“El coro­na­vi­rus explo­ta las vul­ne­ra­bi­li­da­des que hemos crea­do” – La otra Andalucía

Ste­lla Levan­te­si, perio­dis­ta de il mani­fes­to glo­bal, entre­vis­ta a Frank Snow­den, pro­fe­sor emé­ri­to de Yale, acer­ca de cómo ha ido toman­do for­ma la pan­de­mia, por qué somos vul­ne­ra­bles a ella, de qué modo los bro­tes his­tó­ri­cos cam­bian nues­tra rela­ción con la muer­te y de qué mane­ra supe­ra­re­mos esta enfer­me­dad (gra­dual­men­te).

¿Pue­de la his­to­ria de las epi­de­mias ayu­dar­nos a enten­der mejor la pan­de­mia del coro­na­vi­rus? ¿Qué hemos hecho mal en el pasa­do y qué erro­res no debe­ría­mos vol­ver a come­ter? ¿Cómo ha cam­bia­do el Covid-19 nues­tra rela­ción con la muer­te? Para res­pon­der a estas y otras pre­gun­tas, hemos habla­do exten­sa­men­te con Frank Snow­den, exper­to en la his­to­ria de las epi­de­mias y pro­fe­sor emé­ri­to de la Uni­ver­si­dad de Yale, que vive en Ita­lia en estos momentos.

Cir­cuns­tan­cias de emer­gen­cia como esta pan­de­mia han des­pla­za­do en algu­nos casos la gue­rra con­tra el virus a una gue­rra con­tra la demo­cra­cia. Las cir­cuns­tan­cias de emer­gen­cia las explo­tan, de hecho, algu­nos en cier­tos casos para per­mi­tir una amplia­ción de los pode­res del Esta­do y del con­trol sobre la eco­no­mía y, en casos extre­mos, de pode­res ver­da­de­ra­men­te abso­lu­tos y el ascen­so de regí­me­nes auto­ri­ta­rios, por ejem­plo. ¿Ha suce­di­do esto en el pasa­do? ¿Han “legi­ti­ma­do” las epi­de­mias el autoritarismo?

La pan­de­mia pre­sen­ta la posi­bi­li­dad de for­ta­le­cer el auto­ri­ta­ris­mo, lle­va usted toda la razón. Lo que está suce­dien­do con Vik­tor Orbán en Hun­gría, pero tam­bién en Polo­nia, son dos ejem­plos muy cla­ros de la for­ma en que la pan­de­mia es una cober­tu­ra y una legi­ti­ma­ción para los pasos auto­ri­ta­rios que da la extre­ma dere­cha para des­truir la demo­cra­cia e ins­ti­tuir una gober­na­ción nacio­na­lis­ta y pseu­do­po­pu­lis­ta, de mane­ra que ese es el peligro. 

A veces pen­sa­mos que qui­zás esto sea una ley del auto­ri­ta­ris­mo, que siem­pre se expe­ri­men­ta como emer­gen­cia mili­tary, y hemos vis­to que for­ma par­te del modo en que se están com­por­tan­do esos líde­res: decla­rar que esto es una emer­gen­cia y que no tene­mos alter­na­ti­va a las medi­das auto­ri­ta­rias. Por otro lado, no se tra­ta de un pro­ce­so inevi­ta­ble, se tra­ta de una con­tin­gen­cia. Si se ana­li­za la últi­ma gran pan­de­mia, la gri­pe espa­ño­la de 1918, vemos que se apli­ca­ron muchas medi­das, como que no hubie­ra reunio­nes públi­cas, una espe­cie de medi­da pre­cur­so­ra del con­fi­na­mien­to, que no hubie­ra mani­fes­ta­cio­nes o des­fi­les, y los ciu­da­da­nos tenían que ser con­tro­la­dos por el Esta­do. Y sin embar­go, en ese momen­to no creo que nadie hubie­ra dicho que eran per­ma­nen­tes, y se aca­ba­ron res­cin­dien­do. Y no diría­mos que el resul­ta­do, por ejem­plo, de la gri­pe espa­ño­la fue­ra la dic­ta­du­ra. Por otro lado, en Euro­pa Orien­tal el cóle­ra de la déca­da de 1830 tuvo como con­se­cuen­cia la impo­si­ción de medi­das dra­co­nia­nas medie­va­les que supu­sie­ron drás­ti­cas res­tric­cio­nes. Y eso fue algo que resul­tó perdurable. 

De mane­ra que sí creo que sea posi­ble que los auto­ri­ta­rios explo­ten esas posi­bi­li­da­des crea­das por enfer­me­da­des pan­dé­mi­cas. Pero vale la pena recor­dar que esto no es una ley de la his­to­ria de las pan­de­mias. Pue­de tener el efec­to con­tra­rio. Pode­mos recor­dar que el final de la escla­vi­tud en las plan­ta­cio­nes del moderno Hai­tí, por ejem­plo, lo fomen­tó la des­truc­ción de la arma­da napo­leó­ni­ca debi­da a la fie­bre ama­ri­lla. Y esa fue una reper­cu­sión impor­tan­te que resul­tó libe­ra­do­ra: la pri­me­ra repú­bli­ca negra libre, la pri­me­ra rebe­lión de escla­vos de gran enver­ga­du­ra, con raí­ces en par­te en la mor­ta­li­dad e inmu­ni­dad dife­ren­cia­les entre des­cen­dien­tes euro­peos y afri­ca­nos: ni las tro­pas de Napo­león ni los euro­peos tenían inmu­ni­dad de gru­po fren­te a la fie­bre ama­ri­lla, mien­tras que los escla­vos afri­ca­nos, sí. 

