Pen­sa­mien­to crí­ti­co: «El neo­li­be­ra­lis­mo no es ami­ga­ble, ni con la Natu­ra­le­za, ni con las espe­ran­zas de las per­so­nas»

Por Maria­ne­la Mar­tín Gon­zá­lez y Ali­na Pere­ra Rob­bio, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano 22 de mayo de 2020

El sur­ti­dor de espe­jis­mos

¿Por qué, a pesar del noci­vo impac­to que el neo­li­be­ra­lis­mo entra­ña para la espe­cie huma­na y el pla­ne­ta, éste pare­ce no tener fin? Ramón Pichs Madru­ga, direc­tor en Cuba del Cen­tro de Inves­ti­ga­cio­nes de la Eco­no­mía Mun­dial, com­par­te para nues­tras pági­nas refle­xio­nes sobre esa corrien­te de pen­sa­mien­to, que hoy mues­tra su inca­pa­ci­dad para enfren­tar una cri­sis como la que gene­ra la COVID-19

Una maqui­na­ria, basa­da esen­cial­men­te en el libre mer­ca­do, que inclu­ye las dimen­sio­nes eco­nó­mi­ca, social, polí­ti­ca, ideo­ló­gi­ca y cul­tu­ral, entre otras; una made­ja en la cual millo­nes de per­de­do­res lle­gan a pen­sar que son cul­pa­bles de su pro­pio fra­ca­so.

En esos tér­mi­nos Ramón Pichs Madru­ga, direc­tor del Cen­tro de Inves­ti­ga­cio­nes de la Eco­no­mía Mun­dial (CIEM) —per­te­ne­cien­te en Cuba al Minis­te­rio de Cien­cia, Tec­no­lo­gía y Medio Ambien­te (Cit­ma)— defi­ne al neo­li­be­ra­lis­mo, pro­pues­ta muy anti­gua que hace rela­ti­va­men­te poco tiem­po usa tra­je reno­va­do y que no es ami­ga­ble, ni con la natu­ra­le­za, ni con las espe­ran­zas del hom­bre.

A pesar de lo inmen­sa­men­te dañino que ese mode­lo entra­ña, y así lo esta­mos cons­ta­tan­do des­car­na­da­men­te en los últi­mos tiem­pos, pare­ce no tener fin. Por eso vale mucho con­ver­sar con un exper­to sobre sus carac­te­rís­ti­cas.

Des­de 1997 Ramón Pichs es miem­bro del Buró del Gru­po Inter­gu­ber­na­men­tal de Exper­tos sobre Cam­bio Cli­má­ti­co (más cono­ci­do por sus siglas en inglés como IPCC), ins­ti­tu­ción crea­da en 1988 por el Pro­gra­ma de Nacio­nes Uni­das para el Medio Ambien­te (PNUMA) y la Orga­ni­za­ción Meteo­ro­ló­gi­ca Mun­dial (OMM).

Dicha ins­ti­tu­ción rea­li­za, cada seis o sie­te años, eva­lua­cio­nes inte­gra­das sobre el cam­bio cli­má­ti­co. Por tal desem­pe­ño obtu­vo, en 2007, el Pre­mio Nobel de la Paz jun­to con el ciu­da­dano esta­dou­ni­den­se y excan­di­da­to a las elec­cio­nes pre­si­den­cia­les de su país, Albert Arnold «Al» Gore.

Hay un gru­po de la comu­ni­dad cien­tí­fi­ca inter­na­cio­nal que tri­bu­ta al tra­ba­jo de esa ins­ti­tu­ción —nos expli­có Ramón Pichs — ; y a todos aque­llos que has­ta ese momen­to habían teni­do una par­ti­ci­pa­ción, una con­tri­bu­ción direc­ta y que por tan­to habían ayu­da­do a que ella obtu­vie­ra el Pre­mio Nobel, les fue reco­no­ci­do tam­bién ese méri­to.

