Pen­sa­mien­to crí­ti­co. Byung-Chul Han: Vivi­re­mos como en un esta­do de gue­rra permanente

Resu­men Latinoamericano*/ 17 de mayo 2020 .– .

El filó­so­fo coreano Byung-Chul Han en una foto­gra­fía faci­li­ta­da por la Edi­to­rial Her­der. Super­vi­ven­cia, sacri­fi­cio del pla­cer y pér­di­da del sen­ti­do de la bue­na vida. Así es el mun­do que vati­ci­na Byung-Chul Han des­pués de la pan­de­mia: «Sobre­vi­vir se con­ver­ti­rá en algo abso­lu­to, como si estu­vié­ra­mos en un esta­do de gue­rra per­ma­nen­te», afir­ma en una entre­vis­ta con Efe el pen­sa­dor coreano. EFE /​Her­der Edi­to­rial /​Isa­be­la Gresser

Super­vi­ven­cia, sacri­fi­cio del pla­cer y pér­di­da del sen­ti­do de la bue­na vida. Así es el mun­do que vati­ci­na el filó­so­fo coreano Byung-Chul Han des­pués de la pan­de­mia: “Sobre­vi­vir se con­ver­ti­rá en algo abso­lu­to, como si estu­vié­ra­mos en un esta­do de gue­rra permanente”.

Naci­do en Seúl en 1959, Han estu­dió Filo­so­fía, Lite­ra­tu­ra y Teo­lo­gía en Ale­ma­nia, don­de resi­de, y aho­ra es una de las men­tes más inno­va­do­ras en la crí­ti­ca de la socie­dad actual. Según des­cri­be en una entre­vis­ta a EFE, nues­tra vida está impreg­na­da de hiper­trans­pa­ren­cia e hiper­con­su­mis­mo, de un exce­so de infor­ma­ción y de una posi­ti­vi­dad que con­du­ce de for­ma inevi­ta­ble a la socie­dad del cansancio.

El pen­sa­dor coreano, glo­bal y viral en su fon­do y for­ma, expre­sa su preo­cu­pa­ción por­que el coro­na­vi­rus impon­ga regí­me­nes de vigi­lan­cia y cua­ren­te­nas bio­po­lí­ti­cas, pér­di­da de liber­tad, fin del buen vivir o una fal­ta de huma­ni­dad gene­ra­da por la his­te­ria y el mie­do colectivo.

«La muer­te no es demo­crá­ti­ca», advier­te este pen­sa­dor. La Covid-19 ha deja­do laten­tes las dife­ren­cias socia­les, así como que “el prin­ci­pio de la glo­ba­li­za­ción es maxi­mi­zar las ganan­cias” y que “el capi­tal es enemi­go del ser humano”. A su jui­cio, “eso ha cos­ta­do muchas vidas en Euro­pa y en Esta­dos Uni­dos” en ple­na pandemia.

Byung-Chul Han, que publi­ca­rá en las pró­xi­mas sema­nas en espa­ñol su últi­mo libro, «La des­apa­ri­ción de los ritua­les» (Her­der), está con­ven­ci­do de que la pan­de­mia “hará que el poder mun­dial se des­pla­ce hacia Asia” fren­te a lo que se ha lla­ma­do his­tó­ri­ca­men­te el Occi­den­te. Comien­za una nue­va era.

PREGUNTA: ¿La Covid-19 ha demo­cra­ti­za­do la vul­ne­ra­bi­li­dad humana?¿Ahora somos más frágiles?

RESPUESTA: Está mos­tran­do que la vul­ne­ra­bi­li­dad o mor­ta­li­dad huma­nas no son demo­crá­ti­cas, sino que depen­den del esta­tus social. La muer­te no es demo­crá­ti­ca. La Covid-19 no ha cam­bia­do nada al res­pec­to. La muer­te nun­ca ha sido demo­crá­ti­ca. La pan­de­mia, en par­ti­cu­lar, pone de relie­ve los pro­ble­mas socia­les, los fallos y las dife­ren­cias de cada socie­dad. Pien­se por ejem­plo en Esta­dos Uni­dos. Por la Covid-19 están murien­do sobre todo afro­ame­ri­ca­nos. La situa­ción es simi­lar en Fran­cia. Como con­se­cuen­cia del con­fi­na­mien­to, los tre­nes sub­ur­ba­nos que conec­tan París con los subur­bios están aba­rro­ta­dos. Con la Covid-19 enfer­man y mue­ren los tra­ba­ja­do­res pobres de ori­gen inmi­gran­te en las zonas peri­fé­ri­cas de las gran­des ciu­da­des. Tie­nen que tra­ba­jar. El tele­tra­ba­jo no se lo pue­den per­mi­tir los cui­da­do­res, los tra­ba­ja­do­res de las fábri­cas, los que lim­pian, las ven­de­do­ras o los que reco­gen la basu­ra. Los ricos, por su par­te, se mudan a sus casas en el campo.

