Ecua­dor. Gua­ya­quil: «Aquí tene­mos otra pan­de­mia, la pan­de­mia del hambre»

Por Sil­via Ara­na, Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 13 mayo 2020

foto: Son­nia Espa­ña de la orga­ni­za­ción Áfri­ca Mía repar­tien­do comi­da a pobla­do­res del sec­tor Nige­ria, Isla Tri­ni­ta­ria.

En la déci­ma quin­ta entre­ga de la serie, la activista
afro­ecua­to­ria­na Son­nia Espa­ña denun­cia las caren­cias eco­nó­mi­cas que
sufre su comu­ni­dad como resul­ta­do del racis­mo estruc­tu­ral y cultural:
«No edu­car­se es una nue­va for­ma de escla­vi­tud». Reafir­ma los principios
de su orga­ni­za­ción, la Agru­pa­ción Afro­ecua­to­ria­na de Mujeres
Pro­gre­sis­tas: «Bus­ca­mos la auto­no­mía y el empo­de­ra­mien­to eco­nó­mi­co que
nos per­mi­ta hacer fren­te a la vio­len­cia de géne­ro, el racis­mo, la
dis­cri­mi­na­ción y la exclu­sión del Estado».

¿Podría comen­tar­nos sobre su acti­vi­dad en la comunidad?

Vivo en el sec­tor Nige­ria de la Isla Tri­ni­ta­ria don­de tra­ba­jo con dos
orga­ni­za­cio­nes: la Agru­pa­ción Afro­ecua­to­ria­na Muje­res Progresistas
(AAMP) y Áfri­ca Mía, empren­di­mien­to por la eco­no­mía popu­lar y solidaria
para el turis­mo comu­ni­ta­rio. En este momen­to, tuvi­mos que cerrar las dos
orga­ni­za­cio­nes por la cua­ren­te­na. Pero hemos orga­ni­za­do un come­dor para
pro­veer ali­men­to a las fami­lias más nece­si­ta­das. Hay unas 4.800
fami­lias en el sec­tor Nige­ria y la mayo­ría no tie­ne trabajo. 

Pági­na del folle­to de pre­sen­ta­ción de AAMP y Áfri­ca Mía. Cor­te­sía de Son­nia España.

¿Cómo fun­cio­na el comedor?

Pro­vee­mos ‑con ayu­da de la empre­sa Kha­re- 150 almuer­zos por día en la
Coope­ra­ti­va Inde­pen­den­cia 2 (sec­tor Nige­ria) y lue­go qui­sié­ra­mos ir
amplian­do a otras coope­ra­ti­vas. Coci­na­mos los almuer­zos, los empa­ca­mos y
los dis­tri­bui­mos casa por casa. Aho­ra esta­mos tra­ba­jan­do ocho o más
muje­res en la lim­pie­za, coci­na y repar­to. Los pla­tos son arroz con
cama­rón, locro y otras comi­das. Por aho­ra, la comi­da es para los niños,
las per­so­nas de la ter­ce­ra edad y las per­so­nas con discapacidades
Espe­ra­mos ampliar la can­ti­dad de pla­tos por día y lle­gar a más gente…

Son­nia Espa­ña con una fami­lia de la coope­ra­ti­va Inde­pen­den­cia 2, sec­tor Nige­ria, Isla Trinitaria. 

¿Cómo los ha afec­ta­do el coro­na­vi­rus en el sec­tor Nige­ria de la Isla Trinitaria?

Aquí no tene­mos coro­na­vi­rus. Aquí tenemos
otra pan­de­mia, la pan­de­mia del ham­bre. A este ham­bre se le suma que no hay qué
ven­der con el Qué­da­te en casa. Un 95%
de la gen­te son tra­ba­ja­do­res infor­ma­les, no tie­nen nin­gún ingre­so en este
momen­to. Y del 5% que tie­ne un empleo fijo, algu­nos lo han per­di­do. Mi hijo
tra­ba­ja­ba en la empre­sa eléc­tri­ca y ¡hace tres días lo bota­ron del trabajo!