Gra­dua­do en la espe­cia­li­dad de Eco­no­mía del Comer­cio Exte­rior en la Uni­ver­si­dad de La Haba­na des­de 1985, Pichs expli­có que el neo­li­be­ra­lis­mo hace creer a muchas per­so­nas que ellas son par­te de un pro­ce­so inclu­yen­te en que pue­den aspi­rar al pro­gre­so, para lo cual solo deben «ser efi­cien­tes» y así ser ele­gi­bles para todo tipo de éxi­tos. Es así, tra­ba­jan­do des­de lo sim­bó­li­co, que ha naci­do un ejér­ci­to de segui­do­res, algu­nos cons­cien­tes y otros que incons­cien­te­men­te viven envuel­tos e ilu­sio­na­dos en la made­ja neo­li­be­ral.

«Más que una defi­ni­ción estric­ta­men­te aca­dé­mi­ca para el neo­li­be­ra­lis­mo, reser­va­ría para él la pre­sen­ta­ción como una corrien­te de ideas, cuyos ante­ce­den­tes datan de hace más de 200 años, y que tie­ne una expre­sión en la eco­no­mía, en la polí­ti­ca y en la ideo­lo­gía. Una escue­la de pen­sa­mien­to que abo­ga por la apli­ca­ción del libre mer­ca­do entre agen­tes eco­nó­mi­cos que ope­ran con con­di­cio­nes socio­eco­nó­mi­cas muy dife­ren­tes.

«En su ver­sión más recien­te pudié­ra­mos estar hablan­do de una corrien­te que resur­ge en la déca­da de los 70 del siglo XX. Uno de sus prin­ci­pa­les expo­nen­tes es Mil­ton Fried­man (1912−2006), esta­dís­ti­co, eco­no­mis­ta e inte­lec­tual esta­dou­ni­den­se de ori­gen judío, gana­dor del Pre­mio Nobel de Eco­no­mía de 1976. Se tra­ta de un defen­sor de la eco­no­mía del libre mer­ca­do; fue uno de los fun­da­do­res de la Escue­la de Eco­no­mía de Chica­go. Esta corrien­te es con­si­de­ra­da por algu­nos teó­ri­cos como la mayor ofen­si­va lan­za­da por el impe­ria­lis­mo en el siglo XX.

«El hecho de que en ese momen­to haya resur­gi­do la corrien­te neo­li­be­ral hay que ver­lo aso­cia­do a una crí­ti­ca a las escue­las de pen­sa­mien­to, a las polí­ti­cas eco­nó­mi­cas, a los enfo­ques que pre­do­mi­na­ron des­pués de la Segun­da Gue­rra Mun­dial. Esta­mos hablan­do de polí­ti­cas eco­nó­mi­cas —si lo vamos a ver en lo eco­nó­mi­co— que abo­ga­ban por una mayor inter­ven­ción del Esta­do en la eco­no­mía, y en Amé­ri­ca Lati­na tuvie­ron su expre­sión en la pro­pues­ta de una indus­tria­li­za­ción por medio de la sus­ti­tu­ción de impor­ta­cio­nes.

«Si lo vemos más en Amé­ri­ca Lati­na y el Cari­be, esa corrien­te esta­ba aso­cia­da al pen­sa­mien­to pre­do­mi­nan­te en la Comi­sión Eco­nó­mi­ca de Nacio­nes Uni­das para Amé­ri­ca Lati­na (Cepal), don­de se des­ta­can nom­bres como el de Raúl Fede­ri­co Pré­bisch Lina­res (1901−1986), un polí­ti­co, aca­dé­mi­co y eco­no­mis­ta argen­tino, reco­no­ci­do por sus apor­tes a la teo­ría estruc­tu­ra­lis­ta del desa­rro­llo eco­nó­mi­co.

