Bra­sil. Labo­ra­to­rio mun­dial de la ultraderecha

Por Aram Aha­ro­nian. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 10 de junio de 2020. 

Bra­sil se ha cons­ti­tui­do en un labo­ra­to­rio mun­dial para un nue­vo tipo de extre­ma dere­cha. No se tra­ta sólo de una nue­va hege­mo­nía de poder sino de un pro­yec­to de cam­bio de la socie­dad, de una revo­lu­ción cul­tu­ral con­ser­va­do­ra, don­de Jair Bol­so­na­ro repre­sen­ta un pro­yec­to tran­si­to­rio, con cla­ras ten­den­cias fascistas.

El papel de Bol­so­na­ro en este jue­go de poder pare­cie­ra ser el de dis­trac­tor del mode­lo final que se quie­re impo­ner des­de el jui­cio polí­ti­co a la ex pre­si­den­ta Dil­ma Rous­seff en 2016. Bra­sil es hoy el úni­co país del mun­do que, en medio de la pan­de­mia, vive una gran cri­sis polí­ti­ca que pue­de lle­gar a ser una cri­sis del régi­men político.

Bol­so­na­ro es tan des­car­ta­ble como el minis­tro de Eco­no­mía Pau­lo Gue­des, un neo­li­be­ral proes­ta­dou­ni­den­se que fue fun­cio­na­rio del dic­ta­dor chi­leno Augus­to Pino­chet, quien pare­ce haber sido dete­ni­do en su embes­ti­da por el plan de emer­gen­cia pre­sen­ta­do por el gene­ral Wal­ter Sou­za Bra­ga Net­to, jefe del gabi­ne­te de la Pre­si­den­cia, a quien todos ven hoy como el pre­si­den­te operativo.

En esta puja de pode­res, don­de se entre­mez­clan hoy dispu­tas entre sec­to­res mili­ta­res, la Cor­te Supre­ma de Jus­ti­cia, el Con­gre­so, las eli­tes eco­nó­mi­cas, la pren­sa hege­mó­ni­ca y la igle­sia evan­gé­li­ca, sobre­sa­le el nom­bre de Ser­gio Moro, renun­cian­te minis­tro de Jus­ti­cia, car­go al que lle­gó tras haber encar­ce­la­do –sien­do juez- al ex pre­si­den­te Luiz Inacio Lula da Sil­va, sin cau­sa, sacán­do­lo de la dispu­ta elec­to­ral, per­mi­tien­do el triun­fo de Bolsonaro.

Moro, el destructor

La renun­cia de Ser­gio Moro tie­ne tie­ne varias cau­sas, pero la pri­mor­dial es la de dife­ren­ciar­se de Bol­so­na­ro. La cau­sa pun­tual fue que bajo su pro­tec­ción, la Poli­cía Fede­ral esta­ba a pun­to de incri­mi­nar a los hijos de Bol­so­na­ro (y qui­zá has­ta al mis­mo pre­si­den­te) en actos de corrup­ción y víncu­los con mafias paramilitares.

Moro es hom­bre de Esta­dos Uni­dos y el can­di­da­to de Washing­ton para las elec­cio­nes de 2022, y por eso había que des­pren­der­lo de un gobierno en caída.

Hay un pun­to que hay que des­ta­car: duran­te su ges­tión como juez del Lava Jato fue cum­plien­do pun­to por pun­to el plan de des­truc­ción de la eco­no­mía y la ins­ti­tu­cio­na­li­dad bra­si­le­ña, ade­más de ani­qui­lar la izquier­da para que posi­bi­li­tar un gobierno de extre­ma dere­cha, pero de tran­si­ción, que le abrie­ra el camino a su candidatura.

Y por ende, no se debe des­car­tar que detrás de todos estos movi­mien­tos en los esce­na­rios del poder, esté la emba­ja­da de Esta­dos Uni­dos. Hoy, para Moro, Bol­so­na­ro ya no es un recur­so que faci­li­te su can­di­da­tu­ra, sino un estor­bo des­car­ta­ble. La popu­la­ri­dad del ex minis­tro de Jus­ti­cia está por enci­ma que la del pre­si­den­te. En medio de la cri­sis, Moro ha hecho mutis por el foro, dejan­do que otros se desgasten.