¿Podría con­tar­nos sobre su vida? ¿Cuá­les fue­ron sus moti­va­cio­nes prin­ci­pa­les para tra­ba­jar en su comu­ni­dad? ¿Nació en Guayaquil?

Yo soy naci­da en el can­tón Eloy Alfa­ro de la pro­vin­cia de Esmeraldas.
Cuan­do tenía seis años mi madre me man­dó a vivir con una tía en
Gua­ya­quil, hace 46 años. Des­de enton­ces, pasé por muchas cosas
difí­ci­les. Me casé, mejor dicho, me esca­pé al puro esti­lo esmeraldeño
con mi novio [Ríe]… des­pués me sepa­ré cuan­do me di cuen­ta de
que mi vida no era nor­mal (por la vio­len­cia). Cuan­do cono­cí mis
dere­chos, qui­se poner­los en prác­ti­ca. Más tar­de, cono­cí a mi actual
pare­ja con la que lle­va­mos 15 años… enton­ces, yo ya había apren­di­do a
defen­der mis dere­chos como mujer.

En 1999 un gru­po de muje­res negras
for­ma­mos la Agru­pa­ción Afro­ecua­to­ria­na Muje­res Pro­gre­sis­tas en el sector
Nige­ria del barrio Isla Tri­ni­ta­ria, al sur de Gua­ya­quil. Que­ría­mos mejores
opor­tu­ni­da­des de vida para nues­tras fami­lias. Tra­ba­ja­mos para for­ta­le­cer las
rela­cio­nes huma­nas y la vida comu­ni­ta­ria ‑pues uno de los retos era vencer
el indi­vi­dua­lis­mo. Otro reto era for­ta­le­cer nues­tra iden­ti­dad étni­ca, en lo
cul­tu­ral y en lo polí­ti­co como ciu­da­da­nas afro­ecua­to­ria­nas. Bus­ca­mos la
auto­no­mía y el empo­de­ra­mien­to eco­nó­mi­co que nos per­mi­ta hacer fren­te a la violencia
de géne­ro, el racis­mo, la dis­cri­mi­na­ción y la exclu­sión del Esta­do. Recién en
esa épo­ca empe­za­mos a enten­der la vio­len­cia de géne­ro, la vio­len­cia sexual,
como un pro­ble­ma. Antes la veía­mos como algo «nor­mal». Queríamos
capa­ci­tar­nos y tener auto­no­mía para desa­rro­llar nues­tros empren­di­mien­tos y
hacer fren­te a la vio­len­cia (domés­ti­ca y externa).

Apren­di­mos a tener auto­es­ti­ma y sentirnos
orgu­llo­sas de ser afroecuatorianas.

Des­pués for­ma­mos Áfri­ca Mía que ya tie­ne 19 años. Es decir, Mujeres
Pro­gre­sis­tas es una orga­ni­za­ción social y Áfri­ca Mía es una organización
de ser­vi­cios: tene­mos un res­tau­ran­te de coci­na tra­di­cio­nal, salo­nes de
belle­za afro, talle­res de cos­tu­ra y turis­mo comu­ni­ta­rio. Ade­más de una
caja de aho­rro y cré­di­to para apo­yar los empren­di­mien­tos de las
inte­gran­tes. Cuan­do for­ma­mos Áfri­ca Mía éra­mos 89 muje­res y ahora
con­ta­mos con la par­ti­ci­pa­ción acti­va de 286 muje­res jefas de hogar.

Pági­na del folle­to de pre­sen­ta­ción de AAMP y Áfri­ca Mía. 

¿Ha teni­do algún efec­to posi­ti­vo el Dece­nio Afro­des­cen­dien­te para dis­mi­nuir el racis­mo en Ecuador?

El racis­mo no es solo estruc­tu­ral sino
tam­bién cul­tu­ral. Si eres negro, eres ladrón, según pien­sa mucha gen­te en
Ecua­dor. Para rom­per con ese pen­sa­mien­to, hace fal­ta cam­biar las estructuras,
ofre­cer opor­tu­ni­da­des de edu­ca­ción y de tra­ba­jo. Que se haga jus­ti­cia y se
reco­noz­ca el apor­te de los negros en la his­to­ria de este país. Nada de eso
suce­dió con el Dece­nio Afro­des­cen­dien­te decla­ra­do por la ONU (2016) y
refren­da­do por Ecua­dor. Solo que­dó en papeles. 

