Bra­sil. Vien­to en con­tra. La izquier­da fren­te a la catás­tro­fe sani­ta­ria y el “posi­ble” Impeachment

Por Mar­ce­lo Agui­lar, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano 23 de mayo de 2020

Mien­tras el pre­si­den­te bra­si­le­ño ape­la a las mañas de la vie­ja polí­ti­ca para ase­gu­rar­se apo­yos en el Con­gre­so, la opo­si­ción nave­ga con el vien­to en con­tra. Con una capa­ci­dad de movi­li­za­ción men­gua­da y el balan­ce de su derro­ta toda­vía en el debe, la izquier­da se ilu­sio­na con un posi­ble pro­ce­so de impeach­ment que, de con­cre­tar­se, no la ten­dría como actor protagónico.

Bra­sil per­dió su segun­do minis­tro de Salud des­de que comen­zó la pan­de­mia. Sin com­ple­tar un mes de tra­ba­jo, Nel­son Teich renun­ció el pasa­do vier­nes 15. Los pro­ble­mas son pare­ci­dos a los que des­en­ca­de­na­ron la sali­da de Luiz Hen­ri­que Man­det­ta, su ante­ce­sor. Man­det­ta había gana­do visi­bi­li­dad y se posi­cio­na­ba de for­ma cada vez más con­tun­den­te con­tra la ges­tión de la cri­sis del pre­si­den­te Jair Bol­so­na­ro, moti­vo que deter­mi­nó su des­ti­tu­ción. Pero Teich fue obli­ga­do a jugar un papel ridícu­lo: no pin­cha­ba ni cor­ta­ba, y eso que­dó en evi­den­cia el lunes 11, en una con­fe­ren­cia de pren­sa en la que el aho­ra exmi­nis­tro se ente­ró por los perio­dis­tas de que Bol­so­na­ro había inclui­do entre las acti­vi­da­des eco­nó­mi­cas esen­cia­les los gim­na­sios, los salo­nes de belle­za y las pelu­que­rías. “¿Eso salió hoy?, ¿lo dijo aho­ra?”, pre­gun­tó ante los cues­tio­na­mien­tos de los perio­dis­tas. La cara lo decía todo. “¿Quién tomó la deci­sión?”, com­ple­tó. Los días del minis­tro esta­ban contados.

Detrás de esta renun­cia está la inso­por­ta­ble pre­sión del pre­si­den­te, que, al igual que Donald Trump, está obse­sio­na­do con el uso de la clo­ro­qui­na como medi­ca­men­to para com­ba­tir el coro­na­vi­rus, a pesar de que aún no hay com­pro­ba­ción cien­tí­fi­ca de sus efec­tos posi­ti­vos en esas lides. Lo mis­mo pasa con el ais­la­mien­to. Bol­so­na­ro pro­po­ne fle­xi­bi­li­zar­lo en un momen­to en que la cur­va de casos toda­vía es ascen­den­te y las muer­tes ya suman más de 18 mil.

El aho­ra minis­tro inte­ri­no de Salud, el gene­ral Eduar­do Pazue­llo, nom­bró a 13 mili­ta­res para tra­ba­jar en la car­te­ra, y Bol­so­na­ro dijo que “se que­da­rá por mucho tiem­po” al man­do de la sani­dad del país. Este miér­co­les, el gobierno libe­ró la pres­crip­ción de clo­ro­qui­na para pacien­tes en cual­quier nivel de avan­ce de la enfer­me­dad. Mien­tras, la posi­bi­li­dad de un even­tual impeach­ment con­tra el pre­si­den­te, aun­que toda­vía leja­na, sigue toman­do fuer­za y la opo­si­ción debe asu­mir un doble papel: resis­tir el pre­sen­te y pen­sar las sali­das a futuro.

Per­dien­do ami­gos, com­pran­do aliados

Pese a que en las elec­cio­nes de 2018 su Par­ti­do Social Libe­ral obtu­vo 52 dipu­tados –con­tra uno solo en la elec­ción de 2014– y cua­tro sena­do­res, la arti­cu­la­ción de Bol­so­na­ro con el Con­gre­so siem­pre había sido esca­sa. Para col­mo de males, a fines de 2019 el pre­si­den­te minó su base de apo­yo al pelear­se con el res­to del par­ti­do, al que aban­do­nó. Aho­ra, su con­duc­ción de la cri­sis del coro­na­vi­rus agra­va la situa­ción y colo­ca de nue­vo sobre la mesa la posi­bi­li­dad de un impeachment.

