Femi­nis­mos. El tra­ba­jo cos­mé­ti­co del Gobierno por las muje­res salvadoreñas

Por Karen Moreno , Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 4 de junio de 2020.

Kar­la sale cada vez que pue­de de su casa y tra­ta de lle­gar a la de su madre. Toma a sus dos hijos y se esca­bu­lle entre las vere­das de la comu­ni­dad rural don­de vive, en el depar­ta­men­to de Usu­lu­tán. Tie­ne 23 años y tuvo a su pri­mer hija al cum­plir los 13. En la vivien­da de su mamá sien­te que está en terri­to­rio segu­ro. Una maña­na, bajo encie­rro en su casa por la COVID-19, había inten­ta­do evi­tar una pelea más con José, su pare­ja. “¡Veni­te, seme­jan­te ton­ta!”, fue lo últi­mo que ella escuchó. 

Des­de que el Gobierno decre­tó el 21 de mar­zo la cua­ren­te­na domi­ci­lia­ria, Kar­la tie­ne mie­do de que­dar­se en con­fi­na­mien­to. Su com­pa­ñe­ro de vida pasa más tiem­po jun­to a ella por­que solo va por horas a la fin­ca, don­de tra­ba­ja de vigi­lan­te. Por eso, Kar­la se escapa.

La redu­ci­da jor­na­da labo­ral de José la pone en más ries­go de sufrir mal­tra­to. Evi­ta pala­bras hirien­tes y lo evi­ta a él, como hacía dos años atrás, cuan­do debía esqui­var las pedra­das. Su gran temor es que vuel­van los gol­pes. Pese a todo, José es el sos­tén de la fami­lia, o así es como ella lo ve. Kar­la no tra­ba­ja, por­que él no quie­re. Los $85 dóla­res que José gana a la quin­ce­na dan para la comi­da y las cuen­tas del hogar. Kar­la cui­da de la casa y de los hijos, de diez y tres años. “No pue­do tra­ba­jar, él no me deja. Dice que lo ten­go a él para que tra­ba­je”, dice, con voz sua­ve, como susurrando.

Para Kar­la, lo que vive en la cua­ren­te­na no es vio­len­cia. Vio­len­cia era que ella tuvie­ra que echar mano de un palo para defen­der­se. “Pero eso era antes”, dice como si aho­ra estu­vie­ra con otro José, uno reno­va­do. De pron­to, cae en la cuen­ta de por qué pre­fie­re huir don­de su madre: “Hoy, no me gus­tan las mane­ras (de ser de José)”.

El encie­rro imple­men­ta­do por el Gobierno para evi­tar la pro­pa­ga­ción de la COVID-19 pro­pi­ció otro virus: el aumen­to de los casos de vio­len­cia con­tra las muje­res. Pero en El Sal­va­dor esto no es nue­vo. Las muje­res han sido his­tó­ri­ca­men­te vul­ne­ra­das, debi­do a “patro­nes socio-cul­tu­ra­les dis­cri­mi­na­to­rios que per­mean la socie­dad sal­va­do­re­ña” y, con­se­cuen­te­men­te, inci­den en la vul­ne­ra­ción de sus dere­chos, como mani­fies­ta el infor­me pre­li­mi­nar de la Comi­sión Inter­ame­ri­ca­na de Dere­chos Huma­nos (CIDH), tras su visi­ta al país en diciem­bre de 2019. 

El pri­mer paso hacia atrás

Una de las pri­me­ras accio­nes del Gobierno de Nayib Buke­le, cuan­do asu­mió la ges­tión en junio de 2019, fue cerrar la Secre­ta­ría de Inclu­sión Social (SIS).

Para Sil­via Juá­rez, Coor­di­na­do­ra del Pro­gra­ma por una vida sin vio­len­cia de la Orga­ni­za­ción de Muje­res Sal­va­do­re­ñas por la Paz (Oru­mu­sa), esta deci­sión tie­ne impac­tos sim­bó­li­cos y polí­ti­cos. “Dibu­ja que, des­de la agen­da públi­ca, estas pobla­cio­nes dejan de ser una prio­ri­dad. En segun­do lugar, hay un impac­to en lo que se adver­tía como un avan­ce, aun­que era en algu­nos casos bas­tan­te limi­ta­do, pre­ca­rio o modes­to, como el caso de la Direc­ción de Diver­si­dad sexual. Repre­sen­ta­ban al final y al cabo un ser­vi­cio públi­co. Es decir, nues­tros impues­tos, nues­tros fon­dos públi­cos uti­li­za­dos y direc­tos o diri­gi­dos a res­pues­ta de pobla­cio­nes que han esta­do en des­ven­ta­ja”, analiza.