Los afro­des­cen­dien­tes somos el 7,4% de
los ecua­to­ria­nos y no nos quie­ren ver. Nos hacen fal­ta orga­ni­za­cio­nes, no esta­mos orga­ni­za­dos. No
tene­mos tra­ba­jo. No tene­mos edu­ca­ción. Y vivi­mos en una socie­dad con el
este­reo­ti­po de que todos los negros son ladro­nes. Sin embar­go, hubo algunos
avan­ces. Hoy hay algu­nos poli­cías negros, por ejem­plo. Y la gen­te tuvo que
apren­der a tolerarnos…

¿En las escue­las públi­cas del sec­tor hay algún maes­tro o algu­na maes­tra afrodescendiente? 

No hay ni un solo maes­tro negro en las dos escue­las públi­cas del
sec­tor. Los maes­tros vie­nen de afue­ra de la comu­ni­dad. No entienden
cul­tu­ral­men­te a los chicos.

¿Cuá­les son las posi­bi­li­da­des de que una o un ado­les­cen­te afro­des­cen­dien­te de este sec­tor vaya a la universidad?

Aquí hay miles de jóve­nes y es raro que
alguien vaya a la uni­ver­si­dad. Los jóve­nes quie­ren ir, como mi pro­pia hija,
pero les dicen que no hay cupo. Mi hija apli­có varias veces, quie­re estudiar
Socio­lo­gía, pero la res­pues­ta es siem­pre la mis­ma: NO hay cupo. Si le siguen
negan­do la edu­ca­ción, ter­mi­na­rá sien­do otra madre sol­te­ra de este barrio.

No edu­car­se es una nue­va for­ma de esclavitud.
Duran­te la pan­de­mia se ha agra­va­do por­que aquí NADIE tie­ne compu­tado­ra. Y el
acce­so al inter­net no es bueno. La edu­ca­ción por inter­net, para noso­tros significa
NO educación.

¿Cuá­les serían las cau­sas prin­ci­pa­les de la situa­ción crí­ti­ca que se vive en los barrios de Guayaquil?

Si noso­tros enten­dié­ra­mos como comunidad
cuá­les son nues­tros dere­chos, iría­mos a recla­mar para con­se­guir que se cumplan
nues­tros dere­chos. Pero no lo hace­mos. Y tene­mos un gobierno muni­ci­pal que
lle­va 30 años en el poder y no hace nada. En Mon­te Sinaí no tie­nen ni agua
siquie­ra. Aquí el muni­ci­pio no ha hecho alcan­ta­ri­lla­do ni otras obras básicas.
Al prin­ci­pio de la tem­po­ra­da inver­nal* no hicie­ron fumi­ga­cio­nes con­tra el
den­gue, por ejem­plo. En este sec­tor fal­ta todo.

Con el gobierno nacio­nal, igual. Lo
vota­mos a Moreno por­que teníamos 
muchas expectativas; 
pen­sa­mos que ten­dría otra sen­si­bi­li­dad hacia nues­tras comu­ni­da­des. Lo
cual no fue así.

Men­cio­nó el den­gue, que es endé­mi­co en la Cos­ta. ¿Cómo es la situación? 

Hay una epi­de­mia increí­ble de den­gue en
nues­tro sec­tor. Yo estu­ve muy
enfer­ma, al igual que mi fami­lia y muchos veci­nos. Yo creí que me moría, y para
col­mo los sín­to­mas de den­gue son muy pare­ci­dos a los de COVID-19: fiebre,
dolo­res mus­cu­la­res, pro­ble­mas res­pi­ra­to­rios. Estu­ve muy mal. Hace cin­co años
tuve un derra­me cere­bral; per­dí par­te de la movi­li­dad del bra­zo dere­cho y
toda­vía me que­da algo de difi­cul­tad para hablar. Ade­más, soy dia­bé­ti­ca e
hiper­ten­sa ‑dos agra­van­tes que me ponen en situa­ción de ries­go a mi edad

