Perú. La estra­te­gia de lucha con­tra el Covid-19

Por Gus­ta­vo Espi­no­za M./​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 29 de mayo de 2020

Hace unos días el Pre­si­den­te de la Repu­bli­ca infor­mo a la ciu­da­da­nía la pró­rro­ga del Esta­do de Emer­gen­cia dis­pues­to en el Perú des­de el 14 de mar­zo pasa­do, y seña­ló un nue­vo lími­te para su cul­mi­na­ción: el 30 de junio pró­xi­mo. La cir­cuns­tan­cia per­mi­te esbo­zar un aná­li­sis de la estra­te­gia segui­da ante esta cri­sis, en la idea no de encon­trar res­pon­sa­bles per­so­na­les de lo que ocu­rre, sino seña­lar cri­te­rios que per­mi­tan enten­der la natu­ra­le­za de los fenó­me­nos que hoy ago­bian al país. Hay que hacer­lo, cons­cien­tes que es un ries­go. El fenó­meno aún no ha con­clui­do. Está en pro­ce­so, y éste, toda­vía es incierto.

Para mejor com­pren­sión, resul­ta indis­pen­sa­ble alu­dir a algu­nos hechos vin­cu­la­dos a nues­tra his­to­ria recien­te. Veamos:

EL ANTECEDENTE HISTÓRICO DE LA CRISIS

Fue des­pués de la caí­da del gobierno de Juan Velas­co Alva­ra­do ‑agos­to de 1975- que comen­zó a hablar­se en el Perú de la nece­si­dad de “rein­ser­tar al país en el sis­te­ma finan­cie­ro inter­na­cio­nal”. Fue pri­me­ro el Plan Barúa y lue­go el Plan Piaz­za, digi­ta­dos ambos en la som­bra por Javier Sil­va Rue­te, hom­bre muy liga­do al Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal y al Ban­co Mun­dial, bajo el man­do del nue­vo régi­men a car­go de Fran­cis­co Mora­les Bermúdez.

Esos pro­gra­mas pro­pu­sie­ron las pri­me­ras medi­das des­ti­na­das a aban­do­nar el camino patrió­ti­co reco­rri­do a par­tir de 1968, y reto­mar el vie­jo mode­lo de depen­den­cia que nos ata­ba al Gran Capital.

El cam­bio no se hizo sin resis­ten­cia obre­ra. Los tra­ba­ja­do­res y el pue­blo libra­ron duras luchas por pre­ser­var las tras­for­ma­cio­nes revo­lu­cio­na­rias del pro­ce­so ante­rior. Los Paros Nacio­na­les 1977 y 1978 y los pos­te­rio­res de 1981 y 1984, fue­ron expre­sión del des­con­ten­to popu­lar ante el nue­vo derro­te­ro tra­za­do por quie­nes asu­mie­ron el con­trol de Esta­do en esa eta­pa de la vida peruana. 

Sin poder hacer fren­te a las accio­nes de masas des­ple­ga­das en el país, los gobier­nos de Belaun­de y Gar­cía, entre 1980 y 1990 eje­cu­ta­ron modi­fi­ca­cio­nes de poca inci­den­cia en la estruc­tu­ra pro­duc­ti­va nacio­nal, aun­que apun­ta­ron, en lo fun­da­men­tal, a res­ta­ble­cer el Poder de los Par­ti­dos Tra­di­cio­na­les y de la vie­ja oli­gar­quía, así como des­car­gar la cri­sis sobre los hom­bros de los tra­ba­ja­do­res. Para tal efec­to, ama­ga­ron cam­bios en la legis­la­ción del tra­ba­jo que con­tri­bu­ye­ron a menos­ca­bar el papel de los sindicatos

LA DICTADURA FUJIMORISTA

Fue a par­tir de 1990 que se plan­teó en el país lo que sería una suer­te de vira­je defi­ni­ti­vo hacia el Gran Capi­tal. Este, se esbo­zó cla­ra­men­te en el pro­gra­ma “reac­ti­va­dor” de agos­to del 90 que fue salu­da­do por el FMI, ins­ti­ga­dor del Shock, y que reco­men­da­ra al Perú la medi­da para “poner­se a tono” con las exi­gen­cias del sis­te­ma finan­cie­ro internacional.

El Gol­pe de 5 de abril hizo el res­to. Por su acción, y a par­tir de la írri­ta Cons­ti­tu­ción de 1993 impues­ta median­te un refe­rén­dum ama­ña­do, el gobierno impu­so final­men­te las rece­tas neo libe­ra­les idea­das por los “Chica­go boys” y que habían teni­do su bau­ti­zo en la región gra­cias a la dic­ta­du­ra ase­si­na de Augus­to Pino­chet en Chile.

Hay que recor­dar que este “cam­bio” tuvo lugar en un esce­na­rio nacio­nal con­vul­so. Fue­ron esos los “años de la vio­len­cia”, en los que se des­ple­gó una ver­da­de­ra gue­rra de exter­mi­nio con­tra las pobla­cio­nes más inde­fen­sas de la vida nacio­nal, sobre todo en el inte­rior del país. El pre­tex­to fue el “com­ba­te al terro­ris­mo” que, sos­pe­cho­sa­men­te aso­mó en ese perio­do, y per­mi­tió que la cla­se domi­nan­te lo usa­ra a su anto­jo para fas­cis­ti­zar a la Fuer­za Arma­da y repri­mir cruel­men­te a la ciudadanía.

Tam­po­co en este perio­do, estu­vo ausen­te la lucha de los tra­ba­ja­do­res y el pue­blo por impe­dir la acción reac­cio­na­ria. Los Sin­di­caos fue­ron gol­pea­dos y una ola de exter­mi­nio se exten­dió en el cam­po y en las ciu­da­des, sem­bran­do la con­fu­sión y el mie­do en amplios sec­to­res. El ase­si­na­to de líde­res popu­la­res como María Ele­na Moyano y Pas­cua­la Rosa­do, y de diri­gen­tes sin­di­ca­les como Pedro Huil­ca Tec­se, fue la expre­sión más sal­va­je, de un perio­do con­vul­so en el que el gobierno bus­có aplas­tar a cual­quier pre­cio, la resis­ten­cia popular.

Esa ofen­si­va le per­mi­tió apli­car en toda su exten­sión el “mode­lo” Neo Liberal.

LOS RASGOS DEL NEO LIBERALISMO

Como se sabe, el Neo Libe­ra­lis­mo lle­gó al Perú cuan­do se qui­so imi­tar la supues­ta­men­te exi­to­sa “expe­rien­cia chi­le­na”. En el país del sur, lue­go del ase­si­na­to del Pre­sien­te Allen­de y del Gol­pe de sep­tiem­bre de 1973, los mili­ta­res más reac­cio­na­rios, lide­ra­dos por Augus­to Pino­chet, impu­sie­ron el Neo Libe­ra­lis­mo toma­do de Mil­ton Freed­man y los eco­no­mis­tas de Chicago.

