men­tos como de medi­ci­nas. “De no exis­tir estas estruc­tu­ras orga­ni­za­ti­vas hubie­se sido mucho más difí­cil poder dar res­pues­ta a las comu­ni­da­des fren­te al tema de la pan­de­mia, dada la situa­ción eco­nó­mi­ca que tene­mos en Vene­zue­la pro­duc­to de la gue­rra eco­nó­mi­ca y el bloqueo”.

Estos tiem­pos extra­or­di­na­rios tie­nen la vir­tud de con­ver­tir en extra­ño lo que debe­ría ser nor­mal y nor­ma­li­zar lo extra­or­di­na­rio. Los paí­ses capi­ta­lis­tas roban cual pira­tas mate­rial sani­ta­rio para la pro­tec­ción ante la pan­de­mia. ¿Es nor­mal? Trump afir­ma que el Covid “está bajo con­trol” y reco­mien­da inyec­tar desin­fec­tan­te. Bol­so­na­ro afir­ma que el virus es una peque­ña gri­pe. Ambos paí­ses son líde­res mun­dia­les en con­ta­gios. ¿Es nor­mal? Hoy salir a un par­que es extra­or­di­na­rio. Y lo vivi­mos extra­ña­dos. Es lo nor­mal. Sin embar­go, ¿Lle­ga­re­mos a nor­ma­li­zar esta reali­dad de excepción? 

En Espa­ña el índi­ce de sui­ci­dios en per­so­nal médi­co ha aumen­ta­do en los últi­mos años, en espe­cial en muje­res, des­ta­can­do la pro­fe­sión médi­ca sobre otras. ¿Es nor­mal o tie­ne rela­ción con la reduc­ción de plan­ti­llas y la mayor car­ga de tra­ba­jo pro­duc­to del des­man­te­la­mien­to del sis­te­ma público?

La pala­bra públi­co pro­ce­de de publi­cus, que a su vez deri­va de popu­li­cus, lo que per­te­ne­ce al popu­lus. La cosa públi­ca, pues, debe con­tem­plar a todo el pue­blo. A todo. Bár­ba­ra rela­ta cómo se emo­cio­nó ante un acto de soli­da­ri­dad y huma­nis­mo. “Hoy me die­ron ganas de llo­rar. Hay una seño­ra que vive cer­ca de acá que siem­pre anda sucia… A ella le dan desa­yuno, almuer­zo y comi­da en un come­dor comu­ni­ta­rio del Esta­do. Aho­ra, con el Covid, le traen la comi­da a casa. Hoy los mucha­chos lle­ga­ron con un carre­tón tira­do por un caba­llo que los due­ños han pues­to a dis­po­si­ción de los estu­dian­tes de la uni­ver­si­dad y otros tra­ba­ja­do­res para lle­var los alimentos”. 

“Una cosa que están dicien­do es que aquí en Cuba se pasa ham­bre. Aquí nadie se acues­ta sin comer, aun­que no tra­ba­je”, con­ti­núa Bár­ba­ra sin disi­mu­lar su enfa­do. “Todos los días hay hari­na, vian­das, ensa­la­das. El agro siem­pre está sur­ti­do y muy eco­nó­mi­co. El gobierno está con­tro­lan­do las situa­cio­nes de aca­pa­ra­mien­to, por­que hay gen­te que quie­re sacar pro­ve­cho de la situa­ción”. Aho­ra se han habi­li­ta­do com­pras vir­tua­les por telé­fono con un incre­men­to de 60 cen­ta­vos por enci­ma del pre­cio por el ser­vi­cio de lle­var­lo has­ta la casa. “Yo hoy com­pré deter­gen­te y jabón. Inten­to salir lo míni­mo”, cuenta. 