Escar­ceos

La gue­rra de poder ins­ti­tu­cio­nal sigue en Bra­sil: Por un lado, el Supre­mo Tri­bu­nal Fede­ral abrió una inves­ti­ga­ción sobre abu­sos de poder de Bol­so­na­ro e hizo públi­co un vídeo de una reu­nión minis­te­rial en la que el man­da­ta­rio hizo explí­ci­ta su inten­ción de pres­cin­dir de cual­quier fun­cio­na­rio que osa­ra inves­ti­gar a su familia.

A raíz de la divul­ga­ción inte­gral de lo ocu­rri­do, se pro­fun­di­za­ron en Bra­sil nue­vas grie­tas ins­ti­tu­cio­na­les, cuyas con­se­cuen­cias se harán ver en bre­ve, don­de los mili­ta­res, sobre todos aque­llos que inte­gran el gabi­ne­te de Bol­so­na­ro, ten­drán mucha inje­ren­cia. Si en el cam­po jurí­di­co es muy difí­cil pre­ver cuá­les serán los pró­xi­mos pasos, en tér­mi­nos ins­ti­tu­cio­na­les lo que se reve­ló al país es un desastre.

Lo serio de todo esto es la inmer­sión de los mili­ta­res en la polí­ti­ca con el cla­ro men­sa­je de que las Fuer­zas Arma­das apo­yan a Bol­so­na­ro en esta gue­rra que comien­za con­tra la Cor­te Supre­ma Nun­ca antes un gol­pe de esta­do fas­cis­ta había sido tan publi­ci­ta­do, tan tele­vi­sa­do y tan repli­ca­do en las redes sociales.

Por lo mis­mo, es urgen­te que la tota­li­dad de las fuer­zas demo­crá­ti­cas renun­cien a sus dife­ren­cias his­tó­ri­cas y/​o coyun­tu­ra­les en pos de un obje­ti­vo común que es la crea­ción de un fren­te en defen­sa de la demo­cra­cia. Cier­ta­men­te no es una tarea fácil, con­si­de­ran­do el com­por­ta­mien­to gol­pis­ta con­tra el gobierno de Dil­ma Rous­seff que tuvie­ron cier­tos sec­to­res que hoy día se pre­sen­tan como pala­di­nes de la democracia.

La posi­bi­li­dad de con­for­mar un Fren­te Demo­crá­ti­co, sig­ni­fi­ca, ante todo, renun­ciar a des­ave­nen­cias y con­flic­tos del pasa­do por par­te de par­ti­dos y movi­mien­tos socia­les, como el de los Tra­ba­ja­do­res sin Tie­rra (MST), el de Tra­ba­ja­do­res sin Techo (MTST) o el LGBT, jun­to a dece­nas de orga­ni­za­cio­nes de géne­ro, eco­lo­gis­tas, de eco­no­mía social y solidaria.

Sur­gen algu­nas ini­cia­ti­vas, como la de 400 orga­ni­za­cio­nes socia­les y sie­te par­ti­dos que mani­fes­ta­ron su inten­ción de soli­ci­tar un jui­cio polí­ti­co al pre­si­den­te, en momen­tos en que la cen­troiz­quier­da está en des­ban­de, la social­de­mo­cra­cia tibia quie­re ocu­par su espa­cio tra­di­cio­nal, y la puja por el poder –en reali­dad- está cen­tra­da entre las diver­sas ban­das de ultra­de­re­cha y la dere­cha polí­ti­ca. Tam­bién un lla­ma­mien­to en las redes bajo el lema #Somos70porcento.

Las mani­fes­ta­cio­nes de gru­pos orga­ni­za­dos anti­fas­cis­tas comen­za­ron a dispu­tar las calles a los bol­so­na­ris­tas . No habrá sali­da ins­ti­tu­cio­nal para la cri­sis pro­fun­da , si ésta no es impul­sa­da, empu­ja­da, por una gran movi­li­za­ción ciu­da­da­na, ganan­do las calles y la opi­nión pública.

Revo­lu­ción

Hay quie­nes hablan de una dere­cha revo­lu­cio­na­ria: así como gru­pos arma­dos en los ’60 o ’70 eran capa­ces de arries­gar su vida por una idea, esta lógi­ca revo­lu­cio­na­ria podría ser una con­tra­par­ti­da de la extre­ma derecha.

Y las Fuer­zas Arma­das están en una posi­ción afín y lo úni­co que podría dete­ner su mar­cha, es el sur­gi­mien­to de una fuer­za popu­lar fuer­te, de izquier­da real, que los enfrente.