«Hacia fina­les de la déca­da de 1960 ya se nota­ba un ago­ta­mien­to de aquel cre­ci­mien­to rápi­do que se venía dan­do en las eco­no­mías, sobre todo en las lla­ma­das cen­tra­les des­pués de la Segun­da Gue­rra Mun­dial. Se acer­ca­ba el fin de un para­dig­ma tec­no­eco­nó­mi­co que había comen­za­do a dar mues­tras de lími­tes cre­cien­tes para la ren­ta­bi­li­dad. Y enton­ces comen­zó a flo­re­cer una corrien­te alter­na­ti­va, empe­zó a pujar el neo­li­be­ra­lis­mo, pre­ten­dien­do encon­trar solu­ción a muchos de aque­llos pro­ble­mas en una opción de polí­ti­ca eco­nó­mi­ca mucho más libe­ral, don­de el Esta­do tuvie­se una pre­sen­cia muy limi­ta­da.

«La libe­ra­li­za­ción del comer­cio, la des­re­gu­la­ri­za­ción de los mer­ca­dos finan­cie­ros, de capi­tal y labo­ra­les, comen­zó a ins­tru­men­tar­se en algu­nos paí­ses, algo sus­ten­ta­do en algu­nas expe­rien­cias a tra­vés de dic­ta­du­ras mili­ta­res, como es el caso de Chi­le, don­de des­de ini­cios de los años 70 fue­ron imple­men­tán­do­se muchos de los pre­cep­tos del neo­li­be­ra­lis­mo.

«Con la lle­ga­da de los años 80 sobre­vino un fenó­meno que le dio un nue­vo impul­so a la corrien­te neo­li­be­ral. En 1979 resul­tó elec­ta como pri­me­ra minis­tra del Rei­no Uni­do Mar­ga­ret That­cher (has­ta 1990), y en 1981 asu­mió la pre­si­den­cia en Esta­dos Uni­dos Ronald Reagan, quien estu­vo prác­ti­ca­men­te en el poder duran­te toda la déca­da de los 80.

«Ambos abo­ga­ron por solu­cio­nes neo­li­be­ra­les ante los pro­ble­mas eco­nó­mi­cos que encon­tra­ron al lle­gar a sus res­pec­ti­vos gobier­nos. En el caso de Reagan, esa elec­ción cobró for­ma en la doc­tri­na o polí­ti­ca eco­nó­mi­ca cono­ci­da como Reaga­no­mics, que en esen­cia era una prác­ti­ca neo­li­be­ral, con el fin de con­tro­lar la infla­ción acen­tua­da a par­tir de la cri­sis que afec­tó la eco­no­mía mun­dial, en par­ti­cu­lar a Esta­dos Uni­dos, a ini­cios de los años 80.

«Por otra par­te, en la déca­da de 1980 explo­tó la bur­bu­ja que se había crea­do en torno a la deu­da exter­na de los paí­ses sub­de­sa­rro­lla­dos. La cri­sis esta­lló por la eco­no­mía mexi­ca­na, cuan­do el país azte­ca decla­ró su impo­si­bi­li­dad de pagar en 1982 y a par­tir de ahí se pro­du­jo una cade­na de impa­gos en un con­jun­to de paí­ses deu­do­res, situa­ción que lle­gó a deno­mi­nar­se como la Cri­sis de la Deu­da del dece­nio de 1980, la lla­ma­da déca­da per­di­da para el desa­rro­llo.

«Esta­mos hablan­do de una deu­da que había sido con­tra­ta­da sobre todo duran­te el perío­do de los 70, lap­so en el cual se ele­va­ron los pre­cios del petró­leo, se gene­ró gran can­ti­dad de petro­dó­la­res, y pro­li­fe­ró el cré­di­to fácil. Muchas de las dic­ta­du­ras mili­ta­res en Amé­ri­ca Lati­na, en esa eta­pa, se apo­ya­ron en deu­das impor­tan­tes. El auge que tuvo la explo­ta­ción del petró­leo en todo el mun­do, al calor de los altos pre­cios, con­tri­bu­yó en gran par­te a la deu­da acu­mu­la­da duran­te los 70 que, por cier­to, era una deu­da con­tra­ta­da pre­fe­ren­te­men­te con tasas de inte­rés flo­tan­tes (o sea, regi­das por las con­di­cio­nes del mer­ca­do en el momen­to del pago), lo cual no era un pro­ble­ma para los deu­do­res enton­ces, pues pre­do­mi­na­ban tasas de inte­rés bas­tan­te bajas en esos años.

