Chi­le. Movi­li­zar­se hoy, es crear comunidad

Resu­men Lati­no­ame­ri­cano, 13 de mayo de 2020

El abu­so con­ti­núa, y en el
ais­la­mien­to for­zo­so se tra­du­ce en más impo­ten­cia, en más desa­zón, en más IRA.
Sino no nos mata la Insu­fi­cien­cia Res­pi­ra­to­ria Agu­da (IRA), que des­en­ca­de­na el
Covid, nos ator­men­ta y nos des­ve­la esta otra IRA, de no ser escu­cha­dos y
escu­cha­das, de tan­ta impu­ni­dad acu­mu­la­da, de que no se nos per­mi­ta vivir con
dig­ni­dad, de no exis­tir… ¿Cómo hacer para no lle­nar­se de sentimientos
nega­ti­vos cuan­do esta­mos a solas con nues­tra cabe­za y el cora­zón está apretado
por el des­pre­cio de la hege­mo­nía impuesta?

Lo que se lee en miles de tex­tos, se oye en con­ver­sa­cio­nes y se intu­ye, es la urgen­cia de modi­fi­car un modo de ser que no nos vali­da… hay miles de for­mas de hacer­lo: una mar­cha, una inter­ven­ción artís­ti­ca, una funa, son par­te de las que hemos usa­do por mucho tiem­po, con más o menos efi­ca­cia en tér­mi­nos de si se enmar­ca­ba en una estra­te­gia inte­gral y comu­ni­ta­ria, o en cam­bio, era un arre­ba­to ais­la­do, un mano­ta­zo, más que legí­ti­mo, de náu­fra­go en el mar de los abusos.

Aho­ra que
esas for­mas se hacen menos via­bles, empie­za a aso­mar y a expre­sar­se con fuerza
una com­pren­sión dis­tin­ta, una min­ga hacia aden­tro, el trán­si­to hacia un mundo
post pan­de­mia que sub­vier­ta el indi­vi­dua­lis­mo, la com­pe­ten­cia y la dependencia
de lo que nos mata.
 Esto
impli­ca no solo que no se pro­fun­di­ce el extrac­ti­vis­mo en los terri­to­rios, sino
que nues­tros modos de habi­tar los terri­to­rios, sean conec­ta­dos hacia adentro,
que nos sin­ta­mos par­te de un flu­jo mayor y sir­va­mos a la vida en medio de una
cul­tu­ra de muerte.

Por ejem­plo, a comien­zo de este mes cuan­do Temu­co venía salien­do de una lar­ga cua­ren­te­na, las hor­ta­li­ce­ras mapu­che vol­vie­ron a ser bru­tal­men­te repri­mi­das por cul­pa de un decre­to alcal­di­cio que prohí­be el comer­cio ambu­lan­te, don­de no solo se les qui­tó el fru­to de su tra­ba­jo sino tam­bién se les gol­peó y ter­mi­na­ron con 4 dete­ni­das. ¿Qué pode­mos hacer para visi­bi­li­zar y garan­ti­zar el dere­cho que ellas tie­nen a tra­ba­jar y el nues­tro a acce­der a ali­men­tos de cali­dad, más en el actual con­tex­to de cri­sis eco­nó­mi­ca y de salud? No hay rece­tas, pero una alter­na­ti­va es lo que están hacien­do algu­nas orga­ni­za­cio­nes, invi­tar­nos a mirar de otra for­ma nues­tras redes, acti­var nue­vos lazos, armar canas­tas de hor­ta­li­zas fres­cas y hacer­las lle­gar a cada casa, y des­de ahí ir gene­ran­do un teji­do de cola­bo­ra­ción que no expon­ga a las cui­da­do­ras de la tie­rra y la semi­lla a la bru­ta­li­dad poli­cial, y que her­ma­ne volun­ta­des en defen­sa de la vida.