De mane­ra que diría que tam­bién pue­de fomen­tar­se la liber­tad gra­cias a una enfer­me­dad pan­dé­mi­ca, de modo que lo que vaya a suce­der esta vez es cues­tión de tiem­po. El futu­ro no está pre­de­ter­mi­na­do. En qué medi­da estén vigi­lan­tes los ciu­da­da­nos y res­pon­dan es algo que mar­ca­rá una inmen­sa y deci­si­va diferencia.

De modo que afron­tar una pan­de­mia no entra­ña nece­sa­ria­men­te auto­ri­ta­ris­mo, ¿ver­dad? 

Ver­dad. Hay mucha gen­te que ha sus­ci­ta­do la cues­tión de si enfren­tar­nos a la enfer­me­dad pan­dé­mi­ca pre­ci­sa o no de auto­ri­ta­ris­mo y que las demo­cra­cias no son nada bue­nas a la hora de enfren­tar­se con las pan­de­mias. Yo diría que las demo­cra­cias tie­nen mayor capa­ci­dad de con­ci­tar apo­yo popu­lar e ins­ti­tuir medi­das polí­ti­cas de salud públi­ca razo­na­bles por­que per­mi­ten el libre flu­jo de infor­ma­ción y la salud públi­ca moder­na depen­de la libre información.

Soy opti­mis­ta res­pec­to a que medi­das como las apli­ca­das en Corea del Sur repre­sen­ten en reali­dad un mode­lo de lo que pue­de hacer una gober­na­ción demo­crá­ti­ca — o una gober­na­ción en su mayor par­te demo­crá­ti­ca, no inten­to una loa a Corea del Sur, sino que solo digo que se tra­ta de un gobierno elec­to — sin pode­res de emer­gen­cia: apli­car prue­bas de diag­nós­ti­co pre­ci­sas, dis­tan­cia­mien­to social, cua­ren­te­na y ras­treo de con­tac­tos. Son esos los com­po­nen­tes esen­cia­les de lo que es pre­ci­so hacer en este momen­to. No tene­mos otras armas, no hay vacu­na ni tra­ta­mien­to. No creo que Ia idea de que nece­si­ta­mos un dic­ta­dor para enfren­tar­nos a la cri­sis sea en reali­dad cierta. 

En una entre­vis­ta con The New Yor­ker, afir­ma­ba usted que la “epi­de­mia es una cate­go­ría de enfer­me­dad que pone a los seres huma­nos delan­te del espe­jo de quié­nes son ver­da­de­ra­men­te”. Este con­cep­to se me ha que­da­do. Y como dijo usted tam­bién que refle­jan nues­tra rela­ción con el medio ambien­te, tan­to el cons­trui­do como el natu­ral, ¿es cier­to esto asi­mis­mo para la pan­de­mia? ¿Es la epi­de­mia un espe­jo de la vul­ne­ra­bi­li­dad humana? 

Creo que esto resul­ta enfá­ti­ca­men­te cier­to del coro­na­vi­rus; se tra­ta e la pri­me­ra gran enfer­me­dad epi­dé­mi­ca de la glo­ba­li­za­ción. Y creo que todas las socie­da­des crean sus vulnerabilidades.

Vea­mos el con­tras­te con otra enfer­me­dad que era la más temi­da de su siglo: el cóle­ra del siglo XIX. Era una enfer­me­dad de una épo­ca dis­tin­ta, una enfer­me­dad de la indus­tria­li­za­ción y de una incon­tro­la­da urba­ni­za­ción, es decir, del entorno cons­trui­do, que se edi­fi­có de modo catas­tró­fi­co debi­do a los gru­pos de gen­te que lle­ga­ban a rau­da­les a las ciu­da­des más impor­tan­tes de todo el mun­do indus­trial sin nin­gu­na orga­ni­za­ción higié­ni­ca o de vivien­da. En ciu­da­des como Nápo­les o París había popu­lo­sos barrios bajos con gen­te que vivía — nue­ve o diez per­so­nas en habi­ta­cio­nes redu­ci­das — sin dis­po­si­cio­nes de higie­ne en lo que se refie­re al alcan­ta­ri­lla­do o un agua salu­bre. Y por lo tan­to una enfer­me­dad que se trans­mi­tía por vía oral-fecal se adap­tó al medio y le sacó total­men­te par­ti­do. El tifus y el cóle­ra asiá­ti­co, argu­men­ta­ría yo, son enfer­me­da­des ajus­ta­das a las con­di­cio­nes de la indus­tria­li­za­ción y a ese res­pec­to le ponen delan­te un espe­jo a la globalización.

Con el coro­na­vi­rus hay al menos tres dimen­sio­nes que se refle­jan en esta enfer­me­dad que resul­tan cru­cia­les res­pec­to a quié­nes somos como civi­li­za­ción. La pri­me­ra es que esta­mos lle­gan­do casi a 8.000 millo­nes en todo el mun­do. Tene­mos este mito men­tal de que pode­mos tener un cre­ci­mien­to y un desa­rro­llo inde­fi­ni­dos aun­que los recur­sos del pla­ne­ta son fini­tos, lo cual pare­ce una con­tra­dic­ción intrín­se­ca. Y sin embar­go, levan­ta­mos nues­tra socie­dad sobre ese mito, pen­san­do que pue­den recon­ci­liar­se de algún modo, así que tene­mos un pro­ble­ma. Por aña­di­du­ra, esto trans­for­ma nues­tra rela­ción con el medio ambien­te y sobre todo con el hábi­tat ani­mal. Esta­mos en la era de la erra­di­ca­ción de especies.