«Suce­dió, sin embar­go, que jus­ta­men­te aso­cia­do a todas las polí­ti­cas que se pusie­ron en mar­cha en los años 80 para com­ba­tir la infla­ción en paí­ses como EE. UU. y Rei­no Uni­do, se ele­va­ron las tasas de inte­rés inter­na­cio­na­les. Enton­ces, una deu­da exter­na con­tra­ta­da a tasas de inte­rés flo­tan­tes empe­zó a exi­gir pagos por con­cep­to de intere­ses que se dis­pa­ra­ron al alza y que se vol­vie­ron impa­ga­bles para muchos de los paí­ses deu­do­res.

«A media­dos de los 80 La Haba­na fue epi­cen­tro de una cam­pa­ña con­tra el pago de aque­lla deu­da exter­na, con el lide­raz­go y la con­duc­ción del Coman­dan­te en Jefe, Fidel Cas­tro, en la que se lla­ma­ba la aten­ción acer­ca del obs­tácu­lo que repre­sen­ta­ba la deu­da para el desa­rro­llo de los paí­ses pobres, la impo­si­bi­li­dad del pago de la deu­da en aque­llas con­di­cio­nes, y todas las con­se­cuen­cias eco­nó­mi­cas, socia­les, inclu­so medioam­bien­ta­les que se deri­va­ban de la mane­ra en que fue con­tra­ta­da la deu­da, los nive­les que ella había alcan­za­do, el uso que esta había teni­do, y sobre todo lo que se esta­ba pro­po­nien­do por el Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal (FMI) y tam­bién por el Ban­co Mun­dial para “solu­cio­nar” el tema del endeu­da­mien­to.

«Es decir, el neo­li­be­ra­lis­mo alcan­zó en esa épo­ca una vía de trans­mi­tir­se al res­to de la eco­no­mía mun­dial a par­tir de los pro­gra­mas de ajus­te estruc­tu­ral que se imple­men­ta­ron por par­te del FMI, como pre­con­di­ción para que los paí­ses deu­do­res pudie­ran rene­go­ciar sus deu­das.

«Un país deu­dor que caye­ra en situa­ción de impa­go, o que se vie­se ame­na­za­do por una situa­ción de tal natu­ra­le­za, para poder acce­der a una rene­go­cia­ción —muchas veces la deu­da no era con el FMI, sino con acree­do­res pri­va­dos— nece­si­ta­ba tener el aval del FMI; y ello impli­ca­ba pasar por pro­gra­mas de ajus­tes estruc­tu­ra­les muy rígi­dos, que incor­po­ra­ban con mucha fuer­za pre­cep­tos neo­li­be­ra­les. ¿En qué sen­ti­do?: redu­cien­do, en pri­mer lugar, la par­ti­ci­pa­ción del Esta­do en la eco­no­mía.

«Lo ante­rior sig­ni­fi­ca­ba, por ejem­plo, la exi­gen­cia de la pri­va­ti­za­ción a ultran­za, que era un modo de redu­cir la pre­sen­cia del Esta­do. Las empre­sas se pri­va­ti­za­ban a veces a pre­cios de rema­te, y en la agri­cul­tu­ra se afian­zó el agro­ne­go­cio en fun­ción de intere­ses trans­na­cio­na­les. Tam­bién el FMI exi­gía en esos paí­ses la reduc­ción del gas­to social y la libe­ra­li­za­ción comer­cial y finan­cie­ra.

«Casi toda Amé­ri­ca Lati­na, excep­to Cuba, en algún que otro momen­to del perío­do refe­ri­do —des­de los años 70, y sobre todo en los 90— pasó por la apli­ca­ción de prác­ti­cas neo­li­be­ra­les. Argen­ti­na fue un caso típi­co. Cen­troa­mé­ri­ca tam­bién. Colom­bia…; y Chi­le fue la vitri­na del neo­li­be­ra­lis­mo en Amé­ri­ca Lati­na y el Cari­be. En el caso de Argen­ti­na, duran­te el Gobierno de Menen se subas­ta­ron líneas aéreas, yaci­mien­tos de petró­leo…, a pre­cios de rema­te muchas veces.