Esta mis­ma com­pren­sión, es la
que moti­vó al Movi­mien­to por el Agua y los Terri­to­rios, a comien­zos de la
cua­ren­te­na, a cam­biar el plan de acción para las jor­na­das de 22 de mar­zo (día
del Agua) y la tra­di­cio­nal mar­cha plu­ri­na­cio­nal del 22 de abril (día de la
Tie­rra), y tra­du­cir­la en jor­na­das de auto­for­ma­ción entre los territorios,
cone­xio­nes radia­les, pun­tos de pren­sa vir­tua­les, twi­ta­zos, info­gra­fías, excusas
para gene­rar víncu­los de otra for­ma. Y así, han aumen­ta­do los espa­cios de
con­ver­gen­cia con Movi­mien­tos diver­sos, en radios comu­ni­ta­rias, reuniones
vir­tua­les, mar­chas radia­les, y poco a poco se van sis­te­ma­ti­zan­do alternativas
que al mar­gen del poder, se han nutri­do ‑ya sea como refle­xio­nes o como
viven­cias- y que aho­ra se dan tiem­po para trans­for­mar­se en conversatorios,
con­fe­ren­cias o sim­ple­men­te videos para sen­tir­nos más cerca.

Esto es cla­ve por­que nos pre­pa­ra para el esce­na­rio que se vie­ne: medi­das repre­si­vas cada vez mayo­res que hacen posi­ble ini­cia­ti­vas par­la­men­ta­rias que per­mi­tan lle­var­se pre­sa a la «fami­lia miran­da» en una mani­fes­ta­ción; y a la par, una tozu­dez eco­ci­da de las auto­ri­da­des que exa­cer­ban legal­men­te todas las posi­bi­li­da­des de arra­sar con lo que que­da de país. Y nos pre­pa­ra en el sen­ti­do de que redes comu­ni­ca­cio­na­les pro­pias, arti­cu­la­das y con audien­cia, son vita­les para sos­te­ner los pro­ce­sos de defen­sa, lo mis­mo que lazos estre­chos entre las y los vecinos.

Miles de
comu­ni­da­des indí­ge­nas en toda Amé­ri­ca Lati­na han dado cuen­ta de que su forma,
pro­pia, de enfren­tar la pan­de­mia en con­di­cio­nes de pre­ca­ri­za­ción y de
mar­gi­na­ción, ha sido la auto-orga­ni­za­ción, la auto­for­ma­ción, las guardias
terri­to­ria­les, el tra­ba­jo coor­di­na­do entre el per­so­nal de salud y los saberes
de salud tra­di­cio­nal, for­ta­le­cer las min­gas, optar por la diná­mi­ca de no
segre­ga­ción de la vida social man­te­nien­do a las y los ancia­nos como un pilar
cen­tral de la comu­ni­dad, fomen­tar el true­que… lazos, re cone­xión, validación
de todos los apor­tes… comunidad.

La civi­li­za­ción
indi­vi­dua­lis­ta, patriar­cal, insa­cia­ble, jerár­qui­ca, hiper racio­nal, seguirá
evi­den­cian­do su fin en la medi­da que ani­me­mos el hacer con otras y otros en el
cora­zón, demos­tre­mos que los ais­la­mien­tos solo son tales si vemos la película
foto­gra­ma a foto­gra­ma ‑y con un guion impuesto‑, pero no si nos atre­ve­mos a ser
par­te del flu­jo vital, como el agua, como la tie­rra, como el fue­go, como el
aire, que nos forma.

Urge tran­si­tar del maniquí
plás­ti­co en el que nos hemos trans­for­ma­do, con todos los poros bien cerrados
para que nada ajeno nos impor­tu­ne y nos des­tru­ya la ima­gen, para vol­ver a
sen­tir­nos per­so­nas, úni­cas, irre­pe­ti­bles, cubier­tas por una piel lle­na de
infi­ni­tos hoyos que nos conec­tan irre­me­dia­ble y fas­ci­nan­te­men­te con el entorno,
con la otre­dad de la que somos par­te… y enton­ces salir de la vitrina,
poner­nos la ropa que hare­mos con lo que ten­ga­mos a mano, y hacer un guión en
movi­mien­to, que re cicle la existencia.

Fuen­te: por Obser­va­to­rio Lati­no­ame­ri­cano de Con­flic­tos Ambien­ta­les – Resu​men​.cl

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