Ya exis­ten mili­cias arma­das de dere­cha, con el plan de “ucra­ni­zar” el país (tér­mino que ellos uti­li­zan), ante la impo­si­bi­li­dad de gober­nar Bra­sil, en la ten­ta­ti­va de lograr un cam­bio radi­cal a tra­vés de un gol­pe de Esta­do o un cogo­bierno con las mili­cias. La estruc­tu­ra se desa­rro­lla des­de las redes socia­les (you­tu­be, whatsapp, twit­ter), don­de los hijos de Bol­so­na­ro tie­nen el con­trol del lla­ma­do “gabi­ne­te del terror”.

Mili­ta­res con libre­to ajeno

A algu­nos ana­lis­tas les lla­ma la aten­ción que las Fuer­zas Arma­das apo­yen un mode­lo neo­li­be­ral como el de Pau­lo Gue­des, dada la tra­di­ción desa­rro­llis­ta que tuvo el gol­pe de 1964. Hoy ape­nas hay un gru­po de mili­ta­res que insis­ten en pre­ser­var algu­nas estruc­tu­ras del Esta­do, sobre todo las que mane­jan y se sir­ven de ellas (como Petro­bras), pero no exis­te nada como un gran pro­yec­to nacio­nal ni un estra­te­ga como Gol­bery do Couto e Silva.

La puja en la ultra­de­re­cha lle­vó al ensa­yis­ta Ola­vo de Car­valho, con­si­de­ra­do un refe­ren­te ideo­ló­gi­co del man­da­ta­rio, a dis­tan­ciar­se de él al afir­mar que derro­ca­ría a este “gobierno de mier­da” si sigue “inac­ti­vo” y “cobar­de”. Des­de Vir­gi­nia, Esta­dos Uni­dos, don­de resi­de, Ola­vo ha in dlui­do en la desig­na­ción de varios fun­cio­na­rios. Aho­ra, en un video, seña­la que Bol­so­na­ro nun­ca fue su ami­go. Algu­nos ana­lis­tas seña­lan que el pre­si­den­te fue remi­so en otor­gar­le la con­de­co­ra­ción que le había prometido.

Inclu­so la dere­cha ha olvi­da­do el pro­yec­to de Bra­sil “poten­cia indus­trial”: hoy la que mane­ja el país no es una eli­te indus­trial sino finan­cie­ra, que no tie­ne inten­cio­nes de ser una bur­gue­sía nacio­nal sino insis­te en ser socio muy mino­ri­ta­rio de la bur­gue­sía glo­bal, y gen­dar­me o capa­taz regional.

Por pri­me­ra vez en su his­to­ria, Bra­sil ha insis­ti­do en un fuer­te ali­nea­mien­to absur­do con Esta­dos Uni­dos. Ni siquie­ra había ocu­rri­do cuan­do envió tro­pas a Euro­pa a com­ba­tir con­tra los nazis. No debie­ra extra­ñar: sus prin­ci­pa­les cua­dros han sido adoc­tri­na­dos por EEUU.

Ciro Gomes, can­di­da­to a Pre­si­den­te por el PDT, seña­la, por ejem­plo, que el gene­ral Heleno Ribei­ro Perei­ra, Minis­tro de la Secre­ta­ria de la Pre­si­den­cia y con ape­ten­cias de ser pre­si­den­te, “es gol­pis­ta, no tie­ne apre­cio a la vida, mató muchos pobres en Hai­tí, fue echa­do de las fuer­zas de Nacio­nes Uni­das y ya fue jefe de gabi­ne­te del gene­ral gol­pis­ta Syl­vio Fro­ta. Es ame­ri­ca­nó­fi­lo fanático”.

El fas­cis­mo no es nue­vo en Bra­sil, ya exis­tía hace 90 años: el par­ti­do fas­cis­ta bra­si­le­ño, la Acción Inte­gra­lis­ta Nacio­nal, tenía un millón 200.000 miem­bros y un can­di­da­to a pre­si­den­te en 1955, Pli­nio Sal­ga­do. Y ese fas­cis­mo está reapa­re­cien­do, resucitando.

Bra­sil care­ció –como por ejem­plo Argen­ti­na- un tra­ba­jo de memo­ria sobre la dic­ta­du­ra cívi­co-mili­tar y no se pro­ce­só a un solo tor­tu­ra­dor, pese a los suce­si­vos gobier­nos “izquier­dis­tas”.