Enio Verri, líder del opo­si­tor Par­ti­do de los Tra­ba­ja­do­res (PT) en la Cáma­ra de Dipu­tados, dijo a Bre­cha que “sin dudas hay un cal­do” favo­ra­ble al jui­cio polí­ti­co y que este “es un tema de todos los días y en todos los sec­to­res”. Sin embar­go, “toda­vía no se lle­gó al pun­to más alto de la cri­sis”, el que gene­ra­ría la coyun­tu­ra ade­cua­da para que el Con­gre­so enjui­cie al pre­si­den­te. El cal­do, dice, fue con­di­men­ta­do en varios sen­ti­dos por las acti­tu­des recien­tes del pro­pio Bol­so­na­ro: “En la medi­da en que pro­fun­di­za su radi­ca­li­za­ción con rela­ción a la pan­de­mia, pier­de el apo­yo de varios sec­to­res. Son ele­men­tos que hacen opo­si­ción, pero que de nin­gu­na mane­ra son de izquier­da, sino del cam­po conservador”.

Hay varias seña­les cla­ras en ese sen­ti­do. Joi­ce Has­sel­mann, la mis­mí­si­ma líder del Par­ti­do Social Libe­ral en Dipu­tados, pre­sen­tó el 24 de abril un pedi­do de impeach­ment con­tra el man­da­ta­rio y lle­gó a decir que “nun­ca hubo en la his­to­ria un pre­si­den­te que haya gene­ra­do tan­to caos”. Tres días des­pués, el Movi­mien­to Bra­sil Libre, cla­ve en la caí­da de Dil­ma Rous­seff y en la elec­ción de Bol­so­na­ro, hizo lo pro­pio. Verri dice que bue­na par­te de los dipu­tados de una dere­cha que él lla­ma “ele­gan­te” –léa­se las vie­jas eli­tes polí­ti­cas libe­ra­les como el Par­ti­do de la Social Demo­cra­cia Bra­si­le­ña de Fer­nan­do Hen­ri­que Car­do­so– mane­jan la hipó­te­sis de avan­zar hacia la des­ti­tu­ción del pre­si­den­te, pero que espe­ran a que pri­me­ro pase la pandemia.

Fren­te a ese esce­na­rio, Bol­so­na­ro hizo, a comien­zos de mayo, una de las tra­di­cio­na­les juga­das de la polí­ti­ca bra­si­le­ña que él tan­to cri­ti­ca­ba en el pasa­do. Com­pró el apo­yo del famo­so cen­trão –el opor­tu­nis­ta y supues­ta­men­te cen­tris­ta sec­tor mayo­ri­ta­rio del Con­gre­so, deci­si­vo para obte­ner mayo­rías par­la­men­ta­rias– entre­gán­do­le varios car­gos públi­cos con altos pre­su­pues­tos. Se tra­ta de posi­cio­nes impor­tan­tí­si­mas de cara a futu­ras elec­cio­nes, por­que per­mi­ten, a quie­nes las ocu­pan, eje­cu­tar obras públi­cas en las regio­nes don­de viven sus votan­tes. Con esta apues­ta, el gobierno amplió su men­gua­da base en el Congreso.

De todas for­mas, aun­que se podría pen­sar que con juga­das como esta Bol­so­na­ro garan­ti­za la con­ti­nui­dad de su man­da­to al impe­dir que haya votos sufi­cien­tes para votar su des­ti­tu­ción, los del cen­trão no son kami­ka­zes, recuer­da Verri. Si la ven fea, se bajan. “Bue­na par­te de los minis­tros del cen­trão esta­ba en el gobierno de Dil­ma. Deja­ron el car­go el vier­nes de noche y el domin­go vota­ron en su con­tra.” Así, aun­que hoy Bol­so­na­ro tie­ne al fin base par­la­men­ta­ria para apro­bar alguno de sus pro­yec­tos –y apla­zar el impeach­ment – , si el pre­si­den­te con­ti­núa per­dien­do base social, difí­cil­men­te el cen­trão quie­ra hun­dir­se con él.