Juá­rez expli­ca que la línea tele­fó­ni­ca de ayu­da y aten­ción para situa­cio­nes de odio y dis­cri­mi­na­ción para la pobla­ción LGBTI repre­sen­tó un ser­vi­cio esen­cial y el úni­co a nivel nacio­nal. Por lo tan­to, la des­apa­ri­ción de la SIS no sim­ple­men­te repre­sen­ta un retro­ce­so, sino “un impac­to bas­tan­te nega­ti­vo en cómo en la visión éti­ca de todas las deci­sio­nes públi­cas pue­den ocu­par estas poblaciones”.

Reduc­ción presupuestaria 

El artícu­lo 33 de la Ley Espe­cial Inte­gral para una Vida Libre de Vio­len­cia para las Muje­res (Leiv) con­tem­pla que las asig­na­cio­nes de las par­ti­das del Pre­su­pues­to Gene­ral de la Nación deben con­sig­nar cada año recur­sos eti­que­ta­dos en mate­ria de vio­len­cia con­tra las muje­res en cual­quie­ra de sus moda­li­da­des, a cada una de las ins­tan­cias públi­cas, para garan­ti­zar su cum­pli­mien­to. El artícu­lo 34 aña­de que corres­pon­de al Minis­te­rio de Hacien­da garan­ti­zar­lo. Sin embar­go, el Gobierno redu­jo los recursos.

En cuan­to al pre­su­pues­to asig­na­do para el pro­gra­ma Ciu­dad Mujer, hubo una reduc­ción de $2,060,785, de los $11,674,540 esta­ble­ci­dos en el pre­su­pues­to 2019. Para el cum­pli­mien­to de la Leiv y la Ley de Igual­dad, Equi­dad y Erra­di­ca­ción de la Dis­cri­mi­na­ción con­tra las muje­res (Lie) en el Órgano Eje­cu­ti­vo, hubo un recor­te de $1,912,720; las ins­ti­tu­cio­nes des­cen­tra­li­za­das, por su par­te, tuvie­ron una reduc­ción de $2,264 con res­pec­to al año ante­rior, de acuer­do con la revi­sión del “Pre­su­pues­to 2020: Una pers­pec­ti­va de Géne­ro”, de la orga­ni­za­ción Pano­ra­ma Económico.

Ciu­dad Mujer, si bien no des­apa­re­ció, for­mó par­te pre­su­pues­ta­ria­men­te del Fon­do de Inver­sión Social para el Desa­rro­llo Local (FISDL). Pero, según el plan­tea­mien­to del orga­ni­gra­ma, pasa­ría al nue­vo Minis­te­rio de Desa­rro­llo Territorial.»Desde ahí, cuan­do usted inclu­ye pobla­cio­nes que his­tó­ri­ca­men­te han esta­do en des­ven­ta­ja, como las muje­res y que, ade­más, son más de la mitad de la pobla­ción, con múl­ti­ples con­di­cio­nes y bre­chas de des­igual­dad, a una car­te­ra como el Desa­rro­llo Terri­to­rial, en reali­dad lo que hace es diluir­la”, con­si­de­ra Sil­via Juárez.

Tam­bién hubo una dis­mi­nu­ción en el pre­su­pues­to de $48,381,565 en pro­gra­mas con ses­gos de géne­ro implí­ci­tos, como el sub­si­dio al gas licua­do, bono para edu­ca­ción y salud, pen­sión bási­ca uni­ver­sal y Agri­cul­tu­ra Fami­liar, en el Pro­yec­to de Desa­rro­llo y Moder­ni­za­ción Rural para las Regio­nes Cen­tral y Para­cen­tral (PRODEMOR) y Ama­ne­cer Rural. 

Reper­cu­tió, tam­bién, en los Equi­pos Comu­ni­ta­rios de Salud Fami­liar (Ecos), clí­ni­cas comu­ni­ta­rias y uni­da­des de salud, que repre­sen­tan aten­ción a las per­so­nas en el pri­mer nivel en todo el terri­to­rio nacio­nal. En total, hubo una varia­ción de $61,114,414 menos que el defi­ni­do para 2019.