Lo que suce­de es que los seres huma­nos entran en con­tac­to con los ani­ma­les con una fre­cuen­cia y de mane­ras que nun­ca se habían dado en el pasa­do. Y aho­ra pode­mos apun­tar a lo que son los tipos de enfer­me­da­des que ilus­tran eso: la gri­pe aviar por defi­ni­ción, y tam­bién el MERS [Sín­dro­me Res­pi­ra­to­rio de Orien­te Medio], el SARS [SRAS, Sín­dro­me Res­pi­ra­to­rio Agu­do Seve­ro] y el ébo­la. Y aho­ra tene­mos el coro­na­vi­rus. Yo diría que este patrón no es acci­den­tal. Sig­ni­fi­ca que vivi­mos en una épo­ca de repe­ti­dos des­bor­da­mien­tos con­ta­gio­sos de reser­vo­rios ani­ma­les de la enfer­me­dad. Y sobre todo, me pare­ce que somos muy vul­ne­ra­bles a esos virus para los cua­les los mur­cié­la­gos cons­ti­tu­yen un reser­vo­rio natural. 

Otro ras­go de la glo­ba­li­za­ción es que hemos crea­do un mun­do de mega­ciu­da­des, y que están todas conec­ta­das por medio de un veloz trans­por­te aéreo, lo que sig­ni­fi­ca que un “des­bor­da­mien­to” [de virus entre espe­cies] que suce­da, pon­ga­mos por caso, en Yakar­ta por la mañana…ese mis­mo micro­bio se hará pre­sen­te en Los Ánge­les y Lon­dres por la noche. De mane­ra que diría que el coro­na­vi­rus está explo­tan­do los cana­les de vul­ne­ra­bi­li­dad que, en tan­to que mun­do, hemos crea­do. Y por lo tan­to, diría que es la epi­de­mia quin­tae­sen­cial de una socie­dad glo­ba­li­za­da. Glo­ba­li­za­ción sig­ni­fi­ca des­truc­ción del medio ambien­te, este mito de un cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co infi­ni­to, inmen­sas ciu­da­des y trans­por­te aéreo rápi­do que nos pone a todos en contacto. 

¿Qué hay de la pan­de­mia en los paí­ses en desa­rro­llo? ¿Qué nos mues­tra el espejo? 

Esta es una gran preo­cu­pa­ción mía. Al direc­tor gene­ral de la Orga­ni­za­ción mun­dial de la Salud le pre­gun­ta­ron: “¿Qué es lo que no le deja dor­mir por las noches en esta cri­sis?” Y res­pon­dió “Lo que no me deja dor­mir por las noches es lo que podría pasar si este virus se abre paso en los paí­ses del mun­do con pocos recur­sos en los que no sé qué inima­gi­na­ble caos podrían crear”. 

Y me preo­cu­pa aho­ra que mien­tras habla­mos esté empe­zan­do a cun­dir en toda una serie de paí­ses de Áfri­ca, Amé­ri­ca Lati­na y Asia. Y ten­go mie­do tam­bién de que pue­da cau­sar un sufri­mien­to inima­gi­na­ble en esas zonas. El dis­tan­cia­mien­to social y el lava­do de manos son la base de la res­pues­ta. Des­de lue­go, aquí en Ita­lia eso es exac­ta­men­te lo que se le pide a la gen­te que haga. Pero ¿qué sig­ni­fi­ca eso, diga­mos, en una fave­la de Río de Janei­ro o en un pobla­do subur­bial en el que tie­nes a diez per­so­nas vivien­do en una sola habi­ta­ción? En un apar­ta­men­to ates­ta­do man­te­ner la dis­tan­cia social es una far­sa. ¿Qué pasa con esos luga­res que care­cen de ins­ta­la­cio­nes higié­ni­cas? Lavar­se las manos no quie­re decir nada.

Y por eso quie­ro resu­mir lo que creo que es otra vul­ne­ra­bi­li­dad que refle­ja nues­tra socie­dad de la glo­ba­li­za­ción: la des­igual­dad glo­bal. Has­ta en un país opu­len­to como los Esta­dos Uni­dos, esta enfer­me­dad pue­de afec­tar a cual­quie­ra, pero de mane­ra pre­fe­ren­te y des­pro­por­cio­na­da­men­te afec­ta­rá a los pobres, la gen­te más vul­ne­ra­ble de ese país. Vamos a ver la ver­dad: esta es real­men­te una épo­ca de glo­ba­li­za­ción y lo que afec­ta a los más débi­les de noso­tros le afec­ta a todo el mun­do en todas par­tes. Así que creo que es uno de los refle­jos que vamos a ver en el espe­jo. Y no va a ser bonito. 

Está cla­ro que hemos come­ti­do erro­res. ¿Segui­re­mos come­tien­do los mis­mos errores?

La preo­cu­pa­ción hoy es que cuan­do esto pase no haga­mos nada, sal­vo ins­ta­lar­nos en la amne­sia. La espe­ran­za es que, por el con­tra­rio, nos demos cuen­ta de que somos pro­fun­da­men­te vul­ne­ra­bles, de que es inevi­ta­ble que se repi­tan otros desa­fíos micro­bia­nos al menos tan extre­mos como este.

