Bra­sil. El sicó­pa­ta Bolsonaro

Por Iosu Pera­les. Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 2 de junio de 2020 

Bra­sil está en des­gra­cia. Su pre­si­den­te Jair Bol­so­na­ro se ha atrin­che­ra­do en el nega­cio­nis­mo y desa­fía al virus a pecho des­cu­bier­to, pro­vo­can­do aglo­me­ra­cio­nes en las que repar­te besos y abra­zos, mien­tras repi­te que el coro­na­vi­rus es un cata­rro y como mucho una gripe.

Entre tan­to, su país es ya el segun­do, tras Esta­dos Uni­dos con más con­ta­gios y falle­ci­dos (400.000 y 26.000 res­pec­ti­va­men­te a 29 de abril). Así, mien­tras el pre­si­den­te da la espal­da a la pobla­ción que entie­rra sus muer­tos como pue­de, los habi­tan­tes de las fave­las, los más pobres de Bra­sil jun­to con los indios del Ama­zo­nas dan un ejem­plo de cor­du­ra auto­ges­tio­nan­do la emer­gen­cia sani­ta­ria en sus territorios.

Des­de el pri­mer momen­to Bol­so­na­ro asu­mió como suya la posi­ción con­tra­ria al con­fi­na­mien­to de Donald Trump, pero mien­tras este últi­mo tuvo que hacer rec­ti­fi­ca­cio­nes cuan­do com­pro­bó que la Casa Blan­ca esta­ba aco­sa­da por el virus, el pre­si­den­te de Bra­sil se ha ido radi­ca­li­zan­do en su nega­cio­nis­mo insul­tan­do y ame­na­zan­do inclu­so a gober­na­do­res de esta­dos fede­ra­les que sí han toma­do medi­das de segu­ri­dad sani­ta­ria. Es ver­dad que su posi­ción le ha lle­va­do a una sole­dad des­de la que ha teni­do que aguan­tar la dimi­sión suce­si­va de dos minis­tros de Salud, Nel­son Teich y Hen­ri­que Man­det­ta, que lle­ga­ron a la con­clu­sión que su pre­si­den­te toma posi­cio­nes irres­pon­sa­bles. Sus dife­ren­cias se con­cre­ta­ron en rela­ción a la cua­ren­te­na y al uso tera­péu­ti­co de la cloroquina.

En reali­dad muchos de los apo­yos que obtu­vo para lle­gar a la pre­si­den­cia se han esfu­ma­do. Recien­tes encues­tas dan un 7% de apo­yo a la ges­tión que hace Bol­so­na­ro del coro­na­vi­rus, mien­tras el 93% se mues­tra en con­tra. Ya es sig­ni­fi­ca­ti­vo que el pode­ro­so O Glo­bo es aho­ra uno de los agen­tes más crí­ti­cos. Tam­bién entre altos jefes mili­ta­res se extien­den las crí­ti­cas al pre­si­den­te. Pero tal vez la dimi­sión más sig­ni­fi­ca­ti­va es la del minis­tro de Jus­ti­cia, el juez Ser­gio Moro que metió en la cár­cel a Luiz Inázio Lula da Sil­va en un caso cla­ro de mani­fies­ta pre­va­ri­ca­ción, lo que fue pre­mia­do por Bol­so­na­ro con un minis­te­rio. La razón de este pre­mio es tan sim­ple como que la inha­bi­li­ta­ción de Lula, favo­ri­to en las encues­tas, dejó la pis­ta libre de gana­dor a Bolsonaro.

Todo esto expli­ca que en la actua­li­dad, tan­to en tri­bu­na­les como en el par­la­men­to se hayan soli­ci­ta­do medi­das de inha­bi­li­ta­ción del actual pre­si­den­te, lo que se sus­tan­cia­rá en pró­xi­mos meses.

¿Cómo pue­de expli­car­se la lle­ga­da a la pre­si­den­cia de quien algu­nas ana­lis­tas no dudan en lla­mar sicó­pa­ta? Lo cier­to es que está com­pro­ba­do que el “mila­gro” de su abrup­to ascen­so se debe en par­te al des­plie­gue de miles de pas­to­res neo­pen­te­cos­ta­les lle­van­do a cabo una cru­za­da por el ex mili­tar duran­te la cam­pa­ña electoral.