“En el Minis­te­rio de Jus­ti­cia y Segu­ri­dad Públi­ca, había una línea de aten­ción a víc­ti­mas de vio­len­cia de géne­ro que se eli­mi­nó del pre­su­pues­to 2020. Ade­más, otra que nos pare­ce muy preo­cu­pan­te, es que en el Hos­pi­tal Nacio­nal de la Mujer (…) el pre­su­pues­to aumen­tó, de $19 millo­nes a $21 millo­nes, pero si nos vamos con lupa, a ver las líneas pre­su­pues­ta­rias en el hos­pi­tal, nos damos cuen­ta que la aten­ción hos­pi­ta­la­ria tie­ne un recor­te de $9 millo­nes”, seña­la José Luis Maga­ña, eco­no­mis­ta de Pano­ra­ma Económico.

“Al des­apa­re­cer­los o dis­mi­nuir­los, solo con­di­cio­nan a que se agra­ven las con­di­cio­nes de cali­dad de vida y que se aumen­ten, por ejem­plo, índi­ces como el de mor­ta­li­dad mater­na, mor­ta­li­dad de niñez y tam­bién otras afec­ta­cio­nes como la salud sexual y repro­duc­ti­va de las muje­res”, con­clu­ye la coor­di­na­do­ra del Pro­gra­ma por una vida sin vio­len­cia de Ormusa.

El caso de Kar­la es un refle­jo del aban­dono esta­tal y vivir la vida con un agre­sor es una his­to­ria repe­ti­da. Cuan­do tenía sie­te años, su padras­tro comen­zó a abu­sar sexual­men­te de ella. En las noches, ella dor­mía en el sue­lo. La casa en la que vivía con su madre era un espa­cio tan dimi­nu­to en el que cabía solo un catre y unas cuan­tas cosas más. Al dor­mir, apro­ve­chan­do la cegue­ra de su madre por la oscu­ri­dad, el padras­tro se acer­ca­ba y abu­sa­ba de ella. A veces, su madre lo sen­tía, pero tenía mie­do. Mie­do de que él les hicie­ra algo. Por eso nun­ca habló ni hizo nada para evi­tar­lo. “Me decía cosas, que me deja­ra. Me ame­na­za­ba que no dije­ra. Y que me iba a dar pis­to (dine­ro)”, reme­mo­ra Kar­la. Tam­bién abu­só cons­tan­te­men­te de ella cuan­do su madre salía a tra­ba­jar. A cam­bio de la vio­la­ción, le entre­ga­ba $5 dóla­res. A los 12 años que­dó embarazada. 

“A mi hija me la iban a qui­tar los del Isna (Ins­ti­tu­to Sal­va­do­re­ño para el Desa­rro­llo Inte­gral de la Niñez y la Ado­les­cen­cia)”, cuen­ta. Pre­ten­dían dar la cus­to­dia a su tía, pero un juez deci­dió que per­ma­ne­cie­ra con ella. Cuan­do Kar­la cum­plió 16 años, comen­zó a tra­ba­jar en el cam­po reco­lec­tan­do maíz y alcan­zó a ganar $45 dóla­res a la quin­ce­na. Solo lle­gó has­ta el cuar­to gra­do de escue­la. “Yo no que­ría que la niña me dije­ra mamá”, rela­ta Kar­la. Tenía ver­güen­za, no que­ría que las per­so­nas supie­ran que era mamá a tan cor­ta edad. 

“No estoy de acuer­do con el aborto”

El abor­to en El Sal­va­dor es pena­li­za­do. Pue­de variar de dos a doce años de cár­cel y depen­de de si es con­sen­ti­do o pro­pio, sin con­sen­ti­mien­to, come­ti­do por médi­co o indu­ci­do por pare­ja o fami­lia­res, de acuer­do a los artícu­los del 133 al 139 del Códi­go Penal. En el caso de abor­tos extra hos­pi­ta­la­rios, las muje­res pue­den ser con­de­na­das has­ta 30 años de pri­sión, si las auto­ri­da­des con­si­de­ran que hubo homicidio.