Cual­quier ambien­ta­lis­ta podrá decir­le hoy que se tra­ta de algo inevi­ta­ble, debi­do a la rela­ción que hemos crea­do con la natu­ra­le­za: el des­bor­da­mien­to vol­ve­rá a repe­tir­se una y otra vez. Donald Trump hizo una pre­gun­ta de lo más per­ti­nen­te y per­tur­ba­do­ra acer­ca de esta epi­de­mia, que fue: “¿Quién podía haber­lo sabi­do?”, y yo diría que todo el mun­do debe­ría haber­lo sabi­do. Des­de 1997, con la gri­pe aviar, los epi­de­mió­lo­gos han afir­ma­do que el gran desa­fío que afron­ta el mun­do es el desa­fío de los virus pul­mo­na­res. Somos más vul­ne­ra­bles a ellos y debe­mos pre­pa­rar­nos. El ébo­la nos pilló total­men­te desprevenidos.

Anthony Fau­ci tes­ti­fi­có ante el Con­gre­so nor­te­ame­ri­cano en 2005. Decla­ró que si hablas con alguien que viva en el Cari­be, le pue­des decir que inevi­ta­ble­men­te los hura­ca­nes gol­pea­rán el Cari­be y que es esen­cial estar pre­pa­ra­dos para ello. La cien­cia no te pue­de decir cuán­do van a gol­pear o qué fuer­za ten­drán, pero lle­ga­rán y no hay for­ma de esca­par de eso. De mane­ra pare­ci­da, pidió que comu­ni­cá­ra­mos al mun­do que esta­ba por lle­gar una pan­de­mia víri­ca, y en espe­cial una pan­de­mia pul­mo­nar. No pode­mos decir cuán­do o qué fuer­za ten­drá, si será peor o más benig­na que la gri­pe espa­ño­la, pero es inevi­ta­ble que vaya a suce­der. Y por tan­to, debe­mos pre­pa­rar­nos o ten­dre­mos una pandemia. 

Pues bien, no nos pre­pa­ra­mos. Y no quie­ro decir que fue­ran los Esta­dos Uni­dos los úni­cos que no se pre­pa­ra­ron, está cla­ro que no. Tam­bién pode­mos hablar de otros paí­ses. Ita­lia no está libre de cul­pas. Los años ante­rio­res a esta pan­de­mia se carac­te­ri­za­ron por los recor­tes de la inves­ti­ga­ción cien­tí­fi­ca y del gas­to en el sis­te­ma sani­ta­rio. A Dios gra­cias, Ita­lia dis­po­ne de un sis­te­ma públi­co de salud y de hos­pi­ta­les que se encuen­tra entre los mejo­res del mun­do. Aun­que está el quid de la cues­tión: care­cían de capa­ci­dad de inves­ti­ga­ción y de sumi­nis­tros o equi­pos pro­tec­to­res para sus tra­ba­ja­do­res sanitarios.

Sin embar­go, los Esta­dos Uni­dos van a sufrir toda­vía más debi­do a que no tie­nen lo que Ita­lia, que es un sis­te­ma sani­ta­rio a dis­po­si­ción de todos. Una de las mane­ras esen­cia­les de pre­pa­rar el futu­ro estri­ba en garan­ti­zar que todos ten­gan en el pla­ne­ta acce­so a aten­ción médi­ca gra­tui­ta, por­que si alguien cae enfer­mo por un virus pul­mo­nar, eso le afec­ta­rá en el mun­do a todos. Y por tan­to, para que cual­quie­ra pue­da estar a sal­vo, todo el mun­do ha de tener cobertura.

En su libro Epi­de­mics and Society (Yale Uni­ver­sity Press) trae usted a cola­ción el ejem­plo del éxi­to en Cer­de­ña de la erra­di­ca­ción de la mala­ria a prin­ci­pios del siglo XX para ilus­trar la impor­tan­cia de la ayu­da inter­na­cio­nal, que en ese caso impli­có a los Esta­dos Uni­dos. De modo que para sobre­vi­vir al reto de la epi­de­mia ¿debe adop­tar la huma­ni­dad una pers­pec­ti­va inter­na­cio­na­lis­ta? Creo que de esto se des­pren­de una lec­ción. ¿Qué pien­sa usted? 

Total­men­te. Creo que una de las cosas más preo­cu­pan­tes de esta epi­de­mia es la fal­sa idea de que el muro de Trump podría con­ver­tir­se en la metá­fo­ra que per­du­re para des­cri­ber la épo­ca en la que esta­mos vivien­do, mien­tras pone­mos nues­tra con­fian­za en muros y fron­te­ras nacio­na­les que nos “pro­te­jan”. Con ello se des­vían recur­sos de las medi­das reales que hay que adop­tar, y una cosa que sabe­mos es que los micro­bios no le tie­nen nin­gún res­pe­to a las fron­te­ras nacio­na­les y a los lími­tes poli­ti­cos y, por lo tan­to, esas medi­das no van a fun­cio­nar. Sí creo que tenían algún sen­ti­do las res­tric­cio­nes de via­je que se apli­ca­ron de mane­ra tem­po­ral. Lo que se espe­ra­ba es que los paí­ses que apli­ca­ban res­tric­cio­nes de via­je gana­rían algu­nas sema­nas para poder pre­pa­rar­se. Aho­ra bien, muchos paí­ses des­per­di­cia­ron ese tiem­po, apli­ca­ron la prohi­bi­ción y lue­go no hicie­ron nada. Mi pro­pio país, los Esta­dos Uni­dos, es un mag­ní­fi­co ejem­plo de cómo per­der ese tiempo.