La pan­de­mia no es solo un pro­ble­ma médi­co, sino social. Una razón por la que no han muer­to tan­tas per­so­nas en Ale­ma­nia es por­que no hay pro­ble­mas socia­les tan gra­ves como en otros paí­ses euro­peos y Esta­dos Uni­dos. Ade­más el sis­te­ma sani­ta­rio es mucho mejor en Ale­ma­nia que en los Esta­dos Uni­dos, Fran­cia, Ingla­te­rra o Italia.

Aún así, en Ale­ma­nia, la Covid-19 resal­ta las dife­ren­cias socia­les. Tam­bién mue­ren antes aque­llos social­men­te débi­les. En los auto­bu­ses y metros aba­rro­ta­dos via­jan las per­so­nas con menos recur­sos que no se pue­den per­mi­tir un vehícu­lo pro­pio. La Covid-19 mues­tra que vivi­mos en una socie­dad de dos clases.

P: ¿Vamos a caer más fácil­men­te en manos de auto­ri­ta­ris­mos y popu­lis­mos, somos más manipulables?

R: El segun­do pro­ble­ma es que la Covid-19 no sus­ten­ta a la demo­cra­cia. Como es bien sabi­do, del mie­do se ali­men­tan los autó­cra­tas. En la cri­sis, las per­so­nas vuel­ven a bus­car líde­res. El hún­ga­ro Vik­tor Orban se bene­fi­cia enor­me­men­te de ello, decla­ra el esta­do de emer­gen­cia y lo con­vier­te en una situa­ción nor­mal. Ese es el final de la democracia.

P: Liber­tad ver­sus Segu­ri­dad. ¿Cuál va a ser el pre­cio que vamos a pagar por el con­trol de la pandemia?

R: Con la pan­de­mia nos diri­gi­mos hacia un régi­men de vigi­lan­cia bio­po­lí­ti­ca. No solo nues­tras comu­ni­ca­cio­nes, sino inclu­so nues­tro cuer­po, nues­tro esta­do de salud se con­vier­ten en obje­tos de vigi­lan­cia digi­tal. Según Nao­mi Klein, el shock es un momen­to favo­ra­ble para la ins­ta­la­ción de un nue­vo sis­te­ma de reglas. El cho­que pan­dé­mi­co hará que la bio­po­lí­ti­ca digi­tal se con­so­li­de a nivel mun­dial, que con su con­trol y su sis­te­ma de vigi­lan­cia se apo­de­re de nues­tro cuer­po, dará lugar a una socie­dad dis­ci­pli­na­ria bio­po­lí­ti­ca en la que tam­bién se moni­to­ri­za­rá cons­tan­te­men­te nues­tro esta­do de salud. Occi­den­te se verá obli­ga­do a aban­do­nar sus prin­ci­pios libe­ra­les; y lue­go está la ame­na­za de una socie­dad en cua­ren­te­na bio­po­lí­ti­ca en Occi­den­te en la que que­da­ría limi­ta­da per­ma­nen­te­men­te nues­tra libertad.

P:¿Qué con­se­cuen­cias van a tener el mie­do y la incer­ti­dum­bre en la vida de las personas?

R: El virus es un espe­jo, mues­tra en qué socie­dad vivi­mos. Y vivi­mos en una socie­dad de super­vi­ven­cia que se basa en últi­ma ins­tan­cia en el mie­do a la muer­te. Aho­ra sobre­vi­vir se con­ver­ti­rá en algo abso­lu­to, como si estu­vié­ra­mos en un esta­do de gue­rra per­ma­nen­te. Todas las fuer­zas vita­les se emplea­rán para pro­lon­gar la vida. En una socie­dad de la super­vi­ven­cia se pier­de todo sen­ti­do de la bue­na vida. El pla­cer tam­bién se sacri­fi­ca­rá al pro­pó­si­to más ele­va­do de la pro­pia salud.