El impeach­ment posible

David Dec­ca­che es ase­sor eco­nó­mi­co de la ban­ca­da en Dipu­tados del Par­ti­do Socia­lis­mo y Liber­tad (Psol), agru­pa­ción for­ma­da en 2004 a par­tir de una rup­tu­ra por izquier­da con el gobierno de Lula da Sil­va, que en 2016 recha­zó el impeach­ment a Rous­seff y en 2018 apo­yó al PT en la segun­da vuel­ta. Dec­ca­che dijo a este sema­na­rio que en el Con­gre­so se ha con­so­li­da­do una uni­dad “de reduc­ción de daños” que actúa fre­nan­do algu­nas pro­pues­tas del gobierno y pro­po­nien­do alter­na­ti­vas. Es una espe­cie de opo­si­ción prag­má­ti­ca que inclu­ye a los par­ti­dos pro­gre­sis­tas y algu­nos sec­to­res del cen­tro y la dere­cha. Pero “toda­vía no hay dema­sia­da con­ver­gen­cia, e inclu­so hay diver­gen­cias sobre si actuar o no para inte­rrum­pir el man­da­to de Bolsonaro”.

Lo cier­to es que el impeach­ment difí­cil­men­te ven­drá sin el cen­trão, el empre­sa­ria­do y las Fuer­zas Arma­das. La izquier­da tie­ne muy pocas posi­bi­li­da­des de lide­rar ese pro­ce­so. Rodri­go Maia, pre­si­den­te de la Cáma­ra de Dipu­tados, no pon­dría a deba­te un pro­ce­so de ese tipo sin arti­cu­lar pre­via­men­te los apo­yos nece­sa­rios para que pros­pe­re. Lo con­tra­rio no le con­ven­dría a él ni a nadie en la opo­si­ción y podría tener efec­tos con­tra­pro­du­cen­tes, for­ta­le­cien­do a Bolsonaro.

La opo­si­ción de izquier­da pre­sen­tó ayer, jue­ves 21, un pedi­do de impeach­ment con­jun­to, fir­ma­do por los par­ti­dos que la inte­gran y más de cua­tro­cien­tas enti­da­des, movi­mien­tos socia­les popu­la­res y reli­gio­sos. (1) Ade­más, el PT bus­ca­rá apro­bar una enmien­da cons­ti­tu­cio­nal para que, en caso de que el pedi­do pros­pe­re, se con­vo­que nue­vas elec­cio­nes. Una fun­cio­na­ria del Con­gre­so, ase­so­ra de una de sus comi­sio­nes, comen­tó a Bre­cha que le pare­ce muy difí­cil que se con­so­li­de un jui­cio polí­ti­co a Bol­so­na­ro mien­tras el Par­la­men­to fun­cio­ne de for­ma remo­ta a cau­sa de la pan­de­mia. Algo que pare­ce un deta­lle menor, pero que tie­ne sen­ti­do si pen­sa­mos en lo per­for­má­ti­co del impeach­ment con­tra Dil­ma Rous­seff y las gran­des movi­li­za­cio­nes que lo apo­ya­ron. El fin del ais­la­mien­to social toda­vía es una incóg­ni­ta, e inclu­so con pla­zos idea­les el impeach­ment deman­da­ría por lo menos seis meses. No pare­ce un camino sim­ple ni rápi­do para fre­nar la san­gría que sufre Brasil.

La uni­dad

A esta altu­ra pare­ce un man­tra. La famo­sa uni­dad de la izquier­da sigue sonan­do pre­cio­so, pero, al menos en Bra­sil, es difi­ci­lí­si­ma de alcan­zar. La defi­ni­ción de las can­di­da­tu­ras para las elec­cio­nes muni­ci­pa­les de octu­bre de este año –que pro­ba­ble­men­te serán apla­za­das por la cri­sis sani­ta­ria– ya empie­za a evi­den­ciar­lo. Las muni­ci­pa­les son muy impor­tan­tes para defi­nir el esce­na­rio en que se dará la elec­ción pre­si­den­cial: gene­ran bases de apo­yo popu­lar y deci­den espa­cios de poder como inten­den­cias, jun­tas y concejales.