«Con la caí­da del Muro de Ber­lín los expaí­ses socia­lis­tas resul­ta­ron un cam­po muy fér­til para la expan­sión casi sin lími­tes del neo­li­be­ra­lis­mo, que fue pre­sen­ta­do como la gran solu­ción a los pro­ble­mas de esos paí­ses. En con­se­cuen­cia, en todas esas nacio­nes retro­ce­die­ron, de mane­ra noto­ria, los indi­ca­do­res socia­les, entre los cua­les esta­ba el de la espe­ran­za de vida al nacer».

—¿El for­ta­le­ci­mien­to del neo­li­be­ra­lis­mo tie­ne que ver con la glo­ba­li­za­ción?

—La his­to­ria del capi­ta­lis­mo es la his­to­ria de la glo­ba­li­za­ción. En el perío­do más recien­te, me refie­ro a los años trans­cu­rri­dos des­de ini­cios de los años 70 del siglo XX —y con un refor­za­mien­to en las déca­das pos­te­rio­res— la glo­ba­li­za­ción ha pasa­do a ser esen­cial­men­te un pro­ce­so neo­li­be­ral, es decir, un pro­ce­so de glo­ba­li­za­ción neo­li­be­ral.

«A fina­les de los 80 se escu­chó hablar mucho del Con­sen­so de Washing­ton. Se dice que el neo­li­be­ra­lis­mo, don­de mejor que­dó defi­ni­do fue en un docu­men­to ela­bo­ra­do en esa ciu­dad en 1989. ¿Cuál fue su con­te­ni­do?: eran las medi­das prin­ci­pa­les de los pro­gra­mas de ajus­te estruc­tu­ral del FMI y del Ban­co Mun­dial ya men­cio­na­das.

«Se abo­gó en ese pro­gra­ma por una des­re­gu­la­ri­za­ción y libe­ra­ción a ultran­za del comer­cio, las finan­zas, los mer­ca­dos labo­ra­les… Según el neo­li­be­ra­lis­mo, por ejem­plo, en los mer­ca­dos labo­ra­les de lo que se tra­ta es de “fle­xi­bi­li­zar” el pro­ce­so de tra­ba­jo, lo que tien­de a des­mon­tar y frag­men­tar la acti­vi­dad sin­di­cal».

En un segui­mien­to al hilo de la his­to­ria des­pia­da­da del neo­li­be­ra­lis­mo, Pichs expli­có que los años 90 del siglo XX fue­ron de con­so­li­da­ción de esa doc­tri­na, con la incor­po­ra­ción de los paí­ses exso­cia­lis­tas. Duran­te esos años se afian­za­ron como ins­ti­tu­cio­nes insig­nias del neo­li­be­ra­lis­mo a esca­la glo­bal tan­to el FMI como el Ban­co Mun­dial y la Orga­ni­za­ción Mun­dial de Comer­cio (OMC).

«Por lo gene­ral, se dice des­re­gu­lar, qui­tar tra­bas, una idea que pue­de inter­pre­tar­se como algo posi­ti­vo, pero en la prác­ti­ca esa libe­ra­li­za­ción es sobre la base de con­di­cio­nes de par­ti­da muy dife­ren­tes. Cuan­do tú pones en con­di­cio­nes de libre comer­cio a agen­tes tan dife­ren­tes en un mun­do como el que esta­mos vivien­do, el pez gran­de siem­pre se come al peque­ño. Con el neo­li­be­ra­lis­mo des­apa­re­ce toda visión de equi­dad y de tra­to pre­fe­ren­cial para las eco­no­mías más pobres, se abo­ga por la reci­pro­ci­dad a ultran­za».