El rigor de la prohi­bi­ción de fumar es un ejem­plo de la his­te­ria de la super­vi­ven­cia. Cuan­to la vida sea más una super­vi­ven­cia, más mie­do se ten­drá a la muer­te. La pan­de­mia vuel­ve a hacer visi­ble la muer­te, que había­mos supri­mi­do y sub­con­tra­ta­do cui­da­do­sa­men­te. La pre­sen­cia de la muer­te en los medios de comu­ni­ca­ción está ponien­do ner­vio­sa a la gen­te. La his­te­ria de la super­vi­ven­cia hace que la socie­dad sea tan inhumana.

A quien tene­mos al lado es un poten­cial por­ta­dor del virus y hay que man­te­ner­se a dis­tan­cia. Los mayo­res mue­ren solos en los asi­los por­que nadie pue­de visi­tar­les por el ries­go de infec­ción. ¿Esa vida pro­lon­ga­da unos meses es mejor que morir solo? En nues­tra his­te­ria por la super­vi­ven­cia olvi­da­mos por com­ple­to lo que es la bue­na vida.

Por sobre­vi­vir, sacri­fi­ca­mos volun­ta­ria­men­te todo lo que hace que val­ga la pena vivir, la socia­bi­li­dad, el sen­ti­mien­to de comu­ni­dad y la cer­ca­nía. Con la pan­de­mia ade­más se acep­ta sin cues­tio­na­mien­to la limi­ta­ción de los dere­chos fun­da­men­ta­les, inclu­so se prohí­ben los ser­vi­cios religiosos.

Los sacer­do­tes tam­bién prac­ti­can el dis­tan­cia­mien­to social y usan más­ca­ras pro­tec­to­ras. Sacri­fi­can la creen­cia a la super­vi­ven­cia. La cari­dad se mani­fies­ta median­te el dis­tan­cia­mien­to. La viro­lo­gía des­em­po­de­ra a la teo­lo­gía. Todos escu­chan a los viró­lo­gos, que tie­nen sobe­ra­nía abso­lu­ta de interpretación.

La narra­ti­va de la resu­rrec­ción da paso a la ideo­lo­gía de la salud y de super­vi­ven­cia. Ante el virus, la creen­cia se con­vier­te en una far­sa. ¿Y nues­tro papa? San Fran­cis­co abra­zó a los leprosos…

El páni­co ante el virus es exa­ge­ra­do. La edad pro­me­dio de quie­nes mue­ren en Ale­ma­nia por Covid-19 es 80 u 81 años y la espe­ran­za media de vida es de 80,5 años. Lo que mues­tra nues­tra reac­ción de páni­co ante el virus es que algo anda mal en nues­tra sociedad.

P:¿En la era post­co­ro­na­vi­rus, nues­tra socie­dad será más res­pe­tuo­sa con la natu­ra­le­za, más jus­ta; o nos hará más egoís­tas e individualistas?

R: Hay un cuento,“Simbad el Marino”. En un via­je, Sim­bad y su com­pa­ñe­ro lle­gan a una peque­ña isla que pare­ce un jar­dín para­di­sía­co, se dan un fes­tín y dis­fru­tan cami­nan­do. Encien­den un fue­go y cele­bran. Y de repen­te la isla se tam­ba­lea, los árbo­les se caen. La isla era en reali­dad el lomo de un pez gigan­te que había esta­do inmó­vil duran­te tan­to tiem­po que se había acu­mu­la­do are­na enci­ma y habían cre­ci­do árbo­les sobre él. El calor del fue­go en su lomo es lo que saca al pez gigan­te de su sue­ño. Se zam­bu­lle en las pro­fun­di­da­des y Sim­bad es arro­ja­do al mar.

Este cuen­to es una pará­bo­la, ense­ña que el hom­bre tie­ne una cegue­ra fun­da­men­tal, ni siquie­ra es capaz de reco­no­cer sobre qué está de pie, así con­tri­bu­ye a su pro­pia caída.

A la vis­ta de su impul­so des­truc­ti­vo, el escri­tor ale­mán Arthur Sch­nitz­ler com­pa­ra la Huma­ni­dad con una enfer­me­dad. Nos com­por­ta­mos con la Tie­rra como bac­te­rias o virus que se mul­ti­pli­can sin pie­dad y final­men­te des­tru­yen al pro­pio hués­ped. Cre­ci­mien­to y des­truc­ción se unen.

Sch­nitz­ler cree que los huma­nos son solo capa­ces de reco­no­cer ran­gos infe­rio­res. Fren­te a ran­gos supe­rio­res es tan cie­go como las bacterias.