Una de los ras­gos real­men­te tris­tes de la Unión Euro­pea es que se mos­tró inca­paz de desa­rro­llar y adop­tar pla­nes de pre­pa­ra­ción que pudie­ran lle­var­se a la prác­ti­ca de modo uni­ta­rio, como res­pues­ta regio­nal a la enfer­me­dad. Y por lo tan­to, cada país de la Unión adop­tó medi­das sin coor­di­na­ción algu­na y la opi­nion públi­ca se sin­tió con­fun­di­da sin saber qué enfo­que era mejor.

Y ese es un entorno en el que flo­re­cen las mito­lo­gías y la para­noia y las cons­pi­ra­cio­nes. Una epi­de­mia de des­in­for­ma­ción ali­men­tó la bio­lo­gía pan­dé­mi­ca y ayu­dó a que siguie­ra adelante.

Duran­te la ter­ce­ra pan­de­mia de la pes­te en Chi­na se vie­ron las ten­den­cias racis­tas y la con­vic­ción de que la epi­de­mia no reba­sa­ría las fron­te­ras chi­nas, la con­vic­ción de la “inmu­ni­dad blan­ca”. Se pue­de ver esta diná­mi­ca como algo recu­rren­te y pre­sen­te tam­bién al comien­zo de la epi­de­mia de coro­na­vi­rus en Chi­na, cuan­do el virus se limi­ta­ba al terri­to­rio chino. ¿Cree usted que este es uno de los ele­men­tos que pro­vo­có que Occi­den­te sub­es­ti­ma­ra el ries­go liga­do a esta epi­de­mia? Una espe­cie de fala­cia psi­co­ló­gi­ca, la ilu­sión de que la epi­de­mia de coro­na­vi­rus no se pro­pa­ga­ría fue­ra de Chi­na, de que no afec­ta­ría a Occidente?

Creo que eso es total­men­te cier­to y lo ha dicho usted del modo en que habría que­ri­do hacer­lo yo, ha men­cio­na­do la ter­ce­ra pan­de­mia de la pes­te y esa idea no se limi­ta­ba a Chi­na. Se des­pla­zó a medi­da que se pro­pa­ga­ba. Esto lo vimos en India y tam­bién en unos cuan­tos luga­res del mun­do indus­trial como San Fran­cis­co, don­de la ter­ce­ra pan­de­mia de la pes­te a prin­ci­pios del siglo XX pro­vo­có una desen­fre­na­da xeno­fo­bia: era la enfer­me­dad de Chi­na­town. De modo que esta idea de la ter­ce­ra pan­de­mia de la pes­te como algo carac­te­ri­za­do por un aumen­to sig­ni­fi­ca­ti­vo de la xeno­fo­bia es abso­lu­ta­men­te cierta.

Así que ¿en qué pun­to esta­mos? Hay tan­tos líde­res poli­ti­cos que se nie­gan a apren­der las lec­cio­nes del pasa­do. Me asom­bró que el Par­ti­do Repu­bli­cano insis­tie­ra en lla­mar a esto el virus chino, vol­vién­do­se hacia la xeno­fo­bia como for­ma de enfren­tar­se a esta cri­sis. Y creo que se hizo a sabien­das. Digo todo esto por­que se tra­ta de una peren­ne ten­ta­ción, que ha for­ma­do par­te de muchas epi­de­mias, la de que las auto­ri­da­des a menu­do han ocul­ta­do la pre­sen­cia de enfer­me­da­des por­que hacen difí­cil la gober­na­ción. Pue­den crear­le gran­des difi­cul­ta­des a la eco­no­mía, y se pudo ver que la ten­den­cia exis­tía al ini­cio de la pan­de­mia por par­te del pre­si­den­te Trump, al decir: “Ah, esto no es más que un res­fria­do común”. Adop­tó la res­pues­ta equi­vo­ca­da. Y la salud públi­ca depen­de de la verdad.

¿Cuál habría sido la res­pues­ta correcta? 

No dis­pon­go de una guía para pla­ni­fi­car esa pre­pa­ra­ción, pero sí de cier­tos prin­ci­pios que creo que son esen­cia­les y que sos­tie­nen la salud públi­ca cien­tí­fi­ca moder­na. Y no soy yo, es la comu­ni­dad cien­tí­fi­ca inter­na­cio­nal. De mane­ra que la salud públi­ca como dis­ci­pli­na cien­tí­fi­ca depen­de de la cien­cia, que depen­de de la ver­dad y del libre iner­cam­bio de infor­ma­ción. Es decir, que no se pue­de adop­tar nin­gu­na medi­da que quie­ra ser efec­ti­va y cien­tí­fi­ca allí don­de no hay infor­ma­ción ade­cua­da y don­de no se cuen­ta con la opi­nion públi­ca como par­te de esa res­pues­ta. Sabe­mos que men­tir­le a la opi­nion públi­ca es des­truc­ti­vo para la polí­ti­ca de salud públi­ca. Y creo que la cien­cia médi­ca es una par­te esen­cial de nues­tra pro­tec­ción con­tra esta enfermedad.