Esta fuer­za evan­gé­li­ca inter­vie­ne cada vez más en el terreno polí­ti­co, ata­can­do en tres fren­tes simul­tá­neos: en el Con­gre­so, don­de “la ban­ca­da de la Biblia” con­tro­la la quin­ta par­te de la Cáma­ra de Dipu­tados; en la pren­sa masi­va con su mul­ti­me­dio Record, el segun­do del país que recor­ta el espa­cio de la Rede O Glo­bo; y en las barria­das popu­la­res, don­de tie­ne una pene­tra­ción terri­to­rial que no logra nin­gún otro par­ti­do. Frei Bet­to lo denun­cia: las igle­sias evan­gé­li­cas están toman­do en Bra­sil los pode­res legis­la­ti­vos, eje­cu­ti­vo y judicial.

Otras patas de apo­yo son los mili­ta­res, 70 de los cua­les alcan­za­ron el par­la­men­to en las lis­tas elec­to­ra­les y su gurú eco­nó­mi­co Pau­lo Gue­des, un Chica­go boy que ase­gu­ra un rum­bo ultra­li­be­ral. Pro­ba­ble­men­te, a estas altu­ras y según encues­tas, Bol­so­na­ro se está equi­vo­can­do y los apo­yos reli­gio­sos se están redu­cien­do en la mis­ma medi­da en que el virus va sem­bran­do de muer­te a la tota­li­dad del país.

Es curio­so que Bol­so­na­ro gana­ra las elec­cio­nes con un dis­cur­so anti­sis­te­ma, cuan­do él mis­mo lle­va­ba 28 años de dipu­tado. Pero más inquie­tan­te es el hecho de que las gana­ra afir­man­do su apo­yo al gol­pe de Esta­do de 1964 que dio lugar a una dic­ta­du­ra mili­tar san­grien­ta. Él mis­mo afir­mó en ple­na cam­pa­ña elec­to­ral que la dic­ta­du­ra se equi­vo­có al no haber mata­do más.

En este pun­to, la pre­gun­ta puñe­te­ra es ¿dón­de está el PT de Lula? Todo pare­ce indi­car que el PT, con­tra­rio al pro­ce­so de des­ti­tu­ción (impeach­ment) de Dil­ma Rous­seff en mayo de 2016, no ve cla­ro que aho­ra se pon­ga a la cabe­za de un impeach­ment con­tra Bol­so­na­ro, por cohe­ren­cia. Pare­cie­ra que está espe­ran­do a que el pre­si­den­te cai­ga como fru­ta madu­ra por efec­to de las pre­sio­nes de otros acto­res polí­ti­cos, eco­nó­mi­cos, socia­les y has­ta mili­ta­res. No obs­tan­te, su recien­te ofen­si­va regio­nal abun­dan­do en la idea de que Bra­sil cons­ti­tu­ye una ame­na­za para la exten­sión del virus a todos los rin­co­nes de Amé­ri­ca Lati­na, pudie­ra estar pre­pa­ran­do un cam­bio de posi­ción del PT en pro de ser par­te acti­va de un impeach­ment con­tra Bol­so­na­ro por res­pon­sa­bi­li­dad con­ti­nen­tal en la trans­mi­sión del virus.

En todo caso al PT de Lula le que­da una refle­xión por hacer. Redu­jo en mucho la pobre­za duran­te sus gobier­nos pero no logró hacer trans­for­ma­cio­nes estruc­tu­ra­les, y falló segu­ra­men­te en las asig­na­tu­ras de éti­ca y de orga­ni­za­ción de los tra­ba­ja­do­res. Eso y la corrup­ción hizo que aumen­ta­ran las crí­ti­cas con­tra su ges­tión, alla­nan­do el camino a Bol­so­na­ro. Pero al PT no le bas­ta­rá con vol­ver al gobierno. No pue­de pen­sar sola­men­te en ganar unas elec­cio­nes. Nece­si­ta recu­pe­rar la divi­sión de pode­res, la inde­pen­den­cia de los jue­ces, seguir ganan­do terreno a la pobre­za, rever­tir la eco­no­mía ultra­li­be­ral y los com­por­ta­mien­tos neo­fas­cis­tas de sec­to­res del Esta­do, devol­ver a los mili­ta­res a los cuar­te­les y sanear unas poli­cías corrom­pi­das por los nar­cos. Difí­cil tarea para un Lula que nece­si­ta­rá algo así como un Fren­te Amplio Demo­crá­ti­co y una alian­za espe­cial con Ciro Gómez, líder del PDT (Par­ti­do Demo­crá­ti­co Laborista).

* Fuen­te: Rebelión.org

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