Un con­cep­to que no ha fun­cio­na­do, según pun­tua­li­zó nues­tro entre­vis­ta­do, habi­ta en la base teó­ri­ca del neo­li­be­ra­lis­mo: la creen­cia de que si se cre­ce eco­nó­mi­ca­men­te, las bre­chas socia­les (ejem­plo: la inequi­dad, la pobre­za) y los retos ambien­ta­les (ejem­plo: la con­ta­mi­na­ción, el cam­bio cli­má­ti­co) se irán resol­vien­do a par­tir de los recur­sos mate­ria­les gene­ra­dos por la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca. En la prác­ti­ca, no bas­ta con gene­rar cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co; se requie­ren tam­bién polí­ti­cas de desa­rro­llo inte­gra­les que incor­po­ren explí­ci­ta­men­te obje­ti­vos socio­eco­nó­mi­cos y ambien­ta­les.

«Hoy, por demás, lo que se vive es un pro­ce­so de des­ace­le­ra­ción y retro­ce­so de la eco­no­mía mun­dial, prác­ti­ca­men­te en todas las regio­nes. Es una reali­dad que se ha refor­za­do recien­te­men­te con el adve­ni­mien­to y la expan­sión de la pan­de­mia de la COVID-19, ante la cual el neo­li­be­ra­lis­mo ha mos­tra­do una gran inca­pa­ci­dad para gene­rar res­pues­tas acer­ta­das».

—El neo­li­be­ra­lis­mo y la obso­les­cen­cia tec­no­ló­gi­ca pro­gra­ma­da, ¿aca­so tie­nen una rela­ción direc­ta­men­te pro­por­cio­nal?

—Tie­nen mucho que ver, pues el obje­ti­vo es prio­ri­zar la ganan­cia a cor­to pla­zo y a toda cos­ta. Des­de el pun­to de vis­ta ambien­tal, ¿qué con­vie­ne?: que las cosas duren más, que sean reci­cla­bles. Des­de el pun­to de vis­ta estric­to de la ganan­cia comer­cial eso no intere­sa; lo que intere­sa es gene­rar nue­vos con­su­mi­do­res.

—¿Enton­ces son cie­gos?

—Es sim­ple­men­te la lógi­ca del mer­ca­do, y según esa lógi­ca lo que intere­sa no es satis­fa­cer una nece­si­dad social, sino que al bus­car la satis­fac­ción de las nece­si­da­des las per­so­nas se vuel­van com­pra­do­ras com­pul­si­vas. Por eso se recu­rre a la obso­les­cen­cia pro­gra­ma­da, median­te la cual se acor­ta arti­fi­cial­men­te la vida útil de los pro­duc­tos, lo que al final tie­ne un impac­to ambien­tal funes­to.

—¿En qué esta­do se encuen­tra la corrien­te de pen­sa­mien­to sobre la cual hemos con­ver­sa­do?

—Yo diría que vive en una cri­sis que no ha sido total­men­te supe­ra­da y que ha reve­la­do con mucha niti­dez sus lími­tes no solo en lo social (con la cre­cien­te pola­ri­za­ción social) y en lo medioam­bien­tal, sino tam­bién en otras dimen­sio­nes que pre­ten­día poten­ciar, como son las varia­bles eco­nó­mi­cas.

«Es decir, no se ha logra­do salir de la cri­sis, por tan­to es una línea de pen­sa­mien­to que está mar­ca­da por ese gol­pe con­tun­den­te que reci­bió con la cri­sis glo­bal de los años 2008 – 2009. La eco­no­mía se man­tu­vo des­ace­le­ra­da duran­te diez años has­ta 2019, y en 2020 ha sido nue­va­men­te gol­pea­da, esta vez por los efec­tos con­trac­ti­vos de la pan­de­mia de COVID-19.