La maqui­na­ria cul­tu­ral es exper­ta en gene­rar demo­nios. Crea matri­ces de opi­nión inter­na­cio­nal que con­vier­ten pro­ce­sos vivos como el de Cuba o Vene­zue­la en mons­truos repre­si­vos, sub­hu­ma­nos. Es la des­hu­ma­ni­za­ción del otro, la demo­ni­za­ción. Eli­mi­nar lo mons­truo­so siem­pre estu­vo bien visto.

“Han lle­ga­do a decir que Cuba y Chi­na se han pues­to de acuer­do para crear esta enfer­me­dad y ven­der el Inter­fe­rón”, comen­ta Bár­ba­ra. El Inter­fe­rón es un medi­ca­men­to cubano con gran­des resul­ta­dos en el tra­ta­mien­to de la enfer­me­dad. Sin embar­go, debi­do al blo­queo con­tra Cuba, pocos paí­ses lo utilizan.

Des­de reali­da­des don­de el ima­gi­na­rio indi­vi­dua­lis­ta ha cala­do, es difí­cil enten­der la impor­tan­cia del cui­da­do colec­ti­vo. El Doc­tor Oscar rela­ta cómo “en Colom­bia hay médi­cos que se han que­ja­do de que les han nega­do la entra­da a los cen­tros comer­cia­les por mie­do. Aquí ha sido lo con­tra­rio, los médi­cos lle­gan y les dan prio­ri­dad en las colas para que sal­gan rápi­do y des­can­sen. Aho­ra se empe­za­ron a dis­tri­buir módu­los de comi­da y aseo por cen­tros de tra­ba­jo para que nadie ten­ga esa preocupación”.

El médi­co cubano está hecho de otra pas­ta. No por gene­ra­ción espon­tá­nea, sino por for­ma­ción. 26 bri­ga­das médi­cas des­ple­ga­das en 24 paí­ses del mun­do com­ba­ten el Covid-19. Bár­ba­ra rela­ta: “esta­mos rezan­do para que no se enfer­me nin­guno. La Bri­ga­da de Lom­bar­día está en el ojo del hura­cán. Ita­lia ha mos­tra­do su agra­de­ci­mien­to a nues­tros médicos”. 

El ejem­plo médi­co cubano rom­pe el cer­co inter­na­cio­nal. Gran Bre­ta­ña pide que se levan­te el blo­queo a Cuba y exper­tos de la ONU ins­tan a EEUU a eli­mi­nar las san­cio­nes duran­te la pan­de­mia. EEUU res­pon­de obs­ta­cu­li­zan­do la lle­ga­da a la isla de res­pi­ra­do­res arti­fi­cia­les y medi­ca­men­tos. “Noso­tros esta­mos orgu­llo­sos de nues­tros bri­ga­dis­tas. Al fin y al cabo, esa es la bala más dura de noso­tros. Ellos ya estu­vie­ron com­ba­tien­do el Ébo­la”. Es el ejér­ci­to de batas blan­cas. El con­tin­gen­te Henry Reeve está espe­cia­li­za­do en situa­cio­nes de desas­tres y gra­ves epi­de­mias. Hoy se está pro­po­nien­do para el pre­mio Nobel de la Paz. 

“Uste­des son héroes de la cla­se tra­ba­ja­do­ra”, le comen­ta­mos al Dr. Oscar. “Todos lo somos, el pue­blo tra­ba­ja­dor es un todo”, afir­ma. “En Espa­ña se cri­ti­ca que los médi­cos en Cuba cobren un sala­rio simi­lar a otros tra­ba­ja­do­res”. Se que­da pen­san­do y res­pon­de: “Yo sal­vo vidas, pero lle­go rápi­do a un hos­pi­tal en ambu­lan­cia para hacer­lo, ambu­lan­cia que dise­ñó un inge­nie­ro mecá­ni­co, la armó un mecá­ni­co con pie­zas que hizo un tor­ne­ro, fui­mos rápi­do y sin peli­gro por un puen­te que hizo un inge­nie­ro civil y lle­ga­mos a un hos­pi­tal cons­trui­do por varios inge­nie­ros y albañiles.