El dipu­tado Mar­ce­lo Frei­xo, del Psol, que apa­re­cía has­ta hace poco como un can­di­da­to fuer­te al gobierno de la ciu­dad de Río de Janei­ro y pare­cía con­tar, inclu­so, con el apo­yo del PT, se bajó de la carre­ra este vier­nes 15. En entre­vis­ta con O Glo­bo, Frei­xo dijo que su deci­sión era un ges­to que bus­ca­ba lla­mar a la uni­dad. Según él, se ha alcan­za­do cier­ta madu­rez de la izquier­da en el Con­gre­so y eso debe­ría exten­der­se a las con­tien­das municipales.

Lo cier­to es que en las últi­mas sema­nas hubo algu­nas dispu­tas inter­nas den­tro de su par­ti­do y difi­cul­ta­des de arti­cu­la­ción para con­so­li­dar alian­zas con for­ma­cio­nes como el Par­ti­do Socia­lis­ta Bra­si­le­ño y el Par­ti­do Demo­crá­ti­co Labo­ris­ta del exmi­nis­tro de Lula y excan­di­da­to pre­si­den­cial Ciro Gomes. Frei­xo ha dicho que no hay vuel­ta atrás a su deci­sión, pero algu­nos ana­lis­tas con­sul­ta­dos por Bre­cha coin­ci­den en que toda­vía hay tela para cor­tar y la situa­ción pue­de cam­biar. Algu­nos espe­cu­lan que su acti­tud es un ges­to extre­mo para for­zar la uni­dad con los sec­to­res que has­ta aho­ra se nega­ban, para lue­go vol­ver a asu­mir la candidatura.

Dec­ca­che no cree en esa posi­bi­li­dad. Para él, lo de Frei­xo “no es estra­te­gia”. Si así fue­se, en la izquier­da no se esta­rían mane­jan­do otros nom­bres para dispu­tar Río, argu­men­ta. “Ade­más, esta uni­dad de la que Frei­xo habla no la empe­zó a inten­tar ayer. Ya insis­tió mucho en eso, fue­ron inter­mi­na­bles diá­lo­gos y deba­tes que pare­cen haber­se ago­ta­do y que desem­bo­can en esta situación.”

En tan­to, en filas del PT ya se sabe que Fer­nan­do Had­dad, que sona­ba con fuer­za como aspi­ran­te a la gober­na­ción de San Pablo, tam­po­co será can­di­da­to. Según fuen­tes del par­ti­do, el excan­di­da­to a pre­si­den­te tra­ba­ja con la idea de que, gane o pier­da en las muni­ci­pa­les pau­lis­tas, su can­di­da­tu­ra debi­li­ta­ría su tarea prio­ri­ta­ria: vol­ver a dispu­tar el gobierno del país en 2022. Quien sí es pre­can­di­da­to al gobierno de San Pablo es Guilher­me Bou­los, excan­di­da­to a la pre­si­den­cia de Bra­sil por el Psol y diri­gen­te nacio­nal del Movi­mien­to de Tra­ba­ja­do­res Sin Techo.

A Val­ter Pomar, de la direc­ción nacio­nal del PT, este esce­na­rio le pare­ce “un desas­tre”. Para él, Had­dad y Frei­xo están, sin que­rer­lo “dan­do espa­cio para que las elec­cio­nes muni­ci­pa­les de las dos prin­ci­pa­les ciu­da­des del país se deci­dan entre las fuer­zas de cen­tro y las de extre­ma dere­cha”. En su opi­nión, dejar que esta dispu­ta se dé entre las fuer­zas con­ser­va­do­ras “sería un sui­ci­dio y un error. Un sui­ci­dio, por­que va a aca­bar con la izquier­da y un error, por­que no va con­se­guir la derro­ta de la extre­ma derecha”.

Por su par­te, Dec­ca­che cree que la izquier­da vie­ne en un pro­ce­so de frag­men­ta­ción des­de 2018 y cita como una mani­fes­ta­ción impor­tan­te de esa deri­va el durí­si­mo enfren­ta­mien­to entre Lula y Ciro Gomes en la cam­pa­ña elec­to­ral de ese año. “Todas estas dispu­tas son tam­bién sin­to­má­ti­cas de la difi­cul­tad de reno­va­ción de cua­dros den­tro del cam­po pro­gre­sis­ta. Y se mani­fies­tan en casos como estos, en que se baja Frei­xo y tene­mos enor­mes difi­cul­ta­des de encon­trar quien tome ese lugar. Se gene­ra una suer­te de vacío.”