Par­tien­do de teo­rías vin­cu­la­das a la defen­sa del Esta­do vigen­te, según Pie­rre Bour­dieu, el Neo Libe­ra­lis­mo bus­có La mun­dia­li­za­ción de los mer­ca­dos finan­cie­ros, uni­da al pro­gre­so de las téc­ni­cas de infor­ma­ción” para ase­gu­rar “una movi­li­dad sin pre­ce­den­tes del capi­tal y dar a los inver­sio­nis­tas, preo­cu­pa­dos de la ren­ta­bi­li­dad a cor­to pla­zo de sus inver­sio­nes, la posi­bi­li­dad de com­pa­rar de mane­ra per­ma­nen­te la ren­ta­bi­li­dad de las más gran­des empre­sas y de san­cio­nar en con­se­cuen­cia los fra­ca­sos relativos”.

Aquí, el “Mode­lo” lle­gó con carac­te­rís­ti­cas pro­pias. Cua­tro fue­ron sus ras­gos dis­tin­ti­vos, los que se han pro­lon­ga­do aún en nues­tro tiem­po. Veamos:

El pri­me­ro, tie­ne que ver con el endio­sa­mien­to del Mer­ca­do, al que se con­si­de­ró la pie­dra angu­lar de la eco­no­mía y de la vida social. Según el cri­te­rio de los minis­tros de eco­no­mía de enton­ces, Car­los Bolo­ña y J.D. Camet, el Mer­ca­do debía regu­lar todo: las tran­sac­cio­nes comer­cia­les, los con­tra­tos, los pre­cios, los sala­rios, las rela­cio­nes de tra­ba­jo, la salud, la edu­ca­ción, los ser­vi­cios indis­pen­sa­bles, el com­por­ta­mien­to del Estado.

Lo que se ade­cua­ba a las “leyes del Mer­ca­do” era apli­ca­ble. Y lo que disen­tía de ellas, o seña­la­ba un derro­te­ro dis­tin­to; era mote­ja­do sim­ple­men­te como “popu­lis­ta” o “socia­li­zan­te”, por lo que se le deja­ba de lado, sin con­si­de­ra­ción algu­na. Esta noción fue apa­re­ja­da con el cam­bio del pro­ce­so pro­duc­ti­vo. Se con­si­de­ró que el país no nece­si­ta­ba indus­tria­li­zar­se, ni pro­du­cir. Podía vivir del turis­mo y de la pres­ta­ción de ser­vi­cios, por lo que el comer­cio adqui­rió mayor dimen­sión en detri­men­to de la pro­duc­ción fabril y aun de la agricultura.

El segun­do, fue el debi­li­ta­mien­to del papel del Esta­do en la vida nacio­nal. La Cons­ti­tu­ción del 93 le reco­no­ció al Esta­do un rol “sub­si­dia­rio”. No podía par­ti­ci­par en la eco­no­mía, ni tener empre­sas, ni alen­tar inver­sio­nes, ni copar mer­ca­dos. En esa línea, se ven­die­ron muchas empre­sas públi­cas y otras sim­ple­men­te se hicie­ron que­brar, como fue el caso de Aero Perú o la Cor­po­ra­ción Perua­na de Vapo­res, o inclu­so la lla­ma­da Ban­ca de Fomen­to. El Esta­do que­dó rele­ga­do a su míni­ma expre­sión, y sus recur­sos finan­cie­ros se vie­ron osten­si­ble­men­te debilitados.

Como con­se­cuen­cia de esta polí­ti­ca, casi un millón de tra­ba­ja­do­res del sec­tor pro­duc­ti­vo y finan­cie­ro per­die­ron su empleo a la par que muchas empre­sas indus­tria­les que­bra­ron. Los des­pe­di­dos no tuvie­ron más alter­na­ti­va que crear sus pro­pios pues­tos de tra­ba­jo, o des­en­vol­ver­se como taxis­tas. Así cre­ció de modo desor­bi­ta­do el comer­cio infor­mal y el par­que auto­mo­tor reba­só sus posi­bi­li­da­des operativas.

El ter­cer ras­go fue el alien­to a la inver­sión pri­va­da. La idea no fue inver­tir en lo que fue­ra nece­sa­rio para el desa­rro­llo o el pro­gre­so, sino en lo que fue­ra ren­ta­ble, de acuer­do a las leyes del mer­ca­do. Se pri­vi­le­gió enton­ces el con­su­mis­mo se abrie­ron gale­rías, gran­des alma­ce­nes, hote­les, lujo­sos res­tau­ran­tes, flo­re­cien­tes tien­das comer­cia­les; se alen­tó el uso de artícu­los sun­tua­rios, la ropa de moda, el cal­za­do esco­gi­do, la infor­má­ti­ca y la comu­ni­ca­ción sate­li­tal hacien­do con­ce­bir a la gen­te que eso, impli­ca­ba pro­gre­so y desa­rro­llo. Para este efec­to, el uso de los medios de comu­ni­ca­ción, fue vital.

A fin de garan­ti­zar el rol de la inver­sión pri­va­da, el Esta­do otor­gó, o ava­ló, cré­di­tos, prés­ta­mos y garan­tías ante los orga­nis­mos finan­cie­ros inter­na­cio­na­les; al tiem­po que pro­mo­vió la inver­sión pri­va­da de con­sor­cios mul­ti­na­cio­na­les. Para ese efec­to, puso a subas­ta los recur­sos públi­cos y otor­gó faci­li­da­des excep­cio­na­les a las empre­sas mine­ras, lo que, adi­cio­nal­men­te, afec­tó los recur­sos hídri­cos y la biodiversidad

Y el cuar­to, fue el con­si­de­rar abso­lu­ta­men­te mar­gi­nal el rol de los tra­ba­ja­do­res cuyos dere­chos bási­cos fue­ron con­cul­ca­dos. Sin esta­bi­li­dad en el empleo, con sala­rios pau­pé­rri­mos, sin dere­cho a la jubi­la­ción y esquil­ma­dos por las AFPs impor­ta­das de Chi­le; los tra­ba­ja­do­res debie­ron acep­tar con­tra­tos a pla­zo fijo, empleos tem­po­ra­les y pre­ca­rios; y has­ta la amplia­ción de las jor­na­das de tra­ba­jo sin pago adi­cio­nal. Lo que cons­ti­tuía un paraí­so para los capi­ta­lis­tas, era sim­ple­men­te un infierno para los trabajadores.

El seg­men­to más afec­ta­do que sin duda el de los tra­ba­ja­do­res jubi­la­dos. De hecho quie­nes lle­ga­ron a esa situa­ción, pasa­ron a per­ci­bir ingre­sos minúscu­los, incom­pa­ti­bles con la dig­ni­dad huma­na; pero los que se incor­po­ra­ron a la PEA como fuer­za pro­duc­ti­va, per­die­ron la posi­bi­li­dad de alcan­zar ese sta­tus por cuan­to, gra­cias a su tra­ba­jo even­tual y sus con­tra­tos “a pla­zo fijo”, per­die­ron la posi­bi­li­dad de acu­mu­lar tiem­po de servicios.

EN ESE MARCO, LA PANDEMIA

En ese mar­co, aso­mó en el país el Coro­na­vi­rus; la pan­de­mia más letal que afec­ta la vida de los peruanos.

