Argen­ti­na. Las doñas (Por Gui­ller­mo Cieza)

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 24 mayo 2020

Cuan­do lle­gó el virus y nos dije­ron que para evi­tar los con­ta­gios lo mejor era que nos fue­ra­mos a nues­tras casas, hubo algu­nos que no pudie­ron. Los tra­ba­ja­do­res de salud tuvie­ron que que­dar­se en pri­me­ra línea, por­que había que ocu­par­se de los enfer­mos. Y des­pués, tam­bien se pen­só que si no hay tra­ba­ja­do­res que garan­ti­cen que ten­ga­mos agua, luz, gas, reco­lec­ción de resi­duos, pro­duc­ción de ali­men­tos, peque­ños comer­cios o ferias de abas­te­ci­mien­to , el res­to de las per­so­nas no íba­mos a poder tran­si­tar la cua­ren­te­na. Y fue enton­ces que empe­zó a hablar­se de los ser­vi­cios esen­cia­les. Y todo eso nos ayu­dó a pen­sar en que sin esos tra­ba­ja­do­res y tra­ba­ja­do­ras, sin esos cam­pe­si­nos, sin esos peque­ños comer­cian­tes un país no tie­ne posi­bi­li­da­des de super­vi­ven­cia. Miran­do la foto que nos deja­ron los pri­me­ros tiem­pos de la pes­te, pode­mos dis­cu­tir sobre si lo que no estu­vo pre­sen­te fal­ta o sobra. Lo que es segu­ro es que lo que salió en la foto es impres­cin­di­ble y debe ser valo­ra­do y remu­ne­ra­do como corresponde.

Fue en esos pri­me­ros tiem­pos que vol­vie­ron a aso­mar­se las doñas. Vinie­ron hablán­do­nos de sus mie­dos, pero tam­bién de la nece­si­dad. Del mie­do a la poli­cía, por­que aun­que parez­ca men­ti­ra en ple­na cri­sis hay mili­cos que no per­die­ron la cos­tum­bre de ame­na­zar y de coimear a los veci­nos de los barrios popu­la­res. Con­cien­tes de que la pes­te venía acom­pa­ña­da. Por­que sin ser exper­tas en eco­no­mía podían dar­se cuen­ta que si sus mari­dos, sus hijas o hijos esta­ban en la casa sin poder salir a a ganar­se la vida, el ham­bre esta­ba a la vuel­ta de la esqui­na. Aso­ma­ron tími­da­men­te. Pri­me­ro fue un come­dor con dos coci­ne­ras que hicie­ron cora­je. Des­pués dos, tres, cin­co. Uno en cada barrio, y des­pués muchos en el mis­mo barrio que como coor­di­nan hora­rios per­mi­ten que lunes, miér­co­les y vier­nes los veci­nos ten­gan un pla­to calien­te en Madres Uni­das y mar­tes, jue­ves y sába­do en Los Ami­gos y que los chi­cos vayan al meren­de­ro de Los Sue­ños . Y todo eso sin preo­cu­par­se, si esos come­do­res son de la mis­ma orga­ni­za­ción social, o el club. Son del barrio.

Si se les pre­gun­ta cómo sos­tie­nen los come­do­res, las doñas hablan lisi­to: “Algo nos dan del muni­ci­pio, la Pro­vin­cia y la Nación, pero como eso es muy poqui­to, tene­mos que inven­tar ”. Y las doñas saben de inven­tar, por­que lo hacen des­de hace siglos: Arman fon­dos para com­prar ali­tas o car­ca­zas de pollo para dar­le gus­to a los gui­sos, hacen com­pras comu­ni­ta­rias de ver­du­ras a los pro­duc­to­res hor­tí­co­las y a sus orga­ni­za­cio­nes, hacen huer­tas, bus­can dona­cio­nes, coci­nan a leña, hor­nean el pan y las tortillas.

Las doñas no sólo coci­nan sino que están al tan­to de lo que suce­de en el barrio y pue­den arri­mar­le un pla­to de comi­da a un anciano que se que­dó soli­to y tie­ne difi­cul­ta­des para movi­li­zar­se, o acom­pa­ñar a la sali­ta o al hos­pi­tal a una veci­na que esta con fie­bre. Y nun­ca deja­rán de agra­de­cer que las atien­dan gra­tis, sobre todo si ellas vinie­ron de Boli­via, Perú o Para­guay. Por­que como ellas dicen: “Vini­mos por eso. Por­que en este país no hay que pagar para estu­diar y para que te atien­dan en el hospital.”

Las doñas tie­nen la cos­tum­bre de hablar lisi­to, por eso no dije­ron que a Ramo­na la mató el coro­na­vi­rus para que los infec­tó­lo­gos la sumen a la lis­ta. Y tam­po­co dije­ron que la mató el Esta­do para que los anar­quis­tas y los neo­li­be­ra­les se pon­gan con­ten­tos. Las doñas de La Pode­ro­sa dije­ron que a Ramo­na la mató Larre­ta. Y harán lo mis­mo con gober­na­do­res y par­ti­dos que vie­nen gober­nan­do pro­vin­cias des­de hace mas de una década.

Como bien ense­ña la his­to­ria nacio­nal, las coci­nas son un espa­cio más ade­cua­do para las cons­pi­ra­cio­nes popu­la­res, que los pasi­llos uni­ver­si­ta­rios. Qui­zás por­que todo lo pro­du­ci­do allí, debe some­ter­se a la prue­ba de ser comi­do, hay espa­cio para la crea­ción pero no para el deli­rio incon­du­cen­te. Las doñas mien­tras coci­nan, cons­pi­ran. He escu­cha­do algu­nas fra­ses: “ y que vamos a hacer, por­que cada vez vie­nen mas veci­nos por la vian­das?. “Habrá que vol­ver a salir a la calle?”. “ Pero cómo vamos a hacer si la gen­te tie­ne mucho mie­do a con­ta­giar­se”. “ Y si vamos con bar­bi­jos y bien sepa­ra­dos”. “ Hay que con­ver­sar­lo con las com­pas, lo del mie­do está, pero tam­bién está la necesidad”….

La cri­sis glo­bal del capi­ta­lis­mo que fue anti­ci­pa­da por la pan­de­mia, nos da la opor­tu­ni­dad his­tó­ri­ca de cons­truir un pais dife­ren­te, mucho más cer­cano al de nues­tros mejo­res sue­ños. Y para cons­truir­lo harán fal­ta muchas voces. En par­ti­cu­lar me pare­ce nece­sa­rio escu­char a todas aque­llas que en esta cri­sis del coro­na­vi­rus demos­tra­ron ser impres­cin­di­bles. Y si que­re­mos buen sen­ti­do, sen­sa­tez y sabi­du­ría, que es patri­mo­nio de quie­nes ponen el cuer­po coti­dia­na­men­te, resul­ta muy acon­se­ja­ble escu­char a las doñas.

Gui­ller­mo Cieza

La Pla­ta 24 de mayo de 2020.

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