La calle sin la calle

Las difi­cul­ta­des de movi­li­za­ción y orga­ni­za­ción de la izquier­da por fue­ra de las ins­ti­tu­cio­nes son muchas. Bra­sil ya venía sufrien­do duras derro­tas polí­ti­cas y socia­les sin gran­des mues­tras de resis­ten­cia: refor­ma de las jubi­la­cio­nes, refor­ma labo­ral, con­ge­la­mien­to del gas­to públi­co, entre tan­tas otras. Los movi­mien­tos socia­les y las cen­tra­les sin­di­ca­les ya no con­si­guen colo­car sufi­cien­te gen­te en la calle.

Gil­mar Mau­ro, de la direc­ción nacio­nal del Movi­mien­to de los Tra­ba­ja­do­res Rura­les Sin Tie­rra, dice a Bre­cha que el pro­ble­ma es más pro­fun­do: “Sufri­mos tam­bién una cri­sis des­de el pun­to de vis­ta teó­ri­co y polí­ti­co, pero, sobre todo, estra­té­gi­co. La izquier­da se acos­tum­bró a dispu­tar elec­cio­nes y hemos come­ti­do erro­res meto­do­ló­gi­cos muy gra­ves que toda­vía per­sis­ten”. Y pun­tua­li­za tres cues­tio­nes cen­tra­les. Pri­me­ro: “Las orga­ni­za­cio­nes de la cla­se tra­ba­ja­do­ra fue­ron pro­du­ci­das para un tiem­po en el que el desa­rro­llo del capi­ta­lis­mo per­mi­tía con­quis­tas eco­nó­mi­co-socia­les. Por lo tan­to, son de tipo defen­si­vo, cuan­do pre­ci­sa­ría­mos orga­ni­za­cio­nes ofen­si­vas con­tra el orden capi­ta­lis­ta a esca­la pla­ne­ta­ria”. Segun­do: “La izquier­da tie­ne gran­des difi­cul­ta­des para pla­ni­fi­car, no con­si­gue hacer­lo ni siquie­ra para den­tro de dos o tres meses”. Ter­ce­ro: “Exis­te una gran difi­cul­tad de ampliar y esti­mu­lar el poder popu­lar y la par­ti­ci­pa­ción, de con­so­li­dar la for­ma­ción polí­ti­ca e ideo­ló­gi­ca. Y tam­bién exis­te el error de sepa­rar la lucha eco­nó­mi­ca y la lucha polí­ti­ca, como si la lucha polí­ti­ca fue­se sólo del par­ti­do y la sin­di­cal y popu­lar sólo de los movi­mien­tos y sindicatos”.

A todo eso se suma, afir­ma Mau­ro, la buro­cra­ti­za­ción: “Muchos ins­tru­men­tos polí­ti­cos, lla­ma­dos par­ti­dos, se dis­tan­cia­ron tan­to de la reali­dad socio­eco­nó­mi­ca y de la vida con­cre­ta del pue­blo que se con­vir­tie­ron en buro­cra­cias. Otros movi­mien­tos sin­di­ca­les y popu­la­res que no deba­ten polí­ti­ca se con­vir­tie­ron en eco­no­mi­cis­tas de cor­to pla­zo y por eso no se avan­zó en la poli­ti­za­ción. Eso es sepa­rar el pre­sen­te del futuro”.