Todos somos cons­cien­tes, por cier­to, que no se tra­ta de un pro­ble­ma nacio­nal. Ori­gi­na­da en una ciu­dad Chi­na ‑Wu Huan- se expan­dió rápi­da­men­te por Euro­pa cau­san­do seve­ros daños y lle­gó a Amé­ri­ca Lati­na don­de puso ante duros aprie­tos, a gobier­nos y a pue­blos. A más de dos meses de regis­tra­da en las pan­ta­llas de nues­tros paí­ses, aún no ha sido con­tro­la­da y toda­vía se le sitúa en su fase de expansión.

En el Perú, el COVID-19 ha teni­do dra­má­ti­cas con­se­cuen­cias y gene­ra­do dolo­ro­sas pér­di­das para fami­lias y hoga­res. Com­ba­ti­da des­de un ini­cio, la estra­te­gia que le hizo fren­te no ha dado los resul­ta­dos espe­ra­dos. Vea­mos los ele­men­tos que han inci­di­do en ella para com­pren­der su esencia:

El Perú fue qui­zá el pri­mer país de la región que se puso en guar­dia ante la Pan­de­mia, y adop­tó medi­das para enfren­tar­la. Esto fue reco­no­ci­do por la ciu­da­da­nía y admi­ti­do por los orga­nis­mos inter­na­cio­na­les encar­ga­dos de estu­diar la evo­lu­ción del fenómeno.

El dis­tan­cia­mien­to social, la higie­ne per­so­nal y la cua­ren­te­na, res­pon­dían a una nece­si­dad apre­mian­te y así fue­ron asu­mi­das por la pobla­ción des­de un ini­cio. No obs­tan­te, bien pue­de decir­se que estas medi­das no die­ron los resul­ta­dos pre­vis­tos. Hay que pre­gun­tar­se por qué.

LAS LIMITACIONES DEL GOBIERNO VIZCARRA

El gobierno de Mar­tín Viz­ca­rra tie­ne diver­sas limi­ta­cio­nes. Las resu­mi­re­mos, en cinco.

Pese a con­tar con un sig­ni­fi­ca­ti­vo res­pal­do ciu­da­dano ‑des­de que asu­mió su man­da­to Mar­tín Viz­ca­rra ha supe­ra­do el 50% en mate­ria de acep­ta­ción ciu­da­da­na, y hoy regis­tra un 80% de la mis­ma- el Jefe de Esta­do no tie­ne base social pro­pia. Care­ce de Par­ti­do que lo res­pal­de, no tie­ne repre­sen­ta­ción par­la­men­ta­ria que sus­ten­te sus pro­yec­tos y no dis­po­ne tam­po­co de un círcu­lo homo­gé­neo y sol­ven­te de cola­bo­ra­do­res que pue­dan asu­mir las altas res­pon­sa­bi­li­da­des del Esta­do. Eso lo ha obli­ga­do a cam­biar de minis­tros con fre­cuen­cia y a bus­car nue­vos titu­la­res en Car­te­ras cla­ves para la coyun­tu­ra: Salud e Interior.

Su man­da­to pre­si­den­cial es cues­tio­na­do por algu­nas gen­tes y por sec­to­res polí­ti­cos intere­sa­dos en deni­grar su ges­tión. Como se sabe, fue elec­to Vice­pre­si­den­te el 2026, y sólo asu­mió la jefa­tu­ra de la nación lue­go de la renun­cia del titu­lar de la pla­za, Pedro Pablo Kuczyns­ki. Es común, en redes socia­les, encon­trar per­so­nas que se pre­gun­ten ¿quién lo eli­gió como Pre­si­den­te?. Eso, obje­ti­va­men­te, mina su ima­gen en algu­nos seg­men­tos de la socie­dad, y le res­ta fuer­za para lide­rar un apa­ra­to buro­crá­ti­co del Esta­do corroí­do por la corrup­ción, y que fue for­ja­do por las admi­nis­tra­cio­nes ante­rio­res, hoy cuestionadas.

Una segun­da debi­li­dad, y qui­zá la más impor­tan­te, deri­va del hecho que se mue­ve den­tro del esque­ma neo libe­ral, lo que cons­ti­tu­ye su pro­pia opción ideo­ló­gi­ca. Ella le gene­ra limi­ta­cio­nes con­cre­tas, y depen­den­cias inde­sea­bles En esa línea ha sos­te­ni­do “coor­di­na­cio­nes” de polí­ti­ca con “man­da­ta­rios ami­gos” con­si­de­ran­do así a Iván Duque, de Colom­bia; y Sebas­tián Piñe­ra, de Chi­le. Aun­que ha teni­do el tino de no incluir en esa esfe­ra al Pre­si­den­te de Bra­sil –Jair Bol­so­na­ro– y a la Pre­si­den­ta Inte­ri­na de Boli­via, Jenet­te Añez; hay que sub­ra­yar que bien habría podi­do ampliar sus comu­ni­ca­cio­nes con Jefes de Esta­do que han mane­ja­do mejor la cua­ren­te­na, como los Pre­si­den­tes de Vene­zue­la, Argen­ti­na, Nica­ra­gua o Cuba y aún el del Uru­guay, de dis­tin­ta orien­ta­ción polí­ti­ca, pero repre­sen­tan­te de una ges­tión que mere­ce destacarse.

Vene­zue­la, con todos los pro­ble­mas que afron­ta, ha regis­tra­do muchí­si­mo menos pér­di­das huma­nas que el Perú; y Argen­ti­na mar­cha por el mis­mo derro­te­ro. Pese a su recien­te man­da­to, el Pre­si­den­te Fer­nán­dez ha mane­ja­do las cosas con mayor efi­ca­cia y sol­ven­cia que su refe­ren­te chi­leno. Nica­ra­gua y Cuba ‑con dis­tin­tas moda­li­da­des ope­ra­ti­vas- han mane­ja­do con acier­to el tema, y Uru­guay ha regis­tra­do un hecho pecu­liar: ha teni­do doce años de gobier­nos del Fren­te Amplio, lo que le ha per­mi­ti­do pro­te­ger sani­ta­ria­men­te a su pobla­ción y defen­der­la de la inci­den­cia de cri­sis como la que se vive en la región.

Las con­cep­cio­nes del gobierno han hecho que, en lo fun­da­men­tal, se mue­va den­tro de la esfe­ra de con­trol de los Esta­dos Uni­dos, por lo que tam­bién ha coor­di­na­do con el Pre­si­den­te Donald Trump, no obs­tan­te sos­te­ner éste una orien­ta­ción dia­me­tral­men­te opues­ta ante el aco­so de la Pan­de­mia. En todo caso, esta depen­den­cia ha hecho que Viz­ca­rra no haya ati­na­do a ase­gu­rar el apo­yo ofre­ci­do por el gobierno de la Repú­bli­ca Popu­lar Chi­na sino en la últi­ma eta­pa de la cri­sis; y haga resis­ten­cia a la par­ti­ci­pa­ción de Bri­ga­das Médi­cas de Soli­da­ri­dad suge­ri­das por el gobierno de Cuba. Los apor­tes de estos paí­ses her­ma­nos habrían juga­do un papel deci­si­vo en el enca­ra­mien­to de la cri­sis sani­ta­ria y en la derro­ta del Coronavirus.