En esta estruc­tu­ra, el mili­ta­ris­mo bra­si­le­ño, que no es homo­gé­neo pero inclu­ye ten­den­cias fas­cis­tas muy fuer­tes y es una pie­za impor­tan­te en la polí­ti­ca bra­si­le­ña, Bol­so­na­ro repre­sen­ta­ría el ala dura, un sec­tor que ni siquie­ra en la dic­ta­du­ra fue hege­mó­ni­ca, sal­vo con Emi­lio Garras­ta­zú Médi­ci (1969−1974).

La izquier­da bra­si­le­ña ya no exis­te y ni siquie­ra la opo­si­ción a Bol­so­na­ro que es lide­ra­da por la dere­cha, es mino­ri­ta­rio .Los movi­mien­tos socia­les y sin­di­ca­les des­apa­re­cie­ron de las calles, coop­ta­dos hace unos años por el apa­ra­to de gobierno del Par­ti­do de los Tra­ba­ja­do­res, o des­ilu­sio­na­dos y sin timón.

En momen­tos de radi­ca­li­za­ción de la polí­ti­ca, la izquier­da –con­ver­ti­da en lega­lis­ta y defen­so­ra de las ins­ti­tu­cio­nes del Esta­do bur­gués- no supo jun­tar­se y menos aún radi­ca­li­zar­se. Hoy la lucha polí­ti­ca en Bra­sil se da entre la ultra­de­re­cha y la dere­cha y el lide­raz­go es ejer­ci­do por dos gober­na­do­res de dere­cha, el de Sao Pau­lo (Joao Doria) y el de Rio de Janei­ro (Wil­son Witzel).

Y es para no creer: en un momen­to Lula tuvo el 80% de apro­ba­ción y cre­di­bi­li­dad popu­lar. Pero su polí­ti­ca era de refor­mas pun­tua­les, qui­zá con la idea de con­ser­var lo gana­do. Pero… la úni­ca ver­dad es la reali­dad y el resul­ta­do fue una catástrofe.

Aspi­ra­cio­nes expansionistas

Las aspi­ra­cio­nes geo­po­lí­ti­ca de Bra­sil des­de su res­tric­ción regio­nal, estu­vo siem­pre cen­tra­da en con­ver­tir­se en saté­li­te pri­vi­le­gia­do de EEUU para hege­mo­ni­zar Suda­mé­ri­ca, has­ta sus deva­neos glo­ba­les con­tem­po­rá­neos, pese a los retos inter­nos como la pobre­za extre­ma, 14 millo­nes de des­em­plea­dos, el ham­bre, la desnutrición.

Ya en los pri­me­ros días de su pre­si­den­cia, hubo man­dos mili­ta­res bra­si­le­ños “rea­cios” al plan de Jair Bol­so­na­ro de alber­gar bases mili­ta­res de Esta­dos Uni­dos (en Alcán­ta­ra, la fron­te­ra nores­te, la Tri­ple Fron­te­ra con Argen­ti­na y Para­guay o la Ama­zo­nia), que lo con­si­de­ra­ron inne­ce­sa­rio e inopor­tuno, no afi­na­do a la polí­ti­ca nacio­nal de Defensa

Para­dó­ji­ca­men­te, las bases de EEUU en Bra­sil lle­ga­ron en el ámbi­to de la par­ti­ci­pa­ción en los com­ba­tes al nazi­fas­cis­mo con la Fuer­za Expe­di­cio­na­ria Bra­si­le­ña (FEB), al comien­zo de la déca­da de 1940. El temor cobró fuer­za cuan­do al final de 1941 los japo­ne­ses ata­ca­ron Pearl Har­bor y EEUU –con­ver­ti­do en beli­ge­ran­te- pre­sio­nó a Bra­sil a nego­ciar el uso de las bases de Belém, Natal y Reci­fe, a lo que no se opu­so el pre­si­den­te Getú­lio Vargas

Las tesis del expan­sio­nis­mo bra­si­le­ño y su polí­ti­ca exte­rior, neta­men­te colo­nia­lis­ta, no son nue­vas, y toma­ron espe­cial vue­lo duran­te la dic­ta­du­ra mili­tar-empre­sa­rial de 1964 – 1985, don­de el gene­ral Gol­bery do Couto e Sil­va –autor en 1966 de Geo­po­li­ti­ca do Bra­sil- se con­vir­tió en el teó­ri­co de la dic­ta­du­ra (y lue­go tam­bién de la aper­tu­ra demo­crá­ti­ca, con la frag­men­ta­ción total de la opo­si­ción civil en varios partidos).