«Las accio­nes comer­cia­les de la actual admi­nis­tra­ción nor­te­ame­ri­ca­na tam­bién con­tras­tan con la idea de libe­ra­li­za­ción a ultran­za de los mer­ca­dos, por­que han pues­to deter­mi­na­dos lími­tes, toda vez que ha entro­ni­za­do el pro­tec­cio­nis­mo en Esta­dos Uni­dos, y esto ha gene­ra­do res­pues­tas simi­la­res de los paí­ses afec­ta­dos. Eso no está ali­nea­do con los pre­cep­tos neo­li­be­ra­les, de la mane­ra en que venía fun­cio­nan­do antes. La actual admi­nis­tra­ción nor­te­ame­ri­ca­na ha pues­to en pri­mer plano la recu­pe­ra­ción de la hege­mo­nía per­di­da en su com­pe­ten­cia con otros acto­res emer­gen­tes y diná­mi­cos como Chi­na».

Refor­za­mien­to del cam­bio cli­má­ti­co, pér­di­da ace­le­ra­da de la bio­di­ver­si­dad, pira­te­ría bio­ló­gi­ca, robo de mate­rias pri­mas que retor­nan con­ver­ti­das en carí­si­mos pro­duc­tos de bio­tec­no­lo­gía, sub­es­ti­ma­ción de los cono­ci­mien­tos tra­di­cio­na­les ances­tra­les de muchas de las socie­da­des hun­di­das en la pobre­za, bús­que­das de solu­cio­nes a cor­to pla­zo en temas que requie­ren una pers­pec­ti­va de lar­go pla­zo. Todo lo ante­rior­men­te men­cio­na­do son noci­vos fru­tos de la filo­so­fía neo­li­be­ral.

«En rela­ción con las pers­pec­ti­vas, si las cosas siguen como van esta­mos con­de­na­dos a un colap­so eco­ló­gi­co, por­que el mis­mo tema del cam­bio cli­má­ti­co pone de mani­fies­to, y cada vez las evi­den­cias son mayo­res, que con­ti­núan aumen­tan­do las tem­pe­ra­tu­ras y el nivel del mar, los even­tos extre­mos tien­den a ser cada vez más inten­sos, algu­nos de ellos son cada vez más fre­cuen­tes, y en algu­nos casos se com­bi­nan ambas con­di­cio­nes.

«En medio de la cri­sis sani­ta­ria gene­ra­da con la expan­sión de la pan­de­mia de COVID-19 y su secue­la de impac­tos socio­eco­nó­mi­cos adver­sos, se ha pues­to de mani­fies­to la inca­pa­ci­dad del neo­li­be­ra­lis­mo. Cabe recor­dar que las fór­mu­las neo­li­be­ra­les venían favo­re­cien­do, por ejem­plo, sis­te­mas de salud, de asis­ten­cia social y has­ta cemen­te­rios pri­va­ti­za­dos y, por tan­to, regi­dos por prác­ti­cas emi­nen­te­men­te comer­cia­les, las que han resul­ta­do inefi­ca­ces para enfren­tar una cri­sis sani­ta­ria como la des­ata­da con la COVID-19, don­de la cola­bo­ra­ción, la soli­da­ri­dad y la par­ti­ci­pa­ción social son resor­tes insus­ti­tui­bles, como se ha demos­tra­do aquí.

«Cuba, en medio de toda esta situa­ción, enfren­ta un reto enor­me. Debe encon­trar los nece­sa­rios equi­li­brios y las solu­cio­nes más ade­cua­das: nos esta­mos movien­do en un entorno extra­or­di­na­ria­men­te com­ple­jo, agra­va­do por el recru­de­ci­mien­to del blo­queo del Gobierno de EE. UU., y nece­sa­ria­men­te tene­mos que sacar lec­cio­nes no solo de la his­to­ria nues­tra, sino tam­bién de la his­to­ria de otros, y es por eso que aquí, en el dise­ño de muchas de las accio­nes que se han esta­do imple­men­tan­do para la actua­li­za­ción del mode­lo eco­nó­mi­co, han sido con­vo­ca­das muchas ins­ti­tu­cio­nes aca­dé­mi­cas a deba­tes sobre estos temas, sobre los retos y las expe­rien­cias inter­na­cio­na­les.

«Que lo haga­mos bien o mal, en medio de un pano­ra­ma tan com­ple­jo, depen­de en defi­ni­ti­va de noso­tros».

Por Juven­tud Rebel­de

Itu­rria /​Fuen­te

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