Esta limi­ta­ción ha regis­tra­do una ter­ce­ra difi­cul­tad: El gobierno tie­ne una visión obje­ti­va­men­te bur­gue­sa de la vida nacio­nal. Toma medi­das pen­san­do en la cla­se más pudien­te, o inclu­so en las capas medias de la pobla­ción. No dis­po­ne nor­mas pen­san­do en el pue­blo y en los seg­men­tos más depri­mi­dos de la socie­dad. Ejem­plo de eso, es el con­jun­to de medi­das esbo­za­das por las auto­ri­da­des: reco­men­dar la urgen­cia de “lavar­se las manos varias veces al día”, es no inte­re­sar­se por la suer­te de dos millo­nes de perua­nos que viven en la capi­tal, y que care­cen de los ser­vi­cios de agua y des­ague. Y eso, es aún {as gra­ve por cier­to, en el inte­rior del país. Dis­po­ner que “todos se que­den en su casa”, es no con­si­de­rar que hay dece­nas de miles de perua­nos que no tie­nen casa; y otros que tie­nen como casa, una sola habi­ta­ción des­ven­ci­ja­da en la que vive una fami­lia ente­ra, con varios hijos. En ella fun­cio­na dor­mi­to­rio, come­dor, coci­na y has­ta retre­tes mal cons­trui­dos y peor man­te­ni­dos. Inclu­so los “bonos” entre­ga­dos a las pobla­cio­nes menos sol­ven­tes, han sido dados a tra­vés de la ban­ca e infor­ma­dos median­te el Inter­net. Y han millo­nes de perua­nos que no tie­nen mane­jo del sis­te­ma ban­ca­rio ni acce­do al Inter­net. Allí se alza­ron masi­va­men­te las ban­de­ras blan­cas, como sím­bo­lo de pobreza.

Si bien esas medi­das resul­ta­ban indis­pen­sa­bles e inelu­di­bles, ten­drían que haber ido acom­pa­ña­das con otras com­ple­men­ta­rias: habi­li­ta­ción de ser­vi­cios de agua en los pue­blos jóve­nes y asen­ta­mien­tos huma­nos; amplia­ción de las vivien­das con ayu­da del Esta­do; pro­vi­sión de ali­men­tos en los hoga­res; y con­trol sani­ta­rio domi­ci­lia­rio; y has­ta la capa­ci­ta­ción de las per­so­nas en el uso del sis­te­ma ban­ca­rio y el mane­jo de las redes socia­les. El asun­to es que nada de eso era posi­ble por la visión neo libe­ral del gobierno, pero ade­más por la estruc­tu­ra del Esta­do y por la con­no­ta­ción de sus orien­ta­cio­nes políticas.

Esa visión le ha impe­di­do al gobierno per­ci­bir la nece­si­dad de apo­yar­se en las orga­ni­za­cio­nes socia­les real­men­te exis­ten­tes: los clubs de Madres, los Come­do­res Popu­la­res, los Comi­tés de Pobla­do­res, las Comu­ni­da­des Cam­pe­si­nas, los Sin­di­ca­tos, los cen­tros de cul­tu­ra, y otras orga­ni­za­cio­nes de base de la socie­dad, que no han sido ni con­vo­ca­das, ni con­sul­ta­das vir­tual­men­te para nada. Las auto­ri­da­des se han limi­ta­do a con­ver­sar y a coor­di­nar sus accio­nes con los empre­sa­rios y las orga­ni­za­cio­nes patro­na­les que, obje­ti­va­men­te, han dic­ta­do sus políticas.

Lo mis­mo pue­de decir­se cuan­do se habla de la “reac­ti­va­ción” de la eco­no­mía. Se dis­po­ne, por ejem­plo, el fun­cio­na­mien­to de los res­tau­ran­tes “vía deli­bery”, pero estos ser­vi­cios están con­ce­bi­dos para los barrios altos, o medios; pero no para los barrios popu­la­res. Nin­gún res­tau­ran­te va a aten­der pedi­dos hechos por per­so­nas que viven en la ter­ce­ra eta­pa de Colli­que, en el Cuar­to Piso de El Agus­tino; o en las lade­ras del Chi­llón, del Cerro San Cos­me o del San Pedro. Allí viven casi cua­tro millo­nes de perua­nos afin­ca­dos en la capital.

Se pue­de sos­te­ner que esas pobla­cio­nes, son las de mayor ries­go y están más expues­tas; y es ver­dad. Pero eso ocu­rre pre­ci­sa­men­te por las con­di­cio­nes mate­ria­les en las que viven, por las difi­cul­ta­des que deben afron­tar en una cua­ren­te­na sin tra­ba­jo y sin recur­sos. Son, obje­ti­va­men­te, las más vulnerables

Tam­bién esto apa­re­ce como algo nota­ble en los lla­ma­dos “pro­gra­mas reac­ti­va­do­res” o en las “ayu­das asis­ten­cia­les” orien­ta­das hacia los empre­sa­rios. Para un seg­men­to de ellos se otor­gó ini­cial­men­te un cré­di­to de 31 mil millo­nes de soles; lue­go, el Pro­gra­ma “Reac­ti­va Perú”. Des­pués el Esta­do asu­mió el com­pro­mi­so de pagar el 35% de la pla­ni­lla labo­ral, Final­men­te se otor­gó a los empre­sa­rios la facul­tad de apli­car la “sus­pen­sión labo­ral per­fec­ta”, dejan­do en la calle a muchos trabajadores.

Para este efec­to, el gobierno ase­gu­ró que se tra­ta­ría de una “medi­da excep­cio­nal”, apli­ca­da “en últi­mo caso” y fis­ca­li­za­da por el Esta­do. Sin embar­go, pocos días des­pués el gobierno debió reco­no­cer que se habían pre­sen­ta­do 55 mil expe­dien­tes de “sus­pen­sión per­fec­ta” del empleo por par­te de las orga­ni­za­cio­nes patronales.

La CONFIEP –EL Esta­do Mayor de las orga­ni­za­cio­nes empre­sa­ria­les- ha dado la pau­ta en todos los casos. Su opi­nión, ha sido deci­si­va; y ha exclui­do cual­quier cri­te­rio dis­tin­to. El caso más cla­mo­ro­so se tie­ne cuan­do se ana­li­za el tema del idea­do impues­to a las gran­des for­tu­nas, osten­to­sa­men­te anun­cia­do por el pro­pio Jefe del Esta­do. La CONFIEP ini­ció de inme­dia­to una cam­pa­ña orien­ta­da a des­alen­tar la ini­cia­ti­va. El Pre­si­den­te del Ban­co Cen­tral la cali­fi­có de “inú­til” y “dema­gó­gi­ca”, y lue­go otros repre­sen­tan­tes de la cla­se domi­nan­te la con­si­de­ra­ron “inapli­ca­ble” e “inne­ce­sa­ria”. Fue tan­ta la pre­sión en torno al tema que final­men­te el gobierno ase­gu­ró que esa medi­da “no esta­ba en sus prio­ri­da­des”. Algo pare­ci­do ocu­rrió en el tema de las AFPs, a las que final­men­te, des­de el BCR, Julio Velar­de inten­ta sal­var otor­gán­do­les faci­li­da­des finan­cie­ras inexcusables.

