Perú. Res­pues­tas des­de las polí­ti­cas públi­cas a la crisis

Por Ale­jan­dro Nar­váez Lice­ras* /​Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 20 de mayo de 2020

Al mar­gen de la pér­di­da de vidas huma­nas, que es inva­lo­ra­ble, el cos­to del coro­na­vi­rus en mate­ria eco­nó­mi­ca, será cuan­tio­so para los perua­nos. El opti­mis­mo del Minis­te­rio de Eco­no­mía y Finan­zas (MEF) a ini­cios de mar­zo pasa­do, de una caí­da del Pro­duc­to Bru­to Interno (PBI) para este año en torno al 3.5% y una rápi­da recu­pe­ra­ción en for­ma de V para el 2021, han ido cedien­do paso a una cru­da reali­dad: la pro­fun­di­dad de la rece­sión pare­ce no tener limite. 

Apo­yo Con­sul­to­ría esti­ma una caí­da de – 12% para este año. Aun­que due­la admi­tir­lo el 2020 es un año per­di­do, a menos que apa­rez­ca muy pron­to la tan espe­ra­da vacu­na (cru­ce­mos los dedos) que ayu­de a evi­tar males mayo­res. Nada nos dice que el pró­xi­mo año sea mejor o igual que éste, y la cur­va de la recu­pe­ra­ción con suer­te ten­dría for­ma de U, es decir, nues­tra eco­no­mía pasa­ría a duras penas al terreno posi­ti­vo allá por el año 2023.

Reac­ti­va Perú no funciona

El gobierno ha pre­vis­to gas­tar 12% del PBI (90,000 millo­nes de soles) para enfren­tar la cri­sis del coro­na­vi­rus. Los pri­me­ros 30,000 millo­nes fue­ron des­ti­na­dos a con­te­ner el virus, los siguien­tes 30,000 millo­nes para prés­ta­mos a empre­sas con garan­tía del Esta­do a car­go del Ban­co Cen­tral de Reser­va (BCR) y el sal­do seria para la reac­ti­va­ción eco­nó­mi­ca. Sin embar­go, este plan fue modi­fi­ca­do la sema­na pasa­da (véa­se D.L. 1585). Los 30,000 mil millo­nes que mane­jan los ban­cos para prés­ta­mos con garan­tía del papá Esta­do han aumen­ta­do a 60,000 millo­nes de soles, sien­do la razón según el MEF, finan­ciar el capi­tal de tra­ba­jo de las empre­sas con pro­ble­mas de caja.

El tan mediá­ti­co plan Reac­ti­va Perú del gobierno, no es pro­pia­men­te un plan de reac­ti­va­ción eco­nó­mi­ca; es más bien de sal­va­ta­je y con­ten­ción de la eco­no­mía a cor­to pla­zo para evi­tar que se rom­pa la cade­na de pagos. Este plan que cuen­ta con un fon­do de 60,000 millo­nes de soles gra­cias a la últi­ma amplia­ción, está orien­ta­do prin­ci­pal­men­te a sanear la eco­no­mía de las gran­des empre­sas y muy poco a las micros, peque­ñas y media­nas empre­sas que brin­dan empleo al 75% de la pobla­ción eco­nó­mi­ca­men­te acti­va (PEA). Con­ser­var empleo es lo que más impor­ta en este momen­to, por lo tan­to, el mayor esfuer­zo del gobierno debe estar diri­gi­do a este sec­tor. En suma, los 90 mil millo­nes de soles ya se han dilui­do, mien­tras hay 800 mil empleos per­di­dos con la cri­sis, 10 millo­nes de perua­nos en situa­ción de pobre­za, 2 millo­nes 500 mil ham­brien­tos y la reac­ti­va­ción no se ve, excep­to penu­ria en miles de hoga­res perua­nos. Des­afor­tu­na­da­men­te, esta­mos ante un gobierno sin pla­nes ni estra­te­gias pos coro­na­vi­rus y de rema­te sin opo­si­ción polí­ti­ca que ayu­de a corre­gir sus desaciertos.

Res­pues­ta des­de las polí­ti­cas públi­cas a la crisis

El coro­na­vi­rus ha pues­to en evi­den­cia que nues­tro país nun­ca estu­vo pre­pa­ra­do para nada. Ha pues­to al des­nu­do nues­tras mise­rias más pro­fun­das. La bonan­za eco­nó­mi­ca del perio­do 2001 y 2017 sir­vió de muy poco2, excep­to para hacer millo­na­rios a una éli­te codi­cio­sa, muchos de ellos sin mere­cer­lo. La edu­ca­ción públi­ca de cali­dad, la salud para todos, el desa­rro­llo de la cien­cia para tener indus­tria pro­pia, etc. les impor­to muy poco a los dis­tin­tos gobier­nos que se han suce­di­do a lo lar­go de los años.