“Yo no estoy de acuer­do con el abor­to. Yo creo que el abor­to solo debe apli­car­se cuan­do hay ries­go de la vida de la madre”, dijo Nayib Buke­le a GatoEn­ce­rra­do, cuan­do era can­di­da­to pre­si­den­cial. Esta decla­ra­ción pro­vo­có espe­ran­za en las orga­ni­za­cio­nes defen­so­ras de dere­chos huma­nos, que espe­ra­ban una posi­bi­li­dad en el avan­ce de las res­tric­cio­nes del aborto.

Pero aho­ra, su pos­tu­ra pare­ce haber dado un giro. “Aun­que sea hijo de un vio­la­dor. Es difí­cil, pero el bebé no tie­ne la cul­pa”, le dijo Buke­le al can­tan­te René Perez, cono­ci­do como Resi­den­te. La decla­ra­ción fue hecha a tra­vés de las redes socia­les y una videollamada.

Cuan­do el can­tan­te le pre­gun­tó sobre el abor­to en El Sal­va­dor, Buke­le res­pon­dió: “Fíja­te una cosa: la gen­te dice ‘vamos a estar con los más vul­ne­ra­bles’, ¿Y quié­nes son los más vul­ne­ra­bles? Los niños, las muje­res, los ancia­nos, los pobres, los que son estig­ma­ti­za­dos por ser LGBTI… Toda esta gen­te son los más vul­ne­ra­bles. Las per­so­nas con dis­ca­pa­ci­dad… ¿Y qué pasa con la per­so­na den­tro del vien­tre de la madre? ¿No es una per­so­na vul­ne­ra­ble tam­bién? Es decir, ¿por qué esta­mos con unos vul­ne­ra­bles y por qué no con todos los vul­ne­ra­bles?”, cues­tio­nó el man­da­ta­rio. Meses antes, había cerra­do la SIS y había redu­ci­do el pre­su­pues­to a pro­gra­mas que pre­ci­sa­men­te pre­ten­den redu­cir la bre­cha de des­igual­dad de las pobla­cio­nes vulnerables.

El Gru­po de Tra­ba­jo sobre la Deten­ción Arbi­tra­ria, una ins­tan­cia del Con­se­jo de Dere­chos Huma­nos de las Nacio­nes Uni­das (ONU), reco­men­dó en febre­ro de 2020 al Esta­do sal­va­do­re­ño que libe­re a las muje­res que han sido cri­mi­na­li­za­das tras sufrir emer­gen­cias obs­té­tri­cas y que están encar­ce­la­das. Has­ta el momen­to, el Gobierno no ha res­pon­di­do por estas mujeres.

Minis­tras invisibilizadas

La mayo­ría de nom­bres de los fun­cio­na­rios del gabi­ne­te de Gobierno fue­ron secre­tos has­ta el momen­to de su jura­men­ta­ción. Cuan­do el pre­si­den­te Nayib Buke­le los pre­sen­tó, expu­so con mayor pre­pon­de­ran­cia a las ocho minis­tras desig­na­das de los 16 minis­te­rios de Esta­do. Esto refle­jó un avan­ce his­tó­ri­co, por­que nun­ca antes hubo más de tres muje­res en estos pues­tos y de mane­ra ini­cial en las últi­mas sie­te ges­tio­nes, según LPG Datos.

Las muje­res que apa­re­cie­ron como jefas en las depen­den­cias guber­na­men­ta­les fue­ron la minis­tra de Eco­no­mía, María Hayem; minis­tra de Edu­ca­ción, Kar­la H. de Vare­la; la Can­ci­ller, Ale­xan­dra Hill; minis­tra de Turis­mo, More­na Val­dez; minis­tra de Desa­rro­llo Local, María Chi­chil­co; minis­tra de Cul­tu­ra, Suecy Calle­jas; minis­tra de Vivien­da, Miche­lle Sol; y la minis­tra de Salud, Ana Ore­lla­na. En el lis­ta­do tam­bién apa­re­cen otros car­gos de peso: Egri­sel­da López como emba­ja­do­ra de El Sal­va­dor en la Orga­ni­za­ción de las Nacio­nes Uni­das (ONU), y la comi­sio­na­da pre­si­den­cial de ope­ra­cio­nes del gabi­ne­te de Gobierno, Caro­li­na Recinos. 