En torno al tema, la Pre­si­den­te de CONFIEP dice con sin­gu­lar cinis­mo que, en efec­to, muchos perua­nos ten­drán que “vol­ver a la pobre­za”. No se refie­re a ellos, por cier­to, ni a Rodrí­guez Pas­tor, Bres­cia, Bel­mont o Hoss­child. Está hablan­do de las capas medias, sobre las que recae­rá un pesa­do man­to de pobreza.

En con­tra par­ti­da, el apo­yo a las pobla­cio­nes más nece­si­ta­das, ha sido ínfi­mo: Un bono de alre­de­dor de cien dóla­res, lue­go otro simi­lar y final­men­te un ter­ce­ro del doble de esa suma. Pero que se han entre­ga­do tar­de, mal y nun­ca. Hoy, miles de perua­nos, pue­den ase­gu­rar que no reci­bie­ron nin­gu­na ayu­da del Esta­do. Y entre los más per­ju­di­ca­dos, sin duda, están los Pen­sio­nis­tas, la mayo­ría de los cua­les reci­ben humi­llan­tes sumas que fluc­túan entre 50 y 150 dóla­res mensuales.

Una cuar­ta limi­ta­ción ‑no menos impor­tan­te- está sig­na­da por la corrup­ción galo­pan­te del sis­te­ma esta­tal y pri­va­do peruano, que ha corroí­do las bases de todas las ins­ti­tu­cio­nes del país, inclu­yen­do el Poder Judi­cial, el Minis­te­rio Públi­co, la Poli­cía Nacio­nal y has­ta la Fuer­za Arma­da. Aun­que se pue­de decir que la corrup­ción es inhe­ren­te a la socie­dad capi­ta­lis­ta; lo real es que en el Perú se ha vuel­to endé­mi­ca, sobre todo a par­tir de la ges­tión de los gobier­nos de Fuji­mo­ri y Gar­cía. Por eso se ha envi­le­ci­do la vida nacio­nal, se ha corrom­pi­do todo y se ha con­ver­ti­do en nego­cio cada una de las apre­mian­tes nece­si­da­des de la pobla­ción. Como nun­ca, se ha hecho real en el Perú el dicho de Gon­zá­lez Pra­da: “don­de se pon­ga el dedo, bro­ta la pus”. Ejem­plos de eso, podrían citar­se por doquier.

Hoy se sabe, por ejem­plo, de depó­si­tos de medi­ca­men­tos sus­traí­dos, de una plan­ta de gas sabo­tea­da en Iqui­tos, del robo de ins­tru­men­tal médi­co, de habi­li­ta­ción de cen­tros clan­des­ti­nos de aten­ción a pacien­tes, de la pér­di­da de dona­ti­vos, la no entre­ga de canas­tas b{asicas a pobla­cio­nes; y otras mil moda­li­da­des que sólo estruc­tu­ras corrup­tas bien orga­ni­za­das pue­den accionar. 

La corrup­ción, uni­da a la insen­si­bi­li­dad buro­crá­ti­ca del apa­ra­to del Esta­do, ha gene­ra­do lo que se pue­de con­si­de­rar un “cum­pli­mien­to cíni­co de la ley”, es decir, el ape­go a una nor­ma que se sabe injus­ta y des­pia­da­da, pero que se apli­ca para cas­ti­gar a las pobla­cio­nes más nece­si­ta­das, y se elu­de cuan­do afec­ta a los más pudientes.,

Una quin­ta y últi­ma limi­ta­ción, ha teni­do que ver con la geo­gra­fía del Perú. Un país exten­so, con cin­co fron­te­ras nacio­na­les, tres regio­nes natu­ra­les, y pro­fun­dos abis­mos eco­nó­mi­cos y socia­les; requie­re de múl­ti­ples polí­ti­cas. Las pobla­cio­nes de la cos­ta tie­nen ras­gos y carac­te­rís­ti­cas dis­tin­tas de las que habi­tan la sie­rra o la sel­va. Y estas últi­mas, afron­tan difi­cul­ta­des qui­zá mucho más gran­des que las que ago­bian al res­to de perua­nos. La tra­ge­dia vivi­da en Iqui­tos, y en otras pobla­cio­nes de la sel­va, cons­ti­tu­ye una inne­ga­ble prueba.

Obje­ti­va­men­te nin­gún gobierno en la his­to­ria del Perú ha teni­do una polí­ti­ca de Esta­do des­ti­na­da a inte­grar la Ama­zo­nía al desa­rro­llo del país. Ha sido esa, siem­pre una región olvi­da­da y menos­ca­ba­da. Se la ha con­ce­bi­do como un empo­rio de rique­za ‑pri­me­ro el cau­cho y des­pués el petró­leo- y nun­ca se ha con­si­de­ra­do a sus pobla­cio­nes como la expre­sión de ver­da­de­ras cul­tu­ras con dere­chos inalienables.

El Perú, en ver­dad, está inte­gra­do por tres paí­ses en uno sólo. Y requie­re polí­ti­cas muy fle­xi­bles en lugar de nor­mas rígi­das de cum­pli­mien­to for­mal y obli­ga­to­rio en todas par­tes. Lamen­ta­ble­men­te los gobier­nos regio­na­les y las auto­ri­da­des loca­les care­cen de auto­ri­dad y lide­raz­go, tam­bién por la cri­sis que afec­ta a los par­ti­dos polí­ti­cos del país. Obje­ti­va­men­te esas auto­ri­da­des muchas veces no sola­men­te que no han ayu­da­do para el cum­pli­mien­to de las tareas, sino que se han con­ver­ti­do inclu­so en rémo­ra para la ope­ra­ti­vi­dad de las mis­mas. Pero en el Perú las limi­ta­cio­nes han inci­di­do en seg­men­tos cla­ves. Vea­mos cómo.

LA CRISIS EN EL AREA DE LA SALUD

El mode­lo neo libe­ral debi­li­tó sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te el papel del Esta­do en el área de la salud e impu­so más bien la pre­sen­cia de la empre­sa pri­va­da. El pro­pio per­so­nal de salud ‑los médi­cos- se vio afec­ta­do por esa reali­dad. Muchí­si­mos médi­cos emi­gra­ron de los hos­pi­ta­les de Esta­do para tra­ba­jar en las clí­ni­cas pri­va­das. Otros más, labo­ra­ban en ambas, dan­do pre­pon­de­ran­cia a su tra­ba­jo mejor remu­ne­ra­do, que no era pre­ci­sa­men­te el esta­tal. Se supo, por ejem­plo, que alre­de­dor de 30 mil médi­cos del sec­tor esta­tal, al ini­cio de la Pan­de­mia, toma­ron licen­cia en sus pues­tos de tra­ba­jo argu­yen­do “edad vul­ne­ra­ble” ‑más de 60 años- o enfer­me­da­des pre exis­ten­tes; pero se fue­ron a tra­ba­jar de inme­dia­to al sec­tor pri­va­do. Eso no ocu­rrió con otros miles de médi­cos que apor­ta­ron, inclu­so heroi­ca­men­te en la bata­lla plan­tea­da. Hoy se sabe que más de 30 médi­cos ofren­da­ron sus vidas luchan­do con­tra el COVID.