No pue­do decir­le todo lo que debe­ría haber hecho Donald Trump, pero sí pue­do decir­le que cuan­do min­tió a la opi­nion públi­ca esta­ba dan­do un paso pro­fun­da­men­te dis­cor­dan­te con una sóli­da defen­sa cien­tí­fi­ca del país y del mun­do con­tra esta pan­de­mia. Pero no creo que nadie qui­sie­ra estu­diar la his­to­ria de las pan­de­mias — como lle­vo yo hacien­da duran­te cua­ren­ta años — si lo úni­co que se pudie­ra decir como con­clu­sion de ese tra­ba­jo es que todo se remi­te a fata­li­dad y des­truc­ción, que no hay espe­ran­za. Creo que yo esta­ría ya tras­tor­na­do. Creo que las epi­de­mias, como decía, son un espe­jo de noso­tros mis­mos, pero no son solo el lado nega­ti­vo de la espe­cie huma­na, tam­bién está el lado posi­ti­vo. Y pode­mos ver eso en la for­ma en que sur­gió la salud públi­ca, pode­mos ver eso en el sacri­fi­cio per­so­nal de médi­cos y tra­ba­ja­do­res sani­ta­rios que nos per­mi­te sobre­vi­vir a este desa­fío. Es mucho lo que hay que agra­de­cer. Como bien sabrá, la salud públi­ca ha evo­lu­cio­na­do des­de la pes­te bubó­ni­ca. Las medi­das idea­das en Flo­ren­cia y Vene­cia duran­te el Rena­ci­mien­to supu­sie­ron el ini­cio de la salud públi­ca, y segui­mos hacien­do algu­nas de esas mis­mas cosas. 

En algu­nos casos, como por ejem­plo el de la virue­la, si se con­trae la enfer­me­dad y se sobre­vi­ve, el sis­te­ma se vuel­ve inmu­ne a esa enfer­me­dad. Aho­ra bien, pare­ce que con el Covid-19 no hay toda­vía cer­te­za cien­tí­fi­ca de inmu­ni­dad. Si sobre­vi­vir a la enfer­me­dad no aca­ba­ría dán­do­nos una inmu­ni­dad natu­ral res­pec­to a ella, ¿sig­ni­fi­ca­ría esto por con­si­guien­te que es más com­pli­ca­do desa­rro­llar una vacuna? 

Sí, el argu­men­to de que se es sus­cep­ti­ble des­pués de reco­brar­se de la enfe­me­dad toda­vía se tie­ne que demos­trar e inves­ti­gar. De ser cier­to, eso tie­ne pro­fun­das impli­ca­cio­nes. Una de las carac­te­rís­ti­cas que hicie­ron que fue­ra fácil desa­rro­llar una vacu­na con­tra la virue­la fue que lo que había que hacer era alen­tar al cuer­po a hacer algo que ya hacía la natu­ra­le­za, que era crear una res­pues­ta immu­ne que ya sabía­mos que exis­tía. Otra carac­te­rís­ti­ca de la erra­di­ca­ción de la virue­la era que no había reser­vo­rio ani­mal anfi­trión. Y por tan­to, si te pro­po­nías aca­bar con la trans­mi­sión de la enfer­me­dad, podías estar segu­ro de que no iba a vol­ver. Aho­ra bien, el coro­na­vi­rus es muy dife­ren­te de esto. 

Pero hay tam­bién otra carac­te­rís­ti­ca, y eso nos devuel­ve a la inves­ti­ga­ción de los sís­te­mas inmu­nes de los mur­cié­la­gos. Hay una cosa nega­ti­va y otra posi­ti­va. La posi­ti­va es que los mur­cié­la­gos con­vi­ven muy feliz­men­te con mon­to­nes de coro­na­vi­rus que toda­vía no hemos cla­si­fi­ca­do. Son total­men­te des­co­no­ci­dos. Y si uno pudie­ra des­cu­brir el secre­to de su sis­te­ma inmu­no­ló­gi­co, que hace que eso sea posi­ble, eso podría tener poten­cial­men­te pro­fun­das impli­ca­cio­nes para desa­rro­llar la inmu­ni­dad huma­na a ese mis­mo virus. Lo nega­ti­vo, sin embar­go, es que es que hay todos estos coro­na­vi­rus y hemos encon­tra­do sólo muy pocos de ellos y nadie tie­ne ni idea de lo que está por venir. Y esa es otra carac­te­rís­ti­ca que resul­ta preo­cu­pan­te res­pec­to a un des­bor­da­mien­to zoo­nó­ti­co, que es como empe­zó esto. 

Otra con­se­cuen­cia de la pan­de­mia tie­ne que ver con la eco­no­mía. ¿Hay algu­na for­ma de pro­te­ger nues­tra eco­no­mía en situa­cio­nes como la de esta pan­de­mia? ¿O es una con­se­cuen­cia auto­má­ti­ca que una vez que esta pan­de­mia lle­ga al pun­to de cri­sis, enton­ces las eco­no­mías sufren enor­me­men­te debi­do a ella?

Lo que pue­do decir es que no ten­go un mode­lo de a qué podría ase­me­jar­se la eco­no­mía pos­te­rior al coro­na­vi­rus, pero ten­go unas cuan­tas pre­mi­sas sobre las que, me pare­ce a mí, se basa­ría esa eco­no­mía. La pri­me­ra estri­ba en reco­no­cer que se tra­ta de una alte­ra­ción subs­tan­cial, que el mun­do no será igual des­pués de este acon­te­ci­mien­to, pues que­da cla­ro ya que sus con­se­cuen­cias eco­nó­mi­cas son mucho más pro­fun­das de lo que haya anti­ci­pa­do nadie. Muchos de los espa­cios de tra­ba­jo y de los empleos que exis­tían no van a vol­ver y esto sig­ni­fi­ca un des­em­pleo a gran esca­la que habrá que enca­rar y tam­bién sig­ni­fi­ca que la eco­no­mía no pue­de retor­nar a lo de siem­pre. Eins­tein afir­ma­ba que una de las seña­les de la estu­pi­dez era la ten­den­cia de seguir hacien­do lo mis­mo y espe­rar mejor resul­ta­do. Tene­mos que dejar a un lado el mito del bene­fi­cio cons­tan­te a cor­to pla­zo, una fre­né­ti­ca vision per­ma­nen­te del cre­ci­mien­to que no es sostenible.