Pero la pari­dad solo fue apa­rien­cia, un mero espe­jis­mo. Para More­na Herre­ra, líder femi­nis­ta y pre­si­den­ta de la Agru­pa­ción Ciu­da­da­na por la Des­pe­na­li­za­ción del Abor­to, las minis­tras no son visi­bles en la ges­tión guber­na­men­tal. Tam­po­co el con­te­ni­do de las polí­ti­cas públi­cas refle­ja que haya una bús­que­da por redu­cir la des­igual­dad de género. 

“Fue una ima­gen posi­ti­va. Apa­re­cía como un ras­go de preo­cu­pa­ción en la con­for­ma­ción del Gobierno. Pero más allá del valor que ten­ga cada una de las minis­tras, la pari­dad no está refle­ja­da en las polí­ti­cas del Gobierno. Y, por otro lado, las pro­pias minis­tras apa­re­cen invi­si­bi­li­za­das en la ges­tión guber­na­men­tal. No apa­re­cen como par­te de los suje­tos más acti­vos en el dise­ño de polí­ti­cas del Gobierno”, pun­tua­li­za Herrera. 

Un ejem­plo con­cre­to sobre la invi­si­bi­li­za­ción de las muje­res en un car­go guber­na­men­tal suce­dió con la aho­ra exmi­nis­tra de Salud, Ana Ore­lla­na. El año 2020 reci­bió a la pobla­ción de San Sal­va­dor con agua de gri­fo con mal sabor y olor féti­do. La Admi­nis­tra­ción Nacio­nal de Acue­duc­tos y Alcan­ta­ri­lla­dos (ANDA) dijo que el pro­ble­ma se debía a la pro­li­fe­ra­ción de algas en la plan­ta pota­bi­li­za­do­ra Las Pavas. Ore­lla­na decla­ró que el agua era con­su­mi­ble, a con­di­ción de poner­la her­vir. Inclu­so men­cio­nó que ella la había bebi­do y no afec­tó su salud. La indig­na­ción públi­ca no se hizo espe­rar. A par­tir de ese momen­to, el Gobierno la rele­gó y empe­zó a apa­re­cer más el enton­ces vice­mi­nis­tro de Salud, Fran­cis­co Ala­bí, has­ta que en mar­zo el pre­si­den­te lo jura­men­tó como el nue­vo minis­tro de Salud.

Para la líder femi­nis­ta, esa mane­ra de sus­ti­tuir es nega­ti­va para la posi­bi­li­dad de com­par­tir res­pon­sa­bi­li­da­des de direc­ción del Esta­do para hom­bres y muje­res y es una con­duc­ta polí­ti­ca que gol­pea a las muje­res. “Lo mis­mo pasó con la direc­to­ra del Isde­mu (Ins­ti­tu­to Sal­va­do­re­ño para el Desa­rro­llo de la Mujer). Yo creo que, lamen­ta­ble­men­te, otras minis­tras que tie­nen poten­cial, que tie­nen capa­ci­dad, tam­bién están invi­si­bi­li­za­das en la ges­tión guber­na­men­tal”, añadió. 

“Hay que for­ta­le­cer los pro­gra­mas de salud sexual y repro­duc­ti­va. Ha habi­do un debi­li­ta­mien­to de los meca­nis­mos ins­ti­tu­cio­na­les para el avan­ce de los dere­chos de las muje­res. Ha habi­do un debi­li­ta­mien­to gene­ral. En edu­ca­ción tam­po­co se lo está plan­tean­do. En edu­ca­ción hay nudos gra­ves como, por ejem­plo, la deser­ción esco­lar de niñas y ado­les­cen­tes, que tie­ne un nudo bien cla­ro en el emba­ra­zo ado­les­cen­te”, eva­lúa Herre­ra, como ejem­plos de la fal­ta de pari­dad en las polí­ti­cas públicas.

Ence­rra­dos, pero libres para matar

En 2019, el Minis­te­rio de Jus­ti­cia y Segu­ri­dad Públi­ca con­fir­mó 230 femi­ni­ci­dios. Esto repre­sen­tó una dis­mi­nu­ción de 156 casos, equi­va­len­te al 40 % si se com­pa­ra con el año 2018. En cuan­to a homi­ci­dios, en 2019 se come­tie­ron 2,398, una reduc­ción del 28 % con res­pec­to al año ante­rior. El Gobierno de Nayib Buke­le adju­di­ca esta reduc­ción a la imple­men­ta­ción del plan Con­trol Terri­to­rial, cuyo con­te­ni­do es secre­to para la socie­dad civil.