Pero la cri­sis del sis­te­ma de salud, fue aún mayor. Al ini­cio de la cri­sis, la cober­tu­ra que ofre­cía el Esta­do era muy peque­ña, y no alcan­za­ba para aten­der los reque­ri­mien­tos plan­tea­dos. No tenía­mos camas UCI, ni camas de hos­pi­ta­li­za­ción en el núme­ro ade­cua­do. Mucho menos, res­pi­ra­do­res mecá­ni­cos, ni balo­nes de oxí­geno, ni siquie­ra prue­bas de des­car­te. Muchos de los perua­nos que han falle­ci­do, han muer­to en reali­dad por estas limi­ta­cio­nes del ser­vi­cio de salud. Más allá de la volun­tad de las auto­ri­da­des, los hos­pi­ta­les públi­cos colap­sa­ron, las pos­tas médi­cas deja­ron de fun­cio­nar y el sis­te­ma com­ple­to mos­tró su mayor pre­ca­rie­dad. Ini­cia­ti­vas inte­li­gen­tes, como aque­lla de habi­li­tar la Villa Pan­ame­ri­ca­na como cen­tro hos­pi­ta­la­rio; o de la usar la Pla­za de Acho para alber­gar menes­te­ro­sos; fue­ron correc­tas y úti­les, pero sin duda, insuficientes. 

El gobierno pro­cu­ró, des­de un ini­cio, enfren­tar estas limi­ta­cio­nes. Bus­có en el mer­ca­do inter­na­cio­nal res­pi­ra­do­res mecá­ni­cos, pero cuan­do los obtu­vo y los adqui­rió, sufrie­ron la “reten­ción” por par­te del gobierno de los Esta­dos Uni­dos, que dijo “nece­si­tar­los para ellos”. Tam­bién tuvi­mos pro­ble­mas para con­se­guir Equi­pos de Pro­tec­ción Per­so­nal y has­ta mas­ca­ri­llas. Cuan­do estas últi­mas fue­ron adqui­ri­das, se demos­tró que no eran las apro­pia­das. Algo pare­ci­do ocu­rrió con las “prue­bas de des­car­te”, que no ayu­da­ron como era indispensable.

En algu­nas regio­nes del país el pro­ble­ma de salud hizo cri­sis mayor. Así ocu­rrió en la región Lore­to, y su capi­tal, Iqui­tos, pero tam­bién en la región Uca­ya­li. Como se sabe, no hay comu­ni­ca­ción terres­tre Lore­to, sino aérea. Y la cone­xión está en manos de empre­sas par­ti­cu­la­res, por­que el Esta­do no tie­ne nin­gu­na. ¿Cómo podría asis­tir de inme­dia­to las urgen­cias reque­ri­das?. En Iqui­tos pron­to colap­só el hos­pi­tal esta­tal y la segu­ri­dad social, fal­ta­ron res­pi­ra­do­res mecá­ni­cos, balo­nes de gas y has­ta ele­men­tos para la Pro­tec­ción Per­so­nal de médi­cos, enfer­me­ras y tra­ba­ja­do­res de la salud. Pero la Pan­de­mia hizo cri­sis tam­bién en el nor­te del país, en Tum­bes ‑fron­te­ra abier­ta con el Ecua­dor por don­de lle­gan pobla­cio­nes migran­tes de colom­bia­nos y vene­zo­la­nos, muchos de ellos ya con­ta­gia­dos-; Piu­ra, Chi­cla­yo y Tru­ji­llo fue­ron víc­ti­mas de la Pan­de­mia en mayor pro­por­ción que otras regio­nes del país. Pero el sis­te­ma de salud, no estu­vo a la altu­ra de los reque­ri­mien­tos indispensables.

Pero don­de la cri­sis se hizo más evi­den­te, fue en el cam­po de la sani­dad de las Fuer­zas Poli­cia­les. El Hos­pi­tal de Poli­cía, pero tam­bién el Hos­pi­tal Mili­tar, regis­tra­ron limi­ta­cio­nes nota­bles. Cen­te­na­res de poli­cías y uni­for­ma­dos tuvie­ron enor­mes difi­cul­ta­des para hacer­se prue­bas de des­car­te o acce­der a tra­ta­mien­tos ele­men­ta­les. Muchos, sim­ple­men­te, murie­ron en el inten­to. Hay que reco­no­cer que la poli­cía cum­plió en lo fun­da­men­tal un papel inclu­so heroi­co en el com­ba­te a la Pan­de­mia. Y que eso ocu­rrió tam­bién con impor­tan­tes seg­men­tos de la Fuer­za Arma­da. Dece­nas de inte­gran­tes de una y otra enti­dad, ofren­da­ron sus vidas en esta lucha.

El sec­tor pri­va­do hizo un gran nego­cio de la cri­sis. Inclu­so, puso pre­cios altos para las prue­bas de des­car­te, situán­do­las entre 150 y 500 dóla­res; pero cobró sumas exor­bi­tan­tes para otros ser­vi­cios: balo­nes de gas, uso de res­pi­ra­do­res mecá­ni­cos, y, natu­ral­men­te, el tra­ta­mien­to de la enfer­me­dad, que cos­tó en algu­nas clí­ni­cas entre 12 y 15 mil dóla­res. ¿Cuán­tos perua­nos podrían dis­po­ner de esas sumas en caso de urgen­cia?. En el fon­do, las clí­ni­cas pri­va­das no aten­die­ron pacien­tes, sino clien­tes; y no pro­por­cio­na­ron ayu­da, sino “ser­vi­cios” bien remu­ne­ra­dos al Esta­do. Esto, final­men­te, ha sido así reco­no­ci­do, y aún admi­ti­do, por el gobierno. 

Pero a vora­ci­dad del sec­tor pri­va­do se expre­só tam­bién en el tema far­ma­co­ló­gi­co. La cade­na de far­ma­cias ‑un ver­da­de­ro mono­po­lio- enca­re­ció el pre­cio de los medi­ca­men­tos bási­cos en un 250%. Y recha­zó enér­gi­ca­men­te la pro­pues­ta que for­mu­la­ra un sec­tor ciu­da­dano: el con­trol de los pre­cios de los medi­ca­men­tos de urgen­cia o la regu­la­ción de los mis­mos, argu­yen­do que eso, “aten­ta­ba” con­tra la liber­tad de comer­cio y era, por cier­to, una medi­da “popu­lis­ta”. Cíni­ca­men­te, el pre­si­den­te de INDECOPI –La enti­dad del Esta­do encar­ga­da de “pro­te­ger a la ciu­da­da­nía”- afir­mó que en el Perú, los mono­po­lios son lega­les, y tie­nen dere­cho a regu­lar sus pre­cios. El Esta­do, enton­ces, “nada podrá hacer”.

EL AREA DE LA EDUCACIÓN

Un fenó­meno muy pare­ci­do se gra­fi­ca en el sec­tor edu­ca­ción. En él, tam­bién la inver­sión pri­va­da vio un nego­cio alta­men­te ren­ta­ble. Por eso creó Ins­ti­tu­tos Peda­gó­gi­cos Pri­va­dos que otor­ga­ron indis­cri­mi­na­da­men­te títu­los de docen­tes, cade­nas de cole­gios arti­cu­la­res ‑como la red Inno­va- y Uni­ver­si­da­des pri­va­das que dupli­ca­ron lite­ral­men­te el núme­ro de cen­tros supe­rio­res de estu­dios y cap­ta­ron alre­de­dor del 50% de estu­dian­tes del sec­tor. Eso pasó, cier­ta­men­te, por dete­rior al sec­tor edu­ca­ción, deni­grar la carre­ra docen­te, des­ca­li­fi­car la edu­ca­ción públi­ca y exal­tar la “ini­cia­ti­va pri­va­da” en el área. Hoy, paga­mos las con­se­cuen­cias de esa política.