Todos somos nece­sa­rios, todos sal­va­mos esa vida”. Qué decir ante esto.
En estos tiem­pos extra­ños y extra­or­di­na­rios, se can­tan loas al indi­vi­duo y se abo­rre­ce la comu­ni­dad. Esta epi­de­mia evi­den­cia las otras pan­de­mias que ame­na­zan al ser humano. El teji­do comu­ni­ta­rio no solo sir­ve para com­ba­tir al SARS, tam­bién pre­vie­ne de otros virus. Lo hemos vis­to estos días en Chuao, un pue­bli­to de pes­ca­do­res de la cos­ta vene­zo­la­na que, jun­to a la poli­cía regio­nal, logró dete­ner el ata­que de un gru­po de terro­ris­tas con armas de alto cali­bre y equi­po mili­tar, ama­rrar­los y capturarlos. 

En medio del desas­tre sani­ta­rio mun­dial, la agre­sión eco­nó­mi­ca con­tra el pue­blo de Vene­zue­la no ha cesa­do, “muy por el con­tra­rio, los pode­res mun­dia­les, en espe­cial el gobierno de EEUU, con sus alia­dos inter­na­cio­na­les, han con­si­de­ra­do que es una oca­sión ideal para aumen­tar el nivel de pre­sión. Esto ha sig­ni­fi­ca­do en lo con­cre­to mayor blo­queo en las finan­zas, el blo­queo cons­tan­te en la adqui­si­ción de medi­ca­men­tos…”, rela­ta Ángel Osiel. 

Difi­cul­ta­des que hace rato vie­nen enfren­tan­do orga­ni­za­cio­nes comu­ni­ta­rias como la CORE­NATs, que des­de hace 17 años orga­ni­za a niñas, niños y ado­les­cen­tes tra­ba­ja­do­res (NATs) en el cam­po y la ciu­dad. “En el tema de la pro­duc­ción y la sobe­ra­nía ali­men­ta­ria, veni­mos desa­rro­llan­do pro­pues­tas pro­duc­ti­vas para gene­rar meca­nis­mos de dig­ni­fi­ca­ción de la vida de los NATs y sus fami­lias”. De la mis­ma for­ma, des­de la lle­ga­da del Covid, los pro­pios niños y cola­bo­ra­do­res se incor­po­ra­ron a la cam­pa­ña de sen­si­bi­li­za­ción, pre­ven­ción e infor­ma­ción ante la enfermedad. 

Es la otra Vene­zue­la. La otra Cuba. Esas que los medios nor­ma­les invi­si­bi­li­zan y tra­tan como anor­ma­les. Esta reali­dad pan­dé­mi­ca deja muchas lec­cio­nes y pue­de que más trans­for­ma­cio­nes. La arqui­tec­tu­ra del cui­da­do colec­ti­vo ata­ñe a lo comu­ni­ta­rio y sin duda al Esta­do, que hoy evi­den­cia su papel. Los paí­ses que ponen en el cen­tro la vida dig­na son con­ver­ti­dos en anor­ma­les por la indus­tria cul­tu­ral de los paí­ses que deci­den poner en el cen­tro al capi­tal, que repar­ten lec­cio­nes de normalidad.

En estos tiem­pos tan extra­or­di­na­rios como extra­ños, desea­mos regre­sar a la nor­ma­li­dad. Cuan­do así nos expre­sa­mos, nos refe­ri­mos a la nor­ma­li­dad de antes de la pan­de­mia, que tie­ne mucho que ver con la actual anor­ma­li­dad. Nadie quie­re nor­ma­li­zar esta excep­ción. Sin embar­go, ¿desea­mos regre­sar a esos tiem­pos nor­ma­les en que la bes­tia­li­za­ción se nor­ma­li­za y la vida dig­na se asu­me anormal? 

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