Las enfer­me­da­des no afli­gen a la socie­dad de modo caó­ti­co, son acon­te­ci­mien­tos orde­na­dos, eso dice usted en su libro. De modo que debi­do a que son acon­te­ci­mien­tos orde­na­dos, ¿pode­mos uti­li­zar esto en nues­tro beneficio?

Las enfer­me­da­des no afec­tan a los socie­da­des de modo aza­ro­so, perio impli­can con­ti­gen­cia. No quie­ro decir que estén total­men­te estruc­tu­ra­das, pero siguen una lógi­ca inhe­ren­te. El esce­na­rio es muy impor­tan­te. Así que si ten­go razón al decir que las enfer­me­da­des explo­tan estos cana­les, o sen­de­ros, esta­ble­ci­dos, visi­ble­men­te evi­den­tes, a medi­da que se pro­pa­gan por todo el mun­do, eso tie­ne un lado posi­ti­vo. Por­que si acep­ta­mos el hecho de que noso­tros mis­mos somos res­pon­sa­bles, si nos mira­mos al espe­jo y reco­no­ce­mos que noso­tros mis­mos crea­mos esos sen­de­ros, esas vul­ne­ra­bi­li­da­des, y las incrus­ta­mos en nues­tras socie­da­des, esto sig­ni­fi­ca que noso­tros mis­mos pode­mos cam­biar­las y que pode­mos alte­rar la rela­ción que esta­mos esta­ble­cien­do con el rei­no ani­mal. Pode­mos hacer algo res­pec­to a ello, y eso pro­te­ge­rá el pla­ne­ta y pro­te­ge­rá tam­bién nues­tra salud. Algu­nos cole­gas argu­men­tan que si pudié­ra­mos arre­glar nues­tra rela­ción con el mun­do ani­mal, eso ten­dría un impac­to dura­de­ro, sos­te­ni­ble sobre nues­tra vul­ne­ra­bi­li­dad a las enfer­me­da­des infec­cio­sas. Hay un com­po­nen­te medioam­bien­tal impor­tan­te en la solu­ción de nues­tro problema. 

Mi siguien­te pre­gun­ta se refie­re a un plano muy dis­tin­to. Era ver­dad con la pes­te y sigue sién­do­lo, por des­gra­cia, con el Covid-19, que la gen­te aca­ba murien­do sola, a veces inclu­so sin un entie­rro for­mal o la posi­bi­li­dad de un fune­ral. ¿Cómo ha con­fi­gu­ra­do la epi­de­mia nues­tra rela­ción con la mortalidad?

Como decía usted, se tra­ta de una cues­tión que remi­te a un plano dis­tin­to. Se tra­ta de una cues­tión filo­só­fi­ca, moral, antro­po­ló­gi­ca y ten­go que decir que podría ser un pro­yec­to de inves­ti­ga­ción por sí mis­mo que creo es enor­me­men­te intere­san­te e impor­tan­te. Y así pues, diré de inme­dia­to que oja­lá pudie­ra res­pon­der a su pre­gun­ta, pero sé que estoy a pun­to de decep­cio­nar­le. Todo lo que pue­do hacer es refor­zar su pre­gun­ta dicien­do que es ver­dad que este es uno de los ras­gos de la pes­te bubó­ni­ca y que la gen­te se preo­cu­pa­ba enor­men­te por su mor­ta­li­dad. Y sobre todo, sus­ci­ta­ba la cues­tión de de la muer­te repen­ti­na. Y eso sig­ni­fi­ca afron­tar la pre­gun­ta, si eres reli­gio­so, de cuál es tu rela­ción con un Dios que sería omnis­cien­te, todo­po­de­ro­so y que sin embar­go per­mi­ti­ría la matan­za de sus hijos. Creo que eso plan­tea­ba la cues­tión de la fe y de la fe que duda. En las pin­tu­ras de la pes­te, en la ico­no­gra­fía que tra­ta de todo esto, vemos la cala­ve­ra y las tibias cru­za­das, la reali­dad de hecho de nues­tra exis­ten­cia, o el reloj de are­na con la are­na que va ago­tán­do­se, que repre­sen­te la hora de la muer­te. De modo que sí, tene­mos todas las razo­nes para decir que se tra­ta de una cues­tión pro­fun­da e importante. 

Creo que esta pre­gun­ta pue­de tener tam­bién una dimen­sion social. Esta epi­de­mia ha traí­do a nues­tras vidas un con­cep­to de la muer­te de un modo que no esta­ba antes pre­sen­te. Cuan­do digo “nues­tras vidas”, me refie­ro evi­den­te­men­te a Occi­den­te. Nues­tras socie­da­des han teni­do cada vez menos que ver con la mor­ta­li­dad y la muer­te, com­pa­ra­do con déca­das ante­rio­res. Y por supues­to, esto no es en abso­lu­to cier­to de muchas regio­nes del mun­do aso­la­das por la gue­rra, los con­flic­tos, el ham­bre y las catás­tro­fes cli­má­ti­cas. Pero, en cier­to modo, nues­tras “socie­da­des del con­fort” nos han ale­ja­do de la muer­te. Así que creo que par­te de la razón por la que for­mu­la­ba esta pre­gun­ta era por­que hoy en Ita­lia esta­mos hablan­do de la muer­te de un modo al que no está­ba­mos acos­tum­bra­dos en absoluto.