La Pan­de­mia ha impe­di­do el desa­rro­llo de las labo­res aca­dé­mi­cas asis­ten­cia­les y ha gene­ra­do un sis­te­ma de edu­ca­ción a dis­tan­cia. Los padres de fami­lia de los plan­te­les pri­va­dos y de las Uni­ver­si­da­des del mis­mo signo argu­yen con razón que no están en volun­tad de pagar las mis­mas one­ro­sas pen­sio­nes de antes por un ser­vi­cio edu­ca­ti­vo más modes­to, como es el sis­te­ma vir­tual. Han recla­ma­do por eso la reduc­ción de las pen­sio­nes por lo menos en un 50%.

Los cen­tros edu­ca­ti­vos pri­va­dos han recha­za­do fir­me­men­te la ini­cia­ti­va ale­gan­do que sus “cos­tos” siguen sien­do los mis­mos y que, en todo caso, si los padres de fami­lia quie­ren can­ce­lar sólo el 50% de sus “obli­ga­cio­nes” deben exi­gir al esta­do que cubra el 50% res­tan­te. Ellos, no están en dis­po­si­ción de per­der un cen­ta­vo de lo que con­si­de­ran sus “legí­ti­mas ganancias”.

Pues­to ante el pro­ble­ma el gobierno no ha encon­tra­do una solu­ción. Legal­men­te el Minis­te­rio de Edu­ca­ción ‑el MINEDU- no está “facul­ta­do” para impo­ner pen­sio­nes o tari­fas a las ins­ti­tu­cio­nes pri­va­das. Final­men­te, ha opta­do por ofre­cer el “tras­la­do” de los estu­dian­tes del sec­tor pri­va­do a las enti­da­des esta­ta­les en todos sus nive­les. Pero la cri­sis, está planteada.

Y es que la edu­ca­ción se ha con­ver­ti­do en el Perú en una acti­vi­dad lucra­ti­va, pin­gue nego­cio. Quien pone una “empre­sa” en el sec­tor, no paga impues­tos y obtie­ne cuan­tio­sas uti­li­da­des que nadie fis­ca­li­za. Las auto­ri­da­des uni­ver­si­ta­rias en algu­nos casos se han fija­do remu­ne­ra­cio­nes espec­ta­cu­la­res ‑el Rec­tor de la Uni­ver­si­dad Pri­va­da Gar­ci­la­so de la Vega, per­ci­be 600 mil dóla­res men­sua­les- en tan­to que otras Uni­ver­si­da­des ‑como Alas Perua­nas- finan­cian las acti­vi­da­des de los Par­ti­dos Polí­ti­cos más reac­cio­na­rios, como el APRA y el Fuji­mo­ris­mo. Por lo demás, impor­tan­tes diri­gen­tes polí­ti­cos, como Alan Gar­cía, Lour­des Flo­res o Bea­triz Merino, desem­pe­ña­ron –y algu­nos aun desem­pe­ñan- fun­cio­nes de ges­tión alta­men­te remuneradas.

Entre tan­to, la Edu­ca­ción Públi­ca vive sus peor cri­sis. Sus pre­su­pues­tos están con­ge­la­dos des­de hace más de vein­te años, los pro­fe­so­res reci­ben remu­ne­ra­cio­nes exiguas y afron­tan regí­me­nes de con­tra­ta­ción sim­ple­men­te humi­llan­tes, los pro­gra­mas aca­dé­mi­cos son obso­le­tos y han eli­mi­na­do de la currí­cu­la esco­lar cur­sos bási­cos como la His­to­ria del Perú y la Edu­ca­ción Cívi­ca. A la par de ellos, enti­da­des aje­nas al ser­vi­cio edu­ca­ti­vo pre­ten­den impo­ner pro­gra­mas estre­chos y sec­ta­rios de orden reli­gio­so y fundamentalista.

Esto ha dado lugar a la caí­da de la cali­dad del ser­vi­cio edu­ca­ti­vo. Por eso se dice, no sin razón que el Perú tie­ne el peor sis­te­ma edu­ca­ti­vo de Amé­ri­ca Lati­na. Sus docen­tes están en gene­ral bas­tan­te mal pre­pa­ra­dos, las escue­las lucen des­trui­das o son sim­ple­men­te inexis­ten­tes, sobre todo en zonas rura­les. Es la heren­cia del Neo Liberalismo.

INDISCIPLINA Y DESBORDE SOCIAL

Un fac­tor que ha inci­di­do nega­ti­va­men­te y difi­cul­ta­do el cum­pli­mien­to y la apli­ca­ción de las dis­po­si­cio­nes refe­ri­das al com­ba­te con­tra el Coro­na­vi­rus, ha sido la indis­ci­pli­na y el des­bor­de social.

La expli­ca­ción lógi­ca, y más fácil del tema alu­de a la impe­rio­sa nece­si­dad de rom­per la cua­ren­te­na por ham­bre, o por nece­si­dad irre­cu­sa­ble de tra­ba­jar. Pero eso expli­ca en par­te el fenó­meno. Tam­bién hay que aña­dir la fal­ta de expe­rien­cia de la pobla­ción en los com­ba­tes con­tra estas pan­de­mias, la des­or­ga­ni­za­ción social, el atra­so de dis­tin­tos seg­men­tos de la pobla­ción y –por qué no- el sabo­ta­je imple­men­ta­do por fuer­zas hos­ti­les al gobierno por razo­nes de orden polí­ti­co-social. A todo eso, hay que sumar, sin duda, los nive­les de corrup­ción que han des­cen­di­do en la pirá­mi­de social has­ta ubi­car­se inclu­so en impor­tan­tes seg­men­tos de su base. Muchas expre­sio­nes de esta corrup­ción se han detec­ta­do en inci­den­tes meno­res: gen­te que fal­si­fi­ca “cer­ti­fi­ca­dos” que acre­di­tan no estar infec­ta­do por el mal, o que “cura” con reme­dios case­ros; son ape­nas algu­nas expre­sio­nes de una reali­dad lamen­ta­ble, pero objetiva.

Sobre la base de ella han ope­ra­do tam­bién fuer­zas polí­ti­cas intere­sa­das en hacer fra­ca­sar la estra­te­gia ofi­cial en la mate­ria. Estas fuer­zas han con­si­de­ra­do que mien­tras más infec­ta­dos haya, y mien­tras más muer­tes se pro­duz­can, el gobierno que­da­rá más debi­li­ta­do y será enton­ces pre­sa más fácil para sus aspi­ra­cio­nes polí­ti­cas. Ellas se orien­tan a res­tau­rar en el Perú el domi­nio oli­gár­qui­co y el con­trol del Esta­do por par­te de las Mafias tra­di­cio­na­les y los núcleos corrup­tos del Apro-fuji­mo­ris­mo. Eso, expli­ca el con­cier­to de voces en las redes socia­les deni­gran­do al Jefe del Esta­do. No le cri­ti­can sus accio­nes ‑lo que sería com­pren­si­ble y legi­ti­mo- sino sim­ple­men­te lo insul­tan: inca­paz, trai­dor, ven­de-patria, y otras expre­sio­nes de una ter­mi­no­lo­gía car­ga­da de odio.