No podía res­pi­rar. Y no podía ir a un hos­pi­tal. No tene­mos atención
médi­ca aquí. Por suer­te, me aten­dió por telé­fono una fami­liar médi­ca que
vive en Esme­ral­das. Y me rece­tó los reme­dios que me cura­ron. Y los
mis­mos toma­ron mis fami­lia­res y veci­nos. Así nos cura­mos. ¡Y recién
ayer, al fin del invierno, pasa­ron fumi­gan­do por pri­me­ra vez con­tra el
mos­qui­to del dengue! 

Son­nia, antes de ter­mi­nar y dejar­le con­ti­nuar con sus
acti­vi­da­des, que­ría pre­gun­tar­le sobre su bella túni­ca. ¿Fue hecha en
Ecuador?

Fue hecha en el taller de cos­tu­ra de nues­tra orga­ni­za­ción Áfri­ca Mía.
Pen­sa­mos que para for­ta­le­cer nues­tra iden­ti­dad cul­tu­ral era importante
desa­rro­llar una ves­ti­men­ta pro­pia, que nos expre­se al igual que la
músi­ca o la gas­tro­no­mía. Noso­tras nos ela­bo­ra­mos los tra­jes con telas de
estam­pa­dos afri­ca­nos que com­pra­mos en Colom­bia. Hace­mos los dise­ños y
ela­bo­ra­mos los tra­jes para hom­bres y muje­res, y tam­bién los turbantes.

Son­nia impar­tien­do un taller, pre­vio a la cuarentena.

Nota: * la tem­po­ra­da de llu­via con altas tem­pe­ra­tu­ras, cuan­do se
pro­pa­ga el mos­qui­to vec­tor del den­gue, se ini­cia en diciem­bre y finaliza
en mayo; se lla­ma popu­lar­men­te «invierno», o tem­po­ra­da inver­nal
.

«Voces de Gua­ya­quil, epi­cen­tro de la pan­de­mia en Ecuador»
con­sis­te en una serie de entre­vis­tas a resi­den­tes días pos­te­rio­res a que su
ciu­dad estu­vo en la pri­me­ra pla­na de los noti­cie­ros inter­na­cio­na­les por los
muer­tos sin sepul­tu­ra y sus fami­lia­res cla­man­do por ayu­da a un Estado
apa­ren­te­men­te inexis­ten­te. Tra­ba­ja­do­res, artis­tas, estu­dian­tes, docentes
com­par­ten sus viven­cias des­de la ciu­dad que es el cen­tro eco­nó­mi­co y financiero
del país y que para­dó­ji­ca­men­te tam­bién es la ciu­dad con mayor con­cen­tra­ción de
pobre­za. Se esti­ma que un 17% de los 2.700.000 habi­tan­tes de la urbe viven en
con­di­cio­nes de pobre­za. Recos­ta­da sobre las aguas terro­sas del río Gua­yas, con
un cli­ma muy cáli­do y húme­do que no hace mella en la acti­vi­dad inten­sa y el
carác­ter hos­pi­ta­la­rio y ama­ble de sus habi­tan­tes, Gua­ya­quil tie­ne la mayor
den­si­dad de pobla­ción del país y el sis­te­ma de trans­por­te públi­co con más
usua­rios. Estos ele­men­tos jun­to a las pro­fun­das defi­cien­cias del sis­te­ma de
salud públi­ca nacio­nal cuyo pre­su­pues­to fue redu­ci­do un 36% en el últi­mo año y
la des­or­ga­ni­za­ción del gobierno muni­ci­pal son fac­to­res que ayu­da­rían a explicar
por qué la ciu­dad con­cen­tra el 70% de los casos de COVID-19 en Ecua­dor y la
mayor can­ti­dad de con­ta­gios per cápi­ta en toda Amé­ri­ca Latina.

Liber­tad Gills coor­di­nó la rea­li­za­ción de todas las entre­vis­tas de esta serie.

fuen­te: Rebelión

Itu­rria /​Fuen­te

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