Sí. Me entris­te­ció mucho la muer­te del gran his­to­ria­dor de la muer­te, el his­to­ria­dor fran­cés, Phi­lip­pe Ariès, pues escri­bió sobre las mis­mas cues­tio­nes de las que esta­mos hablan­do. Qué intere­san­te habría sido que hubie­ra podi­do refle­xio­nar acer­ca de esto por lo que esta­mos pasan­do a la luz del pasa­do. Recuer­do un ensa­yo que escri­bió, Por­no­gra­fía de la muer­te me pare­ce que se lla­ma­ba. Su refle­xion con­sis­tía en que la por­no­gra­fía se con­ver­tía en una metá­fo­ra, por­que cuan­do la mora­li­dad vic­to­ria­na arras­tró la sexua­li­dad a la clan­des­ti­ni­dad para que no pudie­ra encon­trar cana­les, vamos a decir, nor­ma­les, salu­da­bles, esta no des­apa­re­ció, sino que explo­tó en for­mas por­no­grá­fi­cas que no son nada salu­da­bles. Argu­men­tó que si se toma eso como mode­lo, lo mis­mo vale para la mor­ta­li­dad y la muer­te, y que lo que hemos hecho en el mun­do moderno es supri­mir la muer­te de mane­ra que no ten­ga­mos for­ma de hacer­le fren­te, del mis­mo modo que los vic­to­ria­nos nun­ca afron­ta­ron en reali­dad su sexua­li­dad. Y el resul­ta­do de ello es que no sabe­mos cómo afli­gir­nos. La muer­te se pro­du­ci­rá en algu­na ins­ti­tu­ción, y la ins­ti­tu­ción lo arre­gla­rá todo y se ocu­pa­rá de ello. Es el sec­tor fune­ra­rio. La muer­te ya no es per­so­nal. Pero si de la muer­te se ocu­pan los pro­fe­sio­na­les, no afron­ta­mos de ver­dad la reali­dad de la mis­ma y lo que esto sig­ni­fi­ca. Creo que Ariès tie­ne toda la razón, pero no pue­do reem­pla­zar­le. Sí pue­do decir­le que esto me ha con­ven­ci­do de que su pre­gun­ta resul­ta vital. Oja­lá pudier dar­le una res­pues­ta mejor.

Sé que es impo­si­ble hacer una pre­dic­ción real de cuán­to dura­rá Ia pan­de­mia, pero me pre­gun­to si pue­de ayu­dar­nos la his­to­ria, en este sen­ti­do, a tener una idea en tér­mi­nos de rit­mo del tiem­po y de lo que nos espe­ra en los meses que vienen.

Veo la impor­tan­cia de tu pre­gun­ta y al mis­mo tiem­po me doy cuen­ta de no pue­do hacer una pre­dic­ción con exac­ti­tud algu­na. Se tra­ta de un asun­to cru­cial, por­que esta es una nue­va enfer­me­dad que era des­co­no­ci­da para los seres huma­nos des­de diciem­bre. Como resul­ta­do, nadie sabe toda­vía mucho de ella, y uno de sus mis­te­rios es toda­vía el perio­do de tiem­po en que segui­rá pro­ba­ble­men­te ase­dian­do a la comunidad.

Está cla­ro, por un lado, que no es como la gri­pe espa­ño­la, que pasó por doquier en solo cues­tión de sema­nas y, por el otro, es impro­ba­ble que siga duran­te años en una ciu­dad, como fue el caso a veces de la pes­te bubó­ni­ca. Por esa razón, el futu­ro es muy com­ple­jo. No que­da cla­ro, por ejem­plo, si el Covid-19 va a con­ver­tir­se en una enfer­me­dad endé­mi­ca que se que­de con noso­tros lar­go tiem­po, o si repun­ta­rá una vez que las comu­ni­da­des sal­gan del con­fi­na­mien­to y vuel­van a tra­ba­jar y a una vida más nor­mal, ni si aque­llos que se vie­ron con­ta­gia­dos ten­drán inmunidad.

Me ima­gino que el peli­gro de un repun­te impe­di­rá que las auto­ri­da­des per­mi­tan que la vida vuel­va a algu­na ver­sion de lo “nor­mal” duran­te meses. Sos­pe­cho que el rit­mo del cam­bio será cau­te­lo­so, igual que será nece­sa­rio ver si un rela­ja­mien­to pro­gre­si­vo de las reglas se ve segui­do por una nue­va ola de la enfer­me­dad. Creo que el retorno a lo “nor­mal” será, por tan­to, len­to y gra­dual, y que es pro­ba­ble que algu­nos cam­bios sean dura­de­ros, al menos has­ta que haya una vacu­na efec­ti­va, lo que supon­dría un cam­bio subs­tan­cial. No se tra­ta de una pre­dic­ción, sino de una suposición.

Mi argu­men­to prin­ci­pal es que creo que todo el mun­do tie­ne que ser cons­cien­te de que esta pan­de­mia es un asun­to muy serio y de que recu­pe­rar­se de ella no es algo que vaya a suce­der de repen­te, de una vez, o muy pron­to. Tam­bién es rea­lis­ta ima­gi­nar que algu­nos de los cam­bios suce­di­dos en nues­tra vida vayan a durar un perio­do más largo.

Fuen­te: www​.sin​per​mi​so​.info – Il mani­fes­to global

Tra­duc­ción: Lucas Antón

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