Si antes de la pan­de­mia la vio­len­cia con­tra las muje­res era un ver­da­de­ro tor­men­to, el con­fi­na­mien­to for­zo­so imple­men­ta­do a par­tir de mar­zo por el Gobierno para evi­tar el con­ta­gio, es una tem­po­ra­da en el infierno para muchas muje­res. Debi­do a ello, y a que en el terri­to­rio hay menos cir­cu­la­ción de per­so­nas, la defen­so­ra de dere­chos Sil­via Juá­rez, con­si­de­ra que la casa es un terreno fér­til para que los vic­ti­ma­rios se sien­tan con mayor impu­ni­dad para actuar. Gene­ral­men­te, los vic­ti­ma­rios tie­nen un ori­gen en entor­nos cer­ca­nos de las víctimas. 

El virus del machis­mo y la miso­gi­nia ha mata­do a más muje­res que la COVID-19. Des­de la imple­men­ta­ción de la cua­ren­te­na has­ta el 25 de mayo, han ocu­rri­do 23 femi­ni­ci­dios, de acuer­do al segui­mien­to de medios que rea­li­za Ormu­sa. Esa es una cifra alar­man­te si se com­pa­ra con los 12 per­pe­tra­dos en enero 2020, según el Ins­ti­tu­to de Medi­ci­na Legal. Has­ta este 25 de mayo, el Gobierno había con­fir­ma­do al menos 11 muer­tes de muje­res por coronavirus. 

Para Juá­rez, los femi­ni­ci­dios “reve­lan lo que hemos veni­do dicien­do des­de un ini­cio: no es cier­to que la pan­de­mia en este caso vaya a tra­tar a todos por igual, sino que, más bien, ha pues­to en evi­den­cia nues­tras des­igual­da­des”. Las muje­res asu­men labo­res de pro­tec­ción y cui­da­dos para las fami­lias, son las desig­na­das para el abas­te­ci­mien­to de ali­men­tos, colec­tar agua, pagar reci­bos, entre otras tareas, acla­ra Juárez. 

Lau­ra Morán, coor­di­na­do­ra del Eje Vida Libre de Vio­len­cia para las Muje­res, del equi­po terri­to­rial de San Sal­va­dor de la Colec­ti­va Femi­nis­ta, regis­tra un incre­men­to de la vio­len­cia, sobre­to­do, psi­co­ló­gi­ca. Del 21 de mar­zo al 11 de abril, el Cen­tro de Aten­ción de Muje­res en Situa­ción de Vio­len­cia brin­dó aten­ción a 120 muje­res a tra­vés de la línea tele­fó­ni­ca de ase­so­ría, mien­tras que en meses ante­rio­res, se reci­bían entre 11 y 15 denun­cias. Según esta abo­ga­da, 57 de los casos han sido de vio­len­cia psi­co­ló­gi­ca. “Esta situa­ción de haci­na­mien­to aumen­ta las ten­sio­nes. La salud men­tal no ha sido tra­ta­da de la mane­ra más ade­cua­da”, considera. 

Ormu­sa tam­bién regis­tra un aumen­to del 70 % de la vio­len­cia con­tra las muje­res. Según el regis­tro del Cen­tro de Aten­ción Legal de Ormu­sa, el 49 % de las denun­cias están rela­cio­na­das a vul­ne­ra­cio­nes a dere­chos eco­nó­mi­cos, labo­ra­les y patri­mo­nia­les. “Tam­bién vemos cómo hay vul­ne­ra­cio­nes muy recu­rren­tes, por ejem­plo, a dere­chos que tie­nen que ver con labo­res de cui­da­do de hijos e hijas, vio­len­cia intra­fa­mi­liar y vemos tam­bién cómo es recu­rren­te esta prác­ti­ca de vio­len­cia psi­co­emo­cio­nal con­tra las muje­res”, mani­fies­ta Juárez.

La vio­len­cia sexual tam­bién se ha man­te­ni­do y la can­ti­dad de muje­res des­apa­re­ci­das aumen­tó: en 2018 hubo 560 des­apa­re­ci­das y 676 en 2019, según el Obser­va­to­rio de vio­len­cia de géne­ro con­tra las muje­res de Ormusa.