La estra­te­gia de estas fuer­zas no se que­da en el plano del alien­to a la indis­ci­pli­na. Por­ta­vo­ces cali­fi­ca­dos de la Cla­se Domi­nan­te han sos­te­ni­do en diver­sas oca­sio­nes, y por dis­tin­tas vías, que hay que “cam­biar el gobierno” para “res­ta­ble­cer el orden”, pro­te­ger “el dere­cho a la pro­pie­dad”, la “recu­pe­ra­ción de las empre­sas”, la “defen­sa de la cris­tian­dad” , el “recha­zo a ofer­tas popu­lis­tas y socia­li­zan­tes”, así como a expre­sio­nes de simi­lar sen­ti­do. Inclu­so, se han for­mu­la­do pro­pues­tas con­cre­tas: que se for­me un gobierno de “uni­dad nacio­nal” suman­do al régi­men actual con la “opo­si­ción”, enten­di­da ésta como el Apro-fuji­mo­ris­mo; y que se cons­ti­tu­ya un gabi­ne­te “repre­sen­ta­ti­vo” inte­gra­do por “polí­ti­cos expe­ri­men­ta­dos”, como Alfre­do Barre­ne­chea, Kei­ko Fuji­mo­ri, César Acu­ña y otros, que final­men­te asu­ma el Poder.

Voce­ros espe­cial­men­te orga­ni­za­dos para actuar en la coyun­tu­ra, hacen uso de la Tele­vi­sión de mane­ra des­em­bo­za­da. Es el caso de Phi­llips Bhut­ters o de Jai­me Baily, pero es tam­bién el Mila­gros Lei­va, Mávi­la Huer­ta, Fede­ri­co Sala­zar y el colum­nis­ta de “Perú 21” Aldo Mariá­te­gui. Todos ellos res­pon­den a una sola con­sig­na: defen­der a raja tabla el mode­lo neo libe­ral. Todo esto for­ma par­te de la estra­te­gia de “cam­bio” que ali­men­ta el fra­ca­so de la admi­nis­tra­ción actual, a par­tir de su “inca­pa­ci­dad” para ven­cer el Coronavirus.

CONCLUSIONES 

De este aná­li­sis, se pue­den extraer algu­nas con­clu­sio­nes. Veamos:

El Covid 19 no es un fenó­meno nacio­nal. Se tra­ta de una pan­de­mia mun­dial que inclu­so podría con­si­de­rar­se par­te de una gue­rra bac­te­reo­ló­gi­ca des­ata­da en fun­ción de los intere­ses de las Gran Cor­po­ra­cio­nes empe­ña­das en dis­mi­nuir la pobla­ción del pla­ne­ta y eli­mi­nar a los seg­men­tos más depri­mi­dos de la socie­dad mundial.

En nues­tro país, des­de un ini­cio se aler­tó a la pobla­ción y se dise­ñó una estra­te­gia bási­ca­men­te correc­ta, basa­da en el dis­tan­cia­mien­to social, la pro­tec­ción de las per­so­nas y la cua­ren­te­na. Y se puso énfa­sis en enfa­ti­zar que los más impor­tan­te era la vida –que no se recu­pe­ra- que la eco­no­mía, que podría recons­truir­se posteriormente.

Esta estra­te­gia no ha dado los resul­ta­dos espe­ra­dos por las debi­li­da­des de la estruc­tu­ra social perua­na deri­va­das del “mode­lo” Neo Libe­ral que rige el país sobre todo a par­tir de la Cons­ti­tu­ción de 1993 y que debi­li­ta sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te el papel del Esta­do y con­vier­te la salud y la edu­ca­ción en acti­vi­da­des lucrativas.

Obje­ti­va­men­te colap­só el sis­te­ma sani­ta­rio peruano y no fue posi­ble aten­der los reque­ri­mien­tos masi­vos de la pobla­ción, lo que per­mi­tió que se expan­die­ra el mal, y se incre­men­ta­ra des­me­di­da­men­te el núme­ro de per­so­nas infec­ta­das y fallecidas.

Las limi­ta­cio­nes de cla­se del pro­pio gobierno, su com­po­si­ción hete­ro­gé­nea, y su fal­ta de expe­rien­cia en el mane­jo de un pro­ble­ma de esta enver­ga­du­ra, así como la ausen­cia de una base polí­ti­ca y social com­pe­ten­te; difi­cul­ta­ron el cum­pli­mien­to de las tareas vin­cu­las al com­ba­te de este flagelo.

La ten­den­cia ofi­cial de “dar la mano” a las gran­des empre­sas y ceder ante las pre­sio­nes de la CONFIEP y la Cla­se Domi­nan­te; así como la fal­ta de con­fian­za en los tra­ba­ja­do­res y el pue­blo, inci­dió nega­ti­va­men­te en el impul­so correc­to de las tareas planteadas.

El Movi­mien­to Popu­lar debie­ra extraer las lec­cio­nes ade­cua­das de esta expe­rien­cia, unir­se en torno a un pro­gra­ma que ase­gu­re el cam­bio social, orga­ni­zar­se en todos los esta­men­tos de la socie­dad, ele­var la con­cien­cia polí­ti­ca de las masas y apo­yar –y apo­yar­se- en las deman­das más sen­ti­das de la población.

La tarea prin­ci­pal pasa por recons­truir la socie­dad perua­na sobre nue­vas bases, des­te­rran­do defi­ni­ti­va­men­te el Neo Libe­ra­lis­mo, dero­gan­do la írri­ta Cons­ti­tu­ción del 93 y abrien­do paso a una trans­for­ma­ción demo­crá­ti­ca de la vida ciu­da­da­na a par­tir de cri­te­rios de jus­ti­cia, inclu­sión social, res­pe­to a los dere­chos y con­quis­tas de los tra­ba­ja­do­res y el for­ja­mien­to de un legí­ti­mo bien­es­tar público.

En la ruta de Túpac Ama­ru; por los cami­nos que reco­rrie­ran nues­tros liber­ta­do­res en los años del siglo XIX; por el derro­te­ro sig­na­do por nues­tra his­to­ria en base a los sím­bo­los heroi­cos de Mariano Mel­gar y Fran­cis­co de Zela, Miguel Grau y Fran­cis­co Bolog­ne­si; por el men­sa­je de los gran­des pen­sa­do­res e inte­lec­tua­les del siglo XX, como César Valle­jo, José Car­los Mariá­te­gui y Jor­ge Basa­dre; resul­ta indis­pen­sa­ble for­jar una nue­va socie­dad en la que la Demo­cra­cia, la Inde­pen­den­cia y la Sobe­ra­nía, sean una realidad.

Lima, 28 de mayo del 2020

Cen­tro de Estu­dios “Demo­cra­cia, Inde­pen­den­cia y Soberanía”

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