La his­to­ria de la Huma­ni­dad es una lucha eter­na con­tra lo divino, que resul­ta des­trui­do nece­sa­ria­men­te por lo humano. La pan­de­mia es el resul­ta­do de la cruel­dad huma­na. Inter­ve­ni­mos sin pie­dad en el eco­sis­te­ma sensible.

El paleon­tó­lo­go Andrew Knoll nos ense­ña que el hom­bre es solo la guin­da del pas­tel de la evo­lu­ción. El pas­tel real está for­ma­do por bac­te­rias y virus, que siem­pre están ame­na­zan­do con rom­per esa super­fi­cie frá­gil y ame­na­zan así con reconquistarlo.

Sim­bad el Marino es la metá­fo­ra de la igno­ran­cia huma­na. El hom­bre cree que está a sal­vo, mien­tras que en cues­tión de tiem­po sucum­be al abis­mo por acción de las fuer­zas ele­men­ta­les. La vio­len­cia que prac­ti­ca con­tra la natu­ra­le­za se la devuel­ve ésta con mayor fuer­za. Esta es la dia­léc­ti­ca del Antro­po­ceno. En esta era, el hom­bre está más ame­na­za­do que nunca.

P: ¿La Covid-19 es una heri­da a la globalización?

R: El prin­ci­pio de la glo­ba­li­za­ción es maxi­mi­zar las ganan­cias. Por eso la pro­duc­ción de dis­po­si­ti­vos médi­cos como más­ca­ras pro­tec­to­ras o medi­ca­men­tos se ha tras­la­da­do a Asia, y eso ha cos­ta­do muchas vidas en Euro­pa y en Esta­dos Unidos.

El capi­tal es enemi­go del ser humano, no pode­mos dejar todo al capi­tal. Ya no pro­du­ci­mos para las per­so­nas, sino para el capi­tal. Ya dijo Marx que el capi­tal redu­ce al hom­bre a su órgano sexual, por medio del cual pare a críos vivos.

Tam­bién la liber­tad indi­vi­dual, que hoy adquie­re una impor­tan­cia exce­si­va, no es más en últi­mo tér­mino que un exce­so del mis­mo capital.

Nos explo­ta­mos a noso­tros mis­mos en la creen­cia de que así nos rea­li­za­mos, pero en reali­dad somos unos sier­vos. Kaf­ka ya apun­tó la lógi­ca de la auto­ex­plo­ta­ción: el ani­mal arran­ca el láti­go al Señor y se azo­ta a sí mis­mo para con­ver­tir­se en el amo. En esta situa­ción tan absur­da están las per­so­nas en el régi­men neo­li­be­ral. El ser humano tie­ne que recu­pe­rar su libertad.

P: ¿El coro­na­vi­rus va a cam­biar el orden mun­dial? ¿Quién va a ganar la bata­lla por el con­trol y la hege­mo­nía del poder global?

R: La Covid-19 pro­ba­ble­men­te no sea un buen pre­sa­gio para Euro­pa y Esta­dos Uni­dos. El virus es una prue­ba para el sistema.

Los paí­ses asiá­ti­cos, que creen poco en el libe­ra­lis­mo, han asu­mi­do con bas­tan­te rapi­dez el con­trol de la pan­de­mia, espe­cial­men­te en el aspec­to de la vigi­lan­cia digi­tal y bio­po­lí­ti­ca, inima­gi­na­bles para Occidente.

Euro­pa y Esta­dos Uni­dos están tro­pe­zan­do. Ante la pan­de­mia están per­dien­do su bri­llo. Zizek ha afir­ma­do que el virus derri­ba­rá al régi­men de Chi­na. Zizek está equi­vo­ca­do. Eso no va a pasar. El virus no detie­ne el avan­ce de Chi­na. Chi­na ven­de­rá su esta­do de vigi­lan­cia auto­crá­ti­ca como mode­lo de éxi­to con­tra la epi­de­mia. Exhi­bi­rá por todo el mun­do aún con más orgu­llo la supe­rio­ri­dad de su sis­te­ma. La Covid-19 hará que el poder mun­dial se des­pla­ce un poco más hacia Asia. Vis­to así, el virus mar­ca un cam­bio de era.

Car­men Sigüen­za y Esther Rebollo

(Con la cola­bo­ra­ción de Javier Alon­so en la traducción)

* EFE­Re­dac­ción Internacional 

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