Vitor Qua­ren­ta, de la direc­ción nacio­nal del PT, dice que es ver­dad que este par­ti­do se ale­jó de sus bases: “Cuan­do el PT lle­gó al gobierno, pasó a hacer polí­ti­ca exclu­si­va­men­te a tra­vés del Esta­do. Eso es imper­do­na­ble para un par­ti­do socia­lis­ta”. Sin embar­go, invier­te la idea de buro­cra­ti­za­ción: “La polí­ti­ca del PT fue hege­mo­ni­za­da por la polí­ti­ca esta­tal, lo que es más gra­ve aún que la buro­cra­ti­za­ción. Buro­cra­ti­zar­se sería for­ta­le­cer­se a tra­vés de la estruc­tu­ra del Esta­do. El PT hizo al revés: se debi­li­tó. Se lo chu­pó el gobierno y el par­ti­do, y la orga­ni­za­ción popu­lar fue deja­da de lado”. Ahí está, dice, uno de los prin­ci­pa­les desa­fíos de la for­ma­ción, salir a dispu­tar­le las peri­fe­rias urba­nas al bolsonarismo.

El lunes 18, en un encuen­tro vir­tual en vivo orga­ni­za­do por la Fun­da­ción Per­seu Abra­mo, vin­cu­la­da al PT, el soció­lo­go por­tu­gués Boa­ven­tu­ra de Sou­sa San­tos fue duro con los sin­di­ca­tos: “Se aco­mo­da­ron, sus cua­dros fue­ron al poder y no con­ti­nua­ron la lucha sin­di­cal, per­die­ron prác­ti­ca. Se per­ci­be una cier­ta pasi­vi­dad del movi­mien­to sin­di­cal bra­si­le­ño. Hubo ata­ques bru­ta­les a la cla­se obre­ra des­pués del gol­pe con­tra Dil­ma, y se ve a sin­di­ca­tos cal­cu­lan­do la sobre­vi­ven­cia de los líde­res en lugar de poner en la línea de fren­te los intere­ses de los tra­ba­ja­do­res y las trabajadoras”.

Este es un momen­to extra­ño, sos­tie­ne Mau­ro, por­que el coro­na­vi­rus ha obli­ga­do a repen­sar­se: “Esta­mos ence­rra­dos, enton­ces tene­mos que pen­sar. Resis­tir des­de nues­tras ven­ta­nas, con cace­ro­la­zos y lives en las redes socia­les es algo que no esta­ba en nues­tro queha­cer coti­diano, y evi­den­te­men­te es una situa­ción bas­tan­te difí­cil. Pero tene­mos que apro­ve­char­la para pla­ni­fi­car una estra­te­gia de dis­cu­sión con el pue­blo. Aho­ra no hay una corre­la­ción de fuer­zas que nos per­mi­ta un cam­bio inme­dia­to, pero debe­mos sembrarla”.

Qua­ren­ta afir­ma, por su par­te, que la mili­tan­cia digi­tal a la que obli­ga la pan­de­mia ya era un enor­me desa­fío des­de antes: “Has­ta aho­ra la mili­tan­cia onli­ne no con­si­gue ser una orga­ni­za­ción polí­ti­ca onli­ne. Las per­so­nas son espec­ta­do­res de pági­nas de izquier­da, opi­na­do­res, pero no están, de hecho, invo­lu­cra­das en una estra­te­gia de orga­ni­za­ción y de mili­tan­cia polí­ti­ca digi­tal. Entra­mos en la segun­da déca­da del siglo XXI con una orga­ni­za­ción pare­ci­da a la de mitad del siglo XX”.

Mau­ro cie­rra el difí­cil diag­nós­ti­co: “Cuan­do hablo de los erro­res de la izquier­da no estoy tiran­do la izquier­da a la basu­ra. Lo que quie­ro decir es que lo que hay no es sufi­cien­te para enfren­tar los desa­fíos que tene­mos actual­men­te. Pero es lo que tene­mos, y debe­mos tra­ba­jar con eso y no desanimar”.

Nota

1) Ver mani­fies­to (en por­tu­gués) y fir­mas: Impeach­ment popu­lar para sal­var vidas

Bre­cha

corres​pon​den​cia​de​pren​sa​.com/​2​0​2​0​/​0​5​/​2​2​/​b​r​a​s​i​l​-​v​i​e​n​t​o​-​e​n​-​c​o​n​t​r​a​-​l​a​-​i​z​q​u​i​e​r​d​a​-​f​r​e​n​t​e​-​a​-​l​a​-​c​a​t​a​s​t​r​o​f​e​-​s​a​n​i​t​a​r​i​a​-​y​-​e​l​-​p​o​s​i​b​l​e​-​i​m​p​e​a​c​h​m​e​nt/

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