De la Escue­la Supe­rior de Gue­rra sur­gie­ron varias teo­rías neta­men­te expan­sionistas que fue­ron motor de la dic­ta­du­ra: las de las fron­te­ras ideo­ló­gi­cas, la de la Fuer­za Inter­ame­ri­ca­na de Paz, la del gen­dar­me man­te­ne­dor del orden con­ti­nen­tal, la del saté­li­te pri­vi­le­gia­do, la del des­tino mani­fies­to de Bra­sil al sur del Cari­be, la de su voca­ción rio­pla­ten­se, la de que las fron­te­ras en los Andes y las aper­tu­ras hacia el Pací­fico, la del puer­to libre en el Cari­be, la del con­trol del Atlán­ti­co Sur, la de la ins­ta­la­ción en la Antár­ti­da, etcétera.

Tam­bién sur­gie­ron de allí los fre­nos a los pro­ce­sos de inte­gra­ción lati­no­ame­ri­ca­nos y cari­be­ños, con el des­man­te­la­mien­to del Mer­ca­do Común del Sur (Mer­co­sur), la Unión de Nacio­nes Sud­ame­ri­ca­nas (Una­sur) y la Comu­ni­dad de Esta­dos Lati­no­ame­ri­ca­nos y Cari­be­ños (Celac), aun cuan­do fue, con Lula da Sil­va, uno de los pro­mo­to­res del fra­ca­so del Área de Libre Comer­cio de Amé­ri­ca Lati­na (ALCA), que pro­po­nía Esta­dos Unidos

Pero, inclu­so en los años de los gobier­nos del Par­ti­do de los Tra­ba­ja­do­res (2002−2017), pasa­ron a pro­li­fe­rar entre los mili­ta­res de dere­cha (en las escue­las Supe­rior de Gue­rra y de Esta­do Mayor de las Fuer­zas Arma­das) y tam­bién entre los diplo­má­ti­cos bra­si­le­ños, teo­rías sobre el papel hege­mó­ni­co que esta­ría reser­va­do a Bra­sil en Amé­rica del Sur. 

Hoy, aque­llas vie­jas tesis y teo­rías pare­cen haber reflo­ta­do con el gobierno de Jair Bol­so­na­ro, quien cree que la Unión Sovié­ti­ca aún exis­te y por ello hay que com­ba­tir al comu­nis­mo. Y por eso inclu­so ha ame­na­za­do con inter­ve­nir mili­tar­men­te con­tra Venezuela.

Las posi­cio­nes de Bra­sil en rela­ción con sus veci­nos, que lle­gan has­ta a las ame­na­zas más o menos vela­das de inter­ven­ción mili­tar, es nece­sa­rio vol­ver a ana­li­zar la teo­ría del saté­li­te pri­vi­le­gia­do o del subim­pe­ria­lis­mo bra­si­le­ño y la tesis de las fron­te­ras ideo­ló­gi­cas, seña­la­ba ya en 1971 el ana­lis­ta y poli­tó­lo­go bra­si­le­ño Pau­lo Schilling.

El gene­ral Gol­bery expo­nía así el pro­ble­ma: “Las nacio­nes peque­ñas se ven de la noche a la maña­na redu­ci­das a la con­di­ción de esta­dos pig­meos y ya se pre­vé su melan­có­li­co fin, bajo los pla­nes de inevi­ta­bles inte­gra­cio­nes regio­na­les; la ecua­ción de poder en el mun­do se redu­ce a un peque­ño núme­ro de fac­to­res, y en ella se per­ci­ben sola­men­te pocas cons­te­la­cio­nes feu­da­les – esta­dos baro­nes- rodea­das de esta­dos saté­li­tes y vasallos (…)”.

“No hay otra alter­na­ti­va para noso­tros sino acep­tar­los (los pla­nes de inte­gra­ción del impe­rio) y acep­tar­los cons­cien­te­men­te…”, seña­la­ba el estra­te­ga. En resu­men, según los geo­po­lí­ti­cos de la “Sor­bon­ne” (la inte­li­gen­cia ver­ná­cu­la), Esta­dos Uni­das debe­rían reco­no­cer el des­tino mani­fies­to de Bra­sil en Amé­ri­ca del Sur, eli­gién­do­lo “saté­li­te pri­vi­le­gia­do”: “Tam­bién Bra­sil pue­de invo­car un des­tino mani­fies­to tan­to más cuan­to que éste no cho­ca, en el Cari­be, con el de nues­tros her­ma­nos del Nor­te”, agregaban