Ante una cri­sis sani­ta­ria, eco­nó­mi­ca y social sin pre­ce­den­tes, la úni­ca opción posi­ble es una res­pues­ta de país coor­di­na­do y de gran mag­ni­tud. Se tra­ta de actuar rápi­do y sin vaci­la­cio­nes. A gran­des males, gran­des reme­dios. Esto exi­ge cua­tro líneas de actua­ción: i) sal­var vidas, ii) pro­te­ger a los pobres de los emba­tes de la cri­sis, iii) sal­var el empleo y a las empre­sas de la quie­bra que les ace­cha y iv) dise­ñar el plan de cons­truc­ción de un país moderno y cohe­sio­na­do social­men­te. Las tres pri­me­ras accio­nes se vie­nen dan­do con los erro­res y las limi­ta­cio­nes que todos cono­ce­mos, por tan­to, no abun­da­ré más sobre ellas.

Todos hemos escu­cha­do decir a la gen­te, que el país nun­ca más será el mismo.

Enton­ces pre­gun­to ¿cómo debe ser ese país del futu­ro? ¿Cuá­les deben ser los pila­res o prin­ci­pios de ese país nue­vo? ¿Cómo debe­mos cons­truir ese país dis­tin­to al que tene­mos actual­men­te? Cons­truir un país con ras­gos dife­ren­tes al que tene­mos, en mi opi­nión, exi­ge dos cues­tio­nes clave:

Pri­me­ro, volun­tad polí­ti­ca para poner en mar­cha una polí­ti­ca fis­cal agre­si­va­men­te dis­rup­ti­va, basa­da en pre­su­pues­tos de gue­rra plu­ri­anua­les, que prio­ri­ce inver­sio­nes de gran mag­ni­tud en infra­es­truc­tu­ra físi­ca y equi­pa­mien­to en edu­ca­ción, cien­cia e inves­ti­ga­ción, salud, trans­por­tes y alfa­be­ti­za­ción digital.

Todo ello sería par­te de la cons­truc­ción de un país pos – coro­na­vi­rus que sólo el Esta­do pue­de poner en mar­cha. Estas medi­das ten­drían un doble efec­to: lle­var la eco­no­mía al terreno posi­ti­vo y pre­pa­rar el país para futu­ros even­tos no desea­dos. Esta pro­pues­ta pue­de pare­cer una qui­me­ra para unos o uto­pía para otros. Pero, seria igno­ran­cia pura. Cono­ce­mos dece­nas de paí­ses peque­ños y más pobres en recur­sos natu­ra­les, sin embar­go, que son infi­ni­ta­men­te más desa­rro­lla­dos que el nues­tro, y

Segun­do, lucha fron­tal con­tra la pan­de­mia de la corrup­ción. Esta pan­de­mia ha per­ver­ti­do la polí­ti­ca, la jus­ti­cia, la reali­dad eco­nó­mi­ca, las prác­ti­cas socia­les, las accio­nes del gobierno, el mun­do del tra­ba­jo, los fines y modos de vida coti­dia­na de la gen­te, y a su vez ha engen­dra­do una cla­se rica hecha en la penum­bra y al mar­gen de la ley, empe­ña­da en con­tro­lar la polí­ti­ca y los prin­ci­pa­les espa­cios de poder, de paso ponien­do en peli­gro la super­vi­ven­cia de nues­tra débil demo­cra­cia. Diver­sas inves­ti­ga­cio­nes reve­lan que, un país corrup­to podría tener nive­les de inver­sión has­ta 5% del PBI menos que paí­ses sin corrup­ción, lo que se tra­du­ce, a su vez, en pér­di­das de cre­ci­mien­to de la eco­no­mía a lar­go pla­zo de 0.5% por año.

Se pue­de finan­ciar el pos-coronavirus

Es evi­den­te, que este año y los pró­xi­mos habrán menos ingre­sos al Teso­ro Públi­co, mien­tras los gas­tos cre­ce­rán sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te. ¿Qué hacer en este esce­na­rio y cómo finan­ciar la cons­truc­ción del país pos – coro­na­vi­rus? Tene­mos varias opciones:

  1. En el 2018 la recau­da­ción tri­bu­ta­ria en Amé­ri­ca Lati­na y el Cari­be (ALC) en pro­me­dio fue de 23.1% del PBI. Esto repre­sen­ta un incre­men­to de más de 8%, en rela­ción al año 1990 (15.9%). En el Perú, la recau­da­ción tri­bu­ta­ria en el 2018 fue de sólo 16.4% del PBI, Boli­via 25.4%, Chi­le 21.1%, Ecua­dor 20.6%, Colom­bia 19.4% (Véa­se: Esta­dís­ti­cas Tri­bu­ta­rias en Amé­ri­ca Lati­na y el Cari­be 2020 de la OCDE). Esta infor­ma­ción reve­la dos pro­ble­mas: la inca­pa­ci­dad de la admi­nis­tra­ción públi­ca para ejer­cer una mayor pre­sión tri­bu­ta­ria, por un lado, y por otro, la gene­ro­si­dad de los suce­si­vos gobier­nos corrup­tos con las gran­des mul­ti­na­cio­na­les al con­ce­der­les exo­ne­ra­cio­nes tri­bu­ta­rias, así como la ilu­sión y la defrau­da­ción que gene­ra el dine­ro negro que no tri­bu­ta. Por tan­to, con una mayor pre­sión tri­bu­ta­ria se pue­de gene­rar más ingre­sos fis­ca­les al Estado.
  2. El impues­to a la soli­da­ri­dad pro­pues­to por el eje­cu­ti­vo ha sido total­men­te des­afor­tu­na­do. Se tra­ta más bien de poner en deba­te la idea de crear el impues­to al patri­mo­nio o rique­za de per­so­nas natu­ra­les y jurí­di­cas, que vaya de la mano de la refor­ma tri­bu­ta­ria que nece­si­ta el país. El pro­fe­sor Jor­ge Man­co lo lla­ma “impues­to a la riqueza”.
  3. Aumen­tar la deu­da públi­ca a 50% del PBI, por lan­zar una cifra. Chi­le con una caí­da de PBI de – 1.9% pro­yec­ta para este año una deu­da públi­ca de 40% de su PBI y un défi­cit públi­co de 9.3%. La últi­ma emi­sión de Bonos del Teso­ro Públi­co es un buen ejem­plo de lo atrac­ti­vo que son los títu­los perua­nos. Otro ejem­plo cer­cano es la recien­te emi­sión de bonos del gobierno mexi­cano que ha teni­do una exce­len­te acogida.
  4. Rein­ge­nie­ría de la Admi­nis­tra­ción Públi­ca. Impli­ca opti­mi­zar recur­sos o “qui­tar la gra­sa”, es decir, redu­cir los millo­na­rios con­tra­tos de con­sul­to­ría y gas­tos inne­ce­sa­rios. Esta medi­da debe ir de la mano de la reduc­ción de los exor­bi­tan­tes suel­dos de un ele­va­do núme­ro de buró­cra­tas dora­dos entor­ni­lla­dos en el BCR, la SBS, el MEF, etc.
  5. Prio­ri­zar inver­sio­nes. Hay que apar­car pro­yec­tos como el de Tala­ra que impli­ca gas­tar en torno a 6,500 millo­nes de dóla­res. El pro­yec­to pri­mi­ge­nio de moder­ni­za­ción de la Refi­ne­ría Tala­ra estu­vo pre­su­pues­ta­do en 265 millo­nes de dólares.

La extre­ma fra­gi­li­dad de nues­tra eco­no­mía ante una cri­sis glo­bal y jamás vis­ta tie­ne que ver, entre otros fac­to­res, con su fuer­te depen­den­cia a las expor­ta­cio­nes de mate­rias pri­mas, con la mine­ra como la pri­me­ra fuen­te de ingre­sos del país. En estas con­di­cio­nes el Perú no tie­ne futu­ro. El gobierno tie­ne la obli­ga­ción inex­cu­sa­ble de con­vo­car a los mejo­res téc­ni­cos y pro­fe­sio­na­les para dise­ñar con rigor y sen­ti­do de Esta­do, el plan de cons­truc­ción nacio­nal, que pre­vea el uso efi­cien­te y razo­na­ble del gas­to públi­co y dise­ñe una polí­ti­ca fis­cal que sea capaz de gene­rar ingre­sos sufi­cien­tes para finan­ciar el nue­vo pro­yec­to de país.

Los bue­nos fun­da­men­tos macro­eco­nó­mi­cos, de lo que mucho se alar­dea, debe ser­vir pre­ci­sa­men­te, para ayu­dar a enfren­tar esta cri­sis con sol­ven­cia y para cons­truir una socie­dad cohe­sio­na­da social­men­te, basa­da en otros prin­ci­pios en la que todos los perua­nos ten­ga­mos los mis­mos dere­chos y las mis­mas opor­tu­ni­da­des. Lo peor que nos pue­de pasar des­pués de esta cri­sis es pre­ci­sa­men­te seguir como antes, y algu­nos lo desean. Si no es aho­ra, ¿Cuán­do?

*1 Es Doc­tor en Cien­cias Eco­nó­mi­cas por la Uni­ver­si­dad Autó­no­ma de Madrid (UAM) y Pro­fe­sor Prin­ci­pal de Finan­zas en la Uni­ver­si­dad Nacio­nal Mayor de San Mar­cos.
2 Ale­jan­dro Nar­váez Lice­ras (2020). “Des­igual­dad y Ham­bre en el Perú: 2001 – 2017”. Revis­ta Inves­ti­ga­cio­nes Socia­les, Vol. 22 N°. 42, pp. 287 – 301, UNMSM. (Revis­ta Indexada)

FUENTE: Otra Mirada

Itu­rria /​Fuen­te

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