Hace dos años, Kar­la sufría vio­len­cia físi­ca por par­te de su pare­ja. Muchas veces, fren­te a sus hijos. “La niña sale a con­tar en casa de mamá, que nos pega. Así que todo el mun­do se da cuen­ta (…) Yo lo que hacía era aga­rrar un garro­te, no me deja­ba”, rela­ta, sobre la mane­ra en la que tra­tó de defen­der­se de los gol­pes. Para dete­ner el abu­so, Kar­la ha dicho que lo denun­cia­rá ante la poli­cía. “A él no le gus­ta que lo ame­na­ce con eso, por­que ahí segui­do pasa la poli­cía”, dice. En aquel enton­ces, José la obli­ga­ba a tener rela­cio­nes sexua­les, aun cuan­do ella no quería. 

Aho­ra reci­be gri­tos y tam­bién insul­tos en voz baja, para que los veci­nos o los agen­tes poli­cia­les no pue­dan oír­lo. “Me dice mal­di­ta”, deta­lla. Aho­ra que per­ma­ne­ce más tiem­po en casa por la cua­ren­te­na domi­ci­liar, lo per­ci­be alte­ra­do y tie­ne mie­do de vol­ver al tiem­po en el que era vio­len­to y le tira­ba piedras.

El silen­cio de Isdemu

El Ins­ti­tu­to Sal­va­do­re­ño para el Desa­rro­llo de la Mujer (Isde­mu) es la ins­ti­tu­ción rec­to­ra de la Leiv que, según el artícu­lo 12 y 13, debe garan­ti­zar su cum­pli­mien­to y eje­cu­ción inte­gral y ela­bo­rar polí­ti­cas públi­cas para el acce­so de las muje­res a una vida libre de vio­len­cia. Sin embar­go, pare­ce más ausen­te que nun­ca en medio de la pan­de­mia. Ni las orga­ni­za­cio­nes civi­les ni el Órgano Legis­la­ti­vo pue­den dar fe del tra­ba­jo de Isdemu. 

“Defi­ni­ti­va­men­te Isde­mu no tie­ne com­pro­mi­so o no le impor­ta la situa­ción que viven las muje­res sal­va­do­re­ñas, pese a que es la ins­ti­tu­ción rec­to­ra de toda la nor­ma­ti­va que debe pro­te­ger­las. Y las muje­res han sen­ti­do ese recha­zo por par­te del eje­cu­ti­vo a tra­vés de Isde­mu, que se vuel­ve cóm­pli­ce”, mani­fies­ta la dipu­tada del FMLN, Dina Argue­ta. La Comi­sión de la Mujer de la Asam­blea Legis­la­ti­va ha inten­ta­do, sin éxi­to, reu­nir­se con la ins­ti­tu­ción, pero siem­pre hay una excu­sa para no ren­dir informe. 

GatoEn­ce­rra­do ha inten­ta­do cono­cer la pos­tu­ra de Isde­mu en varias oca­sio­nes, pero ha sido impo­si­ble. El área de comu­ni­ca­cio­nes ha dicho que las entre­vis­tas deben ges­tio­nar­se en la ofi­ci­na de pren­sa de Casa Pre­si­den­cial, don­de el secre­ta­rio de pren­sa, Ernes­to Sana­bria, tie­ne la últi­ma pala­bra. GatoEn­ce­rra­do tam­bién inten­tó hablar en varias oca­sio­nes con Yuri­ko Sal­ga­do, dipu­tada de Gana, para cono­cer su pos­tu­ra sobre el tra­ba­jo del Gobierno en la emer­gen­cia y del Isde­mu, pero tam­po­co fue posible. 

Kar­la no quie­re que su his­to­ria se repi­ta en la vida de su hija. Así que cada vez que visi­ta a su madre en esta cua­ren­te­na, se lle­va a su peque­ña con ella. “Yo ten­go cui­da­do cuan­do se que­da con­mi­go y el hom­bre se que­da ahí tam­bién. Muchas veces la gen­te dice que él pue­de hacer lo mismo…”.

Fuen­tes: https://​gatoen​ce​rra​do​.news/​2​0​2​0​/​0​6​/​0​1​/​e​l​-​t​r​a​b​a​j​o​-​c​o​s​m​e​t​i​c​o​-​d​e​l​-​g​o​b​i​e​r​n​o​-​p​o​r​-​l​a​s​-​m​u​j​e​r​e​s​-​s​a​l​v​a​d​o​r​e​n​as/

Rebe­lión.

Itu­rria /​Fuen­te

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