Con el gol­pe mili­tar del 1º de abril de 1964 y la eli­mi­na­ción de las fuer­zas nacio­na­lis­tas popu­la­res, las tesis de la Escue­la Supe­rior de Gue­rra pasa­ron a cons­ti­tuir la estra­te­gia para Amé­ri­ca lati­na de lta­ma­ra­tí, la can­ci­lle­ría bra­si­le­ña. La idea de la crea­ción de un esta­do mili­ta­ris­ta sub­de­sa­rro­lla­do al ser­vi­cio del plan impe­ria­lis­ta de inte­gra­ción lati­no­ame­ri­cano y del man­te­ni­mien­to de la paz impe­rial, podría ser enton­ces pues­ta en prác­ti­ca, seña­la­ba Schi­lling, hace ya medio siglo.

¿Nue­vos tiempos?

Hay man­dos mili­ta­res que entien­den que la situa­ción es muy dife­ren­te y que insis­ten en que no están dis­pues­tos a entre­gar terri­to­rios (y menos la Ama­zo­nia) al hege­món del Nor­te. Sobre todo cuan­do la eco­no­mía bra­si­le­ña depen­de de sus expor­ta­cio­nes a Chi­na y de sus posi­bles inver­sio­nes en pro­yec­tos de infra­es­truc­tu­ra. Ya EEUU exi­gió a Bra­sil que reduz­ca su depen­den­cia eco­nó­mi­ca con Chi­na, su mayor socio comercial.

Casi la mitad de lo que el país pro­du­ce de esos com­mo­di­ties (47.300 millo­nes de dóla­res sobre un total de 53.200 millo­nes) tuvie­ron como des­tino Chi­na, mien­tas que hacia EEUU via­jó el 12% del total. Des­de 2001 que las expor­ta­cio­nes de pro­duc­tos pri­ma­rios no esta­ban tan con­cen­tra­das en un úni­co des­tino, cuan­do la Unión Euro­pea osten­ta­ba el 50,6% de las ven­tas, con un mon­to de 13.200 millo­nes de dólares.

Las fuer­zas de la ultra­de­re­cha ‑aún sien­do mino­ri­ta­rias- se encuen­tran bien arti­cu­la­das en las redes y en la calle, con el sus­ten­to finan­cie­ro de algu­nos empre­sa­rios y comer­cian­tes que apo­yan cie­ga­men­te a un Bol­so­na­ro sin capa­ci­dad de líder nato y agi­ta­dor caris­má­ti­co, de orga­ni­za­dor exper­to, de ora­dor cau­ti­van­te y convincente.

Ni tie­ne un pro­yec­to ni ideas de peso, sal­vo armar a toda la pobla­ción para defen­der una nación ima­gi­na­ria que está en cam­pa­ña con­tra el mar­xis­mo cul­tu­ral, la ideo­lo­gía de géne­ro y la globalización.

Exis­ten innu­me­ra­bles sitios de mili­cia­nos digi­ta­les que se han dedi­ca­do a des­per­di­gar noti­cias fal­sas sobre las ins­ti­tu­cio­nes y las per­so­nas, pro­fi­rien­do inju­rias y ame­na­zas a miem­bros del Supre­mo Tri­bu­nal Fede­ral, a con­gre­sis­tas, polí­ti­cos, perio­dis­tas o repre­sen­tan­tes de aso­cia­cio­nes que han denun­cia­do el avan­ce de sec­to­res exal­ta­dos de la extre­ma derecha.

Poten­cial­men­te, pue­de sumar a sus impul­sos gol­pis­tas y dic­ta­to­ria­les a una par­te sig­ni­fi­ca­ti­va de las Fuer­zas Arma­das que se vean ten­ta­dos con la obten­ción de mayor poder den­tro de un gobierno que ya posee un cuer­po gru­po nume­ro­so de minis­tros, sub­se­cre­ta­rios y fun­cio­na­rios de alto esca­lón pro­ve­nien­tes de las cor­po­ra­cio­nes castrenses.

(Aram Aha­ro­nian es perio­dis­ta y comu­ni­có­lo­go uru­gua­yo. Magís­ter en Inte­gra­ción y fun­da­dor de Tele­sur, pre­si­de la Fun­da­ción para la Inte­gra­ción Lati­no­ame­ri­ca­na (FILA) y diri­ge el Cen­tro Lati­no­ame­ri­cano de Aná­li­sis Estra­té­gi­co (CLAE) y susrysurtv).

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